Dos caras
(Two Faced)
Por Rozefire
Traducido por Inuhanya e IR-CHAN
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Capítulo 22
Lo Siento
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"Acepta la derrota elegantemente, Inuyasha." Miroku tiró su pote vacío de helado hacia Inuyasha quien había terminado su último bocado. "Perdiste antes de que comenzáramos."
"Bueno… yo sólo acepté para hacer esto!" Prontamente Inuyasha metió sus manos vendadas en el frío pote y suspiró feliz. "Pura felicidad…"
"Mal perdedor."
"En realidad… tú eres un mal ganador, o lo serás mañana cuando despiertes con indigestión y diarrea." Inuyasha sonrió.
"Encantador…" Miroku arrugó su nariz. "Eres tan vulgar."
"Eso es basura."
"Mucho…"
De repente la puerta se abrió y Sango entró corriendo. "Rápido - es Kagome!" jadeó ella y luego salió otra vez. Miroku e Inuyasha se miraron antes de dejar sus helados y correr tras ella.
"Qué pasó?" preguntó Miroku mientras se detenía para agacharse al lado de Kagome que no había tenido la energía para lograr llegar a la posada. Inuyasha se detuvo a una corta distancia, teniendo que retroceder un poco cuando el pequeño campo purificador de Kagome se agrandó lentamente.
"No lo sé - colapsó sobre mi y no puede respirar." Dijo Sango apresurada, frotando su rostro para desvanecer el hormigueo que sentía. Era como si se hubiese detenido en un campo eléctrico alrededor de Kagome y la corriente estuviera corriendo por ella.
"Kagome, asiente si puedes escucharme." Le dijo Miroku fuertemente y ella asintió rápido, aún arañando su garganta.
"Tal vez esté teniendo una reacción alérgica?" Sango frunció con preocupación.
Shippo, Rin y el Sr. Higurashi pronto salieron corriendo de la posada tras Inuyasha y lo pasaron en su camino hacia Kagome. Inuyasha odiaba que no pudiese ir a su lado y ver lo que estaba pasando… pero tenía una extraña sensación. Incluso a través de todos los poderes espirituales y la magia purificadora, podía sentirlo… la presencia de un demonio… estaba poseída?
"Alguien llame un doctor!" Gritó furioso el padre de Kagome y agarró la mano de su hija. "Estará bien Kagome, sólo toma profundos respiros e intenta mantener la calma."
Kagome ignoró su consejo. Si se calmaba para tomar profundos respiros se sofocaría. Se estaba volviendo un esfuerzo mayor inhalar un profundo respiro de aire tras otro. Tampoco ayudaba que la gente estuviera amontonándose sobre ella. Entonces notó algo mientras estaba acostada de espalda, mirando hacia arriba.
"El… cielo…" respiró ella con dificultad, levantando un débil brazo para apuntar hacia las nubes. Todos los demás levantaron la mirada confundidos y vieron lo que estaba mirando.
Las nubes habían pasado de un gris a un completamente negro y estaban nublando el sol mientras observaban. Y si eso no fuera suficiente, la luna también estaba moviéndose en frente del sol en un eclipse solar…
"El día de la oscuridad…" Murmuró Sango.
"Pero aún no estamos listos!" Gritó Shippo, casi en pánico total.
"Mayor Houshi - envíe un fax a las oficinas si puede - dígales que ha llegado!" Ordenó el padre de Kagome y Miroku no desperdició tiempo en cumplir sus deseos. Sango se quedó atrás y mordió su labio mientras acariciaba el cabello de su amiga.
"Estará bien, Kagome, tú estarás bien, sólo resiste hasta que se termine." Le dijo Sango.
"Ella morirá cuando se termine." Dijo el padre de Kagome gravemente.
"Qué?!" Sango le espetó una mirada.
Kagome golpeó su brazo enojada. "Muchas… gracias…!"
"Ella no puede morir!" Ella miró a la forcejeante chica. "No puedes morir - no está en la profecía!"
