N/A: Uish! Si que me he demorado con este capi D: (mil perdones por eso X3) Pero pues, aca esta :D Y pues, aprovecho para unirme a la campaña de GaaLee: "No dejemos morir al GaaLee!" si señor, cada uno tiene que poner su granito de arena XD Y pues, acias a todas las personas que leen/comentan/favean/etc... Espero q este capi les guste y de alguna forma pues, vamos avanzando, a paso lento pero seguro ;D
Por cierto, la ultima parte salio algo apresurada y no tan de mi agrado. Hay una fiesta en casa y no me podía concentrar bien D: gomen ne! X3 Pero uen! d todos modos... enjoy!
IV. ROCK LEE
Decir que Gaara no lo estuvo pensando largo tiempo sería una equivocación. De hecho lo único que había estado en su mente todas esas largas horas dentro de su departamento eran los hechos que habían tenido lugar la noche anterior. Por un lado estaban los hermosos ramos, lo cual realmente no era el asunto, sino el hecho de que Lee, y vaya con que familiaridad se dirigía a él al menos en sus pensamientos, se había introducido en su casa. Había pisado el lugar que nunca antes nadie había tenido la oportunidad de ver, y no sólo eso, sino que también le había llamado por teléfono, y Gaara no podía dejar de pensar en ese sentimiento que lo había sobrecogido al escuchar su llanto.
No era lástima. Gaara ya había sentido ese sentimiento empático hacia el pesar de otros, y por lo mismo podía reconocerlo fácilmente.
Tampoco era indiferencia. La forma en la que sus intestinos se revolvían le indicaba lo contrario.
Era culpa. Se sentía culpable por no poder ayudarlo. ¿Y qué si de verdad moría? ¿Valía la pena mantener su profesión si alguien más tenía que perecer por su causa?
Estuvo carcomiéndose la cabeza el resto de la noche, y cuando el sol asomó en la lejanía y alumbró a un ya preparado Gaara, llaves en mano y gabardina en la otra, dispuesto a salir de casa, aún seguía sopesando aquello.
La verdad sea dicha, no sabía qué hacer. Pero todo se resolvería ese mismo día. Bien podía llamar a la policía, o tal vez no. Pero realmente, al final del día, no lo había hecho, y había tomado su decisión y yacía de forma nerviosa sobre su asiento. Con la computadora aún abierta frente a él, tenía los músculos tensos y un pequeño dolor de cabeza. Había mandado el mail hacía exactamente cinco minutos, y parecía que le iba a dar un infarto por la simple espera.
¿Pero que era lo que le había convencido?
No había sido Naruto, quien nada más verle llegar al hospital se había abalanzado sobre él y le había seguido todo el trayecto a pesar de que Gaara le había amenazado un par de veces para que no lo hiciera.
-Sólo quiero saber cómo estás- había dicho, casi sin aliento por la larga carrera.
El pelirrojo se detuvo un instante. Realmente no pensaba en el rubio ni en su preocupación, sino...
-Ayer pude dormir.
Tan sólo con decir esto Naruto había sonreído enormemente. Se abstuvo de abrazar a su amigo simplemente porque sabía que odiaba esas cosas, pero su felicidad era genuina.
-¡Gaara, eso es muy bueno!- había dicho, pero por la expresión torcida que obtuvo enseguida comprendió que para el otro no había sido tan agradable.
-Y tengo un acosador- reveló finalmente, alivio sustituyendo el nudo en su garganta.
Naruto le miró como quien mira un rompecabezas, sin saber por qué pieza empezar.
-¿Perdón?
-Un acosador- repitió Gaara masajeándose las sienes en un acto reflejo-, tengo un acosador.
-¿De qué estás hablando?- de todas las cosas que conocía de Gaara esta era la más loca y descabellada. Pero entonces el pelirrojo nunca bromeaba, ¿por qué lo haría esta vez?
-Ha estado enviándome e-mails, y esas rosas que viste me las mandó él- explicó tratando de ponerlo lo más simple y entendible posible-. Y eso no es todo, también me envió otro ramo a la casa, y ayer me llamó por teléfono. No sé qué hacer.
Guardó silencio y Naruto hizo una expresión agria.
-¿Has dado aviso a la policía?- el otro negó lentamente- ¿Y a qué esperas?
La pregunta era más que obvia y justificada. ¿A qué estaba esperando? Sinceramente no sabía.
-Me pide ayuda, Naruto. Es lo único que quiere- o al menos eso esperaba.
-¿Y vas a hacerlo? ¿Vas a ayudarlo?
