Dos caras
(Two Faced)
Por Rozefire
Traducido por Inuhanya e IR-CHAN
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Capítulo 2
La Presentación
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Kagome estaba sentada en la cama, cruzada de piernas mientras cepillaba repetidamente su recién lavado cabello. Estaba aburrida… no tenía mucho más que hacer.
Su padre estaba sentado en su portátil, medio escribiendo una carta y medio hablando por teléfono con uno de sus asociados. Kagome suspiró y continuó cepillando su cabello. Tal vez podría hablarle dulce a uno de los guardaespaldas para comprarle un helado del restaurante de abajo… pero un vistazo a esos hombres y supuso que necesitaría mucho más que largas pestañas para hacer que esas garrapatas la dejaran sola por cinco minutos.
Pronto, leves silbidos podían escucharse desde afuera y Kagome miró hacia la ventana y ubicó un limpia ventanas subiendo en el andamio para limpiar sus ventanas. Saludó animado y continuó silbando mientras se disponía a enjabonar el vidrio.
"Gracias otra vez – sí… por supuesto!... Adiós." Su padre colgó el teléfono y suspiró.
Kagome lo observó volver a desviar su total atención en el computador ante él y giró sus ojos. "Papá?"
"Sí, cariño?"
"Realmente crees que sea buena idea enviar a un niño para cuidarme?" preguntó ella, por la que probablemente era la quinta vez ese día. "Después de lo que pasó ayer en el puerto-"
"Como dije – él es un chico inusual." Su padre no se molestó en mirarla.
Kagome pensó que 'usual' estaba puesto ligeramente. "Estallará inmediatamente! Cómo te agradecerá el Sr. Kosaka por matar a su hijo?"
"Él no explotará – no seas tonta." Su padre giró en su silla para encararla.
"El último joven lo hizo." Señaló ella.
Su padre hizo una mueca. "Era incompetente."
"Es bueno saber que honras al muerto, papá." Dijo ella finalmente.
"Lo siento, cariño… te haría sentir mejor si supieras un poco más de él?" preguntó él.
"No."
"Bueno, es un poco mayor que tú-"
"Lo sé – pero creo que estás perdiendo mi punto aquí-"
"Largo cabello blanco – mitad demonio, sabes."
"Lo sé! Lo que estoy tratando de decir es-"
"Y un huérfano."
"Lo sabía… espera… no lo sabía…" Kagome le frunció y bajó su cepillo para inclinarse. "Cómo es que es un huérfano si su padre es el Sr. Kosaka?"
"Estoy sorprendido de que no lo sepas." Su padre sonrió burlón. "Su verdadero padre era un demonio… no muy seguro de cuál pero un demonio sin duda. Se casó con su madre y tuvieron a Inuyasha – y conoces a su madre."
"La Sra. Kosaka – esa famosa política." Kagome nunca había sido una gran fan de los políticos. Nunca le gustó el hecho de que el trabajo de su padre parecía ocupar todo su tiempo.
"Sí – y desafortunadamente cuando el padre de Inuyasha fue asesinado por otros demonios, eventualmente se volvió a casar con el Sr. Kosaka…"
"Oh… entonces él es su padrastro." Notó Kagome y se sentó.
"Y luego su madre fue asesinada por demonios… así que puedes entender cuánto querrá ayudar Inuyasha a tu causa?"
"Para cometer genocidio?" preguntó Kagome sarcásticamente.
"Es más probable que adopte su lado humano, te lo aseguro. No ha sido nada sino fiel a su madrastra y padrastro." Su padre ignoró su remarque.
"Papá – No necesito un nuevo guardaespaldas." Protestó ella y se levantó, mirando por la ventana que aún estaba siendo limpiada. "Sólo he sido atacada cuatro veces en el espacio de quince años."
"Y qué pasa cuando sea la quinta vez y considere tus palabras y te deje desprotegida."
"Eso no pasará. Si no hubiese mucha protección a mi alrededor entonces la gente no creería que soy algo que necesita protección e intentaría lastimarme." Ella vio la vacía mirada de su padre. "Supongo…"
"Esta no es tu decisión, Kagome." Le advirtió él.
