Dos caras
(Two Faced)
Por Rozefire
Traducido por Inuhanya e IR-CHAN
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Capítulo 21
En la Sangre
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"Qué crees que extrañarás más?" Le preguntó Kagome mientras caminaban lado a lado por el polvoriento camino. Y su idea de lado a lado en estos días era al menos de cinco metros entre ellos, haciéndolos caminar en el borde de pasto a cada lado del camino.
"Cucarachas." Respondió Inuyasha pensativo.
"Notando el sarcasmo." Kagome lo miró y vio su vacía expresión. "Lo siento… no quieres hablar de eso?"
"No - no me molesta." Respondió Inuyasha rápidamente. "Es sólo que… pareces muy caliente hoy."
"Bueno gracias…" Kagome se sonrojó.
Inuyasha chasqueó su lengua y giró sus ojos. "No de esa forma! Quise decir que literalmente estás caliente porque estás irradiando calor!"
"Oh…" Kagome asintió con un frunce. "Ya veo…"
Ella se vio levemente rechazada, haciendo sentir mal a Inuyasha. "Pero… como sabes… ese dicho funciona en ambos niveles."
Kagome no dijo nada, o dio alguna indicación de que lo hubiese escuchado mientras miraba el suelo ante ella. Tal vez la había ofendido otra vez? Pero antes de que pudiera reflexionar en esa idea ella habló de nuevo. "Sabes qué extrañaré más cuando me vaya?"
"Qué?" él dejó de caminar cuando ella vaciló en moverse.
"Todo." Ella suspiró. "El verano… las noches de verano observando el sol en el pórtico de mamá… tiene una gran vista allá donde vive."
"Extrañaré el chocolate."
"Extrañaré las mañanas donde te quedas en la cama esas dos horas extra… alegremente medio dormido y tan cómodo…" Kagome sonrió y continuó caminando.
"Extrañaré… el fútbol los lunes en la noche en la TV… No creo que alguien lo grabe por mi."
"No estás tomando esto seriamente." Kagome se detuvo de repente y se giró para encararlo. "Vamos a morir en menos de una semana y todo lo que puedes pensar es en deportes?"
"Se llama esconder el temor errático de morir detrás del humor." Dijo Inuyasha secamente.
"Oh…"
"Pero tienes razón…" el suspiró. "Todavía no me acostumbro a la idea."
"Bueno, acostúmbrate, porque…" ella dio un paso hacia él, forzándolo a retroceder como si ella tuviera su invisible escudo personal a su alrededor. "Porque va a pasar nos guste o no."
"Matarás a todos los demonios…" le recordó él.
"Lo sé…" Kagome se vio dolida por un momento. "La única forma de detenerlo sería matarme…"
"Eso no funcionaría. Tu papá dice que sin ti la Shikon aún existirá… y sin ti se ensuciará más…"
"Y bla, bla, hasta que también extermine a los humanos… lo sé…"
"Además… no creo que alguien le pusiesa un precio a tu vida si te conocieran." Dijo Inuyasha suavemente.
"Tú lo hiciste."
"Mm…" él gruñó y comenzó a bajar la pendiente en su lado del camino, hacia una charca.
Kagome lo siguió. "Pero ahora que me conoces… no me matarías?"
Inuyasha se sentó pesadamente a la orilla del agua y presionó una mano en su cabeza para intentar detener el dolor de cabeza. "Me gustas mucho." Admitió él, pero decirlo realmente no parecía expresar la total extensión de sus sentimientos. Y no tenía idea por qué…
Kagome sonrió felizmente y se abrazó mientras se sentaba. "Lo mismo."
"Te gustas mucho también?" Se burló Inuyasha.
"Sabes lo que quiero decir." Rió ella.
"Sabes…" Inuyasha la miró conspirador. "Tu padre sabe de nosotros."
"Oh cielos…" Kagome de repente se enrojeció. "Cuánto sabe?"
