Mi reloj sigue funcionando igual que en Asgard, al mirar por la ventana he visto cómo el astro que domina el día griego comenzaba a levantarse. A toda prisa me levanté de la cama y tomé unas ropas que me proporcionaron antes de llegar a Escorpio, unas mallas a medio muslo negras, camiseta blanca y falda negra. A su lado una máscara, la miro y me río para mis adentros¿no se pensarán que yo voy a andar con eso por aquí, verdad?
Me lavo la cara y cepillo mi cabello, recogiéndolo en una cola alta para que no me moleste en mi entrenamiento. Las ropas que me dejaron me estaban como un guante y desechando la idea de colocarme esa máscara salí afuera del pequeño cuarto para verme cara a cara con mi ahora Maestro, Milo de Escorpio.
- ¿Y la máscara? -me preguntó frunciendo el ceño.
- Ahí dentro -respondo tranquilamente. Veo cómo enarca una ceja algo furioso.
- ¡Dentro del Santuario debes ponértela!
- Yo no vine aquí para ser una Amazona de Atenea, soy una futura Diosa Guerrera -respondo mientras aprieto un poco unas pequeñas pesas que ajusto a mis tobillos. El Caballero Dorado se queda mirándome fijamente e interrogándome con la mirada-. Son pesas de un kilo. En cada tobillo y en cada muñeca -digo enseñándole mis manos-, llevo un kilo de más de peso¿o es que tampoco me dejan?
- Es una buena idea -dice Milo con una pequeña sonrisa-, pero creo que deberías ponerte la máscara y llamarme Maestro, es lo mínimo -me dice con un tono que no es para nada autoritario, es como si quisiese hacerme una pequeña broma. Le observo y sonrió levemente, me recuerda mucho a Syd; aquel aire desenfadado y sobre todo galante.
- Lo de la máscara me niego, puesto que no soy ninguna Amazona de Atenea... Maestro -Milo ríe y sale fuera del Templo.
- Vamos a desayunar y luego empezaremos el entrenamiento.
Sigo a mi Maestro hacia el templo de la Diosa Atenea observando lo que me rodea aún cuando el sol no baña con sus rayos ni una pizca del Santuario, antes de llegar al siguiente Templo le alguien llama. Al volverme veo dos jóvenes de similar aspecto junto a una joven que parece de mi misma edad. Los tres tienen el cabello azulado como mi Maestro, pero la chica lo tiene algo más oscuro.
- Buenos días, alacrán -dice uno de ellos, el otro me hace una pequeña reverencia sin dejar de mirarme y sigue adelante-. Saga no te adelantes, espéranos -mi Maestro va tras de ellos y yo les sigo algo más alejada, quiero seguir observando los parajes griegos.
- Así que estás entrenando con Milo -me vuelvo y la joven de cabellos azules se queda parada. Su piel es morena y sus ojos verdes brillan con viveza-. Perdóname por lo abrupto -me dice la chica sonriendo mientras estira su mano hacia mí-. Me llamo Aleisha, yo tampoco soy Amazona de Atenea.
- Es verdad, no llevas máscara -le digo en forma de saludo y seguimos el camino.
- Soy parte de las huestes de Zeus, padre de Atenea -me vuelvo mientras la miro fijamente, es increíble aquí hay guerreras de diferentes sitios. Este Santuario tiene más sorpresas de las que me imaginé...
Me volví a la morena y seguimos subiendo escaleras, antes de llegar al Templo volvíamos a parar de nuevo. Volví mi mirada arriba, Capricornio.
- Aquí vive el más devoto de Athena, según dicen. -comenta la Amazona de Zeus-. Tiene una alumna, Zelha.
En ese instante ambos salen del Templo, el Caballero parece algo serio y como todos los que he tenido la suerte de ver también es atractivo, sólo que su mirada es bastante fría también. Veo cómo mi Maestro pone su mano alrededor de sus hombros y siguen arriba, en ese momento una joven sale corriendo del Templo tropezándose con Aleisha.
- Oye Cabrita, ten más cuidado... y saluda, que tenemos visita.
- Mier... -la aludida me mira y ríe medio incómoda al tiempo que Aleisha echa a caminar entre risas-. Perdón, es que Shura me ha tirado de la cama -me tiende la mano y hago lo mismo- Zelha, futura Amazona de Capricornio si es que la gracia de Atenea me lo permite.
- Alexiel de Merak, futura Diosa Guerrera de Polaris... -digo mientras le estrecho mi mano, mirándola, ella me observa tras de su máscara. Era la chica que ayer tanto me miraba-, por designios de Odín -terminé de decir recalcando el nombre de mi Dios.
