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Capítulo 7
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Los personajes de Yugioh pertenecen a su creador.
Gomen-nasai por la tardanza.
Gracias a... AGUILA FANEL, Tenken Gatsu, Erichan (me parece que hentai es un genero, como decir pervertido... pero no estoy muy segura... ejem, alguien que ilumine nuestras mentecitas por favor!), ANNIE y Amazona Verde por dejarme sus opiniones.
Lamento no poder dejar una historia en la cual ponga cómo fue que Seto y Ryou se conocieron con todo detalle porque echaría a perder una parte de la historia que más adelante voy a sacar... pero no te preocupes, uno de los dos ha de recordar algo... pronto.
Por lo demás, espero que disfruten de este capítulo, cuidense mucho.
*******
"Jou." Seto gruñó peligrosamente y Jounouchi dejó de sonreir.
"¿Lo hice mal?" Ante la inocente actitud Seto no pudo más que llevarse la mano libre a la sien y suspirar profundamente.
"Yo pienso que lo hizo muy bien." Sonrió Ryou dándole una mirada satisfecha.
"Ryou, no lo ayudes." Murmuró Seto volteándo los ojos.
"Sólo hice lo que tú mismo hiciste." Dijo Jou rascándose la cabeza. "¿Es algo malo?" Ryou comenzó a reir de buena gana aún cuando Seto lo empujó de su regazo y cayó al suelo. El peliblanco no podía parar al ver la variada tonalidad de rojos que podía tomar la cara del mago.
"Ustedes dos me la van a pagar tarde o temprano." Murmuró disgustado provocando aún más la risa de Ryou, quien apenas podía respirar. De pronto su rostro tomó una extraña expresión. Una peligrosa media sonrisa se mostró para el horror de Ryou. "Ya sé lo que van a hacer." Dijo al tiempo que agarraba a Bakura por las ropas y lo ponía en pie. "Tú irás a donde sea que tienes tu cabaña y empacarás lo más indispensable. Me acompañarás a la Convención."
"No. Set, no me puedes hacer eso." Le dijo en un hilo de voz el muchacho.
"Claro que puedo, irás conmigo y Jou también nos acompañará. Por lo que te necesito para que me ayudes a que no se meta en problemas."
"¡Oye! Yo sé cuidarme solo."
"En la montaña sabes cuidarte solo, pero en una reunión de magos hasta yo tengo problemas cuidándome las espaldas." Un ahogado gruñido llamó la atención de los tres.
*¿Puedo ir contigo Jou?*
"Ahh, eso sí que no, el lobo se queda aquí." Gruñó Seto autoritario. "Serías más que suficiente con que Jou fuera." Dijo al tiempo que se levantaba decidido, pero se encontró con un par de miradas tristes, la de Jou y la de Bakura. "Demonios." Musitó entre dientes. "Dije que no."
Jounouchi, al ver que la táctica no estaba funcionando, lo atrapó del brazo y lo obligó a voltear. Lo próximo que supo Seto fue que sus sentidos eran invadidos por la más agradable de todas las sensaciones pero no el tiempo suficiente. "¿Puede ir?" Susurró Jou despegando levemente sus labios de los de Seto. Si la reacción de Ryou era algún indicador, seguramente podría convencer al humano de la misma forma en que había puesto al peliblanco a su favor.
"N... ummhh..." Trató de negarse pero el rubio lo volvió a atrapar.
"¿Puede ir?" Repitió cuando lo dejó respirar.
"Jou... mmmhh..." Seto comenzaba a perder todo razonamiento ante el ataque.
"¿Por favor?"
"Por todos los cielos, Jou... mmmmmhh..." Esta vez el rubio ni siquiera le preguntó, Seto ya estaba demasiado ido como para contestar coherentemente, sin embargo un movimiento de la cabeza indicó su acuerdo.
"¡¡Sí!!" De la alegría volvió a atrapar la boca de Seto, dándole un beso que atentaba con robarle la respiración al moreno. Lo soltó y comenzó a saltar por la habitación de la alegría. Honda lo acompañó en su extraña demostración de alegría. Bakura sonrió desde su lugar.
"Te dije que es peligroso." Dijo con satisfacción apenas contenida al ver el rostro de Seto cambiar de colores aún cuando no se le quitaba aquella cara de tonto.
*******
Seto aún no podía creer que había accedido a llevar al lobo con ellos. Además estaba el problema de si asustaría a los caballos o no. Sus preocupaciones pasaron de ser simples brisas invernales a completas nevadas. En primer lugar se acababa de enterar que Ryou nunca había subido a un caballo. El enorme animal, algo peludo por el frío de la estación, tampoco parecía llevarse bien con el joven, relinchaba y corcoveaba cada vez que Ryou intentaba siquiera acercarse. El mismo fenónemo pasaba con el animal de Jounouchi.
