Disclaimer: No, ningún caballero es mio ni la serie ni nada... Bueno la historia si, y el personaje de Alexiel de Merak es completamente mio todito lo demás es de Zelha, Argesh Marek y el mundillo de Kurumada.

Capitulo IV: Always

- Despiértate, dormilona...

Me revolví cansada sobre la cama tapándome aún más con las cobijas. La luz del sol que llenaba Escorpio era demasiado temprana, por ese motivo busque en mi adormilada mente, el sitio justo para que el sol no me molestara y ese era bajo las cobijas. Pero por una extraña razón ya no estaban, palpé la cama buscándolas hasta que tuve que levantar mi cuerpo y verme destapada, con ropa de vestir y un triunfante Milo con las cobijas en la mano.

- ¿PERO QUÉ DEMONIOS ESTÁS PENSANDO, PEDAZO DE BICHO?

- Adoro cuando te levantas de buen humor -respondió Milo con una sonrisita en sus labios-. Te doy diez minutos para que te vistas y vayas al Templo de Acuario, el desayuno hoy es allí.

Me volví a echar en la cama revolviéndome en ella. La noche pasada me habí­a acostado demasiado tarde jugando a aquel juego que habían inventado entre Aleisha y Zelha aquel extraño reto o verdad. Recordé como Ninah se quedó de piedra al decirle el juego y a mí me habían tomado bien de conejillo de indias. Las preguntas en torno a Asgard y a los "guapísimos Dioses Guerreros" (como había dicho Aleisha) no se hicieron de esperar. Aunque lo peor eran los retos ya que solían colocar retos demasiado difíciles o imposibles de hacer (como pedirme que fuera a por una prenda interior de algún dorado que no fuera Milo ni Mu) y sino te tocaba tomar alcohol, una pequeña parte pero a quienes no estuviésemos acostumbradas...

Te doy 10 minutos para que te vistas y vayas al Templo de Acuario, el desayuno hoy es allí.

Creo que los resortes de mi mente ejercieron como tales, pues me levanté y vestí rápidamente para salir de Escorpio como alma que lleva el diablo, tropezándome con Zelha quien salía de Capricornio visiblemente adormilada.

- Auch... ¿a donde vas con tanta prisa?

- A Acuario¿qué no sabes que el desayuno hoy es allí?

- Lo sé -dijo entre bostezos-. Mi maestro me ha tirado de la cama, es que el dí­a del cumpleaños del Caballero de Acuario se suele desayunar ahí, pero sólo unos cuantos privilegiados con sus respectivos alumnos... -Zelha se volvió para mirarme ya que me quedé parada en las escaleras-.¿Qué te pasa?

- ¿Es su cumpleaños?

- Sí -respondió la cabrita, ahogando otro bostezo-. Si mis cuentas no van mal, son 22 años los que van ya...

Resoplé levemente, era o por lo menos debía ser un día especial para él y encima se le instalaba medio Santuario allí. Zelha me contó quienes estarían allí; los Gemelos junto Aleisha, Mu y el revoltoso de Kiki, Shion, Milo, Shura, Ninah y nosotras dos.

- …Además del pato, lástima que no venga el otro alumno, Isaac. Lo curioso es que Atenea también fue invitada pero no ha querido ir, solo vi que salió muy de mañana junto a Shun y Seiya.

Gruñí levemente al llegar a las puertas de Acuario, no tenía ningunas ganas de toparme con Hyoga pero pues, siendo su cumpleaños...

- ¿Alexiel? -una voz tras de mí me hizo desistir de entrar en Acuario, parpadeé varias veces sin entender o tal vez sin querer comprender. Me tallé los ojos y sonreí para correr escaleras abajo ante la atenta mirada de Zelha y de Camus, quien en ese instante salía a darnos la bienvenida, o tal vez a regañarnos por llegar tarde.

- ¡¡Hagen!!

