Notas: No quiero violar ningún derecho de autor solo hacer un fanfic.
Aviso: este fic tiene la categoría de "M" por contener escenas un tanto subidas de tono además de violencia.
Un alma.
Odios.
Por: Luna "El Sol Nocturno"
Firia levanto su rostro de dragón dorado hacia el techo, la visión que se extendía a la altura de sus zarpas no era agradable para nada; gracias a la poderosa magia del Sacerdote-General todos los acólitos del deposito se habían rendido pero antes de eso muchos de ellos habían terminado convertidos en esqueletos controlados por el inconmensurable poder del mazoku. Por eso ahora muchos de los guardias llevaban un pañuelo en la cara, la pestilencia de la sangre y las vísceras todavía calientes los hacia vomitar al instante.
-¿Cómo que nadie los ha visto durante la pelea?-exclamo el rey de Seilloon, enarbolaba su bastón de tal forma que muchos de los soldados que estaban allí no se atrevían a acercarse por temor a resultar "acariciados" por el.
-No Alteza-empezó un valiente-desaparecieron al poco tiempo de bajar por las escaleras, por el hueco de la pared-dijo el soldado señalando al otro lado del deposito.
Eldran dirigió la vista hasta el otro lado del campo de batalla, en la pared próxima a la escalera se notaban los efectos desmesurados de un hechizo, piedra derretida, y aún caliente, humeaba mientras varios de los sacerdotes de Cephid trataban de enfriarla con hechizos de hielo o agua.
-¿Necesitáis ayuda?
-No Ignus-respondió Christopher-solo saber donde están los chicos.
-Bueno-el fénix se encogió de hombros como si lo que ocurriese en esos instantes fuese normal-los chicos resbalando junto con la histérica, de Amelia hace un buen rato que no percibo su marca astral.
-Voy tras ellos-el primogénito se dio la vuelta dispuesto a encaminarse al boquete de la pared.
-Philionell, relájate-corto Eldran-Amelia ha demostrado muy bien que sabe defenderse, no es necesario que tú te preocupes, ya lo hace Zelgadiss por todos nosotros.
Zeros abrió los ojos apretando el bastón, que ni siquiera su aliado temporal pudiera notar a la Guardiana teniendo en cuenta el estrecho vinculo que les unía era algo que no entraba en sus planes. Ni en los de su señora. Dio un ligero golpe en el suelo cubierto de sangre y se traslado a la Dimensión Astral para hacerse con más noticias.
La dragona entrecerró los ojos y volvió a su forma humana antes de dirigirse al impresionante boquete que la magia de Lina había abierto en la piedra.
-
Cuando Zelgadiss alcanzo el final del túnel no espero encontrar a Agarer empotrado contra una pared mientras soltaba tal cantidad de maldiciones que conseguirían avergonzar al más curtido de los marineros. Golpeo el muro con todas sus fuerzas, esperando que se deslizase, pero solo consiguió hacer que el sonido rebotase por el túnel.
-¿Dónde estamos?
-Yo que sé-respondió el dragón, volvió a soltar otra ristra de maldiciones antes de golpear de nuevo el muro-el rastro de Amelia se pierde aquí-señalo al suelo donde las marcas del roce previo se veían aún.
-El túnel acaba aquí-dijo como lo más obvio.
-¡Cuidado!-grito una conocida voz femenina que aumento mientras se acercaba a ellos. Cuando cierta pelirroja embazada quedaba atrapada entre varios hombres solo podía ocurrir una cosa, que resultasen dañados.
-¡Auch! Zelgadiss tienes la cabeza tan dura como una piedra.
-Soy de piedra-gruño con exasperación. A frases tontas le seguían respuestas…
Invoco una "Bola de luz", tras haberse quitado de encima una de las piernas de Lina y haberse hecho con una zona para el solito, e investigo con detenimiento el muro que les obstaculizaba el paso, era piedra normal y corriente, de color gris como la utilizada en toda la parte subterránea de la ciudad y desgastada pero bien mantenida. Salvo por unos inusuales arañazos. Paso los dedos por ellos, eran profundos y parecían tallados, aproximo el foco de luz a la pared y un recuerdo muy lejano surgió en su mente, Rezo era muy dado a utilizar ese tipo de trampas para despistar a los que se colaban en su laboratorio; por desgracia todos los que caían en ellas terminaban muertos a manos de los mazokus de bajo nivel que invocaba.