Seguimos subiendo y cuando llegamos a Acuario escuchamos ruido de pelea, mi Maestro entra en tromba seguido de los gemelos, Shura y nosotras detrás cuando veo al Cisne parando los golpes de una chica de armadura sin rango aparente, quien le golpeaba fuertemente ante la pasividad de Camus.
- 100$ por Ninah.
- 200$ por Hyoga -dice Shura que se ha unido a nosotras.
- No hay más apuestas -sentencia Aleisha recogiendo el dinero mientras la tal Ninah, golpea con ganas al Cisne gritándole cosas como "asesino".
Mi Maestro quiere meterse pero Camus no le deja, los gemelos ríen y echan porras a la joven, los miro a todos sin acabar de creérmelo. Quiero volver a Asgard, aquí todos andan locos...
En ese justo momento el Cisne arremete contra la joven, enarco una ceja y sonrió susurrando levemente la cantinela de mi ataque, aquello no parece ser un entrenamiento así que mejor le presto mi ayuda a la joven...
- Yunibaasu Furiijingu - como si fuera todo cronometrado la morena se echa a un lado mientras mi ataque rompe contra el Cisne, quien me mira ahora desde el suelo, confundido.
- Ya está bien Ninah, ve al templo de Atenea luego hablamos -le dice Acuario mientras ayuda a un sorprendido Hyoga a levantarse y nosotros comenzamos a salir del Templo junto a la joven Ninah, no sin que antes Camus y Milo me dedicaran una severa mirada.
- Toma Alex, al final ganaste tú -me dice Aleisha tendiéndome un dinero que guardo mientras sonrío maliciosa, golpear al Cisne es algo que relaja mucho.
- ¿Quién eres tú? -me pregunta la chica que peleaba en Acuario que, al igual que Zelha, porta una máscara.
- Me llamo Alexiel de Merak, vengo desde Asgard...
- Y está con Milo en su Templo -termina por apuntillar Aleisha ante la mirada inquisitiva hacia mí de Ninah y el suspiro de Zelha.
- Es mi Maestro -terminé por decir mientras la chica llega hasta Milo y los demás al templo de Athena, sentándose junto a los Caballeros Dorados. Yo camino junto a Aleisha y Zelha a un lado con más aprendices y guerreros de rango inferior.
- Ese es el lado de los caballeros de las 12 casas, además del burro alado y compañía -me dice Zelha-, Ninah es Aprendiza del Santo de Acuario, como es su hermano...
- ...Y le gusta Milo, por no decir que anda enamorada de él -apuntilla Aleisha mientras mira con disgusto y asco el desayuno - ¿Quién anda en la cocina haciendo ésta bazofia?
- Geki y June -dice un pequeño que justo ahora se sienta a su lado mirándome fijamente-. Tú eres la nórdica, la hermana de Merak¿verdad?
- Sí -contesto-, nos conocemos creo... pequeño.
- ¡Claro! -dice riendo-. Soy Kiki, yo estuve en Asgard y cuidé de la princesa Flare cuando la pelea con tu hermano...
- Kiki -susurré antes de meter en mi boca algo de ese desayuno, que no tenía muy buena pinta. Aquello más que un desayuno en la parte de aprendices, terminó siendo una batalla campal de comida, o solo Odín sabía que cosa era aquello.
Justo cuando terminamos de desayunar mi Maestro me llevo al lugar de entrenamiento. El sol pegaba en aquel Coliseo como si la lava cayera alrededor, me dijo que empezara a correr, mínimo veinte vueltas. Suspiré y comencé a correr, algo monótono he de reconocer pero Milo me gritó que era para calentar los músculos. ¿Calentar¿Acaso con aquel calor hacía falta? Ni modos, treinta vueltas y otras tantas sentadillas, luego volver a correr... y ahí vino lo interesante.
- Milo...
Cuando me volví, ahí andaba de nuevo la chica de armadura extraña. Por culpa de la máscara no podía ver su mirada pero seguro que si matasen, sería la primera eliminada del juego. Ella se sentó al lado de él, quien sonrió como tonto, algo gracioso viendo como es, un grandioso Caballero Dorado... Me recuerda a Alberich cuando mira a Erin, o a mi hermano al estar al lado de la chiquita rubia...
- Oye niña -me vuelvo y veo a la chica frente a mí, desafiante, orgullosa. Sonreí y me eché hacia atrás, intentando que el sol no me deslumbrara.
- ¿Niña? Creo que lo de niña irá por ti¿no crees? -al instante sentí el Cosmo frío de la chica llenar el pequeño espacio entre las dos y sonreí- ¿Siberia?
- Así es -elevó más su Cosmo como dándome a entender algo, cerré los ojos y concentre mi propia energía, primero tan helada como la de ella y luego mas cálida que el propio calor asfixiante que se cernía sobre nosotros. Ella levantó su cara y me miró tras esa inexpresiva máscara- ¿Cómo es posible...?