Finalmente optó por enganchar ambos caballos a un enorme trineo en el cual subieron el equipaje, el lobo y los dos jóvenes, aunque Seto no cesaba de echarles miradas desconfiadas. Decidió que no resolvería nada con preocuparse por el momento, después de todo le daba algo de serenidad el hecho de que no dejaría a esos dos solos por una semana en la cabaña. Después del suceso de la mañana anterior Jounouchi parecía no entender realmente lo que había hecho. Con un corto aguijoneo a su caballo emprendieron la marcha.
*******
El nevado paisaje cubría la extensión completa de las montañas y su valle, pero más allá de eso el paisaje comenzaba a reverdecer lentamente. Jounouchi, Ryou y el lobo admiraban asombrados el cambio. No era usual que alguno de ellos conociera otra estación que no fuera la blanca alfombra nevada. De Jou y del lobo era de esperarse, nunca habían bajado de las montañas, pero Seto se sorprendió al ver la misma expresión en el rostro de Bakura. Usualmente solía visitar a su hermano por varias semanas a través de todo el año y siendo que el joven vivía en un lugar un poco más templado ya estaba acostumbrado. Quizás Ryou sólo había bajado alguna vez al pueblo, pero aún así le sorprendía el hecho. Al final del día habían pasado dos pequeños poblados y varias rústicas aldeas. En el último pueblo consiguió un lugar donde pasar la noche para los tres ocupantes, aunque aún existía el problema del lobo. Jou se había negado a permitir que su *amigo* pasara la noche en un lugar que no conocía aunque no fuera tan frío y era imposible que Seto lo hiciera pasar por un perro a menos que...
"Una ilusión mágica." Dijo finalmente y comenzó a susurrar las palabras, prontamente la blanca bestia tomó la semblanza de un perro para trineos. Aún así, el truco no engañaría a ninguno de los perros que hubiera en los corrales. Por una suma adicional logró que le permitieran subir al animal... de hecho, una suma considerable, ya que el dueño de la posada, a pesar de ver a un perro, no quería dejar subir al animal.
"Debes comportarte Honda, si necesitas cualquier cosa despiértame a mí o a Ryou, mejor a Ryou, él sabrá qué hacer." Le susurró el rubio en la oreja al lobo.
*Bah, ¡mira quién lo dice!* Gruñó el lobo por lo bajo, obteniendo una mirada de desaprobación del moreno de ojos azules. *Bien, bien, lo que sea. Pero no esperes que te mueva la cola y te saque la lengua como aquellos tontos de allá.* Dijo al tiempo que le daba una mirada a los corrales donde estaban el resto de los perros de trineo. Jounouchi dejó escapar una sonora carcajada que atrajo la atención de Seto y de Ryou a la vez.
"Vaya, vaya, ¿pero qué tenemos aquí?" Una voz burlona se hizo eco en el pasillo en el justo momento en que se dirigían a sus habitaciones. Seto volteó lentamente, cruzándose de brazos y aguzando la mirada. La posición puso en guardia a sus tres acompañantes de inmediato, teniendo Jou que reprimir un leve gruñido que se hizo eco en Honda pero con más fiereza. "Oye, dile a tus perros que se tranquilicen." Añadió con sorna.
"Isthar." El nombre salió como un siseo entre los dientes de Kaiba. "¿A qué debemos esta desagradable coincidencia?"
"¿Es que acaso no puedo hospedarme donde me plazca, como todo mago honesto?" Dijo haciendo un gesto con la mano.
"Como todo mago... pero lo de honesto..."
"Hieres mi noble alma." Dijo al tiempo que se hacía el ofendido. Kaiba optó por no prestarle más atención y Marik Ishtar siguió con sus enormes ojos púrpuras la procesión tras el afamado mago. Sus ojos recayeron en los platinados cabellos de Ryou, sin hacerle caso a ninguno de los otros acompañantes. Por unos momentos sólo pudo ver los cabellos y las espaldas de su dueño pero cuando Ryou volteó, los obscuros ojos color chocolate se detuvieron largamente en los suyos. El joven era exquisito en su opinión. Se humedeció los labios con lentitud, la vista aún fija en la del joven y lo vio tomar un leve pero seguro tinte rosado. Sonrió para sus adentros, aquella sería una presa fácil si con sólo una mirada podía hacerlo sonrojar. Los vio entrar a una de las habitaciones más amplias y arrugó el ceño. Si todos ocupaban la misma habitación no tendría oportunidad de escurrirse a la habitación del albino esa noche. Maldijo en su mente. Kaiba siempre tenía una forma muy peculiar de complicar sus deseos.
