Capítulo 06
Entrelíneas
Cuando amaneció al día siguiente, el ambiente estaba más cargado incluso que el de la noche anterior. Leara había tenido un sueño extraño acerca de aquella voz y de aquella presencia que la había visitado. Se preguntó si no sería mejor comentárselo a los chicos. Pero realmente, aquella mañana parecían estar dispuestos a no escuchar. Todos estaban demasiado nerviosos con el viaje, y muy tensos. Kairi parecía hiperactiva, no hacía más que comprobar cosas que había revisado ya mil veces; Sora, por su parte apenas hablaba, tenía los ojos algo cansados y se notaba su creciente inquietud; Riku, sin embargo, mantenía una fría actitud y guardaba mucho las distancias, no sólo con Leara, sino también con los chicos. "Probablemente también esté atacado" pensó Leara. La chica respiró con profundidad, cerró los ojos y cuando exhaló el aire, procuró que sus batallas mentales salieran también por su boca. Ella también estaba muy intranquila: se trataba de ir a visitar al rey. Hacía muchos años que no le veía, y aunque supuso que físicamente era difícil que cambiara, le preocupaba bastante la opinión del rey y su participación. Estaba segura de que él haría siempre lo correcto, pero el día en que sus caminos se separaron, también lo hizo su meta, y por tanto, su manera de pensar. Recordaba vagamente algunas discusiones acaloradas entre el Rey y su padre, pero nunca las comprendía, así que no ocupaban un lugar privilegiado en su memoria, pero ahora que lo pensaba, podría deducir cual era el motivo de tales disputas. El rey a veces jugaba con ella, y siempre tenía unas palabras amables que dedicarle, pero había pasado mucho tiempo y estaba asustada de que no la recibiera con el mismo cariño. Comprensible era, desde luego, pero la afectaría anímicamente. Para ella, el rey siempre sería aquél viejo amigo que la encontraba a menudo debajo de todas las mesas de su casa.
Los preparativos estaban listos, aunque no fuesen demasiados. Todos se reunieron en la casa de Kairi y partieron desde allí. La pelirroja estaba segura de que alguien les buscaría, así que dejó una nota sobre su mesa. Riku hizo un movimiento determinado con su Camino al Alba y frente a ellos, salió de la nada un portal de oscuridad. Sora lo atravesó, seguido de Kairi. En la habitación quedaron Riku y Leara, y el muchacho la miró. Sus ojos de aguamarina reflejaban cierta desconfianza.
- Después de ti – Riku señaló con su mano libre el portal y ella, sosteniéndole la mirada pasó por su lado y entró. Riku se incorporó unos segundos después.
Toda la oscuridad que se cernía sobre ella en el interior del portal, quedó anulada con un fogonazo de luz que los cegó por un momento. Cuando recuperaron la visión, a todos les sobrecogió lo que tenían frente a ellos. Justo a su espalda, había una enorme puerta de, al menos, quince metros de altura, color blanco y con un elaborado tallado rematado en la cabeza con una preciosa caligrafía en el que se podía leer "Reino Disney". De las puertas surgían unas murallas pétreas que se perdían a ambos lados del camino. Estaban apostados al comienzo de una senda que partía un enorme jardín en dos. Todo cuesta arriba, podían reconocerse en el vergel varias figuras colosales hechas con setos, una enorme fuente, y de fondo, un maravilloso palacio rematado con un tejado de pico azul. El castillo era inmenso, y realmente elegante. Caminaron por la ruta camino hacia Palacio.
Cuanto más andaban ellos, más se daban cuenta de que no dejaban de sorprenderse porque el castillo siempre parecía ser más enorme de lo que habían supuesto. Después de una caminata, llegaron a las puertas que estaban cerradas y flanqueadas por un misterioso ser de prominente estatura que estaba dormido apoyado en una lanza. Llevaba un yelmo plateado y una extraña armadura del mismo color. Roncaba estrepitosamente, y a todos, salvo a Leara, se les dibujó una enorme sonrisa en los labios.
- ¡¡Goofy!! – gritó Sora con más alegría que la que había manifestado los días anteriores. El ser en cuestión dio una tremenda sacudida, fruto de su sobresalto. Realmente Sora no tenía ni pizca de sutileza. Cuando el tal Goofy abrió los ojos, de un intenso color negro, se quitó el yelmo de la cabeza y dejó caer su lanza al suelo. Leara se percató de ciertas características en él llamativas, tales como la brusquedad de sus movimientos, una graciosa expresión simpática que provocaba cierto carcajeo y una extraña risa.
