Disclaimer

Los personajes pertenecen a la historia Ranma 1/2 de Rumiko Takahashi. Yo sólo hago uso de ellos por placer y esperando hacer de esta, una historia buena.

Nota: No sé cada cuánto tiempo podré ir actualizando este fic. La verdad es que, si bien la historia ha permanecido el 70% de lo que tenía originalmente planeado, en el camino me di cuenta que habían cosas que me parecía interesante intentar. Por eso, uno de los personajes principales originales fue reemplazado por otro lo que conllevó a modificar parte de la historia. Espero que el cambio haya sido para mejor y no haya terminado todo en un desastre.

Anteriormente, Shampoo era un personaje que me desagradaba bastante pero, hoy en día, y releyendo el manga, la he ido apreciando más. No sé si eso sea bueno o malo =P


Mi dolorosa realidad

Había llegado desde lejos en busca de la mujer que le había robado su honor. Esas competencias siempre habían sido suyas, ella era la mujer más fuerte y así todos la reconocían. Pero bastó un minuto, un segundo, para que su orgullo se viniera al suelo y empezara su peor pesadilla porque sí, al fin y al cabo, era una pesadilla. No había podido limpiar su nombre ni tampoco había podido conseguir al hombre que, por derecho y tradición le pertenecía. Ranma Saotome era el causante de sus desgracias. Una sola persona había sido capaz de humillarla por partida doble y aún no reparaba el daño que le había causado. Y probablemente, nunca lo haría. Era hora de comenzar a asumirlo.

China era su país, Joketsuzoku su villa y, en esta aldea de amazonas, ella era respetada como una gran artista marcial. Había sido entrenada por su bisabuela, una mujer de gran sabiduría y habilidad, y se había hecho fuerte, la más fuerte de todas. Pero el destino le tenía preparada un golpe del que le costaría mucho sobreponerse, si es que lo hacía.

Estaba siendo un torneo increíblemente fácil: no había rival que pudiera siquiera acercarse a su fuerza, a su destreza. Fue ahí cuando, por primera vez, se cruzó en su camino la persona que trastornaría su vida entera, para siempre. Dos individuos, padre e hija, osaron a robar la comida que constituía su premio. Las razones que entregaron para hacerlo no le importaron, daba lo mismo si tenían hambre o estaban cansados. Ellos habían tomado lo que a ella le pertenecía y debían pagarlo, caro. Confiada en sus propias habilidades, desafió a la chica. Estaba segura de que ella era imbatible y eso sería un mero trámite. Se equivocaba. La mujer esa la venció sin el mayor esfuerzo, humillándola delante de toda su gente. No le quedaba otra opción y, para limpiar su nombre, sólo quedaba una cosa por hacer: el beso de la muerte. El mundo era demasiado pequeño para albergarlas a las dos. La chica esa debía morir, en sus manos y, de no ser así, era ella misma la que no era digna de seguir viviendo.

El par de cobardes huyeron en cuanto se enteraron en que consistía el beso de la muerte. Ya era demasiado, no podía soportarlo. ¿Cómo mirar a sus coterráneas a la cara si no había sido capaz de acabar con la mujer que acabo con su orgullo, y no sólo el de ella sino de toda su tribu. Comenzó a rastearla por cielo, mar y tierra pero habían desaparecido. No dejó un lugar en las cercanías sin revisar pero fue imposible siquiera obtener una pista. Lo único que recordaba era que esa gente venía de Japón por lo que dedujó que hacía allá se habían dirigido. Y ése también sería su objetivo: no descansaría hasta asegurarse de que Ranma no siquiera viviendo en el mismo mundo que ella. Atrás dejó a su gente, su bisabuela, a Mousse, su amigo de infancia y se lanzó a la aventura de encontrar a su más enconada enemiga.

