Capítulo 12


Los personajes de Yu-Gi-Oh no me pertenecen.

Gracias a...

Noin Weiß KreuZ Yaoi - Supongo que ahora no me perdonas por haber tardado más que semanas en actualizar esto. Sorry.

Kaede Sakuragi - Gracias por los ánimos y espero que estés haciendo tu fic como me lo describiste, al menos no se tardaría tanto como el mío. Me disculpo muchas veces pero no creo que eso sea suficiente.

Karoru Metallium - Bueno... pues ya no tan abandonado y finalmente arriba, rayos, desde el martes que lo tenía, sorry Karo. Pero aquí los tienes y voy a ver si lo dejo en agenda porque con la fiebre de HP que tengo ando perdidota. Pero nada, tú sabes cómo me encanta el angelito albino, ejem... gracias por todas las imágenes que me has enviado de él. Y sip, el angelito va a sacar sus garras, al cabo que también es un lobo y con más experiencia que los otros dos, pero Seto y Jou siguen siendo los principales. Aquí en este capítulo entra el personaje que sacar a relucir todo lo relacionado con los lobos y que hará que Seto finalmente se decida a dejar a un lado su frialdad de una vez y por todas. Y shi me hace falta beta, buaaaaaa, he corregido toda la historia desde el principio y no sabes la mar de cosas que he quitado y cambiado, sin alterar lo que ya estaba dicho, claro, solo pequeñas metiditas de pata. Cuídate mucho, Karo.

Gochi Glay Lover - Muchas gracias por los ánimos y agradecida también por la paciencia que me han tenido.

Briggitte - Sorry también por la tardanza, pero espero no volverlo a hacer.

Gracias por la paciencia a todos y sorry por la espera. Sin más la historia.


El camino fue algo accidentado pero nada que no pudieran manejar, al final la que más se había quejado había sido la chica Valentine. La tarde estaba a punto de comenzar cuando Seto divisó los portales del lugar de reunión. Hermosos pavos reales blancos sobre columnas de mármol flanqueaban las magnificas puertas que más parecían la entrada a un jardín encantado que otra cosa. Las puertas se abrieron permitiéndoles el paso y Jounouchi se asomó a la ventana del carruaje mientras observaba todo cuando había en el interior. Un hechicero les salió al paso para darles la bienvenida.

"Bienvenidos a la Convención Anual de Magos." Saludó con una profunda inclinación. "¿Puedo ver sus invitaciones?" Mokuba, Seto, Mai y Marik sacaron dichos documentos y los presentaron ante el hombre. Luego de las debidas autorizaciones les dio paso franco.

"Vaya, esto sí que es hermoso." Comentó Ryou desde el interior del carruaje. Jounouchi estaba a su lado y observaba con la misma expresión de asombro. Era la primera vez que bajaba de las montañas, no que hubiera vivido demasiado pero las montañas nunca se habían descongelado, al menos eso le había contado su madre. Sonrió con aquella canina expresión y Ryou lo imitó a la perfección.

El carruaje se detuvo frente a una extraña estructura que recordaba vagamente un lirio de agua en cuyo centro descansaba una cúpula de cristal que reflejaba el cielo y lo que había a su alrededor haciendo dificil mirarla.

"Otra vez una flor." Murmuró Seto fastidiado. Mokuba sonrió abiertamente.

"Es hermosa. Al menos no tiene forma de rana como hace dos años."

"Vámos." Se acercaron a la periferia de la estructura y desmontaron. Los caballos desaparecieron de inmediato y Seto se acercó al carruaje abriendo la puerta para que los jóvenes bajaran.

"¿Qué es eso, Set?" Preguntó Ryou con evidente fascinación.

"Es tan sólo la entrada. Vámos, no retrasemos al resto." Dicho lo cual sujetó a Jounouchi de la muñeca y lo dirigió tras de sí. Ryou se quedó viendo la escena con resguardada emoción. Una pequeñísima sonrisa le llegó a la comisura de los labios. Seto se estaba volviendo mucho más posesivo de su lobezno. Seguro le iba a dar un ataque cuando se diera cuenta.