"Sí lo estaba." Dijo su padre suavemente. "No hay nada que podamos hacer - la joya está muy impura para desaparecer. Matará a todos los demonios…"
"Miren… se está oscureciendo más…" Rin señaló la joya que yacía contra la garganta de Kagome. Tenía razón, había cambiado de rosa oscuro a casi rojo sangre.
"Mierda…" Shippo pasó una mano por su cabello.
"Se está ensuciando - Kagome - qué pasó?" presionó el padre de Kagome. "La tocó un demonio?!"
Kagome abrió su boca para hablar pero no pudo contener el aire para hacerlo.
Inuyasha finalmente se dio cuenta. "No - es porque ella está tocándola!"
"Qué?" Todos lo miraron confundidos. Sango se molestó en seguida. "Oh vamos - ella no es contagiosa, deja de insistir en eso ahí y ven a ayudar!"
Inuyasha la ignoró. "Ella está ensuciando la joya - tiene sangre de demonio en sus venas! La joya está absorbiendo el mal… y está purificándose…" él se detuvo y tomó un profundo respiro. "Está sufriendo…"
"Lo sabía…"
Inuyasha se giró de golpe para ver a Kikyo llegar tras él con una dura expresión. "Qué?"
"Tú no puedes tocarla, verdad? Porque te lastima." Ella le dio una breve mirada a sus manos. "Qué pena."
Ella no sonó tan convincente, así que Inuyasha sólo se giró y observó lo que estaba pasando.
"Cómo pasó esto Kagome?" preguntó Sango, agarrando la otra mano de su amiga. "Es verdad?"
Kagome no sabía qué decir, aún si pudiese hablar, todo lo que podía hacer era luchar por oxígeno y retorcerse de dolor. Medio quería que todos la dejaran sola y dejaran de hablarle, no estaba de humor… pero tenía miedo de quedarse sola.
"A este paso esa joya va a matarnos a todos." Dijo el padre de Kagome, tosiendo mientras comenzaba a encontrar difícil estar así de cerca con Kagome. "Esto no está bien."
"Eso crees!" Espetó Sango e hizo por agarrar la Shikon. "Tenemos que destruir esta cosa!"
"No - no la toques!" Gritó el Sr. Higurashi un poco tarde.
Un disparo sonó cuando los dedos de Sango se conectaron con la joya y gritó mientras era lanzada con fuerza. Ella cobijó su quemada mano y miró la joya. Kagome estaba sacudiendo su cabeza mientras lágrimas comenzaban a salir por el rabillo de sus ojos.
"No… quiero… morir…" jadeó Kagome, dejando que unos pocos sollozos sacudieran su cuerpo.
"Nosotros tampoco, cariño." Su padre acarició su mejilla, ignorando los pequeños corrientazos de dolor que sentía en su palma cuando lo hizo. "No sé qué podemos hacer…"
Miroku regresó, sin aliento. "Ellos recibieron el mensaje - están enviando helicópteros y aviones hacia acá."
"Un poco tarde, no?" Siseó Sango con veneno mientras chupaba sus dedos quemados. "Estúpidos… lame traseros… cerdos del gobierno…"
"Qué hacemos?" Preguntó Sango titubeante, mirando al resto de la multitud que estaba rodeando la posada, muy ansiosos para aventurarse más cerca.
"Váyanse…" jadeó Kagome de repente.
Su padre movió su cabeza. "Kagome - no creo que debamos dejar-"
"Váyanse!" Dijo Kagome un poco más forzada. Su voz era apenas más que un susurro jadeante. "Puedo… purificarla…! Váyanse! No se me acerquen - No quiero lastimar a… ninguno de ustedes!"
"Kagome-"
"VÁYANSE!"
Ellos titubearon antes de que el Sr. Higurashi les asintiera a los más jóvenes para que comenzaran a retroceder hacia donde Inuyasha, Kikyo y los soldados estaban reunidos.
