Título:No hay opción
Prompt:Elegir
Género:Drama
Extensión:418
Para mi husbando Y gracias a las gatas locas por el beteo 8D

—¿De qué querías hablar, España idiota?

Antonio, lejos de molestarse, lo miró enternecidamente. Le revolvió los cabellos, cuidando de no tocar cierto mechón delicado. Lovino, como siempre, infló las mejillas y se sonrojó enojado. El italiano ya había crecido, tenía una apariencia de unos doce años; no obstante seguía siendo un niño.

—Me llamaste para hablar. Habla —ordenó una vez que sintió que no podía aguantar más.

—Lovi… —se encogió para estar a su altura y para que sus ojos se enfrentasen—. Me han comunicado que debo hacer un viaje. Un viaje largo.

—¿Y qué quieres que haga al respecto, idiota?

—No entiendes… Éste no será igual a los demás viajes que he hecho —de a poco su mirada comenzó a destilar melancolía y seriedad, al mismo tiempo que su sonrisa se borraba paulatinamente—. Es probable que tarde mucho tiempo en volver. Unos años inclusive…

Eso pareció caerle como un balde de agua fría al más joven. La expresión que se instaló en su rostro no tardó en delatarlo: estaba prácticamente paralizado, no se había esperado aquello para nada.

Sabiendo cómo actuar —aprovechando que Lovino había bajado la guardia—, Antonio lo tomó entre sus brazos y lo estrechó. Elevó una de sus manos y le acarició el cabello. Poco después el menor se arrimó aún más, hundiendo el rostro en su pecho y posó sus pequeñas manos sobre los hombros del español, arrugándole la ropa al cerrar los puños.

Anticipándose que podrían estar así el resto de la noche, España lo levantó y lo llevó a su habitación; mientras que Lovino no parecía tener ni la más mínima intención de soltarlo. Se sentó en la cama con el niño todavía encima, esperando alguna reacción. Sin embargo los minutos pasaban y eso no ocurría.

—Lovi, ¿por qué no te pones el pijama…? Ya es tarde.

—No te vayas… —susurró tímidamente. Antonio sonrió con melancolía.

—No tengo opción, Lovi querido…

—¡Sí, puedes elegir quedarte, idiota!

Antonio suspiró. Lovino ya no era un infante, pero se notaba que todavía había cosas que le costaban entender o aceptar. Se tiró de espaldas a la cama, al mismo tiempo que notaba cómo su camisa comenzaba a humedecerse, a lo que pronto le siguieron una serie de sollozos. Tragando amargamente, el español deseó mil veces un cabezazo en las entrañas antes de tener al otro llorándole encima.

—No te preocupes, volveré antes de que nos demos cuenta —le besó entre el cabello y no lo soltó sino hasta la mañana siguiente.

Título: Al toro por los cuernos.
Prompt: Toro
Gémero: ...Romance?
Extensión: 289
Advertencia: DOMINADOR!Antonito?

La bestia enojadísima lo persigue, dando zancadas de furia, embistiendo y destruyendo a su paso, dirigiéndole la más peligrosa de sus miradas asesinas con sus ojos castaños. Antonio se deja acorralar, porque ello es lo que quiere: hacerle creer al violentado ser que lo destrozará.

Pero no es un manto rojo brillante lo que ha hecho danzar para ganarse la persecución, sino que simplemente ha llenado a la bestia de besos, caricias… y lo ha tocado en una zona sensible.

Lovino Vargas, más peligroso que cualquier toro que el español se haya enfrentado jamás, grita dañándose la garganta, jurando que se las pagará. Antonio reconoce el momento en el que tiene que poner en práctica sus mejores habilidades de torero y se prepara. Se relame los labios, con una sonrisa que oscila entre la burla, la diversión y el disfrute de la victoria que sabe que se le avecina.

Él se ha metido deliberadamente en problemas, porque sabe que al toro lo tomará exitosamente por los cuernos.

Por fin el italiano da el paso que lo llevará a su perdición. Se acerca sin pensar y el de ojos verdes no sabe cómo, pero con toda su habilidad y lo toma, lo hace moverse como él lo desea y finalmente lo obliga a caer sobre la cama. Unos instantes después se sube sobre su presa, quien escupe fuego en forma de palabras groseras, y la domina con habilidad.

Después de unos besos, lamidas y palabras sucias que ha aprendido de su amigo francés, apacigua a Lovino; lo tiene a su merced y convierte sus gritos en gemidos placenteros. No mucho después el italiano se rinde y se entrega mansamente.

Y sí, efectivamente ha tomado al toro por los cuernos exitosamente.

Título: Reencuentro
Prompt: Viaje
Género: Romance/Drama
Extensión: 590
Advertencia: Lime 8D

Ahora que ha vuelto, ya casi nada le importa. Sólo quiere verlo. Antonio corre lo más rápido que sus piernas se lo permiten, sacándose su pesado abrigo. Se topa con la escalera y sube los escalones de a dos.

