BEHIND THESE HAZEL EYES
Capítulo 8 – Bet On It
Kate apareció en la enfermería cargando a Brittany. El agua que la rodeaba se disipó al instante y volvió a preguntarse de donde procedía ese extraño poder.
Dejó a Brittany encima de una cama mientras Madame Pomfrey se acercaba corriendo por detrás. Se llevó una mano a la boca al ver la flecha que seguía clavada en su vientre y las venas del cuello y de los brazos, que se estaban volviendo de un color púrpura venenoso.
- ¿Pero qué demonios le ha pasado a esta chica? – preguntó alarmada.
- Un hechizo de flecha venenosa – respondió ella simplemente.
- Vete, muchacha – murmuró empezando a ponerse nerviosa –. Aquí hay mucho que hacer – se dirigió hacia un armario y empezó a sacar potes con extraños potingues dentro.
- ¿Tardará mucho en recuperarse? – le preguntó Kate con la preocupación clavada en su mirada.
- La pregunta no es cuánto tardará – dijo con el ceño fruncido y cogiendo más potes –, si no si conseguirá recuperarse. ¡No me entretengas más y vete! – le chilló la mujer.
Kate se fue a toda prisa. Ignorando el dolor de las heridas que había sufrido y el cansancio por haber usado demasiada magia, empezó a correr hacia el despacho de Dumbledore. Parecía ser que el director había averiguado la procedencia de su poder.
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Cuando el torrente de colores se disipó y la odiosa sensación de ser tirado por el ombligo desapareció, estaban en el despacho de Dumbledore.
Conjuraron dos sofás y estiraron a Nat y a Lily en ellos, ya los despertarían cuando el director llegase. Entonces hicieron aparecer cuatro butacas y se tiraron en ellas rendidos. No tardaron en caer en los brazos de Morfeo debido al cansancio y el fulgor de la batalla.
Un cuarto de hora después llegó Kate y intentó no hacer demasiado ruido para despertarlos. Pero momentos después, Albus Dumbledore aparecía detrás de su escritorio envuelto en la cálidas y reconfortantes llamas de Fawkes. El canto melodioso del fénix despertó a los dormidos, que fueron a intentar despertar a Lily y Nat. Después de unos cuantos Ennervate consiguieron reanimarlos y, en silencio, esperaron a que el director les contara lo que quería.
- Habiendo salido al campo de batalla en lugar de quedaros en un lugar seguro ha sido una gran imprudencia por vuestra parte – dijo serio y por lo que parecía, enfadado. Pero su cara cambió a un rostro agradecido –. Sin embargo, gracias a vuestra valiente acción, habéis conseguido salvar Hogsmeade – paró un segundo para observar los semblantes sorprendidos de los muchachos –. Lord Voldemort había creado una barrera anti-desaparición la cual tampoco permitía entrar o salir a pie, volando o bajo tierra dentro del perímetro del pueblo. Si no hubiera sido por vosotros, el pueblo habría quedado mucho peor, y habría sido tomado por Voldemort.
Por eso – prosiguió –, quiero sugeriros algo. Sería un honor que entraseis a la Orden del Fénix.
- ¿La Orden del Fénix? – consiguió articular Sirius.
- Sí. La Orden del Fénix es una organización secreta creada por mí para poder enfrentarse contra Voldemort y sus secuaces dejando aparte al Ministerio. No estoy diciendo en ningún momento que los Aurores no hagan un buen trabajo, pero piensan que Voldemort es solamente un loco por los sangre pura y que un día u otro le cogerán.
Cuan equivocados están. Voldemort tiene un poder muy mayor a cualquier anterior mago tenebroso, y cuenta con el apoyo monetario de muchas grandes familias de sangre pura que están entre sus filas de mortífagos. Además, como habéis podido comprobar hoy, está reuniendo bestias despiadadas y sanguinarias que sólo le siguen porque les ha prometido que podrán matar tanto como quieran cuando reine el mal en el mundo, su mundo.
Yo recluto a todos los magos dispuestos a sacrificarse por esta causa, para poder devolver la tranquilidad al mundo mágico y muggle. Porque sólo es cuestión de tiempo que haya algún ataque en una gran ciudad muggle, como por ejemplo, Londres.
Les envío a misiones para descubrir los planes del enemigo, para reclutar aliados o para que especies de animales mágicos nos ayuden. Pero siempre es complicado.
Vosotros habéis demostrado no tener ningún temor al enfrentaros a ellos para salvar a la gente del pueblo. Habéis luchado contra magos más experimentados que vosotros y con hechizos más letales. Y aunque todavía os falta mucho que aprender, os pido que os unáis a nosotros para defender al mundo de ese malvado ser.
- Pero, profesor – inquirió Lily con el ceño fruncido y su voz responsable saliendo desesperada por la garganta –, aún no hemos acabado la escuela, y acabamos de cumplir la mayoría de edad hace nada. ¿No cree que aunque sepamos unos cuantos hechizos que nos sirven en un duelo, en una guerra nos matarían?
Dumbledore le transmitió una sonrisa amable.
