Dos caras

(Two Faced)

Por Rozefire

Traducido por Inuhanya e IR-CHAN

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Capítulo 3

Por qué a los hombres no les gusta ir de compras

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Kagome bostezó y se estiró mientras salía de la cama de forma normal… y directo sobre el piso. Hizo una nota mental que los pijamas de seda no iban bien con sábanas de seda. Estaba anormalmente tranquilo afuera y se acercó para asomar su cabeza por la puerta para ver lo que estaba pasando en la sala.

No mucho…

Ella frunció levemente. Normalmente no habría menos de cinco o más hombres en trajes grises de pie alrededor como maniquíes, pero refrescantemente, hoy no había señal de ningún muñeco. Rápidamente supo el por qué después de un momento y miró hacia el sofá. Inuyasha estaba tirado, roncando gentilmente aún cuando debió haber sido su trabajo levantarse temprano para su seguridad. No era que Kagome se quejara del todo…

Era un cambio agradable poder hacer cosas sin alguien bajo sus pies y haciéndolo primero. Así que fue directo al baño para tomar una ducha, feliz de que no tuviera que esperar toda una hora para que Inuyasha revisara por micrófonos ocultos y tales cosas.

Cuando salió… él todavía estaba dormido… y estaba comenzando a ponerla nerviosa. Así que, sintiéndose menos que reprimida, ella avanzó, se detuvo sobre él con su húmedo cabello y exprimió lo último de agua sobre su rostro.

"Qué de-" él despertó de un salto y se sentó balbuceando.

"Oops, olvidé que estabas ahí." Dijo Kagome indiferentemente mientras iba hacia el refrigerador. "Quieres jugo de naranja?"

"Seguro…" gruñó Inuyasha, frotando su húmedo rostro con su manga.

"Bien." Kagome cerró el refrigerador y se sirvió un vaso y regresó la caja.

Inuyasha la miró. "Dónde está mi bebida?" sugirió él mientras ella sorbía casualmente su propio jugo.

"Sólo quería saber si querías un poco de jugo de naranja. Si quisiera servirte te lo hubiera dicho." Ella sonrió plácidamente y miró su reloj.

"Voy a vestirme – no me espíes!"

"Y arriesgar perder mi desayuno? No creo." Él frunció mientras desaparecía con un leve gruñido de irritación.

Él fue a servirse esa bebida y se preguntó lo que debía hacer todo el día. Se supone que debía cuidarla las veinticuatro horas del día… así que realmente esperaba que ella hiciera algo interesante.

Cuando Kagome regresó él frunció sus ojos ligeramente para ver lo que estaba usando antes de mirar de nuevo el T.V.

"Qué piensas?" preguntó Kagome, dando un pequeño giro en su corto vestido de veraneo con su cabello recogido en un moño.

"Muy bonito." Gruñó Inuyasha en la usual respuesta masculina.

"Pero no estás mirando." Ella cruzó sus brazos con un leve frunce en su rostro.

Inuyasha la miró muy, muy brevemente. "Muy bonito."

"Lo dices en serio?"

Él resopló. "No."

Kagome volteó sus ojos. "Mi trasero se ve grande en este vestido?" preguntó ella sarcásticamente. Inuyasha sonrió y estaba por responder cuando su chaqueta fue lanzada sobre su cabeza. "Toma tus cosas, mono, nos vamos de compras." Le dijo Kagome determinada mientras iba a agarrar su bolsa y lentes de sol.

"Crees que sea sabio?" él retiró la chaqueta de su cabeza y se puso a arreglar su cabello otra vez.

"Por qué no?" Kagome sonrió. "Voy de compras todo el tiempo."

En realidad, era una completa y total mentira. Sólo había ido de compras tres veces en toda su vida y cada vez había sido un poco más decepcionante. Había sido hundida por más de treinta hombres a su servicio y todo el centro comercial o distrito comercial con frecuencia o no había sido evacuado para su uso personal. Eso apestaba. Pero ahora tenía a Inuyasha… y él no parecía como el tipo para soplarle a su padre… no conocía las reglas como los otros hombres. Había demostrado eso muy claramente cuando había tocado su brazo.

"Vamos." Kagome lo invitó desde la puerta. "Podemos llamar un taxi en la entrada."

Inuyasha frunció y se metió en su chaqueta. "Como sea…"

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"Y qué si alguien te reconoce y decide acuchillarte o algo?" preguntó Inuyasha indiferentemente mientras se sentaban tan lejos como fuera posible del otro en la parte trasera del taxi.

