Dos caras

(Two Faced)

Por Rozefire

Traducido por Inuhanya e IR-CHAN

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Capítulo 18

Pureza Concentrada

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Kagome finalmente le permitió a Inuyasha levantarla y sonrió levemente ante su dulce oferta. Pero cuando intentó retirar su mano… se dio cuenta que no iba a soltarla. La sonrisa se desapareció de su rostro y miró sus manos. "Inuyasha…?"

Él no respondió y cuando finalmente tuvo el valor de mirarlo a los ojos no era un conejo feliz. "Suelta." Dijo ella cortamente.

"Por qué debería?" Él la haló y sus brazos se cerraron a su alrededor en cuestión de segundos. Ella abrió su boca y se irguió, muy insegura de qué hacer consigo en tal posición. Realmente no podía creer que fuera posible sentirse tan segura… y tan amenazada al mismo tiempo. Parte de ella quería recostarse en su abrazo y sentir su apoyo y fuerza… pero había otra parte, una parte más grande que todavía le hacía difícil estar así de cerca a él. Su fuerza la asustaba, no tenía miedo de admitirlo. Pero estaba más asustada de lo que podría hacerle a su corazón que el daño que pudiera ocasionar físicamente.

"Inuyasha - por favor no comiences esto otra vez." Murmuró ella contra su hombro.

"Comenzar qué?" él sonó muy casual, casi pagado de sí mismo. Principalmente porque podía escuchar el sonido de su corazón acelerando el paso. "Sólo estoy dándote un abrazo amistoso."

"Tú no das abrazos amistosos - ahora suéltame." Ordenó ella, intentando zafarse.

Ella empujó sus manos contra su pecho y logró algo de ventaja para alejarse de él levemente para poder encararlo. Abrió su boca para espetarle otra vez, pero toda protesta fue interrumpida cuando él presionó un beso de boca abierta en sus labios.

Esa electricidad como escalofrío corrió de sus brazos hacia su pecho, justo como la primera vez pero más fuerte. El placer de sentir su boca contra la suya era casi asombroso… pero con eso llegó el dolor emocional que no pudo evitar. Cuando él introdujo su lengua en su boca forzadamente, dominó el beso por completo, dejándola un poco pasmada e insensible. Realmente estaba muy sorprendida para hacer algo más que quedarse ahí y dejarlo hacerle lo que quería.

Pero entre más la besaba más fuerte se sentía ese escalofrío… hasta que fue casi doloroso. Y tuvo que preguntarse - era excitación, o un ataque cardíaco? No podía estar segura… pero tal vez era ambas? Y con eso llegó un extraño anhelo. Anhelo de estar con Inuyasha? Anhelo por salir de ese abrazo? Anhelo por confiar en él…?

Ella no quería tratar con esto todavía, quería escapar. Ahora mismo. Tenía que salir de ahí.

"Inuyasha - basta!" Ella empujó contra su pecho otra vez para alejarse, pero una de sus manos empujó su febril intento de alejarlo, mientras la otra iba a su nuca para mantenerla en posición. Su asalto en sus labios se tornó más rudo y su lengua devoró su boca, molesto de que no estuviera respondiendo más a él. Molesto y temeroso de que estuviera perdiéndola.

Kagome intentó girar su cabeza para atrapar aire para hablar pero él era implacable y su cerebro estaba confundiéndose rápido. Su sentido común estaba saliéndose por la puerta y si ella no detenía el beso y tiraba esa puerta entonces estaría en problemas. "Basta…" murmuró ella contra sus labios, aún intentando alejarse de él. "No!"

Y lo que era peor era que estaba comenzando a entender lo que era esa sensación escalofriante en sus brazos y pecho. Era casi como una conocida sensación subconsciente… saber que la persona que estaba besando en ese momento era la persona a la que quería darle todos sus futuros besos. Algo que no soportaría.

Inuyasha podía sentirlo pero no le importaba lo que significaba. Todo lo que sabía era que se sentía agradable y sólo lo sentía cuando estaba besando a Kagome. Eso significaba que debería besarla más seguido.

"Inuyasha!" Ella logró apartar su cabeza. "Basta o para que me ayuden gritaré violación!"

Él estuvo más allá de preocuparse de lo que gritaría y se movió para halarla de regreso.

"Gérmenes!" gritó ella como un último recurso y afortunadamente eso pareció meterle algo de sentido y liberó su agarre en ella.

Kagome se tambaleó, manteniendo sus dedos contra sus hinchados labios y lo miró. "Si tienes algo de integridad nunca lo harás otra vez!"

