Buenas a todos. Cuando el insomnio nos lleva en una dirección que no es la correcta, sucede esto; escribir algo diferente y no la continuación que debería de ser... Lo siento pero ésto se dió rápido así que se los dejo y al final me dicen si les gustó o no. ¿ Recuerdan ese fic llamado ' Ni en cuenta " ? Pues podría ser el pasado de esa trama... Tal vez. Muajaja!.
Hacía tiempo que el santuario había recobrado su esplendor. Caballeros caídos habían regresado de entre los muertos como recompensa a su sacrificio. Efectivamente, aquellos caballeros que murieron frente al muro de los lamentos regresaron tiempo después.
Ahora había que comenzar una nueva era y como siempre el trabajo dentro del santuario sobraba.
Shion había regresado cómo patriarca, cómo debería haber sido y comenzó a dar instrucciones. Se sorprendió en ver quién era la o él responsable de la vigilancia del lugar. ¿ Un caballero femenino? Había sido la pregunta ante la mujer de cabellos verdes que se postraba delante de él.
Shaina intento responder de la manera más respetable posible... Era el patriarca. Pero a la portadora de Ofiuco en verdad le hacía oprimir la mandíbula. Estaba harta de que cualquiera la subestimara, no solo a ella sino a sus compañeras, Marin era una chica excepcional y June, bueno a ella no le conocía tanto como a la japonesa, pero era tierna y un tanto ingenua. Pero bueno, ahora con la cara de sorpresa del viejo Shaina estaba echa un toro, ¿No la creían capaz? Odiaba a cualquiera que la considerara una mujer débil, frágil o inclusive inútil. Ella no tenía miedo, fuera Dios guerrero, Marina o inclusive un Dios olímpico, que se fueran al demonio si trataban de turbar la paz.
Teniendo eso en mente y que la tarea que recién le era encomendada no era sencilla, debía esperar al inicio de los doce templos al caballero que debía ir a completar la misión junto a ella. Observó el papiro con detenimiento obviamente portaba la armadura por el aparente "riesgo" latente del cual fue informada.
Y mientras se dedicaba a observar el mapa antiguo, se percató del aroma extraño que llegó a sus fosas nasales. No era extraño, era indescriptible, cómo una esencia distintiva, sin saber el por qué, el vientre se le contrajo, era malo o acaso¿ Le gustaba? Bueno que importaba.
—¿ Eres tú quien irá conmigo?— la voz ronca atrajo la atención de la guerrera.
El sol de medio día reflejaba el esplendor dorado de esa silueta. Era alto y una espesa cabellera azul caía detrás de ese hombre. Shaina debió colocar su mano frente a ella para poder ver a su interlocutor, pues éste le cubrió completamente. Ahora veía cuan pequeña era al lado de cualquier caballero dorado.
— Te informaron mal caballero de...oro— atinó a decir en lo que descifraba de quien se trataba. Observó los picos en las hombreras y rápidamente dedujo. — Milo de escorpio, si mal no recuerdo.—
Hubo silencio un poco incómodo. Realmente ninguno antes había cruzado palabra alguna y ahora estaban ahí frente al otro. Pero después de ese momento Shaina le ordenó seguirla. Vaya que esa mujer era mandona. Bueno ese fue el pensamiento del caballero dorado.
Durante el trayecto la amazona habló sobre lo que debía hacer.
1: encontrar la entrada en la parte posterior de la montaña que sostenía a los doce templos.
2: explorar el sitio con precaución, ya que, era un sitio antiguo y peligroso.
3: por último, sellar la entrada para que nadie nunca sepa que ahí existía un pasaje subterráneo que conectaba desde el otro lado hasta el santuario y los doce templos.
Explicándole eso al caballero, Shaina y Milo después de ubicar el sitio lograron encontrar una entrada pequeña, en el cual, solamente podría pasar una persona a la vez.
— Iré primero. — cómo era costumbre la amazona se introdujo.
El caballero dorado resoplo, ésta mujer pretendía hacerlo su mozo.
El sitio era oscuro, así que Shaina encendió una barra de luz neón.
— Creí que entrarías con una antorcha. — sonó sarcástico al ver la luminiscencia en la mano de la chica.