La aplastante conclusión que saco de ello fue que alguien no quería que se involucrasen en algo de ámbito privado. Y si Amelia tenía que ver en ese algo él también estaba "invitado", desenvaino invocando su "Vaina astral" y dio una buena tajada a la pared.
La conocida luminosidad roja que envolvía a la hoja de su espada brillo intensamente en cuanto hizo contacto con la piedra, varias chispas saltaron y eso fue la gota que colmo el vaso: alguien usaba un hechizo para que no pudieran llegar hasta Amelia. Detrás de él la hechicera pelirroja entendió perfectamente lo que quería hacer, pero que no había encarado de la forma adecuada.
-Así no se hace nada Zelgadiss-dijo Lina mientras se retorcía sobre el regazo del espadachín rubio-una Bola de fuego es lo mas efectivo.
-¡No lo hagas Lina!-grito Agarer temiendo lo que ocurriría.
En el otro lado del túnel, en la lejana habitación donde había logrado llegar la dragona, la susodicha se lo pensó antes de saltar por el tétrico agujero cuando una nube de considerable tamaño y compuesta de humo y polvo salio por la apertura, todo lo que la rodeaba tembló como si el fin del mundo se hubiera desatado en ese mismo instante.
-¿Una ayudita?-dijo una voz socarrona a su lado.
-U-N-A-L-M-A-
El llanto del bebe rompió la ensoñación.
El hombre que estaba frente a ella no era su padre, tenía menos hombros, menos pelo y el brillo de sus ojos no apuntaba a las ganas de proclamar a la justicia que tenia su progenitor; apuntaban a un deje de locura y maldad que la Familia Real de Seilloon, al completo, conocía muy bien.
-¿Sorprendida?
-No-dijo bajando la vista al bebe, jamás reconocería que el parecido la había cogido por sorpresa-solo es… vuestros ojos.
-¿Os deslumbran?
-No proclaman a la justicia.
-Soy Aneletos, Sirviente Supremo de Kaos. No vuestro estúpido padre.
"Mi padre no es estúpido"-pensó con un arranque de rabia.
-¿Y entonces que es?-bajo el rostro hasta que sus cejas formaron una línea visual y sus ojos parecieron mas llenos de esa locura corrosiva-Vamos, Alteza ¿Qué es vuestro padre?
Amelia tembló al darse cuenta de que el hombre ante ella la había leído sus pensamientos, una forma de la magia casi en desuso pero que utilizada de la forma correcta era muy peligrosa. Levanto todas sus barreras mientras su némesis ensanchaba una sonrisa macabra.
Lord Graders apretó el mango de la espada hasta notar como las arrugas del guante en torno a él se alisaban.
-No será preciso-los ojos del anciano se desviaron hacia él-mi joven aprendiz.
Como si hubiera sido una señal convenida el suelo a sus pies se agrietó y varias de las calaveras allí mostradas se abalanzaron sobre él, apenas tuvo tiempo para pensar antes de tratar de defenderse sin mucho éxito pero se quedo petrificado en el instante en que Aneletos estalló en carcajadas.
-¿Creíste que te resultaría tan fácil?.¿Pensaste por un segundo que tendrías una oportunidad contra mí?-señalo a una calavera en concreto de todas las que le rodeaban-ella es tu amada, salúdala.
Graders rugió de dolor y rabia, hacia siete años que Aneletos le había dicho que Yliana se había marchado de la torre donde estudiaban magia por motivos desconocidos, un año después, y delante de la tumba de la joven, había sabido la verdad que se escondía tras la mentira de su mentor, él la había matado; Yliana había descubierto a quien servia en realidad su maestro, sorprendida por el hallazgo no dijo nada para proteger a su compañero y amante y había tratado de llegar hasta las autoridades competentes para denunciarle. Por desgracia Aneletos siempre sabía lo que ocurría entre las paredes de su laboratorio.