- ¡¡Sora, ahyuk¡¡Qué alegría de verte de nuevo!! Vaya, veo que vienes muy bien acompañado. ¿Qué tal estáis, chicos? - preguntó Goofy dirigiéndose a Kairi y a Riku - ¿Os encontráis bien¡Espero que sí, porque os estábamos esperando! – afirmó el tal Goofy.
- ¿Nos… esperabais? – dijo Sora – No avisamos a nadie¿cómo lo sabíais?
- El rey es muy intuitivo, y dijo que en esta semana llegaríais. ¡Ahyuk! Tú debes de ser Leara. ¡Encantado de conocerte! Soy Goofy, el capitán de los caballeros reales del aquí presente, Castillo Disney – hizo una profunda reverencia sin dejar de sonreír y Leara se la devolvió divertida -. El rey nos advirtió que vendríais con ella, no se le escapa una¿verdad?
- Desde luego… - musitó Riku.
- ¡Pasad, pasad! – dijo ostentosamente el capitán de caballeros. Hizo un ademán con la mano y las enormes puertas se abrieron por arte de magia – ¡Bienvenidos al Castillo Disney!
La imagen que ahora se les presentaba era aún más imponente que la anterior. En el vestíbulo habrían cabido perfectamente dos casas como la de Kairi. El techo era altísimo, y las paredes de colores claros y vivos estaban decoradas con algunos retratos simpáticos de los antiguos reyes, y todos guardaban un curioso parecido con el actual. Dos enormes jarrones flanqueaban la puerta del fondo, de un vivo color rojizo. Goofy les acompañó y a través de la puerta, se dibujaba un largísimo pasillo. A la izquierda había unas escaleras que descendían hacia otra puerta, y Sora hizo un gesto con la cabeza. A la derecha, en mitad del pasillo, había otra enorme puerta blanca. Las paredes eran algo más austeras, y a la izquierda, estaba todo protegido con balaustradas blancas y elaboradas que daban hacia un jardín interior, también con figuras estrambóticas de una banda de música.
- Ahí abajo está el hangar – susurró Sora. Kairi le sonrió.
- ¿Ya habías estado aquí?
- Sí, hace tiempo. Todo estaba repleto de sincorazón, tanto, que no dejaba de quejarme por no poder volar. Estaba todo abarrotado.
Goofy les guió hacia la puerta del fondo, y cuando la abrió pudieron ver una enorme biblioteca blanca. Los chicos entraron, y vieron trabajar a unas extrañas escobas que portaban cubos de agua y pasaban por su lado. Las estanterías eran blancas, había una chimenea enorme, varios baúles cerrados y dos enormes retratos de antepasados del rey de físico extremadamente parecido. También había una mesita de estudio, que, a diferencia de la última vez que la vio Sora, estaba completamente despejada, había aumentado inexplicablemente de tamaño y la rodeaban siete elaboradas sillas tapizadas en un alegre color azul. En la sala se encontraban dos personas, pero Leara sólo conocía a una de ellas.
El rey Mickey charlaba animadamente con un extraño pato de plumaje blanco que vestía de azul, dejando al aire una graciosa colita plumífera. Tenía una voz estridente y poco entendible, portaba un extraño bastón de mago y, fuese lo que fuese que estuviera contando, el rey estaba sonriendo de oreja a oreja, como solía hacer. Cuando los chicos entraron, la mirada del rey se dirigió tranquilamente hacia ellos, y el pato extraño, silenció su garganta. También se giró y gritó algo que Leara tardó unos segundos en comprender.
- ¡Sora¡Estás aquí! – dijo el pato lanzándose a los brazos del castaño, que sonreía.
- ¡Donald, Majestad¡Me alegro mucho de veros! – dijo Sora, abrazando al desconocido de Leara.
Esta vez fue el rey quien habló.
- Veo que mi carta os ha llamado la atención – dijo el rey dibujando una sonrisa -. Me alegro de que llegarais, habéis hecho lo correcto – sonrió más pronunciadamente y alzó la voz -. ¡Caramba, estáis estupendos¡Me alegro mucho de veros, Sora, Riku, Kairi!
- Y nosotros a vos, Majestad – dijo respetuosamente Kairi.
- ¡Bah, ja, ja! Fuera las formalidades, soy Mickey, Mickey Mouse. Llamadme así, por favor.
- De acuerdo Mickey – dijo Riku esbozando una sonrisa cómplice.