- Sois los alumnos más avanzados de vuestro curso, unos más, otros menos, cada uno en su propia especialidad. Pero con la debida preparación y una lista de hechizos y conjuros, podéis llegar a ser unos grandes magos. Pensároslo, y cuando tengáis una respuesta venid a decírmelo, aceptaré vuestra decisión. Sea cual sea.
- Yo ya lo he decidido profesor – dijo Kate convencida.
- No, Katherine – la interrumpió el director –. Hoy, no. Pensadlo bien, porque esta decisión puede cambiar vuestras vidas más de lo que podéis imaginar. Después de Navidad hablaremos.
James, puedes hablar con tus padres. Dorea y Charlus nos ayudan en algunas cosas, no son parte activa de la Orden pero sabes de sobra sus influencias en el mundo mágico.
Katherine, tu madre esta enterada de todo. Está trabajando en entablar amistad con una raza que podría sernos de mucha ayuda. Ella misma me dijo que no se lo comentase a tu padre. Cree que, conociéndolo ella mejor que nadie, tu padre está demasiado apegado al Ministerio y nos denunciaría de saber el secreto.
La cara de Kate reflejó perfectamente los sentimientos de repulsión que le causaba su padre, un hombre de unos cincuenta años que había obligado a su madre, una belleza quince años menor que él, a casarse con él. Al menos lo supo aprovechar, gastaba en grandes cantidades el abundante dinero de la familia Raybrand y fijaba toda su atención en su hija y en las misiones que Dumbledore le encargaba.
- Ashlee, tu madre es nuestra partidaria también e intenta convencer a los de la Orden del Lotis de Noruega y desde esa a los otros países para unirse a nosotros – la morena asintió. Su madre era una gran maestra de la Magia Antigua de procedencia Noruega y por eso estaba registrada en la Orden de ese país. Había enseñado a Ashlee la Magia Antigua sin que ninguna Orden lo supiese y por eso ella, y también Lily, no estaban ligadas a ninguna.
- Ahora – añadió Dumbledore –, querría que os fueseis a descansar. Habéis tenido un día muy duro. Nathaniel, Katherine, quedaos por favor – Nat y Kate siguieron sentados en la silla y los otros cinco se levantaron y se dirigieron a la salida del despacho –. Por cierto, no creáis que se me ha olvidado lo de la obra – dijo sonriente.
Todos se dirigieron a la enfermería. Querían que Madame Pomfrey cuidara de Lily, que era la que más magullada de todos, y de paso curar alguna de sus heridas superficiales.
- ¿Ha descubierto algo sobre mi poder? – le preguntó un impaciente y magullado Nat cuando los otros hubieron salido del despacho.
- Sí, Nathaniel. Y no sólo del tuyo – dijo mirando fijamente a Kate –. Como hoy habéis podido comprobar, existen una raza de semihumanos que son ni más ni menos que los demonios. No son exactamente como les describe el Cristianismo o cualquier otra religión muggle, son simplemente, una raza opuesta a otra: los ángeles.
Los ángeles son seres que nacen con el poder del bien, un poder puro y lleno de luz y esperanza. Cuentan con una belleza incomparable y con dos alas blancas en las que reside todo su poder. Su poder, llamado poder astral, es muchísimo mayor que la magia y usan las alas para desplegar mejor su potencial. No viven en el Cielo, si ese lugar existe, y tienen una colonia en la Tierra ya que deben quedar sólo unos pocos.
Los demonios, como relata la mitología muggle, están liderados por Lucifer, que traicionó al líder de los ángeles y se convirtió en un ángel caído, finalmente nombrado demonio, junto con muchos otros que traicionaron al bien supremo para pasar al mal. Las alas blancas se convirtieron en negras y su poder se manchó con el sucio mal. Al igual que los ángeles no viven en el Cielo, ellos no descansan en las profundidades de Infierno, pero deben estar en algún punto recóndito del planeta
Pero el líder de los ángeles no es el Dios que suelen predicar los religiosos, sino un ángel de poder incomparable equiparable al del demonio Lucifer. Los ángeles cuentan con una jerarquía superior con más poder astral y más cercanos al líder. Son los arcángeles.
Dentro de estos están los cuatro arcángeles que dominan los cuatro elementos: fuego, agua, tierra y aire. Los que están por debajo del líder en cuestión de poder.
Ya debéis imaginar porque os cuento todo esto – les dijo con una enigmática sonrisa –. Nathaniel, tu padre parece ser que era un demonio que no seguía las ordenes se su soberano y decidió pasarse al bien. Sólo por eso es lógico que tuviera una relación con tu madre. He hablado con ella y dice que durante las Navidades está dispuesta a contártelo todo. Así que podríamos decir que eres un semidemonio. Cuando usas tu poder, éste te corroe y al final logra controlarte, ya que es maligno, por eso no debes usarlo.
- Pero gracias a mi poder he podido hacerle frente al demonio, sino me habría matado – replicó el chico –. Debe haber una manera de que pueda usarlo sin que me controle.
