Ésta es la última página, como podrán ver. Aquí fueron a parar los drabbles que no llegué a clasificar por no hacer más de los mismos. Hay de todo: desde Sealand siendo él mismo hasta drama Dina/Noru.


Título: Muy joven
Claim: Sealand/Letonia
Prompt: Grandes
Género: Humor
Extensión: 267

—¡Simplemente no puedes tomar ese tipo de cosas a la ligera, Peter! —estalló indignado Raivis.

—¿Eh? ¡Pero si no lo entiendo! ¡Y si no lo puedo entender, no me interesa!

El letón se llevó la palma de la mano al rostro, como queriendo removerse la frustración. Jamás solía ponerse de esa manera ligeramente agresiva, únicamente su compañero de juegos lograba molestarlo a veces. Hablar con Sealand sobre política y la responsabilidad que ésta significaba para ellos, los países, era lo mismo que tratar de hacerle recordar al osito de Canadá quién era su dueño.

Raivis sabía muy bien que Peter era muy distinto, no sólo a él, sino al resto de las naciones también. Así mismo, sus gobernantes eran muy peculiares, ya que no hacían otra cosa más que consentirlo.

—Eres muy joven como para poder comprender… —suspiró finalmente, rindiéndose, a lo que Peter lo miró algo indignado.

—¡Tú no eres mucho más grande que yo, Raivis! —protestó. Luego de pensar un poco, añadió—: ¡Pero te comportas como un viejo!

—¡Las edades no deberían ser un problema para hablar de política! ¡Menos aún para interesarse en ella!

—¡Eso no importa! —buscó una silla y se paró sobre ella, para luego poner una pose majestuosa y señalar con su dedo índice hacia el cielo—. ¡Porque algún día seré la nación más grande y maravillosa y hablar de cosas aburridas como la política no será necesario!

Y mientras Peter se quedaba inamovible en su lugar y un silencio profundo los rodeaba, Raivis decidía que nunca más volvería a hablar con el otro niño sobre temas serios. Nunca.

Título:Sonrisa
Claim:Dinamarca/Noruega
Prompt:Opuesto
Género: General... creo.
Extensión:486
Advertencia:2 ó 3 malas palabras.

No sólo detestaba a Dinamarca, sino que muchas veces le era imposible de entender. No, simplemente le era imposible de entender.

El danés solía decir algo y hacer lo contrario, comprometerse con promesas a Noruega que nunca llevaba a cabo, reírse en los peores momentos, tener predisposición para ayudar cuando no era necesario (o cuando nadie lo quería cerca).

El noruego ya estaba acostumbrado a ello, nunca se hacía las ilusiones sobre nada.

—Me gustaría que Noru me sonriese más… —le oyó suspirar una vez, declarando a sus vecinos escandinavos, cuando creyó que el menor no estaba cerca.

Cuando se sentó a la mesa donde los cinco solían reunirse para beber (o emborracharse, en el caso del danés) cada tanto. En ese momento aparentó no haber escuchado ese comentario, que se negó a salir de su cabeza, dándole vueltas y vueltas.

Entonces se le escapó por la boca.

—Siempre sueles quejarte hasta que tienes lo que quieres —Dinamarca se volteó en su lugar en el sillón—, ¿pero por qué nunca me dijiste que quieres verme sonreír?

—¿Sonreirías para mí si te lo pidiese?

—No —contestó sin dejar lugar a cualquier clase duda, algo estoico.

—Está bien, apuesto a que no podrías aunque te lo propusieses —dijo volviéndose a la película que había estado mirando en la televisión, tranquilo. Él lo había dicho como un hecho, pero Noruega lo tomó como una provocación.

—Claro que puedo, idiota —se acercó a su lado para probarlo equivocado.

No obstante le fue más difícil de lo que había creído: al principio trató subiendo ligeramente las comisuras de los labios, luego abrió un poco la boca pero la cerró al instante, entonces bajó el labio inferior… Mierda, ¿por qué Dinamarca lo hacía parecer tan simple cuando él sonreía?

—Para, para, detente, Noru —lo interrumpió haciendo un gesto con la mano en la que no tenía el control remoto.

—¿Por qué? ¿Porque sabes que estás equivocado? —preguntó con aires de superioridad.

—No, porque si voy a ver una sonrisa tuya, la quiero verdadera. Una sonrisa forzada es mil veces peor que nunca verte sonreír.

