Disclaimer: No, ningún caballero es mio ni la serie ni nada... Bueno la historia si, y el personaje de Alexiel de Merak es completamente mio todito lo demás es de Zelha, Argesh Marek y el mundillo de Kurumada.

Capítulo V: Fighters

Los días pasaron como la pólvora y entre esos días las noticias igual. Zelha y Chloe habían sido pilladas en su pequeña broma a Saga, la propia Aleisha se sentía culpable puesto que ella le había ayudado y Kanon lo sabía demasiado bien. Aún así mi plan de hacer pagar a Camus estaba en mente, demasiado en mente y más ahora que mis amigas estaban apresadas en las casas de Géminis y Cáncer, donde seguramente no lo pasarían tan bien. El bicho (Milo) me pidió varias veces que no hiciera ninguna locura como aquella, menos ahora que Ninah había decidido volver a su retiro y entrenamiento en Siberia, y encima sola.

Pero olvidar eso es duro para una Asgardiana con la cabeza tan dura como yo, por eso Aleisha y yo programamos aquella noche para nuestro golpe. Alexa nos dijo mil y una veces que actuábamos como crías, que si Camus se enteraba.

- Si Camus se entera, la culpa solo recaerá sobre mí. Yo soy quien piensa vengarse.

- Pero Aleisha…

- Le he prometido que sólo vigilaría y eso haré porque sé que a ella le importa más mi palabra, si decepciono a Blancanieves sería lo mismo que dejar de ser amigas.

Más que eso, Aleisha era más que eso. En el casi año que llevaba allí, la General de Zeus era más que mi amiga o cómplice, era casi mi hermana. Con el hecho de que sólo con mirarnos a los ojos sabíamos lo que la otra quería o necesitaba; mi unión no sólo con ella, sino con Zelha, era algo más. La unión con todas era más que una amistad, éramos una hermandad y Zelha y Aleisha eran mis motivos primordiales a seguir; ellas habían sido mis primeras amigas aquí dentro.

Por eso confiaba en su palabra y en que ella, haría sólo eso. Si me pillaban ya me las arreglaría yo con el pedazo de hielo, o en su defecto pondría pies en polvorosa tras tratar de dejarle KO.

Así tal como nos reunimos, dejamos a la Guardiana de Piscis en la Fuente de Athena y con paso calmado comenzamos a subir Casa por Casa, no podíamos levantar sospecha alguna. Siquiera Kanon, al pasar por Géminis, se dio cuenta de nada; aunque si he de ser sincera yo si me di cuenta de los ojitos lascivos con los que miró a Aleisha. Reí maliciosa picando a mi amiga en la subida y ella rió por lo mismo; pasamos por los demás Templos con tranquilidad sin siquiera notar los Cosmos de las chicas. Milo me esperaba con los brazos cruzados sobre el pecho y una mirada retadora, paramos ambas ante él y enarcó una ceja mirándome.

- ¿A dónde crees que vas, Blancanieves?

- Bicho... –Aleisha nos miraba sin dejar de reír-. Voy a ver a Alexa…

- Sabes que ella aún no ha llegado a su templo, las he visto en la fuente de Atenea –¡¡Mierda!! Este Maestro mío cada vez más perspicaz, debería de habérsele quitado de andar tanto con el pedazo de hielo.

- Milo, vamos a darle una sorpresita anda... no seas malo¿sí? -si quería tener una defensa contra Milo eran esas miradas que le echaba Aleisha, noté a mi Maestro temblar levemente y sonreí; pensé que aquello solo servía con Kanon.

- Sólo tened cuidado y Alexiel… no te metas en nada, por favor.

Seguimos caminando, Milo parecía menos cálido y dicharachero; sin duda alguna la marcha de Ninah no le había hecho bien. Por suerte o por desgracia, no tuve mucho tiempo más de pensar ya que rápidamente llegamos al Templo de Acuario; Aleisha me miró una última vez y asentí, sabía que ella no haría más que lo que yo le había pedido y si notaba algo que iba mal, se marcharía; así fue el pacto.