"Seguro que puedes hacerlo?" le preguntó preocupado el Sr. Higurashi a su hija.
Ella sólo asintió y apretó su mano antes de retirarla con una fuerte indicación de que también debía irse. Él suspiró derrotado. "Al menos déjame llevarte adentro."
Kagome asintió. Tenía frío, y estaba muy oscuro para entonces que tenía problemas en distinguir el rostro de su padre. Él la ayudó a levantar y comenzó a llevarla hacia la posada. El resto del grupo se apartó para hacer espacio para ellos mientras el padre de Kagome la regresaba adentro y a una de las habitaciones vacantes. "Estarás bien?"
"Sí…" siseó ella con dolor y cerró sus ojos momentáneamente antes de forzarlos a abrir con una sonrisa igualmente forzada. "Ahora puedes irte, gracias."
Él vaciló sólo un momento antes de salir rápidamente de la habitación y cerrar la puerta tras él. Afuera llegó ante una vista muy ansiosa. Sango estaba siendo consolada, llorando en el brazo de Miroku quien simplemente la abrazaba muy preocupado y levemente molesto. Pero Inuyasha se robaba el show con su rabia mientras se paseaba de un lado a otro en la oscuridad, haciendo una zanja en el suelo. Kikyo lo observaba, brazos cruzados y puños cerrados. Se veía preocupada y pensativa, mientras todos los demás permanecían sin saber qué hacer con ellos mismos. No había forma en que pudieran ayudar.
Adentro, Kagome se giró para sentarse en su colchón y tiró de la Shikon en su garganta. Mintió sobre intentar purificarla… ella iba a destruirla!
La colocó en el piso de madera y agarró la lámpara, una tarea difícil cuando puntos luminosos danzaban ante sus ojos y reuniendo la energía para agarrar la lámpara quemó su mano con ardiente dolor, pero no tuvo mucha elección en el asunto. La bajó con un gruñido contra la pequeña perla y lo hizo una y otra vez…
Pero la Shikon no Tama era más fuerte que un diamante… no se despedazó bajo una ínfima lámpara. Si ella aún tenía esos poderes espirituales por dentro y tuviera algo afilado de madera entonces tal vez pudiera romperla… pero no… Oficialmente estaba jodida.
"Voy… a morir…" ella apretó sus puños y cerró sus ojos para luchar contra el dolor mientras se hundía en el piso. "Igual… Inuyasha…"
Ella no había tenido la oportunidad de decir adiós… sólo podía permanecer indefensa mientras moría lentamente.
Miró por la ventana y no vio nada… estaba tan oscuro allá afuera que no podía distinguir la línea de árboles en la distancia, o de casas cercanas. Sí… definitivamente este era el día de la oscuridad… estaba muriendo… la joya estaba por irrumpir… y todo en lo que podía pensar era en cuánto iba a extrañar a Inuyasha.
Lo extrañaría más que a su propia familia… su propia carne y sangre. Eso significaba que lo amaba más?
Probablemente…
Y tampoco iba a tener la oportunidad de decirle eso.
Ella gritó cuando otro espasmo de dolor recorrió su cuerpo y se curvó en una esfera para intentar luchar la batalla perdida. La joya que yacía en el suelo ante ella estaba tornándose negra tan lentamente… Ahora sabía cómo se sentía Inuyasha cuando estaba cerca a ella.
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"Alguien tiene que ir a revisarla!" Le gritó Inuyasha al Sr. Higurashi quien apretó furioso sus propios puños.
"Deja de lanzar el puño Inuyasha y cálmate!"
"Calmarme?!" Rugió Inuyasha. "Estamos a punto de morir y estás diciendo que me calme!"
A él no le gustaba esto. Usualmente cuando su vida estaba en peligro siempre había algo que pudiera hacer. Como salirse del camino de ese maldito bus o pelear con ese demonio por todo lo que valía. Pero cuando Kagome era la causa del peligro… encontró que no podía huir y no podía pelear…
"Es bueno saber que seas tan positivo!" Espetó Inuyasha.