Ante algo tan inesperado —y profundo, para alguien como el danés— Noruega se quedó sin palabras. Otra vez el mayor lo había dicho como algo natural y que tenía como dado por sentado, mas el noruego se quedó sorprendido.
Por fin había logrado entender algo de Dinamarca: por primera vez algo de lo que hacía (o que no hacía, en este caso) tenía sentido con sus palabras.

—Eres un idiota —concluyó insultando, ya que no tenía nada más que decir. Se sentó a su lado para sacarle el control remoto de la mano y hacer zapping sin tener la más mínima idea de lo que podría haber en la televisión a esa hora.

El danés, por su parte supo entender la molestia del otro y sonrió para sí mismo, esperando que el otro escogiese un canal pronto.

Título:Damas
Claim:Hungría/Liechtenstein
Prompt:Crecer
Extensión:599
Advertencia:No hay yuri C:

Hungría espera a que Liechtenstein regrese a la habitación, mirando a través de la ventana. El día anterior ha llovido, pero hoy el Sol está radiante. Si se sale al jardín, el olor a pasto húmedo y a naturaleza rebalsada de vida inunda a uno y lo invita a quedarse.

Suspira. Por mucho que desee salir, es conciente que no puede hacerlo. Ella es una dama y debe comportarse como tal, educada y quietecita; no como la niña atrevida y aventurera que alguna vez fue (o el niño que creyó haber sido).

—¿Sucede algo, hermana? —aparece en escena Liechtenstein con una bandeja, la cual tiene encima una vajilla preciosa y delicada, que a su vez contiene la merienda de ambas—. Has estado suspirando todo el rato.

—No es nada, Liech —le sonríe. Durante el tiempo que han sido dejadas de lado de las reuniones que los demás países varones llevan a cabo, han cultivado una hermosa amistad que había crecido (y todavía crece) con cada plática, chisme o risa. Ahora se quieren tanto que se consideran hermanas.

—¿Segura? Sabes que puedes decirme lo que quieras —dice al mismo tiempo que se sienta en su silla luego de colocar todo lo que ha traído en su lugar, cuidando de no arruinar su vestido.

—En serio, no ocurre nada malo —ante la mirada perspicaz de la menor le dirige, entiende que debe decirle que ocurre o ella insistirá hasta saberlo—. Es sólo que, cuando era más pequeña, solía salir a jugar en los días como estos.

Liechtenstein bebe un sorbo de té y la observa, analizando sus palabras de añoranza. Muy a diferencia de Elizaveta, ella nunca ha peleado y ensuciado; no obstante trata de entenderla y mostrarse con empatía.

—¿Te gustaría salir a jugar, hermana? Me parece una excelente idea, el día es ideal para ello…

—Por mucho que lo deseo, es imposible —bebe té ella también—. Soy una dama, no puedo andar correteando por ahí ni mucho menos ensuciarme.

—¿Y por qué no?

—Porque no es lo que las damas hacemos —contesta sonriente, aunque dolida por hacer la contra a sus propios deseos.

Luego, silencio. Sólo se escuchaba el apoyar de las tazas sobre sus platos destinados para eso y el masticar de algún que otro bocadillo. La mayor continua añorando los días en los que podía hacer lo que se le diese la gana, la niña reflexiona.

—Hermana, salgamos a jugar —habla finalmente, sonando decidida.

—No, Liech…

—Si quieres salir, ¡hazlo! —la interrumpe—. Nadie más que nosotras mismas sabemos lo que queremos y no siempre podremos contar con mi hermano o con el señor Austria para cumplir nuestros deseos —ante la mirada de incomprensión de la otra, continúa—: ¡Qué importa si somos damas! ¡Primordialmente somos personas!

No pasa mucho tiempo antes de que se tomen de las manos, corran a la habitación de la niña, se saquen los vestidos —tratando de no romperlos ante la emoción— y se pongan ropa andrajosa. Bajan las escaleras casi a las corridas, asustando a más de un sirviente y salen al patio trasero sin tomarse la molestia de siquiera cerrar la puerta al salir.

Recogen flores y se hacen coronas, hunden los pies en el lodo, se abrazan, caen al piso y ruedan; importándoles un comino cómo quedarán luego.

Saben que Vash les dirá a gritos que Elizaveta es una mala influencia para su hermana y Roderich las mirará con tristeza por descuidar sus vestimentas de esa manera. ¡Pero eso nunca será suficiente para evitar que repitan su juego cuando estén juntas luego de un día lluvioso!

