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Capítulo 8
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Los personajes de Yugi-oh pertenecen a su creador.
Gracias a... Ana-91, AGUILA FANEL, kro, Hikaru y Eli-chan1 por sus reviews. Son de gran ayuda para mi.
Espero que este capítulo les guste tanto como los demás. Cuidense mucho.
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Aún quedaban dos días de camino hacia el lugar donde se llevaría a cabo la Convención Anual. Hubieran llegado antes de no haber sido porque iba con el trineo a rastras aunque de todas formas tendría que deshacerse de dicho transporte ya que pronto sería imposible continuar el camino con las navajas del mismo. En el próximo poblado esperaba conseguir un coche. Echó sus actuales pensamientos a un lado para darle un vistazo a la comitiva que lo acompañaba. Ryou y Jounouchi se habían cubierto con las pieles que les servían de abrigos y se habían acurrucado uno al lado del otro. Honda descansaba plácidamente sobre el asiento al lado del rubio. Justo entonces su mirada pasó a fijarse en el último acompañante.
Marik no había tenido problema en seguirlos, sus caballos era tan bueno como cualquiera de los de Kaiba y el que montaba era especialmente dócil, dejando al otro equino llevar sus pertenencias. Lo que llamó su atención fue que el hombre observaba sin pudor ninguno las figuras dormidas en el trineo, pero dado que ambos ocupantes estaban tan cerca no podía discernir qué era en realidad lo que observaba.
Marik por su parte, tenía un serio problema decidiendo si el albino estaba en una relación con Kaiba o en una relación con el rubio dormido a su lado. Una molesta sensación lo obligó a cambiar la vista hacia Kaiba. El hombre le estaba dando una mirada recelosa y llena de advertencias. ¿Pero le advertía de qué? Una pequeña lucecita le iluminó las ideas, ideas muy retorcidas cabe decir. Quizás Kaiba estaba involucrado con los dos jóvenes al mismo tiempo. Aquella mirada contenía mucho más de lo que alguna vez le viera reflejar al moreno. Sonrió levemente y las violaceas profundidades brillaron con una mezcla de decepción, travesura y picardía. Seto arrugó el ceño con cierto desprecio, aún no entendía con claridad cómo era que se había dejado convencer para permitirle acompañarlos. Pero, como había dicho antes el mismo Marik, estaba más tranquilo sabiendo en dónde se encontraba excatamente la sabandija que temiendo encontrársela en el momento menos oportuno.
Kaiba lo observó reclinarse sobre el cuello del caballo, aparentemente susurrándole algo al oído. El caballo relinchó ruidosamente en su dirección y Marik echó a reir de buena gana causando que Seto se enderezara arrogantemente y les enviara una mirada más airada de ser posible. El relincho causó que los durmientes despertaran y Marik vio con gran deleite cómo el peliblanco observaba a su alrededor medio adormilado. ¿Cuánto daría él por despertar una mañana con aquella mirada buscándolo? Dejó de reir por un momento y en su rostro se reflejó una mezcla de pura sorpresa y algo de miedo, reacción provocada por sus propios pensamientos. Marik nunca se había permitido "amanecer" con ninguno de sus amantes. ¿Qué significaba entonces aquel repentino deseo? Sacudió la cabeza y se pasó ambas manos por el rostro tratando de alejar las imagenes que recién se le formaban pero una última frase coherente pasó con juguetona molestia frente a sus ojos. *Has caído por el albino, Marik, realmente has caído.* La sonrisa volvió algo entrecortada por el nerviosismo y cuando Ryou detuvo su vista en él, sonrió suavemente a modo de saludo.
El viaje hasta el próximo poblado pasó sin más problemas que un Jounouchi suplicando que se detuvieran para ver algunos venados que habían salido espantados de entre los secos árboles al ver el trineo.
Finalmente llegaron hasta un hospedaje que le pareció lo suficientemente decente a Seto y allí detuvo el trineo, aún era lo suficientemente temprano como para buscar un coche, seguramente alguno de los habitantes tendría uno adicional. Ryou y Jounouchi se estiraron ruidosamente mientras Seto volvía a reforzar el disfraz de Honda. Kaiba le dejó una bolsa a Ryou para que se registrara en el hospedaje y ordenara algo de comer para él y para Jou mientras iba a ver dónde conseguía un coche. Ambos chicos habían entrado y Kaiba tiró del brazo de Marik con fuerza, impidiéndole entrar. Se volteó a verlo, había algo de aprehensión en aquellos ojos azules. "No los pierdas de vista." Le ordenó el moreno con frialdad. Marik se safó del agarre de Kaiba y trató de recuperar su pose despreocupada.
"¿Desde cuándo soy tu niñera, Kaiba?" Lo observó buscar entre su abrigo y sacar una bolsita negra. Kaiba le agarró la mano y puso la bolsita en ella, repitiendo sus palabras. Sólo atinó a mover la cabeza afirmativamente, era como si en la voz de Kaiba hubiera una nota de súplica, más de lo que alguna vez hubiera pensado escuchar del hombre y eso lo alarmó un poco. Kaiba nunca suplicaba, menos a alguien como él. Cuando salió de su estupor se halló solo frente a la hospedería, pesó la bolsita en una mano pero no la abrió, guardándosela en el bolsillo de su propio abrigo entró al mesón.
Al entrar buscó con la mirada a los dos jóvenes y los encontró ordenando algo de comida a una jovencita que, con la mirada desorbitada, anotaba el pedido. Sonrió para sus adentros y se acercó. Al sentarse recibió una mirada levemente hostil de parte de ambos y levantó las manos en señal de paz. "Oigan, no me miren así, cualquiera pensaría que no soy bienvenido." Ryou refunfunó y Jounouchi pareció gruñir levemente. Sonrió abiertamente y ambos jovencitos continuaron su órden, no sin darle otra mirada recelosa. ¿Por qué Kaiba le había pedido vigilarlos? No parecía que fueran a dar más problemas que los que un par de jóvenes podía dar.