Siguió a la pareja hasta donde estaba el resto esperándolos y dedicó unos segundos a darle una mirada de arriba a abajo al hombre de piel tostada y cabellos rubios que esperaba un poco alejado de los demás. Marik no lo estaba mirando en esos momentos, de otra forma se hubiera dado cuenta de las intenciones del albino, ojos que no ven... Pero su experiencia traicionera y su instinto de timador le indicaron que era observado por lo que se volteó suavemente. Se le aceleró el pulso al notar con alegría que la mirada no pertenecía a uno de los Kaiba, específicamente el mayor sino que pertenecía a unos ojos color chocolate que en esos momentos le dedicaban una tímida sonrisa.

Para su mayor felicidad Ryou fue a pararse a su lado mientras Seto adelantaba el grupo al tiempo que los pétalos se separaban dejando ver unas pequeñas escaleras blancas que llevaban a la cúpula de cristal. Fue el primero en adentrarse al interior, la superficie formó líquidas ondas mágicas en lo que aparentemente era cristal. Jounouchi no tuvo más remedio que seguirlo puesto que el moreno no le había soltado la muñeca. Al llegar al otro lado Jounouchi se deshacía en cristalinas risas. "Hace cosquillas." Suspiró con deleite y Seto tuvo que contenerse de acercarse cuando su hermano apareció seguido por Honda y los demás.

Momentos después el rubio de ojos claros miraba extasiado el interior de lo que había parecido un pequeño espacio. Cascadas de agua caían por todas partes desde diferentes niveles enmarcando un camino de piedra. Había vegetación en plena floración e incluso aves del paraíso revoloteando de tanto en tanto entre una cascada y otra. Fueron descendiendo hacia el camino de piedra y fue entonces que Jounouchi pudo ver que entre las cascadas habían unas especies de balcones dentro de los cuales había gentes de todo tipo. Ryou también los había visto, pero miraba lo que el lobezno no podía. Los balcones conectaban al interior de los diferentes niveles que se levantaban a lado y lado del camino. Era en esos niveles que estaban hospedados los magos y demás que habían llegado para la Convención.

Al observar arriba de ellos pudo ver lo que parecían ser miles de aves revolotear alrededor de una plataforma elevada sostenida por cuerdas doradas y que ocupaba gran parte del espacio interior de la cúpula. Supuso que aquella estructura sería donde los magos se reunirían o harían duelos. El camino de piedra se bifurcaba en tres y mientras Seto, Mokuba y sus acompañantes tomaban el camino central Ryou vio con tristeza que Marik junto con Mai tomaban el de la izquierda. Debió imaginar que no les tocaría juntos, por lo que Seto le había comentado acerca de aquellas reuniones los magos eran separados según su habilidad mágica para luego dividirse por categorías.

Seto no pudo evitar la sonrisa satisfecha que asomaba a sus labios al ver cómo el rubio que tenía prisionero en su mano observaba todo con infantil fascinación. Le echó un vistazo a su hermano y al lobo de nieve que caminaba pacíficamente a su lado. Eso era lo que había querido en un principio, una mascota feroz pero fiel. Su hermano tenía lo que él había querido para sí aunque fuera por sólo unos días. No sentía envidia de su hermano pero sí de la situación. Las cosas estaban cambiando lenta pero inexorablemente igual que lo hacían las manecillas del reloj. En su corazón sabía que iba a extrañar tener a Jounouchi a su lado. No era lo que había deseado en un principio pero era lo que tenía ahora y no era como para tomarlo a la ligera, Jounouchi le fascinaba de una forma que apenas podía expresar.

Mientras más pensaba en que tendría que cambiar al joven de regreso más extraño se sentía. No podría simplemente devolverle su forma de lobezno y tratarlo como a una mascota. Aquellos ojos color miel lo tendrían hechizado por el resto de su vida. Intentó sacar de su mente los pensamientos negativos concentrándose en la tarea a la mano, la Convención. Llegaron hasta una cascada que corría al revés, cuando estaba a punto de entrar en ella Jounochi lo detuvo y por más que trató no consiguió que el joven lo siguiera. "Jounouchi, muévete." Murmuró entre dientes pero el rubio negó enérgicamente. "No pasará nada, tenemos que entrar en la cascada para llegar a los niveles superiores." Aún con la explicación el rubio no se movió ni un centímetro.