El rey tenía el aspecto que recordaba Leara. De baja estatura y orejas redondas y prominentes, el rey ratón seguía portando una imponente imagen. Una sonrisa pegadiza y una simpatía asombrosa para cualquier monarca. Un enorme corazón se dejaba observar detrás de las palabras (daba igual lo que dijese) del rey. Leara se mordió el labio inconscientemente. La mirada del rey se posó en la joven morena y todos de repente enmudecieron y observaron la escena. El rey se acercó a Leara y ella se inclinó para estar a su altura.
- Has crecido mucho, pequeñaja – dijo el rey con la dulzura que le caracterizaba. A Leara le tembló el pulso -. La última vez que te vi estabas dormida abrazada a las piernas de tu padre. Ahora ya no cabes debajo de las mesas.
Leara esbozó una sonrisa sincera.
- Siguen siendo mi escondite favorito, Majestad – dijo Leara con la voz queda.
El rey le echó los brazos al cuello y ella se dejó abrazar. Cerró los ojos y le devolvió el abrazo. No se había sentido tan reconfortada en los brazos de otra persona desde antes de irse de casa. Ese abrazo llevaba años deseando salir.
- Eres muy fuerte, y muy valiente – dijo el rey cuando se separó de ella con delicadeza -. Estoy contigo allá donde vayas.
- Gracias, Majestad.
- Llámame Mickey, por favor.
- Por supuesto, Majestad.
Estaba claro para el rey que esa sería una guerra que nunca ganaría con ella. Sonrió irónicamente.
- Estuve buscándote durante un tiempo, pero parecías haber desaparecido del mapa – dijo el rey. Leara se incorporó y tomó asiento imitando a los demás, por invitación gestual del rey.
- Fui cauta, Majestad. Estaba segura de que si quería encontrarme lo haría, pero le haría falta esforzarse. No quería arriesgarme en plena guerra, no era necesario, ni tampoco conveniente. Mi maestro me enseñó a reducir y ocultar mi oscuridad.
- Riku también pasó por una etapa similar, intentando acabar con la oscuridad de su interior¿verdad que sí, Riku? – preguntó el rey, Riku asintió con la cabeza – Debe entenderte mejor que nadie.
Riku maldecía al rey por haberle puesto en semejante situación. Claro que la entendía, pero prefería no pensar en ello, ni mucho menos demostrarlo.
- Supe donde encontrarte, le escribí una carta a aquí los presentes avisándoles de tu existencia. Sabía que acabarías en Destiny Island.
- ¿Cómo¿Cómo lo sabía? – preguntó Leara.
- Crucé unas palabras con tu maestro y me avisó que acabarías allí, pero no sabía cuando llegarías.
- ¿Cómo está él? – preguntó Leara procurando no parecer impertinente – Hace mucho que no le veo, y bueno… me preguntaba si se encontraba bien.
El rey frunció el entrecejo y bajó la mirada. La voz se le quebró.
- Leara… Tu maestro... murió – todos enmudecieron -. Hace un par de años, prácticamente después de que te marcharas.
Los tres residentes del castillo bajaron las miradas, pero sin embargo, las de Kairi, Sora, e incluso la de Riku recorrieron el rostro de Leara. Riku casi la miraba con lástima. Casi.
- ¿Quién? – preguntó Leara. Su voz sonaba demasiado tranquila - ¿Quién le mató? Unos sincorazón no podían ser, ni por asomo.
- No lo era. Era un incorpóreo, pero también está muerto.
- No sería el de mi padre… - musitó Leara. Todos se percataron de cómo era capaz de hacer arder la mesa con la mirada. La furia de sus ojos era de tanta intensidad que hasta Riku tuvo que apartar su mirada.
- No, fue otro incorpóreo, de la Organización XIII – dijo el rey Mickey. Entonces Leara lo comprendió. Relajó su mirada y sus hombros decayeron.
- Axel… - murmuró.
- Sí… Axel.
Sora sintió un profundo vuelco en el corazón al oír ese nombre. Habían tenido sus diferencias, pero si Axel hubiese tenido corazón, estaba seguro de que hubiese sido un buen tío. Un muchacho inteligente, agradable y confiado al que le gustaba la lucha tanto como cualquier otro pasatiempo. Sora se planteó qué tipo de persona fue la que creó su incorpóreo.
