Cáp. 17: En la oscuridad
-Todo está prácticamente preparado, mi señor. La sangre-sucia ha terminado lo que usted tanto desea y los Sundeath ya son adultos, y necesitan alimentarse –esbozó una sonrisa malévola- A lo sumo, dentro de dos días podremos atacar.
-Perfecto.-dijo una voz fría como el hielo.
-Creo que no queda ningún cabo suelto.
-Asegúrate de que los Sundeath no coman nada hasta dentro de dos días. Quiero que estén hambrientos cuando lleguemos al hogar de ese vejestorio.
-No debería subestimarle, mi señor.
-No oses contradecirme, Colagusano.
-Disculpe, amo.
-Que no vuelva a ocurrir. Atacaremos al amanecer, aunque no demasiado pronto, quiero que todos se enteren de nuestra llegada.
-Perdone si es un atrevimiento pero, ¿no sería mejor esperar a que estuviesen todos durmiendo? Así los pillaríamos desprevenidos y…
-¡Calla! ¿Es que acaso no recuerdas a lo que vamos?-el asustadizo Colagusano se mantuvo en silencio.-Veo que sigues siendo tan estúpido como siempre. La idea no es matar a los alumnos, imbécil. Eso lo dejaremos para más adelante. Lo que ahora me interesa es conseguir el regalito que Granger nos ha puesto en bandeja, me será muy útil tenerlo junto a mí después del desastre en el Ministerio el año pasado… Y ella que pensaba que lo hacía por ayudar a su amiguito Potter… ¡estúpida!
Voldemort emitió una risa aguda y fría, sin sentimiento ni alegría. Un escalofrío recorrió el cuerpo de Colagusano.
-Además, ¿cómo pretendes que ataquemos por la noche con los Sundeath?-prosiguió Voldemort.-Creía que al menos llegarías a comprender eso…
-Sí señor, soy un estúpido, señor, disculpe…
-No hace falta que te lamentes, todos sabemos que no sirves para nada. Estás deseando abandonarme, pero tienes miedo… apestas a miedo. ¡Crucio!
Colagusano cayó al suelo, retorciéndose de dolor, mientras una grotesca mueca se dibujaba en el rostro de Voldemort.
A muchos kilómetros de allí, un muchacho se despertó sobresaltado. Harry se frotó la cicatriz con gesto de dolor. Había visto todo lo que Voldemort le había dicho a Colagusano, y había sentido la maldición cruciatus sobre su cuerpo. ¿O lo había soñado todo? Ya no estaba seguro de nada. Pero, después de que el año pasado Sirius muriese por un sueño parecido, no estaba dispuesto a dejarse engañar de nuevo. Aún era muy pronto, no debían de ser más de las dos de la madrugada, pero se dio cuenta de que no podría dormir. Apartó las sábanas y, calzándose las zapatillas, bajó a la sala común. Justo en ese momento alguien entró por la puerta.
-¡Hermione!-dijo el chico. Ella se sobresaltó y se llevó la mano al bolsillo interior de su túnica, como queriendo asegurarse de algo.- ¿Se puede saber dónde has estado?
-Esto, yo… en… en la biblioteca, sí, eso mismo, estudiando…-dijo Hermione. Se la notaba nerviosa, como si ocultara algo. Harry frunció el entrecejo.
-A estas horas la biblioteca está cerrada, Hermione.-dijo, escéptico.
-Harry, yo…
-No me obligues a repetírtelo, Hermione. ¿Dónde has estado?
-Ayudándote.
-¡¿Cómo?!
-Lo entenderás en su momento.
-Quiero entenderlo ahora.
-¿Y tú que haces despierto a estas horas?
-No podía dormir y… ¡No cambies el tema!-dijo el chico enfadándose consigo mismo.
-Por cierto, enhorabuena por lo de Ginny. Ya iba siendo hora.-dijo sonriendo. Pasó andando rápidamente frente a Harry y se encerró en su habitación antes de que éste tuviera tiempo de replicar. El chico suspiró. Se acercó a la chimenea, donde las últimas brasas brillaban con inocencia. Se pasó una mano por el pelo y le vino a la mente la imagen de su padre haciendo lo mismo, en el recuerdo de Snape que había visto el curso anterior. Esbozó una sonrisa al recordar a Severus patas arriba. Se recostó en el sofá, acurrucándose.
-Voy a descubrir lo que te pasa, Hermione, descubriré todo lo que tramas y ronda por tu cabeza…-murmuró. ¿Qué habría querido decir con que había estado ayudándole? Y tampoco lo había pasado desapercibido el hecho de que se llevara la mano al bolsillo interior de la túnica cuando la había descubierto llegando a la sala común a las dos de la mañana. No tuvo tiempo de cavilar, ya que un profundo sueño lo invadió, volviéndolo todo completamente negro.