- La hay – sentenció Dumbledore y dirigió su mirada hacia Kate –. Katherine, mis sospechas se han confirmado hoy al verte usar tu poder, hacía tiempo que lo sospechaba, pero no estaba seguro.
- Pero profesor – dijo ella –, usted no sabía nada de mi poder hasta hoy cuando lo he usado delante de la Orden.
- Pocas cosas me pasan desapercibidas en este castillo – dijo con una sonrisa de oreja a oreja.
Al igual que Nathaniel es un demonio, tu eres un arcángel. Pero lo extraño es que ni tu padre ni tu madre lo son. Y no creo que se transmita cada diferentes generaciones. Sospecho, y suelo acertar al sospechar, que eres una humana a la que se le concedió el don de arcángel. Y sospecho también, que formas parte de algo más grande e importante, un plan mucho mayor.
Pero de todo esto ya hablaremos más adelante. Ahora sólo quiero que me des la pluma que conservas y que me prometas que guardarás bien el zafiro que usaste.
- De acuerdo, profesor – Kate y Nat se levantaron y se fueron cavilando y pensando cada uno en lo que les había contado el director. Era un shock bastante grande.
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Eran medianoche pasada cuando la profesora McGonagall entró en la habitación de las tres chicas con una bata granate y con un moño despeinado despertándolas con un simple hechizo.
- El director dice que se presenten inmediatamente en la enfermería – dijo alterada –, la señorita Snow está empeorando.
Kate, al instante de oír eso cogió la pluma blanco-azulada de su mesilla de noche y desapareció en medio del furioso torbellino que la absorbía.
Ashlee y la profesora McGonagall se dirigieron apresuradamente hacia la enfermería.
Al entrar encontraron a Dumbledore con cara de inconfundible preocupación y a Madame Pomfrey dando vueltas por la habitación muy estresada. Nat y Lily estaban dormidos en unas camas con las cortinas corridas, ya que la pelirroja tenía una contusión en la cabeza y Nat estaba muy débil debido al exceso que había hecho de sus poderes. No se despertaron gracias al somnífero que Madame Pomfrey les había subministrado.
Brittany estaba blanca como el papel, y las venas del cuello bombeaban con fuerza la sangre infectada por el extraño virus de color morado. Kate tenía las manos extendidas sobre su pecho mientras intentaba, sin éxito, curar a la rubia con su poder de arcángel.
- Sé que puedes hacerlo, Katherine – la animó Dumbledore –. De lo poco que sé sobre ellos – dijo refiriéndose a los ángeles – es que la curación es uno de sus dones. El poder astral reside en ti, sólo debes dejarlo fluir desde tu interior.
Kate miró fijamente sus manos, todavía extendidas sobre el torso de Brittany, y concentró toda su energía en las puntas de sus dedos. Durante un minuto parecido a una larga eternidad, no pasó nada de nada. Pero entonces, de repente, una tenue luz azul empezó a emanar de las manos de Kate, pero eso no era suficiente.
Kate aún no dominaba su nuevo don de curar, y no podía vencer un veneno de esas proporciones. Ashlee, al ver que su amiga no podía sola, se arrodilló a su lado y puso sus manos encima de las de Kate. Las dos se miraron comprendiendo al instante lo que querían decir y cerraron los ojos para aumentar su concentración. La luz azul que emanaba de las manos de Kate se volvió un poco más potente y entonces Ashlee murmuró:
- ¡Jiiva! – en el brazalete violeta que llevaba apareció un nuevo símbolo, y el Lotis de la curación se unió al poder de Kate.
El color púrpura de las venas empezó a disminuir bajo los efectos del poder combinado de las dos chicas y acabó por esfumarse sin dejar huella. Brittany empezó a respirar con regularidad, los sudores y la alta fiebre cesaron y su tez mortecina empezó a ganar un poco de color. Todos los efectos habían desaparecido al desaparecer el veneno que circulaba por sus venas. La herida que tenía en el pecho a causa de la flecha se había esfumado también, y no había ninguna cicatriz.
- Ha sido un milagro – suspiró Madame Pomfrey –. Estas dos chicas son un milagro.
- Lo sé, Poppy – dijo el director –. Lo sé.
Poco a poco, Brittany fue abriendo los ojos y recuperando la conciencia. Kate y Ashlee se le echaron encima. Sin que una palabra rompiera ese silencio sepulcral sólo roto por los llantos felices de las tres las paces ya estaban hechas, y todo lo demás olvidado.
- Me gustaría volver al dormitorio con vosotras, ¿puedo? – preguntó la rubia contenta.
- Pues claro, tonta – le respondió Ashlee –. Pero mejor pregúntaselo al director – la mirada afable que éste les envió decía claramente que por él encantado.
Quizá después de todo, esa batalla no lo hubiera echado todo a perder.
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Unos días después del ataque Hogwarts iba volviendo a la normalidad. El temor de que los mortífagos atacasen seguía patente en cada uno de los alumnos que habían estado presentes, pero poco a poco las cosas se iban calmando.
Las chicas estaban en su habitación vagueando un rato.
- ¿Que voy a hacer? – preguntó por décima vez Lily mientras estrujaba con fuerza la almohada.
