Al diablo con todo
(Esta historia se ubica después de Merry Christmas, Eve. Es el relato de cómo los alumnos de Hogwarts se enteran de que a Mathew y Evelyn los une mucho más que un bargaine)
Las Tres Escobas
Hogsmeade
Hace 25 años
Dos semanas antes de terminar el ciclo lectivo
El bullicio en Las Tres Escobas llenaba el local de la algarabía propia de esa época. Terminaba el año escolar y los alumnos que estaban por egresar de Hogwarts copaban Hogsmeade en una última excursión.
En quince días todos se habrían ido de allí, dispuestos a comenzar la siguiente etapa de su vida y abandonar la relativa seguridad que el viejo castillo les ofrecía.
- Pienso dormir por lo menos una semana – afirmó Lisa McCarthey, que ostentaba grandes ojeras que resaltaban tremendamente en su piel increíblemente blanca.
- ¿Y qué hay de mí? – preguntó Sean Blent, su novio.
- ¿Qué hay contigo?
- Si vas a dormir durante toda una semana, ¿qué se supone que haré yo?
- Planificar lo que haremos el resto del verano, claro – replicó ella, sonriéndole.
El muchacho la miró por un momento y luego se respaldó, pasando un brazo por los hombros de la chica.
- No… yo también voy a dormir toda esa semana y luego nos reunimos a planificar el verano.
- Creo que estabas esperando demasiado de él, Lisa – comentó Jason Grint, un chico de Ravenclaw.
- Sí, ¿Sean planificando todo un verano por sí solo? Jamás dejaría semejante tarea en sus manos – agregó otra joven de anteojos pequeños y risa alegre - ¡Terminarás condenada a ver Quidditch a diario!
- ¡Hey, excelente idea! – opinó Sean, levantando las cejas - ¿Qué dices? ¿Quidditch? Es el campeonato de verano y podríamos…
Su novia le tomó el rostro con la mano derecha, estrechó su boca hasta que pareció un pez boqueando y lo besó brevemente.
- Eso sólo sucederá en los sueños que tengas durante la semana que vas a dormir – le dijo, mirándolo con fijeza.
Algunos rieron ante el comentario, relajados ante la perspectiva de finalmente no tener que preocuparse por nada durante algunas semanas.
- ¿Y qué hay de ti, Mathew? ¿Qué harás este verano? – preguntó Sean, estrechando a Lisa contra él.
Mathew hizo girar la jarra de cerveza de manteca entre sus manos y levantó las cejas en un gesto despreocupado sin apartar la vista de la mesa.
- Comprar una casa, hacerla habitable y mudarnos allí – respondió de manera ausente.
El silencio sepulcral que siguió a su respuesta hizo que finalmente levantara la vista y mirara los varios pares de ojos que estaban clavados en él.
- ¿Mudarnos? – preguntó Jason, con cautela. - ¿Mudarnos quienes?
Mathew cayó en la cuenta de lo que había dicho exactamente y, para su asombro, se dio percató de que no le importaba. Estaban a tan solo dos semanas de salir del colegio y después del año más duro que recordaba haber pasado, en lo que a esconder su relación con Evelyn refería, estaba más que dispuesto a enviar todo ese secreto al diablo en ese instante.
- Evelyn y yo – dijo.
En ese momento el silencio comenzó a extenderse al resto de las mesas que los estudiantes habían ocupado.
- ¿Evelyn Bright y tú? – preguntó Jason lentamente.
- Sí. Evelyn Bright y yo.
Sus amigos intercambiaron miradas y Jason se movió ligeramente hacia delante, como si estuviera buscando una mejor posición antes de tener esa charla.
- Mathew, ¿por qué demonios vas a mudarte con Evelyn Bright?
Se enfrentó con calma al ceño fruncido de sus compañeros de los últimos siete años.
- ¿Qué? ¿No lo sabías? Estoy casado con ella.
- Estás casado por un bargaine – Jason remarcó la última palabra, como si Mathew fuera un niño de cinco años que no entendía las cosas más simples.
- Jason, no importa cómo terminé casado con ella. Estoy casado con ella y, en lo que a mí respecta, eso es todo lo que cuenta – replicó Mathew.
- Viejo, no es todo lo que cuenta – acotó Brian Lucness, uno de lo bateadores del equipo de Quidditch. – Tú también cuentas en esto. No sé cómo aguantas que tu padre haya hecho algo así sin considerar lo que tú querías hacer con tu vida, pero eres mayor de edad. Puedes deshacer esto.
