Capítulo 6
Los personajes de Yugi-oh no me pertenecen.
N/A: (chapter update: 6/25/2016
Jounouchi sintió cómo el humano se tensaba y se quedaba muy quieto, su mirada fija en algo cerca de ellos, pero más allá del claro. Volteó la cabeza con lentitud y desde su posición pudo ver la silueta de un lobo blanco de ojos claros que los miraba fijamente y mostraba los colmillos.
"¿Honda?" El lobo retrocedió un paso cambiando la feroz actitud por una de curiosidad. Lentamente Seto se fue retirando de encima del rubio permitiéndole sentarse sobre la nieve. "Soy yo, Honda, soy Jou." El joven sonrió y comenzó a acercarse a cuatro patas a donde estaba el lobo que retrocedió levemente, aun inseguro de lo que sucedía. Seto trató de detenerlo tomándolo del brazo, no podía permitir que aquel lobo atacara al lobezno, sería catastrófico. Pero no bien lo había tocado el lobo se enfureció nuevamente, el pelaje del lomo erizado.
"Está bien, Seto, este es mi hermano Honda." Le dijo Jounouchi al tiempo que quitaba la mano de Seto de su brazo con cuidado pues no quería hacer enojar al humano de nuevo.
"¿Jounouchi?" Jounouchi pudo escuchar la voz mental del lobo sin saber que Seto no podía.
"Sí, soy yo." Le contestó con una gran sonrisa volteándose para quedar sentado mirándolo.
"¿Qué te sucedió, Jou? ¿Por qué eres un humano?" Preguntó el lobo acercándose un par de pasos al rubio, pero aún indeciso pues el moreno tenía la vista fija en él, algo que no le sentaba nada bien.
"Pues… quería probar algo nuevo, ya sabes cómo me gustan las aventuras." Le sonrió al lobo mostrando los caninos. El animal se acercó despacio y lo olisqueó. Reconoció de inmediato el olor de su amigo y meneó la cola suavemente.
"Te ves… diferente." Le dijo luego de echarle un buen vistazo.
"¿Verdad que sí?" Jounouchi abrazó repentinamente al lobo. "Te extraño mucho." Le susurró en la oreja. Honda se dejó abrazar por su amigo hasta que sintió que le rompía los huesos, por lo que se retorció hasta zafarse. Jou echó a reír de buena gana, aún podía leer el rostro de su amigo y estaba algo abochornado por la muestra de afecto. Claro que entendía que en su forma de lobo nunca hubiera podido demostrárselo de aquella forma.
"¿Y quién es el humano? Pensé que te estaba atacando." Preguntó sentándose en sus cuartos traseros y dándole una mirada fija al moreno. Jounouchi se volteó hacia Seto quien seguía sobre la nieve, en sus manos y rodillas, tan quieto como podía. El rubio tocó su brazo y se acercó.
"Este es Seto. ¿Recuerdas el humano que intentó quitarme el conejo?"
"¿Por el que te sacaron de la manada?" Gruñó Honda y Jounouchi cambió de colores.
"¡Sh!" Le tapó el hocico puesto que aún no se daba cuenta que Seto no podía entender el lenguaje del animal. La quitó cuando Honda le mordió un dedo. "¿Crees que el jefe haya olvidado el asunto?" Preguntó casi en un susurro. Honda negó.
"Está preocupado porque ninguno de tus hermanos te ha visto desde hace unos días." Le explicó intentando olisquear al moreno. Estaba tenso, más que miedo era un total estado de alerta.
"Es que tuve un pequeño percance." Se llevó la mano a la nuca avergonzado.
El lobo dio un resoplido y le puso una pata en el pecho empujándolo levemente. "¿Pequeño? ¡Ja! ¿Le llamas pequeño a ser convertido en humano?" Exclamó indignado.
"Pero al menos es mejor que dormir fuera de la madriguera." Esta vez le mostró un rostro compungido al animal mientras se tocaba la punta de los dedos índices varias veces.
Durante el tiempo que Jounouchi hablaba con Honda, Seto permanecía muy quieto en la misma posición. Los observaba interactuar, pero no se fiaba del animal. ¿Y si Jounouchi decidía que quería regresar con su compañero y volver a ser un lobo? ¿Cómo le explicaría que no conocía la forma de regresarlo a su estado normal? Pero no sería eso lo que le molestaba en esos momentos. A pesar de la interrupción y a pesar de que en esos momentos no podría acercarse al rubio aún sentía la necesidad de continuar lo que había comenzado. Se llevó una mano a la frente y se quitó los mechones de cabello castaño que le molestaban en los ojos.
