Capítulo 9
Los personajes de Yu-gi-oh pertenecen a su creador.
Advertencia: shounen ai, AU, OOCnes, lobos y nieve.
Gracias a... Dark Goddes, Aleja, Aguila Fanel, Amazona Verde, Ana91, Eli- chan1.¿Qué puedo decir? ¿Bloqueo de autor? Para nada, casi estaba listo el cap... Animos bajos... eso sí me ha afectado últimamente, pero nada que ver con esta historia... En fin... me dejo de explicaciones que ustedes seguro no están aquí para eso.
Espero que disfruten este capítulo.
Seto despertó con la sensación de haber sido pisoteado por una manada de venados, le dolía la espalda como si...
"Maldición." Claro que le dolía el cuerpo, Jou lo había tirado al suelo de aquella forma tan... "Demonios." Le dio una mirada a la persona que ocupaba el otro lado de la cama. "Condenado lobezno del infierno." Murmuró entre dientes. No sólo lo había dejado algo maltrecho sino que lo había dejado completamente exci... "K´uso." El rubio se movió suavemente pero no dejó su posición, acurrucado completamente sobre las sábanas como si aún conservara su forma de lobezno. Pero claro... Jou seguía siendo un lobezno en su interior y eso era algo con lo que Kaiba no había contado. En el momento en que había regresado el hombro de Jou a su lugar sin sacarle un sólo quejido, el joven se había echado sobre la cama, se había hecho un ovillo y le había dado la espalda. Seto había tenido que tomar un baño de agua fría y demás estaba decir que eso le había provocado un humor de los mil diablos.
Le dio un empujón malhumorado. "Levántate, pronto tenemos que irnos." Y continuó su camino en dirección al baño. Cuando salió del baño el rubio ya no estaba sobre la cama, su ropa tampoco. Se arrancó con fuerza la toalla que lo cubría y comenzó a buscar la ropa del día. Los cabellos aún mojados chorreaban por su cuello amenazándolo con un resfriado, pero le importaba poco. Al menos había conseguido un coche el día anterior y había dejado todo listo para continuar el viaje con el nuevo transporte. Al momento de estar listo salió al pasillo y tocó a la puerta de Marik gritándole que ya pronto sería hora de partir para luego continuar pasillo abajo sin darle un segundo pensamiento al hecho de que Ryou continuaba adentro de aquella habitación.
En el interior del cuarto de Marik todo era silencio hasta el momento en que Kaiba tocó a la puerta estruendosamente. Bakura cayó sentado en la cama de inmediato soltando la almohada que hasta hacía unos momentos había estado sujetando. Observó a su alrededor con los ojos muy abiertos hasta que sus pupilas se detuvieron en la pacífica forma de Marik. El hombre dormía boca arriba, la cabeza levemente ladeada, la mano derecha tras la almohada y la izquierda sobre el pecho cerrada en un puño mientras sujetaba las colchas. Pestañeó varias veces tomando en consideración la posición. Era una posición... que por alguna razón... lo atraía.
Se quedó viéndolo fijamente en silencio por un buen rato. Observando el subir y bajar del pecho cubierto. Se acercó un poco presa de la curiosidad. En su vida sólo había visto a Seto dormir y lo hacía boca abajo, apretando la almohada fuertemente, tanto que aún dormido podían verse los nudillos blancos por la presión. Admiró la fuerte línea del cuello justo en el lugar donde hacía contacto con el pecho y luego se suavizaba en la más mínima curva para volver con fuerza en la quijada. Era aquel punto suave el que parecía llamarlo, suplicándole una caricia fugitiva. Se acercó un poco más sin apenas mover la cama, la respiración de Marik continuaba serena. ¿Qué estoy haciendo? Gritó en su mente, pero entonces le llegó aquella sutil esencia que sabía era Marik, esa que había estado impregnada en la cama antes de irse a dormir la noche anterior.
