Capítulo 5
Los personajes de Yugi-oh pertenecen a Kazuki Takahashi.
N/A: (chapter update: 6/25/2016)
Era apenas de madrugada, o al menos eso le pareció a Seto cuando de la nada sintió un peso abruptamente sobre la cama y despertó sobresaltado.
"¡Buenos días!" Exclamó Jounouchi alegremente, acercándose al rostro de Seto al decirlo.
"¡Jou!" Reaccionó asustado ante la cercanía dándole un leve empujón. Jounouchi se alejó un poco sin entender. Usualmente así despertaba a sus hermanos cuando estaban aún dormidos en la cueva que les servía de madriguera. "¡Bájate de encima de mí!" Exclamó molesto empujándolo de nuevo.
"Ah, lo siento." Le dijo con una sonrisa arrepentida el rubio, saliéndose de encima del hombre.
"¿Por qué estás levantado tan temprano? ¿Sucedió algo?" Del susto pasó a la preocupación. Jounouchi simplemente sonrió.
"¿Temprano? Siempre me levanto a esta hora." Decía al tiempo se sentaba en el suelo sobre la alfombra. Escuchó que Seto murmuraba palabras que no podía entender claramente a pesar de su buena audición. "Además… los conejos están levantados desde mucho antes. Ya deberíamos estarlos esperando." Seto arqueó una ceja con curiosidad.
"¿Qué te hace pensar que iremos a ver a los conejos?" Preguntó con un bostezo mal disimulado.
"Pues… pensé que podríamos ir a cazar juntos." Un leve calor le subió al rostro al decirlo. "Cazar para uno mismo ya es suficiente trabajo y yo puedo alimentarme sólo, no quiero ser una carga. Honda y yo solíamos cazar juntos y es un poco más fácil." Otra vez Seto escuchaba aquel nombre y sintió la suficiente curiosidad como para preguntar.
"¿Quién es Honda?" Preguntó queriendo saber más acerca de la vida del lobezno dentro de la manada.
"Mi hermano. ¿Tú tienes hermanos?" Le contestó con la más inocente de las miradas. A la pregunta Seto se revolvió incómodo en la cama. Hacía mucho tiempo que no veía a su hermano, pero se escribían con gran frecuencia. Ahora el chico tenía sus dieciséis años.
"Sí." Respondió, resignándose a levantarse a esa hora.
"¿Ryou?" Con las constantes apariciones de Ryou no era una sorpresa que pensara que tenían alguna relación en común. Pero Ryou era una relación muy diferente…
"No. Su nombre es Mokuba." Dijo con suavidad. El rubio ladeó la cabeza con curiosidad. Todos sus sentidos le decían que Seto extrañaba a su hermano. ¿Por qué no había ido a buscarlo entonces?
"¿Y por qué no está contigo?" Preguntó, tratando de entender si era una costumbre humana aceptable el permitir que la familia estuviera separada.
"Estudia." Seto optó por levantarse dando por terminado el tema. Se levantó finalmente, no queriendo hablar demasiado del tema, era evidente por la expresión del lobezno que no había entendido nada. Seguramente ni siquiera sabía lo que era estudiar. "Jou, si tienes hambre podemos preparar el desayuno. Al cabo que no creo que pueda dormir más."
"¿Conejo?" Exclamó con ilusión apenas reprimida. Seto negó.
"No… pero estoy seguro que te gustará." Dijo dando un pequeño resoplido. Jounouchi se le quedó viendo. Seto vestía un pijama y él todavía no entendía cómo era que podía dormir con ropa puesta. A él le había molestado mucho pero el moreno había dicho que era una regla de los humanos dormir con ropa. Se le quedó viendo atentamente y Seto se dio cuenta.
"¿Qué tanto me ves?" Preguntó arrugando el ceño. El rubio abrió los ojos sin entender.
"Ah… lo siento. No sabía que te molestara." Se disculpó.
"Pues me molesta." Gruñó malhumorado. Jounouchi cambió el rostro algo confundido, observando nerviosamente los alrededores hasta que finalmente decidió que sería mejor darle su espacio a Seto. Sabía que de vez en cuando sus hermanos lo necesitaban, sólo que era mucho más fácil entenderlos a ellos que al humano.
"Estaré afuera." Dijo por lo bajo y Seto maldijo internamente al pensar que había hecho sentir mal al rubio. Cuando salió lo encontró echado boca arriba sobre el sofá de la sala, un brazo colgando del mueble y otro tras la nuca, las piernas cruzadas una sobre la otra. Le tiró a la cabeza una pesada bata y vio con satisfacción cómo el rubio daba un brinco, enredándose en la prenda y cayendo al suelo con un suave golpe.