— Sólo si deseas morir... De nuevo— respondió sin mirarlo.
A Milo las palabras de Shaina comenzaban a pegarle, en el orgullo obviamente.
— Bueno, se alcanza a distinguir un pasillo por tu derecha, supongo que por ahí debemos ir. —
Y sin más, Shaina comenzó a andar, ignorando completamente que iba acompañada. Y mientras más caminaban el ambiente era más tenso. En todos los aspectos.
— Yo creo que debimos simplemente sellar la entrada desde afuera en un principio. Estamos caminando inútilmente. Nadie vendría por aquí, está oscuro, húmedo y parece que de un momento a otro todo esto se irá a la merde, —
Pero para Shaina lo que dijera el caballero detrás de ella no importaba ella tenía órdenes y debía cumplirlas al pie de la letra. Y la verdad es que no habían andado más que cómo unos pocos metros, para que el dorado comenzará a quejarse. Pero el caballero parecía impacientar a cada paso y ella odiaba que la gente se quejara.
— Puedes regresar si lo deseas caballero de escorpio, de verdad —
— Necesito que salgas para poder darle un buen golpe y que parte de la montaña sepulte esto. —
Shaina se detuvo y lo encaró.
— yo puedo hacerlo, así que puedes irte. No necesito de tu fuerza para cerrar la entrada. —
— Claro que sí—
— En lo absoluto. —
— Lo dudo, eres un santo de plata y tirar una parte de la montaña no es precisamente para un rango así.—
— ¿ Me llamas inútil?—
— no, solo digo que requiere de un poder mayor.—
— ah— lo observó de arriba a abajo .—y como tú destruiste junto a otros el muro de los lamentos te crees todo un semental, ¿ No? —el tono era demasiado provocador.
— Mori, mejor dicho, todos fallecimos al intentarlo, no deberías ser tan irrespetuosa.—
— Ja!, ¡Eres muy petulante. Mira de verdad, si no deseas estar aquí vete, yo puedo sola!
— Que terca eres, no puedo irme y decirle a Shion " yo estaba de más, esa mujer se las puede todas" ¡no niña, o regresas conmigo o de verdad te dejo aquí encerrada!—.
Ninguno de los dos se percató que estaban alzando la voz cuando el lugar comenzó a temblar y crujir, de un momento a otro el techo de los pasadizos comenzaron a colapsar sobre ellos. Golpearon algunas rocas pero cuando todo cayó detrás de ellos corrieron para no ser aplastados . Al final una leve nube de polvo los cubrió.
— Genial, ahora ya no podemos regresar. Gracias por eso caballero dorado.—
¿Ahora lo culpaba? Pero si habían sido ambos los que no observaron dónde se encontraban cuando alzaron la voz.
—! Que arpía más fría eres! —
Shaina se detuvo y lo fulminó debajo de la máscara.
— ¿ De eso se trata?, ¿ Crees que por ser un caballero de alto rango puedes ofender? , Eres arrogante.
— Lo mismo digo. Mujer terca. Eres la vigía, no mi superiora. Deberías entender tu lugar.—
Las palabras hieren más de lo que uno puede creer cuando se pronuncian con tanto afán. Shaina debió sentirlo por qué en el pecho algo le hacia punzar de tal manera que sentía dolor. Si, anteriormente la habían menospreciado por creerle incompetente, por fracasar, por ser mujer... Eso ya le calaba y muy hondo. Sin querer una lágrima resbaló hasta el borde de su máscara, pero en la oscuridad nadie era capaz de notarlo. Se dió media vuelta y comenzó a buscar un pasillo que la llevara lejos, no buscaba una salida sino un lugar que la apartara de ese hombre. Y lo encontró así que comenzó a andar, le importaba un carajo si era seguida o no.
— Oye, espera ...—. Milo la siguió rápidamente. Tal vez si se había pasado con su comentario. Pero ella...
Cuando la alcanzó le detuvo por el brazo y la giró.
— Discúlpame por lo que dije, es solo que reaccioné al sentirme agredido por ti, tus palabras son incisivas.— ella lo evitó a toda costa.