Tomé una bolsa que habíamos escondido en los alrededores y entré dejando mi Cosmos a cero, el Templo de Acuario estaba en una absoluta calma y silencio, tan oscuro que no veías lo que tenías delante de la nariz, así que avancé más lentamente de lo normal. Aunque por suerte conocía aquel pasillo demasiado bien puesto que Ninah, muchos días antes, me había enseñado aquella colección que Camus guardaba celosamente. Y aquel sería mi carta de regalo a aquel pedazo de hielo sin sentimientos, abrí lentamente la puerta que separaba la pequeña estancia del pasillo y entré. Allí estaban sus figuras, algo tal vez extravagante o estrambótico para un Caballero de los Hielos pero yo sabía que él adoraba aquellas figuras de cristal. Una de ellas llamó mi atención, era un cristal con destellos violáceos y era la figura de un ángel, sonreí levemente al tomarla y rápidamente lo noté. Este no era cristal normal, era un cristal MUY caro, creo que Ninah lo llamó Murano o algo así, Cristal de Murano.

No podía perder más tiempo, saqué de la primera bolsa otra donde metí aquellas figuras con cuidado, iba a hacerle una broma y así me la cobraría pero no podía romper aquello. De dentro de la primera bolsa saqué unas "figuras" que la propia Aleisha me había dado, según me había contado era "arte abstracto" o mejor dicho, lo que quedaba de algún que otro jarrón después de habérselo tirado a Kanon. Reí levemente al recuerdo y comencé a colocar aquel arte en el sitio donde las ausentes figuras se encontraban, hasta que algo llamó mi atención…

¿Cuándo había encendido la luz?

- Vaya¿desde cuándo os gustan mis figuras, Lady Alexiel? -bien podía encontrarme con el mismo Loki en presencia que no me daría más miedo que esa voz fría y de ultratumba.

- Desde que sé que son figuras caras –respondí tranquilamente-. Pensé que con el dinero que saque de ellas, podría pagarme un billete a Asgard –se me olvidó añadir, "para estar lejos de ti, pedazo de hielo".

- Creo que esto vais a comentárselo al Patriarca… -me volví al Acuariano y le miré fijamente, solo esperaba en mi interior que Aleisha se hubiera marchado y sobre todo, que esto no llegara a los oídos de Lady Hilda.

- ¿Podríamos llegar a un pacto? –pregunté mientras me echaba atrás lentamente evitando el contacto con Camus, tenía que salir de allí como fuera…

Intenté esquivarle puesto que su cuerpo tapaba la salida pero me agarró fuertemente, no contó con mis pataleos y los golpes a los que fue expuesto y que solo llegaron hasta la puerta principal del Templo. Ahí una tenue voz hizo parar al Caballero de los Hielos y dejarme caer al suelo en un seco golpe, levanté mi mirada a él con ganas de matarle para después desviarla a unos cabellos rojizos y unos ojos claros, el ángel de Ikarus.

- Touma¿qué desea en mi Templo? -el joven me miró levemente y volvió la mirada a la fría mirada del Caballero de Hielo.

- Perdonad que llegue así a vuestro Templo, Camus-san, venía buscando a una Valquiria que se me había perdido -añadió mirándome de reojo a lo que me sonrojé rápidamente.

- ¿Vos estáis con ella en esta burla?

- No, no estoy en ninguna burla contra vos -me levanté y fulminé al ángel con mi mirada, podía decir que venía a… ¡cualquier cosa, Dioses!-. Sólo que la Valquiria y yo estábamos entrenando y parece que ella entendió mal…

- Hm… -respondió Camus. Sí, a veces puede ser un excelente compañero de charlas-. Pues siento decirle, que tengo que hablar con el Patriarca y con su Maestro, Milo de Escorpio de esto.

- Hagamos algo -volvió a interceder Ikarus por mí-, dejemos esto entre nosotros tres, póngale un castigo… además también es culpa mía.