"Su estado normal…" Murmuró Seto para sí mismo, se le acababa de ocurrir una idea que no había pensado antes. Sin embargo, falló en notar que ahora Jou y el lobo lo estaban observando.
"¿Se siente bien? Está hablando solo." Comentó Honda ladeando la cabeza con pura curiosidad lupina, pero sin entender lo que decía el humano.
"Suele hacer eso de vez en cuando. Oye, ¿por qué no nos acompañas a desayunar? Estoy seguro que aún no has cazado ni un sólo conejo. Eres un vago." Sonrió el rubio.
"Oye, uno preocupado por ti y mira cómo lo agradeces." El rubio lo ignoró para preguntarle a Seto su opinión.
"Seto, oye, ¡Seto!" El mencionado se sobresaltó levemente. Cuando su mente entraba en proceso creativo se olvidaba de todo a su alrededor. "¿Podría Honda acompañarnos a desayunar?"
"Jou, espera, si el jefe se entera que estuve con un humano me van a sacar de la manada también. Así como están las cosas no creo que sea buena idea decirles que el olor a humano que llevo es tuyo porque tendría que explicarles que te convirtieron en humano y que tú estuviste de acuerdo. ¿Sabes el lío que se armaría?" Le dijo Honda dando unos pasos atrás.
"Te preocupas demasiado Honda." El rubio se puso en pie y se sacudió la nieve que aún tenía en el pelo.
"¡Me preocupo por los dos! ¡Tú no te preocupas ni por ti mismo!" Exclamó el lobo molesto con la actitud tan despreocupada de su amigo.
"Por favor." Gimoteó lastimeramente y ambos, el lobo y Seto asintieron al unísono. El rubio dejó escapar una sonrisa triunfante dejando a ambos con la sensación de haber caído por las.
Seto se levantó con lentitud, sacudiéndose la nieve, consciente de que la bestia al lado del rubio podía atacarlo en cualquier momento, aunque pareciera estar tranquila. Luego se dijo a sí mismo que él no había nacido para ser precavido y dio un paso en dirección a la casa. Jounouchi lo siguió, así como un no muy convencido Honda. Ninguno se percató de que Ryou los observaba a lo lejos, todo el camino hasta entrar a la cabaña.
Jounouchi se detuvo frente al fuego de la chimenea y se quitó el abrigo de inmediato tirándolo al suelo y ya comenzaba a hacer lo mismo con las botas, regando nieve por todo el suelo. Cuando Seto lo vio lo hizo recoger el abrigo y lo regresó a la entrada de la cocina para que se quitara las botas. "Debes poner la ropa en su lugar." Le dijo con seriedad mientras lo ayudaba.
"¿Es otra regla?" Preguntó un poco molesto el rubio. Seto no le contestó y Jounouchi buscó el calor de la chimenea. Seto había dejado la puerta abierta hasta que el lobo se había sentido lo suficientemente confiado como para entrar, al cerrarla el animal dio un pequeño salto y miró cómo su única salida era bloqueada. Un leve gruñido fue la respuesta antes de ir a sentarse al lado del rubio.
"¿Sucede algo? No puedo entender lo que te dice el humano."
"Nada, es sólo que los humanos tienen demasiadas reglas." Murmuró descontento y sintió que el lobo le daba una especie de gruñido burlón. "¿Qué?"
"Ni siquiera Yami hubiera podido obligarte a seguir una regla y ahora el humano te ha hecho entrar al orden." Le dijo en un tono sarcástico.
"¡¿Qué?! ¿Cómo se te ocurre decir eso?" Exclamó indignado, pero se removió nervioso en el sofá, no podía negar totalmente las palabras de su hermano. El humano le caía bien, le gustaba su olor.
Honda miró el fuego con recelo. No confiaba en aquella luz que danzaba y crepitaba. "Vamos Jou, debes admitir que se requiere de algo más que autoridad para que te sometas."
"No entiendo qué quieres decir." Dijo cambiando de colores.
"El humano te cae bien. Dime qué estaban haciendo cuando pensé que te estaba atacando." Le dijo con picardía su hermano haciendo que el rubio se pusiera como un tomate de rojo.
"Yo… pues… él estaba…" Gruñó exasperado haciendo que Honda brincara, pero recuperando prontamente su compostura.
"No me gruñas, Jou." Lo regañó el lobo. La verdad, aunque Jounouchi siempre dijera que Honda era su hermano, no se refería a hermano de sangre, sino a hermano de manada.