"Sabremos si todo está bien cuando el cielo aclare!" Le gruñó el Sr. Higurashi al joven. "Hasta entonces no hay mucho que podamos hacer a menos que queramos empeorar las cosas!"
"Debe haber algo que podamos hacer!" Inuyasha reasumió su paso. Podía sentir la energía de Kagome aunque estuviera afuera y ella adentro… aún dolía, pero no iba a alejarse. "Ella es tu hija! Cómo puedes abandonarla!"
"No estoy abandonándola!"
"Cuándo sabremos si estamos salvados?!" Espetó Inuyasha. "Cuando veamos las nubes claras y no estemos muertos! Tenemos qué?! Siete segundos más de vida?!"
Rin gimoteó suavemente contra Shippo quien estaba mirando al suelo.
"Deja de hablar así! No estás ayudando!" Gritó el Sr. Higurashi.
"Y qué?! Tampoco está ayudando! No es como si las palabras y la plática vayan a cambiar la forma cómo se han dado las cosas! No puedo evitarlo! Nunca podría evitarlo! No puedo evitar nada!" Inuyasha tiró el objeto inanimado más cercano, enviando un jarrón de agua contra la pared de la posada, cerca a la cabeza del Sr. Higurashi quien no se inmutó. Inuyasha lo miró acaloradamente por un momento antes de reasumir su pasadera. "Inútiles…!"
"Sólo porque no puedes protegerte no significa que dejaremos desquitarte con nosotros!" Le gritó Sango a Inuyasha, tomando un descanso de su llanto para espetarle.
"Eso no me molesta! Es porque ahora no puedo proteger a Kagome - y ninguno de ustedes idiotas tampoco está ayudándola!" Inuyasha caminó e hizo un hueco del tamaño de su puño en la pared de la posada. "Todos están felizmente sentados por ahí, esperando que muera!"
"Y nosotros - no olvides que también moriremos!" Gritó Sango.
El padre de Kagome apretó sus dientes. Inuyasha no era el tipo de persona que necesitas alrededor en una situación como esta. Con él alrededor estaba bajando los ánimos de todos y volviendo pesimistas a aquellos optimistas como él.
De repente Kikyo se levantó y pateó la caja en la que estaba sentada. "Esa perra! Nos matará a todos si no hacemos algo!"
Antes de que alguien realmente pudiera registrar lo que dijo, se precipitó hacia la puerta de la posada y la atravesó.
"Deténganla!" El Sr. Higurashi se levantó también, para darle alcance junto con Miroku… pero Inuyasha se les adelantó.
Él ignoró el dolor mientras corría por el corredor detrás de Kikyo quien era asombrosamente rápida. Giró por la esquina tras ella, evitando golpear la pared y tuvo que detenerse un momento para recuperar el equilibrio. Pero Kikyo tenía intenciones asesinas… tenía miedo por su vida y no iba a dejar que Kagome se saliera con la suya.
"Mierda…" Maldijo Inuyasha cuando vio una hoja plateada destellar desde adentro de la camisa de Kikyo. Él se lanzó tras ella y la alcanzó al momento que alcanzó el lado de Kagome.
"Muere ahora asesina!" Gritó Kikyo mientras bajaba el cuchillo sobre Kagome. Inuyasha fue rápido en quitárselo de las manos, enviándolo por el piso para deslizarse debajo de la cama. En cuanto lo hizo Kikyo colapsó. La energía que la manchada Shikon estaba irradiando se estaba volviendo demasiada para ella manejar y había alcanzado su límite.
Inuyasha sabía que tenía que salir o colapsaría también… pero no podía moverse. Se encontró preguntándose cuál sería el punto. Si él iba a morir, por qué no morir al lado de la chica que amaba… no era como si pudiera esconderse de un destino como este. Podría morir con algo de apariencia.
"Kagome…" él comenzó a tumbarse a su lado y alcanzó para tocar su rostro, ignorando las ampollas que se formaban en su piel ante el simple contacto. Ella se movió y lo miró.
