BEHIND THESE HAZEL EYES

Capítulo 5 – One Night

Faltaban dos semanas para que Octubre acabara. Dumbledore les pidió que esperaran un momento después de cenar porqué tenía que explicarles algo. La cena transcurrió rápida, con todos los alumnos deseosos de saber cuál era la gran noticia que el director les quería anunciar. Cuando los postres hubieron desaparecido, se aclaró la voz y habló:

- Queridos alumnos… – empezó con expresión seria – Supongo que ya sabréis que dentro de dos semanas es Halloween – un asentimiento general recorrió las cuatro largas mesas –. Pues como algún otro año, se celebrará un baile – las chicas chillaron emocionadas, ese era uno de los pocos días que tenían oportunidad de lucir sus extraordinarios vestidos y sus guapos novios –. Pero no será como el de otras veces. Esta vez se os será entregado un papel con el disfraz que deberéis llevar, y una persona del sexo opuesto tendrá el disfraz que hace pareja.

- Pero señor… – preguntó Amy, la presidenta del club de fans Merodeador – ¿No podremos saber quién es nuestra pareja?

- Ahora lo iba a explicar señorita Wendermere – ella se ruborizó ante el ridículo –. Nadie, y cuando digo nadie es NADIE puede saber cuál será vuestro disfraz. Si alguien lo revela, su papel se intercambiará con el de otra persona y tendrá un disfraz diferente. Y si alguien lo descubre sin que se lo hayáis dicho, el papel cambiará igualmente. Por lo que no lo podéis decir, ni podéis dejar que alguien os lo vea – hizo una pasusa para que lo asimilasen y continuó –. Ahora quiero que los chicos hagáis una fila delante del profesor Slughorn y las chicas delante de la profesora McGonagall – los dos profesores sacaron dos recipientes de vidrio con papeles dentro –. Coged un papel cada uno. Cuando lo tengáis podéis ir hacia vuestra Sala Común. Durante estas dos semanas habrán cuatro salidas a Hogsmeade para comprar los disfraces. Y esforzaos, porqué el Rey y la Reina del baile ganarán 150 puntos cada uno para su casa. Por cierto, los menores de cuarto curso no podrán asistir al baile.

Cuando ya tuvieron su papel cogido se encaminaron hacia su Sala Común comentando lo ocurrido.

- Dumbledore cada día tiene ideas más locas – dijo Ashlee.

- Si la verdad – respondió Kate seca –. ¡Ahora además de los deberes nos tendremos que currar un disfraz!

- Pues supongo que a vosotros os debe gustar el disfraz que os ha tocado porque la verdad… no me va a gustar ir de bicho verde… – les dijo Lily apenada.

- Bueno, la verdad es que yo no me puedo quejar… – les respondió Nat – Pero no te desanimes Lils… seguro que alguna ingenua se le escapará y su papel llegará a tus manos – le dijo intentando calmarla.

- A mí tampoco es que me haya tocado a las mil maravillas la verdad – dijo Kate –. Pero bueno ya haré chantaje a alguna Barbie para que me lo diga hasta que nuestros papeles se cambien – les contó con una sonrisa siniestra.

Al llegar a la Sala Común se encontraron a las dos Barbies de sexto discutiendo.

- ¡Yo tengo mejor disfraz! – decía una.

- ¡No! ¡El mío es mucho mejor! – le contestó la otra.

- ¡El mío es mejor! – volvió a decir la primera – ¡Porqué voy de Julieta! – pero al momento se tapó la boca y una luz brillante cubrió el papel haciéndolo desaparecer y colocándole uno diferente en frente.

- ¡NOOOOOOOO!

- Pobre chica… – dijo Lily con una sonrisa – ¡Bueno, me voy a preparar mi estupendo disfraz! – y se fue a la habitación.

- ¿Pero ahora que le pica? – dijo Ashlee – Bueno Nat hasta mañana.

- Adiós chicas. Que durmáis bien y soñéis en angelitos.