-¡BASTARDO!
El grito de venganza del torturado hombre resonó por la sala haciendo llorar de nuevo al bebe, se lanzo contra su antiguo mentor importándole bien poco lo que pudiesen hacerle sus captores al moverse para acertarle con la espada en el corazón. Varios de los acólitos allí presentes se movieron poniéndose en guardia para acabar con su antiguo hermano si las "mascotas" de su líder no hacían su trabajo. Amelia reacciono con lo único que tenia a mano.
Seres torturados a lo largo de los siglos,
yo os libero de vuestro cautiverio.
De las cadenas que os atan a esta existencia funesta.
Sed libres al fin.
Pues esto es la justicia de la muerte.
Cuando la Princesa de Seilloon termino todas las calaveras estaban cubiertas por un aura brillante que se fue intensificando a medida que se quebraban y dejaban escapar el alma de los capturados; múltiples personas de distintas eras pero todas con un componente común: Kaos. Tan solo quedo una, resistiéndose a la parte final del hechizo.
Yliana.
La delicada calavera no soltaba el brazo de Graders, ya no mordía pero se negaba a irse. Lagrimas rojas mostraban el dolor de la joven fallecida tiempo atrás por haberse visto obligada a atacarle.
-Lo sé…-susurro acariciando la calavera con delicadeza-no hace falta que te quedes.
Los únicos restos mortales de la joven se apartaron de él, ganando la altura y apariencia que debería tener en realidad, una joven de pelo claro, ojos oscuros, rostro de expresión dulce y figura delicada; se giro con una sonrisa llena de compasión hacia Aneletos y señalo al bebe como si quisiera resaltar una cosa referente a él.
"No lo dañaras"
-Tú que sabes-escupió.
-¡Ella tiene razón!
El Sirviente Supremo de Kaos hizo un movimiento vago con la mano como restándole importancia al hecho, se haría su voluntad tanto si tenia que matar a mas gente como si no; semejante gesto termino de enfurecer al joven noble que empuño la espada para dar una estocada mortal y acabar con todo de una vez. Por desgracia los acólitos fueron más rápidos; todos se lanzaron sobre él para defender a su líder a costa de su vida. Antes de que ninguna de las dagas se acercasen unos milímetros más la monumental puerta de piedra estallo en múltiples fragmentos que terminaron por convertir el impresionante trabajo arquitectónico en metralla de un peso más que considerable.
Entonces fue cuando de verdad el caos se desato.
Gaudy, Agarer y Lina entraron haciendo un barrido a los acólitos cercanos a la entrada con sus armas favoritas, los prisioneros que en un principio habían estado pendientes de Aneletos para saber cuando llegaría su final se armaron de valor y aprovecharon la confusión para ayudar a sus salvadores con los pocos recursos de los que disponían; atacados por dos frentes los siervos de Kaos fueron reducidos en poco tiempo.
-
Amelia no espero a que sus compañeros llegasen hasta ella, se lanzo a por el bebe, su principal preocupación era el protegerlo de la locura que había poseído a Aneletos, y por eso no vio como el anciano sacaba una daga mucho más adornada que las de sus siervos; con la hoja forjada de tal forma que hacia ondas desde el mango hasta la punta: una daga puramente ceremonial. Una daga para sacrificar.
-U-N-A-L-M-A-
-¡Suéltame!
El grito de la dragona fue secundado por un nuevo intento de asesinato con la conocida maza que ocultaba bajo las faldas, Zeros dio un pequeño salto hacia atrás, pequeñísimo, lo justo para que semejante arma no le rozase y si cabrease a la antigua sacerdotisa dragón.
-Como digas… De todas formas tienes pocas curvas para mi gusto.
La vena se hincho, Firia sujeto con más fuerza la maza y Zeros no volvió a calcular con tanto tino. Por lo menos en un rato largo.
La joven se adentro por el pasillo de donde salía gente en unas pésimas condiciones físicas, con una rápida mirada a su alrededor localizo a sus amigos y les deseo suerte al tiempo que le lanzaba una amenaza al namagomi para que se pusiera en movimiento de una vez por todas. El mazoku se despejo lo suficiente como para poder usar su magia y abrir una salida segura al exterior de los túneles que corrían bajo la capital.