Gaara no pudo responder, y esto era lo que más lo desconcertaba. De algún modo este Rock Lee se había vuelto más importante de lo que el pelirrojo hubiese deseado en un comienzo, y no podía sacárselo de la cabeza. No lo dijo en ese momento, y lo cierto es que sólo bajo amenaza de muerte se lo contaría a su amigo, pero casi parecía añorar la presencia del desconocido. ¿Pero era su culpa realmente? Lee parecía haber salido de la nada, como una especie de escapatoria a la monotonía de su vida y su trabajo. Inconsciententemente, o tal vez no tanto, su persona parecía aferrarse a él. Por más que insistiera al otro que le dejara en paz, estaba más que comprobado que anhelaba esas molestas cartas, esperaba como un niño a que llegaran, cronometradamente, en la mañana antes de salir de casa, una en la oficina y otra más al llegar la noche.
Y entonces lo realmente importante era otra cosa. ¿Deseaba ayudarlo?
-Lo pensaré- había respondido a lo último mientras se internaba en su oficina, cerrando la puerta sobre las narices del rubio, del cual sólo escuchó un débil gemido de protesta.
De forma mecánica se había acercado al computador. No se había dado cuenta, pero estaba sudando, estaba agitado. Al momento de entrar Sakura a su oficina, sus ojos se habían levantado, asustados ante la ruda intromisión.
-Lo siento- había dicho su secretaria sin comprender del todo cual había sido su falta-. Vine a entregarle el nuevo memorando que pasó Tsunade esta mañana.
Con un asentimiento de parte del médico, la chica se acercó a su escritorio.
Una vez le tuvo de frente no pudo evitar notar lo desmejorado que se encontraba. Más que un médico sumamente profesional, el pelirrojo asemejaba a uno de esos pacientes esquizoides de mirada huidiza y mejillas hundidas. Su rostro estaba más pálido que de costumbre y ella casi pudo adivinar que hacía días no probaba bocado alguno. Pero entonces, al devolverle la mirada, sus ojos se tornaban fijos, impasibles. Le erizaba el alma de vez en cuando, sobretodo cuando le observaba con tanta intensidad como en ese momento. Y cuando movió los labios, su voz sonando ronca y baja, la chica tuvo que morderse la mejilla por dentro de la boca para evitar soltar algún comentario. Su jefe parecía un cadáver...
-¿Qué sucede?- había preguntado Gaara un tanto incómodo al sentir la mirada escrutiñadora de la chica.
-¿Está bien?
Rodó los ojos con fastidio. No podía evitarlo. Siempre que le veían era la misma pregunta. ¿De dónde habían sacado todos de repente esa insana preocupación por su bienestar? ¡Hasta el conserje del edificio le había preguntado si se encontraba en buenas condiciones!
-Perfectamente- había respondido, pero más que confianza, su voz sugería lo contrario de lo que apuntaba. Estaba peor que mal, y Sakura lo sabía. ¡Demonios! Todo el equipo médico lo sabía.
-Gaara-san, no quiero sonar entrometida, pero de verdad no lo parece- lo miraba con preocupación.
-Pues sí, estás siendo muy entrometida, Sakura- había zanjado la conversación, ignorando la expresión agravada de la joven.
Estuvo esperando a que se marchara, mientras le sentía batallar consigo misma. Era una chica inteligente y sabía mejor que replicarle al médico, por lo que finalmente salió de la oficina, procurando cerrar la puerta con la mayor suavidad posible. El pelirrojo había observado la mencionada puerta largo rato, culpabilidad trepando nuevamente por su cerebro. En el fondo sabía que no debía haber tratado a Sakura de esa forma. Su secretaria siempre había sido sumamente eficiente y no le había dado ni una queja. Además, se preocupaba por él, no se merecía semejantes palabras.
Pero Gaara no tenía cabeza para esas cosas. Más adelante, pensó, se disculparía apropiadamente. En ese momento decidió que tenía otros asuntos mas prioritarios. Dejó el memo de Tsunade a un lado de su escritorio y abrió su laptop de forma decidida. Esta decisión, sin embargo, resquebrajada cuando hubiese abierto el correo electrónico y contemplara la bandeja de entrada completamente vacía. Se mordió los labios y soltó un suspiro.
-Es una tontería- se había dicho mientras escribía.
Nada demasiado personal. ¿Qué tan difícil podía ser? "Quiero que vengas. Te daré una cita. Podemos ver qué es lo que tienes. Puedo ayudarte... Voy a ayudarte."
Y sin embargo era demasiado. Se arrepentía, borraba lo que había escrito y cerraba los ojos con fuerza. Si Tsunade se enteraba, lo despediría. Su carrera se iría al traste por un anónimo. Pero entonces no, Rock Lee no era anónimo. Lee le estaba pidiendo ayuda desesperadamente, y entonces lo pensó. Abrió los ojos, asustado, y repitió el pensamiento para constatar que de verdad estuviese dentro de su cabeza y no lo había imaginado. Pero cada palabra, cada frase, se le hizo un enigma, como si no comprendiera. Lo dijo entonces en voz alta, para saborear su significado y todo lo que conllevaba:
-No me importa Tsunade- había dicho en voz muy baja, puños apretados hasta casi palidecer sus nudillos-. Mi vida es una porquería, quiero algo que rompa con esta monotonía que me agobia.
