Capítulo 05

Dos promesas; dos amuletos

Leara consideró educado no aparecer de repente en el salón de Kairi y se desplazó hasta la orilla de la playa. El sol comenzaba a ponerse y los cielos estaban teñidos de un fuerte rojo anaranjado. El ambiente comenzaba a humedecerse y la mar seguía tan limpia y calmada como cuando se fue.

Tocó tres veces en la puerta de Kairi, pero, sin embargo, fue Sora el que la recibió en el umbral. Sora sonrió levemente y se hizo a un lado para que la chica pudiese entrar. Leara seguía aún un poco consternada por lo repentino de la situación, y tal vez, por eso, no pudo devolverle la sonrisa con la naturalidad que estaba deseando. Apenas oyó cerrarse la puerta tras de sí, se percató de que Kairi estaba adormilada en el sofá. Al verla la pelirroja se incorporó, y la chica pudo distinguir en el rostro de Kairi ciertos surcos de lágrimas. La anfitriona se frotó los ojos con el dorso de su mano y la observó con algo más de determinación. De repente, le sonrió con fuerza.

- ¡Me alegro de que hayas vuelto!

Leara interpretó, sin embargo, como una vasta ironía las dos reacciones de Riku y Kairi para con ella.

- Nos tenías muy preocupados¿te encuentras bien? – preguntó Sora, posando suavemente la mano sobre su hombro y acompañándola a sentarse en el sofá junto a Kairi.

- Sí, gracias…

De nuevo, el silencio incómodo que solía perseguir a Leara aquél día volvió a abrumarla. No obstante, incluso el silencio quería decirle algo a Leara, y se trataba de una petición; era hora de sincerarse.

- Yo… - la morena observó un punto indeterminado del suelo, porque era incapaz de mirarla a los ojos. De nuevo sintió ese repentino calor subir hasta sus mejillas – Yo… siento mucho haberos mentido, no tenía derecho a hacerlo después de lo que hicísteis por mí... Pero no había previsto esta situación… Espero que me comprendáis por haber intentado ocultarlo.

- ¡No tienes que excusarte, mujer! – alegó Sora con cierta despreocupación. Volvió a sonreírle de aquella manera tan tibia – Probablemente, todos hubiésemos hecho lo mismo.

Kairi asintió con la cabeza mientras sonreía cálidamente. Leara reconoció un familiar rubor en el rostro de Kairi que le recordó velozmente el rostro de alguien. Tragó saliva. Realmente, Kairi se le parecía muchísimo. Leara observó cómo la pelirroja alzaba su mano izquierda y dispersó parte de su melena sobre su hombro, mientras jugaba distraídamente. Ya le había visto hacerlo, pero sólo entonces, pudo reconocer aquél gesto, que, casualmente era el mismo que solía hacer aquella persona a la que le recordaba Kairi bastante a menudo.

- Sabemos que eres una buena persona, o al menos, yo lo doy por sentado. No me importa si has nacido en la oscuridad o si eres hija de Xehanort. No pretendo husmear acerca de ti y tu pasado, sé que no me incumbe. Pero quiero que sepas que siempre estaré aquí para lo que necesites.

A pesar de aquellas bonitas palabras de Kairi, Leara no supo encajarlas como debieran haberse asimilado. En lugar de sentirse feliz por haber conseguido hacer un buena amiga, sintió una profunda nostalgia al oír sus palabras que le atragantaron los sentidos. Con un leve "discúlpame" apenas audible, entró en el cuarto de invitados, cerrando la puerta tras de sí.


- ¿De verdad estás segura de que quieres irte, Leara?

Una niña de ojos ambarinos y un liso cabello azabache como el cielo de aquella noche que no superaba los nueve años, asintió con la cabeza.