No se porque me había ayudado, ahora Camus miraba a uno y después al otro pensando, y yo no sabía que era peor… de veras que no lo sabía. Tragué duro varias veces, hasta que algo iluminó mis pensamientos, seguro Aleisha le había dicho algo al Ikarus para que me ayudara así que lo mejor que hacía era hacerle caso a aquel pelirrojo. En ese momento Camus carraspeó haciéndome caer de mi nube y trayéndome de nuevo a la tierra.

- De acuerdo, en dos meses hay unas pruebas para las Amazonas y demás aprendices femeninas, entrenará conmigo diariamente viviendo aquí… hasta el día del examen y si lo pasa, no le contaré nada al Patriarca.

- Hecho -respondió el ángel de Ikarus-. Mañana comenzáis, creo que Alexiel debe ir a contárselo a Milo…

- ¡¡Hey¿Qué os pasa que a mi no me preguntáis o qué? -sí, me había cansado de escuchar como aquellos dos decidían… a la mierda el autocontrol.

- Más os vale, Milady -dijo el Acuariano dándose vuelta e internándose en el Templo-, que lo hagáis.

¡¡Maldito pedazo de hielo arrogante¡¡Argh!! Dos veces, dos veces me había ganado este pedazo de… Me mordí los labios caminando al lado del pelirrojo, no se que demonios había ganado con su ayuda. Ahora para más INRI y más disgusto tenía que entrenar con ese todos los días y más aún, salir de Escorpio… Milo iba a enfadarse y mucho cuando se enterase, ni pensar en Mu que seguramente me miraría de la misma manera en que miró a Zelha. Me paré haciendo a su vez pararse a Touma y le miré interrogativa.

- Estamos afuera del Templo y ese pedazo de témpano no está presente¿me contaréis porque me ayudasteis, ángel de Ikarus? –dije, poniendo retintín en el 'ayudasteis'.

- Dadle las gracias a la General –dijo mirándome tras aquella máscara suya, máscara que sinceramente no comprendía porqué llevaba. Aún así me quedé mirando sus ojos fijamente, tanto que ni cuenta me di… ¡¡Demonios!! A veces odiaba ser una mujer… Carraspeé levemente y proseguí con mi mejor cara de fastidio.

- ¿Solamente por eso me ayudasteis, Touma de Ikarus?

- Por eso y porque me gustaría demostrar algo a los Caballeros Atenienses –le miré de hito en hito sin comprender-. La primera vez que pelee con ellos descubrí el poder que les mueve y les hace fuertes…

- …El amor –susurré levemente, nos miramos y le sonreí levemente-. En Asgard pasó lo mismo, el amor a Atenea les levantó una y otra vez, aún pasando sobre los sentimientos de los demás…

- Exacto, el sentimiento de los demás, me gustaría demostrarles que no sólo su amor a Atenea. Cuando ellos pelearon contra sus oponentes, estos terminan siendo derrotados al terminar de sentir como su razón para luchar desaparece, siendo pisados sus sentimientos. Y sé que en eso podéis comprenderme Lady Alexiel, ese mismo Caballero…

- …Pisoteó mis sentimientos, sí, Lord Touma… pero decidme; somos hielo contra hielo, si hubiera aprendido a despertar el Cosmos de fuego de los Merak –suspiré, meditabunda.

- Yo os ayudaré a despertarlo, pero Acuario no debe de saberlo. Aprovechad el entrenamiento con él para fortalecer vuestro Cosmos, para afianzar las técnicas de hielo y tras de eso cada noche, os llevaré a que entrenéis conmigo el Cosmos de fuego que saldrá de vos.

Sonreí levemente, tal vez no era aquello tan malo como lo había parecido en un comienzo, en verdad lo único malo sería decirle a Milo y ver su cara antes de marcharme… Pero lo haré; y no sólo por mi, también por Zelha y Chloe, por Touma y sobre todo por mi hermano; tras la charla con el Ikarus volví a recordar la muerte de Hagen en mis ojos una y otra vez aquella técnica que tan bien manejaba el Acuariano había sido la gota que colmó el vaso… esa había sido la primera muerte de un Merak.

