Bitácora de una demencia.
(A dueto)
Mis ojos envolvieron la totalidad de la estancia iluminada escasamente, forradas las paredes en púrpuras, rojos y dorados que no hacían mas que acentuar la esencia añeja delatada en cada minúsculo detalle del lugar; el diván disfrazado de piel chocolate, era posiblemente lo más sofisticado de aquel consultorio. Arrepentida de mi elección di un profundo suspiro intentando acallar con el aire que se filtraba por mi cerebro las voces que en mi conciencia se abalanzaban sobre de mí, burlescas, creyendo que por estar ahí habría perdido de antemano.
Pase la mano por la madera Rose Wood, del colosal escritorio inglés, tan lustrosa que casi habría podido reflejar mi cara con completa imparcialidad, como un espejo; no me gustaba para nada la especie de cabecera que se alzaba de la base del escritorio, por la parte trasera unos cincuenta centímetros, ¿Cómo podría ver la cara del Doctor, si iba a estar una hora hablando para la alta muralla rustica que se interponía entre él y yo?
Pegué un salto al sentir la voz de Gardel surgir de la nada, me giré en todas direcciones buscándolo, como sabueso que ha sentido pasos mudos alrededor de sí y después de la primera impresión allí estaba saliendo su fantasma, la voz de su espectro, de la bocina dorada, en forma de alcatraz, de un tocadiscos primitivo con su agujilla triangular surcando un vinilo que daba vueltas obscenamente ajeno al tango que de él emergía cantando lo triste que es volver cuando cada cosa que te sitúa te mira diciendo "qué haces tú aquí" y uno se encoge de hombros sin saber que decirle a la cosa que te mira "que te importa" seria una buena respuesta pero las cosas no tienen oídos para escuchar mi contestación, ni tienen tampoco boca para cuestionarme, yéndonos muy lejos y usando toda la imaginación que tuviéramos a nuestro alcance, además de ciertas pruebas de dudosa procedencia que nos quedan, podríamos aseverar que las cosas de tener sólo tienen ojos, ésos que les sirven para guardar secretos y que además de todo son buenísimas confidentes pues nunca, nunca, escupen ni un tantito del enigma aunque la vida les cueste.
La puerta se abrió lentamente dejando entrar la luz foránea y una sombra pequeña y escuálida se materializo en el umbral de la habitación.
-¿Señorita Briefs?- dijo un hombre con la voz accidentada de quien sobrepasa los setenta años, con el cabello cubierto por completo de canas y unas gafas grandísimas, vestía una chaqueta café a cuadros ligeramente más claros.
-Si, soy yo- respondió con la sonrisa, que usan todas las mujeres la primera vez, o sea, la mas fingida de todo su repertorio.
-bien, yo soy el doctor Sancho Panza- se presento extendiéndome la mano, le correspondí el saludo, procurando no demostrarle la gracia que me hacia el ridículo nombre, el cual honestamente, en nada encajaba con su esbeltísimo cuerpo.
La mayoría de las personas suprimen una risita burlesca al escuchar la desventura que cargo por nombre pero mi nueva paciente no lo hizo, al menos no lo note en su rostro ni en el tono de voz con que se presento- Bulma Briefs, mucho gusto- en la tensión que percibí salir de su mano al responderme la formalidad, supe que aquella sería una mujer de cuidado.
-Pasa al diván, por favor Bulma- me indico la dirección en que se encontraba el mentado objeto con una mano temblorosa, me tranquilizaba la idea de pensar que la sesión se llevaría en el sitio mas bonito de toda la costumbrista decoración, por lo menos no le hablaría a la pared, aunque probablemente, ese doctor era de la clase de médicos que aparece en el cine barato, de los que a todo dicen que sí con la cabeza, sin hablar para nada, o peor aun quizás fuera de los que se quedaban dormidos mientras el paciente se iba ahogando en el absurdo monologo de sus trivialidades hasta que un buen día, de los muchos que invertirían en esas cuatro paredes, el sujeto en cuestión se escuchaba a sí mismo haciendo una tormenta por nada y se iba a su casa curado de su egoísmo y su estupidez.
-¿aquí?- ¿pues que hay otro diván? Tranquilo Sancho me dije, es hora de trabajar deja tus tonterías para otro momento ahora observa su lenguaje corporal. Me puse atento, era cierto lo que se decía en las revistas de sociales sobre la legendaria heredera, verdad irrevocable la magnificencia de su belleza, evidente también la autenticidad que se traducía en el vestido blanco, manga larga, hasta la rodilla, muestras de su cuna burguesa, un escote en V profundo que jugaba ambiguamente contra la moral, tiras de cuero rojo envolviéndole la cintura ajustadas con hebillas, como un cinturón de castidad, esa niña algo interesante iba a contarme, seguro que alguna frustración era atrozmente expresada en el puro vestido, por supuesto valiéndome del gusto que decían tenía Bulma Briefs de diseñar su propia vestimenta en papel y luego pasarle el boceto a una excelsa costurera para que volviera realidad sus fantasías textiles. Por el contrario yo no veía por ningún lado la personalidad arrolladora que le atribuían, ni en sus manos inquietas que aunque estaban sobre sus piernas, como el manual social indica, tamborileaban todo el tiempo ni en sus hombros casi imperceptiblemente echados al frente, mucho menos en el labio inferior eternamente triturado por sus dientes y me quedaba sin esperanzas al ver su mirada perdida en un punto inexistente.
