Cáp. 20: El ataque

Hermione no había podido dormir en toda la noche. El recuerdo de lo que Ron había hecho no dejaba de atormentarla. Sabía que era mejor olvidarse de aquello, tal y como Draco le había dicho, pero cada vez que pensaba en la manera en la que la había traicionado, las lágrimas volvían a correr por sus mejillas.

Calculó que serían cerca de las seis de la mañana cuando los primeros rayos de sol empezaron a colarse entre las cortinas de la habitación. Volvió a secarse las lágrimas con el dorso de la mano y se levantó de la cama. Se acercó a la ventana y se apoyó en el alféizar, viendo cómo las sombras se disipaban dando paso al amanecer.

De pronto, Hermione pudo vislumbrar unas chispas en el horizonte, unas chispas que se alzaban hacia el cielo. Y el mayor de sus temores se hizo realidad por segunda vez en su vida.

La Marca Tenebrosa se alzaba en lo alto del cielo, tal y como la recordaba en el campamento de los Mundiales de Quidditch, hacía ya casi tres años. Unas siluetas se dibujaron a lo lejos, decenas y decenas de mortífagos se acercaban a Hogwarts con las varitas en alto. Hermione pudo sentir cómo el horror se le extendía por todo el cuerpo, impidiéndole reaccionar. Recordó las profecías hechas por el Ángel Negro y cayó al suelo, incapaz de sostener su propio peso por más tiempo.

A poca distancia de allí, Dumbledore se comunicaba con la profesora McGonagall.

-Minerva, por favor, venga inmediatamente a mi despacho.

Pocos minutos después, la profesora llegó al despacho del director con su habitual bata escocesa.

-¡Albus, esto es horrible! ¡Debe de haber más de 100 mortífagos ahí fuera!

-Minerva, cálmese. No vamos a darles la ventaja de estar asustados. Lo primero es poner a salvo a los alumnos.

-¡No estarán a salvo en ningún lado con esos asesinos ahí fuera! ¡Esto será una masacre! ¡Destrozarán familias enteras, saldrá en primera plana del Profeta, el Ministerio cerrará la escuela, Albus!

-Minerva, debemos sacarlos fuera.

-¿Cómo dice?

Dumbledore hizo un apenas perceptible gesto de asentimiento con la cabeza.

-A la parte trasera de la escuela. Por el sendero oculto que conduce a Hogsmeade, usted lo conoce. No hay tiempo que perder. Avise a todos los profesores, que despierten a los alumnos dormidos, que guíen a los asustados y pidan ayuda a los más valientes. ¡Rápido, muévase!

-Sí señor, ahora mismo.-dijo McGonagall intentando recobrar la compostura. Se llevó la mano al pecho para calmarse y salió corriendo a cumplir las órdenes recibidas.

Mientras, el caos reinaba en la mayoría de las habitaciones de las salas comunes. Los más pequeños se acurrucaban en las esquinas, escondiéndose entre las mantas, o salían a los pasillos en busca de sus hermanos mayores, presas del pánico. Ginny se había despertado de golpe al escuchar a Hermione caer al suelo.

-¿Qué ocurre?-preguntó acercándose a ella. Hermione se limitó a señalar por la ventana. Ginny empalideció.

-Oh, Dios mío…-susurró tapándose la boca con la mano.-Hermione, tenemos que salir de aquí.

Pero la castaña no contestó.

-¡Hermione, por favor, reacciona!

-Es… por mi culpa… sólo quería ayudar… y ahora vamos a morir todos…

-¡Hermione! ¡¿Pero qué dices?! ¡Levántate, por favor, tenemos que irnos!

-Ve tú, Ginny.

-¡No puedo dejarte aquí!

-¡Hazme caso por una vez en tu vida, Ginevra Weasley! ¡Ve a buscar a Harry y poneos a salvo! ¡Los dos!

En ese momento, una explosión se escuchó en el piso de abajo. Los mortífagos habían conseguido entrar. Ginny se dirigió hacia la puerta.

-Hermione, prométeme que vas a salir viva de aquí.

No obtuvo respuesta. Se obligó a no mirar de nuevo a Herminio y salió corriendo en dirección a las habitaciones de los chicos.

