Disclaimer:
Los personajes de yyh no son de mi propiedad sino que son de Yoshishiro Togashi, yo sólo los he usado como una manera de entretenerme, este fick no esta escrito con fines de lucro, es de una fan para otros fans.
Notas:
Muchas gracias por los comentarios, en serio que me sirvieron mucho para seguir actualizando, y ahora estoy en campaña de seguir caramelos, ¡que emoción!, serían mis primeros dos ficks completos! Y les faltan la misma cantidad de capítulos para llegar al final, ósea dos.
Gracias a todos los que leen este fick, para mi es muy grato tenerles como lectores; recibí muchas hipótesis acerca de este episodio, y no, ninguna le ha acertado, pero fueron muy bonitas sugerencias, las cuales si no les molesta me daré el lujo de reservar para otra ocación, sé que no se esperan lo que viene en este capítulo; pues yo tampoco pensaría en ello si no fuese su autora; y no, no me elogio, pero planteé otro punto de este color; el cual, no tiene nada que ver con aspectos físicos; pero sé que al comenzar el fick se hará algo predecible.
Avisos comerciales:
Me sería muy grato si leyeran un fick que acaban de subir a esta sección, no estan claro en la obligación de hacerlo, pero estoy segura que les gustará algo; para mi sería muy bonito que le leyeran, pues es una autora nueva en esta sección y no estaba muy segura de colgar ficks de la pareja Hiei/Kurama por su inexperiencia; el fick se llama "Entre Petalos y rosas" por Patonejo.
Sin más que decir, he aquí el capítulo.
Matices
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"Negro"
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Estar deprimido es uno de los estados más comunes y constantes de los humanos, cosa, que en el caso del zorro nunca estuvo presente, o si estuvo nunca lo percibí a decir verdad.
-Si quieres puedes quedarte Hiei, voy a llegar muy tarde- estar deprimido quiere decir que le acompañaran unas lágrimas, las que no serán ni cálidas ni agradables o silenciosas, ni mucho menos te gustará verlas cuando caigan por sus mejillas.
El negro no es uno de los tonos que me gusta ver en Kurama, por que a él no le queda, ni le llega a los talones. Pero hay situaciones como esta, -que espero no se repitan seguido- en que se ve obligado a usar el negro.
-¿Cuántos tenía?-pregunté, miro el espejo donde se refleja su figura, la cual se ve más delgada de lo normal a causa del traje, y demasiado formal para mi gusto.
-Diecisiete, fue terrible- no me gusta cuando el negro es parte de sus prendas, por que deja a relucir lo demacrado de su rostro, lo cansado de sus ojos gracias a las marcadas cuencas de las pupilas o lo delgado de su cuerpo.
Por que le hace ver demasiado triste, aunque convine con el tono rojizo de su cabellera o el verde de sus ojos; por que me recuerda en parte que es mitad demonio, y si me lo preguntan la persona por la que estoy en esta casa-por la que no me regreso al Makai-, para mi no es de naturaleza demoníaca.
Sino humana.
El negro lo reservo para mi persona, por que soy yo quien debe de lidiar con el peso de los problemas tanto míos como los del kitsune, y si, puede sonar masoquista o egoísta, pero es mucho más fácil cuando uno se hace cargo de todo que cuando ves a esa persona -que aunque sabes nunca se lo dirás- que quieres, tenga que cargar con ello.
-¿Era una amiga de esa escuela ningen?-
-Más o menos, es raro, se me declaró varias veces pero jamás esperé que se suicidaría-
El negro lo uso bastante, y es que esta también en el color de mi cabellera, en el color de mis botas o en los pantalones que suelo usar.
El negro tiene muchos contextos pero en Kurama ninguno me gusta, prefiero cuando esta con el uniforme de escuela, cuando se pone la chaqueta naranja o cuando simplemente se queda en camiseta, caminando por los pasillos cuando no hay nada que hacer.
No puedes decir que es lo que te gusta de ese color, pero si lo que no te gusta de el.
-No fue tu culpa kitsune-
-Lo sé, pero, quizás si la hubiese escuchado, o si…-
-¿Si le hubieses dado una oportunidad?-
Veo como baja la mirada, lo ojos verdes están sin brillo, aquello tampoco me gusta.
No me gusta por que sé que cuando no hay luz, los colores al mezclarse terminan en ese tono, y que no hay nada que tú puedas hacer para devolverlos a como eran.
-No pienses en eso baka, de todas formas le habrías hecho algún daño, como dije no fue tu culpa- me deslizo de la puerta de la habitación, el kitsune esta apoyado en el marco de la ventana mirando hacia la calle, quedo tras de él, le abrazó disimuladamente con mis manos, apretándole con fuerza para que sepa que independiente de la situación, me tendrá a su lado en todo momento; y que no importa lo que pase o este pensando hacer sin decirme; por que aunque no se lo diga, me preocupo por él.