"Eso es por qué estamos pagándote." Respondió Kagome con una pequeña sonrisa.

"Qué si dejo a alguien acuchillarte."

"Entonces eso es por qué te despediríamos." Kagome respondió igualmente dulce. "Además las probabilidades de alguien reconociéndome son muy bajas, no lo crees? Difícilmente alguien sabe cómo me veo, porque mi papá siempre trabaja muy duro para mantener mis fotos lejos de los periódicos."

"Con buena razón. No querrás asustar a los niños, verdad?" él sonrió condescendiente.

"Sería mucho más notable si fuera con cincuenta guardaespaldas." Kagome continuó ignorando sus punzadas. "Eso es por qué vas a ser TAN útil."

"Me haces sonar como un pañuelo o algo."

"Deberías estar orgulloso."

De repente Inuyasha jadeó y su mano voló para sujetar su corazón. Kagome frunció. "Estás teniendo un infarto?"

Inuyasha sacó un teléfono del bolsillo de pecho de su chaqueta. "Está en vibrador."

"Lástima…" Kagome volteó para mirar por la ventana. "Dicen cosas extrañas de hombres con teléfonos vibradores…"

Él le disparó una preocupada mirada antes de responder. "Hola?"

"Ya está muerta?"

Era la voz de su hermano. Inuyasha miró a Kagome quien continuaba observando el mundo pasar afuera. "No."

"Mejor te apuras. Recibí una copia por fax de esa profecía que se supone va a actuar y parece que pasará pronto. Sin importar qué – ella NO PUEDE seguir adelante con eso, entendido?"

Inuyasha escogió sus palabras cuidadosamente. "Qué dice?"

"No pudo decirte ahora. Tal vez después. Sólo asegúrate de deshacerte de ella."

"Cuando sea el momento correcto." Dijo Inuyasha un poco más forzado de lo que había querido. Kagome le dio una sospechosa mirada entonces.

"Nosotros no hacemos esto a tu tiempo, Inuyasha. Sólo tienes las órdenes, de acuerdo?"

"Sí." Inuyasha mantuvo su voz neutral pero su rostro debió haber estado despectivo, para cuando colgó Kagome estuvo en su argumento.

"Quién era?"

"Un amigo."

"No sonó como un amigo." Le dijo Kagome.

Por un momento él pensó que había escuchado lo que había dicho Sesshomaru, pero entonces se dio cuenta que tenía un rostro muy expresivo y ella había visto cuán molesto podría ser ante su hermano mayor. "Ex novia." Inventó él rápidamente.

"Una ex?" Kagome sonó sorprendida.

"La idea que haya salido con alguien es tan sorprendente para ti?"

"Sí." Kagome miró por la ventana antes de inclinarse rápidamente y golpear el vidrio. "Déjenos en esta esquina!"

Tan pronto como salieron del taxi y pagaron su carrera – o más bien Inuyasha había pagado, encontró difícil seguir el rastro de Kagome. Las multitudes eran asombrosamente espesas – pero era un fin de semana después de todo. Prácticamente la mitad del país estaría comprando hoy, Kagome no siendo la excepción.

Él consiguió seguirla seguramente todo el camino hacia la entrada del centro comercial pero no tan pronto pasaron las puertas, una multitud de personas los pasaron de salida… e Inuyasha perdió vista de su cargo.

Por un rato permaneció, mirando alrededor, tratando de encontrar por cuál camino se había ido, pero fue imposible. Todos estaban usando los mismos colores de Kagome y estaba camuflada. Sin duda no le importaba si ella lo había perdido o no.

"Oh mierda…" murmuró él, realmente preocupado por un momento antes de caer en cuenta. No se agitó en realidad. Y qué si se perdió? Gran cosa! Siempre podría culparla cuando su padre viniera a reclamarle. FUE su culpa después de todo. Necesitaría irse a casa al final del día así que tendría que encontrarlo entonces… así que sólo podría sentarse y relajarse y tener el día libre de perra.

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Kagome observó con satisfacción desde afuera de la entrada mientras Inuyasha miraba alrededor por un momento antes de parecer encogerse y alejarse. Había logrado engañarlo al escabullirse afuera con la turba de gente que había pasado. Ahora podía moverse libremente sin el viejo grillete.

"Soy tan inteligente!" exclamó ella y de nuevo entró al centro para ir a tener una seria terapia de compras.