A la mañana siguiente un muy agitado Honda salió de la posada como alma que llevaba el diablo, tras el un furioso Ryou agitaba una de sus camisas. El lobo, durante la noche, se había conseguido la prenda y había dormido sobre ella, por lo que ahora Ryou tendría que buscar entre sus pocas pertenencias algo que le sirviera durante el viaje hasta que pudiera conseguir lavar aquella. Traía cara de pocos amigos y cuando regresó se topó con un sonriente Marik al principio del pasillo.
"Buenos días, ¿sucede algo?" Preguntó con una amable sonrisa. Ryou lo observó por unos momentos antes de desviar la mirada.
"No... nada en especial." Dijo mientras sujetaba fuertemente la camisa. Estaba a punto de rebasarlo cuando el hombre le arrebató la camisa de las manos.
"¿Y esto?" Observó la camisa por ambos lados, estaba sucia con algo que parecía tierra y unas huellas, decididamente el perro que habían llevado con ellos. "Umhh... es por esto que no permiten mascotas en las habitaciones." Le dijo con cierto tono de sarcasmo. Ryou le trató de arrebatar la camisa pero el hombre la sacó de su alcance con rapidez.
"Devuélvemela, por favor." Le pidió el albino luego de componerse, la mirada peligrosa.
"No te sirve de nada y si van a salir ahora no podrás esperar a que la limpien."
"Ese no es tu asunto." Refunfuñó con molestia. A Marik le pareció que el rostro semi enojado del albino era lo más interesante que había visto en mucho tiempo.
"Hagamos un trato. Yo no partiré hasta más tarde y sé que se dirigen a la Convención Anual..."
"¿Cómo lo sabes?" Preguntó el albino con sorpresa.
"Yo también participo en ella y sé que Seto es la estrella principal del evento. Pero no hablemos de cosas desagradables." Comentó al tiempo que torcía los labios. "Quieres escuchar lo que tengo que decirte?" El joven asintió levemente y se cruzó de brazos.
"Tengo otras camisas que pueden servirte para el camino, escoge una o varias de ellas y cuando lleguemos a la Convención me las puedes devolver."
"¿Y eso es a cambio de qué?"
"Ahh... no podría ser un simple gesto para mostrar mi lado bueno?"
"Dijiste que sería un trato." Dijo el albino entrecerrando los ojos con desconfianza.
"Ummhh... astuto." El joven sólo dio un resoplido. "¿Podría ser a cambio de un beso?" Le dijo en un tono de voz que desbordaba sensualidad. Ryou se sintió demasiado sorprendido como para responder pero al rato salió de su estupor. ¿Quién se creía aquel hombre que era él? Con un gesto de indignación le arrebató la camisa y se dirigó pasillo abajo a la habitación donde Jou y Seto lo esperaban.
Marik suspiró profundamente, plantándose una sonrisa nublaba. "Tiene temperamento." Murmuró más para sí que para cualquier otro. "Eso me agrada." Se internó en su habitación y comenzó a alistarse, en su mente comenzaba a fraguarse un plan.
Una hora más tarde, Seto, Ryou y Jounouchi bajaban con sus pertenencias al comedor de la hospedería. Mientras Ryou ordenaba para todos, Seto y Jounouchi se dedicaron a poner las cosas en orden en el trineo. Un Marik Ishtar muy cuidadoso se acercó a donde estaba el albino y se sentó en silencio en una de las mesas contiguas pero no muy cercanas. El joven vestía una camisa demasiado grande para ser suya bajo el abrigo que le había visto el día anterior. Arrugó el ceño, Seto debía haberle prestado una de las suyas. ¿Acaso eso significaba que el mago y el albino tenían algo entre ellos? Y de ser así, ¿qué rayos pintaba el rubio en todo aquello? Cuando la muchacha que tomaba las órdenes terminó con la de Ryou, se dirigió a él y por consecuente, la mirada del joven se desvió a donde se hallaba sentado.