- Tengo que salir… Tengo que salir para huir de esta oscuridad… ¡Ni siquiera puedo dormir por las noches¡Él me da miedo! – Leara agitaba la cabeza haciendo oscilar su vestido lavanda y celeste. En su rostro se reflejaba una mueca infantil que reflejaba un temor muy profundo. Otra niña de su edad se le acercó y se arrodilló junto a ella.

- Será peligroso – advirtió. Su voz sonaba demasiado madura como para dejarse engañar por el pequeño y frágil cuerpo que lucía. Unos grandes ojos castaños perforaban la mirada de Leara, que, a pesar de asustada, mostraba una determinación y decisión que no dejaba lugar a dudas a la pequeña. Ésta le sonrió y relajó su rostro. Le echó los brazos al cuello y se abrazaron.

La imagen no podía ser más enternecedora; dos amigas sufriendo las consecuencias emocionales de la primera despedida. Leara podía sentir una cálida y reconfortante sensación de bienestar que se extendía por su cuerpo; con su amiga se sentía tan segura que deseaba no dejar nunca de abrazarla para no tener que irse. Descompuso su rostro de una manera tan repentina como repentinas fueron los lagrimones del tamaño de perlas que rodaban por sus mejillas. Su amiga la separó con delicadeza y le puso las manos en los hombros

-¡Pero Leara¿porqué lloras¡Deja de llorar, lechugas¡Las lágrimas déjalas para el momento en el que nos digamos adiós!

- ¿P-pero… es q-que esto no es… un… a-adiós? – preguntó Leara entre sollozos, mostrando, probablemente, el último gesto infantil que dejaría ver en muchos años. Su amiga se rió.

- ¡Desde luego que no! Esto es más bien… un hasta la vista – alegó -. Nos volveremos a ver, estoy segura¡aunque no sé cuándo! – la pequeña emitió una sonrisa alentadora, aunque en el fondo, también reprimía unas ganas tremendas de romper a llorar, como la niña que era. De repente, se relajó y la miró a los ojos, que aún estaban húmedos -. Leara, siempre estaré aquí para lo que necesites.

La joven señaló el corazón de Leara y comprendió que los amigos nunca pueden despedirse, porque siempre estarán juntos en sus corazones. Leara sonrió, y tranquilizó (no sin algo de esfuerzo) su trastocado sistema nervioso. La miró de nuevo a la cara, con determinación y seguridad.

- ¡Te prometo que nunca volveré a llorar¡Te prometo que seré fuerte¡Y te prometo que nunca te olvidaré! Y como prueba de ello… - Leara buscó frenéticamente algo en su pequeño bolsito y al cabo de unos segundos sacó un llaverito de plata – te doy este llavero para que lo lleves siempre contigo¡te traerá buena suerte! – la pequeña tomó el llavero en su mano y lo miró. Podía verse reflejada en él – Cuando nos volvamos a ver, me lo devolverás¿vale?

La niña asintió con la cabeza, conmovida y falta de palabras. Tenía un nudo en la garganta y estaba asustada por el obsequio de la chica.

- Yo también tengo algo para ti – del bolsillo de su vestido sacó una cajita. Leara abrió la caja con curiosidad, y en su interior deslumbró a la joven un colgante hecho de conchas -. Lo he hecho yo. Cuenta la leyenda, que los viajeros y los marineros se colgaban esto al cuello y significaba que siempre volverían a su hogar, no importa lo lejos que estuvieran – Leara estaba cautivada con la historia y observaba asombrada el gran talento de su amiga con las manualidades -. Por eso, prométeme que algún día volveremos a estar juntas, y cuando estemos aquí, me lo devolverás, y yo te devolveré el llavero¿vale?


Leara miraba un punto indeterminado de su mano, que estaba sobre la almohada. La chica no dejaba de pensar en aquellas palabras. Maldita coincidencia… Aquel día estaba resultando fatídico, quizá sólo necesitara descansar. Leara cerró los ojos y se dejó mecer por la brisa marina que entraba por su ventana. Apenas pasó un segundo, algo la inquietó de tal modo que la impulsó a levantarse bruscamente. Una presencia extraña se alzaba sobre ella.