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Hacía una tarde soleada. Unas de las últimas que verían en un tiempo, hasta que llegase la primavera. Esa era la segunda salida a Hogsmeade que habían tenido y estaban acabando de comprar las telas, materiales y accesorios que necesitarían. Las siguientes salidas ya las aprovecharían para ir de juerga.

Las tres chicas, iban de tienda en tienda cogiendo todo lo necesario cuando Kate notó como en su bolsillo algo brillaba y sacó el papelito del disfraz.

- ¡Mierda! – gritó enfurecida – ¡Se me ha cambiado el disfraz! ¡Tengo que devolver todo lo que he comprado! Pero al menos ahora me ha tocado un vestido muy chachi.

No muy lejos de allí…

- ¡Nooooooo! – gritaba una Barbie de Hufflepuf, la misma que había afirmado ser "la novia de Sirius" – ¡Eres una cerda! – le decía a otra – ¿¡Por qué has mirado mi papel?

- Afirmabas tanto tener uno de los mejores, que algo teníamos que hacer – le contestó otra chica. Era una del grupo C "Las Originales" –. "Yo tengo el mejor vestido" decías, "Soy la novia de Sirius Black". ¿Te crees que somos tontas? Pues ale, ahora te quedas con un vestido feo.

Y claro, la pobre chica, como siempre que le pasaba algo que no le gustaba, empezó a llorar como una posesa sin que nadie le hiciera el mínimo caso.

Todos continuaron comprando sin ningún otro percance.

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Y las semanas pasaron, y llegó el esperado día: el 31 de Octubre.

La tarde de la fiesta todos estaban exaltados. Las chicas, puesto que necesitaban muchas horas para arreglarse, a las cuatro de la tarde empezaron a arreglarse, ya que la fiesta empezaba a las ocho. Los chicos se lo tomaron con más calma pero dos horas antes de la fiesta se fueron a la habitación.

Ashlee, Lily y Kate se habían encerrado cada una en su cama, y habían corrido el dosel para que las otras no las vieran. Si una tenía que ir al baño por algún motivo, se lo decía a las otras para que no saliesen al mismo tiempo y no se vieran. ¿Qué por qué hacían esto? Pues para no descubrir el vestido de las otras antes del momento.

- ¡Lily, tu Babyliss es una mierda! – soltó de golpe Ashlee cuando llevaban un buen rato sin hablar – El pelo me queda ondulado, ¡Y yo lo quiero liso!

- ¿Te lo has mojado? – le dijo Lily.

- Mmmm… ¡Mira unas chuhces volando! – le contestó, dando a entender que no, pero como Lily era una obsesa de los dulces no lo captó.

- ¿Dónde? – dijo Lily sacando la cabeza del dosel. Pero lo que vió no se parecía nada a unos dulces. Kate llevaba toda la cabeza llena de rulos y parecía una abuelita. No había oído que la pelirroja salía porque llevaba los cascos del radiocassete de Lily puestos y no oía nada. Pegó un grito y en seguida se volvió a encerrar para que no la vieran. Lily comenzó a reír.

- ¿Qué pasa? – dijo Ashlee sacando la cabeza.

- ¿Pero tu te has visto el pelo? – le contestó Lily mirándola y sin dejar de reír. Y es que Ashlee llevaba media melena ondulada y la otra media, rizada como siempre – ¡Tus rizos son indomables! Ya es mucho que se te ondulen… Por cierto, voy a teñirme así que vuelve a meter tu cabecita encerrada.

- Pues rapidito que yo también quiero teñirme el pelo y ponerme las lentillas – dijo Ashlee.

Kate seguía encerrada en su cama con el cajón de su mesilla de noche abierto. Todas las cosas que estaban dentro las había sacado, y ahora sacaba una tabla de madera. Tenía ese cajón de doble fondo para guardar sus dos objetos más preciados. Eran una pluma blancoazulada que le había colocado un enganche para poder colocársela como pendiente. Y el otro objeto era una piedra preciosa en forma de gota que parecía un zafiro y que resplandecía como si estuviera bañado por la luz de la luna. Tenía un enganche por el pasaba una cadena de plata y se lo puso como colgante. Nunca había hablado con nadie de esos objetos.