- Eres un poco pesadita chica – dijo Kate apartando los ojos de una revista titulada "Chicos Mágicos" en la que en la portada salía un atractivo rubio desnudo que lanzaba besos.
- ¡Pero es que no puedo mirarle a la cara! ¡Me pongo colorada enseguida! – dijo la pelirroja mordiéndose las uñas nerviosa – ¡Y la cara me queda horrible cuando me pongo roja!
- Pero si te va a conjunto mujer – le dijo Ashlee bromeando –. Y no te muerdas las uñas – se levantó de la cama y se acercó a Lily para pegarle un manotazo y hacerle quitar las uñas de su boca.
- ¡Bua! ¡Todo por tu culpa Ash! – chilló Lily empezando a pegarla con la almohada.
- ¡¿Qué haces so loca?! ¿Cómo que por mi culpa? ¡Ahora verás! – le dijo Ashlee enfadada. Cogió su propia almohada y empezó a propinarle tortazos a Lily en la cabeza.
- ¡Ay! – gritó ésta molesta y le devolvió el golpe por triplicado.
- ¡Qué pares ya niñata! – gritó Ashlee y volvió a darle unas diez veces.
Así estuvieron como media hora, mientras Kate iba murmurando "Esto no se encuentra en Hogwarts.", "¡Por Merlín! ¿Cómo puede haber alguien que la tenga tan grande?", "Uy, si este es el que me ligué en la playa este verano...", "¿Desde cuando Lily guarda estas revistas guarrindongas debajo de la cama?" acabó diciendo mientras levantaba la cabeza y miraba a la chica.
- ¡No te confundas! – dijo tirándose en la cama después de esa guerra almohadil con Ashlee –. Se la confisqué a unas chicas de cuarto que estaban en una aula vacía. Y ya ves... como es tan entretenida, no la he tirado.
- ¡Y luego vas de santa por la vida! – le reprochó Ashlee.
- ¡Calla! – dijo Lily –. Tu eres la culpable de todos mis problemas y de mi insuficiencia sexual.
- Del problema de Remus quizá si... – le dijo mirándola con mala cara – Pero de tu insuficiencia sexual no creo...
- ¡Basta! – dijo Kate dejando la revista a un lado al ver que Lily iba a decir alguna estupidez de nuevo – Lo que tu quieres es que Lupin deje de pensar en ti, ¿no?
Lily asintió.
- Seguro que lo suyo es una obsesión – empezó Kate a explicarles con una sonrisa –. Como ve que le será imposible conseguirte, cada vez te desea más.
- Hola chicas – dijo una rubia entrando en la habitación. Era Brittany, completamente recuperada, que iba cargada con una caja de cartón. Dejó la caja en el suelo y se apartó el pelo de la cara con estilo.
- Si traes las cajas de una en una tardarás un eternidad – le dijo Ashlee –. Y no te ayudaremos.
- ¿Me consideráis tan tonta como las rubias teñidas? – les dijo mirándolas con reproche. Las tres se miraron entre si. Entonces Brittany empezó a sacar pequeñas cajitas de la caja grande y pronto unas veinte cajitas adornaban un trocito de la habitación – No soy tan tonta como os pensáis. ¡Engorgio! – dijo sacando la varita y apuntando a las cajitas.
- ¡No! – chillaron las otras tres ya que al crecer de tamaño las cajas, la habitación quedó toda llena de ellas y casi no se podía pasar.
- Bueno – dijo Brittany orgullosa – Ahora traeré el armario, el tocador y la cama.
- Nosotras que estábamos tan espaciosas siendo tres y ahora vienes tu y nos quitas lugar – le dijo Lily haciendo morros.
- Perdone usted – le respondió haciendo una falsa reverencia y se fue a buscar los muebles.
- Esta bien que vuelva, ¿verdad? – dijo Lily contenta.
- Sí – la apoyó Kate –. Echaba de menos todas su pijadas.
- Y no querías reconocerlo... – le dijo Ashlee picándola – En el fondo eres una blanda, y hasta podría ser que tuvieses corazón – bromeó.
- A ver que dices Ash, que tu y yo podemos acabar muy mal... – dijo Kate sonriendo y siguiéndole la broma – Pero esto que no salga de aquí, ¿de acuerdo?
- ¡Ya vuelvo a estar aquí! – dijo Brittany entrando con unos muebles pequeñitos en la mano.
- ¿Traes los muebles de tu casa de muñecas? – le preguntó Lily extrañada.
- Son los muebles reducidos... – dijo la rubia entornando los ojos – Ya os he dicho que no soy tonta. Estos hechicitos los sé hacer perfectamente – mientras, empezó a colocar los muebles en un gran espacio al lado de la cama de Kate – ¡Engorgio! – volvió a murmurar. Allí donde habían estado lo que parecían juguetes, ahora había una cama con dosel, un gran armario y un tocador en el que Brittany empezó a poner infinidad de potingues para el cutis, el pelo, y toda clase de cosas para estar guapa.
