Dos caras
(Two Faced)
Por Rozefire
Traducido por Inuhanya e IR-CHAN
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Capítulo 12
La Verdadera Profecía
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La tierra siempre ha estado y siempre estaría dividida en luz y oscuridad
Una barrera de madera siempre será el divisor
Como siempre los oscuros dividen a los blancos y puros
Hasta ese día la oscuridad se levantará en las regiones oscuras de las más oscuras
El gris vendrá llevando el nombre que cada hombre, mujer y niño ha escuchado y cantado
Por eso será el día que todas las tierras se desharán de la oscuridad y el mal, el mundo se guiará a la luz y el mundo se limpiará del y negro
(Sin errores de letras, lo juro)
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De vez en cuando ella entraba y salía de la conciencia, vagamente consciente de fragmentos de conversación a su alrededor y algunas veces una fría sensación en sus extremidades. Pero olvidó todo al momento que regresó a la inconsciencia.
"Debemos matarla." Dijo Kouga puntualmente por lo que era probablemente la quinta vez en los últimos cinco minutos.
"No hasta que despierte… tenemos que hacerlo despacio." Le espetó Yura.
Kagura estaba moviendo su cabeza lentamente ante los otros dos mientras Sesshomaru mantenía sus ojos fijos en la joven desplomada en el piso con sus manos atadas tras su espalda a una vieja y oxidada vara de acero que estaba conectada al suelo y al techo de su refugio subterráneo. De vez en cuando ella se movía y algunas veces murmuraba algo incoherente, pero usualmente caía dormida. El tranquilizador de caballos no pareció sentarle bien a esta niña.
"Inuyasha…" Sesshomaru miró a su joven hermano, quien estaba más atrás del resto de la célula. "Alguien más aparte de esta joven está consciente de tu traición?"
Inuyasha levantó la vista del suelo, antes de mover su cabeza rápidamente y mirar atrás.
Sesshomaru asintió. "Entonces no serás perseguido en el norte." Él volteó y comenzó a irse. "Mátala cuando despierte."
"Espera!" La cabeza de Inuyasha se levantó de una y se movió para bloquear la salida de su hermano. Sesshomaru lo miró expectantemente mientras los pensamientos de Inuyasha corrían por alguna excusa.
"Y bien?" Yura preguntó cuando el silencio se extendió.
"No deberías matarla…" Tartamudeó Inuyasha una excusa. "Quiero decir… hemos esperado TANTO tiempo por este momento… no podemos alargarlo?"
"Eso es por qué vamos a matarla lentamente." Dijo Kouga como si estuviera hablándole a un niño.
"Bueno, no durará tanto - es muy débil." Inuyasha forzó un presuntuoso resoplo. "Por qué no demandamos un rescate de las personas en el norte - pagarán en cuestión de días ya que quieren su seguridad para el día de la oscuridad el cual va a ser aquí pronto."
"Un rescate?" Kagura frunció.
"Al menos de esa forma sacaremos algo de dinero de esto." Declaró Inuyasha. Él notó las dudosas miradas y rápidamente añadió, "Luego podemos matarla."
"Eso tomará mucho tiempo." Kagura cruzó sus brazos con mala cara y miró hacia Sesshomaru. "No puede hablar en serio."
"Kagura…" El hermano mayor observó a Inuyasha mientras le hablaba a la mujer. "Tienes alguna idea de lo mucho que cuesta dirigir nuestra milicia y mantenerla junta?"
Kagura se movió. "Mucho…?"
"Correcto. Esta niña es una perra costosa, podríamos necesitar pedir un reembolso." Sesshomaru comenzó a salir del refugio. "No la mates, pero deja a los perros afuera. Inuyasha y Yura, ustedes dos quédense aquí y vigílenla apropiadamente."
Kouga y Kagura salieron detrás de Sesshomaru, enviando dudosas miradas en dirección de Inuyasha. Él los ignoró y se deslizó por la pared hacia el piso con un suspiro. Yura lo miró un momento antes de regresar su atención a la humana y traqueó sus nudillos. "Quién dijo que necesitamos asegurar que saliera libre de heridas, eh Inuyasha?"
"Tócala y te arranco la cabeza." Siseó él.