"No es agua, Jou, no es una cascada real." Le susurró el joven albino. "Es sólo una ilusión."

"Es... extraña." Susurró el rubio con desconfianza.

"Para que veas que es inofensiva yo iré primero, ¿qué te parece?" Jounochi asintió y Ryou saltó al interior de la cascada, ya Seto le había explicado una vez cómo funcionaban. Cuando el rubio vio el cuerpo de su amigo subir sin daño alguno y desaparecer cascada arriba bajo el agua tragó gordo y cerró los ojos. Seto sonrió con malicia y saltó al interior dándole un fuerte jalón, el rubio se aferró a su cuerpo con pánico y ambos comenzaron a subir. Cuando abrió los ojos se hallaban en el nivel que les correspondía y Ryou lo observaba divertido. Al darse cuenta de la razón creyó que su cara comenzaría a echar lenguas de fuego por la vergüenza, se había sujetado de Seto de tal forma que el moreno parecía estarlo cargando como a una damicela mientras que el moreno comenzaba a ponerse azul por la falta de oxígeno. Saltó al suelo de inmediato.

En el primer nivel Mokuba esperaba para entrar a la cascada cuando vio que Honda no se movía de su lugar, estaba teniendo una reacción bastante parecida a su compañero. "No me digas que le tienes miedo a una simple ilusión." El lobo gimoteó suavemente y se revolvió pero volvió a sentarse. "Vámos, no te pasará nada." Lo invitó el joven pero no obtuvo resultados. Se agachó y extendió una mano en su dirección, Honda se acercó y le lamió la mano con timidez. "Hagamos algo, si confías en mí puedo llevarte en brazos, ¿qué te parece?" Le acarició las orejas y poco a poco fue tomándolo en brazos. El lobo se negó brevemente pero al cabo se dejó tomar en brazos y Mokuba le acarició el pelaje del cuello para calmarlo antes de saltar al interior de la cascada. Al llegar arriba los recibió un sonrojado Jounouchi, un azulado Seto y un Ryou muy risueño.

Cuando el rubio vio a su compañero en brazos del joven no pudo menos que olvidar su propia verguenza. "¡Honda! ¡Dejaste que te cargaran!" Exclamó a todo pulmón.

Ah, ya cállate, a tí también te cargaron. Gruñó el lobo y se tiró de los brazos de Mokuba. Jounochi volvió a enrojecer y Seto no tuvo que adivinar lo que el lobo le había dicho.

"Me gustaría poder comunicarme de la misma forma que lo haces con Honda, Jou-san. Sería divertido." Sonrió el joven dándole una mirada significativa a Seto.

"Luego, primero vámos a nuestras habitaciones." Mokuba asintió y se dirigieron a una especie de recepción donde una joven de cabellos marrones algo cortos los saludó con entusiasmo.

"Bienvenidos a la Convención Anual de Magos número sesenta y siete, mi nombre es Anzu. ¿Me permiten sus invitaciones?" La joven tomó la invitación de los hermanos Kaiba y sonrió. "Familia Kaiba. ¿Con una mascota? Muy bien." Les extendió una llave a cada uno para luego sonreír casi de oreja a oreja de tal forma que todos se le quedaron viendo impresionados de que pudiera estirar sus facciones de aquella forma sin que le diera un calambre. "Espero que disfruten su estadía." Exclamó alegremente. Los hermanos Kaiba se apresuraron a continuar su camino, Jounouchi, Bakura y Honda los siguieron hasta las habitaciones.

Los hermanos tenían habitaciones separadas y cuando Mokuba entró a la suya el lobo lo observó por unos instantes, el joven le dio una sonrisa y le hizo señas para que siguiera a su amigo, finalmente el animal decidió hacer caso y entró a la habitación de Seto. El interior de la habitación tenía una pequeña sala de descanso con tres puertas que daban a las habitaciones. "Bakura, si deseas ducharte ve primero, esperaré a que terminen ambos, no quiero que me interrumpan." Bakura hizo una perfecta imitación del mago y Jounouchi echó a reír suavemente.