"Papá, no puedo ir a ningún lado y divertirme… No QUIERO otro guardia!" ella apretó sus puños y se dio la vuelta. "Sé que hemos pasado por esto antes pero tú no me escuchas!"
"Kagome! Los demonios están por todas partes! Ellos pueden disfrazarse como humanos – podrían ser cualquiera! Lo que necesitas es a alguien en el que realmente podamos confiar que sea fiel." Le dijo él seriamente.
"Qué tal ese limpia ventanas?" Kagome sonrió y saludó al feliz silbador. "Pero otra vez… también podría ser un demonio, verdad?"
Ante sus palabras los guardaespaldas presentes de repente se detuvieron en frente de la ventana, bloqueándole de vista, recibiendo una perpleja mirada del limpiador. Kagome suspiró y miró a su papá tristemente. "Ves? No puedo ni sonreír a nadie más…"
Su padre sintió compasión por primera vez. "De acuerdo… mira… si estás de acuerdo en tener al hijo del Sr. Kosaka, entonces él será el único guardaespaldas que necesitarás. Los otros pueden irse."
Kagome lo miró. "Lo dices en serio?"
"Es lo que quieres, no es cierto?" Su padre sonrió tristemente. "Pero tienes que prometer que te pegarás a él y… nada de huir. Él puede protegerte mejor que diez de estos gansos."
Ahí iba de nuevo, hablando como si los guardaespaldas sólo fueran máquinas para disponer como lo deseara. Esos hombres no tenían sentimientos? Ella miró sus vacantes expresiones. Tal vez no tenían cerebros…
"De acuerdo… pero sólo él – nadie más." Ella asintió.
"De acuerdo." Él giró hacia su portátil. "Bien, realmente tengo que concentrarme en esta carta que tengo que terminar – trata de no hacer mucho ruido."
Como si ella fuera bulliciosa. Había sido callada desde que era pequeña, así que eso no iba a cambiar. Entonces sólo se sentó en la cama y comenzó a cepillar de nuevo su cabello.
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Esto era perfecto. Cuántas personas tenían la oportunidad de estar TAN cerca de ella…
"Entonces estás diciendo que debo tomar el trabajo?" Inuyasha frunció mientras sostenía el teléfono cerca de su oído y hablaba tranquilamente. "Aunque podría matarme en cualquier momento."
"Dudo que ella hiciera eso si piensa que estás ahí para protegerla." Respondió Sesshomaru uniformemente. Aunque Inuyasha no podía ver su expresión, pensó que era seguro asumir que era totalmente inexpresivo. "Pero asegúrate de matarla a la primera oportunidad que tengas. No podemos dejar que continúe viviendo, entendido?"
Inuyasha sólo gruñó una respuesta cuando escuchó pasos acercándose por el corredor. No le dijo adiós a su hermano, sólo colgó. Justo entonces su padre entró con su asistente personal y su última esposa.
"Listo para ir, hijo?" le preguntó él a Inuyasha con una gran sonrisa.
Inuyasha sólo volteó sus ojos. "Si tengo que ir."
La asistente de su padre y esposa se adelantó mientras Inuyasha los seguía. Fue llevado a un abrupto alto cuando la mano de su padrastro se extendió y agarró su hombro firmemente. "Si arruinas esto, tendrás mucho que pagar."
"Y eso significa?" Inuyasha frunció.
"Significa que serás civil y amable y harás tu trabajo correctamente! El Sr. Higurashi es uno de los políticos más poderosos en el gobierno – si tú te metes con su hija mi cabeza estará acabada, lo entiendes?"
"Es un cuadro que me gustaría ver." Inuyasha se lo quitó. "Relájate, no soy un idiota. Sabes cuánto me pagarán por esto?"
"Espero que más de lo que gano en un mes." Refunfuñó su padre y lo pasó.
"Como si quisiera algo con esa perra." Dijo Inuyasha tranquilamente para sí.
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Kagome golpeaba sus dedos contra su muslo nerviosamente. Estaba sola en la habitación de su padre. Bueno… sola excepto por los siete o más Neanderthals entrenados por ahí. Pero por la cantidad de conversación y compañía que recibía de ellos, podría estar sola.