Yura le dio una fuerte mirada a ella. "Oh sí? Un débil demonio mestizo como tú?" rió ella. "Mis costados reventarán!"
Inuyasha estuvo por ir allá y demostrarle cuán efectivamente sus costados podían estallar de verdad, cuando un gruñido de Kagome los silenció. Parecía al fin que Kagome esta vez estaba despertando seriamente.
Yura sonrió lentamente y se agachó al lado de la desplomada joven. Ella inhaló profundamente y ladeó su cabeza un momento cuando Kagome frunció levemente. Entonces, tan rápido como un látigo, la mano de Yura se disparó y levantó a Kagome por su cabello. La joven dio un agudo grito cuando su cabeza chocó contra la barra de acero y puntos bailaron ante sus ojos. Inuyasha comenzó a ir hacia ella, antes de contenerse y permanecer forzosamente rígido mirando al piso.
"Oh lo siento… te dolió?" Yura tocó sus labios con sus dedos como disculpándose, antes de dejarlos para revelar una sonrisa. "No puedes dormir a tu tiempo, perra, ahora estás bajo nuestras reglas."
La cabeza de Kagome se balanceó y por un momento pensó que iba a dormirse otra vez, antes de forzar su cabeza hacia atrás. Esa estúpida profecía que su padre había inculcado en su memoria se mantenía destellando en su mente… eso y muchas luces. Realmente no podía enfocarse en mucho más.
"Dónde… estoy?" Dijo Kagome con la garganta seca.
"Buena pregunta." Yura se sentó cómodamente ante Kagome. "Tampoco puedo decirte."
Kagome abrió sus ojos e hizo una mueca cuando al enfocarse en Yura le dio vueltas la cabeza, pero después de un momento comenzó a aclararse. "Q-quién eres tú?"
"Yura." Dijo Yura.
"Tú…" Kagome luchó por recordar. "Tú… estabas con ellos… me disparaste…"
"No, te lanzamos un dardo… y esa fue Kagura." Yura sonrió.
"Inuyasha vendrá por mi… te hará pagar…" murmuró Kagome, claramente sin recordar todo lo que había sufrido.
La sonrisa de Yura se extendió a una deleitada sonrisa. "No recuerdas, verdad?!" ella rió y juntó sus manos. "Esto es maravilloso - Inuyasha, ven aquí un momento."
Inuyasha no se movió, pero no lo necesitaba. Los ojos de Kagome viajaron en la dirección que Yura había indicado y lo vio de pie a unos metros, parcialmente oscurecido por las sombras. Por un momento se preguntó por qué sólo estaba ahí parado y no defendiéndola como usualmente lo hacía. Y entonces esa imagen salió a la superficie de su memoria. Él era uno de ELLOS…
"Tú… me traicionaste…" dijo Kagome en una voz inusualmente calmada.
Yura sonrió como un gato de Cheshire. "Él hizo más que eso… nunca estuvo contigo para traicionarte en primer lugar." Ella miró a Inuyasha. "Dile lo que hiciste!"
Inuyasha no dijo nada, no se movió. Tenía miedo de levantar la vista y encontrar los ojos de Kagome, no tenía idea de cómo se estaba sintiendo ella por él… realmente tampoco quería averiguarlo.
Yura se encogió. "El cachorro perdió su lengua." Ella miró a Kagome con una sonrisa. "Recuerdas el carro bomba y el francotirador?"
El estómago de Kagome se apretó. "Sí…"
"ÉL hizo la bomba… él mató a tu último guardaespaldas y tu chofer y trató de matarte también." Dijo Yura lentamente.
Kagome no retiró sus ojos de Inuyasha. El Inuyasha que había llegado a conocer y apreciar había sido gruñón… irritable, temperamental e impaciente… pero había sido leal, dulce, cuidadoso y responsable. Todo había sido una mentira?
"Él mató a tu guardaespaldas para que pudiera tomar su lugar." Yura sonrió. Estaba extendiendo un poco la verdad pero Inuyasha no estaba en posición de verla directamente. "Y el accidente de avión?"
"Sí…" Dijo Kagome en una voz plana.