— No tengo por qué disculparlo. Somos caballeros de Athena, tenemos que entender que somos iguales. —
— ¿ Iguales?, Disculpa pero tú— la observó a conciencia, era una mujer que vestía con poca ropa y su armadura dejaba mucho sin proteger, era obvio que cualquier hombre se veía más interesado por lo que ese físico bien trabajado poseía, buenas piernas, largas y muy bien torneadas, caderas anchas y nalgas firmes, cubiertas por solo un leotardo color marrón y el peto de la armadura, horrible para su gusto, tal vez ocultaba pechos cómo los de cualquier mujer. ¿Pero por qué de repente definia a esa mujer?, era mujer como cualquier otra. Bueno, con un entrenamiento y acondicionamiento físico con muy buenos resultados. Conociendo a varios de sus compañeros seguramente se interesarían mucho en ir a espiar a las guerreras en las barrancas destinadas a ellas, el nombre de Death Mask llegó a su mente. De verdad ya estaba divagando demasiado.
— No se te olvide que soy un caballero femenino. Milo de escorpio.— replicó cuando sintió el escrutinio sobre su persona.
— Y que renunciaste a tu feminidad para rendirle devoción a Athena. Y que por ello portas esa máscara inexpresiva, la cual debes defender y no permitir que ningún hombre te vea, por qué es un insulto peor que ser vista desnuda...bla,bla,bla. Patrañas—
Shaina lo miro llena de furia. ¿ Quién era el para burlarse de sus reglas? Bueno las reglas de antaño que aún regian a los caballeros femeninos. Unas reglas muy... Absurdas, ahora que lo analizaba. Ella ya había sido vista por más hombres que cualquiera en el santuario. Bueno, no por el caballero frente a ella. Tal vez Milo tenía razón. Patrañas.
Todavía le duele saber que Seiya no se decide en responder a sus declaraciones... Tal vez el adolescente ni siente nada por ella. Ahora que recordaba ella ya era mayor, veinte años para ser exactos y el mocoso, todavía diecisiete, otra dificultad¿ O no? Bueno, hacía tiempo que ya no pensaba en eso hasta ahora. Y si seguía divagando menos terminaría la misión. Solo sintió como el caballero pasó de largo a su lado. Sacudió su cabeza y caminó.
Encontraron otro túnel y la mitad de una parte tenía rocas apiladas. Parecían no tener mucho que habían caído.
— Según el mapa esta era la entrada a un templo. No dice a cual, pero en el manuscrito que leí previamente decía que el antiguo caballero de cáncer la había añadido—
Milo observo a la chica y de nuevo la pila de rocas.
— ¿ Y para que?— indagó curioso.
— en fin debemos seguir— añadió sin responder la pregunta.
Milo suspiró. De verdad quería golpearla.
Más adelante el techo estaba totalmente colapsado. Era el único camino que tenían. Y bueno ya dadas las circunstancias, podían regresar y cerrar la entrada aunque debían quitar el escombro con mucho cuidado. Era posible salir de ahí, lo sabía, por qué aún tenían oxígeno lo que indicaba que debían apresurarse .
— Bueno como pensé, está sellada. Ahora, larguémonos de aquí. Está comenzando a sentirse caliente. — Milo dió media vuelta y caminó de regreso. Pero, el calor no deja de cesar y la armadura era como una olla para cocinarlo vivo. Cómo pensó en Camus, el francés ya le habría congelado hasta la conciencia.
El griego se detuvo. Ya no toleraba más, tenía sed y su temperatura iba ascendiendo. Se recargó en la pila de rocas supuestamente en la entrada de cáncer, cuando observó una botella, más bien como una pequeña anfora que entresalia en el piso. La sacó y observó que contenia algo, tal vez era agua. Así que la destapó pero antes de que el líquido llegara a sus labios la mujer se la arrebató.
— Las damas primero...— y le dió un sorbo.
— Oye yo la encontré...— cacareo furioso .
Pero pronto el sorbo le fue escupido en la armadura. Y la guerrera maldijo en miles de lenguas.
—¡ sabe horrible!— en una mano llevaba la máscara y en la otra la pequeña botella.
Milo tenía una expresión malvada. Por fin, el karma exprés.
— ¿Te divierte tu broma perversa?, Eres un imbécil.
— De que hablas, esa botella la encontré en el piso. Debiste preguntar y no venir como una chimpancé urgida. — le quitó la botella, tenía una inscripción en otro idioma. No pudo deducir cuál era.