Por eso los demás días pasaron corriendo, mis entrenamientos matutinos en la casa de Acuario parecían más un ejercicio militar que un entrenamiento normal y corriente. Por suerte, aquel pedazo de ser sin vida propia que era Camus me dejaba ver a Milo cuando quisiera para seguir entrenando con él la fuerza física, y aunque no pudiera ver a Mu sabía que él desde Aries sentía mis ganas de volver a verle.

El control del Cosmos en el cero absoluto era algo difícil, pero no imposible para una Asgardiana, sobre todo para una con ganas de demostrar lo que valía como era mi caso. Si algo me enseñó Mu, fue a controlar mi Cosmos con mi mente; el solo pensamiento de eso podía hacer que mis ganas por seguir adelante fueran más grandes y más poderosas cada vez. Y no solo eso, sino las ganas de ver a Chloe y a la cabrita, las ganas de salir de aquel recinto de hielo…

Por suerte y aunque las mañanas eran frías, las noches destacaban por su calidez. Noche tras noche volvía al coliseo sin que Camus se diera cuenta, para poder entrenar con Touma; el pelirrojo Ángel de Artemisa era un maestro calmo y divertido, sabía como enseñarte a buscar en tu interior. Todas las noches intentaba descubrir el poder del volcán en mí, el poder de los Merak, como había dicho; es como si escuchara en sus labios al propio Alberich y a mi propio hermano a veces. Mi poder interior, mi Cosmos, mis ganas de luchar, las ganas de seguir… El pelirrojo japonés volvía a recordarme la nieve, pero no era como Camus; el Acuariano solo me recordaba lo fría que era la nieve pero él no, Touma me recordaba lo cálida que podía ser la nieve al contacto perpetuo.

- Recuerda que la nieve, la nieve pura que recorre los paisajes de tu tierra no son fríos… Dime Alexiel¿Qué ocurre cuando tomas un montón de nieve en tu mano?

- Primero siento frío –respondí aquella noche bajo los relajantes rayos de luna.

- Exacto –sonrió levemente el ángel-. ¿Y si llevas mucho tiempo con ella en tu mano?

- Te quema.

- Así debes de ser, fría pero cálida a la vez Alexiel… Que no sólo se sorprendan de la frialdad de tus ojos, sino de lo cálido de tu corazón…

Parpadeé levemente y asentí, lo cálido de mi corazón… aquello era lo que me hacía moverme, lo que me hacía confiar y querer ser más fuerte;

- Lo cálido de mi corazón…

- Nunca lo confundas con el poder, Alexiel –previno Touma-. No quieras ser un Dios, cuando puedas ser humano pues no hay fuerza más verdadera que la que destilan tus movimientos; guíate de tus movimientos –me tomó una mano y la colocó en mi pecho- de tus movimientos –volvió a repetirme.

Aquella noche fue una de las últimas en las que entrenamos juntos, el plazo estaba por terminar y me enfrentaría a Camus. Pero había algo que pensé que no tenía controlado, y era sobre mis sentimientos; me había dado cuenta poco atrás gracias a Milo de que sentía algo por Camus… ¿Sería capaz de atacarle¿De acallar el sentimiento de mi corazón simplemente por demostrarme a mí misma y demostrar a todos que yo podía ser capaz de todo? No lo sabía, de hecho aún no entendía en sí el sentimiento escondido en las palabras del Ikarus.

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Días después sería el gran día, llevaba una semana completa sin ver a Touma y sin entrenar más con él. Sólo me dijo que sería capaz de levantar un muro de lava en un iceberg de hielo y me prometió que estaría en la batalla y vería como iba a ganar. Yo esperaba sinceramente eso, pero a veces y sobre todo en los entrenamientos con Camus, me veía imposible. Ahora comprendía porque le llamaban el Maestro del Hielo; hasta Milo me había prevenido que no sería capaz de hacer nada contra él.

