Capítulo 03

Una carta; una visita

A pesar de que volvió tarde a casa, no le costó nada despertar con los primeros rayos de sol del día siguiente. Leara se desperezó con una extraña sonrisa en sus labios que no tenía ninguna explicación lógica. Se incorporó en la cama y miró por la ventana; las tímidas tiras de luz teñían de malva el cielo aún levemente oscuro. Cerró los ojos y recordó la embriagante sensación de la noche anterior al volver a empuñar su llave-espada. Sin embargo, la sonrisa inexplicable se borró de su rostro al recordar como la brisa le revelaba la presencia de alguien que probablemente la estuviese espiando. ¿Quién sería ese alguien? No llevaba en la isla el tiempo suficiente como para captar el aura de todos y cada uno de los personajes del lugar, pero, fuera quién fuese estaba segura de que se conocían. Tomó la decisión de no pensar en ello mucho más, puesto que probablemente no la viera con claridad; la noche era un tanto cerrada.

Para sorpresa de Leara, cuando salió de la ordenada habitación, Kairi ya estaba, no sólo despierta, sino que también vestida, arreglada y preparando el desayuno.

- Vaya,¡Eres muy madrugadora, Leara! Esperaba verte levantada más tarde – sonrió. Leara le devolvió la sonrisa -. ¿Te apetecen unas crêpes para desayunar¡Me salen muy ricas! – le aseguró.

Leara asintió con la cabeza aún con aquella sonrisa en sus labios. Desde que llegó a la isla no dejaba de sonreír. De repente llamaron a la puerta y Leara se aventuró a abrir. Frente a ella había una chica de su misma edad con el pelo castaño y unos penetrantes ojos verdes.

- ¡Huolap¿Está Kairi? - sonrió. Leara, después de echar un vistazo a su extravagante vestido amarillo chillón, le indicó que estaba en la cocina.

- ¡Selphie¡Pasa, pasa! – dijo Kairi desde la cocina al oír la voz de la recién llegada.

La tal Selphie sonrió a Leara y pasó frente a ella embadurnando el aire con un fuerte aroma a frambuesa.

- Bueno, las presentaciones. Esta chica es Leara – dijo Kairi señalando a la muchacha, aún con su pijama azul, que sonreía tímidamente -, es la joven que vagaba a la deriva.

- ¡Ah! La chica que Riku sacó del agua¡ahí va¿Y cómo te encuentras? – pregunto Selphie a Leara con un deje de preocupación.

- Muy bien ahora, gracias. – respondió educadamente.

- Y ella es Selphie – continuó Kairi -, es una amiga de la infancia.

- Encantada – sonrió Leara. Selphie le guiñó un ojo y le sacó la lengua como gesto amistoso.

- ¿Has desayunado, Selphie? – preguntó Kairi – Estoy preparando crêpes¿qué dices?

- ¡Vale¡Me apunto!

Leara entró un momento a su habitación a cambiarse de ropa, y al cabo de un par de minutos salió completamente vestida disponiéndose a ayudar a Kairi con el desayuno. Resultó una mañana muy amena, desayunando las tres juntas. Leara escuchaba más que hablaba, puesto que no tenía mucho que contar. Selphie era una chica charlatana y alegre y Leara reía a veces con algunos de sus ingenuos comentarios. Era una chica graciosa, extrovertida y, a su modo, atractiva. Leara sentía simpatía hacia ella.

- Oíd, esta tarde me voy de compras, tengo una boda dentro de dos semanas y quiero mirar algunos vestidos, a ver si hay alguno que me guste. ¿Venís conmigo? – preguntó Selphie.

- ¿Quién se casa? – preguntó Kairi apurando su zumo de manzana.

- Quistis, la amiga de mi madre, que al final se ha decidido a dar el gran paso. ¡Ya era hora! – alegó Selphie, resoplando.

- ¡Vaya, me alegro por ella! – sonrió Kairi – Es una pena, esta tarde tengo cosas que hacer, no voy a poder acompañarte. Pero si quieres, - se giró hacia Leara – tu puedes ir, así ves el pueblo. No hay mucho que ver, pero lo poco que hay aún no lo has visitado.