La amazona se limpio las boca con su pañoleta. Ella también estaba sudando como cerdo. El oxígeno se agotaba. Observo que Milo sudaba igual o peor. Se estaban cocinando vivos. Ya era más de medio día y si no salían, morirían.
— ¿ Por qué no te quitas la armadura?, así podrás aminorar el calor— casi jadeo para decirlo. En verdad estaba consumiéndose en vapor.
— Esa es una buena idea. — el griego aceptó ignorando el trasfondo de aquella petición e hizo que la armadura se desprendiera de su cuerpo y tomara la forma habitual. El resplandor era bello, iluminaba totalmente el sitio con su luz dorada.
— Aré lo mismo.— cuando la armadura de plata de Shaina se desprendió, quedó a un lado de la de Milo.
No había problema en cargarlas, cuando encontraran la salida les llamarían encendiendo su cosmos.
Sin embargo, el calor iba en aumento, Milo se desprendió de su camiseta, totalmente empapada, dejando ver el torso, Shaina tragó grueso . Era un moreno muy atractivo en verdad. Tanto que no se percató que la mujer le seguía de manera invasiva. Hasta que giró.
— Podrías darme un poco de espacio. Gracias.— dijo pero al momento de darle la espalda algo lo cogió por los hombros y lo regresó.
— Por favor, dime qué no solo soy yo solamente y que te sientes morir por el calor.—
El caballero la observó, estaba totalmente bañada en sudor. Los cabellos se adherian sobre el rostro de ella. Y su respiración era agitada, tenía las mejillas totalmente ruborizadas. Ah y tenía las pupilas dilatadas.
Milo conocía el rostro femenino perfectamente. Las doncellas de Saori por ejemplo, delicadas y finas, la misma Saori, una jovencita elegante, obvio, la reencarnación de una diosa.
Pero esta mujer, debía tener algo, por qué incluso el precario estado de ella no le causaba incomodidad, por el contrario, estaba absorto en cada facción sudorosa y sucia por el polvo. Identificaba lo que significaba, estaba atraído por las garras de la seducción femenina. El ambiente era tenso, el calor, sudor y ganas de arrancarse la ropa no iban a ser buenos consejeros. Era un caballero dorado, su celibato iba a irse al fango.
En especial ese olor que ahora ella desprendía no lo identificaba solo sabía que cada bello de su cuerpo estaba erizado cómo respuesta a algo y la piel estaba experimentando una hipersensibilidad extrema, tragó varias veces para poder deshacer el nudo en su garganta. Estaba completamente excitado.
— Que los dioses me perdonen por lo que voy a hacer.—
Así que tomo por los hombros a la mujer y bajó su rostro hasta el de ella y la besó. Pero no un beso casto, no señor, si no más bien uno urgente y desconocido para ambos, tanto que casi caen los dos. Ella no se vio sorprendida sino más bien agradecida, el vientre le iba a explotar por el cosquilleo y la sangre a reventar las venas. Por supuesto ambos estaban calientes, literalmente. Y ese ambiente sexual los haría cometer un error. Por supuesto, sólo se apartaron para jadear el poco oxígeno que existía ahí. Y si continuaban, seguramente morirían asfixiados. Pero, no parecía importarles.
Shaina ya estaba sobre el dorado y este la sostenía por la cintura, sus manos vagaron por el torso de ella, solamente tocaba la piel expuesta que dejaba entrever el leotardo . Tocó su cuello y la espalda de la joven. Aunque en un principio le fue agradable al tacto, hubo algo que frenó su intento de exploración.
— ¿ Son cicatrices?—
Milo preguntó tocando cada imperfección en la espalda de ella. Estaba sorprendido, era demasiada la piel dañada, aunque a simple vista no era notoria, tocar, era otra situación.
Shaina aún tenía un nivel de excitación fatal, pero escuchar la cuestión de Milo pronto trajo a ella la cordura, se sentía incómoda.
—... Perdón caballero dorado. Lamento esto, no sé que me pasó. Yo... Lo siento— avergonzada se levantó de encima del griego y con dificultad se distanció un par de metros.