La comida pasó sin problemas, aparte de que Ryou parecía vigilar que Jounouchi no comiera demasiado rápido, atención que parecía molestar un poco al rubio. Marik también había pedido algo, pero los dos jóvenes terminaron mucho antes que él. De repente Jounouchi se levantó con un plato de comida en la mano. "Hey, ¿a dónde vas?"
"Le llevo comida a Honda." Fua la simple respuesta y el rubio salió. Marik lo observó hasta que lo vio salir un poco de la posada y ofrecerle la comida al perro que los seguía, entonces recordó al animal. Continuó comiendo mientras Ryou terminaba de comer. Al cabo de un rato el rubio regreso y junto con Ryou se dirigieron a las habitaciones que habían rentado. La posada no contaba con habitaciones para más de dos personas a la vez, por lo que Ryou había rentado dos. Cuando Seto regresó y se encontró con el dilema de las habitaciones no le prestó demasiada atención, ahogando la voz que le decía que aquello iba a traerle problemas.
Fue al momento de ir a dormir que Seto cayó en cuenta de la situación. Si bien ambas habitaciones eran para dos personas Ryou había olvidado especificar que fueran camas separadas. Bajó tan rápido como pudo a buscar al dueño de la hospedería y solicitarle otras habitaciones, pero era demasiado tarde para el cambio, el resto de la hospedería estaba ocupado. Suspiró resignado, al menos tenían dos habitaciones. Decidió que Ryou y Jounouchi pasarían la noche en una sola habitación. Al menos así podría recuperar algo del sueño que no había podido tener durante la primera noche gracias a dos jóvencitos que apenas podían quedarse dormidos y un lobo que les seguía los pasos. Otra vez aquella alarma en su mente le decía que no debía dejar a aquellos dos juntos y otra vez Seto la ignoró completamente.
Todo le parecía perfectamente tranquilo hasta que a eso de la una de la mañana escuchó en la habitación contigua unos golpes sordos, seguidos por unas risas ahogadas. Se levantó adormilado y el ruido cesó. Estuvo a punto de irse a dormir nuevamente cuando el ruido volvió a escucharse. Con un sordo gruñido salió de la habitación y tocó a la puerta donde debían estar dormidos Ryou y Jounouchi. Un agitado Ryou abrió lo recibió en la puerta.
"¿Anou, qué sucede Set?"
"Eso me gustaría saber. ¿Por qué no están dormidos?"
"Pues..." Ryou observó al interior de la habitación algo temeroso pero con el movimiento unas blancas plumas resbalaron de sus cabellos. Seto las atrapó en el aire con suavidad y cuando el albino lo volvió a mirar observó con horror cómo el moreno analizaba la blanca evidencia.
"¿Bakura?" Siseó el moreno con los ojos cerrados y sujetando frente a sí la pluma.
"¿Sí?"
"Déjame entrar." El albino bajó la cabeza y se alejó de la puerta permitiéndole al moreno entrar a la habitación. Seto tenía la leve esperanza de que lo que imaginaba no fuera una realidad. Luego de echar un frío vistazo al cuarto tuvo que admitir que no era como se lo había imaginado sino peor. No sólo las almohadas de pluma de ganso yacían destrozadas y su contenido regado por toda la habitación. También había una cama en el suelo, safada de su cajón de madera y un colchón rasgado en varios lugares, mostrando que su contenido también habían sido suaves plumas de ganso. Un rubio de claros ojos, ex lobezno y futura mascota yacía con una enorme sonrisa, almohada en mano. Y para completar... una mullida y blanca cabeza, con ojos color miel, cubierta también de plumas... Seto tuvo que llevarse una mano a la venita que amenazaba con reventar en su frente. "Suficiente." Dijo en un tono de voz bajo y peligroso, con lo que la sonrisa de Jounouchi se esfumó. "Tú..." Dijo señalándolo. "Vienes conmigo. ¡Y tú!" Dijo al tiempo que se pasaba la otra mano por la nuca tratando de suavizar los músculos que brincaban del estrés. "Bakura. ¿Cómo es posible que le permitieras hacer esto?" Rugió finalmente.
Marik se sobresaltó al escuchar los gritos justo al frente de su habitación, por lo que se puso una batola con rapidez y se asomó a la puerta para ver lo que jamás habría imaginado. Seto Kaiba se comportaba como un ogro, regañando y casi halándole las orejas a sus dos acompañantes.
"¿Pero dónde voy a dormir, Seto?" Gimoteó el joven albino.
"¡Honda!" Gritó lastimeramente el rubio mientras Seto lo llevaba casi a rastras a su habitación.
"No, eso sí que no. El perro se queda a dormir en la habitación que ustedes dos destrozaron." Un gemido descontento se escuchó de parte de dicho animal.
"Vaya, vaya, ¿pero qué tenemos aquí?" Seto giró rápidamente para encontrarse con su sospechoso acompañante. "¿Mala noche?" La respuesta fue un gruñido. Kaiba empujó a Jou adentro de su habitación y regresó a la habitación destruida, saliendo al poco rato con un Ryou medio lloroso tomado del brazo.
"Ishtar." Le dijo entre dientes y tratando de no hacer contacto visual, cosa que le extrañó al propio Marik. "Sería mucha molestia si compartieras la habitación con Ryou? Creo que en estos momentos será muy dificil conseguir una habitación."
"¡Pero Seto!"
