Lacayo.
El viento reventaba en su camisa empapándola de la brisa marítima, sentado en la cima de un escollo, Yamcha, sentía que con alzar la mano solo un poco tocaría la suavidad aparente del cielo, espejo perfecto del mar caribeño quizás viceversa y el agua turquesa remedaba el firmamento con el que nunca se amalgamaría y solo en el horizonte daban la impresión de ser uno solo. Maravillado por la nostalgia que da regresar siempre a casa, se preguntaba si por eso, Bulma había provocado en él una idolatría casi inmediata, la tinta con la que parecía estar coloreado su cabello era siniestramente igual al paraíso en que él ahogaba sus sentimientos; al fondo del océano, yacía la vergüenza corrosiva de ver a su padre siendo conducido por las calles de un pueblo en que todo mundo se conocía por el escuadrón de la policía gritando que no podían encerrar a un hombre que robaba por oír que sus hijos lloraban de hambre "a uno el corazón se le quiebra" fue lo último que escucho salir de los labios paternales antes de echarse a correr calle abajo entre el murmullo que salía de las bocas de los vecinos, con los parpados apretados para no ver los dedos acusatorios que señalaban la casita de adobe en que se habían criado él y sus hermanos; prometiéndose que lograría la gloria por si mismo, sin importar que el mundo fuera tan grande y él tan pequeño, tan escuálido e insignificante tanto que nadie se acordaba bien de su nombre, un nombre, que dijo, algún día, significaría algo, en la boca de un poderoso.
Por eso se embarco de polizonte en el Clarissa, un barcode carga que zarpó a las doce de la madrugada de algún día de mayo bajo un cielo abierto y estrellado, recostado boca arriba en el piso rustico de la bodega, se adormiló por el suave mecer de la olas, entre cajas con el emblema Capsule Corp., que le obstaculizaban la vista del pueblo que abandonaba.
Después de tres días en el mar, el mecer de las olas ya no era suave, sino diabólico, arcadas de pura agua se le venían cada dos por tres y sintiéndose morir decidió salir de su escondite para suplicarle al capitán la clemencia de untarle los Santos oleos y pedirle disculpas por su atrevimiento. Sin poderse mantener en pie, se arrastro por toda la cubierta ignorando las miradas burlonas y otras extrañadas de los tripulantes hasta que unas botas de hule desteñidas por el uso detuvieron su paso –déjame adivinar- escucho venir desde las alturas una voz ronca- eres un polizonte arrepentido- Yamcha asintió con la cabeza sin dirigirle la mirada a su interlocutor, una carcajada colectiva se desato seguida por coros de silbidos hasta que el propietario de las botas desteñidas mando callar a todo el mundo – tienes tres opciones para elegir, numero uno, te puedo lanzar al mar a eso de las cinco de la tarde mientras todos vemos como te despedazan los tiburones y comemos palomitas de maíz, numero dos puedo atarte a la popa hasta distender tus extremidades, dejar que el sol te dore como a un charal y después beber coñac mientras las gaviotas picotean tu cadáver maloliente aunque tendrías que esperar a que estemos cerca de la costa, numero tres puedo también, colgarte de una soga, decirle a dos de los muchachos que te sujeten fuertemente y jugamos a la piñata contigo mientras cantamos "dale, dale, dale, no pierdas el tino "- en este punto el resto de los marineros coreaban a su capitán que los dirigía socarrón como si se tratara de una orquesta - "por que si lo pierdes, pierdes el camino…" . Cual te gusta más- pregunto el hombre barbudo divertido por su bondadosa oferta
Un débil – no sé- se escapo de la boca de Yamcha provocando los aplausos de la concurrencia.
-llévalo a un camarote- ordeno el jefe a uno de los intendentes…
Se quedo en tierra desconocida con 500 dólares que el capitán le presto cuando Yamcha rechazo la oferta de unirse a la flota –te van a deportar- advirtió el hombre
-no volveré a mi casa hasta que tenga con que darle de comer a mis hermanos- respondió el joven mientras saltaba hacia el malecón alejándose de Clarissa
Tres meses después de ser mesero en un restaurante familiar, aguantando las malas maneras de la clientela y los centavos a veces descontinuados que le dejaban de propina; le dejaron en claro que la cima del mundo no estaba del lado mas honesto y humilde que conocía y vio la oportunidad de escapar en la motocicleta que al otro lado de la ventana se estacionaba
- ¿puedo ir al baño?- pregunto al capitán de los meseros limpiándose las manos en el delantal blanco
-no te tardes- ordeno el hombre quien se dio la media vuelta para pedirle al cantinero surtiera la orden de la mesa cinco sin ver como el nuevo empleado salía a toda velocidad del estacionamiento sintiéndose verdaderamente libre con el sol bañándole la piel y una sonrisa atravesada en el rostro. Nunca se pregunto hacia donde dirigirse cuando menos lo acordó estaba peregrinando sin rumbo por el desierto a expensas del calor inclemente viendo frente a sus ojos dos pequeñas presas: una niña de cabello azul y un niño con cola.
