Noche Quemada.

Lamían las olas la arena dejando caracolas que en sus fondos escondían el eco del mundo marino, sirenas cantando, madres dando a luz a sus criaturas, transcurrir monótono, legendario baúl de la humanidad; lago artificial por el que surcaba la historia ora de ida ora de venida, ayer de gloria, mañana de esperanza hoy de consternación; brutal anochecer adornado por el dolor supurante que deja una ventisca invernal, silencio, oscuridad, moños negros pendiendo en la marquesina de una puerta.

Ecos abrasadores de sirenas buscando sobrevivientes donde no los había ni en el monte del calvario ni en los tanques militares que quisieron ser héroes y acabaron mártires ni en la ciudad de la que solo los mapas hablarían.

A lo largo de las calles las farolas se encendían para calentar la orfandad de cuantiosos infantes, la viudez de numerosas mujeres, se prendían sirios pascuales buscando templar los corazones que se desangraban en un goteo intermitente a salud de la sangre que ya se había evaporado, lagrimas lloviendo sobre rostros demacrados lavando las culpas de aquellos que ya no regresarían.

Toda leyenda yacía deshecha, toda esperanza moría en un largo y profundo cáliz; si alguna vez hubo una profecía, la noche cerrada y oscura la había aprisionado, en la evanescencia de las estrellas que desde abajo parecían centinelas, múltiples pupilas de Dios vigilando su tierra predilecta, sus hijos elegidos, muy amados habitantes de la Tierra, que otra vez había puesto a salvo de las manos extranjeras raídas por el odio y ambición.

El candil con su almendrilla de luz murió repentinamente; se le acabo a la lumbre la cuerda que carcomer y a la cuerda se le vertió en un ensanchado y desfigurado río la cera que alguna vez la sostuvo quedando solo la tiniebla y la dolencia recalcitrante abriéndose paso por las venulas de su cuerpo que lentamente regresaba de la desventura atestiguada a la crudeza de la realidad de unos huesos que le pesaban como a Cristo le debió de haber pesado la cruz de su martirio, un temblor desconsolado y un alma que a jirones salía de su cuerpo en forma de sollozos. Que abismo tan grande le parecía la imagen de su cuerpo hecho hombre a este profundo amor que se sentía vejado, por la injusticia de la distancia que se interpuso cuando lo dejaron escapar.

A nadie había matado Goku esa tarde, excepto a ella, que se volvía a sentir sierva a la merced de decisiones tomadas por terceros…

La cocina de la mansión Briefs se inundaba de olor a canela caliente; rustico y dulce, Pita se movía lentamente en la estrecha distancia que separaba a los pocillos de las cucharas y a las tazas del azúcar, vio con sus ojos antiquísimos por la ventana encontrando un horizonte lejano, prácticamente eterno –todavía esta esa cosa ahí- murmuró con su voz aguda

-que cosa- pregunto el Dr. Briefs, con su taza vacía que esperaba ser llenada de un momento a otro, en la mano

-esa- apunto la sirvienta baja de estatura y regordeta, con una de sus manos a través de la ventana

-mas parece una farola que una luna- comento el científico en relación con la imitación de luna que Vegeta había elaborado unas cuantas horas atrás – se le olvido llevársela- pronostico el Dr. Briefs

- yo no creo- dijo Pita con completa seguridad- yo pienso que siempre lo supo y no creo tampoco que la haya dejado allí nada más

-¿crees que la dejo de recuerdo?- cuestiono el hombre lentamente

-mi instinto me dice que la dejo para alumbrar la larga noche que le espera a Doña Bunny- concluyo la sirvienta, vertiendo el liquido caoba en las tazas…

Bulma vigilaba desde el piso de su habitación, en un hotel lujoso de una ciudad afamada y legendaria, el péndulo color ocre del reloj que colgaba en la pared a través de la madrugada congelada; pendiente de que los segundos duraran lo que deberían, de que los minutos se extendieran hasta concebir una hora eterna, edificando un amargo velorio en el que no había cuerpo al que velar ni azucenas ni coronas; brillaba por su ausencia la tristeza, solo le quedaba la profunda amnesia física que suele dejar por estela la desolación…