"Bakura, es esto, dormir en el suelo o dormir sobre el colchón destrozado." El peliblanco suprimió una lagrimita mientras trataba de controlar un sollozo.
"¿Por favor?" Ahora sí que Marik tenía ganas de echar a reir a lo grande. Jamás había escuchado esa palabra ni hubiera pensado escucharla en los labios del gran mago Kaiba. Encima de eso le estaba ofreciendo la compañía que tanto había estado anhelando desde que viera al peliblanco. Era demasiado perfecto. "Pagaré la mitad de la renta..."
"Eso no es necesario, Kaiba. Este es el tipo de favores que puedo hacer gratis." Dijo con una sonrisa llena de picardía. "Además, necesitarás el dinero para pagar la habitación arruinada." Esta vez le añadió un tono de simpatía. Seto sintió que todo su ser se estremecía de coraje ante la insinuación pero trató de controlarse y murmuró un débil gracias. Se consoló con la idea de que en la mañana, durante la Convención o cuando regresaran, Ryou se las iba a pagar y con creces. Empujó levemente a Ryou en dirección a Marik, ciertamente que no le agradaba tener que pedirle un favor a Ishtar, pero no le veía otra solución. Por un momento sintió algo de compasión por el albino, pero no pudo más que darle un ligero apretón en la nuca, el joven se volteó antes de que Seto se alejara.
"Lo siento." Murmuró con suavidad y los ojos de Seto se suavizaron levemente. La postura rígida y arrogante se derrumbo inconscientemente mientras se volteaba en dirección a la habitación. Marik tuvo que recordarse que aquel era Seto Kaiba y que en esos momentos tenía a su disposición al albino... bueno... en un sentido lo tenía a su disposición, del resto él se encargaría.
Le hizo una seña al joven para que pasara y tras él cerró la puerta.
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"Jounouchi." Dijo el moreno secamente. El rubio se giró y lo miró con intensidad. No le había gustado para nada que Seto lo sacara de la habitación de aquella forma, no le había gustado que dejara fuera a Honda y le había gustado menos que dejara a Ryou con Marik. Cruzó los brazos y un leve pero audible gruñido se escuchó.
"¿Por qué dejaste a Ryou con ese hombre?"
"¿Dónde se suponía que iba a dormir?" Le dijo por lo bajo.
"Con nosotros."
"¡No hay lugar para los tres!" Estaba perdiendo el control rápidamente.
"Yo hubiera dormido en el piso, no es como si me hiciera falta la cama. Estoy acostumbrado." Volvió a gruñir.
"Jounouchi, estás siendo irracional."
"Iré a buscar a Ryou." Se dirigió a la puerta decidido.
"No, no lo harás." Dijo con autoridad, tomándolo del brazo. Apenas había tocado al rubio lo sintió estremecerse y esa fue la única advertencia que tuvo antes que Jou se abalanzara sobre su cuerpo. Rodaron varias veces por el suelo y cuando pensaba que tenía al joven bajo control volvía a safársele. Hubo un momento en que lo tuvo de rodillas contra la cama, con el brazo torcido a la espalda.
"¿Cómo puedes confiarle a un desconocido la seguridad de tu compañero?" Gruñó entre dientes el rubio a pesar del dolor que debía estarle provocando la maniobra. "¿Cómo puedes...? ¡¡Aarggghhhhh!!" Con aquel airado gruñido Jounouchi se empujó con la cama y por consiguiente cayó sobre Seto, quien escuchó el audible sonido de la coyuntura al salirse de su lugar en la base del hombro. Lo soltó de inmediato pero el rubio parecía no haberse dado por enterado del suceso. Con otro salvaje gruñido volvió a la carga y esta vez Kaiba quedó sobre el suelo de la habitación, un peso sobre su espalda, su rostro contra la madera y una respiración agitada en su oído.
Aquella situación ya la había vivido, un peso sobre su espalda y la sensación de estar a escasos centímetros de la muerte con unos afilados colmillos cerca de su cuello. Pero esta vez no era un lobo, era Jounouchi, a quien había deseado hacía unos días cuando lo tenía dominado sobre la nieve y a quien aún deseaba. La sola sensación de saberse sobrepasado por el joven le provocaba un estremecimiento involuntario. Nunca nadie había osado oponerse a sus deseos, nadie había osado retarlo... pero más importante... nadie había logrado someterlo. Las sensaciones que aquella pesada respiración sobre su cuello le causaban eran indescriptibles pero se quedó quieto y trató de calmar su respiración para hablarle al rubio.
"Bakura va a estar bien."
"¿Cómo lo sabes?" Demandó.
"Ishtar sería incapaz de tocarlo sin su consentimiento. Lo conozco."
"¿Y cómo es que en un momento no confías en él y de repente sí? ¿Acaso son todos los humanos tan volubles?" Seto tragó con dificultad.
"Jounouchi... conoces a tus hermanos, pero no conoces a los humanos, apenas llevas unos días en ese cuerpo. Marik podrá ser un tramposo y una sabandija en cuanto a la magia se refiere... pero tiene honor." Seto esperaba que sus palabras fueran ciertas, realmente no conocía a la perfección a Marik, pero sentía que podía confiar en él la seguridad del peliblanco.
"Si toca un solo cabello de Ryou ese tal Ishtar sabrá de lo que es capaz un lobo de nieve enojado." Gruñó con fiereza mucho más cerca del rostro de Kaiba. El moreno trató de buscar en su mente alguna razón por la cual de repente el rubio se sintiera tan posesivo con el albino.
"¿Por qué te preocupa tanto Bakura?" Lo sintió detener la respiración y levantarse un poco.