Lo vio voltear rápidamente en el momento en que sus miradas se encontraron y una sonrisa se dibujó en el rostro de Marik como saludo. Le pidió un café muy cargado a la jovencita que pronto se retiró. Desde su posición podía observar el perfil del joven. Era el perfil de la inocencia cuando no tenía aquella mirada recelosa que le había visto en la mañana. Al poco rato vio regresar a sus compañeros de viaje. Kaiba lucía como siempre, arrogante en aquella forma tan suya que lo hacía querer golpearlo a veces, humillarlo hasta que no pudiera levantar su rostro, pero había aprendido en poco tiempo que Seto Kaiba no era persona fácil de humillar. Observó entonces al rubio que los acompañaba, si bien los movimientos eran gráciles, sus acciones y su comportamiento eran algo... desconcertantes. No bien llevaba unos minutos observando al joven cuando este se volvió y lo miró fijamente a los ojos. Una especie de advertencia pasó por aquellas extrañamente claras profundidades. "Jummhh..." pensó para sus adentros. "Esto es interesante." Levantó la mano para saludar al chico pero no recibió respuesta hasta que Seto se dio cuenta de lo que sucedía y rependió levemente al joven.
El desyauno del grupo continuó sin incidentes hasta que el joven de los cabellos rubios se levantó de la mesa con una buena cantidad de comida en un plato y salió afuera. Seto dejó unas monedas sobre la mesa y el albino lo siguió. Pausaron levemente para susurrarse algo que no pudo escuchar y continuaron. De repente Seto gruñó suavemente y le hizo señales a su compañero para que continuara mientras él regresaba a su habitación. Marik vio ahí la oportunidad que buscaba y se levantó de la mesa.
Siguió a Kaiba hasta la recámara y desde la puerta lo vio sacar unos pergaminos de una de las gavetas y guardarlos en su grueso abrigo de pieles blancas. Cuando el moreno iba de salida se topó con el hombre de los ojos púrpuras. "¿Qué quieres?"
"Oh, vamos, Kaiba, ¿qué formas son esas de saludar a un compañero mago?" Kaiba se limitó a continuar observándolo sin dar muestras de querer caer en su juego. Suspiró levememente, vaya que era dificil lograr que Kaiba le siguiera el juego. "Sólo quería saber si podía acompañarlos en el camino a la Convención. El camino es algo largo y no me gustaría recorrerlo solo este año." Kaiba levantó una ceja de forma casi imperceptible. ¿El temible Ishtar le estaba pidiendo permiso para acompañarlos durante el viaje? Aquello tenía toda la pinta de una treta.
"Olvídalo." Masculló.
"De todas formas terminaría siguiéndolos. ¿Acaso no estarías más tranquilo sabiendo dónde estoy antes que preocuparte por lo que podría estar planeando?" Kaiba se detuvo en seco. Para los estándares de Marik aquello era casi suplicar. El muy bastardo nunca forzaba su suerte, menos con él. Lo observó de arriba a abajo.
"Sólo si utilizara un hechizo de control mental sobre ti." Le soltó con honesta sorpresa.
"¿No hablarás en serio?" Le replicó el hombre con algo de duda.
"No me digas que estás contemplando la posibilidad de permitírmelo." Era una situación que nunca había pasado por su cabeza siquiera en su imaginación. Que Marik Ishtar le pidiera, no, le suplicara poder acompañarlo y que realmente estuviera considerando someterse a sus términos. Definitivamente algo olía mal allí, sino Ishtar no tendría tanta urgencia por acompañarlos. La desconfianza aumentó considerablemente pero Kaiba se mantuvo impasible.
"No... creo que mi interés no llega a tanto." Replicó el hombre con algo de decepción en su rostro. "En fin, supongo que tendré que esperar a estar en la Convención."
"Ishtar." Gruñó Seto a sus espaldas.
"Sabes... me gusta como haces resonar la última sílaba, es muy... interesante." Le dijo con picarída pobremente contenida.
"Acompáñanos, pero al primer problema me aseguraré que no llegues a la Convención a tiempo." Volvió a gruñir el moreno y Marik sonrió ampliamente. "No tardes demasiado o te quedarás solo."
"Como ordenes Kaiba." Dijo risueñamente y se dispuso a terminar de prepararse antes de que el moreno cambiara de opinión.
Ryou vio con algo de confusión cuando Marik alistó sus caballos al lado del trineo y le echó una mirada de interrogación al moreno quien simplemente se volteó y se dispuso a emprender la marcha. El albino entonces miró al hombre que comenzaba a cabalgar justo al lado del trineo. Marik se limitó a sonreir ampliamente y Bakura volteó los ojos con resignación. Aquel, sin duda, iba a ser un viaje largo para él. Una blanca centella salió disparada desde los arbustos cercanos y comenzó a seguir el trineo. "¡Apúrate Honda!" Gritó el rubio alegremente mientras reía al ver que su amigo corría muy agitadamente con la lengua por fuera.
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Dudas, comentarios, preguntas, flamas, todo es bienvenido. Ja-ne minna- san.
