Bosque de los cien males.
Con la cola entre las patas se retiraba a medio desangrar el sol y al punto del ocaso crepitaba la tierra hasta agrietarse y el demonio resurgía al acecho de un ángel guardián al cual seducir, darle a probar cloroformo embriagarlo haciéndolo ver inepto ante la mirada acusatoria del protegido que en el claro de un bosque verde acuoso fallecía incapaz de responder el ataque de su adversario sin frases tiernas con que decirle "adiós" a un mundo muy semejante a la estampa del Apocalipsis, conformado de sombras melancólicas que a la luz del día bailaban gritando ser verdaderas; muertos que se aparecían cuando la luna inexistente se posaba a buena altura en las mentes de los náufragos que sobrevivían al horror de la muerte y su viento helado que soplaba en los oídos de todos, que espantaba los sueños de cualquiera, que robaba las intenciones de un samaritano bueno, de un malhechor arrepentido, de un hijo que quería venganza para su padre, venganza para su madre, justicia para su sangre, un minuto de paz para imaginar que todo estaba bajo control…
La niebla se entrometía en su camino, evitando que pudiera ver mas allá de sus siguientes dos pasos, de los árboles yermos se desprendían las mentiras y las tentaciones se postraban insinuantes sobre cada rama. Reclinado en las altitudes, Drácula, con sus ojos ardientes seguía la carrera de la antigua reina que bordeaba una vereda tortuosa lo mas rápido que podía ya al filo del abismo, Brassica, se lanzo a un río negruzco y maloliente. Un hada madrina que se columpiaba hechizada en las estrellas la vio nadar contracorriente apresurada y fuerte tomando un poco de aire impregnado de azufre a cada tanto…
Trunks sentía que su diafragma bajaba y subía muy lentamente, le dolía cada milímetro de su cuerpo inmaduro, su mente se nublaba intermitente, su piel iba tornándose morada, no vislumbraba al androide Nº 17, en su lugar volvía una y otra vez la imagen de Gohan siendo destrozado por la mujer rubia que ahora sonreía complacida por la manera en que su compañero estaba divirtiéndose con la criatura de cabello violeta…
Una bruja vieja y de piel curtida que sembraba romero en un retazo de tierra erosionada la vio pasar dando tumbos; por la mente de Brassica un torbellino de imágenes de su unigénito siendo torturado por los soldados de Freezer revolvía su estomago y se juraba y se perjuraba que no volvería a permitir que su sangre padeciera ni dolor ni oscuridad ni hambre ni humillación, aunque la condenaran, aunque la exiliaran, aunque la disolvieran y dejara de ser un anima con la fuerza suficiente para defender lo que era suyo...
La mano del androide apretaba salvajemente el frágil cuello de Trunks que aun pugnaba por ser liberado de su inminente muerte, con los parpados a medio cerrar, la boca seca y su sangre real amotinada en la cabeza gritándole que debía defenderse, que era el hijo del príncipe, que era el ultimo cuerpo donde se centraba la dignidad, el honor y el poder de todos los saiyajin caídos en el reino por culpa de un mal nacido, de los contados que en la Tierra habían dado su vida por defenderlo.
Había olvidado lo lacerante que era la luz de los vivos y un rayo de claridad hirió sus pupilas azules, Brassica contrajo sus ojos llevándose un brazo hacia el rostro para darse una sombra improvisada y defenderse a si misma sin detener su paso decidido.
Su escasa vida empezó a desfilar frente a él vio a su padre ofreciéndole una mano con una media sonrisa dibujada en la cara; un dolor punzante se clavo en su pecho e ignorándolo tendió su pequeña mano a su progenitor; por fin estaban juntos y se sintió flotar en una trémula densidad, sonriente, complacido por estar al lado de su héroe, su ídolo, su dios, su todo.