"Ryou es como un hermano." Respondió con vehemencia. "Como Honda." Seto se quedó en silencio, recordando las primeras palabras de Jounouchi acerca del peliblanco. Olor a montaña, como el de un hermano. Claro que recordaba. Luego de un rato Jounouchi aún no se había movido de su espalda. Seto decidió tantear el humor del rubio y quizás hablarle en un lenguaje que entendiera, moviéndose con suavidad hasta quedar de espaldas sobre el suelo. Jounouchi lo observó con curiosidad mientras el moreno ladeaba la cabeza mostrándole el cuello. Por unos segundos Jou no reconoció el gesto, no era como si a su corta edad hubiera tenido la oportunidad de ganarle a uno de sus hermanos y estar al otro lado de lo que significaba el gesto, pero finalmente la imagen le llegó.
Estuvo a punto de levantarse y permitirle a Seto hacer lo propio cuando recordó el suceso sobre la nieve. ¡Claro! Ahora que el humano se había mostrado sumiso él debía mostrar su aceptación. Con algo de timidez inclinó su cabeza, hundiendo sus labios en la gentil curva del cuello de Seto. El moreno cerró los ojos con fuerza, una gemido de puro éxtasis retumbando en su garganta mientras el rubio asaltaba aquel suave punto en su carne. "Jou..." Susurró sin aliento. El aludido continuó su camino hasta llegar a su quijada y luego a su boca, explorando con suavidad el interior. Sintió que Seto lo sujetaba por las caderas y lo atraía con fuerza. Gruñó roncamente al sentir un súbito calor concentrarse allí donde se habían tocado, como una apretada espiral que se iba ajustando con pasmosa precisión.
Sin embargo tuvo que soltar de repente la boca del moreno para dejar escapar un doloroso siseo. Kaiba acababa de tocar su brazo dislocado. "Será mejor que nos ocupemos de tu brazo antes que empeore." Le dijo en un susurro e intentó ponerse de pie pero Jou no se lo permitió de inmediato. Le dio una fiera mirada, arrebatándole un último beso algo violento, antes de soltarlo de la misma forma y ponerse en pie abruptamente. Había aceptado la rendición del moreno pero eso no significaba que estuviera menos enojado.
Seto agradeció que Jounouchi le estuviera dando la espalda, sino hubiera visto lo dificultuoso que le era ponerse en pie luego de aquel erótico asalto. "Siéntate." Y mientras el rubio lo hacía él se preparó mentalmente para poner en su lugar la coyuntura.
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Ryou observó con recelo la figura de Ishtar mientras el hombre se acomodaba sobre el colchón y le ofrecía un espacio. Caminó con lentitud hacia el lugar que se le ofrecía sintiendo unos enormes deseos de salir corriendo hacia la habitación destruida y dormir en el suelo. No era como si no lo hubiera hecho antes.
"Oye, ¿qué sucede?" Le preguntó con serenidad el hombre mientras lo observaba de arriba a abajo con paciencia. "Por si las dudas... no muerdo." Añadió con una sonrisa, arrepintiéndose de inmediato al ver que el albino se ponía más tenso aún. Era como tratar de atraer un asustadizo animalito a su lado, la forma en que temblaba, la forma en que los obscuros ojos seguían observando la puerta y el lugar que le estaba ofreciendo, como si esperara el primer movimiento para salir huyendo. "Te diré qué haremos. Pondré esta almohada aquí, justo en el medio." Dijo dándole varias palmadas al objeto. "Así sabré hasta dónde puedo moverme y no habrá peligro de que te toque mientras duermo." El joven pareció convencerse un poco y se acercó más hasta que finalmente se acomodó en el colchón, justo a su lado. "Que descanses." Murmuró antes de apagar la luz de la linterna.
Ryou se quedó muy quieto bajo las sábanas, hasta que sintió que la respiración de Marik se volvía rítmica y pausada. Sólo entonces se permitió relajarse un poco. Se sentía demasiado extraño y para completar, las sábanas y la almohada tenían impregnado el olor de Marik, una mezcla salvaje que no podía reconocer. Como el perfume de alguna extraña planta que floreciera lejos de las heladas montañas de nieve. Dio una que otra vuelta sobre la cama hasta que finalmente se quedó dormido.
Marik despertó con una cálida y agradable sensación. Observó a su alrededor, aún era de noche, quizás faltaban unas horas para amanecer. Se movió sobre el colchón y se viró hacia donde sabía que estaba el joven albino. En la semipenumbra podía ver la sombra, acurrucada apretadamente alrededor de la almohada que había utilizado para *separarlos*. Era como un pequeño angelito dormido. Sus cabellos blancos desparramados sobre el colchón y aquella serena expresión. En esos momentos deseó con toda su alma ser la mullida almohada que el joven abrazaba con tanta pasión o siquiera poder tenerlo sobre su pecho, escuchando el palpitar de su corazón contra el suyo. Suspiró profundamente. El no estaba hecho para ese tipo de relación, él sólo servía para el engaño y la ilusión. No tenía nada que ofrecerle a un joven como Bakura, ni siquiera amor, sólo un buen rato, corto o largo, dependería de cuán interesado estuviera el albino.
Se quedó boca arriba en la cama, soñando despierto, al menos eso era gratis y no dañaba a nadie. Si tan sólo tuviera un día... un día completo para ser una persona diferente, que nadie reconociera y señalara acusadoramente. Pero aquello también era un sueño que seguramente no podría cumplir. Marik, estás delirando, se dijo a si mismo. Lentamente se dejó vencer, sonriendo quedamente al sentir unos cabellos blancos acariciarle el pecho en sueños. Soñar no le hace mal a nadie Marik, sólo a tí.