Me abracé a mi hermano fuertemente, hacía casi ocho meses que no le veía. Sentí de nuevo aquel olor tan peculiar de Hagen, era olor a nieve recién caída y a azufre del volcán. Sonreí al mirar aquellos ojos tan iguales a los míos, acaricié el cabello dorado de mi hermano sin dejar de admirarle. Sí, le había echado mucho de menos.

- Ya veo que mi pequeña me echó de menos...

- Hermano -sentí a Zelha acercarse y mirarnos sin creérselo, aún siendo Hagen el mayor, el parecido entre los dos es asombroso. El color de piel, de ojos, de cabello-. Zelha te presento a mi hermano, Hagen de Merak Guerrero Divino de Beta...

- Encantado, señorita -dijo mi hermano que seguía siendo tan caballeroso como siempre, besando la mano de Zelha.

- Yo soy Zelha, Discípula de Shura de Capricornio.

En ese instante sentí algunos Cosmos más, sobre todo uno que conocía demasiado bien; miré a Hagen que sonreía igual que yo:

- Están subiendo los templos, junto a Athena -me volví mirando a Zelha y esta asintió a mi silencioso pedido quedándose con mi hermano mientras me eché a correr escaleras abajo. Había sentido salir a los demás del templo de Acuario pero nada me importaba más que ver a aquella persona que portaba aquel hermoso Cosmos.

Creo que había aprendido bien a correr por aquellos escalones, vi a algunas Amazonas que distinguí por sus movimientos entrenando ya junto a las Amazonas de plata; Dione quien se movía como un felino enfrentándose en un combate cuerpo a cuerpo con Marin, Ame quien andaba dando vueltas al pequeño Coliseo como loca seguramente producto de alguna de sus bromas... Cuando me di cuenta la vi subiendo el Templo de mi tutoría, el Templo del Escorpión Celeste. Hinqué una rodilla en el suelo y agaché la cabeza respirando algo agitada por la carrera. Allí llegó mi Señora junto a mis demás compañeros y junto a Jinx quien se paró a mi lado, olisqueándome y meneando la cola.

- Mi Señora Hilda de Polaris, Sacerdotisa del Padre Odín, yo Alexiel de Merak, Discípula del Escorpión Milo, os doy la bienvenida al Templo del Escorpión Celeste y a las cálidas tierras griegas.

En ese momento sentí su mano sobre mis cabellos y la miré sonriente.

- Gracias, Alexiel -sonrió la Sacerdotisa de vuelta-. Veo que nos echaste de menos.

No esperé menos cuando sentí a Phenrill y a Syd echarse sobre mí junto a Jinx despeinándome y haciéndome cosquillas. Ambos me dieron sendos besos en las mejillas mientras Tholl sonreía besando mi mano, Bud tras de ellos me guiño un ojo. Alberich casi ni se movió y Mime me saludó con un leve movimiento de cabeza. Cuando aquellos locos me dejaron moverme me acerqué a Siegfried mirándole a los ojos, mi Capitán tampoco iba a faltar a aquello... gracias a Odín.

- Siegfried... Capitán...

- Ven aquí, Alex -le sentí abrazarme protectoramente, y solo pude coincidirle a aquel abrazo mientras sentía tras de mi la llegada de los que andaban en Acuario entre ellos, Camus de Acuario.

Después de aquel abrazo subimos las escaleras que nos separaban hasta el Templo de la Diosa. Los Caballeros se quedaron en la Casa de Acuario por pedido de Athena, quien solo pidió hablar con los invitados y conmigo, aun así Milo no andaba muy conforme menos viendo la forma en la que Siegfried me abrazaba, tan protectora.

-Pero Milady -Saori volvía a suspirar en las escaleras que iban desde Acuario a Piscis-, ella es mi alumna, por lo tanto yo...

- No Milo, nadie más va a ir...

- Athena…

- Milo, no voy a hablar con ella como tu discípula -dijo Ella, mientras se volvía hacia Hilda, mi princesa sonreía al ver lo cabezota que podí­a ser Milo, y aún más conociéndome a mí.