"Él lo causó… planeó matarte y a todo el grupo… falló - otra vez - pero al menos consiguió deshacer al mundo de unos pocos soldados." Yura sonrió forzadamente. "Tienes suerte de que no haya intentado matarte durante su tiempo juntos… deliberadamente te separó de los otros para que pudiera regresar y matar al resto y luego ocuparse de ti."
La respiración de Kagome se atascó en su garganta. "Sango!"
"Y el Mayor Houshi también." Yura estaba disfrutando la tensión entre los dos. "Y si no nos crees… mira para allá…"
Yura miró hacia las sombras detrás de Inuyasha. Kagome lo pasó y por primera vez notó una bota vistiendo un pie sobresaliendo de la oscuridad, el resto del cuerpo estaba escondido.
"Oh dios…" Kagome se sintió muy enferma de repente.
"Creo que era el compañero Kenji." Yura sonrió y se sentó para disfrutar del silencio. Después de unos momentos de puros segundos sin sonido donde sólo el alto y agudo lloriqueo podía escucharse ella se levantó y se dirigió hacia la puerta. "Los dejaré para que hablen."
Ella cerró la puerta cuando salió, dejando sólo al par en absoluto silencio. Inuyasha tuvo una prominente sensación de que Kagome estaba mirándolo, y todavía estaba parcialmente temeroso de levantar la vista y encararla. No había forma de que ella pudiera perdonarlo por esto…
Eventualmente él dirigió una mirada en su dirección y notó que estaba mirando adelante sin mucha expresión. No estaba seguro si debería estar feliz de que no estuviera gritándole obscenidades o no. Y después de un rato el silencio estaba volviéndose ensordecedor y tuvo que hablar. "Di algo…"
Ella movió su mirada hacia él. "Hola…"
No estaba molesta. Él le frunció y ella suspiró y desvió la mirada. "Gracias…"
Esto sólo lo confundió aún más. "Gracias… por qué?" él frunció más.
"Por mostrarme lo ingenua y estúpida y ridícula que era mi visión de los demonios." Ella apretó sus puños de donde estaban amarrados seguramente detrás de su espalda, alrededor de la barra. "Por mostrarme lo estúpida que fui…"
Inuyasha abrió su boca para protestar… pero sabía que el resto de su célula estaba dentro del alcance del oído, y no debía decir nada para hacerlos dudar. "No eran opiniones estúpidas…" dijo él tranquilamente.
Kagome sólo movió su cabeza y la recostó contra la barra con un suspiro. "Por qué…?" ante su perpleja mirada ella explicó. "Por qué lo hiciste?"
"Porque no puedes cometer genocidio."
Ella tuvo que morder su lengua para señalar que no PLANEABA cometer nada a nadie. Pero no había caso en explicarle eso a un asesino que no entendía su reluctancia a hacerlo. "Los demonios mataron a tus padres… por qué te aliaste con ellos?" preguntó ella fuertemente.
"Eso es una mentira que mi padrastro inventó para esconder la verdad! Los humanos mataron a mi papá y luego mataron a mi madre!" Espetó Inuyasha. "Yo me alié con mi propia raza, Kagome, como tú con los tuyos."
Kagome apretó su mentón por un momento antes de lograr controlar su rabia. Pero la urgencia de gritarle era abrumante. "Supongo que es aquí donde imito todas las películas y digo que no te culpo…" dijo ella en una voz baja y temblorosa. "No es tu culpa que tus padres fueran asesinados por humanos… no es tu culpa que cayeras en un mal grupo… no podías evitarlo…"
Inuyasha suspiró. Algunas veces no podía entender lo comprensiva que podía ser.
"Pero esto no son las películas, verdad?" Kagome lo miró fuertemente y lo vio saltar. "El punto es que tú SABÍAS dónde estabas desde el principio, no es así? Elegiste tu propio camino y decidiste en algún momento que tenía que pagar por los errores de alguien más!"
Inuyasha la miró mientras temblaba con enojo, su rabia se volvía evidente en su voz. "Mataste a mi mejor amiga! Trataste de matarme! MÁS de UNA VEZ! Y cada vez me engañaste en pensar que estabas ahí para protegerme! Me sostuviste y ofreciste compasivos intentos de consuelo por las cosas que estabas haciendo - pensando que no entendería! Pero entiendo perfectamente Inuyasha!"