De repente la puerta se abrió y ella levantó la vista cuando su padre entró con una feliz sonrisa. Él volteó hacia los guardaespaldas. "Todos están despedidos."
'Todos están despedidos' era otra forma de poner eso y el miedo de Kagome se incrementó. Fuera de su vida iban sus actuales opresores – y otro estaba por entrar.
Una vez que todos se fueron Kagome encontró que podía respirar un poco más fácil… pero luego su padre volteó hacia la puerta. "Está bien, déjenlos entrar."
Kagome observó con un ligero frunce cuando unas personas que nunca había visto antes entraron – probablemente asociados – seguidos por el Sr. Kosaka… y luego el más joven Sr. Kosaka.
Su corazón se detuvo momentáneamente, y sintió su rostro acalorarse al momento que su mirada aterrizó en la suya. No era que estuviera sonrojada o avergonzada… sólo era la forma en que el joven estaba mirándola lo que la hacía sentirse extremadamente incómoda.
"Cariño, él es Inuyasha Kosaka, el joven del que te hablé." Su padre la hizo levantar. Kagome volteó sus ojos, haciendo un punto para desviar la mirada, como si olvidaría a este joven con lo mucho que su padre hablaba de él. "Inuyasha, ella es mi hija Kagome."
"Es un placer." Dijo Kagome distraídamente y extendió su mano. Hubo una larga, LARGA pausa antes de que alguien empujara a Inuyasha.
Él volteó sus ojos como lo había hecho ella. "Es todo mío." Él tomó su mano sin rodeos.
Agradables manos frías… levemente cálidas, notó Kagome. Él no parecía tan nervioso como lo estaba ella en conocerse. Ella se atrevió a levantar la vista brevemente para revisar su perfil y notó que también estaba haciendo un punto para mirar a otro lado excepto a ella. Tomó la breve oportunidad para ver sus rasgos, notando lo extraño y diferente que se veía a los demonios Y humanos… y aún parecía un buen espécimen en cualquier caso.
Sus ojos regresaron de golpe a ella y frunció, haciéndola sonrojar y desviar la mirada otra vez. Alguien podría pensar que él la despreciaba. Pero eso era imposible, ya que apenas se habían conocido y estaba ganando MUCHO dinero por cuidarla.
"Como estaba diciéndote antes, Kagome," su padre volteó felizmente hacia su hija. "Inuyasha es excelente en todos los niveles de resistencia física. Puede levantar digamos… siete mil libras con cada brazo?" él miró al Sr. Kosaka quien asintió orgulloso.
Kagome, ya sintiéndose engordada, sólo sacudió una pelusa de su manga y suspiró. "Estoy segura que he visto mejores."
El disgusto de Inuyasha por Kagome estaba creciendo a cada segundo. "Has intentado levantar siete mil libras antes?" él le frunció.
"No puedo decir que sí…" sonrió Kagome plácidamente.
"Vamos a decir que es como levantar dos elefantes – uno en cada brazo." Él sonrió.
Kagome no dejó que la sorpresa se le mostrara en la cara. Realmente no había sido impresionada… hasta que lo puso en términos de un lisiado para ella. En vez, sólo sonrió y desvió la mirada. "Estoy muy segura que un mono en la misma ropa también podría hacer el trabajo." Le dijo ella a su padre.
Su padre sonrió pero mentalmente estaba golpeando su cabeza contra un muro de ladrillos. No habían estado juntos cinco minutos antes de que estuvieran haciéndose piquetes mutuamente… esto no se veía prometedor.
Por otro lado el Sr. Kosaka estaba sintiéndose mucho mejor. Química! Fue lo que concluyó que estaba pasando entre los dos.
"Y después de lo que pasó ayer, Inuyasha, he decidido que es necesario que mi hija tenga protección especial." Dijo el Sr. Higurashi apretadamente. "Estoy seguro que lo harás bien."
"Oh sí… el incidente del carro bomba." Él le sonrió ligeramente a Kagome. "Puro genio quien salió con ese plan."
"Realmente no, viendo como el tonto falló en matarme dos veces." Dijo Kagome, usando cualquier cosa para estar en desacuerdo con él.