Cuando cumplió los once años, sus padres se los dieron, le dijeron que siempre los había tenido, pero que ellos los habían guardado. Y aunque no sabía exactamente que eran, tenía un ligera sospecha por toda la información que había buscado. Al final quizá si que tendría que hablar con Dumbly…

Mientras en la habitación de los chicos…

- ¡Que me voy a teñir! – gritó James – ¡No salgáis! – ya que estaban igual que las chicas, cada uno en su espacio personal.

- Uy, uy… Nuestro Jamsie se va a teñir… – empezó Sirius con burla – Y después se intentará peinar y nada de nada.

- Tienes razón Sirius… – le apoyó Nat negando con la cabeza aunque nadie le viera – Además, si su hijo hereda su pelo… ay pobre.

- ¡Dejadme en paz! – les gritó él entrando en el baño.

- ¡Rapidito que no eres el único que se tiñe! – le dijo Remus.

- ¡Eso, eso! – le apoyó Nat sacando la cabeza – Remus… – le susurró – Saca la cabeza…

- ¿Qué pasa? – le preguntó en el mismo tono.

- Peter no dice nada… quiero ver que hace… ven – salió de la cama y lo cogió para espiar al gordito, como aún no estaban disfrazados y sólo iban con pantalones, no vieron el disfraz del otro.

Mientras iban hacia su cama, Sirius asomó la cabeza y se unió a ellos en su misión de espionaje.

- Pensad que si descubrimos su disfraz antes de la fiesta se le cambiará – dijo Remus con su gran sensatez.

Sirius y Nat se miraron.

- ¡Bah! – dijeron los dos – ¡Qué se aguante!

- ¿Y la persona a la que se le cambiará? – volvió a intentar Remus.

Sirius y Nat se volvieron a mirar, esta vez durante más rato y al final la respuesta fue la misma.

- ¡Bah! ¡Qué se aguante!

Abrieron con cuidado la cortina de la cama de Peter y lo encontraron de blanco, con unas orejitas y una pequeña y mona colita en el trasero.

- ¡No! – gritó él girándose y cogiendo el papel - ¡Ahora me cambiará! ¡Sois crueles! – empezó a llorar y no paró hasta que vió que el papel no había cambiado.

- No pasa nada Peter – le dijo Sirius aguantándose la risa al igual que los otros dos, James seguía tiñéndose –, eres un con…

- ¡Calla! – dijo Remus – Seguro que si dices el nombre cambiará.

- Pues eso – continuó –, que eres un bicho blanco muy mono.

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La gran noche había comenzado.

En el vestíbulo había muchos chicos y chicas intentaban ver a su pareja, y uno de ellos, apoyado en la pared de delante la gran escalinata, era un chico alto de pelo negro largo con algunas mechas rojizas y de donde salían dos cuernos rojos como la sangre. Un antifaz parecido a llamas le cubría dos preciosos ojos escarlata. Iba con unas ropas rojas y negras un poco esquinzadas y una cola larga acabada en pincho le sobresalía del trasero. En la espalda tenía dos alas de murciélago.

El demonio alzó la vista y vio bajando las escaleras a su pareja: un ángel. La chica llevaba el pelo rizado azul muy claro recogido en una cola alta, con un antifaz de plumas azuladas cubriéndole sus dos preciosos ojos azules y llevaba una pluma como pendiente. Un colgante con una gota de agua adornaba su cuello. Las mangas de su vestido eran transparentes, y un corsé azul marino cubría su torso, llegando a un cinturón con piedras azules que recordaban a zafiros y una larga falda azul cielo. Pero lo que más resaltaba eran las dos grandes alas blancas en su espalda.

El demonio quedó atónito delante de esa chica, mientras un rubio le pasaba por detrás.