Leara lo pensó por un momento. Era un buen plan para un día caluroso como aquél. No tenía mucho que hacer, y a Kairi no le importaba. Un fugaz pensamiento le recordó que jamás la habían invitado a ir de compras y nunca había ido a mirar vestidos para acontecimientos como aquél puesto que nunca había asistido a ninguno, y para terminar su sentido de la moda estaba completamente inactivo. Aun así, aceptó la oferta sin estar aún del todo convencida de porqué lo había hecho.

- ¡Genial! – alegó Selphie – Me pasaré por aquí después del almuerzo para recogerte¿vale?

Selphie se levantó de la mesa, se despidió con alegría y se fue agradeciendo el desayuno a la anfitriona. Kairi aún estaba sentada y sonreía.

- Selphie es una buena chica¡aunque es un poco llamativa! – dijo la pelirroja sin dejar de sonreír – Te divertirás con ella, te lo aseguro.

- Sí, no lo pongo en duda – Leara sonrió -. Oye, Kairi… ¿qué… qué tienes que hacer esta tarde?

- Ah… Nada importante, había quedado con Sora porque voy a ayudarlo con algunas cosillas del instituto. Como se incorpora ahora de nuevo después de casi un año y medio, pues se ha perdido un curso entero – contestó Kairi mientras jugueteaba con un mechón de pelo -. Pensé que podrías aburrirte mientras estudiábamos así que me pareció una buena idea que fueras con Selphie… Oye¿te ha molestado? – se preocupó Kairi.

- ¡No! Para nada, para nada – sonrió Leara -. Era solo curiosidad, a decir verdad, me apetece ver este lugar.

Kairi sonrió a la joven y se levantó con la intención de recoger los platos de la mesa. Leara la ayudó, pensando que, estando solos, les iba a ser difícil concentrarse en los estudios.

La mañana transcurrió amena, y antes de que Leara pudiese darse cuenta, Selphie ya estaba en la puerta esperándola. Leara se fue dejando sola a Kairi, que mientras las despedía con una sonrisa dulce, pensaba en las palabras de Riku.


Kairi abría los ojos lentamente. Era temprano, como ella acostumbraba despertar. Pero había algo anómalo en su habitación, y es que su amigo Riku estaba apoyado de espaldas en el exterior su ventana. Kairi se incorporó rápidamente y se levantó de la cama.

- Puedes entrar, Riku – sonrió asomada a la ventana, mientras se abrochaba la fina batilla de raso a la cintura.

- Kairi, no me puedo quedar, he venido a decirte algo… Es importante.

Ella se extrañó. Rara vez su amigo hablaba de aquel modo.

- ¿Ocurre algo? – ella apoyó sus brazos en el alféizar con gesto de preocupación.

- No es nada… espero. Necesito veros a Sora y a ti esta tarde. Iremos a la isla. Tengo que contaros algo – dijo Riku mirándola.

- ¿Es preocupante? – preguntó la pelirroja.


Kairi esperó diez minutos, hasta que vio desde su ventana pasar el autobús de la parada. Se levantó y salió de casa. Fue hacia el embarcadero y se montó en un pequeño bote y remó hacia la isla. Cuando arribó allí, se bajó de la barca con cuidado de no mojarse y tiró de la cuerda, entrándola en la arena. La barca estaba lo suficientemente entrada cuando ella, sin querer, pateó una botella de cristal que estaba semienterrada en la orilla.


Sora, aún con el corazón en un puño, salió de la cueva a la que solía llamar "el lugar secreto". Procuraba asimilar lo que acababa de ver y aparentar una tranquilidad inusual en él, pero era una tarea prácticamente imposible. Dio una carrera hasta el árbol en el que Riku le citó aquella mañana y no le sorprendió verle allí sentado, como solían hacer tiempo atrás. Con cierta habilidad saltó el tronco de aquél árbol, y miró al horizonte. No era de extrañar que Riku no moviera un músculo al verle aparecer tan de repente.

Posiblemente notó su presencia antes incluso de entrar en "el lugar secreto". Hubo un breve silencio entre ambos, y Sora decidió seguir con su plan de no mostrar la emoción que bailaba en su interior.

- No ha cambiado nada¿eh? – dijo Riku con paz en su voz.

- No… Y nada cambiará – respondió Sora.