Los otros adultos en la habitación observaron con su propia mezcla creciente de miedo y ansiedad. A este paso iban a preocuparse más por si sobrevivirían o no a la compañía del otro más que a cualquier intento de asesinato.
"Bueno…" concluyó el Sr. Kosaka. "Creo que deberíamos dejarlos para que se conozcan mejor. Inuyasha – tu primera asignación puede ser escoltar a Kagome a su habitación."
"Sí, como si eso fuera difícil." Él resopló y comenzó a guiar el camino.
"No tendrías idea." Murmuró Kagome mientras daba las buenas noches a los hombres de negocios y seguía a Inuyasha ociosamente, caminando deliberadamente lento.
Cuando Inuyasha notó que ella estaba retrasándose volteó con molestia para encararla. "Cuál es el problema?" preguntó él impaciente.
"Ampollas…" suspiró ella fuertemente. "Caminé cinco metros esta mañana y mira a dónde me llevó…"
Ella sólo estaba molestándolo… maldición… y su padre estaba preocupado de que fuera él el que lo hiciera.
"Continuarías? No tengo toda la noche." Él cruzó sus brazos impaciente mientras ella gradualmente lo alcanzaba y se le adelantaba. Él la siguió, asegurándose de que no se saliera de curso. Se le ocurrió que estaba a menos de un metro de él… todo lo que tenía que hacer era alcanzarla… entonces sería un héroe para miles.
Aunque sería obvio. No se vería bien si era estrangulada misteriosamente después de estar diez minutos sola con él. Y después de la presentación allá, no habría forma de que saliera libre de eso. Él sería paciente y esperaría. Pero ahora fue rápido en perder su paciencia con su velocidad.
"Podrías ser más lenta?" siseó furioso y colocó sus manos en sus hombros para hacerla mover. Kagome hizo una mueca genuina.
"Qué demonios crees que estás haciendo! No puedes tocarme!" gritó ella, soltándose rápidamente.
"Obsérvame." Él agarró su brazo y comenzó a arrastrarla más rápido. "Cuál es tu habitación?"
"Atrás por ese lado." Ella sonrió y giró su cabeza hacia el camino por el que habían pasado. "Perdimos el giro hace cinco minutos."
"Oh por el amor de…" él la arrastró por el corredor.
"No puedes tratarme de esta manera!" Kagome medio gritó, pero secretamente sólo estaba haciéndolo para hacerlo retorcerse. "Podría acabarte por abuso!"
"Qué número de habitación?" preguntó él sin rodeos.
"Ocho, cuatro, dos." Dijo ella simplemente.
Él los llevó a un alto afuera de su habitación y extendió su mano por la tarjeta. Ella se la alcanzó de mala gana y lo observó abrirla por ella. Luego notó que estaba esperándola para que pasara la puerta primero.
"Qué?" ella lo miró expectante. "No esperarás que entre primero, verdad? Qué si hay un demente con hacha esperando detrás de la puerta para matarme?"
"Sólo puedo confiar." Remarcó él antes de pasarla por la puerta.
Por supuesto no iba a haber alguien ahí, pero Kagome hizo un punto de mirar alrededor sólo en caso, ya que no parecía estar arriba en la lista de prioridades de Inuyasha. Sus prioridades incluían la televisión y el sofá. Kagome volteó sus ojos mientras se ponía cómodo. Realmente había algo de descaro en él…
"Me voy a la cama." Remarcó ella significativamente y se retiró.
"Grita si algo pasa." Llamó él tras ella distraídamente mientras tiraba su puerta.
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Deber haber sido media noche – justo cuando Inuyasha estaba comenzando a dormirse después de ver tres horas de una serie alemana. No quería ver mucho más de Hilda y Hans robando bebés del hospital.
Los ojos de Inuyasha estaban por cerrarse cuando un penetrante grito lo sacó de su adormecimiento. Se levantó en un destello y había pasado por la puerta de Kagome antes de que realmente estuviera despierto. "Qué?"
"Oh vete!" gruñó ella. "Sólo estaba practicando."
Tal vez debiera reconsiderar toda esta idea de aceptar ser su guardaespaldas.
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Continuará…
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