Inuyasha se tomó unos segundos para recuperar su conciencia antes de mirarla. "No pretendas que no te gustó!"

"No tengo que pretender! NO me gustó!" espetó ella e hizo por correr.

Inuyasha rápidamente la agarró y la giró para encararlo. "Deja de huir!"

"Es un país libre - puedo huir a donde me plazca!" espetó ella.

"Entonces mírame a los ojos y dime que nunca quieres que lo haga otra vez!" espetó él, mirándola.

La mirada de Kagome cayó hacia su mentón. "No lo hagas otra vez!" dijo ella significativamente.

"A los ojos!" gruñó él peligrosamente.

Unos momentos después y ella obedeció, fijando miradas con él. Un escalofrío corrió desde donde sus manos agarraban sus brazos hacia su espina. Su boca trabajó por unos momentos antes de que lograra encontrar su voz, pero aún entonces sólo fue un susurro. "Lo siento… por favor… no me beses otra vez… nunca."

Él la miró por lo que pareció una eternidad y ella lo miró, no haciendo esfuerzo por esconder sus sentimientos. Realmente había dicho en serio lo que había dicho…

Lentamente el agarre en sus brazos se aflojó y retrocedió levemente, temerosa de que fuera a agarrarla otra vez. Cuando no lo hizo le dio la espalda y comenzó a alejarse, temblorosa, hacia su habitación.

"Kagome…"

Ella se detuvo y se abrazó, pero no se giró. Le debía suficiente para escucharlo esta vez.

"Esto no puede ser… no puedes irte así." Él le frunció a su espalda.

"Entonces cómo puede ser tan fácil huir?" ella se encogió, no entendiendo realmente sus propias palabras. Se giró de repente y le sonrió. "Sólo vamos a seguir como amigos, de acuerdo?"

Él quedó mudo por su completa y total seguridad con esa sonrisa suya, y sólo pudo asentir en silencio como respuesta.

Ella sonrió otra vez y regresó a su habitación.

Una vez ida su frunce se profundizó y giró enfurecido para encontrar algo con qué descargar su rabia. La bomba de agua fue lo más cercano y la rompió con una patada. "Jódete! Quién te necesita!" gritó él, seguro de que aún podía escucharlo.

Él se alejó de ahí, buscando más cosas que romper.

Miroku y Sango finalmente se permitieron respirar más fácil cuando Inuyasha se fue, obviamente de mal humor. Miroku le gesturizó para que dejara el marco de la puerta primero.

"Supongo que terminaron, huh?" Susurró Sango, aún cautelosa de enfurecidos perros demonios en los alrededores.

"Sí… muy mal… eran una linda pareja." Miroku aceptó mientras tomaban su propio camino hacia las habitaciones de la posada.

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"Y cuándo vamos a dirigirnos al aeropuerto?" le preguntó Kagome a su padre mientras se sentaba en su nuevo bulto de ropa con lo esencial.

Su padre miró hacia la posada tras ellos. "Cuando los otros salgan de la cama, supongo."

Kagome suspiró y miró al resto del grupo. Había cinco marinos y seis de la aviación. Eso fue todo lo que quedó del equipo de Miroku y del equipo de su padre. El resto estaban perdidos, muertos o se habían ido al aeropuerto días atrás, probablemente no queriendo quedarse para encontrar a los otros en tan peligroso distrito.

Sango, Miroku, Shippo y Rin aún estaban adentro y correteando por ahí empacando tarde. Esto significaba que tuvo que esperar con su padre, Inuyasha, Hojo y Kikyo. De vez en cuando se mantenía mirando ansiosa a Inuyasha, intentando descifrar cómo se sentía después de anoche. Pero infortunadamente no estaba dejando mucho a través de esa inexpresiva expresión. Sólo estaba de pie con sus brazos cruzados, su chaqueta se había ido y estaba descartada en algún lugar. Aún tenía su espada, Tessaiga, colgada por su espalda con un retazo de tela que indudablemente había rasgado de las sábanas de la posada.

De repente movió su mirada hacia ella y ella la desvió rápidamente, aunque sabía que había sido atrapada mirando. La observó por unos momentos antes de desviar la mirada otra vez y desaparecer de vista del frente de la posada.

Kikyo observó con interés el intercambio entre el par. La palabra era que habían tenido una pelea de novios y no se estaban hablando. Tenía sentido por la forma en que actuaban ahora. Pero lo superarían. Sólo era una cana al aire después de todo… no era como si encontraran juntos el verdadero amor tan pronto en la vida.