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Bueno, flamas, dudas, preguntas, comentarios críticas, todo es bienvenido. Ja ne minna-san!!
Capítulo 8
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Los personajes de Yugi-oh pertenecen a su creador.
Gracias a... Ana-91, AGUILA FANEL, kro, Hikaru y Eli-chan1 por sus reviews. Son de gran ayuda para mi.
Espero que este capítulo les guste tanto como los demás. Cuidense mucho.
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Aún quedaban dos días de camino hacia el lugar donde se llevaría a cabo la Convención Anual. Hubieran llegado antes de no haber sido porque iba con el trineo a rastras aunque de todas formas tendría que deshacerse de dicho transporte ya que pronto sería imposible continuar el camino con las navajas del mismo. En el próximo poblado esperaba conseguir un coche. Echó sus actuales pensamientos a un lado para darle un vistazo a la comitiva que lo acompañaba. Ryou y Jounouchi se habían cubierto con las pieles que les servían de abrigos y se habían acurrucado uno al lado del otro. Honda descansaba plácidamente sobre el asiento al lado del rubio. Justo entonces su mirada pasó a fijarse en el último acompañante.
Marik no había tenido problema en seguirlos, sus caballos era tan bueno como cualquiera de los de Kaiba y el que montaba era especialmente dócil, dejando al otro equino llevar sus pertenencias. Lo que llamó su atención fue que el hombre observaba sin pudor ninguno las figuras dormidas en el trineo, pero dado que ambos ocupantes estaban tan cerca no podía discernir qué era en realidad lo que observaba.
Marik por su parte, tenía un serio problema decidiendo si el albino estaba en una relación con Kaiba o en una relación con el rubio dormido a su lado. Una molesta sensación lo obligó a cambiar la vista hacia Kaiba. El hombre le estaba dando una mirada recelosa y llena de advertencias. ¿Pero le advertía de qué? Una pequeña lucecita le iluminó las ideas, ideas muy retorcidas cabe decir. Quizás Kaiba estaba involucrado con los dos jóvenes al mismo tiempo. Aquella mirada contenía mucho más de lo que alguna vez le viera reflejar al moreno. Sonrió levemente y las violaceas profundidades brillaron con una mezcla de decepción, travesura y picardía. Seto arrugó el ceño con cierto desprecio, aún no entendía con claridad cómo era que se había dejado convencer para permitirle acompañarlos. Pero, como había dicho antes el mismo Marik, estaba más tranquilo sabiendo en dónde se encontraba excatamente la sabandija que temiendo encontrársela en el momento menos oportuno.
Kaiba lo observó reclinarse sobre el cuello del caballo, aparentemente susurrándole algo al oído. El caballo relinchó ruidosamente en su dirección y Marik echó a reir de buena gana causando que Seto se enderezara arrogantemente y les enviara una mirada más airada de ser posible. El relincho causó que los durmientes despertaran y Marik vio con gran deleite cómo el peliblanco observaba a su alrededor medio adormilado. ¿Cuánto daría él por despertar una mañana con aquella mirada buscándolo? Dejó de reir por un momento y en su rostro se reflejó una mezcla de pura sorpresa y algo de miedo, reacción provocada por sus propios pensamientos. Marik nunca se había permitido "amanecer" con ninguno de sus amantes. ¿Qué significaba entonces aquel repentino deseo? Sacudió la cabeza y se pasó ambas manos por el rostro tratando de alejar las imagenes que recién se le formaban pero una última frase coherente pasó con juguetona molestia frente a sus ojos. *Has caído por el albino, Marik, realmente has caído.* La sonrisa volvió algo entrecortada por el nerviosismo y cuando Ryou detuvo su vista en él, sonrió suavemente a modo de saludo.
El viaje hasta el próximo poblado pasó sin más problemas que un Jounouchi suplicando que se detuvieran para ver algunos venados que habían salido espantados de entre los secos árboles al ver el trineo.
Finalmente llegaron hasta un hospedaje que le pareció lo suficientemente decente a Seto y allí detuvo el trineo, aún era lo suficientemente temprano como para buscar un coche, seguramente alguno de los habitantes tendría uno adicional. Ryou y Jounouchi se estiraron ruidosamente mientras Seto volvía a reforzar el disfraz de Honda. Kaiba le dejó una bolsa a Ryou para que se registrara en el hospedaje y ordenara algo de comer para él y para Jou mientras iba a ver dónde conseguía un coche. Ambos chicos habían entrado y Kaiba tiró del brazo de Marik con fuerza, impidiéndole entrar. Se volteó a verlo, había algo de aprehensión en aquellos ojos azules. "No los pierdas de vista." Le ordenó el moreno con frialdad. Marik se safó del agarre de Kaiba y trató de recuperar su pose despreocupada.
"¿Desde cuándo soy tu niñera, Kaiba?" Lo observó buscar entre su abrigo y sacar una bolsita negra. Kaiba le agarró la mano y puso la bolsita en ella, repitiendo sus palabras. Sólo atinó a mover la cabeza afirmativamente, era como si en la voz de Kaiba hubiera una nota de súplica, más de lo que alguna vez hubiera pensado escuchar del hombre y eso lo alarmó un poco. Kaiba nunca suplicaba, menos a alguien como él. Cuando salió de su estupor se halló solo frente a la hospedería, pesó la bolsita en una mano pero no la abrió, guardándosela en el bolsillo de su propio abrigo entró al mesón.
