Dos caras
(Two Faced)
Por Rozefire
Traducido por Inuhanya e IR-CHAN
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Capítulo 13
Acuéstate con Perros, Levántate con Pulgas
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Kagome había perdido muy malamente la noción del tiempo para entonces. Tenía hambre y frío y estaba sucia y su reloj biológico estaba arruinado. Lo único que realmente podía decir era que afuera era de día, pero justo cuando había decidido que sabía qué hora era, ellos entraron, le dieron más píldoras para hacerla dormir y perder la noción otra vez. Era como cuando contabas cuántos centavos tenías, y luego alguien llegaba y se robaba uno para que tuvieras que comenzar otra vez.
Ocasionalmente era Inuyasha quien le daba las píldoras, cuando él se las daba ella las tomaba sin protesta. Él asumía que se las pasaba, pero al momento que se iba las escupía y se sentaba sobre ellas para que nadie supiera. Él era tan gentil con ella. Pero la gentileza hacia los perros era algo que le faltaba. Actuaba como Kagura cuando le gruñían.
Esto resultaba en muchos hocicos arañados.
"HOLA!!" Kagome comenzó a gritar otra vez al minuto que despertó. "ME ESTOY MURIENDO DE HAMBRE! NO HE COMIDO EN DíAS! DENME UN DESCANSO!!!!"
La puerta se abrió y Kouga entró seguido más malhumoradamente por Inuyasha. El primer chico de cabello oscuro dejó caer carne cruda ante ella. Kagome y los perros la miraron.
"Esperas que coma eso?" preguntó ella fríamente.
"Espero que tomes lo que te damos." Kouga se agachó ante ella y fijó la mirada con ella. "Una perra necesitada como tú no tendrá muchas más oportunidades, sabes."
Inuyasha apretó sus puños desde donde tenía cruzados sus brazos.
"Qué divertido, no soy un animal como tú. Yo no como carne CRUDA." Respondió ella furiosa.
"Como sea. El dinero del rescate será entregado en una hora - tan pronto como lo tengamos morirás y eso será el fin del asunto."
El rostro de Kagome cayó levemente pero los fuertes dedos de Kouga levantaron su mentón otra vez, ignorando el movimiento agitado de Inuyasha en el fondo. "No luzcas tan triste, perra. Juro que lo haré rápido y sin dolor… en tanto como…"
"En tanto como qué?" preguntó Kagome desafiante.
Ella de repente bajó la mirada cuando la mano de Kouga comenzó a deslizarse desde su rodilla y luego hacia su muslo. Ella intentó alejarse pero su otra mano se empleó en sus rodillas, manteniéndola en su sitio. "Suéltame!"
"No te gusta? Pensaría que estabas acostumbrada a eso pequeña mujerzuela."
Kouga no supo qué lo golpeó hasta unos segundos después que golpeó la pared del escondite, haciendo temblar todo el edificio. Él consiguió reunir sus tambaleantes sentidos y fijó una mirada sobre Inuyasha quien estaba ante Kagome. "Por qué carajo fue eso?!"
"No te metas con ella!" gritó Inuyasha. "No tenemos tiempo para esto. La entrega es en menos de una hora, genio! No necesitamos que te metas con la prisionera."
"Jódete!"
"Oye - eres el que se supone va a ir a recogerlo, Einstein!" Inuyasha avanzó hacia él. "Quieres ir o tengo que darte una patada?"
"Por qué demonios debo ir a recogerlo?!" gruñó Kouga.
"Porque podría ser una trampa de su gente y tú eres prescindible!" Inuyasha levantó un puño para golpearlo en la cabeza, pero Kouga lo vio venir y lo esquivó.
"Ya veo lo que pasa aquí…" La mirada de Kouga se movió de Inuyasha a Kagome, y regresó otra vez. "Pero eso no importa. Ella estará muerta tan pronto como tengamos el dinero."
Él salió del escondite antes de que Inuyasha otra vez pudiera atentar contra su vida y corrió por los árboles hacia el designado punto de entrega. Inuyasha miró a Kagome cuyos hombros estaban temblando silenciosamente desde donde tenía su rostro presionado contra sus sucias rodillas.
Él no tenía idea por qué se sentía tan mal por esto. Después de todo, estaba haciendo lo correcto, no es así?