- La casta, Ninah, la estirpe -susurré levemente-. Los Merak somos duales, como el día y la noche, la lluvia y el sol... -elevé mi Cosmo y sonreí-, como el hielo y el magma... -ella se volvió dándome la espalda.
- Sólo te aviso una cosa, no te acerques a Milo más que para lo necesario-Enarqué una ceja de sorpresa y tuve que dejar escapar la risa a lo que mi Maestro empezó a acercarse a nosotras.
- Te aseguro que lo último que haría, es meterme con un ateniense -ella se sorprendió por el leve sobresalto y se volvió a Milo.
Mi maestro la miró irse y suspiró sin poder dejar de mirarla, yo me recogí el cabello que volvía a soltárseme cuando vimos a Kanon llegar con Aleisha. La morena miro a Ninah y luego a mí, sonrió y quedo atrás de su Maestro.
- ¿Conoces la lucha que se hacía antiguamente en Atenas? -enarqué una ceja y miré a Milo, podía sentirme orgullosa de mis clases con Alberich.
- Bien, vamos a jugar a empujarnos -miré a Aleisha y me eché a reír.
- Juguemos...
Aleisha ríe y yo no puedo evitar esbozar una sonrisa en mis labios, esta chica aún sin conocerla ha hecho que yo crea en alguien más que en mi familia; la gran familia del norte de Europa.
-No valen Cosmo, ni ataques -grita el Maestro de mi compañera mientras palmotea la espalda de Milo. Ambas asentimos al grito de "ya" por su parte, nos tanteamos como dos lobos que están a punto de cazar su presa. Veo que Aleisha decide entrar y la esquivo, me mira ante las risas de mi Maestro y dejamos de jugar. Coloca sus manos en mis hombros y yo en los suyos.
- ¿Preparada, rubita¡No voy a dejarte ganar!
- Por fin alguien decente, creo que es por no ser de este Santuario -la Amazona de Zeus se ríe de mis palabras y me empuja un poco intentando desestabilizarme pero no lo logra. Al contrario recibe mi contraataque; la chica ríe y Milo se levanta observándome. En ese instante llegó algo que fue lo que terminó por desestabilizarme y haciendo que Aleisha me tirara y quedara sentada sobre mí.
Cuando me di cuenta tenía a la morena sentada en mi vientre gritando victoria, mientras los tres (Kanon, Milo y el recién llegado que me desestabilizo) hablaban en la arena del Coliseo.
- Oye Alex -me dice Aleisha levantándose y dándome una mano para levantarme-. Te gusta el Acuariano¿ne? -creo notar como las mejillas se me enrojecen violentamente. Cuando me vuelvo a dar cuenta veo a Ninah junto a los Maestros-. Vas a tener que lidiar con ella, es muy celosa con Camus.
- ¡Pero si no me interesa! -termino gritando y todos me miran, Aleisha se echa a reír y yo me sonrojo aún mas. Me vuelvo a Milo y le hago una reverencia-. Maestro yo...
- Ven conmigo -me dice Camus, que no es más que quien logró desestabilizarme, saliendo del Coliseo y no puedo más que seguirle, como un corderito que llevan al matadero.
Él se detuvo a la entrada de las Doce Casas y se volvió, me miró fijamente y sentí cómo una corriente recorría mi cuerpo. Aquellos ojos de color índigo me llenan, me destrozan el alma y vuelven a recomponerla, jugando a su antojo.
- Lo que paso hoy con Hyoga, no volverá a pasar más ¿verdad?
- ¿Se refiere al ataque? Por ahora no -me cruzo de brazos intentando enfriar no sólo mi mirada, sino mi cuerpo sofocado por el calor.
- ¿Por qué quieres eliminarlo?
- Creo que tenéis la respuesta y realmente no soy yo quien debe darla, Caballero Camus, eso sería algo ilógico y estúpido -digo girándome hacia Aries, y pensando en volver a Escorpio, ya que Camus me entorpece el paso hacia el coliseo con su cuerpo.
-Ingeniosa Valquiria, muy ingeniosa -me vuelvo sonriendo y noto la extrañeza en sus ojos al verme sonreír.
- Touché -digo sonriendo y me vuelvo pasando a su lado, hacia el coliseo. Camus se vuelve y me ve marchar.
El resto del día paso normal, entrene más junto a Milo y conocí a varios Caballeros Dorados más, entre ellos el grandote Aldebarán, quien me pidió que fuera a su Templo a comer algo, porque decía que me veía algo delgada; y también a Aioria, 100 griego y encantador. Luego Aleisha me llevó junto a Zelha a las termas y a la Fuente de Atenea, que sería nuestro lugar de reunión…