De las fisuras de su carne salía un agua clara que dejaba surcos en la escalinata de sus músculos empapados de sangre propia, crujía tras cada parpadeo su esqueleto desarmado, sus ojos hipnotizados por el tango que bajo sus sienes bailaba el dolor apenas podían distinguir en su memoria lo que era la luz y la oscuridad, nada de figuras geométricas, nada de monstruos, nada de recuerdos ni esporádicos episodios de rabia, ni por lo menos sed de venganza. La decepción hacía de su cuerpo un arrabal en el que reinaban las ganas del suicidio pero la valentía siempre solía alejarse de él en soledad y su orgullo grande y absoluto se transformo en una piltrafa cuando la espada se detuvo a escasos centímetros de su pecho abofeteado por sus propios mandamientos, derrotado en el campo de batalla, ignorado por Dios, burlado por la esperanza, traicionado por su propia confianza, despreciado hasta por la misma muerte a quien tanto trabajo le había ahorrado "puta desagradecida" pensó. Adormecido por el cansancio Vegeta era solo un náufrago a la deriva, observado por la macabra trinidad de la angustia que salía de su cloaca, del rencor carcomiendo sus fibras y un vacío enfermizo que se dilataba en sus entrañas; tan oscuro y profundo como el universo en el que todo giraba entrelazándose y alejándose al apetito de su creador.

Gohan arropado en las sabanas tibias y envuelto en el calor de su hogar dulce hogar; no lograba conciliar el sueño, extrañaba lo rugoso del pasto en que a veces caía rendido o la roca en la que improvisaba una cama, la corriente fría que por lo general amilanaba sus inocentes prejuicios; anhelaba la mirada callada y alejada que lo custodiaba desde tan alto que no se dejaba ver, deseaba volver a ver al Sr. Piccolo en su inamovible severidad, quería verse reflejado de nuevo en las pupilas de su tutor y se negaba rotundamente a dormir por temor a soñarse feliz con él y segundos antes de abrir los ojos Piccolo se disolviera en el alba homicida, dejando tras él solo el murmullo de su voz rondado los oídos de Gohan.

...En el principio cuando Dios creo los cielos y la tierra, todo era confusión y no había nada en la tierra. Las tinieblas cubrían los abismos mientras el espíritu de Dios aleteaba, sobre la superficie de las aguas.

Dijo Dios "haya luz" y hubo luz. Dios vio que la luz era buena y separo a la luz de las tinieblas. Dios llamo a la luz "día" y a las tinieblas "noche" Gen. 1, 1-5

La institutriz cerró su Biblia, abierta al azar, que le revelaba el nacimiento de aquella negrura eterna, que en sus nubes oscuras y atribuladas bordeaba el silencio rotundo de un día concluido y se sentó en la esquina de su cama con su traje sastre color malva, impecable, a esperar que esa noche, que mas que noche, parecía un eclipse, fuera siniestramente quemada al fulgor del primer rayo de sol.


Hola, quiero darles las gracias por sus comentarios, lindisimos, como siempre, que me hacen sentir realmente satisfecha y que me halagan muchooo, mi ego se reconforta, no saben como, cuando los leo y los releo siempre, antes de hacer un nuevo capitulo. Danymagic, te prometo intentar dismunir la religiosidad de los personajes, en la medida de mis posibilidades pero no puedo hacer mucho por eso; soy mexicana y ademas de eso orgullosamente provinciana, de cualquier modo te aseguro que no tratare de evangelizarlos por medio del fic, es solo un recurso y ya. Mientras tanto les mando saludos, y besos ya no, por que por aqui anda la influenza, no se me vayan a contagiar ^ ^`cuidense MUCHISIMO. NOMICA