Seto entrecerró los ojos molesto pero los dejó pasar adentrándose en su propia habitación. Cuando cerró la puerta Bakura se le acercó a Jounouchi. "Jou, necesito un favor." El rubio le dio una mirada extrañada. "Necesito encontrar la habitación donde está Ishtar."

"Y cómo se supone que te ayude a encontrarla?" El albino bajó la mirada.

"Quizás tú no... pero Honda puede encontrarla más fácilmente. No quiero que nadie sepa que lo estuve buscando." Jounouchi arqueó una ceja pero finalmente asintió y le comunicó a Honda lo que el joven deseaba. Siguiendo el consejo del joven de ojos marrones esperaron a ducharse y que Kaiba saliera de la habitación para ir en busca de sus obligaciones para la Convención. Se escurrieron entonces fuera de la habitación a pesar de las instrucciones que les había dado el moreno de quedarse en la habitación. Regresaron hasta donde el camino se había bicurfcado y siguieron desde ahí la pista. Cuando llegaron a la habitación era aparente que el joven de cabellos rubios no estaba.

"Gracias, Honda." Dijo con una sonrisa el albino. "Ahora será mejor que regresemos no sea que Seto nos encuentre fuera de la habitación." Le dijo al rubio y se dispusieron a regresar. Envueltos como estaban en no ser descubiertos por Marik no se percataron de que alguien los observaba con detenimiento. Dicha persona era un mago alto de facciones finas y cabellos extrañamente lacios casi grises. Parte de los plateados mechones le caían sobre uno de sus ojos.

"Fascinante." Susurró mientras el ojo mágico que poseía mostraba tres lobos de nieve moverse sigilosamente entre los demás magos. "Habrá que estar más atentos." Sonrió levemente y se propuso seguir a los "jóvenes" y la mascota. "Me pregunto quién habrá sido lo suficientemente irresponsable como para intentar transformar animales en humanos... y aún así lo suficientemente ingenioso como para que diera resultado." El hombre de impecable figura siguió con la vista al grupo y a través del lugar los siguió hasta que regresaron a la habitación de Seto Kaiba. Entrecerró los ojos con algo de molestia con el descubrimiento. "Supongo que una pequeña investigación no hará daño antes de tratar con el mayor de los Kaiba." Y dicho esto desapareció nuevamente entre los magos que rondaban el lugar.

Aparentemente la noche había cubierto el cielo nocturno porque aunque no podían saberlo lo único que delataba el evento era la falta de aves y el creciente número de criaturas nocturnas que comenzaron a sobrevolar la plataforma suspendida. Mientras tanto Seto había comenzado a prepararse para los eventos que tomarían esa noche. Sobre sus ropas de gala llevaba una especie de túnica que le daba un aire diferente. Se asomó al cuarto de Jounouchi y volteó los ojos al notar que el rubio todavía no se decidía a comenzar.

"¿Qué sucede?" Preguntó con seriedad. El joven estaba sentado con las piernas cruzadas sobre la cama.

"Estoy esperando que Ryou me ayude a prepararme."

"¿Por qué tienes que esperar por él?"

"Dijiste que esta noche era especial, no quiero hacerte pasar vergüenzas."

"¿Quién te dijo que me avergonzabas?" Preguntó con curiosidad el moreno.

"Nadie..."

"¿Entonces por qué piensas que me avergüenzas?

"Seto." El joven suspiró acongojado. "Tan sólo soy un lobo, apenas unos días atrás aprendí a vestirme como un humano. No sé cómo debo ir... o comportarme, nunca he estado en nada importante."

"¿Quieres que te ayude?" El rubio se sonrojó levemente, después de tantos días como un humano su cuerpo comenzaba a sentir cosas que al principio le habían pasado desapercibidas, una de ellas era la mirada de Seto sobre su cuerpo. Asintió finalmente y Seto sonrió una de aquellas sonrisas que casi eran pero no. Buscó entre las cosas que había empacado para Jounouchi y cayó en cuenta de que no tenía nada que pudiera ser apropiado. Con todo el asunto de la transformación había olvidado prestar más atención a la ropa del joven. "Demonios." Susurró enojado. "Tendré que hablar con una de las asistentes de la Covención. No demoraré demasiado." Jounouchi asintió y el moreno salió de la habitación regresando unos minutos más tarde con ropa adecuada. Se la pasó al rubio quien se puso la camisa y los pantalones que se le habían indicado. Cuando salió a mostrarle la ropa al moreno este le indicó que se acercara y aprovechó para ponerle la túnica que era de color negra con detalles en plata. Jounouchi corrió a verse en el espejo de la habitación y sonrió ampliamente. En esas estaba cuando Seto se le acercó por la espalda y puso sus manos en sus caderas.