De repente Sango se precipitó por la entrada de la posada con una disgustada expresión. "Asqueroso!"

"Qué?" preguntó Kagome mientras se precipitaba. Sango derribó su bolsa y buscó adentro por una cantimplora de agua. Cuando encontró una levantó, tomó un largo sorbo, y luego la escupió otra vez. "Blargh!"

"Oye! Esa agua es costosa, sabes!" protestó Kagome mientras Sango tomaba otra bocanada antes de escupirla en el suelo. "Qué pasa contigo?!"

"Marmita! Es disgustante! Asquerosa!" Sango se estremeció. "Sabe a excrementos de pájaro!"

"Y sólo TÚ sabrías como sabe eso, no es así Sango?" comentó Inuyasha cuando llegó de donde sea que hubiese ido.

Kagome le frunció a la otra chica. "Pensé que odiabas la marmita."

"No bromees!"

"Entonces por qué la comiste?" Kagome ladeó su cabeza.

Sango se paralizó antes de empujar de nuevo la cantimplora de agua. "No importa!"

Ella se precipitó otra vez para unirse a Rin y a Shippo quienes habían salido de la posada, aún medio dormidos. Pronto Miroku salió luciendo muy contento.

"Qué te demoró tanto?" Inuyasha le frunció.

"Tenía que terminar mi desayuno." Él palpó su estómago. "Nunca comiences el día sin un sándwich de marmita para continuar."

Los ojos de todos se movieron entre una roja Sango y un contento Miroku y captaron. Kagome estaba boquiabierta hacia ambos. "Quieres decir…?"

Fue muy obvio cómo Sango había logrado tener el sabor de marmita en su boca… pero nadie iba a decirlo en voz alta.

"Movámonos." El padre de Kagome gesturizó para que todos comenzaran a moverse así que se levantaron y comenzaron a caminar en dirección de un sucio camino hacia el sur.

Kagome estuvo al lado de Sango en un parpadeo. "Sango…?"

"Lo sé…" ella suspiró.

"Por qué te comerías los sándwiches de Miroku cuando sabías que eran de marmita?" preguntó Kagome.

Sango la miró incrédula. "No te creo…" ella sacudió su cabeza y continuó.

"Qué?" Llamó Kagome tras ella.

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Estaba rondando el mediodía cuando decidieron detenerse para un descanso y comer para continuar. Kagome estaba agradecida, mayormente porque su estómago estaba rugiendo tan fuerte que estaba molestando a todos en su marcha. Como no había pueblos ni posadas en el camino al aeropuerto, se sentaron en el pasto a un lado del camino y se comieron las cosas que habían llevado. Si hubiesen sido ingleses se habrían estado deteniendo cada cinco minutos para tomar el te… afortunadamente estaban un poco presionados por el tiempo para hacer eso.

En realidad, sólo Inuyasha fue el único que no quiso comer nada y se recostó contra unos de los árboles en silencio, esperando pacientemente a que los otros terminaran. Kagome estaba preocupándose con su comportamiento. Inuyasha era una persona por naturaleza reservada… pero usualmente no era así de callado y distanciado de los otros.

Inuyasha tenía una buena razón para alejarse. Difícilmente tenía tiempo a solas con Kagome porque ahora había encontrado a sus amigos y a su padre. Seguro estaba feliz por ella… pero ahora no lo necesitaba más. Eso lo molestaba.

"Por qué no te sientas Inuyasha?" preguntó Kikyo, pausando mientras lo pasaba. "Una armada marcha en su estómago, verdad?"

"Cómo lo sabría?" espetó él.

Kikyo sonrió levemente y se encogió. "Pareces infeliz?"

Por qué no podía dejarlo en paz. "Sí?"

"Adivinando… diría que Kagome descubrió tu pequeño juego de espionaje." Kikyo juntó sus manos detrás de su espalda. "Tengo razón?"

"NO hay espionaje, Kikyo." Él suspiró, girando sus ojos. "No hubo motín de conspiraciones."

"Cierto, lo olvide, aún no confías en mi."

"Oh, confío en ti." Resopló él. "Es sólo que no me gustan las perras engañosas como tú."

Kikyo se encogió otra vez, levemente. "Y te preguntas por qué ella no quiere estar contigo…?"

Ella se alejó, encaminándose para conversar con Rin.

