Capítulo 13
Jounouchi estaba, para decir menos, demasiado emocionado por todo lo que contemplaban sus ojos. Seto le había explicado que muchas de las cosas que veía eran hechizos de ilusión, cosas para engañar la vista pero que no existían en realidad. Así fue como comprendió por qué sus sentidos le daban información contradictoria. No se había alejado demasiado del moreno y junto a él se encontraba Ryou con su túnica púrpura. Los ojos del albino habían encontrado el objeto de su interés desde que había comenzado la fiesta, Marik, que vestía una túnica con diseños algo diferentes a los suyos y a los de los hermanos Kaiba pero tenía un color muy parecido al suyo. Mokuba y Mai bailaban al compás de la música que llenaba el ambiente atrayendo la atención de Jounouchi quien nunca había visto semejante acto.
"¿Qué es lo que hacen?" Preguntó cuando tuvo suficiente valor para preguntarle a Kaiba.
"Bailan."
"¿Podemos intentarlo?"
"Yo no bailo..." Comenzó a decir pero al ver los enormes ojos del rubio titubeó. "...al menos no en público."
"Oh." Los ojos dorados continuaron paseándose sobre los presentes, tratando de asimilar las interacciones entre todos los que estaban a su alcance. Una mujer de elegante apariencia los observaba desde hacía rato y Jounouchi comenzaba a ponerse nervioso. Su túnica era blanca con detalles dorados y sus cabellos castaños le llegaban hasta la cintura. Cada vez que la miraba tenía la sensación de que lo llamaba y le invitaba a acercarse. Tenía una dulce sonrisa y unos ojos marrones melancólicos.
Una joven vestida con los emblemas característicos del personal de la Convención se acercó a Seto y luego de darle una sonrisa le comunicó que su presencia era requerida en el Salón de las Mariposas, lugar que fungía como sala principal del Mago Mayor quien era el mago cuya magia había creado aquel lugar de ensueños. Seto asintió y luego de pedirle a Jounouchi que lo esperara en la habitación si se cansaba siguió a la joven. Ryou vio entonces la oportunidad de ir en busca del objeto de su interés y con una sonrisa y un guiño se despidió de Jounouchi quien le hizo una señal afirmativa con las manos.
Apenas había pasado unos minutos cuando la mujer vestida de blanco se le acercó a Jounouchi.
"Buenas noches." Le dijo con una voz dulce y melodiosa que hizo que Jounouchi sonriera y correspondiera el saludo.
"Eh... buenas noches." Murmuró tímidamente.
"Es una fiesta agradable." El rubio asintió y la joven pareció recordar algo. "Disculpa, qué torpeza la mía, me llamo Serenity."
"Jounouchi."
"¿Es la primera vez que vienes a la Convención?" Jounouchi volvió a mover la cabeza, la presencia de la joven parecía quitarle las palabras y luego del infortunado encuentro con la tal Valentine no deseaba volver a meter las patas o avergonzar a Seto con sus ignorancias.
El Salón de las Mariposas era un lugar hermoso. Como indicaba su nombre, estaba lleno del hermoso insecto. Cientos de mariposas revoloteaban en el lugar, aglomeradas en la parte superior permitiendo que el resto del salón tuviera una vista limpia mientras que el techo parecía moverse con los colores del arcoiris. Definitivamente un lugar a la altura de la imaginación de Maximillion Pegasus.
El aludido sonrió al verlo llegar. Estaba sentado en un hermoso mueble de cristal y en sus manos sujetaba una copa. "Seto Kaiba. Señor Kaiba, es un placer tenerlo aquí en mi humilde hábitat." Le saludó el hombre haciéndole un suave gesto para que se acercara mientras se ponía en pie. "¿Me haría el honor de acompañarme?" Le preguntó llenándole una copa con lo mismo que bebía.
Seto se acercó y tomó la copa que se le ofrecía. Pegasus no volvió a sentarse sino que comenzó a caminar y el joven le siguió. "¿Hermoso lugar, cierto? Podría verlas por horas. Pero esto no es de lo que quería hablarle, joven Kaiba."
"¿Entonces¿De qué podría querer hablar conmigo el mago más ingenioso de todos los tiempos." Comentó con una leve nota de sarcasmo el ojiazul.
