Capítulo 10


Los personajes de Yugi-oh no me pertenecen.

Advertencia: shounen ai, AU, OOCnes, lobos y nieve.

Gracias a... Aguila Fannel, Arla17, Kinyoubi, Ana-91, Tikal-neo y Eli- chan1. Sus reviews y comentarios me ayudan mucho, mucho. Lamento que haya tardado tanto este cap.

Para ANNIE, eh aquí parte de la historia de cómo Seto conoció a Ryou y creo que con lo que leerás será fácil ir imaginando el resto de lo que sucedió.


Ryou despertó al sentir que alguien le apretaba el brazo dolorosamente. Al fijarse a su alrededor pudo ver primero que nada el rostro de Jounouchi.

"¡Ryou! Lo siento mucho, Ryou. Por favor perdóname." Gimoteó el rubio con enormes ojos llorosos antes que pudiera decir nada.

"¿Qué pasó?" Susurró con voz ronca y algo perdido sin notar la mirada extrañada que le daban los presentes.

"Fue mi culpa Ryou, lo siento mucho en verdad." Volvió a gimotear el rubio.

"Jounouchi. Déjalo respirar." Le ordenó Seto desde una esquina de la habitación, su voz reflejaba cansancio e irritación.

"¿Seto, qué sucedió?" Los achocolatados ojos se posaron en la figura del moreno mientras se acercaba a donde estaba.

"Es lo que he estado tratando de que me digan desde hace un rato." Dijo dándole una mirada enojada a Marik, quien se hallaba sentado en la cama bastante cerca del albino. "Pero ahora que estás despierto quizás podrías explicármelo." Seto suavizó levemente su voz al ver que el joven de blancos cabellos aún estaba bastante aturdido.

Ryou lo pensó unos instantes, la realidad era que no podía explicar lo sucedido, no porque no lo recordara sino porque si Seto se enteraba que Jounouchi había vuelto a las andadas seguramente echaría un sermón allí mismo. Además de que no quería que el moreno volviera al mal humor de la noche anterior en esos momentos no tenía los ánimos. Le echó una mirada a Jounouchi, en sus ojos color caramelo sólo podía ver preocupación no por lo que Kaiba pudiera hacerle ni por lo que pudiera hacerle cualquier otra persona sino genuina preocupación por él.

"El viaje... Estoy algo cansado." Murmuró sin apartar la vista de Jou.

"Pero estabas perfectamente esta mañana." Le reclamó Seto un poco enojado.

"Deja al chico. El viaje fue largo." Le comentó Marik sosteniendo con intensidad la mirada del moreno.

"No, Mokuba, llama al médico del pueblo para que venga a revisar a Bakura. No seguiremos el viaje hasta que el galeno lo revise." Gruñó al percatarse que incluso el rubio Ishtar estaba tratando de ocultarle lo sucedido.

"¡No! Set, estoy bien. En serio." Le dijo el albino con firmeza mientras se levantaba de la cama. "Sólo es un poco de cansancio. Se me quitará con el descanso de esta noche." Esta vez las obscuras pupilas retaron a Seto a diferir. Al instante entendió que estaba ante el lado terco del albino, uno al cual no podía contradecir demasiado a riesgo de sufrir uno de sus conocidos arranques. Lo menos que quería en esos momentos era molestarlo por lo que suspiró con resignación y se llevó los dedos a la sien en un gesto que comenzaba a hacérsele conocido a Jou.

"Bien. Pero si mañana te sientes mal TIENES que decírmelo. No quiero tener otra preocupación adicional durante la Convención." El joven asintió y Seto salió de la habitación murmurando algo entre dientes. Mokuba observó al grupo con curiosidad. Seto le había estado hablando del lobo pero aún le maravillaba que el animal se sintiera a gusto con todas esas personas a su alrededor cuando supuestamente sólo conocía a Jou.

Le echó un último vistazo al níveo animal que pareció devolverle la mirada con inocente curiosidad. "Espero que puedan descansar esta noche. Si necesitan algo sólo tienen que avisarme." Les dijo Mokuba en un tono bajo y conciliador. Finalmente siguió a su hermano fuera de la habitación.

