Rocío de la plegaria III
Roto, casi ciego, rabioso, aniquilado,
Hueco como a un tambor al que golpea la vida,
Sin nadie pero solo,
Muriendo absurdamente, llorando como niña.
He aquí éste que queda,
El que me queda todavía.
El llanto fracasado. Jaime Sabines.
La moneda del César divino estaba contoneándose en el aire, girando sus propias caras en multitudinaria rutina, ante la vista expectante de los querubines quienes arrojaban sus apuestas cara o cruz para el destino reservado de la Tierra, que ni a ellos está concedido saber con pretexto de las flaquezas que milenios atrás revelaron.
Giselle arrojo el par de dados con calculada fuerza y con calculada lujuria miro de arriba abajo a Lucifer, propietario ahora de su alma, visitante ocasional de su cuerpo, que ya se sabe a éste nadie lo puede esclavizar, no al diablo, sino a la anatomía de la ex comandante, que no ha perdido lucidez ni táctica a pesar de años de pecaminoso concubinato y que al no ser ciega puede ver la gloria tan cerca, como alguna vez vio la muerte cercana, también.
El rey Vegeta, se trono el cuello en un movimiento brusco de derecha a izquierda, mientras revisaba rápidamente las cartas que resguardaban sus manos y sacaba sus propias cuentas infiriendo que debería decir- paso- para no bajar la guardia y no dejar que la muerte pudiera tomar ventaja en este encuentro, debía ganar tiempo, eso era lo que Brassica le había solicitado y eso era lo que intentaba pero a tan vieja contrincante no se le podía engañar...
-oye, Vegeta- le dijo, la muerte, con sus ojos infinitamente negros – ¿ya viste la carnicería que tiene tu hijo en la Tierra?
-no, yo no tengo tus poderes- contesto evasivo el rey sin atreverse a ver a la soberana emperatriz de frente
-te propongo, mi querido rey, que hagamos una pausa, tú te tomas un refresquito y yo voy por aquellos niños- sugirió la fémina mientras miraba su reloj.
Los ojos del rey se abrieron perplejos al sentirse descubierto y una línea delgada de sudor comenzó a correr por su amplia frente- ¿de que niños hablas? – inquirió el hombre haciendo uso de sus escasas dotes histriónicas
- a ver; Vegeta, vamos a repasar los últimos acontecimientos- pronuncio la mujer en un tono casi didáctico- uno- indico con su fino y delgado dedo índice- tu hijito, toda dulzura y amabilidad, llego a la Tierra, dos- volvió a mostrar su mano- por ordenes de tu criaturita, nacieron del suelo, cual margaritas, saibaman, quienes encandilados por un nacimiento sin limbo maternal, lo único que saben hacer es matar o mas bien estallar en mil porciones, como a todo niño, les gustan los fuegos artificiales, tres- firmemente mostró la cantidad de dedos que correspondía mientras una mirada subversiva era enterrada en los ojos del padre ingenuo, que no tenia culpa de nada, salvo de hacer lo que su señora le indicaba- ahora yo debo de ir a limpiar los cadáveres malolientes del beisbolista ese, que ya sabemos, fueron ordenes mayores las que lo ejecutaron, tengo que recoger el brazo amputado del que tiene tres ojos, que ni sé como se llama, y desconozco también por que teniendo tres ojos se arrojo a morir estúpidamente, estaba yo, en la creencia de que el tercero le servia para ver el futuro y del chaparrito blanco, blanco y chapeteado, chapeteado, que ni para una carie en la muela de la bocota de Nappa sirvió – terminada la explicación la señora se levanto de su asiento, elegante, como siempre, moviéndose a través del salón rápidamente para evitar lo que sabría sucedería, no logro llegar a la mitad de la estancia cuando dos mujeres fatales le cerraron el paso a la misma fatalidad. La pelirroja apareció tras de un recodo enfrente de ella y por detrás, sin sentirla venir, la peliazul cerraba el triangulo y con ella toda posibilidad de escapar se reducía a nada.