- Un mundo pequeño…

- Que forma parte de otro mayor – la conversación comenzaba a tomar un ritmo demasiado ameno -. Oye, Riku… ¿qué crees que abrió… la puerta a la luz? – preguntó Sora. Era una duda que le reconcomía desde que habían vuelto a la isla unos meses atrás. Para su sorpresa, Riku rió. Hacía tiempo que no le oía reír. Se bajó del tronco y quedó frente a Sora con una sonrisa que probablemente se formara ante la ingenuidad de la pregunta de su amigo.

- Esto de aquí – dijo Riku, señalando su pecho. Sora pensó que a su amigo le faltaba un tornillo, porque no entendió del todo la respuesta.

- ¿E… esto? – Sora se miró el pecho, pensando a qué se refería.

- Sí… Está más cerca de lo que crees.

Entonces Sora comprendió que se refería a su corazón. ¿Eso significaba que sabía lo perturbado que se sentía desde que llegó a su lado? Desde luego, Riku le conocía muy bien. A veces demasiado bien, para su gusto. Sora le sonrió, al fin y al cabo, eran amigos, y por consecuencia, era normal que le conociera así.

El momento fue interrumpido casi al instante. La voz de Kairi les llamaba desde lejos. Ambos giraron la cabeza y la vieron correr hacia ellos. La expresión de su rostro hizo que Sora borrara de inmediato su sonrisa: ella estaba preocupada por algo. Un par de segundos más tarde, Kairi llegó junto a sus amigos. Se inclinó para tomar aire, deseando calmarse.

- Eh¿qué pasa? – preguntó Sora poniéndole una mano en el hombro.

- ¡Mira! – exclamó Kairi. Alzó su mano para enseñarle el motivo de su preocupación: era la botella que encontró en la arena, y dentro de ella había una carta enrollada con un símbolo fácilmente reconocible.

- ¡¿Del Rey?! – preguntó Sora, casi arrancándole de las manos la botella en cuestión. La descorchó y sacó la nota. Los otros dos miraron atentos a la escritura del Rey Mickey.

A mis amigos Sora, Riku y Kairi:
¿Qué tal estáis? En primer lugar, me gustaría plasmar por escrito mi eterno agradecimiento por vencer a la Organización XIII, arriesgando vuestras valerosas vidas, y demostrando un nivel de valentía que raya en lo incalificable.
También me gustaría comunicaros que las cosas en Palacio andan muy bien, muy relajadas y sin presencia alguna de oscuridad amenazante, añadiendo de nuevo, gracias a vosotros. A mi alrededor se palpa un júbilo que hacía tiempo añoraba volver a sentir. Ojalá pudiera asegurar que esta alegría permanecerá siempre…
Desgraciadamente, aquí terminan mis buenas noticias. El motivo de esta carta no es otra si no la de advertiros de los extraños sucesos que probablemente acontezcan en breve. La presencia de un ser que ha nacido al abrigo de la oscuridad acaba de ser descubierto. Pensé que esa persona murió muchos años atrás, pero me equivoqué.
Conociendo la trayectoria de los recientes hechos, probablemente el problema os encuentre a vosotros antes de que os podáis dar cuenta. Si por casualidad notáis alguna anomalía en vuestra vida cotidiana, alguien o algo de lo que podáis sospechar, no dudéis en avisarme. Lamento no poder dar más datos acerca de esa persona.

Se despide vuestro siempre amigo
El Rey Mickey Mouse

Todos estuvieron unos segundos asimilando lo que la carta decía. Pero Riku velozmente reconoció una carta de menor tamaño en el interior de la botella que Sora soltó rápidamente. Alargó la mano hasta el tronco donde se encontraba y sacó la misiva. En el exterior de la carta se leía con tinta negra y en letras grandes "Riku". Disimuladamente metió en su bolsillo la carta pequeña que llevaba su nombre, sin leerla todavía.

- ¿Qué demonios es esto¿Otra guerra? – preguntó Sora, elevando notablemente el tono y golpeando la carta con el dorso de su mano derecha.

- Aquí no dice nada de eso… - respondió Kairi, que, a pesar de todo, se le hizo un nudo en la garganta – Sólo nos avisa de que debemos estar atentos, nada más.

- Kairi, habla de alguien oscuro, esto solo tiene un significado¡y es que la guerra entre la luz y la oscuridad aún no ha terminado¡Joder! – Sora apretó el puño, arrugando la carta y pateando con fuerza el tronco del árbol. Kairi abrió la boca para decir algo, pero al ver el enfurecido rostro de su amigo, prefirió ahorrarse el discurso. De nuevo, un incómodo silencio se acomodó sobre sus cabezas.