Cuando los hermanos salieron Marik se levantó de su lugar, se acercó a la puerta y se cruzó de brazos. "Bien, ahora me explicarán a mí qué es realmente lo que está sucediendo." Jounouchi y Ryou bajaron las cabezas, así como Honda. "Porque luego de lo de hace un rato no esperen que me conforme con la misma mentira." Con un profundo suspiro los tres se sentaron en la cama y Ryou comenzó a explicar en un hilo de voz la situación de Jounouchi. El rubio escuchó con atención todos los detalles del cuento... versión de Ryou claro está, versión que era la misma que le habían vendido a Jounouchi.

"¿Cómo pudo Kaiba convertirte en humano sin que enloquecieras?" Exclamó Marik al final. Jounouchi se limitó a sonreír un poco abochornado.

"Supongo que no soy un lobo demasiado arraigado a mi naturaleza." Sonrió Jou llevándose una mano a la nuca mientras Honda resoplaba indignado.


La tarde se había cerrado y la noche cubría soberana la cabaña de Mokuba Kaiba. Una fantasmagórica silueta se deslizó fuera de la puerta de Jounouchi y en completo silencio comenzó a olisquear las habitaciones sin dar con la que buscaba. Honda buscaba al joven de cabellos negros, el hermano de Seto. La brisa que se colaba por uno de los balcones le trajo el olor del joven. Se acercó con cautela tratando de no interrumpirlo. Parecía pensativo sentado en la baranda de madera que adornaba el balcón. La luz nocturna iluminando apenas la piel tostada del joven.

Se sentó lo más cerca que pudo y ladeó la cabeza tratando de verlo mejor en la semipenumbra del balcón. Al cabo de un rato Mokuba se enderezó y volteó para entrar a la casa. Al verlo se detuvo y Honda se removió un poco en su lugar pero permaneció sentado como esperando a ver qué sucedía.

"Mi hermano me contó sobre ti." Comenzó a decir Mokuba mientras se agachaba a la altura del animal. "No creo que seas salvaje." Murmuró mientra extendía una mano hacia el lobo. Honda trató de captar el olor de Mokuba sin tener que acercarse demasiado, el aura que envolvía al joven le decía una y otra vez que no había nada de qué temer. "Vámos. Sólo quiero tocarte." Finalmente Honda se levantó y se acercó. Mokuba le acarició suavemente el pelaje del pecho.

Honda no podía entender por qué sentía que era seguro acercarse al joven. No había sido así con los demás, sólo con Jounouchi y porque era su hermano de crianza, dos lobeznos de diferentes camadas pero que habían decidido compartir sus correrías. Antes de darse cuenta Mokuba lo tenía sobre su lomo y le hacía cosquillas en la panza cosa que lo deleitó sobremanera. "Sabía que no me harías daño." Murmuró el joven complacido. Se levantó y le dio una sonrisa al animal. "¿Quieres algo de comer?" Y salió en dirección a la cocina seguido de Honda que iba con paso algo inseguro.

Ya en la habitación Mokuba sacó un poco de la carne que había cazado durante el día y que aún tendría que preparar para conservarla en buen estado. Con cuidado se agachó y le ofreció los pedazos al lobo. Honda se acercó con cautela, nuevamente con la sensación de seguridad que le era extraña. "Sé que no naciste para ser una mascota. Aún así me gustaría que lo fueras." Susurró Mokuba en aquel tono bajo y conciliador. Honda hubiera dado cualquier cosa por entender las palabras que el joven le hablaba pero se contentó con lamer levemente la mano que le ofrecía la carne.


Seto intentó dormirse, pero en su mente le seguía dando vueltas la situación aquella, lo que había hablado con su hermano e incluso la presencia de Marik en la casa de su hermano. Todo comenzaba a rayarle los nervios y la paciencia. Por el momento tendría que olvidar todos esos detalles si pretendía concentrarse en la competencia que se aproximaba. Dio varias vueltas en la cama antes de encontrar una posición que le acomodara y cuando el sueño comenzaba a vencerlo le pareció sentir sobre su cuello una cálida respiración.

