Capítulo 14
Los personajes de Yugi-oh no me pertenecen.
N/A: Hace mucho que no escribía y esta historia data de hace varios años ya. Aún así, he tratado de mantener el tono de la misma pero estoy segura que un par de errores de continuidad deben haberse colado. Me perdonan por eso.
Este capítulo va dedicado a Naruki Sakurazuka, pobrecilla que anda esperando que yo termine este fic desde hace una eternidad, y a todas las otras chicas que me han escrito directamente a mi mail para pedírmelo también. (Qué bochorno ya no me acuerdo de cuántas me lo han pedido ya.)
Seto los dirigió entre la multitud en dirección a la habitación que le habían asignado asegurándose con una ilusión de que sus túnicas levemente humedecidas no serían notadas por el momento. Se sentía como un chico travieso escapando para tener su primera aventura y eso le revolvía el pecho de una forma agradable.
"Lo primero es lo primero. Nos cambiaremos de ropa." Y Jounouchi llevó sus dedos a los botones que Seto previamente había vuelto a cerrar pero el moreno lo detuvo. "No, así no. Con afecto." Le dijo con una sonrisa llena de picardía y el rubio le dio una mirada curiosa pero ávida por aprender lo que fuera que Seto fuera a enseñarle.
Así que Seto volvió a quitar los broches de su capa y luego los botones de su camisa. La deslizó por los pálidos hombros para luego bajar a la correa de Jounouchi. Aquellos ojos color ámbar lo observaban con curiosidad pero se consolaba con saber que quizás, más pronto aún, lo mirarían de una forma diferente. "¿Quieres ayudarme?" Preguntó cuando los ojos del rubio se detuvieron en la capa que aún llevaba puesta. Jounouchi asintió pero se notaba algo inseguro por lo que Seto tomó sus manos y las dirigió a los broches de la capa.
Lo vio morderse un poco los labios mientras se concentraba y tuvo que hacer un esfuerzo por no adelantarse y besarlo en esos momentos, la acción era demasiado tierna como para ignorarla.
Finalmente la capa estuvo desabrochada y los botones de su camisa también de la misma forma en que los de Jounouchi. Contuvo la respiración cuando los dedos del rubio fueron a su correa para desabrocharla. Era obvio que el lobezno no entendía lo provocativo del acto y eso lo hacía estremecer más aún.
Sin embargo, en esos momentos también tuvo que detenerse a pensar. La inocencia que él pensaba tomar… ¿realmente se la merecía? La inocencia de quién… ¿De Jounouchi como humano? ¿De Jounouchi como lobezno?
¿Cuando todo terminara, si es que sus peores temores se volvían realidad y el rubio regresaba a su forma original, tendría la entereza para soportarlo? El amor que Jounouchi experimentara como humano no podría ser borrado aunque su cuerpo cambiara. La necesidad de ser amado sería un vacío que ningún otro lobo podría llenar y todo sería por su culpa. ¿Podría estar en paz sabiendo eso?
Demasiadas preguntas y ninguna de las respuestas prometían felicidad. Supo que se había desconectado de todo cuando sintió la mirada del rubio en su rostro. "¿Seto?" Aquellos hermosos ojos dorados lo miraban llenos de inocencia y preocupación. "¿Sucede algo?"
"Yo…" Tomó las manos de Jounouchi de donde las tenía en el cierre de su pantalón deteniéndolo, mirándolas fijamente. En el extraño silencio casi podía escuchar su propio corazón y hasta escuchar el parpadeo confundido del rubio. Levantó el rostro con una pequeña sonrisa y hundió los dedos en los mechones del rubio para sentir lo suaves que eran, despejándole los ojos. Pensó que pronto necesitaría un recorte. "Jounouchi… ¿qué pasaría si no pudieras quedarte como humano? Me refiero a que… si por alguna razón tienes que volver a ser lobo y ya no puedes estar a mi lado como ahora."
"Pero ya te dije que quiero seguir siendo humano." Exclamó el rubio sin querer tomar en consideración el posible futuro que Seto le mostraba.
"Los humanos tenemos tantas reglas…" Esta vez fue Seto el que pareció quejarse de ellas y Jounouchi casi sonrió al escucharlo y ladeó la cabeza levemente. Sí, los humanos tenían muchas reglas, pero los humanos parecían tener muchos cambios de parecer. Los lobos siempre se habían regido por las mismas reglas y si alguno las rompía, simplemente dejaba de pertenecer a la jauría.