"Que aparentemente pasamos juntos una tarde llena de pasión el mismo día que llegó." Inuyasha sonrió. "Miroku me dijo."
"Oh dios… él te echó bronca?" Kagome hizo una mueca.
"Um… algo así…"
"Espero que lo hayas corregido."
"Um… algo así…"
"Qué significa 'algo así'?"
"Um… no." Él sonrió hacia ella. "Pero parecía bien con eso. Cree que tú andas detrás de Miroku por alguna loca y absolutamente estúpida razón…" él la observó con cuidado. "Verdad?"
Ella perdió su tono preocupado. "Estás celoso?"
"Sí."
"No lo estés. Con frecuencia papá tiene extrañas ideas." Ella sonrió y le envió un beso con una dulce sonrisa. "Sabes que aún eres mi novio favorito."
"Novio?" él parpadeó con sorpresa.
"Oh vamos… uno de nosotros tenía que decirlo." Ella sonrió. "Y está garantizado que realmente no podemos hacer mucho de lo que las parejas promedio pueden hacer… pero… deseo que pudiéramos. Entonces digo que eso te clasifica como mi novio. Además… eres un chico y eres mi amigo!"
"Aún confías en mi?"
"Inuyasha - si pudiera caería de espaldas sobre ti vendada de los ojos y atada para probar que confío en ti." Dijo ella. "Confía en mi cuando digo que confío en ti."
"Confío en ti."
"También confío en ti."
"Y confío en ti de que estás diciéndome la verdad."
"La verdad es confianza y estoy confiando en ti así que esa es la verdad." Dijo ella simplemente con una solemne mirada, pero cuando vio su perpleja mirada estalló en carcajadas. "No tienes que decir nada más."
"No podría aún si quisiera." Inuyasha sacudió su cabeza, intentando seguir lo que había dicho.
Fue cuando volteó para encarar la charca y arrancó una cabeza de diente de león del pasto a su lado, Inuyasha se dio cuenta con un repentino chasquido. Kagome era maravillosa.
Ella estaba feliz… incluso cuando estaba por enfrentar la muerte y la destrucción. Reía con él… no lo había notado antes, pensando que sólo había sido ella y Hojo… pero ella REIA con él, si no DE él. Era inteligente, graciosa, estallaba con vida y amabilidad que le había pegado durante su tiempo juntos. Si hubiese sido alguna otra chica, como Kikyo… probablemente Inuyasha no hubiera cambiado de opinión sobre exterminarla. Pero esta era Kagome… dulce, la inocente y pequeña Kagome que lo necesitaba tanto como él la necesitaba.
La amaba.
Cuando estaba con Kagome se sentía como si hubiese encontrado ese pequeño pedazo de alma… y cuando se iba, se sentía incompleto, especialmente cuando se separaban en malos términos. Era una gran compañía… incluso ahora mientras estaban sentados, diciendo nada en lo absoluto, se sentía cómodo. En el pasado si estaba con una novia siempre había sentido que debía llenar el vago silencio con una conversación - o más como la chica lo hacía. Kagome estaba cómoda a su alrededor… algo que aquellas novias no siempre habían sentido.
Kagome levantó el peludo diente de león hacia sus labios y sopló para ver con interés todas las semillas esparcirse por la charca, observándolas mientras serpenteaban un camino a través de la leve brisa para finalmente caer en el agua, para su decepción. "Oh maldición… no llegaron a la otra orilla…"
"Kagome?" Dijo Inuyasha de repente.
"Síp?"
"Um…" Inuyasha luchó por una forma de soltar esto en la conversación. "Sabes qué extrañaré más?"
"El chocolate?"
"No."
"Fútbol?"
"No - ahora es en serio." Frunció él.
"Entonces por todos los medios dime qué extrañarás?" Ella volvió su total atención hacia él, dejándole saber que estaba escuchando.
"A ti."
Kagome se tomó un momento antes de esbozar una amplia sonrisa. "Eso es dulce. También te extrañaré, supongo."