Por que lo sabré de todas formas con mi jagan
Por que aún que no quiera de todas formas leeré su mente para averiguar lo que le pasa.
Por que sé que él no aguantará que yo no le hable por más de una semana –suponiendo que llegase a ese extremo por averiguar que le pasa- hasta haber conseguido lo que quiero. Kurama no es de aquellos que aguantan la ley del hielo; -a diferencia mía- descubrí que la mejor forma que hay para que un humano te diga que ocurre es no hablarle y no preguntarle nada, por que terminan contándote ellos mismos sin que se lo pidas.
-Gracias Hiei-
-¿Y vas a ir o no al funeral Kitsune?-
-¿Ya oscureció?; es que comenzaba a las diez- miro por la ventana, el cielo esta negro, pero en el no hay una sola estrella brillando.
Ese negro es uno de los que me gustan, aunque no es mi favorito a decir verdad, el de la noche, el que se alumbra con la luna, el que queda cuando Kurama se ha ido a dormir.
-¿Esta bonita la noche cierto?- exclama, la luna es lo único que se alcanza a ver, y el brillo mortecino de esta se deja reflejar por la ventana dándole de lleno en el rostro. Hace brillar de tal manera sus ojos verdes, que sé, me quedaré mirándolo hasta que haya decidido dejar de mirar por la ventana.
Ese negro no se puede reemplazar, no se puede pintar para que deje de ser negro, ni tampoco puedes ocultarlo en una cajita para guardarlo como recuerdo.
-La luna parece una galleta grande, ¿no Hiei?- me sonrío con cinismo, en estos casos prefiero seguirle la corriente.
-Si baka- ahora que la miro, si, parece una galleta grande, unas cuantas estrellas han aparecido en el cielo, ya no se ve ese negro sepulcral que estaba antes.
Ese negro sin estrellas es el mismo que veo cuando tengo una pesadilla, y el mismo que he visto muchas veces cuando he quedado inconciente en una pelea, es un color que sé, Kurama no ha visto, y que espero no vea jamás.
Por que duele, por que sientes que algo te carcome, por que de pronto no sabes si estas o no vivo.
Solo hay un negro que me ha llegado a gustar, aunque más que ser negro, es gris, un gris muy oscuro, un gris adornado por ciertas cosas con formas humanas.
El gris que se produce cuando Kurama apaga la luz de su habitación.
Por que luego sé que pasaran cosas divertidas.
-Kitsune llegarás tarde, ya muévete de la ventana-
-No me tardo Hiei, sólo iré a dejar una condolencia-
-Has lo que quieras-
-No te vayas a ir de la casa eh-
-Como si me fuese a mover al Makai baka kitsune, haya no hay nada interesante-
-M alegra oírte decir eso-
-Por ahora-
Sé que se molesta cuando digo algo como aquello, pero, ¿para qué me iba a ir al Makai cuando haya no hay nada que me divierta, además de las peleas?
-¿Te traigo nieve dulce?-
-Kurama, a esta hora dudo mucho que encuentras algo abierto-
-Bueno, pero luego no digas que no te pregunté-
-Ya vete- se sonríe, me hace una señal con la mano, baja las escaleras; escucho el sonido de la puerta golpearse.
Me asomo a la ventana; veo como el zorro sale de la casa, me quedo en el marco, vislumbro como el traje le queda un poco grande, o quizás sea el efecto que se produce gracias a las luces de los faroles de la calle.
Sólo hay una cosa que le agradezco al color negro que acompaña a la noche; en especial cuando hay pocas estrellas para delatarme, y es que me permite seguir al kitsune a donde sea que vaya sin que se percate de mi presencia.
Como ahora.
Siento la brisa del aire frío en las mejillas, olvidé la bufanda en la cama al salir por la ventana; pero aquello ya no es importante.
-Gracias por venir Shuishi-
-Era lo menos que podía hacer-
Escuchó el susurro de su voz, y cuento el número de pasos que da antes de cerrar la puerta de la iglesia; seis pasos.
Seis es un buen número, telepáticamente cuento que hay más o menos unos veinte humanos; y todos están vestidos del mismo color. Me doy el lujo de bajar del techo, apoyo la espalda en el respaldo de la puerta del recinto sin hacer ninguna especie de ruido, por que sé, mientras sepa como ocultarme del zorro le podré cuidar sin que él se de cuenta de ello.
Y es que eso es lo único que me gusta del color negro.
Continuará-
Próximo matiz: Dorado
Narrador: Kurama
Gracias especialmente a:
angg, Sakura-chan05, Ana, -ReScUe-CoLuPtOr-, Kitty_Wolf, nejitoo, VampireDarkRogueWind y En-Satsu-Rengoku-Shou
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…Esto no puede ser, no soy así…
…Aún recuerdo aquel día cuando miré el cielo…
…A aquella estrella yo le pedí…
…Que mis sueños me ayudara a realizar…
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-Shooting star-
(Naruto Shippuden)
Versión al español por Dualkey