"Te ves muy bien." Susurró en su oído haciendo que un estremecimiento le recorriera la espalda y le tiñera las mejillas levemente.

"Seto..." Susurró el rubio con algo de temor y Seto arqueó una ceja con curiosidad.

"¿Sí?"

El rubio bajó la cabeza a donde tenía sus manos en sus caderas. "Quería decirte..."

"¿Qué?" El silencio se estrechó más de lo usual entre ambos hasta que el joven se decidió a hablar.

"No quiero regresar a las montañas." Susurró por lo bajo. "Quiero decir... no quiero que me transformes de vuelta."

"Jounouchi..."

"Sé que no es natural pero deseo seguir siendo humano, pero sólo si puedo quedarme contigo y con Ryou."

"Eso... sería agradable." Murmuró nuevamente en su cuello y cedió al impulso de besarlo con suavidad. Jounouchi cerró los ojos, la sensación era muy diferente a cuando tendido en el suelo el humano lo había dominado. Era una demostración de afecto o al menos eso le pareció. Se permitió recostarse del pecho de Seto y las manos pasaron a recorrer la extensión bajo su vientre peligrosamente cerca de su sexo y tuvo que reprimir un violento escalofrío.

"Seto..."

"¿Ummh?"

"¿Cómo se demuestran afecto los humanos?"

"¿Por qué quieres saber?"

"Quiero demostrarte mi afecto." La brutal franqueza de aquella aseveración fue suficiente para que el moreno lo volteara y lo pegara contra su cuerpo en un abrazo sensual.

"Los humanos se abrazan." Susurró mirándolo a los ojos. "Y se besan... a veces." Se acercó y lo besó suavemente en la boca. "También hacen otras cosas pero los abrazos y los besos son suficientes por ahora."

"Se sienten bien los abrazos y los besos." Seto supo que pronto tendrían que salir de la habitación si no quería comenzar a demostrarle su afecto a Jounouchi de una forma más profunda por lo que suspiró el aroma del lobezno y se separó lentamente.

"Será mejor que salgamos, Ryou debe estar listo y no quiero llegar tarde a la ceremonia de apertura." El rubio asintió y se dejó llevar de la mano con docilidad. En el exterior, como había dicho Kaiba los esperaba Ryou que llevaba puesta una túnica púrpura de diseños dorados.

"¿Estamos listos?" Dijo emocionado el albino con una sonrisa que intentaba ocultar su ansiedad por salir y encontrar a cierto rubio de piel tostada. Seto asintió y lo tres junto con Honda salieron y se dirigieron al nivel más alto para llegar así a la plataforma suspendida en el aire.

A la media hora de llegar comenzó al inauguración y el hombre de cabellos grises vestido con una túnica de un rojo carmesí le dio la bienvenida a todos los magos y tras un corto discurso dio por inaugurada la Convención y la magia que permitía la entrada al lugar secreto selló las puertas para que nadie pudiera entrar o salir hasta que todo hubiera terminado.

En medio de la fiesta de apertura todos los magos y hechiceras compartían alegremente y fue allí donde Ryou desapareció misteriosamente. Seto no se preocupó demasiado, al fin que el joven no podía abandonar el lugar por lo que se concentró en Jounouchi y en contestar las preguntas que le lanzaba sin tregua. Era como si después del beso y el abrazo el rubio se hubiera acercado a él en mente y espíritu. A pesar de lo austero de su imagen no pudo evitar la sonrisa que le venía a los labios cada vez que aquellos ojos color ámbar dorado lo observaban con emoción. Quizás necesitaría una mascota después de todo.


Gracias por leer.