Athena, Hilda, Flare y mis compañeros siguieron subiendo las escaleras, me volví a Milo desatándome del abrazo de Siegfried, quien se extrañó, y le abracé. Era la primera vez que lo hacia, mi propio Maestro se sorprendió y me sonrió, éramos un par de tontos no había razón para ese abrazo... pero se hizo.

- Confía en mí, bicho -susurré guiñándole un ojo y volviéndome para perseguir a Siegfried y a Hagen que me esperaban algo más arriba con una sonrisa cómplice.

En ese camino me di cuenta de algo, he cambiado. He cambiado tanto que si ellos no hubieran venido ahora ninguno me conocería a la vuelta, había cambiado muchas partes de mí. Yo era alguien que sólo podía querer a una persona, a Hagen. Mi hermano era lo único lo único que tenía en la vida. Cuando murió, me sentí perdida, sin rumbo... ¿Qué hubiera pasado si me quedaba en Asgard¿Y si mi hermano y la princesa Flaren dándose cuenta se hubieran unido? (Que ya es tiempo de eso, jeje...). Seguramente sí me sentiría sola, pero ahora tengo algo más.

Me he dado cuenta de ello, tengo a mis hermanos Asgardianos, tengo a las Princesas... pero tengo un grupo de amigos que jamás me dejaran. Están las chicas; Aleisha, Zelha y Ninah, tal vez tuve un mal comienzo con Ninah, pero este tiempo que hemos pasado juntas nos ha enseñado mucho sobre todo que tenemos muchas cosas en común; Aleisha es la mayor de las cuatro pero es sin duda la peor y Zelha, no tengo comentarios para explicar lo que esta cabrita loca puede hacer en mí.

Además está Milo, mi Maestro bicho y Mu, siempre calmado y paciente; Kiki y sus travesuras; Shura y mis charlas de Mitología Nórdica con él; los Gemelos, sobre todo Kanon, son muy agradables conmigo. Ése era mi círculo más cercano, pero también están las chicas Amazonas (sobre todo las pequeñas Dione y Ame), la Maestra Marin, June y los Caballeros de Bronce. Sorprendentemente, aún no he matado al Cisne... aún, sonrío, al recordar mi primer encontronazo con Hyoga también recuerdo al frío Camus.

El Maestro de Acuario, con ese cuerpo tan excelentemente bien cincelado, sus cejas partidas, sus ojos índigos cargados de una sensualidad innata, sus labios que nunca sonríen, sus movimientos perfectamente calmos...

Llego al templo de Piscis suspirando, Mime se ha quedado en la puerta y me mira, alguien no le deja pasar, puesto que solo abrió paso a Athena pero al quedarse detrás para esperarme...

- ¿Que ocurre?

- Creo que no pasamos, Alex -miré a Mime sin entender y nos adentramos un poco en Piscis, hasta que escuchamos una voz femenina.

- Alto, extranjeros, no podéis pisar el Templo de Piscis.

Me quedo de piedra, desde que estoy aquí este Templo ha estado vacío, y ahora esto... no lo entiendo.

- Mi nombre es Alexiel de Merak -digo ante la figura que escondida entre las sombras está frente a nosotros-, soy la Discípula de Milo de Escorpio, Caballero de la Octava Casa. Mi acompañante es Mime de Benetnash, Guerrero Divino de Eta, uno de los Guerreros de la Princesa Hilda de Polaris la cual ha sido invitada por la Diosa Athena al Santuario -terminé de una vez observando a la joven que ahora está frente a mí.

- Lo siento, señorita Merak, soy Alexa, Discípula de Afrodita de Piscis. No sabia que el Caballero también era invitado de la Diosa. Si lo permitís, me gustaría acompañaros al templo de Athena.

Dicho y hecho, la morena Amazona nos acompañó escaleras arriba hacia el Templo de la Diosa Athena, la cual quería hablar con todos nosotros junto a Hilda y la Princesa Flare. Me volví a la Amazona y la miré nuevamente.