-señoras, si así hubieran actuado aquel bendito día en que se unieron a mi lista de adquisiciones, no estaríamos hoy aquí, teniendo tan sabrosa reunión- menciono a modo de saludo la emperatriz, escondiendo el nerviosismo que le despertaba aquel mítico dúo.
-siempre hay una segunda oportunidad- contesto Giselle, voraz
La mujer dirigió sus ojos a las otras dos féminas cerradas ambas a una negociación y dando un suspiro decidió hablar claro con la reina, que para su gusto era más diplomática y entendida en los quehaceres metafísicos que la otra, que no pasaba de ser concubina del diablo en muerte y generala en vida y si por algo la tenían allí era por sus influencias, sus culpas y sus conocimientos nada despreciables en materia bélica, por si acaso, se necesitara sometimiento o estrategia el día del juicio final- Brassica, tu sabes perfectamente que en esto no hay nada personal, yo no tengo nada en contra de tu niño, por el contrario le tengo tremendo cariño, que en los últimos veinticinco años si hay alguien al que le deba tener tanto y tanto trabajo es precisamente a él, pero tú mejor que nadie sabes también que cuando se acaba el tiempo de alguien simple y sencillamente se ha terminado- se excuso la muerte mirando los ojos impasibles de Brassica…
"tres horas" había dicho Vegeta a modo de tregua, después de la matanza recién suscitada, de la que la sangre derramada aun no terminaba de ser embebida por el suelo, aquel suelo que al principio se le antojaba, ahora le repudiaba, tenia en sus granos la sangre inútil de vidas quién sabe si mas fructíferas que la de él mismo, quizás acabase de dejar huérfanos y viudas regados por ahí, como el niño ese mitad saiyajin, al que el namek le reclamaba no tener la audacia suficiente para ayudar a los demás amigos, que habían dejado de existir en apenas un parpadeo, "así de frágil es la vida" pensó el príncipe, él mismo que la mayor parte de su existencia aunque sin trono en donde reposar, había sido señor de vida y de muerte de innumerables gentes teniendo que quitar cuando era necesario. Nunca regalar la vida ni el perdón, era parte de sus preceptos morales y no había contemplado detenerse hasta que Dios le contestara sus exigencias, que un príncipe no tenia la menor obligación de hacer plegarias de ningún tipo y para ningún fin, sobretodo tratándose de rogarle a quien precisamente le había quitado todo y las peticiones eran tan pocas y tan simples que se podían resumir en dos: devolverle a alguien, por supuesto, Bunny, la siguiente petición era solo y sencillamente quitarle la vida de un tajo, de un golpe, de un rayo crudo y mortal si nunca podría Dios concederle el primer ruego y Vegeta, a cambio, sabiendo que nada es gratis en la vida, le proponía al Señor retirarse del ejercito de Freezer, irse en paz a descansar hasta que su hora llegase, y por tal motivo comenzó a reunir, clandestinamente, desde luego, una pequeña fortuna que en sus inicios era mas parecido a una afore y que con el tiempo había ido creciendo, como es natural que las cosas y los hombres crezcan cuando el tiempo pasa y que para hoy probablemente sería mas grande que la del mismo emperador "en algo tenía que ser mejor que ese bastardo" le soplo su propio orgullo; los ojos del príncipe sonrieron más que su boca y regresaron a la tierra en la que con la punta de su bota estaba dibujando una curiosa carita feliz, el trazo no era perfecto, ni mucho menos verdaderamente bonito, solo era feliz. Piccolo sintió que su sangre hervía al ver el pictórico e infantil dibujo –maldito retrasado mental- susurro el namek entre dientes a lo que el saiya contesto cínicamente –eso nunca me lo habían dicho- para sorpresa del residente que pensaba, el invasor no tendría ni la mas mínima idea del idioma, pues no lo había escuchado hablar mas que en un lenguaje tosco y complicado con el otro, Piccolo se centro en sus recuerdos y se percato de que el vestido de azul, ni siquiera se había movido desde que llegaron, le bastaba darle ordenes al mas grande, no hablo tampoco directamente con ellos como si los considerara indignos de dirigirles la palabra a excepción de la pequeñísima intervención que acababa de hacer; fue en ese momento en que Piccolo supo cual era su verdadero enemigo, era ese, el que permanecía sentado, con la mirada perdida en un punto inexistente y los brazos cruzados, el sujeto que después de ver caer a tres hombres, le sonreía. Al namek se le fue achicando el corazón tristemente, rival como aquel nunca había visto y comenzó a desear con furia que Goku llegara antes de que las tres horas pasaran...