Un golpe mortal se planto en la nuca del hombre castaño obligándolo a soltar a su presa quien derrapo sobre la mala hierba que crecía en el bosquecillo una corriente providencial de oxigeno se introdujo en cada recoveco de Trunks arrancándolo de los brazos paternales en que se había acurrucado hacia apenas unos momentos, abrió los ojos por instinto mas que por decisión encontrándose con una batalla férrea entre una mujer pelirroja, demacrada y sucia y Nº 18 que no podía sacarle ventaja al duelo por mas que se esforzaba, la extraña era mas rápida y constante en sus ataques, tenia si no mas fuerza si mas experiencia y la androide, aunque lucían de la misma edad, daba el aspecto de ser solo una marioneta que se movía justo como su contrincante buscaba, regalándole así preciosos puntos clave y guardias bajas por donde atacar.
Brassica vio de reojo a su nieto ponerse en pie y lanzo una ráfaga de esferas repletas de energía a su oponente ordenándoles estallar al tronar de sus preciosos y finos dedos. Descendió a toda velocidad hasta donde se hallaba el niño, lo tomo por el cuello de la camisa y emprendió vuelo con rumbo al bunker que hacia de hogar y refugio.
Trunks buscaba en su mente palabras, palabras para interrogar a la mujer, para desenmascarar a su secuestradora, salvadora o lo que fuera –señora, ¿usted también es un androide?- fue lo único que le salio, quedaba tan poca gente en ese mundo que de no ser un ente salido de las entrañas de la tierra o bajada del cielo, tendría por fuerza que conocerla o en su defecto ser un enemigo mas.
-No- dijo la reina con su voz pasiva y delgada
-¿como sabe donde esta mi casa?- interrogo el niño de nuevo, haciendo un esfuerzo considerable por no perder la cordura
-Yo sé muchas cosas- respondió Brassica con una mueca curva en los labios redondos
Bulma dejo caer la taza de café que tenia en las manos cuando vio la silueta femenina y esbelta aparecer en el umbral del refugio. Dedujo de inmediato que algo andaba mal –reina…- atino a decir con el aliento contenido en el pecho y las manos sudorosas
-Bulma- pronuncio la visitante a modo de saludo con la mirada infinita clavada en la de la mujer que la correspondía expectante
Brassica se saco de la pretina del faldón grisáceo que llevaba puesto un frasco diminuto repleto de pastillas – las ha preparado un conocido, estoy segura de que nos servirán- sustrajo de entre sus ropas también, una cartera que contenía un montón de papelitos amarillentos y dibujos desteñidos a consecuencia del tiempo
- que es esto- cuestiono la peliazúl, cogiendo uno de los bocetos con sumo cuidado entre sus dedos
-eso lo robe- confeso con la sencillez de un niño la pelirroja- son los planos o algo así, de un artefacto que es capaz de retroceder el tiempo o viajar en él; no estoy segura
-¿una maquina del tiempo?- pregunto Bulma confundida y extrañada
-creo, creo que puedes hacer algo con ello ¿no? – pronostico la reina tratando de escarbar los pensamientos de su nuera que ahora daba la impresión de estar armando un rompecabezas
-haré todo lo que pueda, se lo juro- declaro sin quitar la vista de los retazos de papel queriendo olfatear y desentrañar cada minúsculo símbolo, cada línea…
Trunks no entendía para nada lo que estaba sucediendo, solo había logrado sintetizar que la extraña era una reina y que de esos muchos pedacitos amarillos la vida de su madre había comenzado a depender.
-esta bien- puntualizo la reina dándose media vuelta, giro la cabeza en dirección al niño que estaba de pie sin abrir la boca- Tú- lo espetó Brassica- entrena- dijo en tono imperativo arrojando a los pies de la criatura una espada y salio a paso firme del mundo de los vivos claro, desordenado y esperanzado hacia el bosque de los cien males donde murciélagos y princesas solteronas se casaban, donde no había luz que turbara las pupilas, que anunciara el nuevo día, donde no había tiempo que retroceder, ni enemigos a los que vencer.