Partió sin más que sus armas y su odio hasta Tokio en donde, en un lugar llamado Furinkan, se decía que se escondía esa miserable. No fue tan difícil hallarla, en una escuela, ese lugar hecho para los débiles, ahí estaba. No dudó en romper cuanta pared fue necesaria, hasta dar con ella. Estaba junto a otra chica y un cerdo. Increíblemente, Ranma se veía aterrorizada de sólo verla. ¿Y esa era la mujer que la había derrotado? Sentía vergüenza de sí misma, especialmente cuando ella huyó de la escuela. No importaba, si la había encontrado una vez, la encontraría dos, tres. Mil veces si fuera necesario. Y para su sorpresa, no le costó tanto encontrarla, sólo tuvo que seguir a esa panda que la acompañaba y llegó a una casa, típica japonesa, en donde vivía una familia que la acogió muy bien. No pasó tanto tiempo para que llegaran la misma chica que había visto temprano junto a dos muchachos. No le dio mayor importancia a los hombres, con ellos no quería nada. Pero sí tenía cuentas pendientes con la muchacha, Akane, que estaba con Ranma en la tarde y que algo tendría que decir en esta historia. Le exigió que le entregara a Ranma pero ésta negó conocer su paradero. Eso la enfureció aún más y, si no podía matar a Ranma, se contentaría con deshacerse de aquélla que la protegía. Era débil, no pudo resistir su ataque. ¡Vaya amiga que tenía esa Ranma! Eso sería un mero trámite para ella, pero se equivocaba: uno de los hombres que había llegado con ella salió a defenderla y, golpeando una de sus armas, la derrotó. Eso marcó la segunda parte de su historia; había sido vencida una vez más pero, esta vez, las cosas no eran tan malas. Según la ley de su tribu, ese hombre debía casarse con ella. Por eso, al recobrar la conciencia hizo todo lo que tenía que hacer en esos casos: besarlo y así lo hizo. Con eso decretaba que era suyo. Su acto causó gran conmoción en esa casa porque comenzaron los golpes, recriminaciones, gritos. Pero qué más daba, había encontrado a su hombre.

– Tú eres mío – sentenció. Ahora sólo quedaba dar con Ranma Saotome, la mujer.

Pero las cosas no serían tan fáciles. De inmediato se dio cuenta de que la mujer que escondía a Ranma tenía algo que ver con la otra Ranma. No sabía aún cuánto sufrimiento le causaría esa mujer. La mirada de odio que cruzaron era el comienzo de una muy larga historia entre ambas.

Desde ese día, decidió que no se separaría jamás de Ranma hombre. Él era su hombre y no lo dejaría, por nada de este mundo. Aún no dominaba el japonés por lo que, ayudados de un diccionario, los Tendo, la familia que los había recibido, pudieron comunicarse con ella. ¡Qué bueno! Era necesario entenderse con esa familia tan cercana a Ranma. Pero ¿quiénes eran ellos? Probablemente eran primos o algún otro tipo de parientes sanguíneos. Sin embargo, la chica que escondía a Ranma mujer no parecía ser pariente de Ranma hombre; ella conocía esa mirada a leguas de distancia. Estaba celosa. Lamentablemente, si tenía sentimientos por Ranma, tendría que dejarlos, él sería su marido, no había nada que hacer; era la ley. Lo que en ese momento ella no imaginaba era que la relación de Ranma con Akane era mucho más cercana y fuerte de lo que él mismo admitía. Ranma no sentía un cariño cualquiera por ella: esa Akane parecía ser importante en su vida. Tarde se daría cuenta ella que, la que sobraba en esta historia no era Akane Tendo sino ella misma.

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¿El momento en que se dio cuenta de que su amado Ranma y su peor enemiga eran la misma persona? No lo recordaba muy bien. Se había enamorado tan repentinamente de su futuro marido que, por un tiempo, se olvidó de su rival. En ese momento tenía otra rival de la que esperaba deshacerse pronto. En el continuo trato con los Tendo se percató de que el otro muchacho que acompañaba a la familia el día que ella llegó, estaba permanente ahí. Se llamaba Ryoga y, por lo que se veía, estaba enamorado de Akane. No necesitaba que se lo dijera, ella lo sabía. Ese dato podría servirle para más adelante, podría ser un buen aliado en caso de que el problema llamado Akane no se solucionara tan pronto. No se imaginaba lo que terminaría por pasar.

La próxima vez que encontró a Ranma mujer estaba, como siempre, con Akane. No pudo contener su ira; se lanzó sobre ella hecha un demonio, dispuesta a liquidarla ahí, en ese momento. Pero la maldita era hábil, quizás demasiado. Volvió a salvarse otra vez. Sin embargo, ella tenía paciencia, sabía esperar. Mientras volvía a cruzarse en su camino, se dedicó a cimentar su relación con el otro Ranma y para eso, debía actuar primero que Akane. Y vaya que sí lo hizo: esa noche durmió con él. Era cierto, no pasó nada más allá de eso pero ver la cara de Akane descompuesta por el espectáculo la hizo sentir muy pero muy satisfecha. No supo en qué momento ya no estaba en brazos de su amado sino en los de esa maldita mujer a la que odiaba con toda el alma. Era su oportunidad pero, otra vez, la muy cobarde escapó. Esperaría una nueva oportunidad. Por mientras le cocinaría a Ranma un delicioso plato para que empezara a notar también sus cualidades más allá de las artes marciales. En la calle se encontró con un cerdito que calzaba justo con el plato que quería cocinar. ¡Cómo iba imaginar ella que ese cerdo era Ryoga! Sabía que algo no andaba bien, por la cara de Ranma y Akane, esta última no sabía que ese cerdo era Ryoga pero lo había adoptado como mascota. ¡Qué tonta! En fin, qué le importaba a ella. Pero escuchar sus lloriqueos de niña débil fue más de lo que ella podía soportar, lo mejor era sacar a esa tipa del camino y recurrió a su arma letal: el beso de la muerte. La muy idiota aceptó sin saber lo que le esperaba. Eso no fue preocupante para ella; sí lo fue el ver que Ranma intentaba por todos los medios impedir esa pelea ¿Por quién lo hacía por ella o por Akane? Por ella, sin duda.