Inuyasha desvió su cabeza de ella y miró a Kagome quien previamente había estado hablando con Miroku y Sango. Hojo había llegado en el corto tiempo que Kikyo había estado hablándole y ahora estaba entablando una discusión aparentemente muy divertida con Kagome. Ella reía de vez en cuando y luego cuando le contó la divertida historia con animados gestos de la mano Inuyasha frunció. Él nunca podría hacer reír así a Kagome, o realmente entablar una simple charla… aunque por qué le importaba. Él resopló y desvió la mirada.

"Y cuando el vecino llegó al día siguiente, mi hermano continuó haciendo ruidos de lémur!" Hojo rió y Kagome estuvo cercana a las lágrimas. "Estaba muriendo de la vergüenza!"

"Tu familia parece loca!" Gritó Kagome, mojando sus manos con lágrimas de alegría. "TIENES que presentármelos algún día."

Hojo se vio deleitado. "Seguro, cuando regresemos al territorio norte podemos hacer algo… en tanto como no involucre demonios. He tenido suficiente de demonios."

"Yo también." Kagome se sonó y dirigió otra mirada hacia Inuyasha quien estaba mirando en la distancia.

De repente un frío e intenso escalofrío subió por su espina y se estremeció pareciendo helar sus huesos.

"Cuál es el problema?" preguntó Hojo. "Tienes frío?"

"No…" ella conocía la sensación. La tenía cada vez que se cruzaban con un enorme y oloroso demonio… pero este escalofrío fue diez veces peor que ese.

El suelo comenzó a temblar y todos miraron alrededor, intentando localizar el origen del terremoto. Los de la aviación y los marinos fueron los primeros en ubicarlo. "Demonios! Vienen directo hacia nosotros!"

Todos se levantaron y miraron en dirección en la que los hombres estaban mirando. La boca de Kagome se secó cuando los reconoció…

Tenían que ser al menos siete monstruos, todos idénticos al que había herido a Inuyasha tan malamente. Excepto que estos demonios ciempiés eran más grandes que el último. Ese había sido un poco más alto que el árbol promedio… estos se levantaban sobre las copas de los árboles y eran de casi tres veces el tamaño del pequeño que la había atacado a ella y a Inuyasha. Podrían pasar por edificios…

"Oh dios… oh dios…" Kagome luchó con la urgencia de esconderse. Tenía que quedarse y defender a Inuyasha… o más para que pudiera defenderla ahora.

"Um… son grandes…" Dijo Sango incómodamente, boquiabierta antes los cercanos monstruos.

"Sí - bueno son lentos - digo que huyamos!" Dijo Miroku fuertemente y todos los demás asintieron en acuerdo. No había forma de que pudieran derrotar a esos siete demonios, estaban completamente desarmados e indefensos.

"Ellos sólo están tras Kagome - deberíamos entregarla!" Dijo Kikyo lógicamente.

"Si la hacemos matar entonces quién completará la profecía?" Alguien más discutió.

Bueno, era agradable saber que valoraban su vida…

Todos se giraron para correr, pero no estaba pasando. Porque justo detrás de ellos podían ver tres más de esos enormes monstruos ciempiés acercándose, bloqueando su escape. Y no había forma de que pudieran correr a un lado antes de que dos más estuvieran llegando desde la izquierda y tres más desde la derecha…

"Estamos rodeados!" El padre de Kagome estaba girando, mirando este camino y aquel por alguna especie de escape.

"Cobardes…" Murmuró Inuyasha mientras sacaba a Tessaiga sobre su hombro. Aunque tenía sus dudas de que pudiera derrotar a quince de esas criaturas cuando sólo una de las mini lo había derribado rápidamente. Pero tenía que proteger a Kagome, ellos sólo estaban tras ella.

Mirándola pudo ver que no se veía muy bien. Estaba sudando y temblando y no parecía poder mantener en alto su cabeza. No parecía estar lo suficientemente en forma para matar a todos esos demonios esta vez.

Los monstruos ciempiés ahora estaban comenzando a acercarse a ellos. Y sólo iba a ser cuestión de tiempo antes de que fueran a ser destrozados.

"Moriremos por nuestro país, hombres." Dijo el padre de Kagome gravemente.

"Y mujeres - aquí también hay chicas!" Espetó Sango.

"Y no estamos muertos todavía!" Espetó Miroku.

"Quince contra nosotros… pobres tontos." Inuyasha suspiró. Todos lo miraron extrañamente y rápidamente añadió, "Quiero decir, pobres nosotros."

Kagome estaba siendo dominada por el intenso temblor y frío que pareció apretar sus músculos y nervios, aunque nadie pareció darse cuenta que estaba siendo forzada a caer de rodillas. "Papá…!"