- Por cierto Brit – dijo Kate haciendo dejar de ordenar a la rubia –. Dame tu opinión – y le explicó todo lo referente a los males de Lily.
- Kate tiene razón – acabó sentenciando la rubia –. Sólo tienes que hacer una cosa para quitártelo de encima.
- ¿Qué? – le preguntó Lily emocionada.
- Liarte con él – dijo Kate –. Así se le pasará la tontería.
- Cuando vea que ya te tiene se cansará de ti – añadió Brittany sonriendo –. Los tíos son muy simples.
- ¡NUNCA! – gritaron Ashlee y Lily.
- ¿Y tu porque dices que no lo haga Ash? – preguntó Brittany extrañada.
- Porque resulta que... – dijo Kate con sonrisa de mala - ¡Le mola Remus!
- ¿Qué? – le preguntó Brittany empezando a reír sin poder evitarlo – Ay... – dijo limpiándose una lágrima – Vaya tío has escogido para enamorarte. ¡Le mola Lily desde segundo o tercero!
- ¿¡Tanto tiempo hace!? – gritó Lily sorprendida. Kate y Ashlee tenían los ojos abiertos como platos.
- ¿No os habíais dado cuenta? – les preguntó como si eso se viera claramente – Ellas aún – dijo mirando a Kate –. Pero tu deberías haberte dado cuenta.
- ¿Y por qué no me dijiste nada? – le preguntó Lily al borde de la histeria.
- Es que me daba mucha gracia – respondió ella clamada.
- ¿¡Por qué me pasa todo a mí!? – chilló con lágrimas en los ojos.
Saltó de la cama y se fue dando un portazo.
Se dirigió a donde sus piernas la conducían, sin pensar hacia donde iba. Recorriendo pasillos, bajando escaleras, y yendo de un lado a otro sin parar, acabó sentándose en el gran árbol que había cerca del lago. El "árbol del lago" como solían llamarlo. Era un sitio relajante al que iban siempre que podían si no habían los Merodeadores allí, ya que el sitio también les gustaba. Se apoyó en el tronco y volvió a preguntarse como muchas otras veces que clase de árbol sería. Nunca habían podido averiguar si era un sauce, ya que tenía unas largas hojas caídas que daban un espacio tranquilo; una encina, por la forma de su tronco, o cualquier otra especie conocida. Algún día lo descubriría, presentía que era algo importante.
Se dejó caer hasta quedarse sentada y rodear sus rodillas con los brazos, enterrando la cabeza en medio.
No muy lejos de ahí, cerca del campo de Quidditch, James Potter sobrevolaba tranquilamente los terrenos hasta que vió a Lily sentarse en el árbol. Dirigió la escoba hacia allí y bajó empezando a acercarse.
- Hola Lily – dijo James con cautela ya que no quería ser atacado por la furia de la pelirroja.
- Hola Potty-Potty – dijo la chica sin prestarle mucha atención.
- ¿Qué te pasa? – le preguntó sentándose a su lado al ver que no había peligro.
- Pues que tengo que liarme con Remus – contestó como si nada.
- ¿Qué? – dijo James creyendo que no había entendido bien.
- Para que se le pase la tontería – respondió Lily como si esa fuera la respuesta que lo aclarara todo.
- Me estoy perdiendo – le dijo el Merodeador extrañado.
- Otra alternativa sería... conseguir un novio – dijo mirando la plana superficie del lago –, aunque sea de mentira – añadió rápidamente como si eso lo explicara todo.
- ¿Cómo? – preguntó James con las cejas arrugadas – A, ya entiendo... Te has hecho un canutillo de judías soporíferas, te lo has fumado y te has quedado tonta. Por eso estás así, ¿verdad?
- No – le contestó ella viendo como un tentáculo gigante salía del fondo del lago y perturbaba la tranquilidad del agua –, necesito un novio, sea falso o sea verdadero, para dejar de gustarle a Remus.
- ¡¿Qué?! ¡¿Qué a Remus le gustas?! – exclamó James abriendo mucho los ojos.
- Sí – dijo Lily sin darse aún cuenta de a quién le contaba todo eso –. Pero a mí Remus no me gusta, en cambio a Ashlee si que le gusta, lo malo es que a Remus no le gusta a Ashlee, sino que le gusto yo. Entonces tengo que conseguir un novio, sea falso o sea verdadero, que me guste un poquito, o mucho, y que yo le guste también un poquito, o mucho, para que yo deje de gustarle a Remus y a Remus le guste Ashlee, y así nos gustemos todos – acabó de contar mientras tiraba una piedra al lago haciendo que el calamar gigante volviera a sumergir su gran tentáculo – Kate y Brittany dicen que me líe con él y se le pasará el enamoramiento, pero he tenido esta idea que no es tan... tan... tan besucona, por así decirlo.
- ... – James se quedó un momento sin decir nada intentando asimilar a quién le gustaba quién y a quién no le gustaba quién y a quién tenía que gustarle un poquito, o mucho – Ahhh... – terminó diciendo sin poder encontrar algo mejor que decir – ¿Y como tiene que ser el chico-novio-falso-o-verdadero? – le preguntó interesado –. Porque si tengo las características...