Abrió los ojos sobresaltado simplemente para percatarse de que se hallaba en una posición poco usual, boca arriba, con una mano sobre el pecho y otra sobre el vientre. ¿Cuándo demonios se había dormido en esa posición? "K´so." Murmuró malhumorado. "Es sólo un cachorro, ni siquiera es humano." Se volteó boca abajo y sujetó con fuerza la almohada bajo su cabeza como era su costumbre.

Sin embargo y conforme pasaba el tiempo se dio cuenta que el sueño no le iba a llegar pronto y sabía exactamente cuál era la razón... el lobezno. No podía negárselo a sí mismo, no era su costumbre engañarse de esa forma tan rampante. Con algo de brusquedad se levantó y se cubrió con una de las batas que había llevado. Abrió las puertas que daban al balcón de su habitación y apoyó las manos en el barandal. Siquiera el aire fresco de la noche lo calmaría un poco. Incluso Bakura lo hubiera podido distraer un poco, pero le parecía injusto estar pensando en el lobezno mientras estaba con Bakura. Por tonto que pareciera le había tomado cariño al joven albino y no estaba en sus planes herirlo esa noche... no después del extraño suceso con Marik.

La brisa nocturna le removió los oscuros mechones y entrecerró los ojos para disfrutar la frescura de la misma. Estuvo casi una hora en aquel lugar, moviéndose ocasionalmente hasta que unas voces abajo de su balcón le llamaron la atención. Se ocultó en la oscuridad del balcón para observar. Bajo su mirada dos figuras se abrieron paso.

"¡Jounouchi!" Gritó entre dientes Bakura. "¿A dónde crees que vas?"

"Debe estar por aquí Ryou." Repuso el rubio en igual tono. Seto arqueó una ceja con curiosidad. Bakura y Jounouchi caminaban con suma cautela en el patio de la casa. Parecía que buscaban algo o alguien, pero desde aquella distancia no podía entender lo que susurraban. Los observó fascinado, ambos se movían con suma gracia y sin hacer ruido alguno. Era algo que siempre había admirado en Ryou, pero ahora que veía a Jounouchi imitar perfectamente la forma de moverse del albino el hecho le produjo cierta inquietud.

Jounouchi se detuvo por unos segundos y sin pensarlo dejó escapar un suave aullido. Minutos más tarde una mano se posaba con fuerza sobre su boca. "¿Qué crees que haces? Vas a despertar a todos en la casa." Siseó Ryou ante la atónita mirada de Jou.

"Lo siento." Musitó abochornado el rubio. "Creo que es instinto." Dijo suspirando. "Es que no sé a dónde se pudo haber metido Honda."

"No creo que le vaya a pasar nada por una noche que duerma fuera. Podemos dejar la puerta de la habitación abierta por si regresa." Propuso Bakura.

"Claro." Dijo con algo de tristeza y desilusión. Bakura se percató de inmediato del cambio en el rubio.

"Hey, ¿qué sucede?" Preguntó preocupado.

"Ahh... nada. Supongo que extraño las montañas." Murmuró con nostalgia.

"Yo también las extraño." Comentó Ryou con cierto aire de complicidad. "Solía correr sobre la nieve hasta encontrar un buen lugar para cazar." Jounouchi sonrió de soslayo.

"Sí. Extraño eso. Correr con Honda en la falda de la montaña. Ahuyarle a la oscuridad de la noche." Se sujetó un brazo con un aire resignado. "Supongo que ser humano tiene sus desventajas."

"Oye... también tiene sus ventajas. "Quieres jugar a las carreras... quizás eso te anime un poco." Jounouchi le dio una mirada avivada.

"¿Crees que se pueda aquí?"

"Claro, ¿ves ese árbol de allá?" El rubio asintió. "Bien, no hay muchos obstáculos así que podemos ir, darle la vuelta y regresar. El primero que llegue es el ganador."

"¡Hecho!"

"Esta será la marca." Continuó el albino señalando los arbustos que bordeaban el sendero en el que se encontraban. "¿Listo?" Jounouchi le dio una sonrisa salvaje, llena de excitación. "¡Vámos!"