Supongo? Qué se supone que significa? Inuyasha frunció levemente. "Porque te amo."
"Yo también te amo." Kagome sonrió y fue a escoger otro diente de león.
Inuyasha ladeó su cabeza pensativo. No… eso no había funcionado. Ella no lo había tomado seriamente… había pensado que quería decir el amor por un amigo… no el tipo de amor serio. Era una de aquellas veces que deseaba poder agarrar sus manos ya que su atención era muy pequeña - y de esa forma poder decirle exactamente cómo se sentía sin preocuparse de que no estuviera escuchando.
"No, Kagome." Él suspiró como si estuviera intentando explicarle algo complicado a una pequeña niña… lo cual en cierta forma lo estaba. "Bajarías el botón y me escucharías?"
"De acuerdo…" Debe haber sido serio por ese tono de voz que usó, así que Kagome hizo lo que le dijo y se giró completamente hacia él con un frunce. "Qué pasa?"
"Nada… malo exactamente." Él deseó poder acercarse de alguna manera… este no era el tipo de cosas que le decías a alguien a una distancia donde tenías que levantar tu voz levemente. "Por qué dirías que me amas?"
Kagome sonrió y movió su cabeza como si no lo entendiera. "Porque eres un gran amigo para mi. Aún cuando no puedas tocarme todavía estás cerca… eso es más de lo que muchos de mi familia harían. Me proteges y puedes ser agradable para hablar… siempre que estés de buen humor."
"Estoy seguro que hay un cumplido ahí en algún lugar…" Inuyasha frunció.
"Pero eso es por qué te amo. Eres mi mejor amigo."
"No deberías lanzar esa palabra tan fácilmente." Él suspiró.
"Por qué no?" Kagome frunció ahora. "No es como si no lo dijera en serio."
"Tú - amas todo! Amas a tu papá, amas a Sango - amas a los demonios!" él resopló y se giró. "Lanzas la palabra amor como confeti."
"No lo hago," protestó Kagome, pensando que ahora estaba tratándola injustamente. "No es como si no amaras las mismas cosas!"
"Pero no lo hago!" Gruñó Inuyasha. "No tengo padres a quienes amar, mi hermano es un bastardo, el atardecer que amas sólo es un atardecer y acostarse por unas horas extra es ser perezoso."
Kagome frunció incrédula. "Hay una razón de por qué estás degradando esas cosas, o sólo estás en uno de tus modos suaves?"
"No…" Él tomó un profundo respiro. "Sólo estoy tratando de decir que… yo no digo la palabra A tan fácilmente como tú… y cuando digo que te amo…"
Kagome no captó así que el continuó.
"Quiero decir… que estoy ENAMORADO de ti." Dijo él tranquilamente, mirando gacho.
Kagome tomó un fuerte respiro como si estuviera por decir algo, pero ninguna palabra se formó. Por un momento Inuyasha sólo miró el pasto ante él con asombroso interés, antes de levantar la mirada para ver su expresión. Usaba una expresión levemente confundida y estaba mirándolo abiertamente.
"Tú… de verdad me amas?" Susurró Kagome casi tranquila, pero Inuyasha captó las palabras.
"No amor… estoy ENAMORADO." Bueno ahora que había soltado esa bomba quería regresar a la vida, así que se levantó y comenzó a subir la pendiente. "Vas a regresar a la villa?"
"Um… no…" Kagome movió su cabeza. "Quiero tiempo a solas, gracias…"
Él se encogió, fingiendo indiferencia, y comenzó a regresar sin ella, dirigiéndose a la villa a la que habían viajado desde el hotel, acercándose al aeropuerto aún cuando sabían que pronto no podrían volar a ningún lado. Pero hacía sentir mejor a Kagome.