Capítulo 7
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Los personajes de Yugioh pertenecen a su creador.
Gomen-nasai por la tardanza.
Gracias a... AGUILA FANEL, Tenken Gatsu, Erichan (me parece que hentai es un genero, como decir pervertido... pero no estoy muy segura... ejem, alguien que ilumine nuestras mentecitas por favor!), ANNIE y Amazona Verde por dejarme sus opiniones.
Lamento no poder dejar una historia en la cual ponga cómo fue que Seto y Ryou se conocieron con todo detalle porque echaría a perder una parte de la historia que más adelante voy a sacar... pero no te preocupes, uno de los dos ha de recordar algo... pronto.
Por lo demás, espero que disfruten de este capítulo, cuidense mucho.
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"Jou." Seto gruñó peligrosamente y Jounouchi dejó de sonreir.
"¿Lo hice mal?" Ante la inocente actitud Seto no pudo más que llevarse la mano libre a la sien y suspirar profundamente.
"Yo pienso que lo hizo muy bien." Sonrió Ryou dándole una mirada satisfecha.
"Ryou, no lo ayudes." Murmuró Seto volteándo los ojos.
"Sólo hice lo que tú mismo hiciste." Dijo Jou rascándose la cabeza. "¿Es algo malo?" Ryou comenzó a reir de buena gana aún cuando Seto lo empujó de su regazo y cayó al suelo. El peliblanco no podía parar al ver la variada tonalidad de rojos que podía tomar la cara del mago.
"Ustedes dos me la van a pagar tarde o temprano." Murmuró disgustado provocando aún más la risa de Ryou, quien apenas podía respirar. De pronto su rostro tomó una extraña expresión. Una peligrosa media sonrisa se mostró para el horror de Ryou. "Ya sé lo que van a hacer." Dijo al tiempo que agarraba a Bakura por las ropas y lo ponía en pie. "Tú irás a donde sea que tienes tu cabaña y empacarás lo más indispensable. Me acompañarás a la Convención."
"No. Set, no me puedes hacer eso." Le dijo en un hilo de voz el muchacho.
"Claro que puedo, irás conmigo y Jou también nos acompañará. Por lo que te necesito para que me ayudes a que no se meta en problemas."
"¡Oye! Yo sé cuidarme solo."
"En la montaña sabes cuidarte solo, pero en una reunión de magos hasta yo tengo problemas cuidándome las espaldas." Un ahogado gruñido llamó la atención de los tres.
*¿Puedo ir contigo Jou?*
"Ahh, eso sí que no, el lobo se queda aquí." Gruñó Seto autoritario. "Serías más que suficiente con que Jou fuera." Dijo al tiempo que se levantaba decidido, pero se encontró con un par de miradas tristes, la de Jou y la de Bakura. "Demonios." Musitó entre dientes. "Dije que no."
Jounouchi, al ver que la táctica no estaba funcionando, lo atrapó del brazo y lo obligó a voltear. Lo próximo que supo Seto fue que sus sentidos eran invadidos por la más agradable de todas las sensaciones pero no el tiempo suficiente. "¿Puede ir?" Susurró Jou despegando levemente sus labios de los de Seto. Si la reacción de Ryou era algún indicador, seguramente podría convencer al humano de la misma forma en que había puesto al peliblanco a su favor.
"N... ummhh..." Trató de negarse pero el rubio lo volvió a atrapar.
"¿Puede ir?" Repitió cuando lo dejó respirar.
"Jou... mmmhh..." Seto comenzaba a perder todo razonamiento ante el ataque.
"¿Por favor?"
"Por todos los cielos, Jou... mmmmmhh..." Esta vez el rubio ni siquiera le preguntó, Seto ya estaba demasiado ido como para contestar coherentemente, sin embargo un movimiento de la cabeza indicó su acuerdo.
"¡¡Sí!!" De la alegría volvió a atrapar la boca de Seto, dándole un beso que atentaba con robarle la respiración al moreno. Lo soltó y comenzó a saltar por la habitación de la alegría. Honda lo acompañó en su extraña demostración de alegría. Bakura sonrió desde su lugar.
"Te dije que es peligroso." Dijo con satisfacción apenas contenida al ver el rostro de Seto cambiar de colores aún cuando no se le quitaba aquella cara de tonto.
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Seto aún no podía creer que había accedido a llevar al lobo con ellos. Además estaba el problema de si asustaría a los caballos o no. Sus preocupaciones pasaron de ser simples brisas invernales a completas nevadas. En primer lugar se acababa de enterar que Ryou nunca había subido a un caballo. El enorme animal, algo peludo por el frío de la estación, tampoco parecía llevarse bien con el joven, relinchaba y corcoveaba cada vez que Ryou intentaba siquiera acercarse. El mismo fenónemo pasaba con el animal de Jounouchi.
