Pozo de café.
El humo ascendía desde la laguna negra, negra como el espacio sideral que reflejaba sus ojos claros, el olor que desprendía el néctar moreno se colaba por sus poros, estimulaba sus papilas gustativas, pero no se atrevía a probarlo, se limitaba estrictamente a contemplar el liquido oscuro que le servia de espejo, cerró los parpados para evitar mirarse a si misma en la superficie y concentrarse en el calor que abofeteaba en oleadas la palma de su mano quería averiguar cuanto tiempo seria capaz de soportar la huella candente, redonda y rosada que la taza le estaba propinando levemente, cada vez un poco mas ni anhelada ni desesperadamente, quería saber cuanto tiempo costaba el dolor, cuanto tiempo absorbía el sufrir, cuanto tiempo "tiempo, tiempo, minutos, horas, apenas un instante, un segundo, mil años, una eternidad, tiempo que araña las pieles, tiempo que marchita, tiempo al que todos obedecen, tiempo que al menguarse la voluntad se contrae en un suspiro al que todo mundo llama muerte y la muerte que a nadie desprecia y el vivo que se enajena y empieza a irse para ser muerto y fantasma al mismo tiempo, fantasma transparente, fantasma con capa, fantasma sin cabeza, fantasma de bufidos, anima en pena que llora y clama disolviéndose en la lejanía, perdiéndose en la memoria quedando solo la leyenda que cuando cae un diluvio y arriba el insomnio se vuelve pesadilla y nos arranca del séptimo cielo y nos estrella contra el suelo y nos quedamos gimiendo los vivos, de susto, con los ojos nublados por el llanto, esperando por un vivo que tome el lugar de nuestro muerto o un muerto que nos haga olvidar que estamos vivos y empecemos a flaquear frente a un espejo, frente a la inmensidad, frente a la impaciencia que acarrea la espera, la espera clandestina, la espera resignada, la espera desesperada, aguardando una nueva oportunidad, un duelo justo, un nuevo beso, una buena noticia, un hijo prodigo, un eslabón perdido."
Un codazo saco a Bulma de su ejercicio masoquista. Miro de soslayo a su institutriz que le decía con el seño fruncido y un movimiento severo del rostro "pon atención" la peliazúl se había extraviado desde el segundo misterio del rosario y ahora solo escuchaba el murmullo lejano de la letanía…
-Rosa mística-
Tomo la taza entre sus manos y la llevo a su rostro viendo como el reflejo que antes había sido completo ahora solo se limitaba a una escuálida línea de pestañas celestes que no se reproducían como tal en la bebida sino como una línea parda.
-Arca de la alianza-
Poso sus labios sobre el muro de porcelana color rojo que hacia de recipiente paseo una mirada por los presentes: Milk que todavía no entendía como su marido había sido asesinado, él que era tan fuerte, él que era tan bueno, él que era tan ingenuo, él que era ignorante de su origen, él que era victima de su propia sangre, su cadáver era muestra irrefutable de lo que significaba la palabra: sacrificio.
Gohan, diminuto, con la mirada perdida en el piso, seguro que él tampoco estaba al pendiente del novenario.
Roshi, barbudo y delgado con los labios entreabiertos susurrando "ruega por nosotros" con la mirada oculta tras las gafas oscuras.
Krillin, calvo, bajo en estatura, robusto de complexión con las manos entrelazadas sobre las piernas y el dolor supurante en sus ojos.
Yamcha con su clásica expresión de "no pude hacer nada, que mala suerte, será la próxima, lo juro" siempre había una próxima vez en la mente de Yamcha, siempre había "mañana, será otro día" que haría cuando ella le dijera que sus oportunidades se estaban acabando, que había llegado el ocaso irremediable de un amor demasiado prolongado.
-Puerta del cielo-
Bulma sorbió un poco de café, estaba templado, siguió con la mente la caída lenta por su garganta, el descenso por el esófago dejando las paredes de su organismo hormigueando por el calor y el placer que colmaban los sentidos, que nublaban la mente; ahora vio su retrato en sepia dibujado en la mar negruzca que resguardaba su mano, su mano auto flagelada, se capto inexpresiva, sin dolor, sin odio, sin esperanza, sin miedo, congelada en el tiempo que se iba restando.
-Refugio de los pecadores-
Fijo su vista en la institutriz, había pasado toda su vida con ella y nunca, nunca se había aventurado a tratar de imaginar que era lo que esta mujer rígida, sin edad, con el cabello repleto de canas podría pensar, le tenia respeto y cariño mas respeto que cariño o mas miedo que respeto.
Su padre estaba recargado sobre una de las paredes contestando por inercia, girando una moneda, con los ojos perdidos en la lejanía.
-Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo-
La voz de su madre, rubia y delgada, sonaba en el fondo de la sala, completamente convencida de lo que estaba diciendo y Bulma pensó, mientras volvía a tomar café que esa plegaria no estaba dirigida a la salvación de Goku, a quien al fin y al cabo resucitarían, sino a un buen aterrizaje para Vegeta.
una vez mas, gracias por sus comentarios, poquitos pero sustanciosos. saludos desde México. Nomica