Una luz del tamaño de una almendrilla luchaba contra el crepúsculo artificialmente creado en la alcoba de Bunny, apenas y espantaba la cenicienta presencia del humo que se aglomeraba en nubes ficticias y luego se dispersaba tranquilamente invadiendo cada recoveco de la habitación, colándose en las pieles de las tres mujeres allí presentes, tratando de husmear en los sentidos de cada una de ellas, engañando a su tacto, aletargando su oído, callando su hablar, manipulando sus ojos para dejarlas ver lo que tanto y desde tantos años deseaban ver…
En aquel apartado del infinito no se conocía el silencio, siempre las almas gritaban desarticuladas con voces de niños aprendiendo a hablar, con voces de hombres, con ecos de mujer parturienta, con coros de ancianos susurrando secretos, destartaladas y retorcidas yacían en el purgatorio las animas, aterrorizadas por ser ciegas y no poder distinguir que tan lejos se acababa la eternidad, atrapadas unas en su tiempo jugando a ser doncellas y reían terroríficamente al sentir que sus sueños se volvían realidad, luego, casi instantáneamente, lloraban desgarradas por darse cuenta de que estaban en una celda rojiza encabalgadas las unas con las otras, como si de una fosa común se tratara sin poder distinguir qué miembro, pertenecía a quién, pues al ser todos pálidos por igual era imposible reclamar. A Giselle se le erizaba todo el vello del cuerpo al verlas, así, tan lastimosamente enclaustradas, también ella había estado allí sintiendo perennemente unas punzadas pavorosas en todos los nervios de su ser, dolores de parto electrizar sus carnes y estertores inmisericordiosos convertirla en su presa. Y si no fuera por Brassica seguiría ahí, viéndola pasar tras la muerte, en lugar de acompañarla en su carrera justo como lo hacía en este momento.
-Brassica, ya te dije que no- grito por centésima vez la muerte deteniéndose en medio del camino para ver los ojos lacrimosos de la reina- mujer, ¿por que no le ves el lado amable a la situación, eh?, al fin lo tendrás contigo, ¿no es eso lo que toda madre quiere?- cuestiono la otra mujer con un tono de voz mucho mas relajado
- nosotras, no somos cualquier tipo de madre- contesto Giselle en lugar de Brassica
-¡tu cállate!- asevero la muerte apuntando con el dedo índice a la peliazul- que tu lo único que tienes de madre, es lo mucho que te falta de la misma- concluyo la mujer y dándose la media vuelta intento vanamente rehacer su camino
- por favor- peticiono la antigua reina con el hilillo de voz que le quedaba
- no- fue la respuesta seca de la soberana emperatriz
-te lo suplico- pudo pronunciar Brassica antes de romper a llorar
-no, no soy la clase de ente, con el que se pueda negociar, no escojo yo tampoco los tiempos, además, Brassica, has jugado conmigo hasta el cansancio, has hecho lo que has querido, vas y vienes en el tiempo, eso no está bien, por muy reina que hayas sido en vida, deberías de aprender a comportarte de este lado, en el que solo lo eternamente necesario, no claudica y la muerte, la muerte es un fin eternamente necesario- sentencio la mujer con un golpe seco en el suelo y deshaciendo el agarre de la monarca avanzo dos pasos antes de volverse a ella para añadir- y tu hijo lo quiere, tu hijo lo pide- después de pronunciadas las palabras continuo su camino dejando a Brassica murmurando en un mar de lagrimas que su hijo era solo un niño con miedo a estar solo. Los ojos de la peliazul y de la pelirroja se cruzaron brevemente antes de emprender una desenfrenada carrera al lado opuesto por el que la muerte había desaparecido…