Finalmente optó por enganchar ambos caballos a un enorme trineo en el cual subieron el equipaje, el lobo y los dos jóvenes, aunque Seto no cesaba de echarles miradas desconfiadas. Decidió que no resolvería nada con preocuparse por el momento, después de todo le daba algo de serenidad el hecho de que no dejaría a esos dos solos por una semana en la cabaña. Después del suceso de la mañana anterior Jounouchi parecía no entender realmente lo que había hecho. Con un corto aguijoneo a su caballo emprendieron la marcha.
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El nevado paisaje cubría la extensión completa de las montañas y su valle, pero más allá de eso el paisaje comenzaba a reverdecer lentamente. Jounouchi, Ryou y el lobo admiraban asombrados el cambio. No era usual que alguno de ellos conociera otra estación que no fuera la blanca alfombra nevada. De Jou y del lobo era de esperarse, nunca habían bajado de las montañas, pero Seto se sorprendió al ver la misma expresión en el rostro de Bakura. Usualmente solía visitar a su hermano por varias semanas a través de todo el año y siendo que el joven vivía en un lugar un poco más templado ya estaba acostumbrado. Quizás Ryou sólo había bajado alguna vez al pueblo, pero aún así le sorprendía el hecho. Al final del día habían pasado dos pequeños poblados y varias rústicas aldeas. En el último pueblo consiguió un lugar donde pasar la noche para los tres ocupantes, aunque aún existía el problema del lobo. Jou se había negado a permitir que su *amigo* pasara la noche en un lugar que no conocía aunque no fuera tan frío y era imposible que Seto lo hiciera pasar por un perro a menos que...
"Una ilusión mágica." Dijo finalmente y comenzó a susurrar las palabras, prontamente la blanca bestia tomó la semblanza de un perro para trineos. Aún así, el truco no engañaría a ninguno de los perros que hubiera en los corrales. Por una suma adicional logró que le permitieran subir al animal... de hecho, una suma considerable, ya que el dueño de la posada, a pesar de ver a un perro, no quería dejar subir al animal.
"Debes comportarte Honda, si necesitas cualquier cosa despiértame a mí o a Ryou, mejor a Ryou, él sabrá qué hacer." Le susurró el rubio en la oreja al lobo.
*Bah, ¡mira quién lo dice!* Gruñó el lobo por lo bajo, obteniendo una mirada de desaprobación del moreno de ojos azules. *Bien, bien, lo que sea. Pero no esperes que te mueva la cola y te saque la lengua como aquellos tontos de allá.* Dijo al tiempo que le daba una mirada a los corrales donde estaban el resto de los perros de trineo. Jounouchi dejó escapar una sonora carcajada que atrajo la atención de Seto y de Ryou a la vez.
"Vaya, vaya, ¿pero qué tenemos aquí?" Una voz burlona se hizo eco en el pasillo en el justo momento en que se dirigían a sus habitaciones. Seto volteó lentamente, cruzándose de brazos y aguzando la mirada. La posición puso en guardia a sus tres acompañantes de inmediato, teniendo Jou que reprimir un leve gruñido que se hizo eco en Honda pero con más fiereza. "Oye, dile a tus perros que se tranquilicen." Añadió con sorna.
"Isthar." El nombre salió como un siseo entre los dientes de Kaiba. "¿A qué debemos esta desagradable coincidencia?"
"¿Es que acaso no puedo hospedarme donde me plazca, como todo mago honesto?" Dijo haciendo un gesto con la mano.
"Como todo mago... pero lo de honesto..."
"Hieres mi noble alma." Dijo al tiempo que se hacía el ofendido. Kaiba optó por no prestarle más atención y Marik Ishtar siguió con sus enormes ojos púrpuras la procesión tras el afamado mago. Sus ojos recayeron en los platinados cabellos de Ryou, sin hacerle caso a ninguno de los otros acompañantes. Por unos momentos sólo pudo ver los cabellos y las espaldas de su dueño pero cuando Ryou volteó, los obscuros ojos color chocolate se detuvieron largamente en los suyos. El joven era exquisito en su opinión. Se humedeció los labios con lentitud, la vista aún fija en la del joven y lo vio tomar un leve pero seguro tinte rosado. Sonrió para sus adentros, aquella sería una presa fácil si con sólo una mirada podía hacerlo sonrojar. Los vio entrar a una de las habitaciones más amplias y arrugó el ceño. Si todos ocupaban la misma habitación no tendría oportunidad de escurrirse a la habitación del albino esa noche. Maldijo en su mente. Kaiba siempre tenía una forma muy peculiar de complicar sus deseos.