Ryou cerró los ojos con suavidad y se acercó un poco más. Cuando abrió los ojos aquella suave curva estaba justo bajo sus labios y con un esfuerzo inconsciente cerró la brecha, rozando delicadamente el cálido punto. Marik apenas se movió, como si tratara de despertar pero nada más. El albino se arriesgó nuevamente atreviéndose a posar por más tiempo sus labios en aquel lugar. Se sentía tan suave y tierno que no podía resistirlo, la punta de su lengua acompañó la presión de sus labios sobre la piel y pudo probar por el más leve de los momentos el sabor del rubio. Esta vez Marik suspiró profundamente y se estiró con un temblor antes de abrir los ojos, para entonces Ryou ya se había enderezado.
"Buenos días." Le sonrió con calma, una sonrisa desnuda e inconsciente, desprovista de malicia alguna..
"Buenas. Es hora de levantarse." Dijo sin saber qué más decir. Marik asintió pero cerró los ojos de nuevo.
"¿Por qué no vas tú primero al baño y cuando terminas me despiertas? Así puedo aprovechar a descansar un rato más." Ryou así lo hizo, tomó el baño para sí y cuando salió completamente vestido y listo se quedó unos instantes observando al rubio de piel tostada. Caminaba con los ojos casi cerrados y por unos momentos se preguntó cómo le era posible caminar así. Sonrió para sus adentros, aquel sujeto no era una criatura mañanera, pero tampoco era mañanero como Seto. Frunció el ceño, ¿por qué tenía que estarlo comparando con Kaiba? Y hablando de cierto moreno, Kaiba debía estar echando chispas por el suceso de la noche anterior. Pero Ryou no había podido evitarlo, Jounouchi era curioso, un haz de energía pura que estremecía todo lo que tocaba.
No había pasado demasiado tiempo desde que se habían ido supuestamente a dormir cuando el rubio había comenzado hacer preguntas, principalmente acerca de las reglas de los humanos. En esos momentos Ryou había imaginado que sería beneficioso para el chico tener algún conocimiento a lo que se podía enfrentar durante la Convención a la que se dirigían. La conversación entonces había un giro extremo hacia Seto y Ryou se vio contando con lujo de detalles varios de los trucos que Seto podía lograr. Una vez Seto le había contado a insistencias suyas una de las presentaciones. Dos magos se enfrascaban en una especie de duelo mágico que ganaba el más astuto de los dos. Finalmente habían comenzado a bromear acerca de cómo debían ser los duelos hasta terminar en un duelo de almohadas.
Suspiró resignado, sabía que Seto estaría de un humor perro, por decir lo menos. Por eso se se apresuró a salir de la habitación de Marik para reunir sus cosas en el semi destruido cuarto donde habían estado la noche anterior. Cuando terminó se dirigió al salón comedor donde divisó a Seto bebiendo una taza de café. Jounouchi no se veía por ninguna parte, tampoco Honda. El que sí lo recibió con una sonrisa fue Marik, los violáceos ojos parecían danzar de la alegría al verlo y Ryou se sintió extraño devolviéndole el saludo tímidamente con la mano. Finalmente se acercó a Seto quien revisaba algunos escritos sobre la mesa.
"Buenos días, Seto." Un gruñido fue la respuesta a su saludo. "¿Qué haces?" Logró una mejor vista de los escritos, eran los mismos en los cuales el moreno había estado trabajando la noche en que Jou los interrumpió. Debían ser el hechizo para regresar a Jounouchi a su estado natural.
"¿Cómo pasaste la noche?" La suave voz de Kaiba llamó su atención. Tenía una expresión entre expectante y temerosa bien oculta entre el enojo de la noche anterior. ¿Acaso era remordimiento?
"Todo bien." Murmuró con una leve sonrisa. "Lamento lo del cuarto Set. Debí actuar con más lógica."