"Ya cállate." Le dijo con un dejo de desesperación.
"Umh… ¿qué es ese olor?" Preguntó Honda olisqueando el aire que venía de la cocina y salivando.
"El desayuno. Y es peligroso." Jounouchi aun recordaba el calor en su boca. Honda le dio una mirada curiosa pero no le prestó demasiada atención pues el olor lo distraía.
Mientras tanto, en la cocina, Kaiba volteaba la tocineta y los huevos sin prestarles demasiada atención. Trataba de conjurar en su mente los principios de un hechizo que podría servir para regresar a Jounouchi a su estado normal y tan ensimismado estaba que al momento de voltear uno de los huevos, la gelatinosa masa se resbaló de la espátula y cayó sobre la mano con la cual sujetaba la sartén.
"Maldición." Gruñó entre dientes soltando el mango y sacudiéndose el huevo. La sartén fue a parar al suelo con el resto del desayuno. El ruido hizo que Jounouchi fuera de inmediato a la cocina a ver qué había sucedido.
"¿Seto?" Lo encontró con la mano metida en un envase con agua fría y el desayuno en el suelo.
Seto observó con desánimo su mano, todo el dorso estaba de un furioso color rojizo, tendría suerte si no se le formaban ampollas. Trató de flexionarla y maldijo suavemente. A buena hora le sucedía algo semejante. Ahora no podría realizar algunos de sus conjuros más complicados. Se agachó a recoger la sartén. Un leve gruñido alertó a Seto y a Jounouchi, que voltearon a tiempo para ver cómo Honda le cerraba el paso a Ryou.
Nuevamente se encontraba frente a uno de aquellos animales. Se quedó quieto hasta que Jounouchi se acercó y se agachó a su lado, sujetándolo por el cuello.
"Honda. Este es Ryou, es un amigo." Se apresuró a decirle. Seto le dio una mirada de ceño arrugado al recién llegado.
"Ryou, siempre llegando en el momento más oportuno." Murmuró.
"Creo que esta vez me perdí de algo bueno." Exclamó dándole una buena mirada al lobo. "¿Acaso piensas convertir tu casa en un refugio?" Sonrió de medio lado y Seto rodó los ojos.
Jounouchi alejó al lobo de la puerta para que Ryou pudiera entrar. Apenas hacerlo se percató del reciente desastre y dejó de sonreír. De inmediato tomó un paño de cocina para limpiar el desorden. "Ve a curarte la mano y ustedes dos, siéntense a la mesa. Bueno, Jou, tú siéntate, el lobo se puede quedar en el suelo."
"No tienes por qué…" Seto intentó detenerlo, pero Ryou no se lo permitió.
"Ve a curarte ahora, no querrás perder tu participación en la Convención Anual por un tonto accidente." Le amonestó con seriedad y por un rato ambos se miraron con terquedad hasta que Seto dio un resoplido desdeñoso, pero finalmente cedió.
"Demonios." Maldijo suavemente, pero se dirigió hacia el gabinete donde guardaban los primeros auxilios.
"Les prepararé el desayuno, aunque tu amigo quizás quiera comer el que cayó al suelo." Dijo al tiempo que recogía con la espátula los huevos y la tocineta que habían caído y los ponía en un plato.
Jounouchi hizo un leve puchero. "Pero yo tengo hambre también. ¿Por qué no puedo comerlos yo?"
"Tú no puedes comer lo que se cae al suelo Jou, puedes enfermarte…" Comenzó a decir Ryou pero Jounouchi gruñó su descontento.
"¡Reglas!" Dejó caer los brazos y la cabeza sobre la mesa.
"No son reglas, son buenos consejos y no me gruñas." Le recriminó con la espátula en la mano. Jounouchi sintió una risita a su lado y entrecerró los ojos para mirar a su hermano lobo.
"Creo que te hará bien estar con estos dos humanos." Murmuró Honda relamiéndose el hocico.
A Jounouchi comenzaba a molestarle la actitud de su amigo, pero se limitó a un breve resoplido. "Ja, ja."
Ryou entró a la recámara de Seto para verlo sentado en su escritorio, la mano ya curada y con la otra escribiendo algunos símbolos en un antiguo pergamino. Reconoció el pergamino como el que usaba para escribir hechizos. Traía consigo lo que sabía le gustaba a Seto en las mañanas, un café cargado, tostadas con mantequilla y algo de mermelada.