Se sorprendió para empezar, y luego se enojó. Qué estaba haciendo aquí? No sabía que estaba por matarlos a todos… tenía que irse… Pero una egoísta parte de ella quería que se quedara… no quería estar sola en un momento como este. Su última vez para estar viva en algún lugar en el mundo …
De repente Inuyasha presionó una mano en su boca cuando comenzó a toser sangre como Kagura lo había hecho. Miró la oscura sangre roja rociada en su palma vendada y luego miró para ver que Kagome estaba alejándose de él, hacia la joya Shikon que yacía en el suelo, brillando oscura. "Qué estás-"
"No puedo… dejarte morir…" respiró ella agarrando la maldita perla y la sostuvo cerca a su pecho, cerrando sus ojos para concentrarse. "La purificaré…"
"No podrás… está muy sucia…" Él aferró una mano en su estómago cuando una sensación similar a garras rasgando sus adentros lo golpeó.
Si absorbía su energía pura entonces sería suficiente para purificarla. Ella sabía que podía hacerlo… moriría como resultado pero si eso significaba mantener a Inuyasha a salvo entonces estaba dispuesta a dejarla absorber su energía vital.
Después de unos momentos ella dejó de temblar y una gran neblura bañó todo su cuerpo. Probablemente ahora estaba más allá del dolor… sólo dejándola absorber.
"Kagome…" dijo Inuyasha cansadamente mientras comenzaba a entender lo que estaba haciendo. "No lo hagas! Detenlo!"
"Lo siento…" murmuró ella suavemente. "Tengo que… dejarla tomarme…"
"No!" Inuyasha se forzó a levantarse y comenzó a gatear hacia ella. "No dejes que te absorba!"
"Tengo que…"
"No!" Espetó Inuyasha furioso, apretando sus dientes mientras encontraba su lado y apretaba duro con su mano, ignorando el cegador dolor que surgía en él. Se sentía como si su sangre estuviera en llamas pero no le importó… sufriría miles de muertes por Kagome. Ella no lo entendía todavía?
Ella iba a dejarla absorber su esencia humana y morir por él y todos los demás… tal vez… pero él tuvo una mejor idea.
Kagome saltó cuando la joya Shikon fue arrebatada de repente de sus manos. Se enfocó inestable en Inuyasha quien tenía la joya apretada en una palma y el poste de la cama en la otra. Le estaba tomando todo lo que no tenía para no gritar del dolor.
"No!" Kagome se precipitó hacia él, intentando arrebatarle la joya, golpeándolo ciegamente para quitársela. "Devuélvemela! No me hagas esto!"
"Dos puede jugar este juego!" él le dio un empujón que la hizo tambalear con un grito.
Él soltó el poste de la cama y comenzó a gatear lejos de Kagome, para poner tanta distancia entre él y ella como fuera posible. Él miró la joya en su mano y se detuvo. Ahora estaba absorbiendo su propia energía para purificarse y se estaba tornando en un tono rosa claro.
Kagome fue rápida en recuperarse y rápidamente gateó tras él. "No! Regrésamela, Inuyasha!"
"Kagome!" él la sintió agarrar su tobillo y se soltó, alejándose de ella con lo último de su fuerza. Se detuvo cuando se topó contra la pared y cayó de espalda. Con un suspiro sintió una sensación extrañamente cálida fluir de su cuerpo… levemente dolorosa pero desvaneció el resto del dolor, así que fue mucho alivio. El peso de la Shikon en su palma se desvaneció y un blanco cegó su vista.
Kagome había estado por abalanzarse hacia Inuyasha otra vez cuando la Shikon desapareció y su mano, la cual la había apretado, cayó flácida. "Inuyasha!" ella estuvo por alcanzarlo cuando un destello de luz estalló seguido por un sonoro crujido que pareció cortar el aire en la pequeña habitación. Kagome jadeó y colocó sus manos en sus oídos cuando una fuerza invisible la atrapó y la lanzó contra la pared, manteniéndola suspendida sobre el suelo por lo que pareció una eternidad. No podía ver nada, un blanco cubrió su visión y un horrible ruido hizo eco en sus oídos.