Título:Silencio
Claim:Dinamarca/Noruega
Prompt:Llamada
Género:Drama
Extensión:187
Advertencia: EMO!Norge

Noruega es un idiota, él lo sabe perfectamente. Todo el mundo lo ve como una persona de pocas palabras, pero en realidad se trata de un muchacho que se guarda mucho de lo que le gustaría decir.

Por suerte ha aprendido a comunicarse no sólo con sus labios, sino que con la mirada y los gestos también, así que para los demás a veces no les resulta tan difícil comprender con qué está de acuerdo, qué le gusta, qué no y qué detesta con el alma.

Sin embargo desafortunadamente para él, hay cosas que sólo las palabras pueden comunicar. No importa cuánto lo intente, sus miradas, los movimientos de sus labios, y demás no son suficientes para expresar lo que siente.

Entonces no puede evitar odiarse a sí mismo por no abrir la boca y atreverse a decirle a Dinamarca qué es lo que verdaderamente quiere. Porque las miradas de soslayo, los golpes y las patadas no sirven.

Y se odia aún más por no actuar y tener que tragarse amargamente las llamadas del danés, diciéndole cómo el sueco no le presta atención; mientras llora en silencio.

Título:Juegos de ayer y hoy
Claim:Estados Unidos/Canadá
Género:...raro.
Prompt:Infancia
Extensión:290
Advertencia: nah

La infancia. Ésa época que se encuentra entre el nacimiento y la pubertad, llena de fantasías que parecen reales, juegos divertidísimos, risas estridentes y chillonas, regaños que no se sabe por qué se reciben, sueños interminables, nulo temor…

La infancia de Matthew no fue muy distinta. Claro que, al ser un país, su crecimiento era distinto al del resto de los niños. No obstante, pudo compartirlo junto a Alfred.

Ambos amaban desesperar a Francis y a Arthur escondiéndose —y luego el francés aseguraba que el mayor era una mala influencia para su petit Matt—, se la pasaban horas y horas jugando con los soldados que el inglés le había regalado a su colonia, hablaban sobre el cómo algún día crecerían y ayudarían a sus hermanos mayores (sueño que jamás se hizo realidad), Alfred se metía en el armario todas las noches para controlar que nunca hubiese un monstruo que pudiese salir a molestar a Matthew en medio de la noche; y miles y miles de momentos compartidos que quedaron en la memoria.

Tristemente, las agujas del reloj corren y no esperan a nadie.

El canadiense y su compañero de juegos crecieron y los momentos de esa índole que solían compartir poco a poco desaparecieron. Se independizaron, tuvieron que enfrentar problemas, firmar tratados, concurrir a reuniones…

Sin embargo y a pesar de que los momentos que compartían en su infancia ya no volverían, los juegos no habían desaparecido. Sólo que ya no eran los mismos. Si se escondían era para no ser vistos porque querían privacidad; si hablaban, los temas no eran los mismos que cuando niños; si Alfred se metía al armario, era para llevarse consigo a Matthew e importarles un bledo si era la guarida de un monstruo.

Título:Similitudes
Claim:Suiza/Liechtenstein/Austria
Prompt:Parecidos
Género:Humor fail.
Extensión:244
Advertencia: Quedó Vash/Roderich 8D

—Hermano, ¡el señor Austria y tú son tan, tan parecidos! —declaró Liechtenstein con una sonrisa dulce como ella, mientras caminaba de regreso a casa una tarde de la mano de su hermano suizo.

—Te equivocas, Liech, ese tipo y yo no nos parecemos en nada. Nada —hizo lo imposible para no tensionar la mano que tenía entrelazada con la menor. El tema de Roderich siempre lo ponía de malas.

—¡Claro que sí se parecen, hermano! Ambos son algo tacaños… —eso le dolió un poco, viniendo de su hermana menor— pero a su vez son buenos, gentiles, amables, cuidan de los suyos —le dirigió una mirada cómplice de soslayo—… ¡Y ambos tienen talento para el arte!

—¿Qué talento tengo yo para el arte, Liechtenstein? —levantó una ceja.

—No lo sé —contestó sonriente—. Es sólo que el otro día oí al señor Austria decir que tú también tenías talento para tocar… Se trata del piano, ¿verdad? ¿Hermano…?

Vash se detuvo en seco y soltó sin querer la mano de su hermanita. Se quedó helado, mas con las mejillas ardiendo. Su rostro no sabía qué sentimiento expresar: si vergüenza, ira, sorpresa…

—Liech —habló finalmente, tratando de aparentar tranquilidad, vanamente—. Ve a casa. Ahora. Yo debo hacer algo.