Por fuera él puede parecer todo tranquilo y calmado, pero por dentro sus emociones estaban fuera de lugar. Por qué ella no le había dicho que también lo amaba. Bueno, tal vez técnicamente lo había dicho … pero no el tipo de amor del que estaba hablando. Había esperado que saltara y le gritara su amor al minuto que le había dicho? Tal vez… Pero no había mucho más que pudieran hacer. Aún estaban restringidos a mantener su distancia - lo cual significaba nada de apasionados abrazos, ni besos febriles o habría carne quemada… también como padres protectores que enfrentar.
Inuyasha miró sus manos mientras regresaba hacia la villa. Ambas manos ahora estaban vendadas con vendas blancas, testimonios de varios accidentes que había tenido con Kagome recientemente. Esa chica se tropezaba con tanta frecuencia esos días que había tenido que atraparla o arriesgarla a romperse el cráneo.
Pero no había dicho que lo amaba como él la amaba… entonces qué significaba eso?
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Estaba segura que esta vez era la chica correcta. El hecho de que Inuyasha la hubiera llamado Kagome era prueba suficiente… a menos que ambas chicas tuvieran el mismo nombre como la misma cara, lo cual era dudoso.
Kagura se había contenido de atacar una vez que Inuyasha estuvo junto a su víctima. La última vez probablemente había imaginado sus oportunidades de ser capaz de dejarlo atrás. Pero aunque había tenido una gran ventaja, aún la había alcanzado, sorprendido e interrumpido su vuelo. Ella no era lo estúpida suficiente para subestimarlo dos veces. El resto de su célula presumieron que era la más débil, desde que él era un hanyou… pero en realidad nadie se tomó el tiempo para notar quién había sido su padre. El mismo demonio que había engendrado a Sesshomaru… así que cómo Inuyasha podría ser un débil?
Pero entonces el tonto había dejado la charca y a su pequeña amante desprotegida. Gran error.
Ella estaba sentada en la orilla mirando el agua con una expresión vacía como si estuviera pensando profundamente. Kagura sonrió y sacó de su kimono cruzado el frasco de oscura sangre que Sesshomaru le había dado. Había sido instruida con detalle de cómo usarlo - sólo derramarlo en la piel de la chica y la tarea estaría completa. Sólo había dicho esto porque pensaba que ella era muy incompetente para matar a la chica… Kagura tenía planes propios.
Lentamente sacó una flecha de su manga y mojó la punta en la sangre. Tranquilamente colocó la flecha en la ballesta y la levantó para apuntarle a la chica. La ballesta no era su especialidad, pero era la única forma para completar la tarea sin arruinarlo.
Ella apuntó y se preparó para disparar, antes de titubear. Realmente esto iba a ser tan fácil? Podría matar a la chica en este momento sin mucho problema… después de todos esos años no podría ser así de simple.
De repente la cabeza de Kagome se levantó de golpe y fijó su mirada en la exacta localización de Kagura. Por un momento se vio sorprendida antes de que Kagura se posicionara rápidamente para disparar. Kagome gritó ahogada de temor y se lanzó a un lado segundos antes de que el disparo fuese hecho. La flecha rozó por el pasto y golpeó algo detrás donde había estado sentada.
Con una maldición Kagura tiró la ballesta. Era un arma poco fiable que decidió nunca usar otra vez. Esa había sido su última flecha y ahora todo lo que podía hacer era dominar a la chica y derramar la sangre sobre ella.
Kagome estaba intentando escalar la pendiente hacia el camino para huir, pero su velocidad no era rival para Kagura y cuando miró sobre su hombro supo que no tenía oportunidad sino detenerse y pelear. Así que se detuvo… y se giró.
Kagura apretó fuertemente el frasco en su puño y disminuyó su persecución a una calmada caminata cuando Kagome se giró. Sonrió lentamente mientras se acercaba, y entonces golpeó una turbulencia. Se tambaleó levemente cuando el dolor se disparó por todo su cuerpo, haciéndola retroceder unos pasos hasta que el dolor se había ido. Levantó la mirada, una mano presionada en su cabeza para calmar el dolor y se dio cuenta que provenía de la chica. Semejantes poderes purificadores… esta definitivamente era la chica profetizada.