"¿Seto?" El hombre apenas dio muestras de darse por enterado. Escribía rápidamente, tachando y re-escribiendo. "¿Qué haces?" Se asomó por encima de su hombro y comenzó a leer en voz baja.
"¿Dónde dejaste a los lobos?" Le preguntó el moreno sin levantar la vista del pergamino sorprendiendo la curiosidad de Ryou.
"Siguen en la cocina. Vine a traerte algo antes que esos dos acaben con la alacena." Le dijo divertido. "Veo que has estado pensando en el hechizo."
"Es un contra hechizo. Lo que pretende es revertir cualquier hechizo sin la necesidad de conocer cómo trabaja."
"¿Entonces podrías revertir tu propio hechizo o el de cualquiera?"
"Eso sería estupendo. Pero no crea que pueda revertir el de otros, sólo los míos. Cada mago tiene peculiaridades al crear sus hechizos. Si trabajo con las mías tal vez encuentre una llave maestra, por así decirlo. Solo espero que a Jounouchi no se le antoje dejar de ser humano aún." Dijo Seto con un gesto de preocupación. Ryou sonrió suavemente. Nunca había visto a Seto tan preocupado, sintiéndose responsable de lo que pudiera pasarle al lobezno. Otro en su lugar ya habría olvidado el asunto diciéndose que era tan solo una bestia salvaje y que realmente no importaba lo que le sucediera.
"Estoy seguro que funcionará." Lo alentó.
"Me tienes mucha confianza." Susurró el moreno con seriedad, pero sin voltearse a verlo. "¿Por qué?" La pregunta tomó a Ryou por sorpresa, que no se esperaba que su amigo lo cuestionara al respecto. "Desde que te encontré sobre la nieve aquella mañana, desde que me viste por primera vez has confiado en mí y no te importa si te trato mal, siempre estás ahí. ¿Por qué?"
"Te debo la vida. ¿No es eso suficiente?" Le dijo Ryou acercándose más a Seto y bajando la cabeza hasta el hombro del moreno. Sus cabellos blancos rozaron los del moreno en agudo contraste.
"Supongo que tiene algo de lógica. Pero eso no explica algunas cosas." Ryou cerró los ojos, satisfecho de poder estar cerca del moreno sin que este lo rechazara. No siempre tenía la oportunidad. Kaiba, como solían llamarlo todos los demás, era un hombre de modales ásperos. Pero para él Kaiba era a veces complaciente, a veces suave. Un ser aislado de todo contacto humano por mucho tiempo recibe con agrado cualquier compañía luego de un tiempo y Ryou había sido bienvenido por Seto la más de las veces. El silencioso albino le había ofrecido su compañía en muchas y diversas ocasiones, desde una simple cacería, hasta una noche demasiado fría. Nunca le había pedido nada a cambio, no era como si Ryou pareciera necesitar más que la misma compañía que compartía con él.
El joven le pasó las manos por la cintura y le plantó algunos besos en el cuello, probando el humor de Seto. El moreno respondió ladeando la cabeza un poco y permitiéndole continuar.
Al parecer necesitaba el contacto porque cerró los ojos y emitió un sonido satisfecho. Sabía que era injusto, pero recordaba la sensación de tener al rubio bajo su cuerpo y se le antojaba. Las caricias de Ryou calmaban su ansiedad.
Tan absortos estaban en las sensaciones que olvidaron que la puerta hacia la recámara aún estaba abierta. El desayuno había quedado olvidado sobre la mesa, así como el pergamino y la tinta cuando Seto exigió que las caricias se volvieran más serias.
Honda terminó el abundante desayuno que Ryou le había preparado relamiéndose el hocico. Nunca antes había probado un cebo tan delicioso en presa alguna. Jounouchi había comido con un poco más de recelo, su boca aun sentía la quemada que se había dado. "Creo que es suficiente desayuno." Musitó el rubio a su amigo. Solían cazar uno o dos conejos en la mañana y con eso tenían hasta el atardecer. Era tiempo de descansar o jugar. Honda se levantó y se dedicó a olisquear la casa mientras que Jounouchi se dirigió al estudio de Seto.
Se acercó con pasos silenciosos, como era la costumbre de los lobos y se quedó de pie en la puerta. Por lo que podía ver, Seto y Ryou tocaban sus narices mientras sus manos se aferraban a sus cuerpos. Ladeó la cabeza levemente y se quedó allí tratando de entender. Había visto a algunos de sus mayores tocar sus hocicos, lamerse las caras y retozar, como símbolo de afecto, pero nunca había visto a los humanos compartiendo afecto.