Él miró a su hija y estuvo a su lado de inmediato. "Qué pasa?!"

No era que importara en unos segundos.

"Su maldad…" jadeó Kagome, apretando su estómago. "Está lastimándome!"

"Está bien, no te preocupes." Su padre la acercó y ella se aferró a sus hombros por todo lo que valía. El dolor era insoportable.

Inuyasha estaba inquietándose, podía sentir algo que estaba crispando su piel y el aire tras él pareció más caliente de lo normal. Él miró sobre su hombro para ver el origen del calor y los escalofríos era Kagome. Oh al menos pensó que lo era…

"Papá…" gruñó ella, sus ojos fuertemente apretados mientras el dolor la golpeaba.

Luego su cuerpo entró en espasmos y convulsionó. Ella gritó mientras perdía el control y salía de los brazos de su padre.

"Kagome!" Inuyasha hizo por alcanzarla, pero entre más se acercaba a ella más insoportable encontraba el calor.

Sólo fue cuestión de cinco segundos antes de que los demonios supieran que Kagome tuvo un fuerte espasmo en el cuerpo, y desde su temblor, de una suave luz rosa pareció crear una onda en el aire mientras la onda de choque se extendía en la forma que aparecían ondas después de lanzar una piedra en un estanque. Pasó a través del grupo sin daño hasta que encontró a Inuyasha… y lo lanzó poderosamente hacia atrás y contra un árbol. Fue dejado inconsciente por el impacto y se deslizó hacia el suelo.

La onda de choque continuó, pasando por Inuyasha una segunda vez, haciéndolo temblar impulsivamente, antes de extenderse hacia los cercanos demonios. Los golpeó más rápido de lo que pudieron retroceder y desaparecieron… o fueron vaporizados o algo…

Parecieron desintegrarse de afuera hacia adentro hasta que se fueron. La onda de choque continuó por alguna distancia hasta que desapareció completamente.

Hubo completo silencio en el grupo después de eso. Los demonios que habían estado por llevarlos a los siete infiernos habían desaparecido e Inuyasha había sido golpeado y tenía un pequeño hilillo de sangre en la comisura de su boca.

Estaban perdidos en qué hacer cuando Kagome abrió la boca y se levantó de rodillas, asustando a Sango. "Kagome, no-"

Ella se detuvo en seco cuando Kagome comenzó a jadear como si no pudiese respirar. Les tomó a todos unos momentos para superar su shock inicial y notar lo que estaba pasando.

"Está ahogándose!" gritó Miroku.

"Con qué?" Frunció Shippo.

"No sé - su lengua?!" Miroku fue el primero en alcanzarla cuando estaba comenzando a tornarse azul. "Lo siento Kagome, esto podría doler…"

Él envolvió sus brazos alrededor de su cintura y dio un brusco golpe hacia atrás. Kagome saltó con él pero continuó jadeando y arañando su garganta. Él intentó otra vez la maniobra Heinlich, y otra vez hasta que tosió ahogada y escupió algo de su boca que aterrizó en el suelo.

Kagome decayó visiblemente mientras todos se acercaban más para ver por qué demonios estaba ahogada. Sango movió su cabeza, claramente confundida. "Qué demonios es eso…?"

"Qué estaba haciendo dentro de ella?" Preguntó Hojo.

"Kagome, tú te tragaste esto?" Preguntó Miroku severamente.

Kagome movió su cabeza débilmente y comenzó a caer de espalda. Su padre la atrapó justo a tiempo y la sostuvo con cuidado. "Eso es… la joya Shikon…" él frunció.

"La qué?" Sango alcanzó para recogerla, pero al momento que la tocó con su dedo siseó y la dejó. "Ow!"

"No puedes tocarla - es la pureza concentrada." El padre de Kagome se veía tan sorprendido como todos los demás, pero pareció saber de lo que estaba hablando.

Todos miraron la joya rosa que yacía en el suelo, brillando suavemente, aunque cubierta con la saliva de Kagome. "Qué significa eso?" susurró Sango.

"Es un producto de sus poderes, creo…" Su padre la acercó mientras se deslizaba inconsciente. "Ella no puede controlarlo… creo que MATARÁ a la raza de demonios si esto continúa…"

"También lo matará." Dijo Kikyo calmadamente y todos levantaron la mirada para ver de quien estaba hablando.

Sus miradas se fijaron en Inuyasha quien aún estaba caído con una pacífica expresión en su rostro. Pero ahora lucía muy golpeado…

Sango mordió su labio y miró a Miroku. "Esto no es bueno…"

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Continuará…

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