- Vaya Sirius… que bombón te ha tocado… – dijo el chico. Era rubio con ojos azules y llevaba un vestido azul con bordados plateados parecido a los de los nobles de la edad Moderna. Sirius se extrañó. ¿Quién era ese chico? ¡Claro!

- ¡James! – le dijo abriendo los ojos.

- Si… pero no grites tanto o nos van a descubrir. Ya ves que el uno al otro no nos podemos engañar… – le dijo guiñándole un ojo – Bueno voy a buscar a Julieta.

"¿Así que Romeo y Julieta?" pensó Sirius. Justo entonces el precioso ángel llegó al pie de la escalera y él fue a recibirla.

- ¿Cómo está mi ángel? – dijo Sirius con tono seductor.

- Llámame Gabriel… Soy el arcángel del Agua – dijo ella con una gran sonrisa.

- Pues voy a llevarte al infierno… porqué soy Lucifer, rey de los demonios – dijo Sirius tendiéndole la mano.

- Ahora que ya estamos presentados – dijo "Gabriel" –, mejor que vayamos a bailar.

- Estoy de acuerdo – asintió Sirius con una sonriendo –. Por cierto, ¿Los nombres salían en el papel?

- No – contestó ella sonriendo –. Pero buena improvisación.

- Lo mismo digo.

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James acababa de ver a Sirius cuando se dirigió hacia el Gran Comedor. Las cinco mesas habían desaparecido, donde estaba la de los profesores ahora había un escenario, y el comedor estaba lleno de pequeñas mesas para dos. Allí encontró a quién buscaba. Las mesas tenían unos pequeños carteles donde decía el disfraz que había tocado, por lo que tenías que sentarte al sitio asignado.

Una chica rubia de ojos verdes como esmeraldas cubiertos por un antifaz rojo con bordes dorados le esperaba sentada en una de las muchas mesas del comedor. Al igual que él, llevaba un vestido de la edad Moderna, rojo con bordes dorados, y una falda blanca cubierta por la cola del vestido rojo. Llevaba el pelo recogido por ambos lados de la cabeza en un cola y el resto del cabello le caía sobre los hombros, terminando en bonitos rizos.

- ¿Me esperabas Julieta? – le dijo acercándose.

- La espera ha valido la pena mi Romeo – le contestó con una gran sonrisa.

- Parece que eres una buena Gryffindor. – dijo James señalando el vestido.

- Quién sabe… – respondió misteriosamente, y James se sentó en la mesa mientras veía como Sirius hacía lo mismo con el ángel.

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Un chico esperaba sentado en la mesa que le había sido asignada a él y a su pareja. Iba mirando hacia la puerta para ver a la chica, pero no había suerte y ella no llegaba.

El chico iba vestido con ropas antiguas, como si fuera el rey de alguna tierra lejana, con una espada colgando del cinturón y una larga capa verde, que recubría las vestimentas de tonos verdosos. Tenía el pelo negro como la noche y unos preciosos ojos grises tapados por un antifaz verde.

Una chica se sentó a su lado.

- Por fin te encuentro Arturo – dijo ella con una dulce mirada. El pelo castaño ondulado le caía suelto hasta la cintura. Llevaba una especie de corona que era una diadema plateada y un corsé de tirantes que se le cruzaban en la espalda de color verde claro junto con una falda de un tono beige. Desde los codos hasta las manos llevaba una especie de guantes que se ligaban por la parte interior del brazo y se ataban al dedo corazón. Sus dos ojos azules estaban cubiertos por un antifaz plateado.

- Te esperaba Ginebra – dijo el chico observando su hermosura.

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Al lado de las escaleras, una chica de pelo rubio esperaba impaciente. Llevaba un toga griega atada por los hombros con dos botones dorados y llevaba la parte de la cintura recogida con un cinturón también dorado. El pelo lo tenía recogido de una manera que le caían mechones y le daban un bonito toque. El cuello y las muñecas los llevaba adornados con joyas. Y dos ojos verdeacastañados estaban cubiertos por un antifaz blanco con bordes dorados. Lo que más extrañaba de ella era que una aura la rodeaba.