— ¿ Por qué tienes tantas cicatrices? , Eres un Saint femenino, ustedes rara vez se ven inmersas en batallas letales. Las únicas que conozco que han desafiado batallas mortales son... las saintias. —.
Milo ignoraba totalmente la historia del caballero de Ofiuco, Shaina sintió su orgullo irse al fondo de su alma. ¿ De verdad nunca nadie le daría crédito por lo que había hecho? Así que tomo un poco de aire y miró a los ojos al griego.
— Son cicatrices de mi pasado. Un caballero dorado me hirió por interponerme en su camino al tratar de matar a un inocente, la otra es la flecha de la armadura de sagitario regresada por el poder de Poseidón— la joven caminó hasta quedar frente a Milo, quién no parecía creer lo que escuchaba. — Y como yo, otras han sido heridas de igual manera. —
Milo se frotó el rostro, estaba en silencio, el no sabía.
— Yo desconocida por lo que habías pasado. —
Shaina caminó hasta las pila de piedras y comenzó a quitarlas, Debia salir si, o si. Ya era demasiado, tener un altercado sexual casual con un desconocido y al mismo tiempo un compañero de armas era vergonzoso...¿ O no?.
— Eso es lo bueno de ser un caballero femenino, nosotras tenemos nuestras barracas destinadas y ningún hombre puede acercarse. — continuó quitando piedras. — Se entiende que ningún caballero de oro se interese en nosotras. —
—No somos los arrogantes que tienes en mente. —
— Solo son inalcanzables... —
— tienes una muy mala percepción de lo que es un caballero dorado. —
Milo comenzó a retirar las piedras, pero sin dejar de ponerle atención a la mujer que se veía furiosa y lastimada, parecía querer salir corriendo de ese sitio. No la conocía más que por el nombre y la constelación, pero hoy había ido mucho más lejos de lo que debía, se avergonzó de su actitud hacia ella, era una guerrera formidable tal vez y el había cometido un error. Pero ¿ Por qué?¿Por qué de un momento a otro hizo caso a sus instintos? No solo él, de eso estaba seguro, ella también se estaba convirtiendo en una tigresa. Recordó la ánfora la buscó y de verdad ignoraba lo que la inscripción anunciaba. , Olfateo y el olor le provocó el mismo efecto que la chica de ojos verdes.
¿ Son verdes? Ahora que la miraba tan afanada en salir recordaba a la perfección el color de sus ojos.
—¡ Estúpida salida, abre de una maldita vez!— gruñó desesperada intentando arrancar el escombro con las manos.
— Desesperarte solo hara que termines agotada.— le tomó ambas manos y la hizo mirarlo. Ella tenía lágrimas en los ojos.
Al soltarse se apartó de él, no quería que esos zafiros la mirarán de la forma en que lo hacían. Finalmente Milo encendió su Cosmos y golpeó la entrada. Todo el material fue expulsado hacia el templo de cáncer. Por fin el aire llegó a sus pulmones y salieron de inmediato. El ruido debió alterar al residente puesto que pronto llegó hasta donde ellos.
— ¡¿ Quién demonios hizo esto?! — miro furioso el desorden y al par que salían de ahí. — Milo imbécil, mira por Athena, cómo dejaste el piso.—
El caballero de cáncer era demasiado observador, el dorado de Escorpio tenía compañía. Una mujer de cabellos verdes y sensual. Los peores pensamientos vinieron a él.
—¡ WOW! ¿ Y me castigan por salir fuera del santuario, en busca de un buen polvo cuando tú lo haces dentro del pasadizo?— se cruzó de brazos, indignado.
Shaina quedó atónita.¿ Había escuchado bien?.
— Oye preciosa, aquí hay un italiano que podría hacer mil veces mejor las cosas que el Escorpión. —
DM se le acercó pero Shaina encendió su cosmos y la armadura se adirio a ella.
— No. Idiota. — y la chica se fue dejando a ambos ahí.
—¿ Que rayos fue eso Escorpión?- estaba impresionado, era una amazona. Por supuesto.
—; Imagino que esto es tuyo.— le mostró la botella.
— ¿ Dónde la encontraste?—
— Ella tiene razón, eres un idiota—
Milo guardó la botella y salió del templo de cáncer.
Continuará.