- Me alegra ver que tus sentidos siguen finos y en orden – dijo una extraña voz de mujer que parecía salir de ningún sitio.

- ¿Quién eres? – preguntó Leara. Casi instintivamente adoptó la posición de lucha y al segundo, con un rayo de luz, apareció en su mano su enorme llave espada.

- No creo que lo necesites, no pretendo luchar contigo – volvió a decir la voz. Parecía risueña -. Sólo vengo a advertirte, Leara.

- No quiero que me adviertas de nada si no respondes a mi pregunta – la voz de la chica sonó más dura esta vez. Apretó los dedos alrededor de la empuñadura.

- ¿Y qué importa eso realmente? Nada. No te ayudará saber quién soy, ni siquiera te ayudará saber quién eres tú.

- Yo sé quién soy, no me times.

- Bueno, si tanto interés tienes…

- Muéstrate – impuso Leara.

Frente a ella unos fragmentos que parecían provenir del aire mismo, formaban una figura transparente, tan voluble como el humo. Lo que la chica estaba viendo era prácticamente imposible. Leara no pudo evitar descomponer su rostro al ver la figura del hablante. A menos de un metro y medio de distancia se alzaba el fantasma de una joven de más o menos dieciocho años. Su cabello liso, que parecía dejarse llevar por una brisa que realmente no existía era negro azabache. Los ojos con los que miraba a Leara eran de un rojizo intenso. Sus labios entreabiertos mostraban una característica curvatura de corazón. Para asombro de Leara, la imagen de la chica parecía estar desnuda, pero gracias a ello, pudo darse cuenta de que todo el cuerpo lo tenía cubierto de unos extraños tatuajes paralelos y simétricos de dos colores: blancos y negros. Sus piernas, su torso, sus brazos, su cuello e incluso su cara se veían adornados por estas singulares marcas, que Leara apostaría que no eran normales. Pero a pesar de todo, aquello no era lo más asombroso; no sólo poseía un colosal parecido físico con Leara, sino que ambas tenían la misma cara, lo único en que podían diferenciarse era en el color de los ojos.

- Tú y yo fuimos, somos y seremos la misma persona… – dijo la chica.

- Imposible…

- … Porque Pasado, Presente y Futuro sólo son tres formas diferentes de llamar a la historia que tarde o temprano se repite.

Leara bajó la guardia y soltó el arma justo antes de desvanecerse. Se irguió y se acercó lentamente a la humorosa figura.

- No somos iguales.

- Muy cierto. Pero lo seremos, y venía a advertirte.

- Ahora sí puedes advertirme…

- Tendrás que darte cuenta por ti misma de cómo puedes evitar que esto suceda.

- Tú… ¿no vienes a reclamar tu verdadero cuerpo?

- Sabes que no soy tu incorpóreo, ni tu sincorazón. Yo ya poseo un cuerpo verdadero, mi esencia es y está completa – guardó silencio por un momento -. No te queda mucho tiempo, pronto pasará lo que está escrito que pase, pero hay una manera de burlarlo.

Leara no habló, pero sí sabía a qué se refería la figura con "burlar aquello que está escrito".

-¿Conoces la cura? – preguntó. Ella le sonrió y se desvaneció. De nuevo, habló sólo con la voz.

- La cura reside en aquello que temes. Creo que es hora de reabrir viejas heridas…

De repente, su aura desapareció. Leara abrió los ojos sobresaltada y se levantó de la cama. Miró a ambos lados de la habitación, pero no había nadie. Al otro lado de la puerta distinguió las voces de Sora y Kairi.

- ¿Acaso he dicho algo malo? – preguntaba ella.

- No, has sido muy amable. ¿Por qué no vas a ver qué le pasa?

- Sí, creo que será lo mejor.

Se oyeron pasos en dirección a la puerta cerrada de la habitación y seguidamente, unos pequeños golpecitos.