Pero pronto Kagome descubrió POR QUÉ no podía ir de compras. Las absorbió. Debió haber entrado en cada tienda dentro del centro… pero no podía encontrar nada que se ajustara a su gusto. Nada de zapatos… ropa… accesorios o música. Algo debía estar seriamente mal.

Tenía mucho dinero para quemar agujeros en sus bolsillos, pero después de un tiempo estaba comenzando a aburrirse.

Kagome suspiró mientras giraba la esquina hacia la plaza de comida y se detuvo en seco. Desde aquí podía ver a Inuyasha sentado en una de las mesas… más como recostado contra ella ya que no había más sillas para sentarse, ocupadas como todas parecían estar por chicos de su edad.

Tratar con Inuyasha era algo que no planeaba hacer todavía, aún esperaba tener unas horas de libertad antes de que probablemente pudiera intentar arrastrarla de nuevo.

Entonces Kagome se pudo su disfraz.

Nop, ningunos anteojos de superman o algo feo como eso. Sólo se puso su chaqueta, soltó su cabello y se colocó sus lentes de sol. Él buscaría a una chica con su cabello recogido, así que esta era una buena forma de pasarlo sin él darse cuenta.

Cuando se aseguró de que se veía como una chica completamente diferente salió de la esquina con pasos deliberados y se dirigió al baño de damas para refrescarse. Estaba en esa pequeña alcoba con el escape de incendios justo al otro lado del grupo de Inuyasha. Estaba mirando hacia su dirección pero no estaba buscándola así que tenía una buena oportunidad de escapar.

Ella miró a lo largo de su paso, sabiendo que si lo miraba todo el camino entonces inevitablemente la miraría por casualidad y sería atrapada. Ahí fue cuando ubicó a un grupo de jóvenes viniendo de la dirección opuesta. No había forma en que no fuera a ser molestada por esos… no cuando un par de ellos había dejado de hablar y bromear para verla acercarse.

Ella se les acercó, y por un momento pensó que no iban a dejarla pasar… pero se hicieron a un lado un momento o dos muy lentamente para su gusto y dejarla ir.

Inuyasha movió su cabeza lentamente en su mesa y suspiró. A quién creía que estaba engañando? Podría cambiar su cabello pero no podía cambiar su aroma. La reconoció al momento que pasó la mesa. Pero la dejó ir… él no planeaba irse todavía. Chistosamente, tampoco quería pasar mucho tiempo con ella.

Estaba por continuar su conversación cuando notó algo extraño. El grupo que había retenido a Kagome un momento atrás se había detenido y volteado, ahora estaba siguiendo la misma dirección en la que ella iba. No era una simple coincidencia, considerando que esos hombres no podían quitarle sus ojos de encima.

Ellos también eran demonios.

Ira surgió por su cuerpo y se retiró de la mesa para caminar tras ellos. De ninguna manera esta oportunidad de oro para matar a Kagome iba a serle arrebatada – no ahora que estaba tan cerca! Ninguna afortunada pandilla de niñitas se la quitarían. Esta era su oportunidad – no la de ellos!

Kagome intentó la puerta del baño de damas y para su irritación encontró que estaba con llave y la señal de 'fuera de servicio' había sido colgada. Maldijo suavemente y volteó para intentar en otro lugar cuando de repente encontró su paso bloqueado por seis jóvenes. Esto no parecía bueno para Kagome… y tuvo problemas en tragar.

"Puedo ayudarlos muchachos?" intentó ella, insegura realmente de cómo manejar esto. Nunca había estado en este tipo de situación.

Tal vez salir había sido una mala idea.

"Claro que puedes ayudarnos, niña." Uno de los hombres más altos se adelantó y alcanzó para enroscar uno de sus mechones de terciopelo alrededor de su dedo.

Una cosa que Kagome no podía soportar sobre nada más era a alguien tocando su cabello. Ella retiró su cabeza y miró al joven que la había alcanzado. "Quita tus manos de mi."

"Escuchamos rumores de que se supone eras un chico." Dijo uno de ellos con una sonrisa de desprecio. "Seguro luces extraña para ser un joven."

El corazón de Kagome se apretó. Ellos sabían quién era ella… sabían que era Kagome Higurashi.

"Ven aquí y muéstranos que no eres un chico, niña prodigio." El que había tocado su cabello ahora agarró su cintura con suficiente fuerza y la atrajo hacia adelante. Kagome abrió la boca sorprendida cuando se halló halada duro contra su cuerpo mucho más alto. Nunca había sentido tanto contacto con alguien más… y un gran rubor se disparó en su rostro y el miedo la enfrió. "Suéltame!"