El demonio sonrió levemente cuando vio por el rabillo del ojo como una conocida bola de fuego dorado se manifestaba al final de la caótica sala. Sintió el terror de los acólitos, su miedo a no poder llevar a cabo el sueño de su Sumo Sacerdote; se dio un festín con ello y almaceno la nueva información para más adelante.
-
-¡Alteza!
Con la barrera física destruida el hechizo que le impedía sentir a la princesa había quedado inutilizado por lo que se había apresurado a venir cuanto antes. Llegando en el único momento que jamás quería haber visto.
Aneletos enarbolaba una daga sacrifical para matar a la última Guardiana de Seilloon; esta, distraída con el llanto del bebe, no se percataba de nada que no fuera la indefensa criatura mientras que Graders, sujetando una calavera, trataba de ponerse en pie de forma infructuosa ayudándose de su espada. El portador estaba a bastantes metros de distancia para llegar a tiempo.
Y él tenía prohibido el interferir de forma directa.
Podía ayudar a los amantes a pulir su dominio de Aghen, vigilar que nadie les importunase en caso que ellos lo pidieran y dar opciones a ciertas situaciones. Avisarles del peligro real, esa semi-alianza que había pactado con el Sacerdote-General, le había llevado a ser reprendido duramente, Cephid no quería que ninguno de sus paladines, representantes, caballeros… nadie que viese el peligro real de los hechos actuales moviera un dedo por ahora; el momento llegaría pero en ese instante se jugaban mucho más: debían saber si ellos dos, los "Cisnes", estaban verdaderamente preparados para lo que seria su autentica misión.
El dejarlos solos, sin apenas un guía, solo un simple ayudante en momentos puntuales, les iba a terminar pasando factura.
Y era la siguiente: uno de ellos terminaría muerto.
Por muy benevolente que fuese Cephid, por muy poderosa y previsora que fuese a lo largo de los milenios, en ocasiones la odiaba.
Ella no era quien para jugar con la vida de sus protegidos.
-
Zelgadiss vio perfectamente el movimiento del hombre vestido con la túnica, la forma en que sujetaba la daga y como miraba a Amelia; pero desde casi la mitad del pasillo no había forma humana de llegar adonde estaban. Bien por la cantidad de enemigos o la gran distancia a recorrer en tan poco tiempo.
Humana.
Él no era humano, del todo.
Algo que ahora agradecería debidamente a la locura que se apodero de su abuelo hacia años.
La quimera sonrió de manera fría, trasladándose a esa época en que el Guerrero Oscuro aterrorizaba con ella hasta al ejército mas preparado.
-
Graders apenas sentía nada, un cascote le había golpeado la pierna por lo que no podía ponerse en pie sin tener que apoyarse en algo, mientras que un acolito le había acertado en el brazo con una daga, el maldito arma todavía estaba clavada torturándole con cada movimiento y solo podía mirar como la princesa trataba de hacer aquello en lo que creía al tiempo que su némesis trataba de destruirla.
De un simple impulso, al recordar a la joven que había llorado lagrimas de sangre por él, se la arranco y grito para llamar la atención de la joven guardiana.
Ella se giro en el momento que escucho su nombre, el bebe protegido con uno de sus brazos, solo había tenido ojos para el pequeño y Aneletos mientras pensaba en la mejor forma de detener todo sin que nadie saliera herido; por desgracia su contrario solo pensaba en una cosa: matar, destruir todo lo bueno que tenía su casta. Vio como la daga se acercaba a ella y atino a cogerla con la mano sin cortarse; la aprensión que sentía ante un arma volvió a llenarla, quiso tirarla al instante que su mente volvió a asociar la muerte de su madre y la desaparición de su hermana mayor con la visión de un arma semejante pero no la dieron ocasión.
-¿Queréis saber una cosa alteza?
Levanto la vista de la daga al notar como la sombra de Aneletos la tapaba parcialmente. No pudo ver como los esfuerzos de Graders por levantarse se doblaban, la forma en que Zelgadiss apretaba los dientes y como sus amigos trataban de abrirse paso entre la muralla de fanáticos con la misma facilidad que la quimera.