-bueno- dijo Vegeta, a su auditorio, en el tono que usaría un juez para emitir una sentencia – su socorro no llego y ya las tres horas han pasado, así que, ustedes dirán como les gustaría que procedamos, ¿quieren huir?, ¿quieren decir sus ultimas palabras? ¿Les parece este lugar, bonito para ser enterrados?- el príncipe dejo sus preguntas bailando en el miedo de Gohan que en su corta vida, solo había visto a los hombres malvados de las telenovelas que su madre solía sintonizar, rebeldes sin causa, como ella los nombraba, nada como esto, por pequeños momentos llegaba a la conclusión de que todo desde la llegada del huraño y nada amigable tío Raditz hasta las ultimas palabras recién escuchadas era solo una obra teatral planeada y montada con solo sabrá Dios que motivos y no dejaba de preguntarse en su inmadura cabeza por qué a él lo habían elegido como parte del elenco.
El sol había comenzado a bajar, lentamente, Krillin, fijo sus ojos en el astro; nunca había notado que la estrella estuviera tanto tiempo a tan buena altura, quizás todo era una mera ilusión óptica causada por el temor y la arritmia cardiaca que le producía sentir el vaho de la muerte tan cerca, jamás sintió ver su fin tan próximo se pensó como una palabra cualquiera al filo del abismo de un cuento de terror que puede ver a escasos pasos de ella misma el punto final con el que todo concluirá, suspensos y alegrías, lagrimas y traiciones acababan para siempre con la diminuta seña de un punto final, un vacío y largo silencio que se prolongaría hasta la eternidad.
-lucharemos por supuesto- resolvió Piccolo a nombre de los otros dos que no abrían la boca para nada uno por que lo aterraba morir midiendo apenas un metro y quince centímetros y el otro por que repasaba calladamente sus vivencias.
- entonces puedo retomar mi juego, verdad Vegeta- exclamo entusiasmado Nappa tronándose los dedos de las manos
-puedes- pronuncio el príncipe complaciente con Nappa
Bunny se sobresaltó dentro de su profundo letargo cuando contemplo la ancha mano de Nappa estrellarse contra la mandíbula de Piccolo, los movimientos de Nappa, dictados por una violencia inexorable, casi demente y su sonrisa sádica enmarcada en la fina barba de su tosco rostro y el esfuerzo monumental del namek que mas trataba de no perder el honor que de salir victorioso del encuentro, un liquido violáceo corría por las sienes de Piccolo y el cuerpo verde se contraía en lentos reflejos tras cada nuevo golpe recibido, todo concepto como guardia baja o abierta había quedado desertado de la mente del extraterrestre verde tras una sola y clara resolución: resistir, resistir dolor y tortura, llevar su mente hasta otro punto para dejar de pensar en lo que se colapsaba, en lo que estallaba, en la muerte próxima que se acercaba.
Nappa estaba a un paso de quitarle la vida, pero lanzo el cuerpo inutilizado lejos de él cuando sintió el ataque de Krillin reventarle en la espalda, sin causar ningún daño, salvo contados rasguños, todo indicaba que el chaparrito quería ser objeto de su pronta atención.