- Tiene que ser guapo – empezó Lily enumerando con los dedos.
- Yo – contestó James al instante.
- Tiene que ser atento – continuó Lily sin haber oído lo que él decía.
- Yo – volvió a asentir James.
- Agradable – seguía Lily en su mundo particular donde no se oían las voces de los demás.
- Yo – dijo James con voz dulce.
- Buen estudiante – decía Lily imaginándose a su novio y a ella estudiando juntos.
- Yo – dijo él recordando el montón de Extraordinarios que sacaba.
- Simpático y divertido – continuaba Lily soñando con el chico perfecto.
- Yo – rió él recordando todas las bromas graciosas que gastaba.
- Que no sea machista – dijo la ojiverde recordando un novio que había tenido, el cuál siempre la estaba menospreciando y contando chistes machistas que no tenían ni una pizca de gracia.
- Yo adoro a las mujeres más que Sirius – dijo James en seguida pero pensando que Sirius era un poco machista.
- Que sea sexy – dijo mientras se le caía la baba al imaginar su chico perfecto en pose sensual y desnudo.
- Yo, nena – le dijo el moreno quitándose la corbata, desabrochándose los primeros botones de la camisa, por no decir todos, y colocándose en la pose sensual de los sueños de Lily.
- Que sea adorable – continuaba la chica sin haber oído ni una de las respuestas de su compañero.
- Yo – dijo él poniendo carita de cordero degollado.
- Que no sea un amargado social, tipo Snape, y caiga bien a la gente – dijo imaginándose de mayores ricos y famosos.
- Yo, definitivamente yo – contestó James marcando que era un Merodeador.
- Que no sea baboso – dijo ella mientras se limpiaba la mejilla como si alguien le hubiera lamido.
- … … … … Em… si… … … … Yo… – dijo él pensando que si estuviera con Lily la estaría besuqueando todo el santo día.
- Que no sea pervertido ni degenerado – dijo Lily tapándose los pechos, el trasero y la parte íntima.
- … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … Yo… – contestó James pensando también que no podría resistirse a tocar ese cuerpo que le volvía loco.
- Que le gusten las pelirrojas – dijo ella empezando a morderse un mechón de pelo.
- ¡YO! – dijo levantando la mano, estaba enamoradísimo de Lily, y le encantaba ese pelo rojo que parecía abrasarle con las llamas del amor, según sus pensamientos amorosos.
- Que se note que nos queremos – dijo Lily imaginándose con su chico cogida de la mano y saltando felizmente por los terrenos del castillo.
- ¡Que te digo que yo! – gritó James empezando a crisparse.
- En fin… el chico diez – acabó Lily suspirando –. Y eso no existe.
- ¡YO! – chilló levantándose de golpe y pasándole la mano por delante los ojos a Lily para ver si reaccionaba de una vez.
- ¿Qué decías? – le preguntó mirándole con los ojos entrecerrados – Nat no, no colaría. Además está con Brit y van a formalizar su relación contándola a todo el mundo. Aunque eso le quita el morbo de ser pillados – dijo siguiendo en su mundo y empezando a desvariar un poco. James intentó replicar –. No, no, no. Black tampoco. Que me metería mano. Y Remus porsupuestísimo que no, que por algo busco novio... No, ¡no intentes decírmelo! ¡Snape ya te he dicho que es un amargado social! – James volvió a intentar hablar pero ella lo volvió a cortar – ¿Peter? ¿Cómo qué Peter? ¿Peter Pettigrew? ¿Estás loco? Es... es... es simplemente asqueroso el sólo pensarlo.
- ¡¡¡¡¡¡YOOOOOOOOOO!!!!!! – gritó con todas sus fuerzas al acabársele la paciencia – Cumplo todos los requisitos – Lily lo miró con sorna.
- ¿Tú? – preguntó ella al borde de la risa – Al igual, bicho.
- Piensa… soy todo lo que has dicho – Lily le echó una mirada fulminante –. Bueno… quizás me falten uno o dos requisitos pero todo el mundo tiene defectos. ¡Y si salieras conmigo Remus estaría diez veces más celoso! – la chica lo miró empezando a pensar que eso no era tan mala idea – Y entonces se intentaría olvidar de ti porque yo soy su gran amigo – definitivamente la idea estaba muy bien, pero... ¡Era James Potter!
- ¡Eres James Potter! Yo te odio, ¿recuerdas? – le dijo la chica intentando resistirse un poco.
- ¿Y cómo es que aún no me has ni insultado con tu tono borde ni pegado? – le preguntó él dando de lleno en la diana.
- Porqué últimamente estás un poco más majo – dijo ella sin mirarle la cara –. Desde después de Halloween que no me pides tanto para salir y no me sigues. Eso te da puntos a favor.
- ¿Si me comportara siempre así, saldrías conmigo? – le preguntó acercándose y susurrándole en la oreja.
- ¡Aunque así fuera! – dijo ella con la cara del color de su pelo – ¡Eres un Merodeador! ¡Cómo Remus! No creo que salir contigo sea lo mejor.