Mathew suspiró y miró al chico con el que había compartido incontables horas de entrenamiento, estudio y diversión.
- Lo sé.
- ¿Y entonces?
- Entonces me mudaré con ella en cuanto tengamos una casa donde poder vivir – concluyó.
Era consciente de que acababa de decirle a sus amigos más de lo que jamás había dicho sobre él y Evelyn. Y supo que no había marcha atrás. Cualquiera fuera el desenlace de esa charla, ya nadie volvería a mirarlo igual. Las asombradas expresiones que lo contemplaban desde no sólo su mesa, sino las circundantes, le dijeron que acababa de abrirles a todos la mente a una posibilidad que jamás se les ocurrió.
- Déjame ver si entiendo esto bien. Estás diciéndome que en lugar de tratar de romper ese… pacto – Jason agitó la mano -, ¿vas a mudarte a vivir con ella? ¿Con alguien a quien odias?
Mathew respiró hondó y, soltando la jarra, apoyó los antebrazos en la tabla de la mesa y miró a su compañero con absoluta seriedad.
- Dime algo, Jason. ¿Alguno de ustedes me ha escuchado alguna vez decir que la odio?
Ante la expresión de desconcierto generalizada, el mago miró a su alrededor, haciendo extensiva su pregunta a cualquier que estuviera ahí escuchándolo. Tras un par de segundos, Lisa se enderezó en su silla, dispuesta a decir lo que el resto pensaba.
- Todo el mundo sabe que la detestas –. Miró brevemente alrededor del local, en donde muchas cabezas asintieron –. ¡Vamos! Todos sabemos que te mintió cuando la conociste, en el primer viaje a Hogwarts. Que no le has vuelto a hablar desde que te enteraste quién era en la ceremonia de Selección.
- Yo sabía que era Evelyn Bright antes de la ceremonia de Selección. Ella me lo dijo apenas me senté en el compartimiento – aclaró Mathew.
El desconcierto se tornó en confusión y, de no haber sido conciente de que Evelyn iba a enfadarse porque él estaba hablando demasiado, realmente habría disfrutado de ese momento.
- ¿Tú sabías quién era?
Mathew asintió lentamente.
- Todo el tiempo.
- Pero…
- Pero eso no cambia el hecho de que todos sabemos que la detestas… - intervino Sean, interrumpiendo a su novia -. Al fin y al cabo, ella es la hija de… ya sabés… el Innombrable.
Mathew puso los ojos en blanco, cansado de la estupidez masiva con respecto a ese tema.
- Evelyn no es hija del Innombrable – aclaró -. Y en verdad apreciaría que dejaran de decir esa estupidez.
Hubo otro silencio y más miradas entre los adolescentes allí reunidos.
- Mathew, ¿estás diciéndonos que la razón por la cual tú no le hablas no tiene nada que ver con que ella te haya mentido sobre quién es… - dijo Lisa que, al advertir la mirada del muchacho, se apresuró a agregar -, o quien todos piensan que es?
Mathew evaluó por un momento qué decir y qué no. No podía decirles que él y Evelyn usaban Legeremancia; sería un escándalo y no lo beneficiaría en caso de que llegara a oídos de los profesores. Y tampoco tenía sentido explicarles a todos la relación que habían desarrollado a lo largo de los años, por lo que decidió aclara sólo lo que le preguntaban de la manera más escueta posible.
- No, Lisa. Lo que estoy diciendo es que yo jamás he odiado a Evelyn. Hasta donde sé ella nunca me ha odiado y jamás me ha mentido desde que la conozco. Todo eso es tan sólo algo que todos en el colegio creen, pero no es cierto.
- ¿Entonces por qué no le hablas? – quiso saber Henrietta Crown.
- Etta, hay una gran diferencia entre no hablarle a alguien y odiarlo, ¿no? De hecho… - de repente, una ola de furia lo golpeó con fuerza, interrumpiendo lo que estaba por decir. Miró hacia la calle, a través de las ventanas y murmuró: - Eve.
Poniéndose de pie se dirigió hacia la puerta todo lo rápido que la gran cantidad de gente que había en el salón le permitió, abriéndose paso con algo de brusquedad. Casi había llegado a la salida cuando la puerta se abrió con un empellón y su primo entró como una tromba.
- ¡Mathew! – gritó, tratando de atraer su atención sin tener que buscarlo.
El mago llegó hasta James en ese momento.
- ¿Dónde está?