"Los lobos de nieve también tenemos reglas. No son tan complicadas… no es como si tuviéramos que reunirnos con todas las jaurías de las montañas para hacer un baile. Las mismas reglas para sobrevivir individualmente sirven para vivir en grupo. No cambian demasiado, ni siquiera cuando nos demostramos afecto." Pensó que eso tranquilizaría al humano pero Seto parecía aún preocupado por lo que esperó.
Seto volvió a acariciarle los cabellos mientras respiraba su aroma y cerraba los ojos al hacerlo. "¿Y qué haces cuando no sabes las reglas… cuando lo que sucede a tu alrededor no tiene sentido alguno?" Susurró al pegar su mejilla contra la sien del rubio.
"¿Como cuando me convertí en humano?" Jounouchi dejó escapar una risita. "Sigues tus instintos, pensé que los humanos también seguían sus instintos." Buscó los ojos del moreno.
"Mis instintos me dicen una cosa… pero mi razón me dice otra. No sé a cuál de las dos obedecer." Seto sacudió la cabeza levemente, con el ceño aún fruncido y sin querer verle a los ojos. Era la primera vez que veía a Seto dudar y eso le causaba un sentimiento extraño. Tanto así que quiso animarlo y que fuera el mismo Seto al que él estaba acostumbrado.
"Nunca fui el lobezno más juicioso de la jauría. Pero estoy aquí y no me arrepiento." La mano de Seto se posó en la mejilla del rubio y la acarició levemente con el pulgar intentando descubrir en el rostro del lobezno lo que debía hacer, como si aquellos orbes dorados tuvieran la respuesta. "Me siento como si estuviera a punto de saltar encima de un conejo." Susurró el rubio con una sonrisa pícara y Seto levantó las cejas con algo de sorpresa. "Sí… No importa si al final logro atraparlo o no, pero puedes estar seguro que le saltaré encima con todo lo que tenga." Y Jounouchi sonrió levemente mostrando un blanco canino.
Antes que Seto pudiera decidir si seguir o no sus instintos o su razón el rubio decidió por él pegándose a su cuerpo, levantándose en la punta de sus pies y pasando una mano por su cuello. Si antes Jounouchi había actuado imitando a Ryou, ahora tenía una idea mucho más clara de lo que debía hacer y eso, unido a la forma en que abrazaba al moreno hizo que Seto olvidara todo lo que había estado pensando hasta ese momento y que le impedía decidirse para concentrarse en los suaves labios del rubio.
Un salto a ciegas, eso era lo que estaban haciendo y sabía que debía sentirse aterrorizado porque él siempre planeaba todo, siempre tenía una respuesta lógica a todo, siempre sabía la forma correcta de actuar antes de llegar el momento. Pero su corazón latía aprisa y no precisamente de terror. Gruñó suavemente, provocando al rubio con el sonido sin saberlo. El otro brazo del rubio se aferró a su cuello y repentinamente tuvo las piernas de Jounouchi aprisionando su cintura.
"¡Jou!" Intentó hablar pero la réplica murió en sus labios al sentir el movimiento de aquel cuerpo contra el suyo de forma insistente. Un nuevo gruñido y varios pasos en dirección a la cama fueron el último pensamiento lógico y racional de Seto antes de perder por completo el juicio.
En el momento en que había comenzado la fiesta Ryou decidió que lo mejor sería buscar la forma de aclarar lo que durante el viaje había estado sintiendo. Para eso tendría que buscar a la persona que lo causaba. Lentamente comenzó a buscarlo por el salón y no se sorprendió al notar que no estaba tan lejos suyo. El hombre lo había estado siguiendo desde que lo encontraran en aquel hotel donde habían ido a quedarse.
Apenas sus miradas se cruzaron el hombre sonrió en su dirección. Seguramente le había estado observando todo el tiempo. Bien, eso le facilitaría las cosas. Sin esperar y sin pensar en excusas caminó hasta el hombre y se detuvo frente suyo cruzando los brazos. "¿Disfrutando la fiesta?"
"Tal vez." Respondió el rubio de piel tostada con algo de sorpresa por haber sido abordado con tanta soltura.
"¿Puedo acompañarte?" Preguntó el albino a lo que Marik no pudo menos que ampliar su sonrisa.