Él la dejó llorar sola, no había caso en quedarse e intentar consolarla ya que otra vez sólo terminaría molesta con él. Aunque realmente no la culpaba si lo hiciera.
Al momento que Inuyasha se fue Kagome levantó su cabeza, su rostro completamente seco y libre de lágrimas. Inuyasha había caído y probablemente no la molestaría por un rato… esto era perfecto.
Kagome comenzó a frotar sus sogas contra la oxidada barra como antes y como ya había estado trabajando para aflojarlas por muchas horas, se rompieron rápidamente. Puso esfuerzo extra en soltarse ya que tenía un brillante plan formándose en su cabeza.
Al momento que sus manos se soltaron comenzó a desatar la soga alrededor de sus tobillos y levantó la vista para ver que los dos enormes perros estaban mirándola con cautela, y podía escuchar leves gruñidos emanando de ellos. Una vez que estuvo completamente desatada tomó las píldoras en las que había estado sentada y las metió una por una en pequeños agujeros en la carne cruda.
Después de que logró cortar el trozo en dos miró al perro quien para entonces había notado la gran carne roja en sus manos y estaban comenzando a relamerse.
"Aquí, gatito, gatito, gatito…" Kagome se inclinó y les ofreció los pedazos separados. "Tienen hambre?"
Ellos olfatearon y se levantaron, dando pequeños pasos adelante. Probablemente notaron que no debían recibir comida de nadie salvo de sus amos… pero probablemente no habían sido alimentados por tanto tiempo como Kagome.
"Vamos…" ella meneó la carne. "Vamos, Pinkie y Perky… saben que quieren…"
Ellos se acercaron más y más hasta que estuvieron al alcance, antes de tomar la carne y correr a la puerta para terminar de comerla. Kagome sólo se sentó y esperó. Medio esperaba que no los matara con una sobredosis de píldoras para dormir, pero no importaba. Después de unos minutos de sonreír engañosa, los dos pesados animales finalmente terminaron su comida, bostezaron y bajaron sus cabezas para descansarlas en sus patas delanteras.
Ellos aún estaban despiertos, y Kagome no confiaba en ellos para hacer su movimiento. Pero se le estaba acabando el tiempo. Ese bruto de Kouga regresaría en cualquier minuto con el dinero del rescate y entonces la matarían sin titubear. No había forma de que la liberaran como lo habían prometido en la nota de rescate.
Imágenes de su rostro impreso en los periódicos con encabezados como 'ella está muerta' destellaron en su mente. O más importantemente, imágenes de su propia muerte destellaron y ella se estremeció. No planeaba morir así. Tal vez hubiera sido mejor si Inuyasha hubiera tenido éxito en matarla en el accidente de avión, pensó ella amargamente. Al menos entonces hubiera muerto con dignidad. Pero no así… de ninguna forma…
Kagome se levantó cautelosamente y avanzó hacia la puerta, apuntando para pasar directo entre los dos perros. Todavía estaban despiertos ya que sus ojos estaban abiertos pero parecían letárgicos. Milagrosamente no levantaron sus cabezas o gruñeron mientras pasaba y tranquilamente salió por la puerta sin ningún indicio de advertencia.
Todo estaba tan tranquilo. Podía escuchar conversación y risas haciendo eco del segundo escondite… así que ellos parecían inconscientes de que ella estaba escapando. Eso era bueno!
Escaneando otra vez el área cuidadosamente, ella escogió la mejor dirección que pensó sería un buen paso. Por supuesto, no tenía idea de dónde estaba, y ninguna pista de cuál camino era el sur y cuál era el norte. Por todo lo que sabía se dirigía más profundo en el oscuro bosque y en territorio de demonios… pero aún entonces tendría más oportunidades de sobrevivir que permaneciendo ahí.
Sus ojos cayeron en el paquete que Inuyasha había estado cargando un poco antes de que hubiera sido emboscada. Estaba distintivamente vacía pero los dos fuertes palos que habían estado cargando yacían a lo largo. Bueno, tal vez no había tenido suficiente tiempo para enseñarle cómo ser un campeón mundial, pero aún podía usar uno de esos para defenderse contra las criaturas del bosque si fuera necesario. Tranquilamente caminó de puntillas, levantó uno y comenzó a avanzar hacia el bosque, cargando el palo de la misma forma en que los equilibristas los cargaban.
