Título:Relación enfermiza
Prompt:Psiquiatría
Extensión:110

Su relación es enfermiza, así de simple.

Se acarician, se golpean; se susurran las palabras más eróticas, se gritan los insultos más hirientes; se funden en un abrazo, se empujan con repulsión; reconocen las virtudes del otro, critican destructivamente sus defectos; se aman, se odian.

Francis y Arthur saben muy bien que su relación es un dulce delirio. Se dan cuenta cuando se limpian el hilo de sangre que adorna sus labios y cuando deben ponerse hielo sobre un ojo hinchado.

Pero también notan que no pueden vivir el uno sin el otro, cuando después de no verse por unos días se extrañan más que a nadie en el mundo.

Prompt: El peor amante del mundo
Género: Humor fail
Extensión:294
Advertencia:Son Francis y Arthur, así que...

Al mismo tiempo que desabotona los pantalones de Francis, Arthur se autoproclama el príncipe de los imbéciles (porque está claro que el rey es el francés, no hay duda de ello).

Debería haber apaciguado su orgullo como siempre, en vez de hacerse la estúpida idea de que no era justo que el amante del vino sea el que siempre toma la iniciativa. Sin embargo ahora no tiene escapatoria, sabe que cuando de sexo se trata, no se puede vencer al francés.

Todo había comenzado unos minutos antes, cuando decidido más que nunca, había tomado a Francis de los hombros y besado con furia. Había sido un beso tan, tan de principiante que sus labios terminaron lastimándose con sus dientes. Al separarse Francis lo miró sorprendido, "¿qué mierda te pasa?", y el inglés comprendió que debía huir, dado que había arruinado todo.

No obstante, escapar del francés es una idea absurda. Percatándose de la vergüenza del más bajo, lo detuvo tomándolo de la muñeca y le devolvió el gesto. Luego de un "ven, te enseñaré como se hace" arrastró a Arthur hasta su dormitorio.

—No quiero hacer esto —dice una vez que todos los botones del pantalón han sido separados de su ojal. El otro hombre sonríe maliciosamente.

—Si quieres ser como yo, debes hacerlo.

—¡No quiero ser como tú, francés descerebrado!

—¿Entonces…?

Arthur no admitiría sus razones, jamás. Francis le da tiempo a contestar o a reaccionar, pero su libido no ES tan paciente. Le DA dos, tres, cuatro segundos más y él mismo se quitA los pantalones finalmente.

—Bueno, creo que es suficiente por hoy, has avanzado bastante —quiere sonar como un maestro.

Antes de que el de ojos verdes pueda reaccionar, ya ha sido acorralado entre su detestable amante y el colchón.

Título:-
Prompt:Falta de creatividad
Género: ....?
Extensión:559
Advertencia: Francis?

—¿Por qué tus trajes, a parte de ser todos iguales, son horribles? —pregunta Francis desde su lugar.

Arthur no le responde, sencillamente le dirige una mirada a ser interpretada como un "cállate" a través del espejo, en el cual se está reflejando para terminar de alistarse. Dentro de un rato están por marcharse a la reunión del G8, por lo cual se han vestido para la ocasión. Francia ya está listo, por lo que no tiene otra cosa más interesante que hacer más que observarlo cambiarse.

—Menos mal que Naciones Unidas no posee una policía de la moda, sino te darían cadena perpetua…

—Silencio, francés.

—¿Por qué no me acompañas a hacer las compras mañana? —pregunta, lejos de obedecerlo—. Conozco una tienda excelente que podía…

—Yo ya tengo una tienda donde compro toda mi vestimenta, gracias —lo interrumpe mientras termina de colocarse la corbata.

—¿Compras todo en una misma tienda? ¿De un mismo diseñador? —ríe burlonamente—. ¡Eso explica muchas cosas!

—Por lo menos es de mejor gusto que tu ropa —por fin se digna a mirarlo, no muy contento.

—Claro. El cielo es violeta. Suecia es el ser más alegre del mundo. Los italianos manejan mejor que los alemanes —dice sin borrar esa sonrisa producto de la risa—. Tienes el peor gusto del mundo, además de una increíble falta de creatividad.