"No hasta que nos pruebes lo contrario, nena." Ellos rieron ante sus viscosos y pequeños forcejeos para soltarse.

Kagome se retorció y volteó, desesperada por liberarse, pero el joven sujetándola parecía infaliblemente fuerte… de hecho sospechosamente fuerte. No estaría muy sorprendida si en realidad fuera un demonio. Pero todo en su interior estaba gritando alejarse de ellos. Cómo era que nadie estaba corriendo a ayudarla? Estaba en un centro comercial lleno de personas para gritar fuerte!

Entonces la noche en brillante cabello blanco llegó finalmente. "Oye! Creo que la respuesta a esa pregunta es muy obvia."

"Inuyasha!" gritó Kagome con alivio, pero aún no era soltada.

"Obviamente es una chica a pesar de su confusa apariencia."

"INUYASHA!" gritó ella, un poco más irritada.

Él suspiró casi invisiblemente. "Bueno, no más quejas, baja a la chica."

"Y qué harás si no lo hacemos?" desafió uno de los jóvenes. "Eres tan débil que no puedes disfrazarte apropiadamente."

Definitivamente demonios, pensó Kagome de repente. Demonios escondidos en forma humana.

"A diferencia de ustedes no necesito preocuparme por tener que esconder mi cara de los humanos. No soy un cobarde." Dijo Inuyasha sencillamente.

Su comentario los aquietó de una vez y ellos lo miraron, soltando de repente a Kagome y tirándola a un lado. "Maldito traidor – defendiendo a esa bruja!"

Inuyasha frunció, pesando las posibilidades de sus oportunidades. Seis contra uno… hmm… no le gustaba esas probabilidades. Pero no estaba para dejarlos tener el crédito por Kagome.

Kagome sabía que Inuyasha estaba muerto… ahí iba otro guardaespaldas… y realmente tenía esperanzas en él también. No importa. Pero en el momento, estaba ligeramente más preocupada por sus propias posibilidades de salir de este desastre sin mucho daño.

Justo entonces uno de los jóvenes lanzó su puño hacia Inuyasha y Kagome gritó y escondió su rostro. No quería ver esto. Lo que siguió fue una serie de ruidos sordos y gruñidos y luego un fuerte golpe, algo de movimiento y un grito.

"Y quédense afuera!" gritó Inuyasha furioso mientras el resto de la pandilla salía por el escape de incendios donde Inuyasha previamente había lanzado a uno de los suyos.

Kagome levantó la vista sorprendida y encontró que estaban solos e Inuyasha estaba de pie sobre ella con su mano extendida. Una agria mirada era inminente en su rostro.

Kagome quedó boquiabierta. No se veía sin aliento o golpeado. Cómo lo había hecho?

"Bueno impresión de pez." La elogió él quejándose.

Rápidamente Kagome cerró su boca y se levantó, ignorando su mano ofrecida. Inuyasha suspiró y la bajó. Esta joven realmente era más problema de lo que valía. Tenía que hacerlo esta noche… causar un accidente o algo, para que la gente no lo cuestionara.

"Inuyasha?"

Él volteó ante el tono de su voz y estuvo por decir algo cuando ella de repente se aferró a él como una sanguijuela. Permaneció, brazos extendidos a los lados mientras ella lo abrazaba fieramente por el pecho, con una expresión distintivamente marcada. "Oh… no hagas eso…!"

"Entonces gracias por salvarme." Murmuró Kagome en su pecho.

"Y gracias por soltarte de mi." Él la separó forzosamente y la alejó. De repente le sonrió – y el repentino cambio de expresión confundió a Kagome. "Al menos no soy el que tiene que explicarle esto a su padre, verdad?"

Kagome se blanqueó. "Oh dios no…" su padre iba a matarla cuando lo descubriera. Inuyasha no iba a permitir que esto pasara inadvertido. Después de todo era un idiota…

"Si tú no le dices," Inuyasha sonrió. "Yo tampoco lo haré."

"No lo harás?" Tartamudeó Kagome, aparentemente sorprendida.

"Bueno… no hasta que hagas algo para molestarme – entonces le diré." Él avanzó hacia la salida de emergencia. "Entonces, estás lista para ir a casa?"

Kagome asintió tontamente mientras lo seguía. Por supuesto, al momento que él abrió la puerta por una segunda vez la alarma se disparó y todos miraron en su dirección.

"No dejes de correr hasta que llegues al taxi!" rápidamente Inuyasha le gritó y se dirigió hacia la calle principal.

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Continuará…

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