- Es ella – dijo Riku. Su expresión denotaba una seguridad muy seria. Kairi lo miró y Riku le devolvió la mirada -. Leara.
Sora miró a Riku frunciendo el entrecejo, pero Kairi se sorprendió.

- Su existencia es muy misteriosa – admitió Kairi, con la voz entrecortada -, pero eso no te da derecho a acusarla así. No tienes pruebas, Riku.

- Kairi, algo pasa con esa chica. Reconócelo, tiene una presencia poderosa – dijo Sora.

- Y no sólo eso – Riku intervino y los dos le miraron con atención -. Tiene una llave-espada.

- ¿Qué? – preguntó Sora asombrado - ¿Es una portadora?

- Anoche salió y la vi hacer cosas muy raras, como por ejemplo andar sobre la superficie del agua como si fuera una pluma. Anduvo hasta ya entrado el mar, lo sé, porque yo la vi desde esta isla, y podía verle perfectamente hasta el color de los ojos. ¡Estuvo entrenando con la llave-espada sobre la superficie del mar!

- Un momento, frena un poco, Riku – pidió Kairi. Estaba comenzando a enfadarse -. Ayer presencié como se acostaba en su cama. Probablemente te equivocaras de persona.

- Kairi¡era ella¡La vi perfectamente! Distinguí su cara, y sus ojos se tornaron rojos al invocar la llave. Estoy completamente seguro de que se trataba de ella.

- Bueno ¡ya está bien! – era la primera vez que oían gritar a Kairi - ¡Ella es una buena persona¡Es rematadamente imposible que sea ella el personaje oscuro del que habla el Rey¡No puede ser Leara¡Me niego a creer que sea ella! – sin quererlo, a Kairi se le habían inundado los ojos de lágrimas, probablemente de furia.

Sora guardaba silencio, era la primera vez en muchos años que Kairi perdía los nervios. Realmente, le importaba esa chica. Riku tampoco decía palabra, pero su gesto indicaba que no había cambiado de opinión acerca de la recién llegada. Kairi apretaba los puños de tal manera que si su mente hubiese sido consciente de lo que sus manos sufrían, habría parado de inmediato. Sora fue hacia ella y le puso una mano en el hombro.

- Kairi, cálmate, por favor – la voz de Sora sonó suave pero firme. Kairi no reaccionó -. ¡Kairi! – Sora le sacudió un poco el hombro. Ella finalmente le miró y su expresión se relajó al instante. Con esfuerzo, se tragó sus lágrimas y se serenó.

- Lo siento… No sé qué me ha pasado – dijo Kairi con tono bastante más tranquilo, casi ameno -. Pero ella no es mala… - levantó la mirada y la fijó en los ojos de Riku – Estoy segura de que ella no es mala…

- No es necesario ser malo para pertenecer a la oscuridad – alegó Riku -. Yo pertenecí a ella por un tiempo.

- Y te rebelaste contra mí – reprochó Sora -. Casi me das una paliza – Sora sonrió con picardía y enfatizó la palabra "casi". Kairi también imró a Riku, en espera de que entrara en razón.

- No cabe duda de que la oscuridad puede ser tentadora y manipuladora – miró a Sora, quién levantó una ceja -, probablemente no sea ella el ser oscuro del que habla el Rey, pero una cosa sí es segura: y es que ella posee el don de poder invocar una llave-espada.
A Kairi le agradó que Riku dejase de lado la idea de que Leara podría pertenecer a la oscuridad, y ella se relajó.

- Kairi, deberíamos ir a hablar con Leara – alegó Sora -. Sólo para salir de dudas. Es posible que ella fuese consciente de la guerra.

- Sí, lo es, pero no luchó en ella. Leara me lo ha dicho.

- Vale, entonces habrá oído hablar del Rey. Deberíamos hablar con ella, sólo preguntarle, sin acusar a nadie¿de acuerdo? – preguntó Sora mirándola. Ella tragó saliva y asintió con la cabeza – Muy bien, en tal caso, volvamos.

