Cáp. 19: Dos chicas entristecidas
-¡Hermione, para! ¡Deja ya de correr!-gritó Draco por detrás de la chica. Ella aceleró el paso, después de escuchar todo lo que le había dicho Ron, no tenía ganas ni fuerza suficiente como para hablar con nadie. Ni siquiera con Draco. El rubio no tardó en alcanzarla.
-¡¿Pero qué te pasa?! ¿Quieres dejar de evitarme?
-¡No te evito!-sollozó Hermione mientras una lágrima se deslizaba por su mejilla.
-Ey, tranquila…-dijo Draco acariciándole el rostro.-Venga, no pasa nada…
Hermione rompió a llorar mientras abrazaba al chico. Se acurrucó en su pecho, entre sus brazos, en el único lugar donde se sentía realmente segura.
-No… no puedo creer que… que Ron haya sido capaz… capaz de…-dijo entre lágrimas sin poder terminar la frase.
-Olvida eso ahora, ¿de acuerdo?-empezó el Slytherin intentando consolarla.-No te preocupes, no merece la pena que llores por eso… Eres demasiado buena para Weasley.
-Tú no lo entiendes, Draco.-dijo la castaña separándose de él.- ¡Yo creía que había comprendido lo nuestro! ¡Pensaba que me apoyaba! ¡Por fin volvía a estar a gusto con él, volvía a ser mi mejor amigo! ¡Pero todo era una sucia mentira!
-¡Cálmate ya!-dijo Draco empezando a perder los nervios. Intentó coger a Hermione de las manos, pero ella se apartó.
-No, déjame…
-Pero…
-¡He dicho que me dejes!
Sin poder resistir la presencia del chico por más tiempo, Hermione empezó a correr de nuevo, tapándose el rostro con las manos. No paró hasta llegar a su habitación. Y Draco no se molestó en seguirla, sabía que tenía que darle tiempo.
Ron se había quedado pasmado. Se odiaba a sí mismo por lo que le había hecho a la pobre Hermione. ¿Ella qué culpa tenía de no quererle? Había sido realmente estúpido… Comenzó a caminar por los terrenos, con las manos metidas en los bolsillos, intentando ordenar sus ideas. Aunque ya no hubiese mucho que ordenar, Hermione lo odiaría de por vida y ya. No hacía falta darle más vueltas.
Estuvo con esa extraña sensación de haber tirado su vida a la basura durante unos pocos minutos, hasta que alguien lo interrumpió. El sollozo incontrolado de una mujer. El pelirrojo contuvo la respiración, se imaginaba perfectamente quién era… ¿Y por qué diablos había ido él hasta allí? ¿Había ido de manera inconsciente, o algo desde muy dentro le decía que fuera en aquella dirección, la dirección por la cual Pansy había desaparecido hacía tan sólo unos instantes?
Se acercó en silencio, para ver a una Pansy totalmente diferente a la que él conocía. Tenía la cabellera negra enredada, los ojos enrojecidos y un tanto hinchados a causa del llanto… Estaba sentada contra un árbol, con las rodillas pegadas al pecho y rodeándolas con los brazos. Ron no pudo evitar sentir cierta ternura y pena por ella. Esa mujer no era la verdadera Pansy, parecía tan irreal… tan sensible, débil, tan ¿humana? Totalmente distinta a la Pansy fría, orgullosa y manipuladora que todos conocían. Se sentó junto a ella y le pasó un brazo por los hombros.
-Siento mucho que no haya salido bien.
-¡No sientas nada, todo es culpa tuya, imbécil!
-Tienes razón, es culpa mía, pero no podía hacerle eso a Hermione.
-¡Ah, claro! ¡No podías hacerle eso a Granger! ¡Lo que sí podías era destrozar mi vida! ¡Eso sí, ¿no?! ¡Eres lo peor que me he podido echar a la cara, Weasley! ¡Eres un ser despreciable, un inútil, un traidor nauseabundo, un zopenco que…!
Ron ya no soportaba verla así, y sin pensar en lo que hacía… la besó. ¡¿Pero qué diablos estaba haciendo?! ¡¿Acaso se había vuelto loco?! Se apartó rápidamente, aún sin poder creer lo que había hecho.
-Yo… lo… lo siento…
Pero cuál fue su sorpresa al darse cuenta de que era Pansy la que ahora estaba besándole a él. ¿Por qué estaba sucediendo aquello? ¡Estaba todo patas arriba!
-Te odio, Weasley, has destruido todo por lo que había luchado…-seguía diciendo Pansy mientras le besaba. Ron le correspondía de una manera muy impropia en él, jamás había sentido algo así con nadie. Descendió sus labios por el rostro de la chica, hasta llegar a su cuello. No se lo podía creer. ¿Estaba besando el cuello de Pansy Parkinson? Sí, estaba haciéndolo. Y lo que más le asustaba era que le estaba gustando… ¡Aquello no tenía sentido!
Tras unos minutos en los que ninguno de los dos apenas tenía conciencia de la situación, Pansy apartó a Ron de un empujón.
-Estás loco, Weasley.
-Te recuerdo que has empezado tú.-se defendió el chico.
-No, tú has empezado.
-Pero tú has seguido.
Pansy abrió la boca para replicar, pero volvió a cerrarla. Se quedó mirando fijamente a los azulados ojos de Ron. Era todo tan diferente ahora…
-¿Y qué pretendes que hagamos, eh Weasley? Porque si piensas que voy a echarme a tus brazos a llorar por lo ocurrido, estás muy equivocado…
Ron sonrió. Aquella volvía a ser la verdadera Pansy.
-Pues es exactamente lo que has hecho.
-Perdona, pero en ningún momento me he puesto a llorar.-dijo Pansy indignada.
-No, sólo me has besado y dejado que te bese, lo más normal del mundo…
-Está bien, ¡calla de una vez! ¡Me estás poniendo nerviosa!
-¿Te pongo nerviosa, Parkinson?-dijo Ron con una sonrisa pícara.
-¡He dicho que te calles, Weasley! Mira, date cuenta de una cosa. Ahora sólo quedamos tú y yo, ya no pertenecemos a las vidas de Draco y Granger…
-Tú y yo… tendremos que llevarnos bien, Parkinson. ¿Te importa si empiezo a llamarte por tu nombre?
-Haz lo que te de la gana, Weasley.
-Bien Pansy, pero llámame Ron.
-Tú harás lo que te de la gana, yo haré lo mismo.-dijo Pansy frunciendo el entrecejo.
-Algún día dejarás de ser tan orgullosa…
-Algún día, puede. Pero aún no. Hasta mañana, Weasley.
La chica se levantó y, dándole un fugaz beso a Ron, se alejó de allí intentando entender por qué ocurría todo aquello.