Tras tres golpes bien colocados y una patada magistral se libero del estorbo que le suponía el hombrecito calvo con el fin de ejecutar al niñito que osaba de darle un puñetazo, había sido solo un testereo en realidad, no obstante, el chiquillo, muy poco tiempo atrás le grito una ofensa grande para su santa madre, que no podría ni debería ser perdonada y aprovechando de paso que Vegeta estaba sumamente condescendiente para con él se daría el gusto de aniquilar al niño, que al fin y al cabo un niño ni enriquecía ni empobrecía la ya reducida y ridícula población saiyajin, sobretodo, si el niño ni de raza pura era mucho menos de clase alta, puesto de acuerdo consigo mismo y autorizado por su propio pie Nappa convoco sus poderes en una sola centella y la lanzo contra de su tierna y acorralada presa.
Piccolo desde el cráter en que yacía y del que no podía salir las vio surgir al mismo tiempo, una vestida de negro riguroso y con una sombrilla de encaje apareció de la nada atravesando una de las rocas que sitiaban el campo de batalla, camino hasta donde estaba el príncipe y le rozo el hombro sugerentemente felina, el saiya ni se inmuto tras la caricia. Las otras dos arribaron tras de un montículo de polvo; la peliazul enfundada en rojo carmesí, descalza, avanzo sensualmente hasta donde se encontraba la enlutada y se detuvo al otro lado del príncipe, la pelirroja ni sensual ni rigurosa, sino salvaje, metida dentro de un vestido verde olivo se desplazo con prisa hacia él, solo mientras iba acercándose, Piccolo pudo vislumbrar la cola, color rojo fuego, fajada alrededor de la cintura "no puede ser" se dijo a si mismo, sin encontrar una razón coherente por la que los invasores hubieran pedido refuerzos, Brassica le extendió su mano porcelanosa al namek, silenciosa pero impaciente la reina, le apuro a levantarse antes de estar completamente erguido, el guerrero sintió su vista nublarse bajo el resplandor emitido por el ataque que descendía a toda velocidad y excelente ángulo hacia su discípulo, luego lo único que oyó fue una voz femenina, delgada y clara susurrarle- sálvalo- y después solo mudas secuencias de imágenes: momentos compartidos con el pequeño donde podía ver su rostro contraído en un profundo puchero y lagrimas brotar de sus ojos como si fuesen fuentes de agua dulce pero sin escuchar su llanto, pues el zumbido de la muerte rebasaba la voz de la propia conciencia- te quiero, Gohan- creyó haber dicho antes de ser reducido a cenizas pero le quedo la duda de si fue solo el eco de su corazón o realmente hablaron sus labios.
Un alarido se desprendió de la caja toráxica de Gohan, invadió sus pulmones y salio por su garganta, dejando sordos sus propios oídos, turbando sus propios miedos, envalentonándolo, arrojándose, primitivamente hacia el enorme asesino que lo veía con ojos de profunda satisfacción.
Vegeta bajo los parpados para evitar ver la escena que acontecería si el niño continuaba bravo y desesperado; algo dentro de él se rompió, como una teja de arcilla; al contemplar su retrato, no sabía nada del chiquillo, excepto que a la misma edad del híbrido, estaba igual de solo, igualmente desesperado por hallar un desahogo en medio de una macabra pesadilla.
El corazón de Goku, comenzó a asfixiarse en el mar de un pésimo presentimiento, ningún Ki, conocido se mostraba fuerte, de hecho, no quedaban más que dos, apenas latentes al compás de un ritmo cardiaco, mas que de una fiesta bélica, apresuró su vuelo...