Exitosamente, Francis logra esquivar una serie de objetos que son lanzados con furia en su dirección; pero queda fuera de la habitación. No es mucho después que Arthur sale de ésta, todavía con la mirada amenazadora. El otro le sonríe en respuesta.

Salen de la casa del británico, se meten en el auto —como siempre Francis pregunta por qué los autos ingleses están "al revés"— y se encaminan hacia dónde se llevará a cabo la reunión. Ésta se realiza sin muchas trascendencias. Concretan uno o dos tratados, discuten un tema de preocupación mundial, Alfred ignora la mitad de lo que dicen, Ludwig se empeña pacientemente en hacer entender a Feliciano el por qué sus soluciones nunca serán efectivas (paciencia que se ha ganado el respeto de los otros seis países), Matthew casi no tiene lugar para hablar, Kiku responde ambiguamente, Iván sonríe todo el tiempo y Francis y Arthur se critican duramente.

Antes de lo esperado, están de nuevo en casa. Ya han cenado luego de la reunión, Reino Unido sólo quiere irse a la cama. No obstante, sus planes de descanso se frustrarán: Francia se le acerca sigilosamente y lo abraza por detrás.

—Sabes… Estuve pensando un poco —le susurra con voz de terciopelo.

—¿Oh? —responde, haciendo notar el cansancio en su voz.

—No tienes mal gusto para todo…

—Ya veo… —su cerebro no puede computar que acaba de ser insultado.

—Me has elegido a mí, después de todo —sin darle tiempo a nada, lo hace girar y lo besa sólo como el francés sabe hacerlo. El británico no pelea, aunque rezonga un poco; de verdad quiere dormir.

Increíblemente, algo se le ocurre.

—Ya que tanto te quejas de mi falta de originalidad, ¿por qué no probamos algo distinto hoy?

—Ooh, esto es inusual, ¿de qué se trata, mon amour?

—Hoy no me dejaré llevar por ti.

Más tarde ambos se encuentran bajo las sábanas: el inglés durmiendo como un bebé y el francés haciendo una nota mental, para recordar pensar mejor sus insultos.

Título:Té de limón
Prompt:Aroma a champú
Género:Humor fail
Extensión:347
Advertencia: Otra vez me fui un poco de tema Dx

—Nos vemos la próxima, mon amour —dijo casi en un susurro Francis, guiñándole el ojo izquierdo. Sin decir nada, el dueño de casa cerró la puerta una vez que su invitado estuvo fuera de su hogar.

A continuación Arthur miró el reloj: ya casi era la hora del té. Por unos segundos supuso que el francés había huido de la merienda, pero luego no se hizo caso. Su riña sobre la comida con el otro hombre nunca cambiaría.

Más tarde, cuando todos los aperitivos que degustaría se hallaban sobre la mesa y el té humeante ya estuvo listo, se sentó para comenzar. Antes de beber, se dejó inundar por el aroma a limón de la infusión. Simplemente le encantaba.

De repente recordó el cómo Francis —¿por qué el bastardo de alguna forma u otra se las arreglaba para meterse en su mente?— había insistido para que usase algunas de sus colonias o champúes, alegando que su aroma eran los más deliciosos del mundo. Claro que, no sólo por orgullo sino que también porque no le gustaban, Arthur se negó.

A él solo le agradaban los más naturales, como el del mismo té de limón que tenía en las manos.

Porque la fruta amarilla, a pesar de ser agria en demasía y no poder tragarla al principio, podía usarse para derivados que le mostraban sus otros planos: los caramelos, por ejemplo, conservaban esa fuerza mezclada con dulzura que sólo los dulces de cítricos poseen; el té le proporcionaba ese calor tan especial y la fruta le añadía todas esas propiedades que tan buenas para el cuerpo eran; la limonada, la bebida más cercana a su sabor original, era a veces ese empujoncito de molesto ácido que necesitaba para continuar con lo que estuviese haciendo.

Cerró los ojos y bebió un, dos sorbos de su bebida con una sonrisa. Rió al recordar que Japón le había comentado que en su país esa fruta se había convertido en una suerte de representación del sexo.

Entonces se atragantó.

¿Por qué sentía que la descripción del limón encajaba tan bien con Francis…?