Aquel día me desperté a las cinco de la mañana, tres horas después comenzarían las batallas y sinceramente, no tenía ganas ninguna de verle antes de aquello; a un lado de mi cama descubrí unas ropas que no eran para nada mis ropas normales. Enarqué una ceja y miré una nota que estaba sobre ella para después sonreír.

"Espero que te guste, las vi y pensé rápidamente en lo estupendamente sexy que puede estar mi alumna preferida con esto. Mu me ayudó a comprarlo, jejeje…

Confía en tu fuerza, confía en ti misma… Ice Queen.

Milo y Mu.-"

Guardé la nota y me vestí con aquellas prendas, parecían hechas para el movimiento puesto que eran algo elásticas y no pesaban, ni siquiera daba calor alguno. Me recogí los cabellos y salí de aquel habitáculo que había sido mi habitación aquellos meses en Acuario, por suerte no tenía nada allí de valor que pudiera volver para recoger; ni quería siquiera pisar un momento más aquel sitio.

Caminaba lentamente hacia el exterior recogiéndome los cabellos en una coleta alta y colocando bien el colgante que brillaba levemente al descubrir algún que otro rayo de la luna que estaba marchándose, cuando le encontré al final del pasillo vestido aún con una túnica que le había visto utilizar en una que otra noche.

- ¿Dónde vais, Lady Alexiel?

- Vaya… -me mordí el labio inferior levemente-, pensé en ir calentando un poco… y en dar un largo paseo para poder meditar con tranquilidad…

- He pensado -comenzó él apoyándose en el marco de la puerta de su habitación-, que si perdéis podrías seguir entrenando aquí…

- No creo que vaya a perder, sensei -susurré, sé que le molestaba aquel titulo sobre todo cuando a Milo y Mu jamás los he llamado así-, y si perdiera, antes de volver aquí me volvería a Asgard, porque más de lo que vos me habéis enseñado ya sé. –bien, acabo de tocarle una fibra sensible… jejeje acaba de enarcar una ceja de las suyas-. Vos habéis conocido el hielo en vuestro entrenamiento, yo he nacido entre los fiordos helados de Oslo… Vuestros entrenamientos con el hielo son dignos para un niño recién nacido, pero para una Asgardiana es lo mismo que aprender a hacer cubitos de hielo para una fiesta… Y ahora perdonadme, pero mi tiempo es oro.

Ni siquiera le sentí moverse, ni intentar articular palabra; durante el tiempo que había pasado aquí dentro no habíamos cambiado muchas palabras, sólo las correctamente posibles para tener algo de convivencia como Maestro-alumna. No quería tener más roce con él, no quería ser una hipócrita con él y mucho menos conmigo… por mucho o poco que pudiera quererle.

Por suerte la brisa que se levantaba en Grecia cuando llegaba el amanecer servía para despejarte y para volver a seguir adelante, bajé trotando el camino de Acuario hacia la Fuente de Atenea ya que aquel rincón era el mejor para relajarse. Por suerte aún no había movimiento, parece que todo el mundo deseaba descansar para aquel día, todos descansaban menos yo.

El sonido de la Fuente parecía calmo y a la vez era ruidoso en la madrugada. Me saqué las sandalias y me sentí allí como siempre hacía, de cara a las ruinas que descansaban frente a las 12 magnificas Casas del Santuario; me gustaba aquella visión era completamente relajante y ver como la luna corría entre las ruinas era más relajante. Por primera vez entré totalmente dentro de la fuente, no sólo mis pies sino hasta mi cintura.

Sentí la frialdad del agua y la ropa empezando a pegarse a mi piel pero era algo que no me importaba, miré el fondo tan oscuro iluminado por algún que otro rayo de luna que parecía querer quedarse ahí mientras Apolo la empujaba con su carro trayendo tras de él al sol. Paseé rodeando aquella Fuente sumida en mis pensamientos cuando la sentí en el pasto, en el sitio que más adoraba; sentada a los pies de un olivo dejando su espalda apoyada en su tronco y mirando hacia las ruinas que yo admiraba.