Leara paseó su mirada vagamente por el suelo y la fijó en un punto determinado. Se recostó sobre la silla y ladeó un poco la cabeza. Respiró hondo y se relajó. Realmente no entendía muy bien por qué no se materializaba toda la ira que tenía dentro, y por qué tenía que luchar constantemente contra la furia, la tristeza y la frustración. Ella no creía ser tan mala como para estar eternamente condenada a ese martirio. Su maestro había muerto, y él sabía que ocurriría, lo sabía probablemente incluso antes de separarse de ella, o puede que ese fuera el motivo de su despedida. A la morena le asaltaban un millón de teorías, y casi no se daba cuenta de que los demás se estaban percatando de sus pensamientos, que podían ver reflejados en su mirar. Podía haber gritado, roto cosas, descargar su ira a base de golpes, llorar a lágrima viva y haber formulado algunas incoherencias acerca de por qué le ocurrían tantas desgracias; sin embargo, pestañeó un par de veces, borró la mirada perdida de sus ojos ambarinos y sonrió al monarca con una discreta cortesía. El rey le devolvió una sonrisa cargada de tristeza.
- Lo siento mucho, Leara. Sé que le tenías en alta estima, al igual que él a ti – dijo el rey. Leara no soportaba escuchar hablar de su maestro en pasado: la ponía enferma. Ella asintió lentamente con la cabeza.
- Da igual, no importa – se excusó -. ¿Y cuál es el motivo de que nos hayas invitado a palacio?
Era obvio para todos que Leara no deseaba tocar el tema de su maestro, y respetaron su decisión.
- Veréis – comenzó a explicar el rey -, probablemente no tenga derecho a pediros esto, pero no me queda alternativa. Mucho me temo, que tú, Sora, te verás en obligación de volver a blandir tu Cadena del Reino – todos suspiraron -. Al igual que todos vosotros. Todos tenéis una llave-espada propia y es por eso que tenéis un deber que cumplir – Mickey inspiró aire, procurando medir las palabras -. Los portadores sois los únicos que pueden luchar contra ellos.
- ¿Contra los sincorazón? – preguntó el ser extraño llamado Donald. Al parecer, los propios súbditos estaban esperando aquella explicación.
- Los sincorazón siguen dando vueltas por ahí, pero no son el mayor de los problemas. La cosa se pone seria con algo que todavía está por identificar, pero que rebosa una oscuridad maligna.
La voz que había pronunciado esas palabras parecía no salir de ningún lugar y todos miraron a su alrededor buscando al emisor. La puerta de la biblioteca comenzó a abrirse con lentitud y emitiendo un extraño chirrido que alteraba el sistema nervioso de todos los presentes. El único que parecía estar realmente tranquilo era el rey, que esbozaba una agradable sonrisa al recién llegado. Bajo el umbral de la puerta se apreciaba un ser que provocó en los chicos un tartamudeo ininteligible. Era un hombre alto, que vestía una larga túnica azul. Tenía un rostro algo extraño, una larga barba grisácea que le caía sobre el pecho, unas cejas canas y pobladas, y lucía un extraño sombrero de mago también azul adornado con algunos motivos nocturnos. Portaba un gesto serio, sus movimientos eran suaves y rítmicos. Su voz era muy profunda y relajada. Los habitantes del castillo reaccionaron de manera muy similar; adoptaron una reverencia tan profunda que casi podían tocarse los dedos de los pies con el hocico.
- ¡Yen Sid! – exclamó el pato vestido de azul - ¡El Señor de la Magia!
Entonces, Leara comprendió. Había oído hablar de él tiempo atrás, el famoso mentor del rey Mickey Mouse. Todos saludaron a la excelencia con cierto deje de majestuosidad.
- Dejadme explicaros – prosiguió Yen Sid – que el enemigo en cuestión no es como al que os habéis enfrentado antaño. Éste concretamente no es ninguna reacción de la oscuridad sobre los espíritus faltos de corazón, o tal vez, receptáculos vacíos. Éstos, jóvenes, no son monstruos, son mutaciones del corazón humano.
Todos palidecieron, pero ninguno lo comprendió con exactitud.