- Aunque seamos Merodeadores los dos, yo soy yo, no él – dijo mirándola fijamente a los ojos –. No intentes cambiar ese hecho. Piensa que así Remus no intentará nada contigo, que por algo soy su mejor amigo. Apuesta por ello, saldrás ganando.
- Bueno – contestó ella sin poder vencer la tentación –, lo haré – al oír eso a James se le iluminó la cara y una sonrisa de alegría se le pintó en el rostro –. Pero a la mínima que hagas algo que no me guste, te doy una bofetada y te dejo delante de todos los alumnos y los profesores en el Gran Comedor.
- ¿Es eso necesario? – preguntó James tocándose la mejilla como si ya hubiera recibido el impacto del "golpe pelirrojil".
- ¿Aceptas o no? – dijo ella sacando la varita. Hizo aparecer de la nada un pergamino con una especie de contrato.
James lo cogió y empezó a leer.
- Esto es un poco... – dijo James al acabar de leerlo – excesivo.
- Por última vez: ¿Aceptas o no? – dijo ella mirándolo fijamente a los ojos.
- Acepto – sacó la varita y hizo una pequeña firma al lado de la de Lily. El pergamino brilló, encajaron las manos y el papel se enrolló alrededor.
- Esto es un contrato mágico, James – le dijo ella –. Pero también un pacto entre nosotros dos.
- Perfecto – aceptó él sonriendo.
- ¡Pactio! – gritaron los dos a la vez. El pergamino brilló con más intensidad, hubo un fogonazo violeta y desapareció. Si uno de los dos incumplía alguna de las normas que estaban escritas ahí, recibirían un castigo. Y hasta que los dos no acordasen deshacer el hechizo, tendrían que acatarlas todas.
- Ale hasta mañana – dijo Lily dándole un beso en la mejilla –. Y más te vale esperarme para ir a desayunar como buen novio – empezó a ir hacia el castillo pero se giró –. De esto no se entera nadie. ¿Me has oído? Ni Sirius.
Y se fue dejándolo allí plantado tocándose la mejilla en la que Lily le había besado.
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La mañana siguiente Lily se despertó muy contenta. Siempre se despertaba temprano, pero ese día en especial se despertó feliz, sin quejarse al maldito despertador ni a las malditas clases que les esperaban durante el día. Aunque aparentara que le gustaran, al levantarse las odiaba.
Ashlee se removió bajó las mantas arropándose y murmuró algo así como: "Que den a las dichosas mariposillas...". Kate simplemente gritó alto y claro: "¡Dejadme dormir pesadas!". Sólo Brittany estaba despierta a parte de ella.
- ¿Qué haces despierta tan temprano? – le preguntó Lily acercándose a su cama. La vió en su tocador.
- ¿Te he despertado? – preguntó ella mirándola a través del espejo.
- No, no – respondió Lily mirando lo que Brittany hacía –. Siempre me levanto temprano. Así tengo agua caliente – dijo sonriendo –. ¿Qué haces?
- Me arreglo – dijo simplemente mientras cogía un cepillo y empezaba a peinar su inmaculado pelo –. Necesito mucho rato para ponerme guapa.
- Pero si tú ya eres guapa sin maquillaje – le dijo Lily observando los tarritos de cremas uno por uno intentando adivinar su función.
- Ya lo sé – le contestó la rubia altivamente –. Y también soy una creída por si no lo has notado.
- Sí – dijo Lily entornando los ojos –. Lo he notado perfectamente. Y ya que estás puesta en esto de maquillar... ¿Me pones más guapa de lo que estoy normalmente?
- Uy, uy, uy... ¿Qué pasa aquí que yo no sepa? – preguntó Brittany sacando la maruja que llevaba dentro – Por cierto... ¡Tu estás enamorada! Yo te veo mucho más guapa.
- ¿De verdad? – dijo Lily con una sonrisita – Ya verás que es lo que pasa dentro de un rato – luego pensó "¿Por qué estoy tan feliz? Es Potter, pero ay... es James... ¿¡Pero que digo!? Ay... que blanda me vuelvo..."
Durante un buen rato, Brittany estuvo peinándola y maquillándola, correteando por la habitación buscando potingues que no sabía donde había metido y dando algún que otro golpe a Kate y a Ashlee para que despertaran.
Lily quedó simple y sencillamente, perfecta. Vestida con el uniforme escolar, sólo con la camisa y el suéter, la camisa un poco desabrochada y con la corbata desanudada. La falda la llevaba más corta que normalmente gracias a un hechizo acortador de Brittany. Llevaba el pelo rizado, suelto sobre sus hombros y tenía un brillo deslumbrante. Brittany le había pintado las pestañas con rimel y le había hecho la raya, cosa que resaltaba muchísimo sus ojos verdes. Además le había puesto un poco de colorete para que no estuviera tan blanca.
- ¿Quién es esta? – dijo Lily señalándose a si misma en el espejo.
- Tú, cariño – dijo Brittany pasándole un brazo por encima de los hombros –. Sea quién sea el afortunado, te digo yo que es muy pero que muy afortunado.