Su cabello negro-azulado lo tenía recogido en un moño al más puro estilo griego, no llevaba su ropa normal de entrenamiento y sandalias, lo que me llamó la atención fue que llevaba glebas () y que sus ropas parecían las de un antiguo gladiador romano o un guerrero espartano. Una túnica inusualmente blanca y una coraza que a la vista resultaba algo pesada, en ella grabada un águila…

- Es mi ropa "de trabajo" –sonrió Aleisha mirándome–. A Zeus no le gusta mucho esas armaduras tan pesadas, dice que sus Generales sabremos movernos sin ellas.

- Pero esa coraza parece pesada –dije mientras me salía del agua, sentándome en el borde de la Fuente.

- Al igual que las armaduras, las corazas se adaptan al Cosmo de su portador haciéndolas firmes pero no pesadas.

Allí nos quedamos durante un rato más, creo que fue casi una hora más cuando ella se levantó y me azuzó para ir calentando. Según la altura del sol recién despierto pronto darían las siete de la mañana y lo mejor para las batallas era un ligero desayuno y un buen calentamiento. Asentí a sus palabras y corrimos hacia el comedor el cual, curiosamente estaba casi vacío a aquellas horas. Tal vez porque no tenía a las ruidosas de mis chicas cerca, o porque medio Santuario aún dormía cuando Aleisha y yo llegamos. Tomamos unas piezas de fruta y zumo para sentarnos en una mesa bien alejada de la principal donde los Caballeros Dorados ya comenzaban a entrar, y justamente el primero no podía ser otro. Siempre tan recto y firme en su comportamiento junto a su querido alumno, Aleisha se dio cuenta de mi repentino nerviosismo y uso su mano en mi hombro.

- Es ahora cuando tienes que dejar de ser una princesita…para ser la guerrera Alexiel; sé más fuerte que tu misma y que ellos.

Tomé el desayuno en silencio para después llevar el vaso a su lugar y darle las gracias a June, quien había servido el desayuno esa mañana; justo al momento de salir choqué con mi maestro Milo.

- Te sienta bien ¿eh? Verás cuando Mu te vea –reí levemente–. Nos veremos abajo… tengo algo que hacer.

- Voy a calentar con Aleisha… -me alcé y le di un beso en la mejilla echando a correr, mientras sentía tras de mi la mirada de aquel par de Acuarianos.

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Ni una hora después el Coliseo, que había parecido enorme a mis ojos parecía una caja de cerillas. Por Odín que no había visto más reunión de personas que en aquel sitio; Aleisha tiró de mí para que alcanzásemos el lugar más cerca de la arena. Pero cuando me di cuenta no sólo era eso, había llegado a ver a Touma quien nos dedicó una sonrisa al vernos llegar.

- ¿Nerviosa? –me preguntó casi en un susurro el pelirrojo ángel de Artemisa.

- Algo, pero creo que lo que me tiene así es tantísima gente

- Para ellos esto es un juego -masculló Aleisha apretándose las muñequeras de cuero que llevaba-. Les gusta ver cómo pelean las mujeres, sobre todo cuando saben que están en problemas; a eso añádele que están en su tierra y somos extranjeras…

- Pero Zelha, Alexa y Chloe son fieles a Atenea…

- Yo no hablaba por ellas Alex –me espetó la General de Zeus con una sonrisa calmada-. Nosotros tres, somos ahora mismo el centro de atención de todos estos simplemente por servir a otros Dioses… Pero con orgullo sirvo a Zeus, porque de verdad, servir a Atenea es un fastidio…

- No deberías hablar mal de los Dioses, recuerda que tú eres griega y naciste en Atenas –dijo con una sonrisita maliciosa Touma.