"Umh... ¿Marik... te trató bien?" Murmuró entre sorbo y sorbo de café.
"Hai. Todo bien." Setó dejó escapar un suspiro agradecido.
"La próxima vez yo haré las reservaciones." Dijo tratando de ignorar la curiosa mirada que le estaba dando su amigo.
"¿Y Jounouchi?" Preguntó finalmente el albino.
"Está dándole desayuno a Honda." Justo en esos momentos, la gracil figura del mencionado rubio regresaba a la mesa conincidiendo así con la jovencita que venía a tomarle la órden a Ryou ya que los otros dos habían desayunado hacía un rato.
"¿Cuánto falta para llegar?" Preguntó Ryou luego de que la joven se fuera.
"Dos días más de camino si no tenemos más inconvenientes."
"¿Aún continúas con eso?" Preguntó interesado. Seto asintió con la cabeza sin apartar la vista del escrito.
"Tiene varios detalles que me gustaría probar primero en objetos antes que en él. No me gustaría que terminara convertido en un troll." Ryou sonrió ante la aseveración.
"Tienes razón, sería doble problema."
"No más de lo que ustedes dos juntos pueden dar." Dijo con lo más parecido a una sonrisa pero Ryou se sintió culpable de todas formas.
"Lo siento Set, en verdad."
"Será mejor que te apresures con el desayuno, pronto tendremos que estar de camino. La próxima parada será en casa de Mokuba." Le anunció con suavidad.
"¡Mokuba! Eso es fantástico."
"Sí, pero tendrán que comportarse, no quiero que le den problemas a mi hermano."
"Hai." La joven del desayuno llegó y le sirvió a Bakura lo que había ordenado. Seto comenzó a guardar los escritos cuando vio que Marik había terminado de desayunar y se dirigía afuera. Al rato lo siguió dejando solo a Ryou. Minutos más tarde Jounouchi entraba corriendo al comedor.
"¡Ryou! ¿Estás bien? ¿No te falta nada?" Dijo al tiempo que revisaba todas las extremidades del joven.
"Hey, hey, tranquilo. ¿Por qué tanta preocupación?" Le comentó Ryou al tiempo que le daba un fuerte manotazo para que lo dejara en paz.
"Pudo haber pasado algo durante la noche." Dijo tan contrito como sus enormes ojos dorados le permitían.
"No pasó nada, te lo aseguro. Gracias por preocuparte." Le sonrió mostrando un blanco canino, sonrisa que Jou le devolvió de la misma forma. "¿Cómo te fue con Set?"
"Aaarghh, no me hables de Seto." Refunfuñó dejándose caer en la silla y llevándose una mano al hombro. "Es como tratar de razonar con un oso polar cuando le has interrumpido su hibernación." Ryou parpadeó varias veces ante la comparación y finalmente se echó a reír de buena gana. Al poco rato Jou lo acompañaba. "Ryou, necesito preguntarte algo." Le dijo recobrando la seriedad.
El peliblanco le devolvió una graciosa mirada de curiosidad, dándole a entender que le estaba prestando toda su atención.
"¿Existe... bueno... alguna forma entre los humanos... de..." Se revolvió en su asiento nervioso. "...de saber quién es el alpha?" Esta vez Ryou le devolvió una mirada en blanco. "Quiero decir que... vamos a estar en la Convención y van a haber muchos humanos allí. ¿Cómo voy a saber a quién debo o no mostrar respeto? Ser humano es algo complicado. Las reglas no aplican de la misma forma a las mismas personas, o sea... una misma regla aplica y no aplica a la misma persona..." Suspiró derrotado dejándose caer la cabeza sobre la mesa. "Estoy confundido, Ryou."
"Es por eso que Seto me pidió que los acompañara, Jounouchi, para que tú no te tuvieras que preocupar por eso." Le animó el albino mientras terminaba su desayuno. El rubio sonrió abiertamente.
