Terminal.
Bajo el chorro de agua helada frotaba sus manos, mientras miraba por la ventana, evitando así, ver el daño que se causaba. Bulma estaba parada al lado de su madre, mordiéndose el labio inferior, muda como un niño es mudo cuando siente que ha arruinado las cosas, estupefacta por los muchos años que habían caído de un momento a otro en la osamenta de Bunny y la furia callada que sacudía la espalda materna, recorrió con sus ojos celestes el perfil de su madre desde el ceño compungido y los hombros encorvados hasta los tobillos enflaquecidos; acabo su panorámica mortificada por la soledad que veía avecinarse carcomiendo el cuerpo de Bunny, envejeciéndolo. Un temor catastrófico se cernió sobre de ella.
-Mami- pronuncio suavemente mientras buscaba los ojos de Bunny
Bunny giro la cabeza hacia su hija, ambos pares de ojos se encontraron sin reconocerse: los maternales por que no se habían percatado de que la hija habia estado a su lado por largo tiempo exigiéndole su atención pasivamente y los de la hija no reconocieron los de la madre por que nunca los había visto tristemente ausentes
-que pasa, Bulma- soltó Bunny tras un suspiro fatigado.
Bulma trago saliva, sintiéndose tonta por su infantil forma de romper el silencio
- ¿me quieres?-, pregunta que Bunny contesto sólo asintiendo la cabeza.
El corazón de Bulma se desquebrajo creyéndose ultrajado, alguien había robado de su madre hasta el habla, alguien había secuestrado a la mujer que conocía, la peliazul bajo sus ojos empañados al piso de cuadros blancos y negros, semejante a un tablero de ajedrez, que envolvía a la cocina intentando no hacer una pataleta para gritarle a Bunny que la necesitaba, que la quería de vuelta, que igual de desolada se sentía ella y ahora ya no era solo la sugerida viudez quien la rondaba sino esa cruel orfandad de padres muertos en vida de la que no la podría curar un sepelio, con la que no podría llorar frente a una tumba y que cuando mucho le permitiría solamente luchar en duelo desalmado hasta que alguna de las dos partes ganase.
-pero, ¿lo quieres más a él que a mí, verdad?- replanteo Bulma arrepintiéndose absolutamente cuando escucho en su mente el eco de la pregunta completa.
-¿no tienes cosas que hacer en tu laboratorio?- respondió la rubia, enteramente defensiva.
-si, pero no quiero hacerlas- objeto Bulma con toda la insolencia de que era capaz en sus perores momentos y la conciencia susurrándole que aquello no estaba bien.
-¿entonces que quieres, Bulma?- la cuestionó Bunny echando mano a la paciencia que le quedaba- ¿Qué quieres de mí? ¿No te he dado suficiente? Te he dado veintidós años de mi vida- argumento la antigua aya llevándose una mano hacia el pecho- te he acunado, te he arropado, te he cuidado- contabilizaba Bunny con los dedos de sus manos mientras su garganta iba anudándose- he procurado que fueras feliz; que tuvieses fiestas para celebrar tu cumpleaños, obligándome a ignorar el hecho de que él pudiese estar pasando hambre mientras yo me ocupaba de darte lo suficiente para que crecieras sana, yo te lleve a tu primer día de escuela cuando a él le enseñaban a derramar sangre de gente inocente.
Un amplio vacío, iniciado por la culpa, se extendía desde el puchero recién nacido en la cara de la heredera hasta las palmas de sus manos calientes y temblorosas.
-entonces dime, que quieres de mí, ¿Por qué no me dejas llorar en paz?, si he hecho tanto por ti, ignorándolo, ahora permíteme, llorarlo, ignorándote- suplicaba Bunny con sus ojos claros repletos de lagrimas.
- llevas diez días llorándole en paz- apunto Bulma limpiándose las mejillas con su antebrazo
- y me va a llevar todo lo que me queda de vida- pronostico Bunny serenamente.
-No- susurro la peliazul- él ya no es el niño que tú recuerdas, no es lo que cuidaste, no es el hombre que se fue, lo que tú quieres, ese hombre es un asesino, mamita, por el amor de Dios, no te mueras de tristeza por un hombre que se entretiene matando gente- rogaba la peliazul, desesperada buscando envolver con sus manos las manos de Bunny que escapaban de su agarre a cada tanto.
-Él ni siquiera los toco, Bulma y al que tocó lo dejo vivo- se defendió Bunny completamente ajena a los argumentos de su hija.
Definitivamente la heredera había perdido el primer encuentro verbal, con la intención de hacer entrar en razón a su madre y ayudarla a resignarse, aunque por supuesto, la resignación no era la cualidad más exultante de la peliazul y estaba dispuesta a jugarse la propia vida en pro de la felicidad de Bunny, con la que se encontraba inmensamente endeudada, así que se interpuso entre la puerta de la cocina y su madre con una oferta peligrosa pero altamente tentadora.
-Y qué si te lo devuelvo- escupió rápidamente para no echarse atrás con su propuesta.
-¿Qué?- cuestiono Bunny aturdida por la frase que ni siquiera había oído del todo bien.
-Krillin me dijo, que escucho a Vegeta decir, que irían después de aquí a un planeta llamado Namekusein, del que procede Piccolo, en caso de que no pudieran hacer uso de las esferas del dragón "terrícolas"- explicaba lentamente la peliazul a su madre su estrenado plan.
-¿tu crees que tienes tanta suerte?- interrogo Bunny francamente incrédula.
-mujer de poca fe- declaro Bulma antes de comenzar a andar hacia su habitación para preparar sus maletas preguntándose si no le caería bien, después de todo, consultar con un médico acerca de su salud mental.