- Óyeme, bermejo, tu eres japonés y ni de coña le rezas a Buda como el peliteñido de Virgo.

Tras de eso todas las miradas se volvieron a nosotros, no por lo dicho por Aleisha sino por las risas de los tres después de eso. Era la primera vez, después de aquellos meses con Camus, que me sentía en completa libertad.

- Mira que podéis llamar la atención¿eh? –al volver la mirada sonreí con ternura; Milo, Mu y Kiki se habían acercado hasta nosotros, el muchachito pelirrojo no tardó en abrazarme nos habíamos echado de menos el tiempo que no nos habíamos visto después de la broma.

- Suerte Alexiel, sabes que puedes hacerlo… controla tu genio –dijo Mu, sonriendo.

- ¿Alguna ayuda más? –pregunté mientras revolvía los cabellos de Kiki que me rebuscaba en los bolsillos en busca de algún dulce.

- Controla tu Cosmo, intenta proyectarlo a tus manos.

- Si necesitas un plan de última hora, dale una patada ahí donde la armadura no le cubre.

- Por Athena, Aleisha, sí que estás loca –rió Milo tras de nosotros. Vi como Mu se giraba en busca de algo, o de alguien que pronto encontró y fue a su encuentro–. Este Mu… desde que Zelha, Chloe y tú fueron pilladas en esas bromitas, está extraño.

Me volví para ver a mis dos amigas, tenía ganas de ir a darles mi apoyo a ellas para esta pelea pero la entrada de Shion y Saori junto a Dohko me descolocó. Kiki seguía abrazado a mí y Milo colocó sus manos en mis hombros sintiéndome temblar, por primera vez podía decir que sentía miedo. La voz fuerte de Shion dio comienzo a aquellas batallas:

- Adelante, Alexiel de Merak y Maestro Camus de Acuario.

El agarre de Milo se hizo más fuerte al igual que el abrazo del pequeño Kiki. Suspiré levemente y rompí con ternura el abrazo del pelirrojo dándole un dulce que no había logrado encontrar para después volverme a Milo, le sonreí para después tenderle el colgante que siempre me acompañaba;

- Si me lo pierdes Maestro, te cuelgo… -bajé la mirada y un poco la voz-. ¿Algún último consejo?

- Tú sabes lo que tienes que hacer, Alexiel, enséñales a todos lo que una escorpiona arrinconada es capaz de hacer.

Asentí y con el rabillo del ojo vi que Camus bajaba por las escaleras contrarias hacia la arena, miré hacia arriba viendo a las muchachas a las que sonreí para después encontrarme con los ojos verdes de Aleisha quien me sonrió con la mirada. Justo en la entrada a la arena, Touma me paró agarrándome del brazo;

- Deja de ser una princesa para ser la Reina… -susurró urgentemente-. La Reina del Hielo y del Fuego…

Bajé a la arena encontrándome frente a frente a Camus vistiendo su armadura dorada, miré hacia donde se encontraba Atenea a la que miré fijamente. Ella pareció comprender y asintió sin palabras, si pretendía intimidarme con su armadura iba por mal camino; exploté levemente mi Cosmo y una luz se abrió paso desde Escorpio colocándose a mi lado tan roja como la lava ardiente del volcán de los Merak; la estrella que guía a Asgard, Polaris. Se colocó en mi cuerpo y vi como Camus enarcaba una de sus cejas partidas:

- Sabéis que por mucha armadura que poseáis, Milady, no estamos en igualdad.

¿Qué demonios se pensaba? Si quería desestabilizarme no lo conseguiría el pedazo de… témpano con patas. Aún le faltaba para eso, no voy a caer en su juego y mucho menos voy a dejar por tierra el nombre de mi tierra; si hago eso me puedo considerar colgada por la orden de Valquirias. Si Lorien, Erin o Selene se enteraban de que había sido un completo estorbo en batalla podía considerarme exiliada de Asgard de por vida, bastantes veces me lo habían dicho ellas… Ellas y no sólo ellas, Zelha, Aleisha, Ninah… Hasta Chloe y Alexa me habían enseñado que una mujer podía ser más rápida, fuerte y astuta que un hombre.