- ¿Puedo pasar? – preguntaba Kairi.

Leara se apresuró a abrir la puerta. Estaba segura de que aquello no había sido un sueño.

- ¡Leara! – exclamó la pelirroja al verla de pronto – Pe-perdona… ¿estás bien?

- ¿Qué? – Leara no sabía a qué se refería.

- Es que te has ido tan de repente…

- ¡Ah! Sí, sí, siento haberte asustado, no te preocupes. Gracias por tu apoyo. Kairi¿cuánto tiempo ha pasado desde que me encerré? – habló tan despreocupada como rápidamente lo hizo, y Kairi comenzó a pensar que realmente le ocurría algo extraño.

- Leara, acabas de hacerlo.

- ¿Cuánto tiempo exactamente? – Leara comenzaba a desesperarse.

- No más de diez segundos – fue Sora quién contestó.

- Y… ¿no habéis notado nada extraño? – preguntó Leara. Probablemente Sora sintió esa presencia.

- ¿De qué estás hablando? – Sora parecía no haber notado nada. El momento no podía ser más extraño...

...Y quizá debiera haberlo pensado dos veces antes de opinar. De repente la puerta de la casa se abrió y tras el umbral, apareció un Riku acalorado y empercudido en sudor. Su expresión no podía ser más aterrada.

- Tenéis que venir… Tenéis que ver esto…

- Eh, Riku¿qué ocurre? – preguntó Sora.

- ¡Venid ya! – exclamó Riku justo antes de salir corriendo. Hubo un momento de incertidumbre entre los chicos, pero todos reaccionaron igual; salieron corriendo tras de él.

El muchacho se subió a un bote que estaba encallado en la arena y los chicos le imitaron, pero en botes diferentes.

- ¡Leara, sube conmigo! – exclamó Riku. Leara dudó un momento, pero no se lo pensó y subió al bote con habilidad, sentada frente a Riku - Por tu bien espero– susurró Riku con una repentina furia – que no tengas nada que ver con esto.

-¿Nada que ver con qué? – preguntó Leara. Ya estaban siendo demasiadas cosas.

- Bien, mejor que no lo sepas.

Riku remaba con mucha rapidez. Un par de minutos después Leara se sintió momentáneamente pequeña al verse rodeada de tanta agua; nunca había estado en mar abierto siendo consciente de ello. Antes de darle tiempo a sentirse asustada, además de pequeña, el brusco choque contra la arena mojada de la Isla del Destino la hizo reaccionar bajando del bote. Riku lo hizo antes que ella y esperó en la playa a que arribaran Kairi y Sora. Un minuto después ellos también saltaban del bote.

- ¡Joder, Riku¿A qué viene tanta prisa? – preguntaba Sora, molesto de haber tenido que remar tan rápido.

- Sí… ¡Me duelen los brazos! – decía Kairi.

Riku, sin mediar palabra se giró y siguió corriendo.

- ¡Seguidme! – decía mientras se perdía de la vista de los muchachos.

- ¿Pero qué bicho le ha picado a éste? – se quejaba Sora.

Riku siguió un camino hecho de madera junto a unas piedras y a una pequeña piscina tosca. En la pared de piedra había un pequeño agujero y Riku entró con él. Sora, Kairi y Leara se detuvieron frente a la entrada de la cueva.

- ¿El Lugar Secreto? – se preguntó Sora. Acto seguido entró tras él, encorvándose un poco. Leara y Kairi le siguieron.

Lo que vieron a continuación les impresionó tanto que se llevó sus palabras. En medio de la cueva repleta de dibujos, se alzaba una imponente puerta tallada abierta de par en par que tenía una enorme cerradura brillando en el centro. A través de ella, sólo se veía oscuridad. Leara no tardó en adivinar que no estaba antes así. El rostro de Riku denotaba obviedad, el de Kairi terror y Sora, desgraciadamente, una furia incalificable. Desafortunadamente, nadie podía prever lo que sucedería a continuación.