El Dr. Briefs arropado por una manta de color pardo tomo asiento en su mecedora, yendo y viniendo absorto en el ocaso que tenia enfrente, el firmamento color amarillo, espeso, suave como siempre en apariencia, recio para juzgar, según le habían contado alguna vez, en la puerta del otro mundo no se aceptaba una respuesta que iniciara con "pero", "no quería", "no fue mi intención". "si tan solo"… ni que decir del famoso "hubiera" que el puro pensar en usarlo como parte de una excusa, o una defensa ante el santo tribunal, conllevaba la eterna y absoluta condena. Y como bajo aviso no hay engaño, el científico extrajo de la bolsa de su camisa un bolígrafo y arrimo para sí una libreta, era de primera prioridad ensayar su discurso para el juicio final que aquel que tenía guardado en su mesita de noche para la boda de Bulma o para su anhelado premio Novel.
Vegeta se regocijo ligeramente con la cara cargada de dolor de su súbdito, Kakarotto, no le daba tiempo a Nappa de responder ni una mirada ni de tomar un respiro, mucho menos de devolverle el ataque, cierta excitación recorrió las venas principescas, saboreando el próximo, aunque innecesario, duelo en primer lugar por que el contrincante sería de su propia raza, en segundo por que al ganarle, seria algo así, como coronarse por su propia mano, obviamente, cuando la sangre corría de por medio no eran necesarias las ceremonias ni tampoco las joyas costosas. Alejado de sus delirios pudo ver como la mano de Kakarotto temblaba para darle muerte a Nappa, un rubor subió a sus mejillas cuando escucho la voz del subordinado clamando auxilio "no que eras muy valiente, Nappa" alcanzo a pensar antes de estirarle la mano al que se revolcaba en el suelo, la gran palma sangrante se aferro a la enguantada, como un barco que busca encallar antes de perecer en medio del naufragio, una sonrisa retorcida cobro forma en las facciones del príncipe- fue un placer- pronuncio con clara elegancia ; acto seguido Nappa tuvo una visión panorámica del desastre que había causado, el monte al que habían llegado era solo un desierto con tres ramas, escasamente cubiertas por hojas que lograban mantenerse en pie, hoyos por todos lados en vez de montañas, como un campo minado, como una superficie lunar, estéril e inhóspita. El ataque de Vegeta le alcanzo casi de inmediato, irrigando un calor insoportable en toda la superficie de su cuerpo provocando un cataclismo general en toda su anatomía, lo que antes había estado unido, se desunía, lo que alguna vez le sirvió para moverse, se partía en innumerables retazos de si mismo, quizás solo la conciencia alcanzo a vislumbrar a la reina Brassica midiendo la calidad de la técnica y a la comandante Giselle aplaudir como niña la maniobra del príncipe, la mujer que las acompañaba a lo mejor era su invitada…
Con su mano fue tanteando en la penumbra del hechizo la esquina de su buró, la manija del cajón y torpemente distinguió las cuentas del rosario… a tropezones entre sus facciones y el espacio dibujo cruces sobre su frente, sobre sus labios, por el relieve de su pecho y una amplia desde su frente hasta su pecho en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo para que lo librara de sus enemigos por señal de la santa cruz y en nombre de Dios Nuestro, que está en todas partes y que aficionado a las luchas, como es, lo mas seguro era que ya hubiera tomado su partido y benevolente, como se sugiere que es, lo también mas seguro era que Vegeta no fuera su gallo. Sin embargo, Bunny llevaba casi treinta años de oraciones acumuladas por el alma y el cuerpo de su niño, incluso antes de que ésta fuera corrompida por el instinto bestial de su sangre y que éste, o sea el cuerpo, creciera lo suficiente para sentir en sus adentros la sed de pecado, o despertara en los ojos de algunas la tentación carnal, que ya se sabe, esa anatomía, si sobrevivía, a los golpes que estaba recibiendo y que sin pena ni gloria soportaba soberbia e inflamada de ancho orgullo, estaba reservada desde tiempos inmemoriales para otro cuerpo mucho mas frágil, pero no por eso menos orgulloso, ni menos noble.