Antes de que se arrepintiera había mandado el mail. Las palabras, contrario de lo que buscaba, habían sonado más desesperadas que las del propio Lee.
"Ven al hospital. Hoy, 5:00 p.m. Te estaré esperando."
Eso había sido. Había oprimido el 'SENT' mucho antes de poder arrepentirse, antes de poder retroceder sus palabras y borrar sus acciones. Por eso estaba ahí, contemplando fijamente la pantalla, y tenía el corazón acelerado.
Se cubrió el rostro con ambas manos, sintiendo como si hubiese acabado de firmar su sentencia de muerte. Tsunade iba a estar molestísima... si es que se enteraba. Pensó en esto y en ocultarle la verdad, pero luego ya no pudo seguir pensando. Sus ojos se habían dirigido al ramo de rosas que aún vibraba en la lejanía. Estaba hermoso, como el día anterior. Al contemplar el llamativo tono rojo se sintió mucho mejor, un poco más descansado. Entrecerró los ojos levemente, casi sin ser partícipe de ello. Se relajaba...
Había mucho silencio. Ni siquiera podía escuchar el barullo de la ciudad, o el constante parloteo de Sakura o el ruido de las emergencias que corrían por el pasillo. Gaara hizo la cabeza hacia atrás, pensando. Estaba muy solo, estaba muy triste y muy aburrido. Tal vez Naruto y los demás tenían razón. Quizás lo que le faltaba era una persona a su lado, una pareja que le hiciera compañía, que le ayudara a olvidarse un poco de sus problemas, simplemente alguien que le distrajera de su trabajo. Tal vez debía volver a casa, e intentarlo de nuevo con Matsuri. Hacía años que no veía a sus hermanos y no se habían despedido en buenos términos. Quizás era momento de regresar con su familia...
No lo había visto hasta ese momento, pero tenía muy buenas memorias de sus hermanos, cuando aún medio se soportaban y vivían bajo el mismo techo. Gaara no lo habría sabido decir, pero había sido muy feliz con ellos, más feliz, al menos, de lo que era en ese momento. Pero tal vez las cosas cambiarían. Tal vez Rock Lee sería el encargado de darle algo de sabor a su insulsa existencia. En esto pensaba cuando sintió los ojos pesados, el cuerpo en extremo relajado, imágenes invadiendo su cerebro... Estaba tan calmo, y él lo supo enseguida, que iba a dormirse. Y casi pudo haber llorado de felicidad, en cambio soltó un gruñido cuando, a punto de caer rendido, un conocido ruidito le sobresaltara.
Con la mirada desconcertada y mordiéndose los labios, contempló la pantalla del computador y el pequeño mensaje que avisaba un nuevo correo recibido.
Una larga sonrisa, como nunca antes había aparecido en su rostro, invadió sus labios al momento de leer la respuesta.
"Graciasgraciasgraciasgracias¡muchas gracias! Estaré allí sin falta. Muchísimas gracias, Gaara-san."
Y Gaara lo supo de inmediato. Eso que sentía en el pecho era alegría.
XxXxX
Sakura levantó la vista brevemente. Dejó de forma momentánea los documentos que revisaba y contempló de forma ida la caja de bombones que obstruía su campo de visión. Estuvo sin saber qué hacer un par de segundos, hasta que carraspearon para obtener su atención y la chica se vio impedida de rechazar la caja que fuera depositada sin mucha delicadeza sobre su mesa. No hubo más nada, ni palabras de cortesía ni una mirada que explicara lo que estaba sucediendo. Lo único que Sakura comprendió a ciencia cierta era que su jefe le estaba regalando chocolates. Su jefe. A ella. Chocolates.
-¡Gaara-san, espere!- tuvo que llamarle al verle dar la media vuelta de regreso a su oficina.
El pelirrojo se detuvo y volteó a mirarle.
Se le notaba... irritado.
-¿Por qué me está dando chocolates?- preguntó Sakura fingiendo no saber los motivos de su empleador, los cuales eran más que obvios. Pero era su forma de obtener una gratificación luego de lo que le había dicho. De cierto modo se lo merecía después de todo.
-Simplemente...- no supo qué responder. Lo había hecho porque se suponía que las personas hacían esas cosas para resarcir un error- ¿No te gustan los chocolates?
La chica sonrió ampliamente y levantó una ceja retadora:- Me encanta el chocolate. Pero no entiendo por qué me lo está dando usted.