"Kagome-"
"Me mentiste desde el principio - me odiabas al minuto que entraste en esa habitación y comenzaste a insultarme! Por qué demonios no vi venir esto, no lo sé! Dos caras hijodeperra!!" Kagome tiró de sus atadas manos cuando la rabia la atravesó. "No te culpo - te compadezco! Se merecen mutuamente! Te odio! Te ODIO!"
"Todavía no me has dado la oportunidad de explicarme-"
"Qué hay que explicar?!" gritó Kagome furiosa, lágrimas nublando su imagen. "Me engañaste! Y sabes lo que dicen - Engáñame una vez y eres culpable - engáñame dos veces y soy culpable?! Bueno entiende esto - esta es la primera vez que no puedes discutir que no es tu culpa! Tú me engañaste en creer que podía confiar en ti!"
"Podías!"
"Tuviste el VALOR de decir 'confía en mi' y te creí!" gritó Kagome. "Confié en ti! Y por primera vez en toda mi vida pensé que tal vez podía tener un novio como una chica normal!"
"Quieres decir… yo?!" él hizo una buena imitación de un pez dorado en shock.
"No - Miroku - quién crees?!" espetó ella sarcástica. "Te mantenías diciendo y haciendo cosas que me hacían pensar 'tal vez' - pero ahora me di cuenta que eran lapsos mentales temporales o pequeños ataques!"
"Nunca quise que fuera así, Kagome!"
"Oh, estoy segura!" siseó Kagome. "Apuesto que esto está matándote, no es cierto!"
Su sarcasmo era más verdadero de lo que se dio cuenta. E Inuyasha estando harto de su tono mordaz y comentarios gruñó y salió, tirando la puerta tras él.
Kagome forcejeó contra sus ataduras, su rabia palpitaba por sus venas por galón… no podía recordar una vez cuando había estado tan molesta. Había dicho en serio cada palabra - un traidor no tenía lugar en su corazón. Odiaba a Inuyasha. Lo odiaría para siempre.
Un cuarto de hora después la adrenalina y la rabia parecieron subsidiar un poco y lentamente fue reemplazada con algo igual al pánico y shock ante su situación. El total impacto de las verdaderas intenciones de Inuyasha fueron como un puño en la cara… y ella comenzó a tornar ese odio que sentía en miseria… hasta que no pudo contenerla más.
Así que lloró en silencio, esperando que ninguno de esos monstruos entrara pronto y la encontrara en semejante estado. Ella al menos todavía tenía su orgullo …
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Cuatro horas después y nadie le había hecho una visita, y había estado retirando las sogas alrededor de sus muñecas con ferocidad. La oxidada barra hizo un pobre sustituto de una sierra, pero los rudos bordes cortaron las fibras de la soga un hilo a la vez. En tanto como se mantuviera despierta podría huir… y no tenía miedo de intentar algo para escapar. Preferiría morir rápidamente y libre que lenta y dolorosamente.
Algo reventó tras ella y soltó sus manos con un jadeo de dolor y alivio. Ella se sentó por un momento, frotando suavemente los ribetes que se habían levantado en sus muñecas. Después de unos segundos de regresar la sensibilidad a sus adormiladas piernas se tambaleó de pie y comenzó a dirigirse a la puerta.
Esto era. Su oportunidad de escapar. Probablemente sólo tendría una oportunidad.
Ella abrió la puerta y corrió tan rápido como pudo en una dirección ciega. Vio que había un segundo escondite por el rabillo del ojo y se dio cuenta que ahí era donde estaban situados los demonios. Si sólo pudiera-
Un repentino canino gruñó y muchos ladridos feroces la detuvieron en seco cuando de repente se encontró encarada con dos enormes perros. Eran casi tan altos como ella y estaban en cuatro patas! Kagome retrocedió lentamente preguntándose qué demonios iba a hacer ahora. No había forma que lograra pasar.
Dentro del segundo escondite Sesshomaru levantó la vista ante el sonido de los perros guardianes lanzando un ataque. Su prisionera estaba intentando escapar. "Inuyasha, ve a traerla."
Él estaba sentado contra la pared, lejos de los otros, y no hizo movimiento para seguir esas órdenes. Sólo ignoró a su hermano mayor como si no lo hubiera escuchado.