- Hola preciosa, ¿me esperabas? – le dijo un chico tomándola desprevenida y tendiéndole el brazo. Al igual que ella, llevaba una toga griega pero solo atada en un hombro, lo que dejaba a la vista su pecho fibroso y hacía que las chicas se giraran a mirarle. Colgando del cinturón llevaba una especie de vaina con varios rayos. El pelo negro lo llevaba hacia atrás, con algún que otro mechón travieso que se escapaba y le caía sobre sus dos ojos azul oscuro tapados por un antifaz blanco al igual que ella. Y un aura también lo cubría.

- Veo que la idea del aura ha sido buena – fue la respuesta de la chica.

- Claro – respondió él –. Los dioses tenemos que aparentar que lo somos, ¿verdad Hera? – le preguntó – Tenemos que mantener la imagen, somos los reyes del Olimpo.

- Por eso lo hice precisamente – contestó la diosa sentándose en una mesa seguida por el rey de los dioses –. Bueno mi querido Zeus... – por primera vez se miraron directamente a los ojos durante un buen rato - ¡Nat!

- ¿¡Brit? – dijo el chico escandalizado.

- Vaya casualidades de la vida, ¿no? – dijo ella con ironía.

- Fantástico, simplemente fantástico – contestó él como única respuesta con el mismo tono que ella.

- ¿Cómo que "fantástico"? – dijo ella enfadada – Y además ligando. ¿Y si yo no hubiera sido la chica qué?

- ¿Cómo que "qué"? – dijo él imitándola para picarla – Pues intimando con mi pareja, es lo normal ¿sabías?

- Pero tu pareja soy y...

- ¡Shhhhhh! – dijo él haciéndola callar – ¡Cuidado! ¡Qué quizá alguien descubre que estamos juntos! ¡Sería la tercera guerra mundial! – dijo él. Desde que Brittany y él estaban juntos, ella no quería que lo supiera nadie y por eso últimamente discutían (en secreto claro).Por eso Nat decía esas cosas para hacerla rabiar.

- ¿Sabes qué? – dijo ella mirándolo con mala cara – Come y calla.

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Después de la cena en que en cada mesita apareció, empezó el baile. Los chicos se mostrabas un poco en contra de salir a bailar, pero como los jueces del Rey y la Reina estaban en la pista, no había más remedio si se querían ganar los 150 puntos. Aunque nadie sabía que profesores eran los que juzgaban, y todos estaban en la pista bailando.

Las cuatro parejas bailaban tranquilas, sin que nada enturbiase su felicidad y sin saber que esa noche cambiaría muchos sentimientos de sus vidas.

El demonio y el ángel habían salido a dar un paseo por los jardines, que también habían sido decorados para la ocasión y estaban iluminados por velas flotantes que daban un toque romántico al ambiente.

Llegaron a un lugar de los jardines que quedaba oculto detrás de unos árboles, dando un poco de intimidad. El sitio estaba lleno de rosales de todos colores, rosas rojas, blancas, rosadas, anaranjadas, azules… el ángel estaba encantada.

- Nunca había visto este lugar… – dijo sentándose en un banco que había debajo un árbol.

- Quizá esta hecho para hoy… para las parejas que se cansen de bailar… – dijo en tono seductor.

- ¿Y quién te ha dicho que somos pareja? – bromeó la chica – Simplemente nos ha tocado ir con los disfraces conjuntos.

- Crees que no ha sido… – le dijo el chico sentándose a su lado – eso que llaman… ¿el destino? – Sirius no sabía porque había dicho eso. Esa frase no iba con él. Pero… esa chica tenía algo que le atraía… y no sólo físicamente.

- No seas tonto… – le dijo ella recostándose en su hombro.

Pasaron un rato en silencio, escuchando el sonido del viento y viendo el pequeño resplandor de las velas flotantes. Y sin saber como, cuando, ni porque, se fundieron en un tierno beso. Experimentaron una sensación que les parecía conocida, algo que no hacía mucho que habían notado, pero ese momento no era para pararse a pensar, si no para disfrutarlo.