Quien le iba a decir que en aquel chiquillo encontraría una fiel amistad y que en la peliazúl, el amor mas grande de toda su vida, no por eso un amor fácil, el primer atolladero había sido ella misma con su duro temperamento y su cruel belleza que lo intimidaban todo y lo dejaban helado de la cabeza hasta la medula de sus huesos, que nunca había podido comprender, el segundo había sido el enfrentamiento que tuvo contra su familia de abolengo, los ojos duros de su suegro viéndolo de arriba abajo como quien juzga no a un ser humano sino a una mercancía que puede o no aceptar, el silencio mordaz de su suegra disimulado por una sonrisa, la mirada despectiva de la nana diciéndole a Bulma que dejara de jugar, el primer comentario de la institutriz que englobaba irónica pero acertadamente el sentimiento de todos los presentes -"si querías saber a que sabía la miseria , me hubieras dicho y te hubiera puesto a hervir piedras, Bulma "
El acecho perenne del guarura pendiente de no dejarlo rebasar nunca el límite físico establecido por el protocolo social, probablemente este punto era el mas difícil de tolerar, lo peor era la autorización de Bulma para que el guardia no se retirara jamás, la reticencia de ella hacia dar paso a algo mas, algo natural después de casi diez años de relación, periodo en el que él había dejado de ser un muerto de hambre y se creía digno de ella, sin embargo la peliazul, creía demasiado el la frase célebre de su institutriz "la confianza y la virginidad solo se entregan a personas de la misma clase" mas de lo que ella quería admitir todo eso lo había orillado a buscar en mujeres de distintas categorías lo único que Bulma no le entregaba, algunas veces con desfachatez para provocar el recelo de ella y obtener su virtud, por lo general le salía el tiro por la culata haciendo que ella se alejara cada vez un poco mas de él sobretodo desde hacia casi un año cuando ese saiyajin, que se decía hermano de Goku, prometió llegarían otros iguales a este buscando venganza.
Yamcha había regresado a su tierra para pedirle opinión a su madre respecto a que hacer con Bulma
- no te quiere- contesto simplemente la mujer viendo los ojos negros de su hijo queriendo llorar- yo te he dicho demasiadas veces, tantas que hasta me he cansado, que esa mujer no es lo que aparenta, no quiero decir que sea mala o de dudosa reputación, solo te quiero dar a entender que además de su dinero estoy segura de que hay algo mas, algo que por alguna razón, yo no se cual, ella no quiere entregarte su cuerpo, a lo mejor pura arrogancia o puro prejuicio o yo que se; quien sabe y solo esta esperando a alguien mas, alguien con quien sí pueda formar una familia de gran apellido
- a ti no te gusta, nunca te ha gustado-la ininterrumpió Yamcha tratando de negarse a si mismo que su madre pudiera tener razón
-no, no me gusta, desde la primera vez que la trajiste a esta casa no me gusto, por la misma razón que tu no le gustaste a sus padres y a su montón de nanas y sirvientas y no se que mas; por que tu y ella no son iguales, por que ella no va encontrar en ti, por muy famoso que seas, la estabilidad a la que ella esta acostumbrada y eso quieras o no se traduce en fe-li-ci-dad y te lo digo yo, Yamcha, yo que empecé a odiar a tu padre el día que no me trajo a esta casa los centavos suficientes para hacerles de comer a ustedes cosas ricas- Yamcha abrió la boca queriendo interrumpir el monologo maternal- y no, no me interrumpas- ordeno la mujer con un movimiento rápido de mano- aunque no sea a la misma escala, si va a ser el mismo resultado y ¿sabes como te va a ver el mundo? Como un fulanillo zángano que nomás no puede vestirse solo y necesita casarse con una mujer que hasta le compre los rollos de papel de baño, si tanto quieres ya formar una familia, búscate una muchacha modesta y no una princesa, por que las princesas en la realidad y en los cuentos nomás se quedan con príncipes- puntualizo la madre con su dedo calloso en la mesa del comedor.
-ya compre el anillo- confeso en tono grave Yamcha…
Meciéndose de pie en la cima de un escollo Yamcha ponía a prueba su equilibrio diciéndose a si mismo que si había logrado burlar la miseria también podría salir victorioso de una guerra en la que nadie creía que él pudiera ganar.
hola a todos, les agradezco mucho sus comentarios, debo decirles que me confieso completamente ignorante respecto a la vida de Yamcha, esa es la razon por la que me atrevi a hacer este capitulo, si he cometido impresiciones han sido sin alevosia y sin ventaja a diferencia de las que he ejecutado con los demas personajes y si hay algun partidario de Yamcha que siga este fic, le ruego disculpe mis atrevimientos, pero los necesitos para un par de cositas que vendran. Que Diosito los bendiga, les mando abrazos y besos.