Todos anduvieron por la orilla hasta llegar a los botes, casi al otro lado de la pequeña isla. Riku se rezagó levemente y sacó la nota del bolsillo. La abrió y comenzó a leer:

Riku:
Quiero que prestes atención a lo que te escribo en esta carta. El hecho de que no pueda darte más detalles acerca de esa persona no significa que no los conozca. Cuando te cruces con esa persona, tal vez no te des cuenta, pero existe un lazo invisible que os liga fuertemente. Ella arrastra tras de sí un pasado oculto plagado de sorpresas que harán que en el momento de saber la verdad, conociéndote, le desees lo peor. Riku, cuida tu reacción, mantén la calma y la sangre fría. Ella te necesita mucho más de lo que crees, así que cuídala.
Se despide tu siempre amigo
Mickey Mouse

Riku releyó una y otra vez la carta. Hablaba de esa persona en femenino, lo cual significaba que era una chica. Ya no había margen a duda alguna. Estaba seguro de que se trataba de Leara, se pusiera Kairi como se pusiera.
Volvieron en sus botes, los amarrados en el puerto improvisado de la pequeña isla. El viaje fue ameno y reinó entre ellos el ya rutinario silencio.

Se dirigieron directos a la casa de Kairi cuando arribaron en la ciudad. Kairi vislumbró una luz encendida en el interior de la casa, y el corazón le dio un vuelco. Probablemente Leara ya estaba dentro.

Abrió la puerta de su casa y palideció al instante: su casa estaba completamente destrozada. El frigorífico colgaba de mala manera sobre la encimera de la cocina, con todos los alimentos desparramados por el suelo, los cuadros descolgados, los sofás desgarrados, las paredes rajadas, las mesas y las sillas rotas y tiradas por los suelos... Los tres se quedaron de piedra ante aquél espectáculo. Pero un golpe sordo que provenía de la habitación de Kairi les hizo reaccionar. Sora y Riku invocaron sus llaves-espada y se adentraron con rapidez en el cuarto.

La sorpresa que se llevaron era inmedible. Cloud, un viejo conocido durante la guerra que en varias ocasiones les ayudó, que tenía el cabello dorado, los ojos azules y que solía vestir de negro, se alzaba frente a ellos, blandiendo su característica espada vendada mientras buscaba frenéticamente algo en el ropero.

- ¿Cloud? – preguntó Sora.

- ¿Dónde está? – gritó Cloud - ¿Dónde está la chica?

Sin miramientos por los muebles ajenos, pateó el armario. Kairi sentía cómo a una velocidad alarmante la sangre se le agolpaba en la cabeza y las yemas de los dedos se le adormecían. Elevó la mirada y agradeció en silencio que no estuviese Leara en casa.

- Cloud, cálmate, aquí no hay nadie – dijo Sora, procurando tranquilizarlo. Él también cayó en la cuenta de que la persona de la que

Cloud hablaba era Leara.

- ¡Ella ha estado aquí! – gritó Cloud deshaciendo la cama con una brutalidad casi innecesaria.

- ¡Para, Cloud! – gritó Riku, haciéndose oír. Kairi temió que revelara a Leara. Al oírle de nuevo, se avergonzó de repente de la manera en la que lo trató en la isla y bajó la cabeza - ¿De quién narices estás hablando?

Kairi volvió a alzar la mirada sintiéndose tan aliviada como agradecida.

- De la chica que ha estado aquí – Cloud tenía el entrecejo fruncido y parecía realmente furioso.

- Aquí sólo vivo yo – aseguró Kairi. Su voz sonó segura, a pesar de que por dentro sentía que si movía un solo músculo, le fallarían las piernas y caería al suelo en redondo -. No sé de qué chica hablas, si es que no te refieres a mí…

- No eres tú – el rubio comenzaba a irritarse con los chicos -. Es una chica de cabellos tan negros como su oscuro corazón, y es la hija del mismísimo diablo. Ella es una amenaza para todos nosotros.

Por las palabras que Cloud acababa de pronunciar, los chicos comprendieron que no era la primera vez que se cruzaba con ella. A Riku le asaltó una idea repentina.

- ¿Por qué buscas aquí? – preguntó Sora, tratando de disuadir que siguiera describiendo a Leara "a su manera".

- Porque puedo sentirla. Ella pertenece a la oscuridad, al igual que yo – aseguró Cloud, relajándose al instante. Parecía que lamentaba realmente tener que reconocer que él era un ser oscuro.