Al entrar buscó con la mirada a los dos jóvenes y los encontró ordenando algo de comida a una jovencita que, con la mirada desorbitada, anotaba el pedido. Sonrió para sus adentros y se acercó. Al sentarse recibió una mirada levemente hostil de parte de ambos y levantó las manos en señal de paz. "Oigan, no me miren así, cualquiera pensaría que no soy bienvenido." Ryou refunfunó y Jounouchi pareció gruñir levemente. Sonrió abiertamente y ambos jovencitos continuaron su órden, no sin darle otra mirada recelosa. ¿Por qué Kaiba le había pedido vigilarlos? No parecía que fueran a dar más problemas que los que un par de jóvenes podía dar.
La comida pasó sin problemas, aparte de que Ryou parecía vigilar que Jounouchi no comiera demasiado rápido, atención que parecía molestar un poco al rubio. Marik también había pedido algo, pero los dos jóvenes terminaron mucho antes que él. De repente Jounouchi se levantó con un plato de comida en la mano. "Hey, ¿a dónde vas?"
"Le llevo comida a Honda." Fua la simple respuesta y el rubio salió. Marik lo observó hasta que lo vio salir un poco de la posada y ofrecerle la comida al perro que los seguía, entonces recordó al animal. Continuó comiendo mientras Ryou terminaba de comer. Al cabo de un rato el rubio regreso y junto con Ryou se dirigieron a las habitaciones que habían rentado. La posada no contaba con habitaciones para más de dos personas a la vez, por lo que Ryou había rentado dos. Cuando Seto regresó y se encontró con el dilema de las habitaciones no le prestó demasiada atención, ahogando la voz que le decía que aquello iba a traerle problemas.
Fue al momento de ir a dormir que Seto cayó en cuenta de la situación. Si bien ambas habitaciones eran para dos personas Ryou había olvidado especificar que fueran camas separadas. Bajó tan rápido como pudo a buscar al dueño de la hospedería y solicitarle otras habitaciones, pero era demasiado tarde para el cambio, el resto de la hospedería estaba ocupado. Suspiró resignado, al menos tenían dos habitaciones. Decidió que Ryou y Jounouchi pasarían la noche en una sola habitación. Al menos así podría recuperar algo del sueño que no había podido tener durante la primera noche gracias a dos jóvencitos que apenas podían quedarse dormidos y un lobo que les seguía los pasos. Otra vez aquella alarma en su mente le decía que no debía dejar a aquellos dos juntos y otra vez Seto la ignoró completamente.
Todo le parecía perfectamente tranquilo hasta que a eso de la una de la mañana escuchó en la habitación contigua unos golpes sordos, seguidos por unas risas ahogadas. Se levantó adormilado y el ruido cesó. Estuvo a punto de irse a dormir nuevamente cuando el ruido volvió a escucharse. Con un sordo gruñido salió de la habitación y tocó a la puerta donde debían estar dormidos Ryou y Jounouchi. Un agitado Ryou abrió lo recibió en la puerta.
"¿Anou, qué sucede Set?"
"Eso me gustaría saber. ¿Por qué no están dormidos?"
"Pues..." Ryou observó al interior de la habitación algo temeroso pero con el movimiento unas blancas plumas resbalaron de sus cabellos. Seto las atrapó en el aire con suavidad y cuando el albino lo volvió a mirar observó con horror cómo el moreno analizaba la blanca evidencia.
"¿Bakura?" Siseó el moreno con los ojos cerrados y sujetando frente a sí la pluma.
"¿Sí?"
"Déjame entrar." El albino bajó la cabeza y se alejó de la puerta permitiéndole al moreno entrar a la habitación. Seto tenía la leve esperanza de que lo que imaginaba no fuera una realidad. Luego de echar un frío vistazo al cuarto tuvo que admitir que no era como se lo había imaginado sino peor. No sólo las almohadas de pluma de ganso yacían destrozadas y su contenido regado por toda la habitación. También había una cama en el suelo, safada de su cajón de madera y un colchón rasgado en varios lugares, mostrando que su contenido también habían sido suaves plumas de ganso. Un rubio de claros ojos, ex lobezno y futura mascota yacía con una enorme sonrisa, almohada en mano. Y para completar... una mullida y blanca cabeza, con ojos color miel, cubierta también de plumas... Seto tuvo que llevarse una mano a la venita que amenazaba con reventar en su frente. "Suficiente." Dijo en un tono de voz bajo y peligroso, con lo que la sonrisa de Jounouchi se esfumó. "Tú..." Dijo señalándolo. "Vienes conmigo. ¡Y tú!" Dijo al tiempo que se pasaba la otra mano por la nuca tratando de suavizar los músculos que brincaban del estrés. "Bakura. ¿Cómo es posible que le permitieras hacer esto?" Rugió finalmente.
Marik se sobresaltó al escuchar los gritos justo al frente de su habitación, por lo que se puso una batola con rapidez y se asomó a la puerta para ver lo que jamás habría imaginado. Seto Kaiba se comportaba como un ogro, regañando y casi halándole las orejas a sus dos acompañantes.
"¿Pero dónde voy a dormir, Seto?" Gimoteó el joven albino.
"¡Honda!" Gritó lastimeramente el rubio mientras Seto lo llevaba casi a rastras a su habitación.
"No, eso sí que no. El perro se queda a dormir en la habitación que ustedes dos destrozaron." Un gemido descontento se escuchó de parte de dicho animal.
"Vaya, vaya, ¿pero qué tenemos aquí?" Seto giró rápidamente para encontrarse con su sospechoso acompañante. "¿Mala noche?" La respuesta fue un gruñido. Kaiba empujó a Jou adentro de su habitación y regresó a la habitación destruida, saliendo al poco rato con un Ryou medio lloroso tomado del brazo.
"Ishtar." Le dijo entre dientes y tratando de no hacer contacto visual, cosa que le extrañó al propio Marik. "Sería mucha molestia si compartieras la habitación con Ryou? Creo que en estos momentos será muy dificil conseguir una habitación."