"Ponte eso, hace demasiado frío en la cocina." Le dijo al tiempo que desaparecía en dirección a dicho lugar. Jou se levantó con entusiasmo y lo siguió en un retumbar de pies descalzos sobre madera. Vaya que tenía hambre. Con algo de trabajo logró imitar la forma en que el humano tenía puesta la prenda. "Ve y siéntate en la mesa mientras preparo algo de comer." Jou torció un poco la boca, Seto era mandón en las mañanas, algo que le recordaba a Yami. Gruñó brevemente, pero hizo como se le pedía. Al cabo de un rato el olor a tocineta y huevos lo tenía impaciente y cuando finalmente Seto colocó un plato frente a él se echó un trozo de tocineta aún caliente a la boca sin pensarlo.
El grito sobresaltó a Seto. El rubio se levantó de repente, tirando la silla al suelo con tan mala pata que empujó también la mesa. Parte de lo que había en su plato cayó al suelo y la jarra de jugo que había sobre la mesa se viró cayendo sobre el desayuno de Seto. El corazón le latía desbocado cuando el dolor cesó, se había sentado sobre el suelo desconcertado y una pequeña lágrima se le había escapado.
Seto se llevó una mano a la sien y se masajeó brevemente. No podía culpar al lobezno, seguramente nunca en toda su vida había comido algo más caliente que un conejo acabado de degollar. Tendría que hacer algo al respecto.
Se levantó de la mesa y tomó al rubio del brazo. "Vamos." Le dijo al tiempo que lo ayudaba a ponerse en pie. Lo llevó hasta la puerta de la cocina que daba al exterior. Allí le puso un grueso abrigo sobre el pijama, medias y unas botas para la nieve. Hizo lo mismo y cuando estuvo listo volvió a tomar al lobezno del brazo para llevarlo fuera de la casa hasta una parte alejada del camino.
La nieve recién había caído y cubría todo el lugar como un perfecto manto. Tomó un poco de nieve y se la ofreció a Jounouchi.
"Ten, esto te quitará el dolor." Jounouchi hizo como le indicaba Seto, lamiendo la nieve en ocasiones o echándose una poca a la boca. El dolor disminuyó considerablemente y continuó comiendo la nieve hasta que sus labios tomaron un tono azuloso.
"Gracias." Seto parpadeó, la honestidad en la cara del rubio lo afectaba considerablemente y sintió la cara caliente. Miró a su alrededor, la mañana se perfilaba tranquila, con su nívea eternidad cubriendo el valle completo y la montaña. Amaba las montañas, eran perfectas, silenciosas y salvajes. Había construido su casa allí específicamente por el paisaje y la tranquilidad.
Cuando necesitaba concentrarse no había nada que lo distrajera y cuando necesitaba practicar, bastaba con salir al exterior para hacerlo, tenía espacio de sobra.
Aún se hallaba contemplando el paisaje cuando Jounouchi echó a correr repentinamente. El rubio simplemente se tiró sobre la nieve fresca y comenzó a rodar como un demente.
"¿Jou?" Lo llamó. El rubio se quedó quieto mirando a Seto, tenía nieve en el pelo y en la cara. Había estado en el proceso de retorcerse y se había quedado como paralizado esperando a que le hablara. Seto quedó absorto con la imagen, el lobezno se veía tan… gracioso, casi adorable. Sacudió la cabeza para aclarar sus pensamientos. "¿Qué se supone que haces?" Preguntó.
"Sentir la nieve. Se siente muy bien, deberías intentarlo." Jounouchi volvió a sonreír. Se levantó de golpe, alcanzando la mano de seto y de un tirón lo tumbó a su lado sobre la nieve.
"¡Oye!" La nieve estaba recién depositada por lo que se hundían en ella con facilidad, como sobre nubes congeladas. Seto gruñó su molestia, pero el rubio tomó el gesto como una invitación para jugar sobre la nieve. Se lanzó sobre el moreno formando una escaramuza.
El humor de Seto cambió, aparte de su hermano, nadie se había atrevido antes a una batalla cuerpo a cuerpo con él, mucho menos sobre la nieve que se le metía por el cuello del abrigo de forma molesta.
Intentó librarse del rubio, pero tal parecía que a cada vuelta ahí estaba, tumbándolo de nuevo sobre la nieve. La paciencia de Seto se fue acabando hasta que olvidó que Jounouchi tan solo jugaba y de un certero movimiento lo atrapó abajo suyo y gruñó su molestia.