Derrotar a Akane fue tan fácil. No necesitó luchar: bastó una antigua técnica con su shampoo para borrar de su mente todos los recuerdos de Ranma. El único testigo fue Ryoga, quien siempre se las arreglaba para estar presente en los momentos importantes. Pero eso no le preocupaba en lo más mínimo, había sacado a Akane del medio y esa era un triunfo que deseaba disfrutar. Se lo merecía.

Ahora bien, conseguir estar al lado de Ranma hasta que se casaran implicaba que ella debía quedarse en Japón y, para su desgracia, no tenía ni un céntimo. Tenía que conseguir un trabajo que no le quitara mucho tiempo para, así, estar siempre cerca de su amado. Un doctor, bastante inteligente, la contrató. Para su suerte, era el doctor que también atendía a la familia Tendo y, por consiguiente, a su Ranma. La suerte estaba de su lado: no habría lugar en el que Ranma pudiese librarse de ella hasta que entendiera que su única novia era ella. Ninguna otra.

Eso tomaría un tiempo. Había logrado percatarse de que a Ranma le importaba mucho Akane y estaba dispuesto a todo para librarla de cualquier problema. En principio eso no le molestó porque se daba cuenta de que Akane era una mujer extremadamente débil y que no era digna de Ranma. Pero lo peor estaba por pasar. Ranma se las arregló para que Akane lo recordara, recibiendo ella un balde de agua fría, el peor dolor que podría recibir su pobre corazón: descubrir que su Ranma y su rival, eran la misma persona. ¿De qué se trataba todo eso? Imposible entenderlo en ese momento. Lo cierto es que Ranma se volvía su odiada enemiga cada vez que tocaba el agua fría. No podía ser. La persona que más amaba y la que más odiaba era una y la misma ¿Qué hacer en ese caso? ¿Qué decía la ley de las amazonas sobre esto? Nada, tendría que resolver su problema por sí sola. Su orgullo era más grande que cualquier cosa, por lo tanto, su deber era matar a la mujer Ranma. Lo intentó, pero no pudo. Ahí se dio cuenta de que su amor era más grande que su odio. Que lo que sentía por su Ranma era más fuerte que cualquier otro sentimiento que pudiese guardar en su corazón. Debía salir de ahí, no podían verla humillada. Y así lo hizo.

Lo que sucedió después fue, por decir lo menos, surrealista. Decidida a hacerse más fuerte, fue a entrenar con la bisabuela a los pozos de Jusenkyo y, para su mala suerte, cayó en el del gato ahogado. Al igual que Ranma, estaba maldita. Convertirse en gato era algo que ella nunca pensó en su vida pero, para agregar más desgracias a su existencia, al volver a Tokio, se dio cuenta de que Ranma le tenía una fobia impresionante a los gatos. O sea que, cada vez que ella se transformara, Ranma la rechazaría. En fin, las cosas pasaron rápido: la abuela llegó desde China, instalaron el café, apareció Mousse para alterarlo todo, etc. Los sucesos se dieron unos tras otros sin que ella se diera cuenta. Todo cambió de repente, menos la actitud de Ranma hacia ella. Él seguía mostrándose reacio a encontrársela, huía de ella, rechazaba tener una cita, no quería nada. ¿Por qué? ¿Por qué no podía quererla? Todos reconocían que era una mujer bella, fuerte, dulce pero eso Ranma no lo veía. Y eso era debido a una sola persona: Akane Tendo. ¿Qué veía Ranma en ella? Era una muchacha básica, sin gracia, débil, todo lo que contrario de lo que a él le gustaba o, al menos, de lo que ella creía que le gustaba.