A la mañana siguiente un muy agitado Honda salió de la posada como alma que llevaba el diablo, tras el un furioso Ryou agitaba una de sus camisas. El lobo, durante la noche, se había conseguido la prenda y había dormido sobre ella, por lo que ahora Ryou tendría que buscar entre sus pocas pertenencias algo que le sirviera durante el viaje hasta que pudiera conseguir lavar aquella. Traía cara de pocos amigos y cuando regresó se topó con un sonriente Marik al principio del pasillo.
"Buenos días, ¿sucede algo?" Preguntó con una amable sonrisa. Ryou lo observó por unos momentos antes de desviar la mirada.
"No... nada en especial." Dijo mientras sujetaba fuertemente la camisa. Estaba a punto de rebasarlo cuando el hombre le arrebató la camisa de las manos.
"¿Y esto?" Observó la camisa por ambos lados, estaba sucia con algo que parecía tierra y unas huellas, decididamente el perro que habían llevado con ellos. "Umhh... es por esto que no permiten mascotas en las habitaciones." Le dijo con cierto tono de sarcasmo. Ryou le trató de arrebatar la camisa pero el hombre la sacó de su alcance con rapidez.
"Devuélvemela, por favor." Le pidió el albino luego de componerse, la mirada peligrosa.
"No te sirve de nada y si van a salir ahora no podrás esperar a que la limpien."
"Ese no es tu asunto." Refunfuñó con molestia. A Marik le pareció que el rostro semi enojado del albino era lo más interesante que había visto en mucho tiempo.
"Hagamos un trato. Yo no partiré hasta más tarde y sé que se dirigen a la Convención Anual..."
"¿Cómo lo sabes?" Preguntó el albino con sorpresa.
"Yo también participo en ella y sé que Seto es la estrella principal del evento. Pero no hablemos de cosas desagradables." Comentó al tiempo que torcía los labios. "Quieres escuchar lo que tengo que decirte?" El joven asintió levemente y se cruzó de brazos.
"Tengo otras camisas que pueden servirte para el camino, escoge una o varias de ellas y cuando lleguemos a la Convención me las puedes devolver."
"¿Y eso es a cambio de qué?"
"Ahh... no podría ser un simple gesto para mostrar mi lado bueno?"
"Dijiste que sería un trato." Dijo el albino entrecerrando los ojos con desconfianza.
"Ummhh... astuto." El joven sólo dio un resoplido. "¿Podría ser a cambio de un beso?" Le dijo en un tono de voz que desbordaba sensualidad. Ryou se sintió demasiado sorprendido como para responder pero al rato salió de su estupor. ¿Quién se creía aquel hombre que era él? Con un gesto de indignación le arrebató la camisa y se dirigó pasillo abajo a la habitación donde Jou y Seto lo esperaban.
Marik suspiró profundamente, plantándose una sonrisa nublaba. "Tiene temperamento." Murmuró más para sí que para cualquier otro. "Eso me agrada." Se internó en su habitación y comenzó a alistarse, en su mente comenzaba a fraguarse un plan.
Una hora más tarde, Seto, Ryou y Jounouchi bajaban con sus pertenencias al comedor de la hospedería. Mientras Ryou ordenaba para todos, Seto y Jounouchi se dedicaron a poner las cosas en orden en el trineo. Un Marik Ishtar muy cuidadoso se acercó a donde estaba el albino y se sentó en silencio en una de las mesas contiguas pero no muy cercanas. El joven vestía una camisa demasiado grande para ser suya bajo el abrigo que le había visto el día anterior. Arrugó el ceño, Seto debía haberle prestado una de las suyas. ¿Acaso eso significaba que el mago y el albino tenían algo entre ellos? Y de ser así, ¿qué rayos pintaba el rubio en todo aquello? Cuando la muchacha que tomaba las órdenes terminó con la de Ryou, se dirigió a él y por consecuente, la mirada del joven se desvió a donde se hallaba sentado.