Luego todo se detuvo en un parpadeo. Su vista regresó al momento que la fuerza presionándola la liberó y cayó al piso con un grito y un golpe. Por un momento sus sentidos estuvieron dispersos, y lentamente se levantó mientras los reunía de nuevo.
Cuando finalmente recordó lo que había pasado, y quién era junto con dónde estaba, deslizó su mirada lentamente por el piso hacia donde yacía Inuyasha… o donde había quedado… se había ido…
En su lugar yacía alguien que nunca antes había visto…
"Inu… Inuyasha…" lentamente Kagome se levantó. No tenía más dolor, aunque su garganta dolía de tenerla apretada. Pero justo entonces estaba más concentrada en el joven que yacía perfectamente quieto del otro lado de la habitación.
Tranquilamente se desplazó y se agachó a su lado. Definitivamente era Inuyasha… pero había cambiado. Sus orejas se habían ido y su cabello blanco se había ido… se veía… como un versión perfectamente humana de sí mismo.
"Tonto…" susurró ella, sintiendo cálidas lágrimas llenar sus ojos. "Te purificaste!"
Ella tocó su mejilla titubeante, preocupada de que lo hubiese lastimado, pero sin la presencia de sangre de demonio en sus venas no sentía nada. Pero sin sangre de demonio en sus venas no había nada para mantenerlo vivo. Se sentía frío al contacto y un sollozo se atascó en su garganta. "Idiota…" ella bajó su cabeza y permitió que cálidas lágrimas bajaran por sus mejillas y se estrellaran contra su camisa manchada de sangre.
Una suave caricia en su mejilla hizo levantar su cabeza con sorpresa. Todavía estaba vivo… pero tenía que estar muy adolorido por la expresión que estaba mostrando. "Kagome…" él logró toser, junto con un hilillo de sangre. De nuevo estaba sangrando internamente. Puede haber sobrevivido como un hanyou… pero como un humano…?
"Estás bien?" susurró ella apresurada, apretando su camisa con sus dedos.
"Estúpida pregunta." Él hizo una mueca y trató de moverse.
"No te levantes! Traeré ayuda!" Ella hizo por levantarse y correr pero su agarre en su muñeca la detuvo y bajó la mirada.
"Te amo… lo siento…"
Él cerró sus ojos y su cabeza lentamente rodó a un lado, su mano se aflojó en su muñeca. Kagome retiró su mano bruscamente y lo miró con ojos aguados.
Ella esperaba que se moviera en cualquier momento… y esperó… esperó por cualquier tipo de señal… "No…" dijo ella débilmente y se acercó más. "No… Inuyasha?… Inuyasha, abre tus ojos…"
Ella sacudió sus hombros levemente… pero no se movió… "Inuyasha! Despierta!" su voz comenzó a quebrarse mientras bordeaba la histeria. "No! Te amo! Te amo! Por favor no me dejes - No quiero estar sola! Inuyasha - no te vayas!"
Ella lanzó sus brazos alrededor de su cuello, intentando ofrecer algo de su calor a su creciente frialdad. "No te vayas… no te vayas… por favor…" ella presionó un suave beso en su mejilla mientras una lágrima salpicaba la piel que había besado. "Te amo…"
"Kagome!"
Ella no se movió mientras Sango entraba en la habitación seguida por Miroku y todos los demás. Lentamente asimilaron la escena que yacía ante ellos. Kikyo, inconsciente o muerta, acostaba bajo la ventana y Kagome tirada sobre Inuyasha… un Inuyasha humano quien lucía completamente golpeado.