-Rendíos.
-¿Me suplicáis? Deberías saber antes lo que quiero deciros: os odio. Sois dulce, amable y apasionada, cosas que vuestro compañero sabe pero que creo que no aprecia demasiado en una mujer. Pero esta es la verdad, vais a ser odiada por muchos, y durante mucho tiempo tras vuestra muerte, porque os habéis negado a rendiros a mí y así salvar millones de vidas inocentes.
-Mientes-dijo entre dientes. Era imposible que el hombre ante ella supiera tanto, quizás se lo inventase como Gaarve en El Pico del Dragón.
-¡Vos seréis el ultimo sacrificio!
-
Zelgadiss bajo la punta de la espada hasta el suelo, listo para correr y matar al hombre que amenazaba a su compañera. No sabía que le había estado diciendo previamente pero la postura del cuerpo masculino no le gustaba, él la conocía muy bien.
La había adoptado innumerables veces bajo las ordenes de Rezo.
-
Amelia levanto un brazo para proteger al bebe del ataque, el único brazo que tenia libre.
La mano que portaba la daga.
Aneletos no pudo terminar de frenar su movimiento, estaba muy cerca de conseguir un objetivo por el que generaciones de Sirvientes Supremos de Kaos habían luchado a lo largo de los siglos: matar a una Guardiana de Seilloon en el altar del sacrificio y arrebatarla su poder. Llevado por su peso y la emoción no calculo que la princesa todavía sujetaba la daga hasta que esta se hundió entre sus costillas y le destrozó el corazón.
-U-N-A-L-M-A-
Lina vio como los ojos de Amelia se llenaban de terror, como su mano terminaba manchada de sangre y la forma en que Zelgadiss se abría paso hasta ellos tres. Hace unos años ella había pensado que había matado a una niña, la sensación había resultado ser nauseabunda y se había derrumbado sobre Silphil sin fuerzas para enfrentarse a lo que había hecho. Lo único bueno para ella era que esa niña estaba muerta desde mucho tiempo antes, Aneletos estaba demasiado vivo para desgracia de su amiga.
-
La quimera sobrepaso al noble a la carrera, llegando a tiempo de oír las últimas palabras del último Sirviente Supremo de Kaos antes de morir.
-Muy bien hecho… ahora ellos vendrán y no tendréis paz… pero lo mas importante de todo es… que os odiareis… por haberos convertido en aquello que jamás pensasteis llegar a ser… una asesina.
Un borbotón de sangre surgió de la sonrisa de victoria que el anciano había mostrado hasta el momento de su muerte, su cuerpo quedo laxo cuando todo síntoma de vida le abandono y termino cayendo sobre la princesa.
Amelia dejo escapar un gemido de sorpresa en el instante que las palabras de Aneletos se abrieron un camino afilado y destructivo en su mente. Alguien la quito el cuerpo de sus brazos, otra persona tomo al bebe y ella perdió al fin toda fuerza terminando con la espalda apoyada contra el altar. Los ojos de Zelgadiss, con las pupilas todavía verticales por el uso de la magia, ocuparon todo su campo visual; varias lágrimas se la agolparon y acabo sintiendo como los dedos de la quimera se las limpiaban.
-No tiene razón Amelia-trato de convencerla-él no tiene razón.
El sollozo le descompuso.
Aneletos había vencido.
DOS PERSONAS QUE COMPARTEN UN ALMA: AMOR VERDADERO
Shadir: Llegar llegan, otra cosa es como. Creo que el nombre de Agarer ya lo habia aclarado antes en alguno de los capítulos, pero no esta de mas el hacerlo otra vez.
Jessiai: Dejarlo va ha ser que no, mas de un año con el fic pero lo acabare aunque sea lo ultimo que haga... Eso a quedado mal, no? Es una pareja a la que no le hago ascos pero... son un mazoku y un dragón, es jugar con fuego; pero te adelanto una cosa, esto no ha terminado, estate atenta por que la cosa sigue.
Sore wa himitsu desu.