Bulma se levanto de su cama, descalza, con las plantas fuera de practica, ya no era una bailarina, la hería el frío que se colaba por la ventana, le acribillaba la espalda, le opacaba sus planes de sentarse a llorar hasta formar el cauce de algún desolado mar; apenas le brotaba una lagrima y la ráfaga invernal le congelaba la gotita en su cara enrojecida, en sus labios ensanchados, en sus ojos adoloridos, la encrespada estación hasta había empezado a adormecer su alma…
Volvieron desde los tabernáculos de la absurda resignación sus perpetuas ganas de conquistar el infinito espacio sideral, la locura de ritmo caliente entorpecía su mente, quería la gloria y la lozanía de la victoria, el método le había dejado de importar al extremo de contar los minutos que faltaban para que la luna apareciera por aquellas latitudes, con el cuerpo desortijado como marioneta de circo chino, sin brazos aptos para volver a golpear, sin piernas listas para huir, lo único que le quedaba era sobrevolar, analizando con el ojo que le quedaba bueno el punto por donde aparecía el legendario astro, ya la primera estrella se encendía por el cielo opaco, cerrado de nubes; a Vegeta le dolía mas el arañado orgullo que las costillas rotas, que los pulmones empequeñecidos, le lastimaba mas sentirse burlado, por las llagas matadoras de la desilusión; desde el primer golpe que Kakarotto le había ensartado en el vientre supo que sus esperanzas iniciales se disolvían en una vaga y tortuosa penitencia. Se detuvo un instante para aplacar sus demonios internos, que pugnaban por una guerra sangrienta, por un cadáver irreconocible y de paso ver el estado de Kakarotto que sufría espasmos desparramado en un pozo, a simple vista cualquiera diría que el príncipe estaba perdiendo tiempo, volando de aquí para allá en lugar de darle el tiro de gracia pero Vegeta conocía perfectamente a su propia raza y sabia que si no le otorgaba un ataque certero y definitivo, bien podrían pasarse toda la vida en ese vals de patadas y ganchos hasta que pareciera un abrazo amistoso, un nudo cariñoso de ofensivas reciprocas.
Goku, encandilado por el néctar delicioso de una batalla campal; compuesto de sangre, sudor y dolor, hasta se había olvidado de por qué luchaba con Vegeta, el príncipe ni vela en el entierro tenia, al menos cuando él llego, el criminal era Nappa y los saibaman, a los que ya no tuvo el placer de conocer, no obstante no se podía despreciar tan interesante oponente, con todo un repertorio de buenas y pulidas técnicas, con movimientos y rapidez sorprendentes, con una resistencia que nunca había contemplado, definitivamente le estaba cayendo bien. Lo único triste era esa forma con la que él lo miraba, un sentimiento profundo y corrosivo destilaba en las pupilas "¿rojas?" Goku, se pregunto, si no se habría golpeado la cabeza fuerte, o si su memoria comenzaba a fallarle, hasta donde él recordaba los ojos misteriosos de su recién estrenado enemigo eran negros.
A Brassica le dio lastima la primitiva apariencia a la que recurría su unigénito, en forma de oozaru, Vegeta no era mejor guerrero, era infantil la torpeza de sus movimientos y lo único que quedaba ilustrado en tan vergonzosa elección era su estridente personalidad que no era nada sino caprichosa por naturaleza el grito de dolor que soltó Goku, envuelto en la palma de hijo, hirió el orgullo de la antigua reina que quería materializarse y cercenarle la cola a su heredero para que volviera a luchar como hombre.
Yajirobe contaba con los dedos de una sola mano, las escasas probabilidades que tendría de ayudar a Goku, sobretodo ahora, en que el tamaño del saiyajin invasor había aumentado, convirtiéndose en un monstruo de apariencia indestructible. Escondido tras una triste roca atestiguaba como Krillin y Gohan vanamente trataban de hacerle frente a Vegeta, le llego por celestial gracia una valentía efervescente después de escuchar otra replica de horror en la lengua de Goku y se lanzo a la carga, sintiéndose como caballero de la mesa redonda un movimiento rápido casi invisible, si alguien le hubiera preguntado, habría contestado, que él jamás fue tan hábil con la espada, seria incluso capaz de jurar por su vida que él no había hecho tan limpio corte aunque eso no era lo importante, lo de extrema urgencia era salir de la escena lo mas rápido que pudiera.