Ella lo amaba tanto. Nunca lo dejaría de hacer, no podía. Ranma era el dueño de sus pensamientos, de su corazón, de su alma entera. Ranma era de ella y no podía permitir que Akane Tendo se quedara con él. Ranma decía que ella no le interesaba pero la realidad de los hechos decía lo contrario. Había pasado tanto tiempo y aún no había conseguido que Ranma la escogiera a ella, que se fuera con ella, que la amara a ella. A ella sola. A veces sentía deseos de renunciar a todo y volver a China pero ¿cómo vivir lejos de la persona amada? No podía, no quería. Por eso siempre terminaba en lo mismo: creando trampitas para ver si Ranma caía en ellas, si Akane se desilusionada y buscaba un nuevo amor. Nada parecía dar resultado. Absolutamente nada.

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Sentada en el Café del Gato, Shampoo reflexionaba sobre cómo había cambiado su vida desde que Ranma Saotome apareció en ella. ¿Había sido la gran alegría de su vida o la peor de sus tragedias? A veces pensaba que Ranma sólo huía de ella por considerarla fuerte y temer que, en igualdad de condiciones, lo superara. Otras veces, creía que sólo buscaba darse importancia y acrecentar su fama de conquistador, seduciendo a cada muchacha que se le pasaba por delante. Y algunas veces, las esperanzas la abandonaban y, creía firmemente que ella le era repulsiva. De sólo pensarlo el alma se le caía a pedazos pero, ya no sabía qué hacer. Ranma, pocas veces, mostraba cierto interés. Sin embargo, la mayoría del tiempo, la evitaba.

En medio de sus cavilaciones sucedió algo que no esperaba: el mismo Ranma aparecía ahí, frente a ella; bello como siempre y distante como nunca. ¿Qué habría pasado? ¿Por qué la había ido a buscar? ¿Sería que, de una vez, se había dado cuenta que ella era la mujer de su vida e iba a buscarla para tenerla con él siempre? Ranma estuvo de pie, frente a ella durante largo tiempo. Parecía como si no supiera qué decir o que no hallaba la manera de expresarlo. No lo dudó y se lanzó a sus brazos pero esta vez fue distinta a las otras veces. No reaccionó de forma violenta. Simplemente la tomó de las muñecas y la alejó. El corazón de Shampoo pareció congelarse; no era la reacción que ella esperaba. No supo cómo reaccionar. Ranma la miraba a los ojos, decidido, tan distinto a las otras veces.

– Shampoo, no he venido por ti, ni por tus juegos. Tampoco por tu comida. Necesito hablar contigo – dudó por un momento pero, luego, pareció encontrar las palabras que necesitaba y continuó –: esta situación no puede seguir así. A pesar de lo tramposa e intrigante que puedes llegar a ser, eres una buena mujer y no mereces mantener ilusiones en vano. Tus tradiciones son respetables, tú también lo eres, pero he sido llevado a esta situación por tu falta de entendimiento y terquedad. Yo no te quiero y no me voy a casar contigo. Lo siento, pero esa es la verdad. No quiero que sigas alimentando esperanzas que, al final sólo te harán más daño.

No podía creer lo que estaba escuchando. Ranma le estaba diciendo en su cara que no se casaría con ella, en el fondo, la estaba rechazando y, a la vez, violando la ley de las amazonas que, para ella es sagrada.

– Sé que es importante para ti pero yo no me guío por esas leyes, por lo mismo, no la puedo cumplir. Lo siento – fue todo lo que Ranma dijo para cerrar el asunto.

¿Lo siento? ¿Eso era todo? ¿Acaso no pensaba en ella? ¿En su honor? ¿No era capaz de entenderla? Claro que sí pero no podía hacerse cargo del doble malentendido que los había llevado a esa situación triste. Ya no más.

– Es por ella – afirmó Shampoo con odio en su mirada.

– Es por mí. No quiero que más personas sufran por mi causa – fue la respuesta.

Debía ser una pesadilla, no podía estar pasando ¿Sabía ese tipo cuántos hombres darían lo que fuera por estar con ella? Mousse, por ejemplo, moriría por tener su amor y él la rechazaba, aun sabiendo lo que todo eso implicaba.

– Si es así, tendrás que derrotarme – afirmó Shampoo decidida. No estaba dispuesta a perder porque eso significaba perder al único hombre que había amado. Pero Ranma no quería luchas y no lo haría.

– Adiós, Shampoo. Si puedes y quieres, podemos ser amigos. Siempre tendrás mi amistad.

¿Su amistad? ¿Era una burla? ¡Claro que no! ¡Ella no quería su amistad! ¡Ella lo quería a él! ¡Quería que fuera de ella! Lamentablemente, esa vez no habrían trucos ni engaños que hicieran a Ranma cambiar de opinión. Era su triste realidad.


Gracias a todos los que pasan y, especialmente, comentan. Sin ese apoyo, uno simplemente no existiría.

Sugerencias más que aceptadas siempre y cuando se hagan con respeto.

En fin, muchas gracias por leer.