-No sabía que Piscis ya estuviera cubierto…

-Acabo de regresar -respondió, en un susurro cortante.

Ya tenia ganas de llegar donde Athena.

Habíamos llegado a la entrada del Templo del Patriarca, donde la Amazona de Piscis nos había dejado, tal y como había dicho no podía meterse en una reunión cuando no le tocaba.

- ¿Nos veremos?

- Claro, mientras que no haya que vigilar los Templos... además, seguro que nos vemos en Acuario -Alexa empezó a bajar las escaleras marchando de vuelta a Piscis pero hubo algo que me dejó inquieta. ¿Que tendría que ver Alexa con Camus?

- Vamos Alex -asentí mirando a Mime entrando dentro del enorme salón donde sólo había estado la vez que llegue.

En la cabecera, Hilda y Athena hablaban en voz baja mientras Flare las secundaba y frente a ellas mi familia nórdica esperaba con ansias mi llegada con Mime. Hagen se me acercó para volver a abrazarme.

- Andas cariñoso hoy¿eh, hermano? -los demás rieron viendo la cara de Hagen.

- Desde que te fuiste anda tan raro que creo que era normal que ahora estuviera así -concretó Syd.

- Ah, chicos... os he echado tanto de menos -sonreí, si, aunque la vida en el Santuario me estaba gustando y aunque tenía a las chicas, a mi Maestro y los demás, nadie opacaba a mi familia Asgardiana.

- Nosotros también te echamos de menos, pequeñita -la voz gruesa y los fuertes brazos de Tholl me arrullaron (y casi ahogo ese abrazo), elevándome ante las risas de todos, hasta de Hilda quien se echó a reír levemente.

- Chicos... después de que hablemos podréis hacer las fiestas que queráis a Alexiel pero, Athena y yo necesitamos contaros la duda que todos tenéis desde hace meses.

Tholl me bajó y todos comenzamos a ocupar nuestros sitios, en estricto orden; como siempre el Capitán primero, detrás Syd como segundo al mando y mi hermano Hagen. Los demás se fueron colocando por sus rangos y al final, Bud y yo, al no tener zafiros protectores; mire a la sombra de Syd y le sonreí, mientras él me devolvía escasamente esa sonrisa.

-Tanto vosotros, Dioses Guerreros, como mis propios Caballeros, aun os encontráis desubicados por vuestra repentina vuelta a la vida. Y yo os comprendo, por ello Hilda y yo debemos explicaros.

La Diosa Athena nos contó como tras de la guerra contra Asgard ella y sus caballeros de bronce habían peleado contra dos poderosos Dioses griegos, como eran Poseidón y Hades, hermanos de su padre Zeus. En la batalla contra Hades, habían muerto todos los Caballeros Dorados que aún quedaban en el Santuario, además se habían reencontrado los antiguos Caballeros de Cáncer, Piscis, Géminis, Capricornio y Acuario vistiendo armaduras sapuris junto al Patriarca Shion de Aries lo que les hacia ver a la cara de todos como unos traidores a Athena y al Santuario siendo completamente otra la razón.

La propia Athena había dado su parte mortal, la que la hacía Saori, para llegar ante Hades, y Seiya el Pegaso había sido atravesado por la espada de Hades. Pero aún así habían vivido para volver a luchar de nuevo. Habían sido sus hermanos Artemisa y Apolo quienes habían bajado al mundo junto a los tres Ángeles de Artemisa para eliminar a Seiya y dejar el Santuario a manos de los Dioses.

Hilda tomó la voz tras de eso, contando a los chicos, pues yo ya lo había vivido, como tras la muerte de ellos Flare, la propia Hilda y yo habíamos sepultado sus cuerpos y habíamos pasado días horribles. Aún así yo había seguido entrenando para seguir con la promesa que mi hermano había hecho a las Princesas, las cuidaría aún dando mi vida por ellas.