El sonido tomó a Jounouchi por sorpresa y cuando intentó zafarse la fuerza del humano lo mantuvo en su lugar. No podía moverse y se sintió indefenso. En esos momentos el moreno tenía la ventaja y él simplemente había tenido mala suerte al no percatarse que habían pasado del juego a lo serio, había molestado a Seto lo suficiente como para castigarlo. Jounouchi hizo lo que siempre hacía en esos casos, lo que era lógico y lo que había aprendido mucho antes de aprender a cazar.
Gimió suavemente y se quedó muy quieto, relajando brazos y piernas, echando la cabeza a un lado para mostrarle su punto más débil al moreno, su cuello. Un ofrecimiento de paz.
Seto tardó un poco en entender lo que sucedía. El ofrecimiento del rubio lo estremeció. Jounouchi solo había estado jugando, como cualquier lobezno. Él en cambio, lo había atacado, llevándose la ventaja. Ahora Jounouchi le ofrecía su cuello en total sumisión de la misma forma en que un lobezno le ofrecía el cuello y la panza a sus adultos. Quiso alejarse y disculparse, pero algo le impedía moverse.
La vulnerabilidad del rubio, la postura, el pecho respirando agitado y la curva del cuello ofreciéndosele, la vena palpitando suavemente, llamándolo, proclamando que aquel cuerpo estaba vivo, lleno de energía y calor.
Se acercó lentamente e hizo lo que sentía hacer, rozó con sus labios el cuello que se le ofrecía. Jounouchi gimió, esta vez del susto. Nunca antes un lobo había llegado a tocar su cuello, la verdad, con ofrecerlo era suficiente para que sus hermanos aceptaran el gesto. El toque en su cuello solo podía significar que Seto no había aceptado aún.
Cerró los ojos con fuerza, tal vez los humanos tardaban más en aceptar las disculpas. Tal vez lo había hecho enojar demasiado y ahora tendría que esperar a que se calmara. Se obligó a mantenerse relajado a pesar que sus instintos le gritaban que huyera.
Se estremeció al sentir nuevamente el toque, pero esta vez más firme y cálido. No había dolor en el toque como había temido. Su cuerpo humano respondió aumentando el calor, pero continuó con los ojos cerrados.
Seto observó al joven, estaba tan asustado que no se había movido de su posición. Le soltó una muñeca para hacerlo girar el rostro. Jounouchi tenía los ojos muy apretados y Seto no pudo menos que sonreír maliciosamente. Acarició los azulados labios con el pulgar hasta que Jounouchi se animó a mirarlo.
Las pupilas parecían temblar ligeramente con temor pero según pasaba el tiempo en aquella posición sin que pasara a mayores la expresión se tornó en una de curiosidad. Seto se acercó y posó sus labios sobre los del rubio, probándolos tímidamente. Quitó la otra mano de la muñeca del chico y se dejó bajar hasta descansar sobre el su pecho. Un gemido sorprendido fue la respuesta del rubio. No entendía lo que hacía el humano, pero al menos no lo estaba lastimando y el peso sobre su cuerpo se sentía extrañamente tranquilizador.
Abrió la boca cuando sintió que algo muy cálido le acariciaba los labios y Seto aprovechó para profundizar sus caricias y la exploración de la boca del rubio. No era dulce pero tampoco amarga, simplemente era un sabor especial que le provocaba continuar y devorar completamente aquel ofrecimiento de paz. Era suave y la boca complaciente. Jounouchi pensó que quizás los humanos se demostraban total sumisión de otra forma y que aquella era simplemente la aceptación porque el humano ya no gruñía ni lo miraba con aquel coraje.
Finalmente tuvo que dejarlo ir para respirar. Jou dejó los labios entreabiertos que ya habían recuperado su sonrosado color, una nubecilla cálida escapaba de su boca, así como de la de Seto. Cuántas veces había deseado al lobezno convertido en humano desde que lo tuviera a su disposición. Era una sensación maravillosa tenerlo abajo suyo, apretado fuertemente contra su pecho, sintiendo el descontrolado latir que lo provocaba a continuar. Estaba a punto de descender nuevamente cuando un leve gruñido a unos metros de donde se encontraban llamó su atención.
La mirada azul oscuro de Kaiba se topó con una un poco más clara y dorada que la de Jounouchi unos metros más adelante. Con el pelaje erizado y los colmillos al descubierto en silencioso gruñir. Demás estaba decir que se quedó petrificado.
Notas Finales:
Cierto, me van a matar por dejarlo ahí y por lo cortito, pero espero que esta semana pueda sacar otro capítulo adicional, así que no lo hagan aún... perenme tantito si?
¡Besos y abrazos!
Agradecimientos:
Gracias a... Celes, Noriko Sakuma, Kaori Koneko, Oro Makoto Hayama, Haima, Leaven, Dark Goddess, Annie y Aguila Fanel por sus comentarios, se les quiere de gratis.