"Gracias." Y ambos intercambiaron otra extraña sonrisa de blancos caninos.
"¡Bakura, Jounouchi! Es hora de partir." La voz de Marik los arrancó de la inmovilidad y mientras Ryou se echaba de golpe lo que le faltaba de su jugo, Jounouchi se echaba a la boca el último panecillo con mermelada que el peliblanco tenía en su plato.
Los dos jóvenes iban cómodamente envueltos en frazadas en el interior del coche junto con el lobo. Si bien no había tanta nieve, el clima no había mejorado demasiado. Ryou tenía sus ojos fijos en la ventana desde donde podía divisar con claridad al hombre de piel tostada. Llevaba observándolo desde la última posada y si el hombre se había percatado o no, no había dado muestras de darse por entendido.
Seto y Marik no habían intercambiado palabra desde que salieran de la posada a excepción de una que otra mirada desconfiada o enojada de parte de Seto que Marik no fallaba en responder con una sonrisa indiferente.
El viaje había sido un poco más lento que en trineo puesto que el camino aún conservaba algunas partes congeladas que dificultaban el progreso pero según iban avanzando los obstáculos se iban limitando a uno que otro lodoso charco. Finalmente la mansión del menor de los Kaiba estuvo a la vista. A Seto se le iluminó el rostro de inmediato e hizo apresurar el paso de los caballos.
A mitad de camino vio cómo un joven a caballo les salía al encuentro. Los cabellos negros, largos y algo crespos recogidos en una coleta y los ojos azules llenos de alegría al reconocer en los viajeros a su hermano mayor. Espoleó su montura en dirección a la comitiva.
"¡Seto!" Le gritó a la distancia el joven moreno. Seto hizo detener el coche y los caballos, descendiendo del suyo para acercárse a pasos largos hacia la figura a caballo. El joven, no bien estuvo a poca distancia, pareció tirarse del animal que montaba y emprendió carrera hacia el hombre. Se fundieron en un profundo abrazo, sin importarles que los tres acompañantes fueran testigos de tal demostración de afecto.
"¡Mokuba! ¡Cuánto has crecido!" Le dijo al tiempo que le alborotaba los negros mechones.
"Siempre dices eso niisan." Le sonrió el joven orgullosamente. "Veo que esta vez decidiste traer compañía." Le comentó alegremente al fijarse en la comitiva que acompañaba a su hermano. Seto se limitó a mostrarle una mirada sufrida.
"Es una larga historia. ¿Por qué mejor no nos invitas a tomar una taza de chocolate caliente? Así podrás enterarte de los detalles."
"Claro, hermano. ¡Vámos!" Le urgió al resto del grupo.
Seto regresó a su caballo y puso en marcha el coche sacando de su estado de total y completo shock al resto.
El interior de la mansión del menor de los Kaiba estaba decorada con simpleza sin carecer del buen gusto. El clima no era tan frío como en la cabaña de Seto pero continuaban predominando los motivos en pieles. Mokuba había hecho que les sirvieran algo de chocolate caliente y galletas las cuales deleitaron a Jounouchi grandemente. Claro que primero Ryou se aseguró de que no fuera a llevarse la taza caliente a la boca.
Jounouchi observó al hermano de Seto, eran parecidos, de eso estaba seguro, los ojos, la complexión, la determinación en aquella mirada. Se notaba que ambos hermanos estaban acostumbrados a llevar el liderazgo y controlar a aquellos sobre quienes parecían sobresalir. Pero donde Seto tenía un aire de fría inaccesibilidad pétrea, Mokuba era calidez volcánica imposible de detener en su paso y capaz de derretir las rocas como su hermano. Tenía la misma estatura que su hermano y un cuerpo esbelto bastante parecido, sin embargo Seto le sobrepasaba ligeramente en el ancho de los hombros por su madurez. Además, si bien ambos se movían con la misma gracia y fluidez, Mokuba conservaba a su alrededor un aire levemente salvaje y juguetón.