-¡Harry!-gritó la pelirroja.- ¡Harry, ¿dónde estás?!

Unos metros más adelante, se abrió la puerta de una de las habitaciones y apareció Harry, quien suspiró aliviado al ver que Ginny estaba ahí, junto a él de nuevo.

-Ginny, ¿estás bien? ¿No estás herida?-preguntó preocupado corriendo hacia ella y abrazándola.

-Estoy bien. Pero tenemos que salir de aquí. Ahora mismo.

Harry la tomó de la mano, y, empuñando su varita, empezó a correr escaleras abajo. Cuando salió de la Sala Común fue cuando se dio perfecta cuenta de lo que ocurría. Los alumnos corrían de un lado a otro a la desesperada, algunos profesores con los que se cruzaron trataban de controlar la situación, pero era prácticamente imposible. La presencia de los mortífagos aterrorizaba de tal manera a la gente que muchos eran incapaces hasta de dejarse proteger por sus profesores.

Algunos mortífagos habían llegado a los pisos superiores. Otra tanda de explosiones siguió a la primera, levantando una gran humareda y haciendo que las paredes de piedra se resquebrajaran.

-Harry, nunca saldremos de aquí…-dijo Ginny tosiendo a causa del humo.

-No digas eso, claro que saldremos.

-¿Y mi hermano? ¿Dónde está?-se lamentó ella acordándose de pronto de Ron.

-Sinceramente… no lo sé. Para cuando salí él ya no estaba. Tranquila, seguro que nos espera fuera.

Separado tan sólo por unas pocas paredes que ya ni siquiera podían llamarse así, se encontraba Ron. Tenía una brecha en la cabeza a causa de una piedra que había saltado, sangraba, pero se encontraba bien. Bien dentro de lo posible. Un grupo de mortífagos estaba atacando el colegio y no encontraba a Pansy por ninguna parte. Bajó corriendo las escaleras que llevaban hacia el aula de pociones, sabía que la Sala Común de Slytherin se encontraba cerca.

De pronto, a sus espaldas, una de las frías paredes de piedra gris se abrió, dando paso a una multitud de asustados Slytherin's. No tardó en vislumbrar aquel cabello rubio platino inconfundible.

-¡Malfoy!-gritó Ron con todas sus fuerzas abriéndose paso entre la muchedumbre.

-¡Weasley! ¡¿Dónde está Hermione?!-preguntó con una sombra de miedo en sus ojos. No por él, sino por ella.

-No tengo ni idea. ¿Y Pansy?

-Ni lo sé ni me importa.

-¡Eres un insensible!

-¡Y tú idiota, Weasley! ¡Sal de aquí ahora que aún puedes!

-Huye tú si quieres, yo no pienso irme sin Pansy.

-Estúpido.-murmuró el rubio. Y salió corriendo escaleras arriba, en busca de Hermione. Ron consiguió entrar por fin en la Sala Común de Slytherin. Era tal como la recordaba desde su primera y última visita en segundo curso, gracias a la poción multijugos. Pero ahora, en vez de estar todo perfectamente ordenado, se encontraba totalmente desastroso. Los sillones verdes y negros estaban la mayoría por el suelo, los cuadros habían caído de las paredes a causa de las explosiones y parte del techo se había derrumbado.

-¡Pansy!-gritó Ron.

-¡Maldito Weasley, estoy aquí!

Ron corrió hacia donde había escuchado la voz. Pansy estaba tendida en el suelo. Una de las piedras desprendidas del techo había caído sobre su pie derecho, aprisionándola e impidiéndole que se levantara. No tenía buen aspecto.

-¿A qué esperas, Weasley? ¿Vas a sacarme de aquí o no?

-¡Sí! Esto, yo… disculpa.-dijo el pelirrojo avergonzado. Buscó entre los bolsillos de su rasgada túnica, sacó la varita y, apuntando a la piedra dijo:

-Wingardium leviosa.

-Bien Weasley, mi varita anda perdida por ahí.-murmuró Pansy. La piedra flotó en el aire y Ron la dejó caer a una prudente distancia de Pansy.