"Eso sería perfecto. Claro que puedes acompañarme." Le dijo haciéndose levemente a un lado para que Ryou se acomodara. "¿Quieres algo de tomar?" Preguntó señalando hacia donde se podían ver las jóvenes que atendían sirviendo bebidas en una hermosa barra de blanco mármol y hermoso cristal azul. El albino asintió y se dirigieron con paso lento hasta la mesa.
Allí les fue servido un néctar no muy dulce pero de extraña efervescencia. Marik se acomodó en una de las mesas cercanas y Ryou lo imitó. "¿Cómo te ha parecido hasta ahora?" Preguntó el rubio sorbiendo un poco y sin quitarle la vista de encima al joven.
"Es tal y como me había contado Seto." Le dijo imitándolo.
"Hablas mucho de él. ¿Son… amigos… más que amigos?" Marik quiso golpearse allí mismo y en ese preciso instante. Aquello había sido lo más tonto que podía habérsele ocurrido preguntar. "Lo siento, no tienes que contestar a eso." Pero Ryou dejó escapar una risita maliciosa.
"Somos buenos amigos, pero no exclusivos." Respondió ladeando un poco la cabeza y relajándose un poco en la silla. Marik al verlo echó a reír con un poco de nerviosismo. "Nos conocemos desde hace tiempo. Le debo mi vida."
"¿Cómo así?" Preguntó curioso el rubio.
"Un día me perdí en la nieve. No recuerdo mucho, pero lo próximo que supe era que Set me había llevado a su casa evitando así que me congelara. No tenía dinero, no tenía nada encima, así que también me dio una mano con eso." Le comentó encogiéndose de hombros.
"Entiendo." Musitó el rubio luego de un rato cuando fue obvio que el albino no quería explayarse en su explicación y sintiendo que la conversación se enfriaría si hurgaba en aquella dirección. Pero antes que pudiera tomar control de la conversación el albino se le adelantó con una pregunta que lo hizo sonreír nuevamente.
"¿Y tú, Marik, tienes amigos más que amigos?" Le preguntó con aparente naturalidad pero el corazón del rubio dio un pequeño vuelco. Su cuerpo se relajó y gravitó levemente hacia el albino mientras que su voz se tornaba levemente sugestiva.
"Tengo un par de conocidos, pero no tengo amigos. La verdad me gustaría poder decir que al menos tengo uno." Ryou bajó la cabeza levemente ocultando una pequeña sonrisa.
"Hacer amigos es fácil, conservarlos es lo difícil." El rubio asintió.
"Tienes mucha razón. Pero si la amistad vale la pena… se hace con gusto." Marik sintió que si su corazón latía más aprisa seguramente se saldría de su pecho. Era una sensación exhilarante, pero cuando el albino giró su cabeza levemente y pudo ver su sonrisa tuvo que plantar firmes los pies. El calor que recorría su cuerpo amenazaba con derretirlo.
"Estoy de acuerdo." Musitó el albino y Marik quedó como hipnotizado. Aquella sonrisa parecía invitarlo a cosas que estaba seguro eran imposibles. Carraspeó levemente antes de poder responder.
"¿Podríamos… ser amigos? Quiero decir… me gustaría que lo fuéramos… amigos… más que amigos…" Sintió que balbuceaba tonterías y con un repentino resoplido intentó cerrar la boca. Se sintió como un estúpido, un completo estúpido y ya estaba a punto de disculparse nuevamente cuando Ryou lo interrumpió.
"Me gustaría que fuéramos amigos más que amigos." Le respondió y Marik le miró repentinamente a los ojos sorprendido. Esperó la risa, la señal de que aquello era una broma pero el albino le devolvía la mirada con seriedad. Hizo un ademán con la mano sin creérselo aún.
"¿Más que amigos?" El albino le dio esta vez una sonrisa que mostraba un blanco canino.
"Más que amigos." Le confirmó y Marik, aún sorprendido, se quedó con la boca abierta. El peliblanco parecía esperar alguna respuesta pero Marik no se había esperado aquello y por el momento su cuerpo no estaba en condiciones de reaccionar.
Ryou le dio una mirada crítica, tal vez había sido demasiado directo. Con serenidad puso el vaso sobre la barra y luego le quitó el suyo a Marik. "Vamos." Le dijo tomándolo del brazo y arrastrándolo un poco. Marik pareció despertar y comenzó a seguirlo sin preguntar. En apenas minutos llegaron a la habitación de Ryou y este lo invitó a pasar.