Yo había sido siempre la que había quedado detrás de ellas, la única que no se decidía en una batalla, ahora les enseñaré que podré contra esto y sobre todo contra lo que podía sentir.

- Ciertamente que no estamos en igualdad -dije, dejando caer las piezas de Polaris a mis pies la cual volvió a unirse para disiparse hacia Escorpio donde había estado escondida desde que meses antes mi señora Hilda viniera a Grecia. Cuando volví a quedarme sin ella miré al Acuariano fijamente colocándome en una posición de ataque–. Ahora, ahora sí somos iguales…

Sin ni siquiera pensar me adelanté a atacarle golpeándole con puños y pies, reteniendo el Cosmo en ellos. Había algo que me paraba a desatarme, a enseñarle… ¿qué demonios se escondía en mi interior que no me dejaba enseñar lo que tenía dentro de mi? Sentí de repente el sabor de la sangre en mis labios y me volví a Camus enfrentándome a él.

- Si no vas a luchar es mejor que acabemos esto ya. Pensé que eras una guerrera pero veo que solo eres una niña. Solo estás aquí para hacer estúpidas bromas… Sólo para eso sirves…

Parecía que había entrado en un trance, no veía a nadie no oía nada; sólo sabía esquivar el polvo de diamantes que Camus me lanzaba. Y entonces lo vi, tras de el estaban las chicas y tras de ella Asgard… Ese era mi punto, volver a Asgard para poder defenderlo, para hacer que no cayera más en una guerra como la que le costo la vida a Hagen y a los chicos. Ser digna guerrera de Odín, ser…

- … La Reina de Hielo entre la Lava…

Con toda claridad oí a mi hermano, a Hilda y a las muchachas… Sus ánimos, sus ansias y sus ojos puestos en mi; era más de lo que Touma pretendía, más de lo que él me había enseñado. Mi decisión estaba tomada y no sería la de sucumbir aquí.

"Nunca lo confundas con el poder, Alexiel. No quieras ser un Dios, cuando puedas ser humano pues no hay fuerza más verdadera que la que destilan tus movimientos; guíate por tus movimientos…"

Mis movimientos… mis movimientos…

Como si fuera un torrente de la más pura lava sentí mi Cosmo correr por todo mi cuerpo llenándome de una calidez sorprendente. Sentí el golpe del polvo de diamantes de Camus echándome hacia atrás unos metros para después de ello volver a levantarme. Le miré a los ojos con gesto frío, mi Cosmo pareció salir a escena pues vi la mirada extrañada de Camus y tras de eso parecía que había vuelto a la conciencia, escuché los gritos de los guardias y los alumnos que se arremolinaban alrededor del coliseo y una sonrisa curva llenó mi cara;

- Siente el calor extremo -exclamé-. ¡¡Great Ardent Pressure!! –una ola de lava había salido de mí para golpear al atónito Santo de Oro levantándole para después azotarle contra el suelo.

No me lo creía¿era aquello el poder de un Merak?

Me sostenía con las manos sobre mis rodillas respirando agitada y con el cabello en la cara, después de haberse roto la cinta que me lo contenía. Al levantar la mirada le vi inclinarse ante mí.

- Excelente Milady Alexiel… Sois toda una guerrera… una igual -me susurró el francés, antes de inclinarse en una reverencia respetuosa.

Escuché los gritos agitados de aquellos que estaban allí, me eché el cabello atrás para después cruzarme de brazos. Sin duda alguna aquello se sentía mejor que cualquier broma; pensé volviéndome al lugar donde Aleisha, Zelha y Touma se encontraban. Éste salió de allí con una sonrisa de oreja a oreja andando hacia mi…

Pero después de verle… todo se me hizo oscuro…

() Graaacias sobrinita por la ayuda con la dichosa palabra :P