En un despertar de elásticos músculos ambos jovenes salieron disparados. Seto observó el par, era como si el viento los llevara sin esfuerzo alguno hacia el árbol que se encontraba a una distancia considerable. Los vio saltar algunos arbustos que se interponían en sus caminos y sintió como si presenciara una competencia entre demonios de nieve. Con ojos hipnotizados siguió los cuerpos hasta que le dieron la vuelta al árbol para luego comenzar a acercarse. Por un momento pensó que Jounouchi llegaría primero al lugar pero justo cuando comenzaban a acercarse a la marca Ryou se inclinó hacia Jou tomándolo con fuerza por la cintura y haciéndolo rodar.

El rubio emitió un sorprendido sonido para recuperarse en apenas unos segundos y tomar control de la aparentemente descontrolada voltereta. Con un gruñido alegre cayó sobre Bakura, sujetándolo de las muñecas y haciendo ademán de morderle la garganta. Por unos segundos Seto abrió los ojos con sorpresa pensando que Jounouchi estaba atacando al albino como apenas un día atrás había temido de sí mismo, por unos segundos su respiración se contuvo hasta que escuchó claramente la risa de Bakura.

Con una simple maniobra de sus piernas el joven empujó el cuerpo de Jou y tras una breve escaramuza quedó sobre el rubio haciendo exactamente lo mismo que hacía unos segundos el joven le hiciera. La profunda risa de Jounouchi llegó hasta sus oídos, interrumpida intermitentemente por gruñidos y pequeños chillidos. La mente de Seto comenzó a sugerirle algunas cosas en ese instante... cosas que no había notado hasta ese momento. "Están... jugando." Susurró más para sí mismo que otra cosa. Observó más detenidamente a los dos jóvenes.

La pequeña escaramuza continuó por un buen rato, ambos tirando dentelladas inofensivas al aire y fingiéndose mordidos, respondiéndose con gruñidos y risas. Finalmente Ryou dejó caer su cabeza sobre el vientre de Jou totalmente exhausto y ambos quedaron por un momento quietos, respirando agitadamente.

"Gracias." Murmuró Jou entre profundos suspiros. "Lo necesitaba." Cerró los ojos satisfecho mientras Ryou volteaba la cabeza en su dirección y dejaba escapar una risita satisfecha.

"Creo que yo también lo necesitaba." Murmuró cerrando los ojos.

Kaiba se llevó una mano temblorosa a los ojos y trató de ignorar lo que su mente le estaba diciendo justo en esos momentos... sin embargo hacía demasiado sentido. La imagen del albino continuaba en su mente. Lentamente se retiró del balcón y cerró las puertas. Se dejó caer pesadamente en el sillón que había en una esquina de la habitación.

"Ryou..." Susurró. ¿Cómo no se había percatado antes? "Pero quién..." Se preguntó sin encontrar respuesta alguna. Nunca había escuchado de ningún otro mago en las cercanías de las montañas en todo el tiempo que llevaba viviendo en ellas. El único mago era él mismo.

Cerró los ojos con temor y su mente conjuró la escena nuevamente. El joven albino tirado sobre la nieve, completamente desnudo, el cuerpo levemente azuloso por el frío. Antes de eso... no era como si hubiera demasiado por recordar... apenas acababa de conseguir un lugar donde instalarse en las montañas. Su cabaña estaba recién hecha por orden suya, pero con la constante supervisión no había tenido demasiado tiempo para ver los alrededores. Sin embargo recordaba el primer día que había salido a explorar.

Una pequeña jauría de lobos de nieve se podía observar en la parte superior de las montañas y desde la distancia que estaba divisó una loba cuyo pelaje brillaba bajo el sol invernal como fina plata. La vio llevar en su boca algo. En un principio había pensado que se trataba de un conejo muerto pero cuando la pequeña criatura fue depositada en el suelo pudo ver con deleite que se trataba de una cría. Recordó que desde ese momento había deseado tener un lobo de nieve como mascota.

Los días siguientes se la había pasado practicando hechizos en la ladera de la montaña. El lugar era amplio y libre de estorbos. Toda clase de hechizos, especialmente aquellos complicados que requerían una concentración inusual de su parte. Durante uno de esos hechizos fue interrumpido por la aparición de la loba en su campo visual. Sólo por unos segundos la plateada forma había pasado como un celaje de un lado al otro del lugar donde practicaba. Por un buen rato había pensado en descontinuar su practica y regresar, el hecho de que la loba estuviera tan cerca no le daba buena espina. Finalmente había desechado la idea y había continuado.