Mokuba estaba encantado con la visita de su hermano se podía ver en la amplia sonrisa. Mientras comían se dedicó a observar a los acompañantes de su hermano. Al peliblanco lo conocía de veces anteriores cuando había estado de visita en la casa de Seto. Al rubio de los ojos marrón no lo había visto antes. Al hombre de piel tostada y lacios cabellos rubios lo había visto en una que otra de las reuniones de magos, Marik Ishtar, si su memoria no se equivocaba. Le echó un vistazo al perro blanco que acompañaba al cuarteto.
"Ese no es un perro." Dijo finalmente y todos en la mesa quedaron en silencio. Fijó la mirada en su hermano quien luego de un rato sonrió satisfecho.
"Tienes mucha razón, Mokuba, ese no es un perro." Seto recitó una encantación que canceló el hechizo que cubría al lobo. "Es un lobo blanco."
"¿Cómo pudiste conseguir uno, hermano?" Dijo al tiempo que se lanzaba de su silla para caer al lado del animal. Seto vio con horror cómo su hermano se acercaba al lobo no había tenido tiempo de indicarle que el lobo no estaba domesticado a pesar de las apariencias.
"¡Mokuba!" Exclamó alarmado.
Sin embargo y para sorpresa de todos, el lobo se quedó muy quieto mientras el joven le acariciaba el níveo pelaje. "Es hermoso." Susurró. "¿Puedo quedármelo?"
"Mokuba... el lobo no me pertenece." Le comentó Seto algo nervioso.
El joven continuó acariciando el pelaje con deleite sin darse cuenta de las miradas que le estaban dando los presentes. "¿Entonces de quién es?"
"Es... de Jounouchi." Mintió finalmente. "El lobo le pertenece a Jounouchi. Jou lo aprecia muchísimo, no creo que se quiera desprender de él tan fácilmente."
"Qué lástima, hubiera sido una excelente mascota. ¿Pero puedo jugar con él, verdad, Jounouchi?" El joven se volteó a observar al rubio quien estaba con el rostro petrificado en un gesto de sorpresa y pánico. Ante las intensas miradas que estaba recibiendo de Seto y Ryou, Jou tragó con fuerza y miró a su hermano lobo. ¿Qué se suponía que debía decir? Aquel humano estaba hablando como si tuviera el derecho de adueñarse de uno de los de su raza. "¿Sucede algo?" Dijo un poco aturdido el joven.
"Creo que el viaje fue un poco largo, Mokuba. Todos estamos algo cansados." Seto trató de distraer la atención de su hermano sobre el animal y Jounouchi.
"Ohh... Pero no estarás cansado para charlar conmigo, ¿ne? Quiero que me cuentes cómo te ha ido." Dijo levantándose y olvidándose por el momento del lobo cosa que tranquilizó un poco a Seto.
Mientras los demás terminaban de cenar Seto se retiró a una de las habitaciones para tener una charla más privada con su hermano. Marik, que había se había percatado del ambiente repentinamente pesado decidió que era tiempo de averiguar cuál era el secreto que Seto Kaiba estaba reservándose.
Con el rabillo del ojo observó la habitación donde sabía estarían los hermanos conversando y se dirigió a la habitación que le había sido asignada en la mansión. No bien entró sintió en ella sellos mágicos por todas partes. Dio un resoplido disgustado. ¿Cómo podía haber olvidado que aquella era la casa de un Kaiba? Posiblemente estaba asegurada con más hechizos de los que podía cancelar. A pesar de todo la habitación era bastante acogedora. Ordenó sus cosas, se duchó y se cambió. Con una clara sonrisa salió nuevamente al pasillo en busca de los hermanos, pero antes de llegar otra conversación llamó su atención. Podía dinstinguir claramente la agitada voz de Jounouchi.