"¡Pero Seto!"
"Bakura, es esto, dormir en el suelo o dormir sobre el colchón destrozado." El peliblanco suprimió una lagrimita mientras trataba de controlar un sollozo.
"¿Por favor?" Ahora sí que Marik tenía ganas de echar a reir a lo grande. Jamás había escuchado esa palabra ni hubiera pensado escucharla en los labios del gran mago Kaiba. Encima de eso le estaba ofreciendo la compañía que tanto había estado anhelando desde que viera al peliblanco. Era demasiado perfecto. "Pagaré la mitad de la renta..."
"Eso no es necesario, Kaiba. Este es el tipo de favores que puedo hacer gratis." Dijo con una sonrisa llena de picardía. "Además, necesitarás el dinero para pagar la habitación arruinada." Esta vez le añadió un tono de simpatía. Seto sintió que todo su ser se estremecía de coraje ante la insinuación pero trató de controlarse y murmuró un débil gracias. Se consoló con la idea de que en la mañana, durante la Convención o cuando regresaran, Ryou se las iba a pagar y con creces. Empujó levemente a Ryou en dirección a Marik, ciertamente que no le agradaba tener que pedirle un favor a Ishtar, pero no le veía otra solución. Por un momento sintió algo de compasión por el albino, pero no pudo más que darle un ligero apretón en la nuca, el joven se volteó antes de que Seto se alejara.
"Lo siento." Murmuró con suavidad y los ojos de Seto se suavizaron levemente. La postura rígida y arrogante se derrumbo inconscientemente mientras se volteaba en dirección a la habitación. Marik tuvo que recordarse que aquel era Seto Kaiba y que en esos momentos tenía a su disposición al albino... bueno... en un sentido lo tenía a su disposición, del resto él se encargaría.
Le hizo una seña al joven para que pasara y tras él cerró la puerta.
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"Jounouchi." Dijo el moreno secamente. El rubio se giró y lo miró con intensidad. No le había gustado para nada que Seto lo sacara de la habitación de aquella forma, no le había gustado que dejara fuera a Honda y le había gustado menos que dejara a Ryou con Marik. Cruzó los brazos y un leve pero audible gruñido se escuchó.
"¿Por qué dejaste a Ryou con ese hombre?"
"¿Dónde se suponía que iba a dormir?" Le dijo por lo bajo.
"Con nosotros."
"¡No hay lugar para los tres!" Estaba perdiendo el control rápidamente.
"Yo hubiera dormido en el piso, no es como si me hiciera falta la cama. Estoy acostumbrado." Volvió a gruñir.
"Jounouchi, estás siendo irracional."
"Iré a buscar a Ryou." Se dirigió a la puerta decidido.
"No, no lo harás." Dijo con autoridad, tomándolo del brazo. Apenas había tocado al rubio lo sintió estremecerse y esa fue la única advertencia que tuvo antes que Jou se abalanzara sobre su cuerpo. Rodaron varias veces por el suelo y cuando pensaba que tenía al joven bajo control volvía a safársele. Hubo un momento en que lo tuvo de rodillas contra la cama, con el brazo torcido a la espalda.
"¿Cómo puedes confiarle a un desconocido la seguridad de tu compañero?" Gruñó entre dientes el rubio a pesar del dolor que debía estarle provocando la maniobra. "¿Cómo puedes...? ¡¡Aarggghhhhh!!" Con aquel airado gruñido Jounouchi se empujó con la cama y por consiguiente cayó sobre Seto, quien escuchó el audible sonido de la coyuntura al salirse de su lugar en la base del hombro. Lo soltó de inmediato pero el rubio parecía no haberse dado por enterado del suceso. Con otro salvaje gruñido volvió a la carga y esta vez Kaiba quedó sobre el suelo de la habitación, un peso sobre su espalda, su rostro contra la madera y una respiración agitada en su oído.
Aquella situación ya la había vivido, un peso sobre su espalda y la sensación de estar a escasos centímetros de la muerte con unos afilados colmillos cerca de su cuello. Pero esta vez no era un lobo, era Jounouchi, a quien había deseado hacía unos días cuando lo tenía dominado sobre la nieve y a quien aún deseaba. La sola sensación de saberse sobrepasado por el joven le provocaba un estremecimiento involuntario. Nunca nadie había osado oponerse a sus deseos, nadie había osado retarlo... pero más importante... nadie había logrado someterlo. Las sensaciones que aquella pesada respiración sobre su cuello le causaban eran indescriptibles pero se quedó quieto y trató de calmar su respiración para hablarle al rubio.
"Bakura va a estar bien."
"¿Cómo lo sabes?" Demandó.
"Ishtar sería incapaz de tocarlo sin su consentimiento. Lo conozco."
"¿Y cómo es que en un momento no confías en él y de repente sí? ¿Acaso son todos los humanos tan volubles?" Seto tragó con dificultad.
"Jounouchi... conoces a tus hermanos, pero no conoces a los humanos, apenas llevas unos días en ese cuerpo. Marik podrá ser un tramposo y una sabandija en cuanto a la magia se refiere... pero tiene honor." Seto esperaba que sus palabras fueran ciertas, realmente no conocía a la perfección a Marik, pero sentía que podía confiar en él la seguridad del peliblanco.
"Si toca un solo cabello de Ryou ese tal Ishtar sabrá de lo que es capaz un lobo de nieve enojado." Gruñó con fiereza mucho más cerca del rostro de Kaiba. El moreno trató de buscar en su mente alguna razón por la cual de repente el rubio se sintiera tan posesivo con el albino.
"¿Por qué te preocupa tanto Bakura?" Lo sintió detener la respiración y levantarse un poco.