"Ah... ah... ah..." Sonrió el hombre moviendo su dedo indice a modo de regaño. "No soy el mago más ingenioso... el segundo tal vez. El primero... aún no lo sabe."
Seto le dio una mirada intrigada cuando el hombre lo invitó a entrar a una de las habitaciones cuya puerta de cristal los reflejaba en sus ondulaciones y que pareció quebrarse en mil pedazos que flotaron como pequeños diamantes en el aire para permitirles pasar. Seto no pudo contener su curiosidad y miró atrás simplemente para ver cómo los pedazos se volvían a unir, derritiéndose y forjando nuevas ondulaciones antes de volverse sólida.
"¿Y quién es el mago más ingenioso¿Tan ingenioso que sobrepasa al mismisimo Maximillium Pegasus?" Preguntó satisfaciendo la curiosidad que parecía irsele de las manos. El hombre sonrió suavemente al girarse en su dirección.
"El más ingenioso... es aquel que ha hecho lo imposible... por segunda vez." Le secreteó el hombre. El suelo parecía líquido y mientras caminaban ondulaba suavemente aunque sólo era una ilusión. Lo que le sorprendió fue que el interior de aquella habitación pareciera infinito. Maximillium tronó suavemente los dedos y un enorme espejo, dos veces más alto que ambos, se irguió inocentemente en el centro de toda aquella vasta extensión. "Marik Ishtar." Murmuró Pegasus y en el espejo se reflejó la imagen del joven Ishtar, completamente de frente y estático. "Revélate."
El espejo pareció abrirse... del a misma forma en que se abren los pétalos superpuestos de una flor. En el centro la imagen de Ishtar seguía inmóvil pero en cada uno de aquellos pétalos se reflejaban objetos que a su vez se abrían en flores más pequeñas mostrando sus diferentes partes y usos... todos ellos objetos mágicos. "Increíble." Musito Seto acercándose completamente anonadado de que Pegasus fuera capaz de inventar algo tan útil.
"Gracias." Comentó como si fuera cosa de todos los días el hombre. "Así es como revisamos a los visitantes." Dijo moviéndose a un lado e invitando al joven a acercarse. Seto así lo hizo y comenzó a observar cada una de las facetas del joven reflejadas. "Es por eso que nos llevamos una enorme sorpresa al revisar a dos de nuestros invitados.
El hombre sonrió con lo que parecía ser apenas contenida ansiedad. "Jounouchi."
Fue entonces que Seto sintió su corazón detenerse y saltarse varios latidos. Especialmente cuando el hombre susurró aquel revélate.
Su mente gritó con todas sus fuerzas para que aquello no sucediera. Pero la imagen de Jounouhi reflejada en el espejo se abrió como una flor mostrando las facetas que conocía a la perfección. Un hermoso lobezno, puro como la nieve se reflejó en el centro y a su alrededor la imagen que conocía del joven rubio de ojos claros sonriéndole como si no existiera felicidad más grande que la suya.
"Fantástico." Murmuró Pegasus. "El mago que hizo esto... es el mago más grande de todos los tiempos. ¿No lo cree así, joven Kaiba?"
Seto parecía no escuchar al hombre, tan sólo miraba el reflejo de Jounouchi. Los días que había pasado con él, especialmente estos últimos, casi había olvidado lo que era en realidad el joven, una criatura de la montaña.
Por una razón que aún se le escapaba se había ido haciendo a la idea de Jounouchi como humano, a pesar que durante todo ese tiempo había estado buscando una forma de revertir el hechizo.
"Fue un accidente." Susurró con dolor, no por tener que aceptar su propio error y descuido. Le dolió porque estaba en juego no sólo la vida de uno de sus pocos amigos tal y como la conocía... sino la vida de la persona que amaba... tal y como lo había conocido.
"Joven Kaiba." Lo llamó el hombre con genuina curiosidad al notar el rostro pálido pero Seto no le prestó atención sino que se acercó al espejo.
"Ryou Bakura." Llamó frente al espejo y de inmediato apareció la imagen de su amigo. "Revélate." El espejo floreció y en el centro, de forma inequívoca, apareció la imagen de un prístino lobo blanco de ojos color chocolate. Lo admiró completamente petrificado hasta que le dolieron los ojos y entonces bajó la cabeza, ocultándose tras los espesos mechones de su frente.