Fue cuando regresaba de aquella práctica que había encontrado a Ryou tirado sobre la nieve, como salido de la nada.

"Imposible." Susurró. "Imposible." Repitió luego de unos segundos más. Con movimientos inseguros y torpes se levantó del sofá y se dirigió nuevamente a las puertas del balcón. Cuando se asomó las dos figuras habían desaparecido y no quedaba rastro de lo que había sucedido. "Kuso." Gruñó con amargura apenas contenida. "Eres un tonto Seto." Murmuró. "Un tonto irresponsable."


Honda se relamió con gusto al recordar la carne que acababa de devorar mientras observaba cómo el joven continuaba preparando el resto. Estaba completamente satisfecho y en su vida no se había sentido tan cómodo en presencia de otro ser, ni siquiera Jounouchi. Meneó el rabo inconscientemente. "Hey... ¿te gustó eso?" Al ver la sonrisa del joven el movimiento del apéndice se hizo más pronunciado. "Jajaja, supongo que sí. Casi termino con esto y luego me iré a dormir. Puedes acompañarme si lo deseas, en serio. No tengo problemas en compartir mi rincón." Continuó preparando la carne hasta que finalmente terminó con toda la que quedaba. Se lavó las manos y se las secó. "Vámos." Honda se levantó de inmediato, aquel sonido era uno de los que comenzaba a entenderle a los humanos.

Con pasos más confiados esta vez siguió al joven hasta la recámara. Mokuba cerró la puerta luego de que el lobo entrara. "Espérame aquí." Le dijo nuevamente con una sonrisa mientras se dirigía al baño. Honda observó a su alrededor y comenzó a olisquear las cosas que le parecían más interesantes, finalmente el joven emergió del baño con una pajama puesta. Dio un enorme bostezo antes de dirigirse a la cama y se metió bajo las sábanas. Honda observó con las orejas muy atentas hasta que el joven le dio dos palmadas a la cama. De inmediato saltó arriba y sin mucho preámbulo se dejó caer sobre la cómoda colcha. "Eres una criatura muy hermosa." Comentó Mokuba mientras le acariciaba con suavidad las orejas. "Me gustaría que te quedaras."

Honda no pudo entender las palabras del humano pero cerró los ojos con un suspiro cuando el joven dejó de acariciarle las orejas. Bajó la cabeza entre las patas y al sentir que Mokuba apagaba la luz se acercó un poco más al cálido cuerpo durmiéndose al poco rato.


Apenas faltaban unas horas para que amaneciera y Seto se levantó, no de su cama, sino del sofá. No había podido dormir en toda la noche, sus pensamientos y consciencia no le habían dado tregua. Se dio un baño rápido, se arregló y se vistió, saliendo con paso cansado de la habitación. Apenas amanecía y todo estaba en silencio. Las habitaciones donde debían estar los tres invitados estaban completamente quietas. Al menos eso era un alivio. Pasó con lentitud y sin hacer ruido hasta llegar a la puerta de la habitación de su hermano. Tocó quedamente y entró sin recibir respuesta. Su hermano solía dormir hasta tarde.

Un suave gruñido detuvo sus pasos y se quedó completamente quieto hasta que registró la presencia del animal. "¿Honda?" El ruido cesó de inmediato. Se acercó a una de las lámparas y encendió la mecha. El lobo estaba echado plácidamente sobre la cama al lado de su hermano. "Parece que los Kaiba tienen una conexión lupina más fuerte de lo que imaginaba." Sonrió al ver que su hermano se estiraba perezosamente.

"Set, ¿qué pasa?" Preguntó un poco azorado.

"Nada, Mokuba, sólo estaba algo preocupado, pero veo que ya tienes compañía." Sonrió en dirección al animal. El joven de cabellos negros se acomodó en la cama para dejarle un lado a su hermano quien lo complació de inmediato. Honda se acomodó también, pero al lado contrario de donde Seto estaba.

"Parece que no eres del todo de su agrado." Mokuba comenzó a acariciar las peludas orejas y Honda entrecerró los ojos satisfecho.