- Un sincorazón es alguien que pierde su alma y su corazón en el seno de la oscuridad; voluntades endebles que se ven sometidas a la tirana negra. Pero se han dado varios casos de la afectación de la oscuridad en corazones fuertes, que nunca han logrado del todo un receso del alma. Y esas excepciones sois vosotros cuatro. Todos habéis tratado con la oscuridad, algunos más que otros. La señorita Kairi, toda luz y pureza se vio sometida durante un tiempo a la oscuridad sumida en un letargo profundo; Sora, el portador de la famosa Cadena del Reino entregó voluntariamente su corazón a la oscuridad, convirtiéndose en un sincorazón que, milagrosamente, guardaba sus recuerdos y sus sentimientos; tú, Riku, fuiste capaz de someterte a la oscuridad de tu corazón, y después de haber saboreado todo su poder, la rechazaste y la expulsaste de tu alma. Pero tú, tú vas más allá de todo lo prescrito – dijo Yen Sid posando su mirada en los ojos de Leara. Ella no dijo nada -. Eres la prueba material de que la luz y la oscuridad son tan enemigas como dependientes la una de la otra. Lo que yace en tu corazón, en lo más profundo de tu ser es la yuxtaposición de estas dos características – Leara desvió la mirada y frunció el entrecejo. No quería seguir escuchando -. Leara, eres única.
-Es sabido de todos que lo que caracteriza a un ser, da igual quién sea, es la cualidad que prevalece en su corazón y que le guía a lo largo de su existencia. Luz u oscuridad. Pero no son más que eso, características, nada físico. Se han dado extraños casos, como el tuyo, Riku, que después de aceptar la oscuridad y rechazarla, no podías alcanzar la luz y te quedabas sumido en la penumbra. Pero¿qué ocurre cuando la luz y la oscuridad se cobijan por igual en un mismo cuerpo?
- Que ninguna actúa – musitó Sora.
- Exacto. Tanta energía positiva y negativa subordinándose la una a la otra, acaba creando un vínculo invisible con su corazón. Son dos energías potentísimas que influyen en la persona, pero al no actuar sobre ti, joven, han salido de tu cuerpo adoptando un cuerpo propio.
- Imposible. ¿Oscuridad y luz tangibles? – preguntó incrédulo Riku.
- No lo es – Yen Sid hizo un gesto con la mano y un haz de luz formó la llave-espada de Leara que se encarceló entre los dedos del brujo -. Ésta llave-espada es artesanal, es única. Las vuestras ya habían sido creadas. Ésta llave-espada es todo lo que su portadora lleva en su corazón. Es decir, oscuridad y luz físicas, aunque he de decir – examinó la llave-espada de la chica con detenimiento – que hay un ligero exceso de oscuridad en este arma y… ¡vaya! Está incompleta.
Leara volvió a mirar a los ojos al mago, que le devolvía la mirada curioso.
- Si no la terminas, desequilibrarás tus sentidos. No lo pospongas – la llave-espada desapareció de las manos de Yen Sid.
- Pero¿qué tiene eso que ver con los enemigos? – preguntó Sora, que no entendía la relación.
- Absolutamente todo – contestó el rey -. Aunque fuiste precavida con todos los pasos que diste desde que te fuiste de casa, no era suficiente. Como sabéis todos, hace unos años, al comienzo de la guerra, Maléfica estaba reuniendo los informes de Ansem con la misma intención que la nuestra; averiguar algo sobre los estudios de los sincorazón. Parecía que ya habían acabado nuestros problemas cuando la guerra finalizó, pero no podemos suponer nada con Maléfica.
- ¡Ahyuk¿Maléfica de nuevo? – preguntó Goofy.
- No sabe cuando darse por vencida… ¡Maldita bruja! – exclamó Riku.
- En efecto, es Maléfica quien está dando problemas – el rey prosiguió -. De alguna manera que se nos escapa, consiguió encontrar la fuente de información más inesperada y poderosa que podía llegar a sus manos: el diario de Xehanort.
- ¿El diario¿Xehanort escribía un diario? – preguntó Riku.
- Al parecer el diario contiene una información que, a pesar de estar al margen de cualquier plan o indicio de la guerra, proporcionó otros conocimientos al enemigo, como la existencia de su hija.
Hubo un breve silencio entre ellos.
- ¿Y qué¿Qué relevancia puede tener que sepan que Leara es hija suya? – preguntó Sora. Realmente todos se lo preguntaban.
- En ese diario, Xehanort anotó algunas fórmulas y teorías de que la oscuridad puede que se generara del mismo modo en su recién nacida descendiente. Pero al nacer Leara no se dieron síntomas de oscuridad en su corazón, realmente, no se manifestó absolutamente nada, era como si hubiera nacido independiente a la luz o a la oscuridad, porque ninguna surtía efecto.
- Y obviamente, eso también lo apuntó en el diario – afirmó Kairi.
- No sólo eso. También escribió sus sospechas de que puede que contuviera en su interior la parte equivalente de luz, y por eso sus manifestaciones eran nulas.