"¡Ryou, no somos mascotas!" Gritaba el rubio sin medir sus palabras.
"Jounouchi, debes calmarte. Estoy seguro que Seto le debe estar explicando a Mokuba en estos momentos..."
"¡Ese no es el punto, Ryou! ¿Cómo es que los humanos pueden tomarse el derecho de adueñarse de lo que no les pertence como si fuera lo más natural del mundo?" El rubio apretaba los puños con fuerza mientras caminaba de un lado para otro, dando la impresión de un animal enjaulado. "¡Es degradante!"
El chico no me pareció tan malo, Jou.
"¿Y lo dices tú? ¿El que casi me mata porque hice amistad con un humano? Será mejor que no opines." Exclamó rabiando el rubio.
Hey, tú no puedes ordenarme. El lobo se plantó frente al joven dándole una mirada atenta.
"Ggrrrrrhhh...."
¡No me gruñas, Jou!
El ronco gruñido de ambos se escuchó por un largo rato y Marik se preguntó si lo que escuchaba era producto de su imaginación. Era como si el joven rubio estuviera discutiendo con el.... lobo.
Ryou sabía que debía hacer algo pero "Chicos, por favor." Suplicó tímidamente.
Marik decidió que era tan buen momento como cualquiera para interrumpir lo que parecía era el principio de una discusión bastante fuerte, pero al entrar se quedó sorprendido. Jounouchi estaba sobre el suelo, el lobo encima de él y ambos gruñían como si fueran dos salvajes especímenes.
"¿Qué sucede aquí?" Dijo y trató de acercarse. Bakura lo detuvo de inmediato.
"Ahh... sólo están jugando." Contestó el albino.
"No me lo parece." Le dijo con seriedad mientras lo empujaba levemente a un lado para tratar de separarlos. Pero justo en el momento en que trataba de hacerlo Jounouchi cayó en cuenta de la presencia de Marik. Bastó un ágil movimiento del rubio para quedar de pie y enfrentarse amenazante al hombre de piel tostada. Los ojos entrecerrados peligrosamente y mostrando con fiereza los caninos. Marik dio un paso atrás sorprendido por lo repentino de la actitud. Bakura observaba horrorizado sabiendo que en cualquier momento Jounouchi podría lanzarse sobre Marik. Honda simplemente estaba parado tras las piernas de Jounouchi también algo confundido por la actitud de su amigo que nunca había sido tan agresivo ni siquiera con sus propios hermanos.
Marik retrocedió un poco más cuando el gruñido en la garganta de Jou se hizo más profundo y rabioso dándole la impresión de que pronto se le lanzaría encima. Se preparó en su mente pero justo en el instante en que parecía que el rubio se le echaría encima Bakura se interpuso. El joven albino sentía en su pecho una extraña vibración mientras se enfrentaba con Jou. Por unos segundos la situación se mantuvo estática hasta que finalmente Jounouchi soltó una especie de resoplido y se relajó levemente dejando de gruñir. Bakura entonces sintió que la tensión en su cuerpo se esfumaba sintiendo la necesidad de hacer el mismo sonido y movimiento que Jounouchi y así lo hizo.
"¿Qué sucede aquí?" Desde la puerta se escuchó a Seto quien trataba de evaluar la situación mientras entraba apresuradamente. Bakura sintió entonces que la presencia de Seto sería suficiente como para detener cualquier otro enfrentamiento y de pronto se sintió ligeramente mareado. Era como si toda la tensión de hacía unos segundos lo abandonara y lo dejara con las piernas como gelatina. Dio un paso atrás y sintió que el piso se le iba de los pies. Marik logró sujetarlo pero lo repentino del suceso le impidió mantenerse en pie por lo que se vio de rodillas en el suelo con los brazos llenos de Bakura.
Dudas, preguntas, comentarios, sugerencias, críticas, flamas... todo es bienvenido.
Ja ne!