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- Venga a bailar – dijo Brit.

- Me da pereza – le contestó el chico mirándose las uñas. Pero para que la chica callase la siguió –. ¿Te parece bien esto que haces? – le preguntó Nat cuando ya llevaban un buen rato pegados y ya más tranquilos.

- ¿Perdón? – le contestó sin saber de que hablaba.

- Venga Brit, que ya estoy harto – le dijo enfadado –. ¡Siempre nos estamos escondiendo! ¿No lo entiendes? Yo te…

- ¿No lo entiendes tú? – le dijo ella mirándolo a los ojos con expresión seria sin querer escuchar lo último que iba a decir el chico – Vete a saber que dirían…

- Claro… – le contestó Nat con sarcasmo – No soy lo bastante popular… y no tengo suficiente rango en Hogwarts para poder salir contigo.

- ¡No me refiero a los alumnos! ¡Si no a tus amiguitas! – le dijo como si así quedara claro – Ellas me odian, ¿crees que se lo tomarían bien?

- Ellas no te odian – dijo él ganándose una mirada de "al igual" de Brittany –. Sólo que están muy dolidas. Las dejaste igual que a un objeto… tienes que entender su enfado, espero que algún día me cuentes por que lo hiciste.

"Yo también lo espero" pensó Brit apoyándose en su hombro. Lo miró y le plantó un beso.

- Por una noche, no nos preocupemos por nada más que nosotros – dijo Brittany volviéndolo a besar, y sin ninguna más preocupación se besaron, dejándose llevar por la música y por las sensaciones que les embriagaban.

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Después de bailar durante largo rato, el rey y la reina de la legendaria tierra de Avalon se sentaron para descansar un rato y tomar alguna copita. El ambiente de la sala estaba muy animado pero algunas parejas estaban sentadas y otras salín fuera para ir a un lugar más tranquilo. Pero ellos ya estaban bien allí. Se miraron a los ojos sonriendo por la fantástica velada que estaban pasando.

- No hace falta que ocultes más tu rostro Ginebra – dijo Arturo con voz firme pero pausada –, ya sé quién eres.

- ¿Cómo? – preguntó ella extrañada, ya que no sabía quién era el chico.

- Lo presentí hasta antes de verte. Y cuando te ví, aunque estás diferente te reconocí al instante – le dijo mirándola fijamente sin dejarle decir nada –. Sabía que sería mi única oportunidad de decirte lo que siento sin que él pudiese decirme nada.

- ¿Estás seguro de saber quién soy? – le preguntó con un atisbo de duda en su mente, ese chico le parecía algo raro, y le parecía que todo eso no acabaría precisamente en un final feliz, al menos no por ahora.

- Claro – dijo él con voz segura –. ¿Cómo no voy a reconocer a la mujer que amo?

- Y tu eres... – dijo ella sin reconocer a su acompañante.

- Soy Remus. Esta noche será una excepción Lily, esta noche no ocultaré lo que siento por ti.

La chica se quedó de piedra. "¿Lily? ¿Cómo que Lily? ¿La Lily Evans de pelo rojo y ojos verdes? ¿La Lily Evans de toda la vida que duerme en mi cuarto?" era para echarse a reír "¿Remus y Lily?" la chica se partía "Tengo una idea. Me haré pasar por ella. Dios mío cuando se lo cuente me dirá: ¡No puede ser Ash!".

- Aunque sólo sea por una noche, quiero disfrutar de ti – digo Remus –. Pero por favor no se lo digas a James – entonces la besó con toda la pasión que pudo.