- Pero ambos Santuarios habían tenido tantas bajas, que cuando los Caballeros de Bronce aquí y Alexiel y las Valquirias en Asgard hiciesen todo lo posible, los Santuarios estaban en bajas horas y cualquier otro ataque los destruiría, trayendo el caos al mundo -secundó Flare.

- Además de que todos habían muerto a unas edades tan tempranas, que no os había dado tiempo de vivir vuestras vidas -sonrió dulcemente la princesa Hilda, nosotros aún no comprendíamos nada, pero ella siguió contando-. Fue cuando yo mandé a Alexiel al Folkvangar a entrenar con la Orden Valquiria de la Diosa Frejya. Saori y yo tuvimos un encuentro en Oslo, hacia varios años que no nos habíamos visto y ambas comentamos todo lo que habíamos pasado. Ella me contó que por suerte había podido salvar a Seiya y tenia a los Caballeros de Bronce a su lado, aunque se sentía culpable por la muerte de los Caballeros Dorados.

- Hilda -prosiguió la Diosa de la Sabiduría- me contó que se sentía vacía y también culpable por no poder teneros a vosotros junto a ella, que vuestras muertes habían sido por su culpa. Aun así tenía a Alexiel y a las demás valquirias; y yo podía sentirme orgullosa pero a la vez desubicada cuando recordé que algunos Caballeros habían entrenado Amazonas, y uno de ellos había dejado familia. No sabíamos que hacer hasta que Flare nos dio lo que seria nuestro punto de partida.

Todas nuestras miradas se volvieron a la Princesa Flare, quien sonrió dulce como siempre para acercarse a nosotros y proseguir aquello.

- Yo les propuse algo, ellas y yo entregaríamos cosas importantes para nosotras, para poder devolveros la vida. Y así lo hicimos, Athena entregó su alma mortal para devolver la vida a sus Caballeros caídos en batalla, mientras que Hilda y yo entregamos lo más importante de Asgard, el Tesoro de los Nibelungos… aún cuando Odín estuviera en contra de ello.

Las exclamaciones no se hicieron esperar, si aquel tesoro caía en manos de Loki, el Ragnarok podría volver antes de lo que esperábamos. Aun así, Hilda se levantó junto a Athena para acercarse a todos nosotros.

- Pero estamos orgullosas del resultado puesto que vosotros podéis estar aquí y disfrutar de lo que nosotras no os permitimos.

- Aun así -susurró Siegfried, mirando a las que ahora para nosotros eran dos divinidades-. Nosotros os protegeremos, como juramos.

--

En la tarde había visto entrar a los Caballeros Dorados junto a las muchachas. Pero Aleisha se había quedado conmigo en las afueras, esperando.

- Estás muy callada, Ale¿qué ocurre?- me atreví a preguntarle.

- Athena les está contando lo que ella e Hilda hicieron¿cierto?

Enarqué una ceja y creo que hasta trastabillé un par de pasos¿que cosa sabia esta mujer que ninguno de nosotros lográsemos siquiera intuir?

- Me lo imaginé, yo sé todo aquello -susurró mirando las cálidas tierras griegas a nuestros pies-. Zeus me mandó a ver si el pacto entre ellas estaba correcto. Odín no necesita saber si va bien, puesto que confía ciegamente en Hilda pero, mi jefe no es igual, de hecho, siento una presencia conocida y cerca de aquí.

La miré expectante, no quería levantar más comentarios con aquello hecho por Hilda y Athena, pero cada vez mas dudas venían a mi cabeza que seguramente poco a poco irían teniendo respuesta, pero la primera y principal no creo que me fuera contestada. ¿Por qué había tantas mujeres en el Santuario Griego?

- Lord Zeus Cronida confía en ellas más que en los hombres -escuché una voz desconocida que parecía encontrarse en el interior de mi mente, pero me sobresalté al darme cuenta que no eran mis pensamientos. Aleisha alzó una ceja levemente mirando unas ruinas frente al Templo del Patriarca que era de donde salía esa voz.