- En la tienda de curiosidades – dijo James abriendo la puerta. – Apúrate, viejo…
Mathew corrió por la calle seguido por James, sin percatarse que su primo no era el único que iba detrás de él. A medida que se acercaba a la extraña tienda de curiosidades pudo ver grandes cantidades de gente aglomerándose delante del escaparate, mientras dentro del local se escuchaban cosas rompiéndose.
Pasó entre los curiosos, empujando levemente a un par que se resistía a moverse, y se detuvo al llegar a la puerta del local.
Dentro un pandemonio de objetos se estrellaba contra el suelo y las paredes. Los propietarios del local estaban contra un mueble, sujetos con sogas mágicas, mirando con miedo hacia las dos jóvenes paradas en el centro de la estancia. Lily Evans se hallaba a medio metro de Evelyn, evidentemente asustada.
- Evelyn, por favor, vámonos – escuchó que decía, estirando la mano con nerviosismo para tocarle el brazo a la joven bruja que estaba a su lado.
Evelyn no parecía haberla escuchado. Estaba lívida. Mathew no recordaba la última vez que la vio tan enojada, por no mencionar que jamás lo había sentido. James se detuvo detrás de él, alarmado ante la posibilidad de que Lily resultara herida por alguna de las cosas que volaban por el lugar a velocidad vertiginosa.
- Maldición, Lily. Te dije que no entraras – murmuró, asustado.
Su comentario sacudió a Mathew de su quietud.
- Saca a Lily de aquí – le dijo a su primo, entrando en la tienda y acercándose hasta donde su esposa estaba parada –. Evelyn, ¿qué haces? – preguntó, tratando de mantener la voz lo más calmada posible. Por el rabillo del ojo vio que James tomaba a la bruja de Gryffindor del codo y tiraba de ella rumbo a la puerta.
Un reloj de considerable tamaño pasó volando junto a su cabeza y fue a estrellarse a pocos centímetros de donde se hallaban James y Lily. La chica lanzó una exclamación y James se giró para cubrirla, pero Evelyn estaba tan furiosa que no pareció percatarse de lo que ocurría a su alrededor.
Tomando aire, Mathew hizo lo que pensó que era adecuado.
- Finitem incantatem – dijo levantando la mano.
Lo que Evelyn estaba generando se detuvo cuando él utilizó, por primera vez desde que se conjurara el bargaine, el poder que tenía para restringir lo que ella hacía.
La bruja se giró y lo fulminó con la mirada.
- ¡Qué demonios haces!
- ¿Qué hago yo? ¡Eres tú la que estás destruyendo este lugar!–, replicó Mathew azorado.
Evelyn miró a su alrededor, detuvo los ojos en la pareja de propietarios y algo volvió a enervarse en su interior.
- Si haces lo que pienso que estás por hacer, voy a petrificarte Evelyn – le advirtió el muchacho con decisión –. No bromeo.
Ella apretó la mandíbula y, tras un par de minutos en los que mantuvo una batalla de voluntades con su mejor amigo, salió del local como una tromba. Al atravesar la puerta las sogas que mantenían a los dueños del lugar contra el armario se desvanecieron, con lo que se desplomaron como bolsas. Sin quedarse a ver si estaban bien, Mathew siguió a Evelyn afuera, donde la gente se apresuró a apartarse del camino de la enfurecida joven.
Cuando llegó al medio de la calle la bruja se giró hacia Mathew tan enojada que algunos se encogieron.
- ¡¿Cómo diablos te atreves a bloquearme?! ¡Jamás vuelvas a hacer algo así, ¿me escuchas?! ¡JAMAS!
- ¿Y qué se suponía que debía hacer? ¿Dejarte destruir ese lugar y arrancarles la cabeza? – retrucó Mathew igualmente molesto. - ¿Qué demonios fue lo que pasó para que comenzaras a romper todo?
Ninguno de los dos prestó atención a la multitud que comenzaba a acercarse.
- ¿Qué pasó? ¡Esto pasó! – exclamó la bruja, levantando la mano y mostrándole una chalina de suave tela color celeste pálido que tenía apresada en su puño. - ¡Esto! ¡Esos dos… hijos de puta estaban vendiendo ESTO como la chalina que MI MADRE usaba cuando murió!
La joven lanzó contra él la chalina y Mathew sintió que el aire se le congelaba en los pulmones, comprendiendo de manera instantánea la reacción de Evelyn. Sus dedos se cerraron de automáticamente en el pedazo de tela que impactó contra su pecho.
- Cielos, Eve… lo siento – dijo, acercándose un paso, pero ella levantó una mano para detenerlo, demasiado enojada como para quererlo cerca suyo.