"Ay dios" seguía pensando Ashlee en su mente "¡Qué me está besando! ¡Ayyyyyy que intenta meterme la lengua! ¿Qué hago? ¡Ya sé! Grito. No, no, no. Más vale que no monte follón" paró un rato y se dejó besar por el chico "Uy, uy, uy pues no besa tan mal. A ver si va a ser verdad que los merodeadores son unas bombas sexuales. Pero Remus es más tímido, sensible, cariñoso, mono… ¡Pero que digo! ¿Qué es esto que revolotea en mi estómago? ¡Claro! Me estoy quedando sin aire" se separó del chico, tomó aire y le volvió a besar "Ahora tengo aire y aún tengo algo revoloteando dentro de mi. ¿No serán las famosas mariposas del amor? ¿Yo enamorada de Remus Lupin? Joder…"

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Romeo y Julieta salieron de gran comedor y fueron al claustro, dónde ya había alguna pareja y se sentaron en un banco. Estuvieron un rato en silencio, la chica apoyada en el hombro del chico y si hablaban solamente decían cosas sin importancia. Porque lo que más importaba en ese momento era estar juntos. Entre ellos había habido una fuerte atracción cuando se habían visto y no hacían falta las palabras para expresarlo. La chica levantó el rostro y rozó sus labios suavemente contra los del chico besándolo después. Miles de chispas recorrieron sus cuerpos despertando sentimientos encerrados y acelerando el pulso a mil por hora.

James se quedó mirándola fijamente al separarse y al ver sus ojos, verdes como dos esmeraldas se dio cuenta del error que estaba cometiendo. ¡Esa chica era Lily Evans! Si ella se enteraba de quién era… la tenía jurada.

Ella se acercó para volver a besarle pero James se apartó y se levantó.

- ¿Qué pasa? – preguntó ella – ¿No beso bien?

- No es eso… – dijo él marchándose – Deprisa. Empezará la coronación del rey y la reina.

- Pero… – intentó decir ella, pero fue cortada por el chico.

- Vamos – le dijo secamente sin girarse. Ella no quería verlo ni en pintura. Pues no lo empeoraría aún más haciéndole saber que el chico con el que había sentido todo eso era James Potter. Moriría con ese secreto. O eso creía.

Sin más objeciones por parte de Lily se fueron hacia el gran comedor dejando dudas en su mente, que hasta dentro de mucho, no se resolverían.

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Ya era tarde cuando el baile concluyó. Ahora las parejas volvían a estar sentadas en sus respectivas mesas esperando con impaciencia los ganadores.

Dumbledore se subió al escenario y pronunciando un leve "Sonorus" empezó a hablar.

- A llegado la hora de dar las coronas a los respectivos rey y reina de este baile – dijo sonriendo por las caras de impaciencia de sus alumnos –. No tiene porqué haber sido el vestido más bonito el ganador, sino la mejor pareja. Claro que… si os ha tocado mal disfraz… no vais a ganar… pero la suerte es la suerte.

La profesora McGonagall subió al escenario y se puso al lado de Dumbledore con un pergamino en la mano.

- Aunque ha costado mucho… Hemos tenido que decidir, pero ha habido unas cuantas parejas que tendrían los segundos premios pero…

- … Como no hay ningún premio más… pues nada – acabó Dumbledore.

- Eso, que los ganadores son… – todos los alumnos se tensaron – ¡El ángel y el demonio!

Los nombrados se abrazaron con fuerza y subieron rápidamente al escenario seguidos por los aplausos de la gente que se apelotonaba alrededor de ellos.

- Antes de entregaros las coronas, mostrad quienes sois – dijo Dumbledore, que sostenía la corona del rey, dorada y con piedras preciosas –. Uy, Minerva esto me ha quedado muy de auror contra mortifago, ¿no? – le susurró por lo bajo.

- Calla – le dijo ella enfadada pero sin alzar la voz.

El demonio se sacó el antifaz rojizo y todos reconocieron su cara a pesar del diferente color de ojos.

- ¡Ciento cincuenta puntos para Gryffindor! – dijo McGonagall. Dumbledore se acercó y le puso la corona en la cabeza.

Ahora todos los alumnos murmuraban lo mismo: "Sirius Black, ¡como no!", "Era de esperarse, es taaaaaan guapo", "¡Quiero ser la chica!". Pero en esos momentos en que todo se quedó silencioso, todos se preguntaban lo mismo: "¿Quién será la chica?".