Pegasus observó al joven frente suyo preguntándose cuál sería la siguiente reacción ante evidencia tan comprometedora. Una vez, él mismo, habría dado todo lo que tenía a su alcance por regresar en el tiempo y cambiar algunas de sus propias decisiones. Decisiones que lo habían llevado a ser más de lo que alguna vez había sido y a la misma vez, menos. El no haber sabido apreciar los detalles más sencillos de su relación con su joven esposa lo habían llevado a la soledad que ahora cubría de espejismos.
No permitiría que alguien más cometiera sus mismos errores. Por esa única razón haría todo lo posible porque el joven Kaiba entendiera... que algunas leyes no siempre aplicaban a algunos casos.
"¿Qué piensas hacer ahora, Kaiba?"
"¿Qué se supone que haga?" Preguntó con voz monótona y sin levantar la vista.
"Seguir tu corazón, por supuesto." Chasqueó los dedos y el espejo desapareció repentinamente. Seto se volteó levemente para mirarlo y Pegasus le dedicó la más amplia de sus sonrisas. "Porque hay casos donde él es abogado, fiscal, juez y carcelero de nuestras acciones."
Seto regresó a donde había dejado a Jounouchi y lo encontró hablando con la joven de cabellos castaños. "Jounouchi." El rubio se volteó de inmediato hacia la voz y suspiró casi aliviado de volver a verle. "Señorita..."
"Serenity." Ofreció la joven con una dulce sonrisa. Seto controló sus emociones al máximo y le dio una sonrisa a la joven.
"Señorita Serenity, me temo que voy a robarle a Jounouchi por el resto de la noche." Nuevamente la joven de ojos melancólicos sonrió y con un discreto beso en la mejilla se despidió del rubio. Apenas se hubo perdido entre los demás Seto tomó a Jonouchi del brazo y comenzó a llevarlo lejos del grupo, por pasillos y escaleras que, de no haber sido por sus instintos aún agudos Jounouchi, no hubiera podido recordar.
"¿Seto?" Preguntó completamente confundido por la actitud del mago. "¿Qué sucede?" Le preguntó cuando finalmente estuvieron lo suficientemente lejos como para estar ocultos a la vista de todos. El moreno miró a su alrededor y encontró la entrada semi oculta de un pequeño balcón. Se adentró para descubrir que era uno de esos balcones que daban hacia la cascada de la entrada y que habían podido apreciar desde abajo como si fueran las paredes de un enorme salto de agua.
Un denso follaje ocultaba parcialmente las barandas y algunas flores daban su mágico olor. Seto se concentró y con un murmurado conjuro las hojas y las flores se entrelazaron cubriendo el balcón de ojos curiosos y la entrada al lugar pareció cerrarse también con la animada vegetación. "¿Qué haces?"
"Jounouchi... quiero..." Se detuvo sin decir más. ¿Cómo decirle que no estaba seguro de lo que podría suceder durante la convención¿Cómo decirle a Jounouchi que no estaba seguro si saldría de aquel lugar como humano o como lobo, perdiendo con esa última opción la posibilidad de permanecer a su lado de la forma que deseaba¿Cómo decirle que iba a sacar todo lo que pudiera antes de tener que decidir? "...quiero demostrarte mi afecto."
Jounouchi parpadeó una vez y para sorpresa del moreno sonrió levemente antes de asentir su consentimiento. Así de sencillo, como si no existieran más complicaciones entre ambos. Las palabras eran tan cortas, pero para Jounouchi eran suficientes porque entendía lo que significaban a la perfección. Echó a un lado su cuello, relajándose en los brazos del moreno cuando éste lo acercó a su cuerpo y dejó escapar un tierno suspiro cuando los labios de Seto rozaron su yugular.
"¿Abrazos y besos?" Susurró contra el hombro de Seto.
Seto asintió para luego susurrarle roncamente. "Y algo más..." Dicho lo cual lo separó un poco y comenzó a soltar los broches de la capa de Jounouchi, abriéndola y echándola a un lado para comenzar a desabrochar los botones de la camisa de etiqueta que tenía debajo. Los ojos azules miraban embelesados los dedos del mago, un brillo de anticipación y mucha curiosidad reflejándose en ellos.
"Dijiste que debía estar vestido siempre. Son reglas..."