- ¿Qué esperabas que hiciera? – Evelyn temblaba visiblemente mientras sus ojos se llenaban de lágrimas -. ¿Qué entrara allí y les preguntara cuánto cuesta? ¡Están lucrando con la memoria de mi madre! No, peor aún. Están lucrando con la MUERTE de mi madre… con el peor día de mi maldita vida… ¡y tú vienes a decirme que no tengo derecho a derribar la maldita tienda! – le gritó, enfurecida.
Dos de los compañeros del equipo de Quidditch de Mathew, que se hallaban a apenas unos metros, sacaron sus varitas, preparándose para ayudar a su capitán. James, al verlos, tomó a uno de ellos por el brazo.
- Guarda la varita, Brian.
- Bright está loca – dijo el muchacho - ¿Y si ataca a Mathew?
- No atacará a Mathew, pero no sé qué te hará él si te ve apuntándola con tu varita.
El joven mago clavó su ceño fruncido en Mathew, que miraba a la bruja de cabello negro y ojos dorados con consternación.
- Eve…
La suavidad con que dijo el nombre hizo que la ira en Evelyn comenzara a remitir, dejando solamente el dolor que le había provocado la vista del cartel donde anunciaban la venta de la chalina.
- Ella era mi madre… MI madre – afirmó con voz tensa.
- Lo sé.
- Ellos no tienen derecho a comerciar con lo que le ocurrió.
Una vez más, Mathew asintió.
- Lo sé.
La calma en su voz y la pena en sus ojos finalmente hicieron mella en la chica, que bajó la cabeza, avergonzada. Un segundo después cerró la distancia entre ellos y enterró su rostro en la remera de Mathew, cerrando sus manos en la tela color claro. Mathew la envolvió con sus brazos, deslizando una de sus manos por la espalda de la joven en un intento de calmarla.
- Lo lamento, Eve – murmuró contra su pelo, besándole la sien apretadamente y meciéndola suavemente.
Totalmente indiferente a lo que todos aquellos que estaban mirando podían pensar en ese instante, Mathew encerró la espalda baja de Evelyn con un brazo y sus hombros con el otro, apretándola contra él.
Tras unos segundos en los que la calle permaneció sumida en un silencio sepulcral, Evelyn levantó apenas la cabeza y miró a Mathew.
- Perdón por gritarte - murmuró.
Soltándole los hombros, Mathew le secó las lágrimas que mojaban sus mejillas con suavidad.
- Perdón por bloquearte – dijo –. Temí que hicieras algo… drástico.
Evelyn asintió, alisándole las arrugas que sus puños habían dejado en la remera.
- Mojé tu remera – pasó los dedos por las manchas húmedas.
- No sólo eso – dijo el muchacho con calma. – Acabas de abrazarme en público.
Los ojos de la bruja se desviaron hacia los azorados rostros que contemplaban a la pareja abrazada en el medio de la calle. Tras un segundo, apoyó la frente en el pecho de Mathew.
- Al diablo con el público – musitó.
Mathew sonrió y levantó las cejas, entre divertido y asombrado.
- ¿Estás segura? – preguntó con cautela. – No quiero ser aguafiestas, y no es que no esté encantado de poder abrazarte en plena calle, a plena luz del día, pero aún faltan dos semanas para salir del colegio. No quiero que luego me acuses de romper mi promesa de mantener las apariencias.
Evelyn levantó la vista una vez más, mientras sus manos subían y bajaban por el costado del cuerpo de Mathew.
- Al diablo con la promesa y las dos semanas…– dijo antes de deslizar sus manos hacia la espalda de Mathew y abrazarlo con fuerza por la cintura. - Al diablo con todos.
La sonrisa de Mathew se hizo amplia cuando escondió su rostro en el cuello de Evelyn y lo besó, aspirando el perfume del cabello de la joven.
- ¿Quieres caminar conmigo hasta Hogwarts? – le preguntó sin sacar el rostro del cuello de la chica.
Ella asintió.
- ¿Podemos comprar helado primero? – preguntó.
Mathew se enderezó y le sonrió.
- Del que hace levitar – respondió.
Manteniéndola apretada contra su costado la condujo hacia la heladería, alejándose de la azorada multitud, que comenzaba a caer en la cuenta de que, tal y como Mathew Whitherspoon acababa de decir poco antes, jamás les habían escuchado decir que se odiaban.
Con lentitud todos comenzaban a comprender que tal vez, en verdad, era todo lo contrario.