Medio esperaba que alguien saliera del segundo escondite y la ubicara… pero nada pasó y estaba comenzando a hacer un limpio escape. Era tan simple que tenía que ser criminal…
Cuando estuvo a una buena distancia de los dos escondites en el claro descubrió que estaba entrando más y más en el bosque y las cosas sólo se ponían más oscuras y densas. Así que cambió de curso y comenzó a caminar hacia donde el bosque se tornaba más espacioso, y hacia donde pensaba que podía escuchar los sonidos de agua corriendo.
De repente hubo un destello de movimiento a su derecha y ella se escondió detrás de un árbol por puro reflejo. Mirando alrededor se dio cuenta que era Kouga… estaba de espalda… y con las manos vacías. Sólo lo vio por una fracción de momento porque estaba precipitándose entre los árboles como una liebre veloz.
Tan pronto como estuvo segura que se había ido (vaya… tuve un mal déjà vu…) se permitió levantarse y continuar su actual trayectoria.
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"Qué quieres decir con que no estaba ahí?!" gritó Kagura.
"Exactamente lo que dije!" respondió Kouga. "No había dinero y nadie había visto a alguien sospechoso por ahí! Ellos no tuvieron la decencia de reconocernos o tendernos una trampa!"
"El descaro…" Kagura movió su cabeza.
Sesshomaru suspiró y miró a Yura. "Hemos esperado lo suficiente, no más pérdida de tiempo. Ve a cortar la garganta de la chica."
Yura desapareció por la puerta e Inuyasha fijó una estoica mirada en el piso. Después de unos momentos de silenciosa espera la puerta se abrió otra vez para revelar a una sorprendida Yura. "Se fue!"
"Mierda…" maldijo Kouga fuertemente.
"Cuándo escapó?" demandó Kagura.
"Su aroma aún está fresco," ofreció Kouga.
"Todos ustedes, síganlo y tráiganla - no esperen - sólo mátenla donde esté." Sesshomaru los despidió y todos salieron por la puerta, Inuyasha un poco más dudoso que el resto.
Mientras tanto, Sesshomaru tenía una llamada que hacer.
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"Es este camino!" Kouga aceleró por el mismo camino que Kagome había tomado, yendo más profundo en el bosque que antes.
"No es una chica muy brillante para marchar directo al norte, verdad?" remarcó Kagura oscuramente mientras volaba, agachada en su enorme pluma.
Inuyasha y Yura corrieron a su lado, encontrando un poco difícil igualar la velocidad de Kouga.
De repente él se detuvo adelante y volteó hacia esa dirección y aquella. "Maldición…"
"Cuál es el problema, lobo?" preguntó Yura cuando llegó a su lado.
"Su aroma está por todos lados… No sé por cuál dirección." Gruñó él.
Inuyasha resopló y volteó en una dirección diferente y comenzó a seguir un camino hacia la parte más despejada del bosque donde los árboles comenzaban a separarse y el sonido de un río podía escucharse. No podía asegurar de que este fuera por donde Kagome hubiese pasado ya que su nariz no era del mismo estándar que la de un lobo. Pero sabía que Kagome no era estúpida y se había dirigido por el camino más seguro. "Muestra lo que sabes, lobo…"
Todos ellos miraron en la dirección que Inuyasha estaba siguiendo y parecieron encogerse y sólo seguir. Kouga gruñó y siguió a una ligera distancia. Obviamente no le gustaba ser guiado por perros…
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Kagome vadeó por el río que alcanzaba sus rodillas. Sus zapatos estaban completamente mojados para entonces pero no iba a quitárselos. Esas historias de horror sobre sanguijuelas y bichos que atacan tiernos pies humanos que le decían para dormir no eran tan insensatas. Además las piedras estaban afiladas y tampoco quería cortar sus pies. Iba genial… los árboles estaban abriéndose y no había visto un simple demonio por una hora al menos. Aunque también estaba triste…
Aún extrañaba a su padre… todavía estaba dolida por la traición de Inuyasha… el conocimiento de que había estado intentando lastimarla todo el camino, incluso durante esas veces cuando había sido amable y dulce y confortante. Había sido como el pilar en el cual finalmente le había sido permitido apoyarse. Nunca había sido tan cercana a nadie… y aunque Sango se había acercado, no había visto a Sango lo suficiente para poder depender de la joven. No tenía amigos, su padre siempre había estado ocupado y no tenía tiempo para ella. Y mientras que su hermano, madre y abuelo siempre habían estado ahí para ella y la habían amado sólo por ser Kagome… había sido alejada de su cuidado muy pronto y no se sentía tan cerca a ellos. Era una solitaria… pero no quería estar sola…
Entonces Inuyasha había llegado y había sido la primera persona en amenazarla con irrespeto y salirse con la suya. Pero después de que logras pasar ese brusco exterior donde simplemente decía cualquier cosa que estuviera en su mente, entendías que cuando decía algo agradable… realmente lo decía en serio. O eso pensó Kagome… Tal vez todo había sido un engaño, pero la forma en que había sido cuidadoso con su tobillo cuando la había atado le había dicho lo contrario.