"Inuyasha…" repitió Sesshomaru con un destello de amenaza en su tono.
Inuyasha se levantó y se dirigió hacia la puerta sin una palabra. Justo cuando se detuvo afuera escuchó un grito y un rasgado de tela. Él vio a Kagome inflarse indignada y agarrar los restos de su falda que colgaba de la boca de uno de los grandes perros. "Regrésame eso gran tonto!"
"Deja en paz al perro." Dijo Inuyasha planamente.
Kagome volteó ante el sonido de su voz para encararlo con una concisa expresión antes de girar otra vez y aparentar correr hacia los árboles, sin tener en cuenta que los perros pudieran devorarla.
Inuyasha estuvo detrás de ella en un parpadeo y había agarrado lo último de su falda para detenerla. "Quieres volverte la cena de los perros? Sin importar lo mucho que parezcas?"
"Cállate! Suéltame!" ella no se estaba moviendo, mayormente porque temía de lo que pasaría si lo último de su falda se desprendía.
"Y dejarte ser asesinada?" él resopló. "No todavía."
Kagome volteó hacia él con repentinos ojos suplicantes. El cambio en actitud envió a Inuyasha por una espiral. "Por favor - no dejes que me maten, Inuyasha! Lo juro! Nunca he lastimado a nadie y no lo planeo en un futuro cercano! Por favor no me condenes por algo que SABES no he hecho!"
Casi estuvo tentado a soltar su falda. Casi.
"Regresa adentro." Dijo él planamente. Su hermano podía escucharlo lo bien suficiente desde aquí y no necesitaba nada incriminatorio.
"Por favor!" Kagome agarró el frente de su chaqueta en sus manos y retorció el material con sus puños. "No quiero morir!"
Un silencioso tiempo pasó entre ellos, pero después de unos momentos Inuyasha agarró sus muñecas fuertemente y la arrastró en dirección de la cabaña. Él les silbó a los perros para hacerlos seguirlos adentro.
"No!" Kagome forcejeó en su agarre y lanzó su peso alrededor, tratando de soltarlo. Pero no era rival para un joven que podía levantar elefantes pero luchó de todas formas. "Inuyasha - no me hagas esto! Pensé que éramos amigos!"
"No podemos ser amigos!" espetó Inuyasha mientras amarraba otra soga alrededor de la barra y sus muñecas. "Los demonios y los humanos no pueden coexistir! Es imposible! Y tampoco podemos ser amigos!"
Kagome estiró su pierna buena y lo pateó sonoramente en el lado de la cabeza. "Oye, perra!"
"Escúchate! Suenas como uno de ellos! Te conozco! Sé que no puedes ser así!" gritó ella con angustia.
"Entonces no sabes tanto como pensabas." Él atrapó sus tobillos y los ató juntos, un poco gentil de lo necesario desde que no quería lastimar su tobillo torcido.
Kagome sintió la distintiva restricción en la que estaba poniéndose cuando había atado su tobillo malo. La compadecía? Compadecía o empatizaba? O este lado 'escondido' para él era todo un gran engaño?
"No intentes escapar otra vez de lo contrario los perros te atacarán." Él señaló a los animales mientras los pasaba a su salida.
Kagome reflexionó sobre esto en silencio por un buen cuarto de hora, mirando a los perros con desafío antes de armar un escándalo y gritar a todo pulmón. "DÉJENME SALIR! AHORA!!!! HÁGANLO O USARÉ MIS PODERES EN TODOS USTEDES!!"
Un total mentira por supuesto, pero probablemente lo sabían.
"ESTOY USANDO UNA GRAN SEÑAL EN MI ESPALDA DICIENDO 'PATÉAME' O 'EXPLÓTAME'????!!! DÉJENME SALIR DE AQUÍ O TODOS SUFRIRÁN TERRIBLES CONSECUENCIAS!!"
Ella continuó gritando como por hora y media, su voz tornándose un poco ronca pero no disminuyendo en volumen.