¿Le habría llegado la carta que le había enviado, la cual anunciaba su regreso de América? Pues eso ya no importa porque está en casa, por fin ha regresado; además, pronto lo descubriría.

Jadeando por culpa de la excitación y por no haber hecho otra cosa más que correr desde que ha llegado a su tierra, abre la puerta de un golpe. Allí está Lovino, quien se sobresalta a causa de la violenta entrada. Su mirada se ensancha por la falta de credulidad y de sus manos se cae lo que fuese sosteniendo en ellas. Y no, seguramente él había llegado antes que la carta.

Pocos son los segundos que necesitan para analizarse: el italiano ve que España no ha cambiado nada, únicamente que de su aura usualmente alegre y despreocupada emana agotamiento. Antonio, por su parte, descubre un Lovino casi nuevo. El menor ha crecido, ya no es un niño sino un muchacho. No obstante, sabe que por dentro sigue siendo el mismo joven enojón y mal humorado, que esconde a otro sentimental y un poco débil.

Pero España ya no puede más.

Se acerca apresuradamente al otro y cuando éste piensa que va a abrazarlo, le redirige el rostro hacia el suyo para besarlo. Lo hace con pasión desmedida, la misma pasión que fielmente se ha contenido por tanto, tanto tiempo. Romano lo acepta instantáneamente, rodeándolo por el cuello.

No mucho después, las prendas de ropa comienzan a caer al piso. El italiano parece querer retener un poco el momento y hacerlo con dulzura, algo inusual en él —pero cabe rescatar, que tampoco es algo de todos los días que su persona más importante regrese de un viaje interminable—. Antonio, en cambio, toca la piel expuesta con lujuria, como degustándola con sus manos antes de devorársela.

Ha visto tanta sangre, tanta muerte, odio, enfermedad, violaciones, dureza, crueldad; que ya está harto. Lo único que lo ha mantenido con cordura todo ese tiempo es la idea, el deseo de reencontrarse con Lovino. Durante todos esos tediosos meses se ha imaginado compartiendo tomates, cantando y bailando a su lado; pero también ha descubierto que no lo ama como a un hermano o a un amigo, sino como a alguien todavía más especial. Entonces, durante sus días en la lejanía, se soñaba besándolo como en este preciso instante, inclusive tuvo que autosatisfacerse algunas ocasiones.

Afortunadamente para él, ahora todo es real. Maldita sea, es el ser más dichoso del universo.

Toma a Lovino y lo lanza sobre la cama. Sigue besándolo, sacándose las ganas que se habían acumulado todo este tiempo. Sin embargo, sujetándolo del rostro, el menor lo obliga a detenerse. Lo mira a los ojos con intensidad. "¿Estás seguro?", "tranquilízate", o "estás demente" son las interpretaciones que Antonio cree posibles. Y no importa cuál sea realmente, él tiene la respuesta que Romano necesita:

—Es que te amo, Lovino.

Éste se sonroja más de lo que está y desvía la mirada tímidamente. El de ojos verdes le acaricia la mejilla y por primera vez lo besa con romanticismo y sin lujuria. Pero ella poco a poco retorna a través de caricias, suspiros y más besos.

Y por fin el rito tan deseado, aunque pecaminoso e inmoral para los tiempos que viven, se lleva a cabo en la alcoba de España.

Título: Características
Prompt: ¡Idiota!
Género: Humor
Extensión: 194
Advertencia: La boca de Lovi?

Lovino no sabía si lo mejor era asesinar a Antonio o suicidarse. El homicidio sería lo mejor para callar para siempre al español, pero si se quitaba la vida, no podría recodar el vergonzoso momento en el que le había preguntado al de ojos verdes qué era lo que le gustaba de él, por qué se había enamorado del italiano. El momento en el que se había autoproclamado un idiota.

¿Para qué, por el amor a la salsa de tomate, le había hecho tales preguntas?

Desde ese instante, Antonio no había hecho otra cosa más que resaltar cada una de sus características. Las físicas, como sus ojos, su voz, cabello, piel, el mechón tan único en el mundo; y las de su personalidad, desde su muy bien escondida preocupación por Feliciano y su amante, hasta su humor de perros siempre tan a flor de piel.

—¡Ya es suficiente, idiota! —gritó, cerrando sus puños.

—Pero… ¡todavía no empiezo a enumerar los hermosos momentos que pasábamos juntos cuando eras un niño! —replicó, muriéndose de ternura.

—Eres odioso, español imbécil —se resignó, después de un breve silencio. Pero Antonio simplemente rió.

—¡Hasta tu deshonestidad es hermosa, Lovi!