-En qué piensas, Bulma- me pregunto sacándome de mis pensamientos, me sentí arbitrariamente violada, ni siquiera a mi madre le digo lo que pienso, pero decidí confesárselo, ya que no era un pienso de esos brillantes que se me dan cuando una gran idea atraviesa por mi mente era más bien la mortificación que me había conducido hasta allí; además, se suponía que a partir de aquel encuentro Sancho Panza seguiría mi vida con lupa.
-En que no dejé hecha la comida- respondió sencillamente, como si fuera cosa de todos los días que una niña con su poderío y la arcaica fortuna de su padre hiciera de comer.
-yo pensé, alguna vez, cuando tenia que comerme los terribles guisos de mi esposa, que una familia multiquintillonaria, o sea, la tuya, tendría algo así como un escuadrón compuesto por la mas variada y colorida selección de cocineros listos, como por arte de magia, con toda clase de suculentos y extravagantes platillos- me confeso con el particular tono de voz que suelen utilizar las personas que no comparten nuestro status social al sentir aliviadas sus calamidades cuando saben que compartimos ciertas preocupaciones.
Me sonrió espontáneamente, como diciéndome "que cosas piensas, eso solo sucede en tus sueños, de proletariado, en la realidad, la vida es diferente" después sucedió, lo que siempre sucede y empezó a hablar
- en realidad, solo hemos tenido un chef, pero fue por muy poco tiempo, hasta que mi mamá aprendió a hacer lo fundamental, sin embargo lo único que le queda bien es la repostería, creo que en el fondo se identifica con los pastelitos, son igual de dulces, después mi nana y mi institutriz se empeñaron en que aprendiera el arte culinario pero yo no quería, creí que no tenia talento para eso, lo mío siempre han sido los tornillos, las pinzas y esas cosas- para que entrar en detalles, pensé, de todos modos los nombres que pronuncie ni siquiera los podrá imaginar- al final se decidieron por mandarme a un internado de monjas
Mi instinto me habría engañado, ni por aquí ni por allá se veía la sorpresa, clásico, todas las niñas de su alcurnia van por lo menos una época de sus vidas a un colegio o un internado para monjas, es el típico proceder de una sociedad que tiene miedo de afrontar sus errores, si el hijo usa drogas, si la chica se embaraza ellos al menos invirtieron algunos miles en su "educación".
-allí no aprendí, casi nada, a excepción de cocinar, bordar, nociones escasas de piano, enfermería, lo más usual: un torniquete, un vendaje, un par de puntadas- se encogió de hombros dejando lucir la finura de su clavícula, como no queriendo seguir hablando de si misma, sin embargo ese era mi trabajo; se quedo callada viendo hacia los lados, me emocione de inmediato, por regla general los pacientes que no se sueltan de la lengua fácilmente son los que guardan cosas mas oscuras, cuanto regocijo, Dios mío, tener en mi consultorio una de las mentes mas brillantes del mundo, uno de los intelectos mas aplaudidos, y que además pertenece a la familia mas poderosa e influyente perfilándose como una gran frustración, o un gran trauma o una gran adicción o mejor aun alguna espantosa manía. Vamos Sancho haz que esta palomita cante, Sancho hasta pareces nuevo, me reprendí.
-y… - guardo silencio, podía ver en sus pupilas desfilar cientos de palabras queriendo conjugarlas en alguna interesante pregunta, ¿pues que este hombre no tenia una gran experiencia? Yo no pensaba ayudarlo, su trabajo era preservar mi mente, si no mi cordura, al menos sí mi lucidez, quizás hubiera sido mejor terapia hornear galletas o tejer una bufanda, ya vienen las lluvias- ¿como fue tu estancia en el internado?- lo escuche decir entre sueños mientras yo volaba eligiendo los colores para mi nueva bufanda, le mandaría a hacer una a él también, a lo mejor me costaría trabajo obligarlo a ponérsela, entonces recordé de súbito la causa de por que estaba recostada en aquel diván, permitiéndole a Sancho Panza que se metiera en mi vida.