"Ryou es como un hermano." Respondió con vehemencia. "Como Honda." Seto se quedó en silencio, recordando las primeras palabras de Jounouchi acerca del peliblanco. Olor a montaña, como el de un hermano. Claro que recordaba. Luego de un rato Jounouchi aún no se había movido de su espalda. Seto decidió tantear el humor del rubio y quizás hablarle en un lenguaje que entendiera, moviéndose con suavidad hasta quedar de espaldas sobre el suelo. Jounouchi lo observó con curiosidad mientras el moreno ladeaba la cabeza mostrándole el cuello. Por unos segundos Jou no reconoció el gesto, no era como si a su corta edad hubiera tenido la oportunidad de ganarle a uno de sus hermanos y estar al otro lado de lo que significaba el gesto, pero finalmente la imagen le llegó.
Estuvo a punto de levantarse y permitirle a Seto hacer lo propio cuando recordó el suceso sobre la nieve. ¡Claro! Ahora que el humano se había mostrado sumiso él debía mostrar su aceptación. Con algo de timidez inclinó su cabeza, hundiendo sus labios en la gentil curva del cuello de Seto. El moreno cerró los ojos con fuerza, una gemido de puro éxtasis retumbando en su garganta mientras el rubio asaltaba aquel suave punto en su carne. "Jou..." Susurró sin aliento. El aludido continuó su camino hasta llegar a su quijada y luego a su boca, explorando con suavidad el interior. Sintió que Seto lo sujetaba por las caderas y lo atraía con fuerza. Gruñó roncamente al sentir un súbito calor concentrarse allí donde se habían tocado, como una apretada espiral que se iba ajustando con pasmosa precisión.
Sin embargo tuvo que soltar de repente la boca del moreno para dejar escapar un doloroso siseo. Kaiba acababa de tocar su brazo dislocado. "Será mejor que nos ocupemos de tu brazo antes que empeore." Le dijo en un susurro e intentó ponerse de pie pero Jou no se lo permitió de inmediato. Le dio una fiera mirada, arrebatándole un último beso algo violento, antes de soltarlo de la misma forma y ponerse en pie abruptamente. Había aceptado la rendición del moreno pero eso no significaba que estuviera menos enojado.
Seto agradeció que Jounouchi le estuviera dando la espalda, sino hubiera visto lo dificultuoso que le era ponerse en pie luego de aquel erótico asalto. "Siéntate." Y mientras el rubio lo hacía él se preparó mentalmente para poner en su lugar la coyuntura.
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Ryou observó con recelo la figura de Ishtar mientras el hombre se acomodaba sobre el colchón y le ofrecía un espacio. Caminó con lentitud hacia el lugar que se le ofrecía sintiendo unos enormes deseos de salir corriendo hacia la habitación destruida y dormir en el suelo. No era como si no lo hubiera hecho antes.
"Oye, ¿qué sucede?" Le preguntó con serenidad el hombre mientras lo observaba de arriba a abajo con paciencia. "Por si las dudas... no muerdo." Añadió con una sonrisa, arrepintiéndose de inmediato al ver que el albino se ponía más tenso aún. Era como tratar de atraer un asustadizo animalito a su lado, la forma en que temblaba, la forma en que los obscuros ojos seguían observando la puerta y el lugar que le estaba ofreciendo, como si esperara el primer movimiento para salir huyendo. "Te diré qué haremos. Pondré esta almohada aquí, justo en el medio." Dijo dándole varias palmadas al objeto. "Así sabré hasta dónde puedo moverme y no habrá peligro de que te toque mientras duermo." El joven pareció convencerse un poco y se acercó más hasta que finalmente se acomodó en el colchón, justo a su lado. "Que descanses." Murmuró antes de apagar la luz de la linterna.
Ryou se quedó muy quieto bajo las sábanas, hasta que sintió que la respiración de Marik se volvía rítmica y pausada. Sólo entonces se permitió relajarse un poco. Se sentía demasiado extraño y para completar, las sábanas y la almohada tenían impregnado el olor de Marik, una mezcla salvaje que no podía reconocer. Como el perfume de alguna extraña planta que floreciera lejos de las heladas montañas de nieve. Dio una que otra vuelta sobre la cama hasta que finalmente se quedó dormido.
Marik despertó con una cálida y agradable sensación. Observó a su alrededor, aún era de noche, quizás faltaban unas horas para amanecer. Se movió sobre el colchón y se viró hacia donde sabía que estaba el joven albino. En la semipenumbra podía ver la sombra, acurrucada apretadamente alrededor de la almohada que había utilizado para *separarlos*. Era como un pequeño angelito dormido. Sus cabellos blancos desparramados sobre el colchón y aquella serena expresión. En esos momentos deseó con toda su alma ser la mullida almohada que el joven abrazaba con tanta pasión o siquiera poder tenerlo sobre su pecho, escuchando el palpitar de su corazón contra el suyo. Suspiró profundamente. El no estaba hecho para ese tipo de relación, él sólo servía para el engaño y la ilusión. No tenía nada que ofrecerle a un joven como Bakura, ni siquiera amor, sólo un buen rato, corto o largo, dependería de cuán interesado estuviera el albino.
Se quedó boca arriba en la cama, soñando despierto, al menos eso era gratis y no dañaba a nadie. Si tan sólo tuviera un día... un día completo para ser una persona diferente, que nadie reconociera y señalara acusadoramente. Pero aquello también era un sueño que seguramente no podría cumplir. Marik, estás delirando, se dijo a si mismo. Lentamente se dejó vencer, sonriendo quedamente al sentir unos cabellos blancos acariciarle el pecho en sueños. Soñar no le hace mal a nadie Marik, sólo a tí.
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