Con una leve curvatura de sus labios Kagura avanzó otra vez, ignorando el dolor para al menos llegar a veinte metros de ella. Comenzó a toser cuando llegó a diez metros y tuvo que detenerse de nuevo. Llevó una mano hacia su boca cuando el metálico sabor la llenó, y la retiró para revelar la sangre que había tosido. Apretó sus dientes mientras miraba a Kagome que estaba observándola con una mezcla de temor y rabia. La chica se dio cuenta de lo que estaba haciendo? O estaba lastimando a Kagura deliberadamente… de alguna forma… Kagura no creía que tuviera algún control sobre esos poderes.
"Arderás en el infierno por la eternidad por lo que harás!" Kagura escupió sangre en el suelo antes de girar y convocar su hoja para hacer una elegante salida.
Kagome casi colapsa cuando se perdió de vista. Sus rodillas habían estado temblando tanto que había dudado de que pudieran soportar su peso por mucho más tiempo. Con un tembloroso suspiro se aferró a la joya Shikon y por primera vez estuvo agradecida de su poder. Sin ella ahora sería un pato muerto… pero de nuevo, sin ella no estaría en la situación de ser un pato muerto.
Sus ojos cayeron en la flecha que yacía en el pasto de la pendiente. Parecía tener sangre mojando la punta - pero había fallado, no? Kagome se miró, revisando agujeros sólo en caso, pero no parecía estar sangrando.
Con un frunce se agachó para recogerla, cuidadosa del extremo para evitar tocar la pegajosa sustancia en la punta. La sostuvo para inspeccionarla antes de darse cuenta que la 'sangre' realmente no parecía sangre… era muy oscura para ser sangre real. Titubeante, la tocó con su otra mano y la frotó entre sus dedos. Arrugando su nariz notó que se sentía como sangre para ser lo suficientemente desagradable.
Ella dejó caer la flecha y regresó hacia la villa, mirando cuidadosamente los alrededores por más demonios. Aunque estaba segura que si los habían, los hubiese sentido, pero eso aún no tranquilizó sus nervios. Mirando de nuevo su mano se detuvo.
"Qué de…?"
La sangre había desaparecido de sus dedos, como si nunca hubiese estado ahí. Ni mancha, ni humedad, nada.
Sintiéndose completamente asustada y preguntándose si su mente finalmente estaba fallándole por su reciente estrés, continuó hacia la villa. Pero para cuando las primeras casas y edificios aparecieron de vista estaba teniendo un leve problema para respirar. Para cuando alcanzó esas primeras casas y edificios supo que definitivamente tenía problemas.
Estaba teniendo un ataque de asma o algo?
Kagome disminuyó y frotó su garganta como si intentara hacer mover el aire, pero no estaba ayudando. Debe haber tenido una reacción alérgica a algo… tal vez tenía fiebre del heno - pero eso no tendría sentido porque no era más verano…
"Oye Kagome!" Sango llegó corriendo. "Miroku se comió todo un pote de helado en un concurso con Inuyasha - TIENES que verlos ahora, ellos-"
Ella se detuvo cuando vio que Kagome parecía tener problemas para respirar. "Kagome?" ella corrió, y Kagome pareció rendirse y cayó, no muy elegante sobre su trasero, jadeando por aire. "Kagome! Qué pasa?!"
Kagome no tuvo el aire para dar una respuesta y gesturizó salvajemente hacia su garganta y pecho cuando el dolor comenzó a recorrer su interior y por sus extremidades. No se sentía tan bien más…
"Vamos, Kagome… No te detengas aquí." Dijo Sango en esa voz levemente determinada que usaba cuando estaba preocupada. Se agachó para ayudar a levantar a Kagome y comenzó a caminar hacia la posada en la que se estaba quedando.
Kagome luchó para caminar, aún cuando Sango soportaba mucho de su peso, y no pudo evitar preguntarse por qué todo lo malo parecía pasarle a ella…
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Continuará…
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