Honda llegó a su lado al notar que su atención estaba fija en el interior del cuarto. "¿Qué crees que puedan estar haciendo?" Preguntó ladeando la cabeza de la misma forma en que Jounouchi lo había hecho antes.
"Cuando estaba tirado sobre la nieve Seto hizo algo parecido…" Susurró Jounouchi. "Él… tocó mi cuello…" El lobo pareció alarmado al escucharle decir aquello. "Pero no me hizo daño. Simplemente tocó mi cuello con su boca. Y luego tocó mi boca con la suya."
"¿Por qué?" Preguntó ladeando la cabeza un poco más.
"Pensé que estaba enojado, así que le mostré el cuello y luego comenzó a hacer eso. No se sentía mal." Jounouchi se encogió de hombros.
"¿Crees que sea alguna especie de costumbre entre humanos?" Honda se relamió el hocico y sus patas delanteras se removieron intranquilas. Jounouchi continuaba observando y podía escuchar a los humanos emitiendo leves sonidos que le erizaban la piel pero que parecían no afectar al lobo.
"¿Tú crees?" Preguntó Jou ladeando también la cabeza.
"Pareciera… No estoy seguro. ¿Así como lamerse las orejas?" El rubio sonrió divertido al recordar, pero negó.
"Estoy seguro que si me vieran haciéndote eso me saldrían con algo así como… no puedes hacer eso porque podrías enfermarte." Musitó. El lobo se acostó en el suelo y bajó la cabeza.
"Pues no le veo la diferencia. ¿Puedes ver cómo se entran a lengüetazos?" Jounouchi aguzó la mirada intentando ver lo que su amigo le decía, pero la verdad apenas podía ver que juntaban sus narices en lo que parecía ser un gesto tierno. Se dijo a sí mismo que quedarse allí no le iba ayudar a aprender. Quería saber más de los humanos y aquella le parecía una buena oportunidad.
"Bueno, creo que sólo hay una forma de averiguar qué es lo que significa." Se dijo más a sí mismo que a su amigo.
"¿Jou?" El lobo vio con pánico cómo el rubio abría la puerta y se deslizaba al interior. "¡Jou!"
"Silencio… Me los vas a espantar." Le dijo el rubio. Se acercó sigilosamente, como sólo podía hacer un lobo. Ya no tenía el abrigo puesto, apenas la bata que Seto le había dado en la mañana. Cuando estuvo firmemente plantado tras Ryou deslizó sus manos por la cintura, pegándose a su cuerpo. Ryou se alejó de Seto con rapidez, tomado por sorpresa con la caricia del rubio.
"Pero qué…" Ryou no tuvo tiempo de decir nada más porque Jounouchi lo acercó e hizo lo mismo que hasta hace unos instantes Seto había estado haciendo. El abrazo del rubio era firme y la temperatura de Ryou subió unos grados al momento. Se aferró a sus hombros para empujarlo, pero Jounouchi no cedió, sino que lo pegó más a su cuerpo.
Seto estaba tan sorprendido que sólo podía mirar cómo Jounouchi besaba a Ryou a consciencia. El rubio hundió su lengua en la boca del joven quien gimió de sorpresa al sentirlo y aunque intentó alejarse las sensaciones pudieron más que él y terminó relajándose en los brazos del rubio. Sintió que perdía fuerza en las piernas, pero el rubio aún lo sostenía y continuaba el beso.
Cuando Jounouchi decidió que era suficiente lo soltó un poco y para su sorpresa Ryou se deslizó de entre sus brazos. Seto reaccionó a tiempo y lo tomó de la cintura de tal forma que cayó sentado en sus rodillas.
"¿Ryou?" El chico estaba profundamente sonrojado y respiraba entre jadeos, los ojos levemente cerrados. "¿Estás bien?" Le dijo moviéndolo con suavidad. Ryou atinó a señalar a Jounouchi quien se relamía los labios como si hubiera probado el mejor postre del mundo.
"Seto, él es peligroso." Dicho lo cual se recostó del pecho de Seto para intentar tranquilizarse.
Notas Finales:
Lamento haber tardado tanto, como suele suceder, a veces nos llegan asuntos sobre los cuales no tenemos control y que nos vuelven todo al revés.
¡Gracias por leer!
Agradecimientos:
Gracias a... Hikaru, Amazona Verde, Leaven y Dark Goddess por sus comentarios. ¡Besos y abrazos!