La luna artificial que Vegeta había colgado del firmamento seguía suspendida como evidencia de sus malos cálculos y desesperadas acciones no obstante el príncipe no podía verla desde el hoyo en que reposaba su magullado cuerpo, tragaba tierra con sus jadeos intentando llevar aire hasta sus pulmones, todo a su alrededor giraba en una perpetua resonancia de sus congojas físicas, oyó una especie de rugido al que no le dio importancia, sus fuerzas atrofiadas ya no le servían ni para hacer una conclusión adelantada; los engranajes de su cabeza solo se pusieron en marcha cuando percibió el eco de sus huesos al quebrase bajo la planta gigantesca de Gohan transformado.
-lo ves Brassica, tu misma lo trajiste hasta mí- pronuncio la muerte girando su cabeza para ver la cara horrorizada de la reina.
A Bunny le broto un llanto trágico del fondo de su corazón que brincaba embravecido y un ruego sin orden salía de su boca, en cada misterio bendecía al Señor, esperando que detuviera la sanguinaria resolución de Krillin cuando lo vio empuñar la espada y después del inicio del misterio maldecía al Señor por no mover un dedo y la espada seguía bajando lentamente con rumbo al pecho destrozado del saiya – mi niño, mi niño, mi niño- repetía la antigua nodriza desde su lecho en vez de continuar la oración, luego le llegaba un súbito recuerdo de su ejercicio espiritual y volvía a emprender la plegaria…
Vegeta vio ensombrecido el brillo nocturnal que el filo del arma reflejaba y pensó que por fin llegaría la respuesta a su ansiada petición.
La muerte se puso de pie y tomo un respiro para esperar a su cotizada, nueva y flamante adquisición y para evitar ver a las otras dos mujeres que congeladas contemplaban la escena…
Los dados lanzados por Giselle en medio de la penumbra del salón, se detuvieron ante la simple y llana oscuridad, sin testigos que vieran el número de puntos trazados en sus caras…
El rey Vegeta recogió las cartas que quedaban sobre la mesa, con su espalda encorvada por el cansancio y un suspiro fatigado – todo ha terminado- murmuro con el tono fatídico de quien esta acostumbrado a perder.
Las manos amplias y fuertes del César divino atraparon al viento la moneda que seguía danzando y mostró la cara ganadora ante la vista indignada de algunas de sus huestes igual que un mago enseña la caja vacía de donde saldrá una paloma a su auditorio. Satanás sonrió.
-¿tanto para eso?- pregunto el Diablo al Señor arrebatándole la moneda que había girado las últimas horas confirmando su teoría – Señor- pronuncio con un tono burlonamente infantil- ¿Por qué la moneda tiene dos caras iguales?
-aun tienes mucho que aprender- contesto Dios con fingida solemnidad
-detente Krillin, por favor- peticiono inaudiblemente Goku para sorpresa de todos los allí presentes…
Yo quiero agradecerle a todas las personas que han acompañado esta historia a las que dejan un review, que son a las que me puedo imaginar cuando escribo, cuando me autocritico, cuando planeo un nuevo capitulo y a todas aquellas que no dejan sus comentarios, que son las que mas me intrigan; me gustaria mucho que me dieran sus comentarios para poder pensar claramente en ustedes o sus ideas ¿por que no? Sin embargo dicen por ahi, que el silencio es lo unico cierto ¿sera verdad?. deseo muchisimo que les guste lo que va de la historia. Sin mas que decir, les envio saludos y cariñitos a todos. Exito en todo. NOMICA