Los chicos guardaron silencio momentáneamente, y Sora pudo notar como Kairi se derrumbaba por dentro. Probablemente, al igual que él mismo, acababa de comprender que las acusaciones de Riku en la isla tenían un fundamento bastante sólido.

- Cloud, debes de estar equivocado. El único ser oscuro que hay en un radio de cien kilómetros a la redonda, además de ti, soy yo, y tampoco. Te estás confundiendo, estoy seguro – Riku habló con serenidad y firmeza.

- No… Estoy seguro de que ha estado aquí.

- Si por casualidad hubiese estado aquí nosotros lo sabríamos, y en este tiempo no ha pasado nadie sospechoso por aquí, realmente todo parece estar muy tranquilo – aseguró Sora desmaterializando su Cadena del Reino -. Nos habríamos dado cuenta¿no crees? – tanto Kairi como Riku miraron a Cloud apoyando a Sora con la mirada.

Cloud los miró a los ojos, uno por uno. Pareció notar que ellos no estaban dispuestos a ceder. Frunció aún más el entrecejo y Sora pudo percibir cómo el convencimiento acerca del paradero de la chica no titubeaba. Con un movimiento determinado, la enorme espada de Cloud se desvaneció. Chasqueó los dedos y todo, por arte de magia, volvió a su estado original, sin desorden ni roturas. Con otro gesto, un enorme portal de oscuridad apareció junto a él.

- A pesar de que os conozco desde hace tiempo, y sé que vuestro corazón es grande, sé que estáis mintiendo.

Los tres guardaron silencio, sin ceder ni un ápice.

Cloud desapareció tras el portal de oscuridad. Éste se desvaneció tan silenciosamente como se había abierto.

Tardaron unos minutos en digerir la situación. Todo estaba sucediendo demasiado rápido. Primero la carta del Rey, luego las sospechas hacia Leara, ahora Cloud… Todo indicaba que Leara, en breve, les concedería una larga y rigurosa explicación a todo eso, pero en ese preciso momento no se encontraba en casa.

- Muchas gracias, chicos – murmuró Kairi, que estaba de pie en el umbral del pasillo que conducía al baño y a su habitación. Ambos muchachos la miraron. Ella tenía una relajada y agradecida sonrisa dibujada en los labios -. Gracias por no delatarla.

- No es nada – dijo Sora, devolviéndole una amplia sonrisa.

- Kairi, no te ofendas, pero si no la he delatado es porque quiero que me explique primero qué demonios está pasando aquí. Como su respuesta no me convenza, no te quepa duda que llamaré a Cloud – aseguró Riku.

- Sin embargo, y obviando tu pequeño instinto asesino – intervino Sora, mediando entre la sobreprotección de Kairi y la odiosa indiferencia que sentía Riku hacia Leara -, creo que lo mejor sería, antes de avisar a Cloud para que la degüelle, ponernos en contacto con el Rey y contarle lo sucedido.

Extrañamente, era Sora el que esta vez ponía un poco de sentido común a la discusión. Normalmente solía ser cualquiera de los otros dos, pero en un momento en el que los dos sensatos estaban en contra, no quedaba otra que inculcarles sensatez. Kairi asintió, realmente tenía razón. Pero Riku se limitó a sentarse en un sillón sin siquiera mirar a Sora. Kairi y él le imitaron.

- Ahora sólo hay que esperar – dijo Kairi.

Un rato después, cuando el sol comenzaba a teñir de rojo el cielo veraniego, la puerta de la casa de Kairi se abrió, y tras ella apareció Leara. Parecía cansada y algo agobiada. Ella les miró a los tres que estaban en el salón y saludó con la mano. De nuevo, un extraño escalofrío recorrió su espina dorsal al ver a Riku en la sala. No le daba buena espina.

- Te estábamos esperando – dijo Riku, muy serio.

Leara se temió lo peor. Relajó los hombros, echó la cabeza hacia atrás y aspiró profundamente. Lo sabían.


Hola a todos!!

Lamento mucho el retraso, he estado trabajando y... en fin, una serie de "peros" y "lo sientos" que me consta de enumerar aquí. Leara empieza a tomar un cariz muy misterioso a estas alturas... Y aquí los tres lumbreras, que empiezan a darse cuenta (jo, como me meto con ellos, con lo bien que me caen xDDDD)

En fin, haré los retoques del siguiente capítulo y lo subiré pronto¿ok?

Saludos de Iliana!!