- ¿Quién es esta pelirroja despampanante? – dijo Ashlee señalándola mientras se frotaba los ojos.
- Es Lily – contestó la rubia sonriendo.
- Sí, claro – dijo la morena empezando a reír –. ¡Y yo el ministro de magia!
- ¡Qué soy yo! – dijo Lily enfadada.
- Uy, pues sí que lo es, porque tiene su mal humor – dijo Ashlee –. Pero esta es muy más guapa. A ver si te pones así todos los días – entró en el baño y enseguida volvió a sacar la cabeza –. Chica mala... ¡Grrrr! – volvió a entrar y se oyó como abría el grifo de la ducha y cantaba algo así como "Él la quiere a ellaaaaaaaaa... pero lo tendré entre mis brazooooooooooos, síííííííííííííííííííííí..., lo conseguireeeeeé..." con un tono bastante desafinado.
- Voy tirando – dijo la pelirroja saliendo de la habitación –. No me esperéis para desayunar que ya vendré.
- Vale, vale – dijo Brittany empujándola hacia la puerta –. Vete ya con tu chico. Pero haber que hacéis.
Lily salió de la habitación y bajó a la Sala Común. Cuál fue su sorpresa al ver a James sentado en una butaca cerca del fuego leyendo un libro.
- ¿Qué haces aquí? – preguntó Lily extrañada sentándose al sillón de al lado.
- Va... vaya – dijo James al verla. De la impresión le cayó el libro al suelo –. Estás... buf... impresionante – sentenció –. Quiero decir más que normalmente – agregó al instante intentando sonar un poco romántico, cosa que no consiguió.
- Ya – dijo Lily intentando parecer enfadada, pero estaba feliz como una perdiz por el comentario de James "Dice que estoy impresionante, ¡qué mono! ¿Pero que digo? Ay, no puedo resistirme..." –. Aún no me has contestado, ¿qué haces aquí?
- Esperarte – contestó recogiendo el libro del suelo y dejándolo encima de la mesa. Lily miró el título: "En las redes del amor". ¿Potter leía novelas románticas? Eso tenía gracia –. No quería que me atacases o algo al no encontrarme aquí. Llevo una hora leyendo. Todo un récord.
- ¿Te has enganchado a las novelas románticas? – le dijo Lily burlona.
- Son interesantes – dijo él ofendido –. Brittany tiene buen gusto – una sonrisa se asomó en el rostro de Lily –. Pero venga vamos. Tenemos que prepararnos para la entrada triunfal en el Gran Comedor.
- Espero que Remus se muera de celos y se desenamore al instante – dijo ella feliz cogiéndose al brazo que James le tendía y saliendo los dos juntos de la torre de Gryffindor.
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El Gran Comedor estaba a reventar de gente, ya que esa era la hora en que se despertaban los más perezosos, casi todo el mundo, y era cuando había más bullicio en la sala. Las risas, cotilleos y los ruidos de los cubiertos inundaban la estancia.
- Lily tarda mucho – decía Kate mientras se ponía un trozo de bacon en la boca –. ¿Ba gonge bha xixo gue giba?
- ¿Perdona? – dijo Brittany mirándola con mala cara y dándole un beso a Nat, que acababa de llegar y se sentaba a su lado –. Hola cariño – le dijo al chico. Miradas asombradas en todo el comedor los miraron –. Salimos juntos, ¿algún problema? – preguntó con mala leche, pero enseguida volvió a dirigirse a Kate –. Come primero y habla después, cochina.
- Que a donde ha dicho que iba... – dijo al tragárselo.
- Pues ni idea – le contestó Brittany –. Ha quedado con algún chico.
- ¿Y qui...? – iba a preguntar Kate, pero quedó interrumpida por un chillido de Ashlee.
- ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡AAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!!!!!!!!!! ¡¡¡EL APOCALIPSIS!!!
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Estoy cansado. ¡Este capítulo no se acababa nunca! Como ya tenía la última parte terminada, tenía que enganchar el principio de alguna manera y escribía y escribía pero no llegaba nunca donde quería.
Por otra parte, he tenido algunos problemas con el ordenador y durante unos un mes no pude usarlo, aparte de que me fui de vacaciones entre otras cosas. Bueno que no tengo excusa por haber tardado tanto.
A ver, todo eso de los ángeles y los demonios no debe haber quedado demasiado claro, pero se ira desvelando todo poco a poco.
No tengo demasiado tiempo para contestar los reviews así que ya contestaré en el próximo capítulo.
Por cierto, la canción de este capítulo iba a ser "I Am Me" de Ashlee Simpson, pero al final he decidido cambiarla por "Bet On It" (Apuesta por ello) interpretada por Zac Efron en la película High School Musical 2.
Y ahora, si me disculpáis, voy a escribir el capítulo nueve, en el que pasarán nada más ni nada menos que éstas cosillas:
- Nuestros queridos chicos van a representar la tan ansiada obra de teatro.
- Alguien recibirá una carta que hablará de matrimonio.
¡Hasta la próxima!
Lladruc