-¿Quieres que te ayude a levantarte?-se ofreció.

-No necesito tu ayuda, Weasley.-la chica intentó levantarse pero, al apoyar su peso en el pie herido, cayó al suelo soltando un gemido de dolor.

-¿Seguro que no quieres que te ayude?-volvió a preguntar Ron sonriendo con malicia.

-Está bien.-maldijo ella. Ron la tomó entre sus brazos y la ayudó a ponerse en pie.

-Ahora viene lo más difícil, salir de aquí.

-¿A qué esperas entonces, Weasley? ¡Muévete!

-¿Quieres que vuelva a dejarte en el suelo o qué?-preguntó Ron molesto.

-¡No! Digo… no. Camina Weasley.

Salieron de la sala común de Slytherin evitando los escombros, Pansy demasiado orgullosa como para quejarse del dolor, y Ron demasiado tímido para preguntarle cómo se encontraba.

Pasaron unos minutos en silencio, sin que ninguno de los dos dijera nada. Tampoco se oían los gritos de los alumnos, ni las órdenes de los mortífagos, ni nuevas explosiones. Nada.

-Demasiado silencio… no me gusta.-dijo Ron sacando su varita.

-¿No se te ocurrirá intentar pelear contra un mortífago, verdad?

-¿Y qué pretendes que haga?

Ron se preocupó al ver la cara de pánico que tenía Pansy. Había enmudecido de repente y estaba empalideciendo.

-¿Qué te pasa? ¿Estás bien?-le preguntó alarmado. Ella se limitó a señalar a las espaldas del chico con mano temblorosa. Ron se giró lentamente, sin querer imaginarse lo que había tras él.

Cuando lo vio le dio la sensación de que lo habían golpeado en el estómago. Sintió náuseas y tuvo que hacer un tremendo esfuerzo por contenerse. Entre los escombros asomaba el pálido rostro de un niño de primero, de segundo como mucho. La sangre manchaba las rocas caídas y su túnica. Estaba muerto.

-Oh Dios mío…-susurró Pansy llevándose la mano al pecho tratando de calmarse. Ron tragó saliva.

-Si…sigamos…-dijo Ron.-Desgraciadamente ya no podemos hacer nada por él.

El pelirrojo estaba asustado, no por él, sino por ella. Además, si le daba algún tipo de ataque de histeria, era posible que se negara a moverse de allí.

-Weasley, yo…

-¡Pansy, camina! ¡Muévete a no ser que quieras acabar como él!

La chica volvió a apoyarse en el hombro de Ron y comenzó a caminar de nuevo, sin mirar hacia atrás, tratando de apartar la horrible imagen de su mente.

Hermione seguía en el suelo, en estado de shock. Era increíble, impensable, ¡no podía estar ocurriendo aquello! Las piernas empezaban a dolerle a causa de la mala postura en la que estaba desde que Ginny se había movido, pero ya no sentía el dolor. Sólo se martirizaba a sí misma diciéndose que todo aquello sólo era culpa suya. Instintivamente se llevó la mano al bolsillo interior de la túnica, donde tan bien guardada tenía la esfera azul. Ella nada más quería ayudar a Harry… Y por su estupidez ahora iban a morir muchos de los alumnos de Hogwarts. Recordó el día en el que el Ángel Negro había hecho las profecías. "La niña de ojos miel está lista para llevar a cabo la tarea encomendada… En el momento cumbre entre la unión del león y la serpiente la tarea será concluida… Y el Señor Tenebroso la tendrá para él y así todos los impuros serán aniquilados…" Un gemido de impotencia se escapó de entre sus labios. De pronto, recordó el resto de la profecía del ángel, y sintió que las pocas fuerzas que le quedaban se esfumaban. "La unión del león y la serpiente llegará… el señor oscuro mandará a los Sundeath para conseguir la creación… y el joven Malfoy no saldrá vivo del ataque…" Si la primera parte de la profecía se había cumplido, también lo haría la segunda. Hermione no sabía que diablos eran aquellos Sundeath, y tampoco estaba demasiado interesada en saberlo. Sólo sabía una cosa: tenía que encontrar a Draco.