Y sin darle tiempo a la niña para preguntar qué era lo que sucedía, desapareció corriendo a la velocidad de las balas que solía disparar.

¡Mataría a ese austriaco por haberlo incitado teniendo a su hermana cerca!

Título: -
Claim: Veneciano(Chibitalia)/Hungría
Prompt: Dibujo
Extensión: 423
Advertencia: Mención de SIR, drama para el final. Como está más o menos contado desde el punto de vista de Hungría, Veneciano es referido como niña :3

Tenía frío, así que Elizaveta cruzó los brazos y se los frotó para calentarse. Caminó hacia la habitación de Italia y antes de abrir la puerta se envolvió más en su propia ropa. Golpeó con delicadeza el armazón de madera blanca para anunciarse, pero no recibió respuesta a cambio. Sonriendo y revoleando los ojos, la abrió poco a poco y se dirigió a la cama donde debía de estar descansando la niña. Sus pasos eran rítmicos, como si estuviese bailando; y canturreó con dulzura:

—Ita-chan, es hora de despertarse… —e instantáneamente su humor mañanero y casi musical se deshizo.

Levantándose el vestido para no caerse, se dio media vuelta y salió corriendo del dormitorio. Había hallado la cama deshecha, el pijama y un espacio vacío donde se suponía que debía estar descansando Italia. Recorrió la casa de Austria, ordenándole a cada sirviente que se topaba que la buscase también. La pequeña castaña nunca se levantaba a menos que la despertasen, por lo que sucedía era más que inquietante.

Y la húngara estaba segura de que estaba relacionado con la partida de Sacro Imperio Romano.

No supo por qué, quizás nunca lo sabría, pero se le cruzó por la cabeza salir al jardín. El día, a pesar de estar ligeramente frío, se dejaba disfrutar si uno se quedaba a la luz del sol. Poco fue lo que tuvo que correr para finalmente encontrarla: estaba sentada sobre un pequeño banco con un atril y un lienzo delante.

—¡Ita-chan! —dijo, liberando un suspiro de alivio. La niña se volteó a verla para luego iluminarse.

—¡Hungría-san! ¡Buenos días!

—Buenos días… —devolvió el saludo mientras recobraba el aire, dándose cuenta de que Italia no se percataba del susto que la mayor se había llevado—. ¿Qué haces aquí, tan temprano?

—¡Pinto!

Elizaveta se paró detrás de ella y observó el lienzo. Si bien la pintura no estaba terminada, se podían adivinar dos figuras tomadas de la mano; una de ellas vestida de blanco y la otra de negro con un sombrero haciendo juego.

—Ita-chan, ¿acaso ése es…?

—Sacro Imperio Romano —respondió, mientras su ánimo alegre se apaciguaba—. Se lo mostraré cuando vuelva. ¿Crees que le gustará?

Antes de que la húngara quisiese darse cuenta, la menor se deshizo en lágrimas. Como una buena hermana mayor, la envolvió con sus gentiles brazos y la contuvo amorosamente. La pequeña nación devolvió el abrazo y hundió su rostro en el hombro que había sido prestado para ello.

—Estoy segura que le encantará —susurró compartiendo su dolor y acariciándole el cabello.

Título
: Parecidos
Claim: Sealand
Prompt: UK
Extensión: 161

—¡Yo no soy como idiota bebe-té! —Peter exclamó indignado, una vez que le habían dicho que se parecía al mayor. Claro que la desdichada alma que había hablado no lo había hecho con la intención de ofenderlo. Sólo había querido comentar una similitud entre Sealand y Reino Unido, aunque en lo físico pero no en lo personal.

No obstante, no había modo de razonar con esa mente testaruda de doce años. Éste se había ido irritado, corriendo a quejarse con su padre. El pobre Berwald, quien se había encontrado en una reunión, tuvo que suspenderla momentáneamente para tranquilizar a su hijo.

Cuando lo que ya parecía un berrinche estuvo apaciguado, Peter se quedó a solas con sus pensamientos. Él no quería ser parecido a Arthur, por lo que se había convencido completamente que no lo era.

Entonces, un pensamiento fugaz se cruzó por su mente e instantáneamente una sonrisa se dibujó en sus labios.

—¡Algún día todos querrán ser como Sealand-kun!


Y eso es todo : D ¡Muchísimas gracias por leer!