"Sshhh... sólo estamos nosotros aquí. Demostrarse afecto tiene... otras reglas." Murmuró sin dejar de mirar la suave piel que se presentaba a sus ojos mientras le iba deslizando la camisa de los hombros hasta los codos para dejarla al descubierto. "Eres perfecto." Susurró antes de inclinarse completamente y atrapar uno de lo rosados pezones haciendo que Jounouchi abriera los ojos con sorpresa y sus labios se separaran en una expresión muda interrumpida apenas por esporádicos jadeos.
Mucho antes de sabelo sus manos se perdían en los suaves cabellos color chocolate de Seto, siguiendo instintos que de lupinos no tenían nada. "Seto..." Gimió y el moreno respondió atacando su otro pezón. Sus brazos se aferraron como pudieron a la ancha espalda sintiendo ganas de gritar pero con miedo de que el moreno terminara su... demostración. En su vientre y más al sur sintió despertar un deseo de cercanía, de algo que no podía determinar con certeza. "Seto." Gimió más fuertemente. El moreno entonces lo haló hacia las barandas y girándose para ponerlo contra ellas lo levantó repentinamente, sentándolo sobre ella pero sujetándolo con firmeza quedando así a la altura perfecta para continuar demostrando su afecto.
Separó las piernas del rubio y se metió entre ellas rozando con su propio vientre la entrepierna de Jounouchi quien se arqueó, enroscando de inmediato sus piernas en su cuerpo a la altura de su cintura, queriendo sentir nuevamente las adictivas sensaciones.
Para Jounouchi aquello era muy diferente a las lamidas juguetonas de Honda y las lamidas de cuerpo completo que le había prodigado su madre alguna vez para limpiarlo. Definitivamente aquello tenía otro matiz que él no conocía, por eso, cuando una de las manos de Seto se coló por dentro de su pantalón y acarició su sexo el shock fue tanto que todo su cuerpo se tensó con algo de pánico y emoción a la vez.
Fijó sus ojos en el moreno como preguntándole qué era aquello que acababa de sentir y respirando con dificultad. Los labios de Seto estaban entreabiertos mirándole con intensidad mientras sobre su sexo los dedos antes levemente fríos se iban calentando con su propio calor. La mano se movió nuevamente con lentitud, como esperando la misma reacción, lista para detenerse.
Jounouchi se tensó pero no de la misma forma. Esta vez la sorpresa había desaparecido del panorama y podía apreciar a la perfección lo que aquel toque provocaba en su cuerpo. El contacto visual se rompió cuando Seto volvió a atacar uno de sus pezones y el rubio se arqueó pero esta vez por el placer de ser tocado por primera vez.
Los jadeos fueron i>in cressendo /i> hasta que con un grito ahogado sintió que perdía el control sobre su cuerpo y que la vida se le iba en aquellos espasmos que en su grandeza lo aterrorizaban y lo excitaban a la misma vez. Se aferró fuertemente a los hombros de Seto hasta que su cuerpo pareció recuperar sus sentidos "¿Qué fue eso?" Jadeó cuando tuvo algo de aliento y Seto sonrió escondido en los rubios cabellos.
"Afecto... demasiado afecto." i>También conocido como amor /i>. Pero no se atrevió a decirlo en voz alta aún cuando no estuviera seguro de que el lobezno entendiera o no el concepto. Pero si lo decía y luego perdía a Jounouchi sería mucho más dificil sobreponerse al dolor de tener que dejarle ir.
Se mantuvieron así, abrazados, recuperando el aliento y la compostura hasta que el rubio emitió un corto gemido de molestia.
"¿Qué sucede?" Le preguntó Seto preocupado de haberlo forzado demasiado.
"Estoy mojado." Se quejó el lobezno y de repente Seto tuvo que reír.
"Yo también lo estoy. Vayamos a la habitación y cambiémonos." Comentó como si aquello no lo hubiera afectado cuando la realidad era que lo había estremecido hasta sus cimientos.
"Si vamos a la habitación no quiero volver a la fiesta. Quiero que me sigas demostrando afecto y quiero aprender a demostrártelo."
Seto forzó su rostro en el cuello de Jounouchi besándolo como un desquiciado antes de comenzar a arreglar las ropas del lobezno. "Excelente idea."
Gracias por leer.