- ¡Cuánto amor paternal! – exclamó Leara irónica. Realmente ya no le afectaba tanto el hecho de que su padre pensara en ella como un sujeto de laboratorio; lo tenía superado.
- El diario abarca la vida de Xehanort hasta, más o menos, cuando Leara cumplió los seis o siete años. Parece ser que continúa, pero no estamos seguros de que falten algunas páginas – comentó el rey.
Un recuerdo atravesó la mente de Leara. Acababa de recordar ese diario. ¿Cómo había podido olvidarlo?
- ¿Te ocurre algo? – le preguntó Goofy.
- Yo… sí que había una continuación – todos la miraron expectantes, especialmente el rey.
- ¿Y? – la invitó a seguir con ávida curiosidad.
- Bueno, la palabra clave es "había". La verdad… es que leí ese diario y no me gustó lo que ponía, así que… arranqué las páginas y… bueno, las quemé.
El silencio exigía una explicación, pero ella no continuaba.
- Leara¿qué decían esas páginas? Es vital que lo sepamos – dijo el rey, casi suplicando.
- La verdad es que no lo es. Podéis prescindir de esa información, no es relevante – la chica estaba decidida a no soltar prenda.
- Si no nos lo cuentas, probablemente Maléfica lo descubra antes que nosotros. Tenemos que ir por delante de ella. Es muy necesario…
- Todo lo que hay en ese libro no son más que suposiciones sin fundamento. Lo he leído, no entendí ni una sola palabra porque era pequeña, me limitaba a mejorar mi velocidad de lectura – Leara había elevado el tono de voz, y casi estaba gritando. No entendía por qué era tan preciso que ella contara lo que había escrito -. Ahora recuerdo algunas frases, ahora cobra algo de sentido. Pero lo que había en esas páginas… no hacía falta tener un título de lectura avanzada para entenderlo, y realmente, no es nada importante¿de acuerdo? – estaba segura de que se arrepentiría más delante de la manera en la que había hablado, pero en ese momento se trataba de violar su intimidad.
- Leara – dijo Riku con serenidad -, me parece que no entiendes la situación. O nos dices qué ponía en esas páginas o te lo sacaremos por…
- ¿La fuerza? – dijo Leara. Ella se levantó bruscamente tirando de espaldas su silla y convocó su llave-espada, mirando a Riku con fiereza – No sabes lo bien que me vendrá esto.
- ¡Chicos, este no es momento de peleas¡Es una situación delicada! – el rey levantó la voz y frunció el entrecejo - ¡Leara¡¡LEARA!!
Ella le miró por un instante. El rostro del monarca denotaba autoridad. Ella se relajó un poco y volvió a observar a Riku. Éste tenía un extraño fuego en sus ojos. Leara sintió una mano en su hombro.
- Leara, por favor, cálmate – la voz de Kairi era cálida y tranquila. Sus ojos rogaban que se tranquilizase, pero Leara estaba demasiado furiosa como para hacerlo por las buenas. Apretó el puño cerrado, hasta que la palma de la mano la tuvo enrojecida y los nudillos blancos. Se mordió el labio y cerró los ojos, ahogando un grito. Ahora sí que necesitaba usar la fuerza.
- Disculpadme – dijo violentamente la chica, y se abalanzó hacia la salida. Desmaterializó su arma y pasó a toda prisa junto a Yen Sid. Cerró tras de sí la puerta con un golpe sordo.
- ¿Pero qué mosca le ha picado? Sólo le hemos preguntado por unas páginas de un libro¿qué mas le da? – preguntó Donald, algo molesto.
- Esto confirma mi teoría - dijo el rey Mickey sin dejar de mirar la puerta con melancolía -: las páginas arrancadas hablan de su madre.
Lamento la tardanza U
En fin, no tengo mucho que declarar en éste capítulo. Bueno, sí, y creo que en el anterior lo mismo, algo que no dije. El hecho de que Riku pueda abrir portales es una explicación futura; es que cuando comencé a escribir ésto, pues... bueno, sólo lo había visto en japonés y bueno, la escena en la que Riku ya no puede crear más portales, pues no sé que estaría haciendo que me la perdí. El caso es que luego, a lo largo del fic, pues hice algún chanchullo para encajar una mini-historia xDDD Es lo que tiene la improvisación U.U
Sobre éste capítulo... Espero que os guste no se le ocurre qué decir xDDD
Bueno, lo típico, los personajes no son míos y pertenecen a Disney y Square, blabablabla... xDDD