Sango se detuvo tentativamente y tocó el hombro de Kagome levemente. Kagome dio un suave sollozo y la rechazó. Ella quería estar sola con él por un minuto, pero ellos no estaban permitiéndolo. Cuando Kagome la rechazó tomó lentamente la mano de Inuyasha y se giró para buscar un pulso. Primero tuvo que retirar los vendajes y cuidadosamente presionó dos dedos en su muñeca. Después de unos momentos lentamente la bajó a su lado y se giró hacia los otros.
"Él está vivo… pero su corazón está débil… No creo… No…" su voz se desvaneció mientras mordía su labio.
Un largo silencio se extendió, irrumpido eventualmente por un sonido que hacía eco en la distancia. El sonido se hizo más fuerte hasta que se volvió un rugido de hélices de helicóptero.
El Sr. Higurashi se movió y colocó dos manos firmes en los hombros de su hija. "Tienes que dejarlo ir… para que la gente pueda ocuparse de él…" dijo él suavemente.
Kagome estuvo reluctante de irse, pero eventualmente obedeció y se inclinó para mirarlo. Él se veía tan… pálido y sin vida…
Al otro lado de la habitación Kikyo comenzó a sentarse cuando la luz del sol comenzó a caer desde la ventana sobre ella. Miró la escena ante ella y luego afuera por la ventana. Otra vez había luz y ellos aún estaban vivos… estaban a salvo… Pero también afuera pudo ver hombres saltando de los helicópteros que había aterrizado en medio de la villa, la ráfaga de aire de las hélices hacía que la gente mantuviera su distancia.
"Ellos lo matarán si lo atrapan…" dijo ella lentamente.
Sango la miró rencorosa. "Tú - casi nos matas a todos!"
"Qué dijiste?" Miroku le preguntó a Kikyo, ignorando el molesto arranque de Sango.
"Ellos lo matarán… es un traidor… cometió traición del más alto grado… lo ejecutarán por esto." Kikyo miró a Inuyasha. "Si no está muerto ya."
Ellos no entendieron lo que quiso decir, sólo Kagome, y sólo pudo bajar su cabeza y llorar silenciosamente en sus manos mientras sus hombros temblaban.
De repente el General Taijiya apareció en la puerta. "Se terminó?"
Sango reconoció su voz y se giró rápidamente. "Papá!" ella se lanzó en sus brazos con alivio. Todo estaría bien ahora…
Después de unos momentos de abrazo la separó gentilmente y avanzó. "La profecía está completa?"
El Sr. Higurashi asintió. "Pero falló."
La mirada del General Taijiya cayó sobre el joven que yacía en el suelo ante ellos. No podía ser ninguno otro que Inuyasha, y su mirada se endureció furiosa. No había duda de que él era responsable por el fracaso… "Atrápenlo!"
Los hombres entraron de repente en la habitación tras él y agarraron a Inuyasha, no muy gentilmente y comenzaron a sacarlo. Kagome gritó. "Basta! Está herido!"
"Está inconsciente, no lo sentirá." Dijo el General cortamente. "Lo llevaremos al norte y lo pondremos en el bloque de los verdugos mañana… será afortunado si muere en el camino."
"Qué estás haciendo?!" Gritó Sango. "No puedes ver que está herido - a qué estás jugando!"
"No lo sabías." Su padre movió su cabeza. "Él es parte de la célula veinticuatro - el mismo hombre que intentó asesinar a Kagome varias veces y la entregó a las manos del enemigo hace unos días. Tuvo suerte de escapar."
Todos lo miraron, completamente mudos, toda su visión de Inuyasha lentamente se volcó en sus cabezas. Se giraron hacia Kagome que estaba mirando sordamente al piso.
Miroku fue el primero en hablar. "Por qué no nos dijiste nada?" preguntó él tranquilamente .
"Déjala en paz." Dijo el General suavemente. "No hay duda que la amenazó para silenciarla…"
Kagome tosió un sollozo que subió de repente y su padre estuvo a su lado para abrazarla fuertemente. "Shh… está bien… ahora está bien…"
"No lo está…" Susurró Kagome en su chaqueta.
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Continuará…
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