Lo vio voltear rápidamente en el momento en que sus miradas se encontraron y una sonrisa se dibujó en el rostro de Marik como saludo. Le pidió un café muy cargado a la jovencita que pronto se retiró. Desde su posición podía observar el perfil del joven. Era el perfil de la inocencia cuando no tenía aquella mirada recelosa que le había visto en la mañana. Al poco rato vio regresar a sus compañeros de viaje. Kaiba lucía como siempre, arrogante en aquella forma tan suya que lo hacía querer golpearlo a veces, humillarlo hasta que no pudiera levantar su rostro, pero había aprendido en poco tiempo que Seto Kaiba no era persona fácil de humillar. Observó entonces al rubio que los acompañaba, si bien los movimientos eran gráciles, sus acciones y su comportamiento eran algo... desconcertantes. No bien llevaba unos minutos observando al joven cuando este se volvió y lo miró fijamente a los ojos. Una especie de advertencia pasó por aquellas extrañamente claras profundidades. "Jummhh..." pensó para sus adentros. "Esto es interesante." Levantó la mano para saludar al chico pero no recibió respuesta hasta que Seto se dio cuenta de lo que sucedía y rependió levemente al joven.
El desyauno del grupo continuó sin incidentes hasta que el joven de los cabellos rubios se levantó de la mesa con una buena cantidad de comida en un plato y salió afuera. Seto dejó unas monedas sobre la mesa y el albino lo siguió. Pausaron levemente para susurrarse algo que no pudo escuchar y continuaron. De repente Seto gruñó suavemente y le hizo señales a su compañero para que continuara mientras él regresaba a su habitación. Marik vio ahí la oportunidad que buscaba y se levantó de la mesa.
Siguió a Kaiba hasta la recámara y desde la puerta lo vio sacar unos pergaminos de una de las gavetas y guardarlos en su grueso abrigo de pieles blancas. Cuando el moreno iba de salida se topó con el hombre de los ojos púrpuras. "¿Qué quieres?"
"Oh, vamos, Kaiba, ¿qué formas son esas de saludar a un compañero mago?" Kaiba se limitó a continuar observándolo sin dar muestras de querer caer en su juego. Suspiró levememente, vaya que era dificil lograr que Kaiba le siguiera el juego. "Sólo quería saber si podía acompañarlos en el camino a la Convención. El camino es algo largo y no me gustaría recorrerlo solo este año." Kaiba levantó una ceja de forma casi imperceptible. ¿El temible Ishtar le estaba pidiendo permiso para acompañarlos durante el viaje? Aquello tenía toda la pinta de una treta.
"Olvídalo." Masculló.
"De todas formas terminaría siguiéndolos. ¿Acaso no estarías más tranquilo sabiendo dónde estoy antes que preocuparte por lo que podría estar planeando?" Kaiba se detuvo en seco. Para los estándares de Marik aquello era casi suplicar. El muy bastardo nunca forzaba su suerte, menos con él. Lo observó de arriba a abajo.
"Sólo si utilizara un hechizo de control mental sobre ti." Le soltó con honesta sorpresa.
"¿No hablarás en serio?" Le replicó el hombre con algo de duda.
"No me digas que estás contemplando la posibilidad de permitírmelo." Era una situación que nunca había pasado por su cabeza siquiera en su imaginación. Que Marik Ishtar le pidiera, no, le suplicara poder acompañarlo y que realmente estuviera considerando someterse a sus términos. Definitivamente algo olía mal allí, sino Ishtar no tendría tanta urgencia por acompañarlos. La desconfianza aumentó considerablemente pero Kaiba se mantuvo impasible.
"No... creo que mi interés no llega a tanto." Replicó el hombre con algo de decepción en su rostro. "En fin, supongo que tendré que esperar a estar en la Convención."
"Ishtar." Gruñó Seto a sus espaldas.
"Sabes... me gusta como haces resonar la última sílaba, es muy... interesante." Le dijo con picarída pobremente contenida.
"Acompáñanos, pero al primer problema me aseguraré que no llegues a la Convención a tiempo." Volvió a gruñir el moreno y Marik sonrió ampliamente. "No tardes demasiado o te quedarás solo."
"Como ordenes Kaiba." Dijo risueñamente y se dispuso a terminar de prepararse antes de que el moreno cambiara de opinión.
Ryou vio con algo de confusión cuando Marik alistó sus caballos al lado del trineo y le echó una mirada de interrogación al moreno quien simplemente se volteó y se dispuso a emprender la marcha. El albino entonces miró al hombre que comenzaba a cabalgar justo al lado del trineo. Marik se limitó a sonreir ampliamente y Bakura volteó los ojos con resignación. Aquel, sin duda, iba a ser un viaje largo para él. Una blanca centella salió disparada desde los arbustos cercanos y comenzó a seguir el trineo. "¡Apúrate Honda!" Gritó el rubio alegremente mientras reía al ver que su amigo corría muy agitadamente con la lengua por fuera.
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Dudas, comentarios, preguntas, flamas, todo es bienvenido. Ja-ne minna- san.