Tal vez sentía lo que había hecho… eso hizo a Kagome levemente más compasiva… pero aún no estaba ayudándola a salir de este desastre. Así que todavía lo odiaba por envolverla como una tonta.
De repente escuchó un grito tras ella y sus latidos aceleraron de repente a un paso más rápido. Alguien estaba siguiéndola… y rápido por lo que se oía…
Sin pensar realmente en su decisión ella salió del río y se lanzó detrás de un árbol. Descubrió que estaba hueco y rápidamente se ciñó en la ranura debajo, ciertamente escondida de vista desde atrás y a los costados. Por supuesto si alguien estuviera en frente de ella la verían de una vez.
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Su rastro era leve, deslizándose sobre la leve brisa que acompañaba el río a su paso. Pero luego se detuvo y desapareció y todos permanecieron por unos momentos mirando alrededor y resolviendo qué hacer.
Inuyasha fue el primero en ubicarla, algo así… él estaba un poco adelante de los otros adyacente a un ancestral árbol. Podía ver los dedos de Kagome agarrando una de las raíces tan fuerte que sus nudillos estaban tornándose blancos y por la forma en que su pecho subía y bajaba, estaba asustada.
"La veo!" gritó él a los otros y señaló el río. "Está escapando!"
Kagome debió haber escuchado su voz tan cerca y sus dedos desaparecieron y se agachó aún más abajo para esconderse. Los otros tres demonios se precipitaron en la dirección que Inuyasha había señalado.
Kagome podía escucharlos venir y esperó por que alcanzaran su árbol y la encontraran. Pero extrañamente todos pasaron su árbol y continuaron por el río con febril velocidad. Ella miró con sorpresa mientras desaparecían y comenzó a levantarse. Pero cuando Inuyasha apareció de repente ante ella, tembló y cayó. Se rehusó a mirarlo… pero tuvo que reconocer que había salvado su vida. Ahora qué…? Iba a seguir su usual forma y la traicionaría al entregarla otra vez?
"Te estás dirigiendo en la dirección equivocada." Le dijo Inuyasha y señaló a la derecha de su árbol. "Dirígete al sur y continúa en línea recta hasta que llegues a otro río. Sigue donde lleve el agua y saldrás del bosque a la misma villa en la que tu padre debe estar hospedado."
Kagome miró su rostro mortalmente serio. Por un momento un pequeño pinchazo de terquedad le ordenó dirigirse en la dirección totalmente opuesta sólo para molestarlo… pero su vida dependía de esto y como no tenía otra opción… tuvo que obedecer.
Lentamente se levantó, usando el árbol como palanca y levantó su mentón para encararlo, con una mirada que claramente le dejaba saber que lo que estaba haciendo no iba a reparar en ninguna forma lo que le había hecho.
"Corre… los alejaré." Dijo él y notó que ella apretó su vara fuertemente.
Él no estaba esperando, sin embargo, que repentinamente ella lanzara la larga arma y lo golpeara en el mentón. Él tambaleó, el duro golpe desestabilizó sus neuronas desorientándolo. "OW! Perra!"
"Quémate en el infierno!" gritó ella sobre su hombro mientras corría en la dirección que le había indicado.
"De nada…" gritó él tras ella. "Vaca desagradecida…"
Al minuto que estuvo seguro que se había ido regresó al río en la dirección que los otros habían tomado. Iba a asegurarse de que Kagome lograra salir de este bosque a salvo.
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Continuará…
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