"… Y LA NAVAL, Y LOS MARINOS, Y LA FUERZA AÉREA!!! ELLOS LOS CAZARÁN COMO LA ESCORIA QUE SON HASTA-"
La puerta se abrió, interrumpiendo su balada. "Por favor te callarías?! Estás dándonos a todos un dolor de cabeza!" gruñó Kagura mientras masajeaba sus sienes.
"MUÉRDEME!" gritó Kagome a todo pulmón.
"No tengo colmillos, tendrías que pedirle eso a Kouga." Kagura escarbó en su bolsillo mientras se acercaba a Kagome quien retrocedió con temor.
Ella se agachó ante la atada joven y sacó tres píldoras blancas antes de meterlas en la boca de Kagome. La joven estuvo por escupirlas cuando Kagura agarró el mentón de Kagome fuertemente y levantó su quijada. "Trágatelas." Ordenó ella.
Kagome se rehusó, pero su lengua pareció traicionarla mientras luchaba contra las píldoras. Era pasarlas o toserlas. Así que hizo lo estúpido y tragó por reflejo. Kagura la soltó bruscamente y la palpó en la cabeza. "Duerme bien, niñita."
Ella salió otra vez y cuando uno de los perros le gruñó mientras pasaba, lo golpeó en el hocico con un oculto abanico. "Estúpido animal…" murmuró ella antes de cerrar la puerta.
Kagome sintió pesados sus párpados de repente y se sintió muy cansada. Ella sospechó que Kagura le había dado píldoras para dormir… o cianuro. De cualquier forma no pudo detenerse de caer profundamente dormida.
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El General Taijiya, el padre de Sango, estaba sentado ante el senado re-leyendo lentamente la carta que había sido entregada. No estaba del todo sorprendido. Debió haber sabido que el indigno hanyou habría conducido a algo así. Pero desde que el padrastro de cierto hanyou estaba presente en la reunión no se atrevía a vociferar sus opiniones.
"Y qué debe hacerse?" preguntó el Primer Ministro cuando el general bajó la nota.
"Es obvio." El hombre que estaba ocupando el asiento del Sr. Higurashi en la mesa frunció. "Entregaremos el dinero y liberamos a la chica en este instante. No podemos tenerla en las manos del enemigo tan cerca al día de la oscuridad."
Hubo absortos asentimientos aquí y allá.
"Eso podría no ser tan sabio…" comentó el Primer Ministro.
Todos lo miraron. Él deslizó una carpeta negra ante él en su escritorio hacia el General. Después de un momento el militar se dio cuenta que el Primer Ministro quería que la abriera. Él lo hizo y miró adentro. Leyó lo que estaba escrito en el trozo de papel que tenía antes de que una sorprendida expresión cruzara su rostro. "Bueno, yo…"
"Léalo alto." Dijo el Primer Ministro desde que había tantas expresiones curiosas alrededor de la mesa.
"La tierra ha estado y siempre será dividida en la luz y la oscuridad, una hilera de madera siempre será el divisor, como siempre los oscuros dividen a los blancos y puros, hasta que sea el día la oscuridad se levantará en las regiones oscuras de los oscuros-"
"Y? Es la profecía… qué hay con eso?" preguntó alguien.
"Continúe leyéndola toda." Dijo simplemente el Primer Ministro. "Hay partes que han sido pasadas previamente en ese documento."
"El gris vendrá usando el nombre que cada hombre, mujer y niño ha escuchado y cantado…" el general comenzó a fruncir. "Y en las horas más oscuras de la era el gris caerá en la oscuridad y prevalecerá ante las manos del mal… y así prevalecerá sobre la libertad y prevalecerá sobre el dolor y hasta que el día más oscuro se levante… porque ese será el día en que todas las tierras se desharán de la oscuridad y del mal, el mundo será guiado a la luz y el mundo será limpiado del GRIS y el negro…"
Hubo una silenciosa pausa que se extendió.
El Primer Ministro se sentó con un suspiro. "Esa es la versión inédita de la profecía…"
"Por qué fue editada para empezar?" Preguntó el Sr. Kosaka con un frunce.
"Entonces la chica no conocía su propio destino… que morirá como resultado…" él movió su cabeza. "Es una pena pero no puede evitarse."
"Entonces… qué haremos?" preguntó el hombre que estaba reemplazando al padre de Kagome.
"Nada."
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Continuará…
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