- ¡ESA MALDITA PUERTA! – Sora había perdido los estribos. Leara podía verle temblar, y Riku se volvió hacia él. Sora invocó por inercia a Cadena del Reino - ¡VOY A MANDARLA AL INFIERNO!

- ¡Sora¡Tranquilízate! – apuraba Riku, tratando de arrebatarle el arma.

- Riku… es esa puerta. Pensé que la cerramos para siempre… Y ha vuelto a abrirse– por los ojos de Sora asomaban unas discretas lágrimas de frustración que nunca llegaron a resbalar. Cadena del Reino volvió a desaparecer -. ¿Por qué está aquí?

Riku, instintivamente, miró a Leara. Ella negó con la cabeza, no había tenido nada que ver.

- Chicos, será mejor que volvamos, ya veremos mañana qué hacemos. Está empezando a anochecer… - alegó Kairi.

- Ella tiene razón, Sora, descansemos esta noche, han pasado muchas cosas hoy – dijo Riku.

- Id tirando vosotros – dijo Sora -, yo me quedaré un rato más.

- Pero…

- Me quedaré – la voz de Sora sonó firme y segura. Todos comprendieron que era mejor dejar solo a Sora, al menos un rato.

Se volvieron lentamente y salieron de la cueva, dejándole allí. Anduvieron en silencio hasta la orilla, y Riku comenzó a dudar si había sido una buena idea enseñarles la puerta ese día. Realmente no tenía elección, hubiera sido peor no decir nada.

Llegaron a los botes y Riku y Leara volvieron a montarse juntos para volver. Kairi, sin embargo, se detuvo.

- Mejor volved vosotros, prefiero quedarme aquí.

Ni Leara ni Riku objetaron a la petición de Kairi.

- Ten cuidado¿vale? – le dijo Riku. Kairi asintió con una sonrisa y Riku comenzó a remar, con Leara dentro del bote.


Kairi les vio desaparecer en la lejanía de la noche y, con lentitud, desanduvo el camino hacia la cueva. Dudó por un momento, pero finalmente, armándose de valor, entró en la cavidad. Sora seguía mirando la puerta fijamente. Aunque no se volvió para mirarla, sabía que Kairi había vuelto.

- "Este mundo ha sido conectado".

- ¿Cómo dices? – preguntó Kairi.

- Fue lo que me dijo aquella voz el día antes de separarnos la primera vez. Me trajo tantos problemas esa voz…

Kairi no habló. Se limitó a acercarse a él lentamente.

- Y esa noche, se abrío. Estaba cerrada¿recuerdas, Kairi? Y parecía que no se podía abrir. Te busqué por toda la isla aquella noche... Estabas frente a la puerta¿te acuerdas? – Kairi no contestó y le dejó seguir, aunque, realmente, no lo recordaba – Estabas como hipnotizada, ahí enfrente, mirando a la puerta, como si fuera lo único que existiera. Recuerdo que te quise alejar de allí pero… desapareciste en mis brazos, como si nunca hubieras estado en esa cueva. A Riku acababa de engullirle la oscuridad en el embarcadero, desapareció soltando insensateces acerca de la oscuridad que entonces yo no llegaba a comprender. No sabía a qué se refería cuando hablaba de la oscuridad, o de la luz. No sabía nada.

Sora apretó la llave espada. El entrecejo se le arrugó y su rostro demostraba una profunda desesperación.

