Señal del sol.

Luchaba contra de si mismo, debajo de sus sabanas inmaculadas, con los parpados contraídos severamente, los puños cerrados de indignación por no alcanzar al profeta que se aparecía en aquel desierto esponjoso de arena pálida, descalzo y con una larga barba negra que le llegaba mas allá del comienzo de su pecho, vistiendo una túnica color gris rata y un lazo a la altura de la cintura.

Hacía meses que Freezer sentía pavor cuando veía apagarse las primeras luces de la base, irremediablemente estaba llegando la hora de ir a la cama y encontrarse de nuevo ante la infinita extensión de arena; andar y andar por ella sintiéndose desvalido, moribundo de sed y luego la figura desaliñada surgía de entre la blancura cegadora; ambos caminaban su trecho correspondiente del camino hasta quedar frente a frente, el profeta hundía sus ojos enigmáticos en el sol incinerador, guardaba un profundo silencio mientras el corazón del emperador iba haciendo los intervalos entre un latido y otro cada vez mas largos, el profeta resollaba hondamente, como si hubiera obtenido ya lo que quería, su boca se abría en un sonido tan pequeño que ni a suspiro llegaba y Freezer quedaba tendido frente de él con los ojos yertos y el cuerpo agarrotado ante la incertidumbre de no poder descubrir el sentido de tan infructuoso encuentro y penosa muerte.

De todos en la base militar era bien sabido la dependencia que Freezer tenia hacia las sustancias que estimularan sus sentidos y ampliaran los senderos de su imaginación por eso a nadie extrañaba la manera en que últimamente perdía los estribos, seguramente tanta droga comenzaba a afectar los nervios del tirano, que nunca habían estado del todo bien, y todo aquel que se apreciara de conocer a Freezer sabia que algunos días el emperador no salía de sus aposentos pues tenia demasiado de que hablar con las sombras que osaban de perseguirlo, con las voces que se encumbraban en sus fantasías y le aconsejaban nuevas tácticas de invasión.

Esa noche sin embargo, Freezer tomo antes de ir a la tierra de los sueños todas las precauciones debidas y bebió tanta agua como pudo, le pidió al fiel Zarbón, le inyectara una doble dosis de la droga mas potente que encontró y se dirigió a su lecho con la feroz determinación de hacer hablar al profeta o asesinarlo en el acto y quitarse de este modo las preocupaciones que sus apariciones le estaban trayendo.

Sueños inverosímiles llegaron antes que el profeta. Primero un río de lava anaranjado del que brotaban a borbotones flores gigantescas de pétalos rojo amapola y al dilatarse sus botones succionaban una parvada de aves de rapiña que olisqueaban la lava y mientras deglutían los pajarracos, una docena de duendecillos, al ritmo de una canción pegajosa, sorteaban los obstáculos que el tallo de la mística planta les ofrecía, Freezer, que levitaba sobre el infernal río se acerco demasiado a la fauna troglodita y viéndole mas de cerca perdió su forma de naturaleza para lucir como una mujer de barro, con miles de serpientes en lugar de cabellos quienes se transformaron también en hembras, con pestañas largas, con pelajes sedosos, con pieles aterciopeladas, con muslos sugerentes y lenguas lujuriosas envolviendo de fina saliva el cuerpo del emperador, la excitación no tardo en electrizar todos los nervios del soberano un calor incendiario apresaba su pálida piel e iba bañando de sudor la tela que le arropaba; en su delirio, curioseaba con su mano, el húmedo umbral de la vagina de la primera hembra de arcilla que había aparecido, en su tacto la carne era palpable y tierna; entro en territorio ajeno, abriéndose camino con una feroz erección por la oscuridad devoradora, que tras cada contracción se ensanchaba un poco más dejando de ser gruta pequeña para convertirse en un túnel por el que Freezer caía desenfrenadamente en forma vertical, espantado por no saber en dónde se encontraba o hacia dónde se dirigía, sus pupilas se dilataban tratando de observar a través de la lobreguez cortante, sombras, se dibujaban cada tanto, bultos toscos escalaban torpemente por los muros de la sima, gritos de terror poblaban el silencio cuando uno de estos bultos se despeñaba y su opaca silueta junto con su voz eran calladas por la niebla helada que comenzaba a invadir el pasaje. La caída culminó azotando al emperador en un estanque de agua congelada, las garras del hielo al rajarse herían superficialmente la gruesa piel de Freezer, un gruñido de disgusto salio de la boca pseudo femenina cuando se percato de estarse adentrando en la profundidad del liquido, tratando absurda y vanamente de nadar o impulsarse con su Ki, el tirano era sepultado por la densidad y el peso aplastantes del agua. Se dejo llevar hasta donde la corriente quisiera llevarlo, observando las algas marinas que se contoneaban a merced del ritmo acuático, bancos de peces multicolores disipándose al sentir la extraña presencia, tiburones que lo sojuzgaban con sus ojos miopes y sus tímidas mandíbulas descuartizadoras que no se atrevían a probar la mala carne desgarrada de la que escurría mala sangre.

El color y el nivel del agua fueron cambiando hasta volverse solo un charco límpido, Freezer se vio a si mismo parado en el centro del cenagal tan pequeño que el agua apenas y le llegaba más arriba de los tobillos; difícil creer que fuera la desembocadura del océano en que acababa de pasear; dio un paso fuera de la charca para estilarse, debajo de su planta pudo sentir la textura suave de la arena, dirigió sus ojos hacia su alrededor advirtiendo la austeridad del paisaje y el fuego invisible que lo cercaba evaporo la ridícula agua de la que había emergido cicatrizando el suelo ultrajado.