- Sal de ahí, angelito sin alas que ya nos conocemos.

Como si fuera la orden del propio Zeus, un joven de cabellos rojos salió de allí con paso firme y calmado, sus ojos azules medio ocultos por una mascara me miraron fijamente para después fijarse en Aleisha.

- Touma de Ikarus¿qué te trae por acá?

¿Un Ángel?

Le miré de hito en hito y recordé la charla mantenida esa misma mañana con Athena e Hilda y recordé a "los Ángeles de Artemisa" seguramente aquel pelirrojo que me miraba tan fijamente como yo lo miraba a él era uno de ellos. Aleisha carraspeó levemente al darse cuenta y me guiño un ojo.

- Alex, éste es Touma de Ikarus, uno de los Ángeles de Artemisa además de ser hermano de Marin -creo que la sorpresa se hizo latente en mi rostro y que actuaba como un espejo, puesto las facciones de aquel Ángel hicieron lo mismo poco después-. Touma, ella es Alexiel de Merak, de la Orden de los Guerreros Divinos de Asgard, Hijos de Odín -terminó mi amiga con un suspiro. Me adelanté y le tendí mi mano, al ahora boquiabierto joven Ángel de Ikarus.

- Encantada de conocerle, Ángel de la Luz (1) -su mano se estrecho con la mía suavemente, produciéndome un cosquilleo en todo el cuerpo bastante placentero.

- Igualmente, encantado, Lady Alexiel…

Aleisha carraspeó con una sonrisita malévola en sus labios, noté como el color subió a mis mejillas. ¡¡Odiaba que hiciera eso!! Puesto que al ser nosotras dos (y ahora también Alexa) las que no llevábamos mascaras en el Santuario se nos notaba enseguida cualquier cosa. Me volví para decirle las mil y una cuando me encontré con los índigos ojos de Camus quien sin pararse miró a Touma y luego a Aleisha, para volver a mirarme profundamente a los ojos y seguir su camino. Tras de eso sentí a los demás Caballeros ir saliendo y recordé su cumpleaños, pero con todo lo que había pasado lo había olvidado y siquiera le había felicitado. En ese entonces, sentí un dolor hondo en mi corazón.

- Perdonadme, tengo una metida de pata que arreglar -dicho y hecho, salí corriendo de allí ante las extrañadas miradas de Aleisha y del Ángel de Ikarus con dirección al Templo de Acuario, al que llegue rápidamente.

Al entrar al Templo de planta redonda me sorprendí gratamente, no había desorden como el de Escorpio, donde me las veía negras para que aquel bichejo superdesarrollado siquiera guardara una sola cosa en su sitio. O el Templo de Aries, que además de ser taller, era medio desordenado por culpa de Kiki; era una sencillez suprema pero aún así no dejaba de estar cargada de un aire gélido y casi místico.

Las columnas de aire jónico parecían hechas en hielo eterno, pero al verlas de cerca te das cuenta de que no es así, que una gruesa capa de hielo las guarda pues las volutas del capitel (2) seguían viéndose de piedra. Estaba tan ensimismada con los clásicos detalles del Templo, aun cuando lo había visto mil veces, que no le distinguí entre la oscuridad, observándome con sus ojos índigos enarcando una de sus partidas cejas. Me volví al sentirme observada quedando justo delante de él, parpadeé y le miré muy fijamente.

- ¿Qué buscáis aquí, Alexiel?

- Vine porque no pude felicitaros Camus, el día ha sido algo agitado...

- No pasa nada, no es tampoco un día importante.

Creo que mi mirada fue casi casi fulminante pues hasta pude ver una pequeña risa en los labios del Maestro de los Hielos... o quise verla.

- Sí lo es, no todos los días es el cumpleaños de uno de los Caballeros de la Orden de Athena…

- Casi -susurró en tono cómplice-, somos 88 caballeros.