- Ahora lo pienso y había tantas cosas que hubiera podido hacer para evitarlo… Pero quizá, si lo hubiera hecho, nunca habría llegado a conocer al Rey, a Donald o a Goofy. Quizá nunca hubiera vivido esta aventura, y nunca sabríamos que eres realmente una Princesa del Corazón, que soy el elegido de la llave espada ni que Riku tiene un corazón tan fuerte que es capaz de deshacerse de toda la oscuridad de su interior. Quizá los tres ahora seríamos personas que desconocen el verdadero origen del mundo, la historia de la luz y la oscuridad, y todo eso que nos hace ser tal y como somos ahora. Si lo hubiera evitado, nadie habría sufrido, y ninguno de nosotros habría conocido el significado de echar de menos a alguien. Pero todo sería diferente… si lo hubiera hecho – Sora dejó caer su llave espada al suelo, que sonó estrepitosamente y desvaneciéndose al instante. Kairi estaba un poco nerviosa, nunca le había visto tan frustrado -. Pero no me arrepiento – Sora la miró -, porque tras haber vivido todo esto, ya sea juntos o separados me he dado cuenta de que nuestra amistad es la más fuerte que existe.

Kairi estaba conmovida por las palabras de Sora. Llegó a su lado y ambos, tras una larga y cálida mirada, desviaron sus ojos a la puerta intrusa.

- Quizá esto sea el comienzo de una nueva aventura – dijo Kairi.

- Eso precisamente es lo que me preocupa – la chica le miró -. No quiero volver a perderte.

Kairi le miró y tardó unos segundos en digerir las palabras del muchacho. Ella tenía un nudo en la garganta y sus nervios aumentaron.

- Sólo de pensar que te secuestraron, te hipnotizaron, casi te engulle la oscuridad, te encerraron en una celda y te pretendían utilizar para culminar un plan maquiavélico me revuelve el estómago – Sora la miró de reojo y esbozó una sonrisa. Kairi le devolvió la sonrisa, algo roja -. Por que claro, como eres una niña fea que no sabe cuidarse sola pues siempre hay que estar encima de ti para que la niñita no se rompa una uña.

Sora le sacó la lengua y Kairi, fingiendo que estaba ofendida, volvió la cara. Sora rió el gesto.

- Vamos, era una broma, Kairi, no te pongas así, 'por fa' – pero Kairi, tomando una decisión se giró sobre sí misma y miró a Sora con alegría en la cara.

- Bueno, señor súper héroe de la llave espada que te crees hasta guapo – dijo Kairi de sopetón -, para que no vuelvas a llamarme niña fea, ni petarda ni nada por el estilo, te voy a hacer una promesa.

- ¡Guau, una promesa, una promesa! – Sora fingió una emoción infantil ante la idea de la promesa, aunque, realmente, el corazón le dio un vuelco al escuchar esas palabras. Otra promesa.

- Te prometo, señor elegido de la llave espada, que no voy a dejar que me secuestren, me hipnoticen, me engulla la oscuridad, me encierren en una celda ni pretendan utilizarme para culminar un plan maquiavélico para no causarte problemas¿vale? – Kairi alzó su dedo meñique y le miró arqueando las cejas.

- De acuerdo, señoritinga. Que no me entere yo que te ocurre nada de lo que me has prometido que no te ocurrirá¿de acuerdo? – preguntó Sora.

- ¡De acuerdo¡No te enterarás cuando me pase! – Sora, mucho más tranquilo, rió con soltura.

- ¡Hecho! – el muchacho estrechó su dedo y los dos hicieron un gesto al tiempo. Un breve silencio envolvió el lugar.

- Sora… Tengo un amuleto que me gustaría darte para que lo lleves en ésta nueva aventura, ya sabes, por no perder la costumbre – alegó Kairi. Sora levantó una ceja.

- ¿Lo tienes ya hecho¿Lo tenías preparado¿Sabías que ocurriría esto? – preguntó Sora.

- ¡No¡Qué va! – dijo Kairi – Iba a dártelo tarde o temprano, pero ya aprovecho la situación.

- Ah, muy bien. Y¿lo tienes aquí o prefieres dármelo cuando lleguemos a casa? – curioseó el castaño.

- Prefiero dártelo aquí.