Reconoció el desierto de sus sueños y se encamino en el dédalo que le tendían dunas y planicies aderezado por el brillo refringente de un sol mortecinamente candente. Pronto su garganta erosionada le reclamo por un poco de agua, pero la mando callar en el acto, sus labios escarapelados lentamente continuaron la insistente propuesta, los rayos mordaces se incrustaron en su espalda a la altura de los pulmones, disecando uno a uno los alvéolos que se resguardaban en su interior, un mareo sacudió su cabeza obligándolo a detenerse en algún punto perdido del arenal, jadeaba con la boca abierta escurriéndole, por la comisura de los labios, un hilillo de saliva espesa, escuchando el canto pavoroso de las aves de rapiña, el viento abrasador envolviéndole el cuerpo, tras una replica tumultuosa del primer mareo pudo advertir la silueta del hombre esperado que hacía su trecho del camino con un paso casual, mucho mas lento que en los encuentros pasados; el soberano permaneció en su lugar doblado sobre si mismo victima de un vómito claro y viscoso fue incorporándose lentamente y desesperado por divisar aún muy lejos al profeta se echo a correr pesadamente hacia él, el mensajero no altero su paso ni el semblante sereno de su rostro.

Los músculos de su cuerpo le decían que se detuviera, sus vísceras revueltas clamaban un momento de serenidad, los ojos lacrimosos le empañaban la vista, pero no los necesitaba por que él sabía que iba por el camino correcto, sintiendo el corazón estallarle en latidos ensordecedores y aplazados; con su conciencia oculta tras el cráneo, gritándole que este era el encuentro decisivo.

Hizo su camino, con las plantas a medio desollar por el calor, dejando las huellas de sus pasos en el polvo restándole metros al encuentro lentamente estuvo de frente ante el profeta y el ritual se llevo a cabo: una contemplación deliberadamente larga de los ojos que veían lo venidero en la acuarela ardiente del sol, un cuerpo que agonizaba de impaciencia, el silencio que discriminaba celosamente a la mirada que le imploraba dijese lo que tuviera que decir y ese secreto murmurado en un sisear ininteligible. Una sacudida de terror se produjo en el cuerpo moribundo ante la amenaza de un infinito silencio, otra muerte y un amanecer mas con el cuerpo torturado, la mente atrofiada e incertidumbre embistiéndole el pecho.

El profeta bajo los ojos hacia Freezer viéndole como si de debatiera entre hablar o callar, observo al sol, otra vez y separo sus labios lentamente dejando asomarse dos de sus blancos dientes por entre la rendija de su boca, jalo aire a sus pulmones, endureció su faz y exclamo con voz estertórea, viendo hacia el horizonte que se extendía en un abanico claro y centellante:

"No verás más la luz del día ni cubrirás de paja tu cama. Rodaran tus ojos al altar de la penitencia y el sacrificio; se separará de tu cuerpo la cabeza bajo el yugo de una mano perlada; caerá tu catedral de sangre fría con la espada de la venganza clavada en los cimientos de tu imperio y volverás olvidado a la ceniza de la que desciendes"

Quiso Freezer exigirle explicaciones al insolente vagabundo pero su corazón dejo de latir aterrorizado por la fatídica premonición y ya no pudo ver al profeta desapareciendo en medio de una tormenta de arena para jamás volver.

Giro sobre sí mismo en la oscuridad de sus sueños, ahora ya sabia lo que tendría que hacer…

Los pasos carrereados de las mujeres resonaban en la casa tapiada de puertas y ventanas, llevando agua tibia y mantas en las manos. Con caras de espanto algunas esperaban arremolinadas en el pasillo, escasamente iluminado, entenebreciendo la extravagante y pleomorfa decoración; las platicas y los murmullos fueron acallados en un instante por un grito desgarrador que provenía de la pieza principal.

Karoslifa se retorció de dolor con las mandíbulas apretadas y las venas de todo su cuerpo conteniéndose de estallar, aferrada a la cabecera de la cama, sentía sus caderas abrirse poco a poco y su vientre desgarrarse al limite de sus propias fuerzas, la sangre emanaba del interior de su matriz empapando el mismo colchón en que había engendrado a la angustiosa penitencia que desde el mimbre de su carne ahora pugnaba por salir.

Tras un empujón bestial, sabría Dios si fue ella quien lo dio o si fue la criatura que asomaba la cabeza entre sus piernas, hubo una colisión inmisericordiosa en su cuerpo obligándola a soltar un autentico aullido que fue sosegado casi de inmediato por el rugido victorioso de la infante, de cola albina, que lloraba encandilada por la primera luz de su vida…


Hola! como el gobierno nos tiene bajo llave por culpa de la mendiga influenza, no tengo mucho que hacer además de escribir y he aqui el resultado de mi encierro, sé que a simple vista el capitulo parece no guardar mucha relación con lo que veniamos leyendo, pero les prometo que ya la tendrá. Ademas estoy trabajando en un par de historias de mi propia autoria, que planeo publicar en la pagina hermana de ésta o sea, Fictionpress o algo asi, cuando las tenga listas y las suba, les aviso, pa' que les echen un ojito, digo, si tienen ganas de ver algo mío, mío, mío -eso fue nomas un comercial- mientras eso sucede y la influenza se cansa de merodear territorio nacional, les suplico que me dejen sus comentarios para poder conocer su opinion. Saludos, apapachoooos, cariñitos y bendiciones. DE MI, NOMICA, PARA TI QUE ME LEES.