- Además de los que andamos de arrimados - termine riéndome por mi propia posición allí-. En fin… quería daros algo.

El Maestro de Acuario me miró como si estuviera mirando algo raro, me desenganché el colgante que siempre llevaba conmigo y se lo tendí. Era lo único que tenía de valor, por lo que creía que podría ser un buen regalo. Me coloqué tras de él y le coloqué el colgante, mi colgante.

- Pero no creo que…

- Es lo más preciado que tengo aquí, o por lo menos era, ahora tengo a las chicas, a mi Maestro, a Kiki, a Mu… -dejé caer el caballo plateado en el pecho metálico de la armadura y le sonreí.

Pero mi sonrisa desapareció cuando se quitó el colgante y me lo devolvió, mejor dicho casi me lo tiró a la cara. Enarqué una ceja desafiante y sin esperar más palabras, salí de allí. Jamás hubiera esperado eso de nadie y menos de un Caballero, pero muchísimo menos, de alguien tan aparentemente educado como él. Esto no quedaría así como así.

- Oye rubia¿no crees que es muy tarde para correr así por los Templos? -me volví encontrándome con la hermana de Acuario, Ninah. Suspiré levemente e intenté sonreír, pero mis labios parecían no querer hacerle caso a mi cerebro-. ¿De dónde vienes?

- De ver a tu hermano -susurré, a lo que Ninah sonrió maliciosa, aunque creo que se dio cuenta de que no iba los tiros por lo que ella pensaba. Tragué duro y me despedí con la mano intentando irme cuando una voz tras de mi me paro.

- Me dijiste que me enseñarías el Santuario -me volví para sonreír esta vez abiertamente, Ninah parecía confundida aunque su máscara seguía tan seria como siempre-. Encantado señorita, Hagen de Merak a su servicio.

Ninah se dio la vuelta sin contestar el saludo y salió, escaleras arriba. Suspiré, a veces, muchas veces se parecía a su hermano. Agarre al mío del brazo y tire de él.

- Vamos rubio, te enseñare mi lugar preferido, la Fuente de Athena.

Tal vez mi hermano era algo brusco, a veces belicoso al límite pero era mi única unión con el mundo. En verdad era la unión mas grande, había sido además de mi hermano, mi padre y mi mentor, era la persona a la que más le debía en el mundo, al que más quería. Apreté un poco más su brazo restregando mi cara en él, como hacía de pequeña aparentando ser un gato; Hagen sonrió y ahí mi mundo había sido llenado con algo de luz, aquel día había sido muy duro pero la llegada y la estancia allí de mi familia se veía recompensada.

-Estás muy callada... te pasó algo¿verdad? - Y sí, a veces he de decir que aquel, para muchos, impertinente rubio, me conocía demasiado bien. Tiré un poco más de él sin contarle nada cuando llegamos a los pies de la Fuente. Me descalce sentándome en aquellas piedras, metiendo dentro mis pies. A mi hermano pareció divertirle aquello e hizo lo mismo, sofocando un poco el calor griego, un calor demasiado seco al que no estábamos muy acostumbrados.

- Imagina hermano, que le regalaras algo muy preciado para ti a Lady Flare, algo como esto -dije señalándole mi colgante-, y ella te lo echara atrás sin siquiera decirte nada… ¿qué pensarías?

- Pues que no le gusta, o que prefiere que yo guarde aun mis recuerdos. Aunque me sentaría algo mal, he de decir.

- ¿Tanto como para cobrárselo?

- Tanto así, aunque sabes que no le haría nada a Milady... pero creo que tu…

Sonreí maliciosa, haría algo y sabía bien que Zelha o Aleisha seguirían mi juego en cuanto les comentara.

- Ya sabes hermano, los Merak somos duales como el fuego y el hielo que manejamos… -Hagen sonrió, abrazándome para después salpicarme del agua de la Fuente. Le haría pagar el desprecio al Acuariano, pero por ahora, disfrutaría con mi hermano.