Sora abrió la palma de la mano, esperando el amuleto de Kairi. Se preguntaba cuál sería la fantástica manualidad que habría hecho esta vez. Pero, para su sorpresa, cuando la mano de Kairi alcanzó la suya, no llevaba nada en ella. Simplemente cogió la mano y la bajó. Se acercó lentamente a él, con la mirada fija en un punto indeterminado de la camiseta del chico. Sora, un poco inquieto, le lanzó una mirada a la chica, y ella, fugazmente se la devolvió. Kairi forzó un poco sus pies y se irguió para estar a la altura del muchacho, levantó el rostro y, ante un atónito y sonrojado Sora, en mitad de la cueva, un dulce y cálido beso en la mejilla de Sora rompió el sonido del silencio. El contacto duró apenas dos segundos: suficiente para ellos, no necesitaban más. Kairi, no sabía exactamente dónde mirar en ese justo momento, pero no quería soltar para nada la mano de Sora. Era como si tuviera miedo de hacerlo. Tanto Sora como Kairi tenían miedo de que el otro pudiera escuchar los fuertes y ruidosos latidos de su corazón, que resonaban en el interior de sendos cuerpos. Kairi le miró a los ojos brevemente, pero Sora, aunque nervioso, le sonreía.

- Y… para no perder la costumbre… ¿quieres que lo traiga de vuelta sano y salvo al terminar todo esto? – preguntó Sora con un hilo de voz, que propiamente opinaba que era entrecortado por los latidos en su pecho. Kairi asintió con la cabeza.

- Cuídalo bien¿vale? Es muy valioso para mí – dijo Kairi. Alargó una mano y apartó de la frente de Sora una hebra de cabello castaño.

- Descuida, te lo devolveré.

Kairi tragó saliva involuntariamente. Sólo de pensar en una situación similar a aquella se le erizaban los vellos de la nuca.

- Creo que voy a irme a casa – dijo Kairi. No sabía porqué, pero lo había dicho, siendo que realmente no deseaba irse -. Es muy tarde.

- Tienes razón, es tarde. Volvamos.

Kairi le sonrió y salió de la cueva. Sora no podía moverse con toda la rapidez que deseaba. Instintivamente volvió el rostro justo antes de salir por la abertura de la cueva, y trasvió, al lado de la puerta (que pareció desaparecer durante aquél rato) un dibujo que significaba para ellos casi tanto como aquél nuevo amuleto. Cuando Sora salió de la cueva, un golpe de aire frío le chocó en la cara, y pudo comprobar que no es que hiciera frío, es que tenía la cara tan roja como el pelo de Kairi, que la estaba esperando en la orilla. Una imponente luna se alzaba sobre el cielo negruzco.

- Gracias – susurró Sora y se perdió en la oscuridad camino a casa.


Otro capitulito!!

Bien, en este quinto capítulo, ya empieza a liarse todo mucho más. Ese "espejo" que ha avisado a Leara va a traerle muchos problemas... Y también, cabe destacar el pequeño vistazo al pasado de Leara. Sí, Leara tenía una amiga cuando era pequeña que hacía manualidades, igual que Kairi. Pero NO es Kairi, ni Naminé, por si se os había ocurrido pensarlo. (Naminé tiene poco que ver en la historia, hasta la presente).

También... una escenita bastante chachi (de mis favoritas cabe añadir) entre Sora y Kairi. La verdad es que esa promesa y ese amuleto son bastante interesantes... Habrá más escenitas, y también bastante entretenidas entre estos dos. Me gusta esta pareja, a pesar de que la mayoría de los fanfictions tiene un mínimo de shonen ai... o yaoi. Es cierto que puede resultar "interesante", y dicho sea de paso, el SoraKairi resultaría bastante típico; pero los fics que he leído no le dan todo el juego que maneja este dúo. Por eso voy a hacerlo largo... y exteeeenso... A exprimirse el coco!!

Subiré el siguiente capitulo la semana que viene,

Saludos!!!