- ¿Para que casa serán los otros puntos? – preguntó McGonagall mientras se acercaba con la plateada diadema de diamantes, pero al ver que la chica no se movía se extrañó.

Al ver quién era el demonio, la chica se quedó petrificada. No esperaba que la persona con la que había pasado esos momentos, con la que había sentido todo eso… fuese él. ¡Precisamente ÉL! Cogiéndose la falda del vestido, bajo del escenario y como si un hilo los tirase, toda la gente se apartó y ella corrió hacia la salida del comedor. Alguien posó su mirada en ella, alguien que había notado el tirón de la magia de la chica.

Sin pensarlo dos veces, Sirius fue tras ella. Esa chica le había hecho sentir demasiadas cosas, cosas nuevas, que no había sentido antes, ¡no podía dejarla marchar sin saber su nombre! ¿Por qué le había causado tanta conmoción saber quién era él?

Cuando la alcanzó, ya estaban en el cuarto piso, y los dos estaban parados a cada punta del pasillo jadeando. Él intentó acercarse.

- No lo hagas – contestó ella con la voz quebrada.

- ¿Pero por qué te has ido así? – le preguntó él parándose.

- Eres Sirius Black, eso responde a todo lo que quieras preguntarme – le contestó sin mirarlo.

- Pero… ¿Y todo lo que hemos sentido esta noche? ¡Por favor, no te vayas sin decirme quién eres! – le suplicó Sirius.

- Soy… simplemente un ángel… que ha caído abatido por el peso de la realidad… – una especie de agua empezó a rodearla y el chico corrió hacia ella – Y todo ha sido simplemente… el bonito sueño de una noche… – desapareció entre el torbellino que la cubría y en el suelo quedó el antifaz que se había quitado.

Sirius se arrodillo, cogiendo con fuerza lo único que le quedaba de la chica y maldiciendo ser quién era más que nunca en su vida. Porqué por eso, esa chica no lo quería.

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Bueno no tengo mucho tiempo así que… son las doce de la noche y mañana tengo que levantarme temprano porque me voy de campamentos (si ya se, un poco chorra pero bueno). Me voy dos semanitas y cuando vuelvo me voy una semana a París (¡Bien!) así que ya veremos cuando volveré a actualizar xD. Aunque ya tengo el próximo capitulo más o menos pensado y explicará los cabos sueltos de este en flashbacks entre otras cosas.

Lo de los vestidos no sé si lo habéis entendido muy bien, pero como los dibujé primero, pues quería describirlos bien, dentro de un tiempo, cuando tenga más dibujos de mi fic, los colgaré en mi spacio y ya os daré la dirección por si queréis verlos.

No respondo a los revis porque me llevaría demasiado tiempo y mis padres son un poco plastas T.T ni los anónimos ni los firmados, lo siento.

Bueno queridos lectores, que os quiero mucho a todos, y que me han gustado mucho los revis gracias a: LadyCornamenta, Kike Fénix Black, Hermivir12, Evy Potter, IrEpElIyElOwInXueVaNs, MoonyGem, Julie.Potter, Elizabeth Black Swann, Armelle Potter, Julie Black-8, Alexandra Zabbini, xX Ashlee Xx, Laura Riddle, Luchy Black, Oko Stue Stevenson, Getta Black.

Gracias a Sumire-Chan por invitarme al foro de los merodeadores, pero aún no he entrado xD

Y "gracias especiales" a: Gerulita Evans, 1312, Caataa, Phoebe-Black13 por leerse el fic, ponerlo en sus favoritos y alertas y no dejar review. De verdad, me gustaría que lo dejarais y asi saber vuestra opinión del fic.

Quería deciros que uno de los muchos motivos por los que no he podido actualizar antes es que tengo otros proyectos de fic y voy escribiendo. Ya os adelantaré algunas cosillas

Bueno, ahora si.

Bye, bye!

Lladruc