Marik no quería esperar pero su cuerpo continuaba dudando sin razón aparente. ¿Y si el albino sólo se burlaba de él? Hasta las mirada más tierna podía esconder una tremenda crueldad, lo sabía por experiencia propia. Pero entonces Ryou lo tomó de la camisa y lo haló al interior de la habitación cerrando la puerta a sus espaldas.
"¿Mh, a dónde habrán podido ir?" Se preguntó Mokuba en voz alta. A su lado el lobo de nieve bostezó levemente pero continuó echado a sus pies. "¿Te aburres?" Honda azotó la cola un par de veces contra el suelo pero no se movió. Jounouchi le había pedido que se comportara durante la convención y él se lo había prometido. "Yo también." Musitó el joven y ambos suspiraron acongojados.
Justo en ese momento a Honda le llegó el olor indiscutible de comida y su hocico comenzó a olfatear con interés. "¿Tienes hambre?" Esta vez Honda se levantó animado y Mokuba hizo lo mismo para dirigirse a la mesa donde tenían varias fuentes llenas de exquisitos manjares. Se sirvió dos platos sin mucha vergüenza mientras Honda gimoteaba levemente alrededor suyo. Pronto estuvieron de regreso en la mesa y el joven puso un plato en el suelo para el lobo y minutos más tarde Honda se relamía el hocico mientras Mokuba adoptaba una postura más relajada en su asiento.
Un leve gruñido, apenas nada lo alertó de que el lobo acababa de encontrar alguien que no era de su agrado. Su mano bajó de inmediato al cuello del animal y lo palmeó suavemente. "Tranquilo, chico." Buscó a su alrededor a ver quién había causado que el lobo se tensara y notó que era el mismísimo Pegasus, anfitrión del evento, quien se acercaba a la mesa donde se encontraba. "Tranquilo." Susurró de nuevo y acarició el pecho del lobo. Sabía que no había mucho que pudiera hacer si el animal se decidía por atacar al hombre pero tal vez le haría caso si había algún contacto entre ambos.
"Joven Kaiba." Le saludó el hombre al llegar. Mokuba sonrió y estrechó la mano que se le ofrecía. "Veo que tiene una mascota muy singular." El joven se llevó una mano a la nuca.
"Ah, podría decirse."
"Interesante. ¿Me permite acercarme?"
"La verdad, no creo que sea seguro, señor Crawford."
"Pegasus, no me gusta mucho mi apellido." Le respondió el hombre. "¿Y por qué no es seguro acercarse?"
"Es que hace muy poco que lo tengo y la verdad no sé cómo reaccionaría si alguien se le acercara mucho."
"Mh, entonces tal vez necesita ponerle un collar y una cadena. No sería agradable si uno de los invitados se acerca por equivocación y ocurre algún inconveniente." Mokuba sonrió nervioso y miró al lobo.
"Una cadena… claro… qué tonto, la olvidé en mi habitación."
*¡Una cadena! ¿Cómo se atreve?*
"No se preocupe, joven Kaiba. Comprendo que este tipo de mascotas no está acostumbrada a la esclavitud pero tengo una solución, quizás le interese." Dijo al tiempo que sacaba un collar y lo ponía sobre la mesa. "Este collar, una vez se lo ponga a su lobo de nieve, le impedirá alejarse sin su permiso. Además, tiene un pequeño hechizo que le será de mucha ayuda." Dijo bajando un poco la voz como si fuera un secreto. "¿Por qué no se lo pone?"
Mokuba observó el collar y luego al lobo quien le devolvió una mirada incomprensible antes de volver a su observación del recién llegado que no le daba ninguna confianza. "Claro." Musitó tomando el collar de encima de la mesa. Se agachó hasta quedar de rodillas al lado del lobo y le acarició brevemente el pelaje. "Sé que me vas a odiar por esto." Susurró. "Pero es mejor hacerle caso al señor Pegasus, no sea que te prohíban estar aquí." Dicho lo cual le abrochó el collar de forma que le quedara cómodo pero sin estar demasiado suelto. "Listo. Espero que Jounouchi no se enoje conmigo por esto."
*¿Jounouchi? Ese lobezno malcriado no se daría cuenta de que tengo un collar aunque lo mordiera. Seguramente a estas alturas anda retozando con Seto en su habitación y por eso es que no lo hemos encontrado.* Mokuba enrojeció con violencia.
"Puedo entenderlo." Exclamó y el hombre a su lado sonrió.
Gracias por leer.