"No lo culpo." Dijo cansado al tiempo que se escondía bajo las colchas.

"¿Mala noche?"

"Hmmn."

"Vamos, ¿qué es lo que sucede?" Le dijo el joven al tiempo que le daba un buen empujón.

"¿Podemos hablar en la mañana?" Fue la respuesta algo confusa bajo la colcha.

"Está bien." Susurró algo preocupado Mokuba. "Pero en la mañana me dirás qué es lo que te pasa."

"Unhunn."

"A veces actúas como si tuvieras cinco años todavía." Comentó el joven volteando los ojos para luego apagar la lámpara, meterse también bajo las colchas y continuar acariciando las orejas del animal.


Mokuba despertó más tarde de lo que había pensado, su hermano continuaba a su lado, caso extraño pues sabía que Seto era madrugador. El lobo lo saludó con un movimiento de cola tan pronto lo vio estirarse. "Buenos días." Musitó algo somnoliento. "Me hace falta una taza de chocolate caliente." Dijo al tiempo que se rascaba un hombro y se levantaba de la cama dejando a Seto cubierto con la colcha. Se estiró cuan largo era cuando se levantó de la cama, con paso lento pero seguro llegó hasta el baño y se arregló un poco aunque no se preocupó por cambiarse la pijama que consistía únicamente del pantalón de la misma. Los negros cabellos a pesar de haber sido peinados continuaban obstinadamente revueltos pero no les prestó demasiada atención.

La escena que lo saludó al llegar a la cocina fue la de Marik, Jou y Bakura, todos con una taza de chocolate caliente. Marik fue el primero en darle los buenos días mientras le ofrecía una taza de chocolate. Tras Mokuba apareció Honda.

"¡Honda! ¿Dónde rayos estabas metido? ¡Te buscamos toda la noche!" Exclamó el rubio a modo de regaño.

No es de tu incumbencia. Soy un lobo libre. Fue el mensaje del lobo mientras lo ignoraba olímpicamente en favor de acercarse a los pies de Mokuba.

"Eso no es gracioso Honda, al menos díme que vas a desaparecer, apenas pude dormir."

El resto del grupo observaba la dinámica con algo de verguenza ajena hasta que Mokuba interrumpió. "El lobo pasó la noche en mi habitación, espero que eso no sea demasiado problema."

Honda escondió la cabeza entre las patas mientras un pesado silencio se posaba en la cocina. No necesitaba entender al humano para imaginar lo que había dicho. Por lo que cuando Jounouchi explotó en carcajadas todos brincaron en sus lugares.

"Y luego dices que yo soy el que está loco." Dijo entre carcajadas finalmente. La risa no duró demasiado porque aquella amena escena fue interrumpida por la llegada de un visitante. Una joven de rubios cabellos yacía recostada del portal con una sonrisa más bien cínica. Vestía un abrigo de piel ligero y bajo el abrigo vestía pantalones gruesos muy pegados y una camisa también gruesa de cuello alto.

"Buenos días, Mokuba, querido." Sonrió en dirección al aludido quien tomó un leve color sonrosado en las mejillas. "¿No me vas a presentar a tus invitados?" Dijo al tiempo que se acercaba de buenas a primeras a Jounouchi y se le arreguindaba del brazo.

El rubio pensó que una descarga de feromonas lo había golpeado con todo el peso posible y cuando Mokuba estaba a punto de responderle a la chica tomó una profunda aspiración que lo dejó algo mareado y dijo lo primero que se le vino a la mente.

"Está en celo." Y fijó los ambarinos ojos en los de la chica que estaban completamente abiertos. El resultado no se hizo esperar.

¡PLAFFF!

Y Jounouchi fue a parar al suelo con la marca de una delicadísima mano en la mejilla.


Tardé mucho otra vez, lo siento... estas últimas semanas han sido fuertes para mí, fui tía por siete días y hoy finalmente se pudieron llevar los arreglos necesario para el entierro de mi sobrinito de siete días. Todos aquí estamos tranquilos, sin embargo no es nada fácil.

Gracias a todos por leer, espero les haya gustado este capítulo. Cuidense mucho y ya saben, dudas, preguntas, críticas, flamas, sugerencias, todo es bienvenido. Ja ne!