-fue bastante común, las niñas dormían con niñas, íbamos a misa a las seis de la mañana, luego a desayunar, después a clases, salíamos jugar a las once y media pero no podíamos correr ni brincar, por que según la madre superiora todos esos juegos eran trampas que el Diablo nos ponía con el horrendo fin de hacer que tropezáramos y perdiéramos la virginidad y de ese modo hacernos indignas de un buen hombre ¡ja!- una franca aunque breve sonrisa se dibujo en su cara meneo la cabeza en seña de auto burla- ¡sabe que nunca, en los seis años que estuve ahí, me atreví a confesarle a la madre superiora que mi mamá me llevaba al ballet en vacaciones de verano y los fines de semana! ¡Que cruel, vieja bruja! Las niñas me amenazaban, cuando las hacía enojar, o cuando no les pasaba la tarea con ir a contarle mi secreto ¿lo puede creer?- exclamaba incrédula de si misma con los ojos desmesuradamente abiertos- ¿Dónde estaba mi inteligencia en aquel entonces? ¡Se aprovecharon de mi ingenuidad! ¡Ja! Pero Dios las castigo, el otro día iba caminando muy contenta por la calle y me encontré con Constanza De Amor y Colmenares GORDA ¡que gusto me da! Que bueno que se regocijo cuando me gano el baile de la primavera por que dudo mucho que su celulitis y todas las cicatrices que le quedaron después de cinco cesáreas le permitan si quiera ponerse alguna vez un traje de baño- me corrió un sudor helado por la frente al recordar a la susodicha Constanza apenas una semana atrás en el mismo diván retacándose un burrito mientras profería contra la heredera Briefs: "se cree mucho esa anoréxica, pobrecita, la compadezco, quien no iba a estar así de ñenga después de diez años con el mismo novio y cuando por fin se iban a casar que se le muere, tanto tiempo perdido, lo mas trágico es la cantidad de dinero que iba a perder, usted cree que el patancillo ése, salido de sabrá Dios que chaparral maloliente, la iba a mantener ¡pero por supuesto que no! Y ahora pues a pescarse a otro mí reina. Habrá que ver a quien escoge de todos los que se le arriman por el puro olor a dinerito, imagínese para que le salga uno con más lana que ella se alcanza a congelar el infierno- y Martina Del Río, que al marido lo anda persiguiendo Hacienda, Larissa Quijano de Fuentes y su mamá Lucrecia Zaragoza de Quijano, que por ahí andan yendo y viniendo de casa de empeño en casa de empeño regateando sus joyitas, sin embargo nadie les da mas de dos pesos por que toda su joyería es simple apenas dos hilillos de plata y una piedrita transparente, es que es de "mal gusto ostentar" ah pero yo le aseguro, que ahora, que pasan hambres, se arrepienten de no haber usado por lo menos un crucifijo que valiera la pena de verse- cuanta desilusión de su infancia no guardaba nada mas que rencores baratos ni siquiera una mente tan poderosa como la suya había podido mantenerse a salvo de la frivolidad.
- ¿el jueves de la siguiente semana, te acomoda, Bulma?- que forma de cortar la conversación, pensé, lo mas probable es que lo hubiera aburrido y que el pobre hombre hubiera estado contando los minutos que faltaban para que se cumpliera la hora.
-si, está bien, doctor- me contesto, lo anote en mi agenda y cerré mi cuadernillo en blanco, que remedio, ya habría otro momento para escarbar en tierras mas profundas, se paro contenta del diván y la acompañé hasta la puerta para dejarla intacta en manos de su guarura- una última cosa, doctor, todo lo que aquí se cuente será completamente confidencial, ¿cierto?- se giro para verme antes de abrir la puerta, -si- dije entre dientes y luego se perdio en la salida
--¿volverás a venir?- me pregunto Donato con su semblante moreno compungido.
-si, lo siento- le respondí con una sonrisa tratando de no desalentarlo- pero será hasta el jueves, aun falta una larga semana.
Bien, hola, hoy cumplimos veinte capitulos y eso me hace estar contentisima con ustedes, puesto que si no fuera por ustedes esta historia descansaria en la cuadricula en que comenzo, o en mi desquiciada mente contoneandose en mis sueños, perfilandose en mis ambiciones. Creo que por mucho que me explaye no lograria terminarles de explicar lo importante que es esta historia para mi, de todas, de las muchas que he escrito, ninguna me acoso de la manera en que ella lo hizo y la forma en que lo sigue haciendo. Asi que siempre estare agradecida con ustedes por permitirme darle vida, por permitirme mostrarles lo que se teje en mis pensamientos. GRACIAS a todos a ALIANZAS, APOLONIA86, TETE, DANYMAGIC, CHEKO, MISA, MISA, MISA, gracias por ser tan puntual, MARCELA, JUANIS, espero que no se me olvide nadie, como ven somos pocos pero eso no importa por que el mundo empezo con apenas dos gentes y ahora vean a su alrededor.
YA estan listos los primeros dos trabajos para fiction. press, uno se llama Acertijo Mortal, es una pequeña recopilacion de prosa poetica, apenas tiene cuatro capitulos, pero le agregare mas y alli podran verme, ver a Nomica, la persona con sus pasiones y desengaños y melancolias propias y el otro se llama Parsimonia de alegria, es un cuento que me valio un premio en la feria internacional del libro aqui en Guadalajara le dan click en Fiction, luego en General y aparecera el acertijo, y despues le dan click en General/Angst y alli estara el cuento. Es una pagina con muy poco movimiento, ayudenla a crecer, en el mundo habemos personas que aunque no seamos eminencias, merecemos un cumplidito de vez en cuando. Adiosito, los adoro, que Dios los bendiga ah y espero que les haya caido bien Sancho Panza por que estara con nosotros un rato.