El pelirrojo soltó un bufido y resopló en protesta:- Tan sólo...
-¿Es una disculpa?- interrumpió Sakura sabiendo que el otro no diría lo que de verdad sentía. El médico asintió, y le miró con sus pupilas dilatadas, azules, muy, muy azules. Sakura sonrió, comprensiva- Disculpa aceptada.
Gaara evitó suspirar de alivio, pero le sonrió débilmente, agradeciéndole.
Sabaku no Gaara no sabía cómo lidiar con la mayoría de las personas. Perfectamente podía diagnosticar un cáncer y dar la noticia con la mejor de las frases previamente aprendidas de memoria, pero cuando tenía que abrir su corazón e improvisar, fallaba miserablemente. Esto lo entendía Sakura, quien había sido la única secretaria capaz de entender su forma de ser y soportarle pese a ello. Todas las que habían estado antes no habían podido lidiar con su quisquillosa personalidad, o su arisca forma de ser, o el modo tan parco en el que se dirigía al resto de la humanidad. Pero no con Sakura. La chica, de cierto modo extraño y casi perturbador, sabía entender a Gaara. Y esto era algo que el médico agradecía, aunque no lo dijera, profundamente.
Para sí mismo, mientras entraba a su oficina, aceptó que la joven se merecía los chocolates.
XxXxX
Estaba nervioso, lo cual ni era bueno ni era normal. Faltaban veinte minutos para las cinco. Gaara se removió en su sitio, inquieto. Ya había perdido la cuenta de cuántas veces se había levantado de su silla, caminado por la oficina, asomado por la ventana para ir a terminar nuevamente sentado en su escritorio. Estaba arriesgando muchas cosas con ese encuentro, Naruto se lo había dejado muy en claro aún cuando ni siquiera había hecho falta.
"Si Tsunade se entera puedes darte por despedido", había dicho sin ningún rodeo, de frente y sin tapujos. "No va a tolerar otro desliz como este, pero...", y ahí radicaba la sorpresa de Gaara: "Si se entera y quiere sacarte del hospital, abogaré por ti."
Obviamente Gaara le había prohibido hacer tal cosa, pero sabía que el rubio poco caso le haría. Cuando algo se le metía en la cabeza resultaba casi imposible hacerlo cambiar de opinión. Pero su gesto había conmovido el pelirrojo, y mucho. De algún modo resultaba reconfortante saber que alguien se preocupaba lo suficiente como para interceder por él. Pero entonces volvía a sentirse nervioso. ¿Cómo sería ese tal Lee? No tenía forma de adivinar como era sólo por su voz. Aunque por su tono le intuía como una persona medianamente joven, obviamente decidido y muy tozudo. Pero, físicamente... no había manera de saber como sería. Tal vez era alto, tal vez bajo, podía ser robusto o enclenque, frágil o rudo, ¡había tantas posibilidades que de momento Gaara se sintió emocionado!
De forma inconsciente comenzó a juguetear con el borde de su bata blanca. ¿Vendría? Obviamente lo haría, después de todo había rogado un montón de veces por esa oportunidad. Pero y si...
-Gaara-san- la voz de Sakura asomando a su oficina le hizo voltear a mirarla-, hay... alguien que desea verlo- y por el modo en que lo dijo, el especial énfasis que supo y por la pícara sonrisa que portaba en los labios, el médico supo de inmediato de quién se trataba.
-Hazle pasar- ordenó sin que la voz lo traicionara.
Cualquiera que le mirara en ese instante no podría ser capaz de adivinar la infinidad de pensamientos que inundaban su cabeza. Una parte de sí, racional e inteligente, clamaba porque se arrepintiera. Estaba cometiendo un error tremendo, lo sabía. Si Tsunade se enteraba, y ella siempre se enteraba de todo, lo echaría del hospital sin ningún tipo de consideración. Pero la otra parte del pelirrojo, aquella que siempre se había visto acallada por su lado más fuerte, esa parte suya que era más humana que cualquiera, insistía en que estaba bien, valía la pena el riesgo. ¿Cuánto tiempo había estado Gaara deseando una oportunidad así? Cualquier excusa para salir de su rutina, el más mínimo incentivo para realizar un cambio en toda su estructurada realidad. Era eso únicamente, no tenía porqué arriesgar tanto.
-Gaara-san...- el mencionado no lo vio de una vez, pero su ser entero se estremeció ante el tono de voz tan conocido.
Nuevamente, en la boca del estómago, una especie de vacío. Respirar, se dijo, tienes que respirar. Alzó la mirada, expectante, los pulmones ardiendo y la cabeza pulsando dolorosamente. Le recibió una imagen borrosa, mucho rojo, mucho blanco, y entonces una sonrisa enorme, radiante, y Gaara se sintió un tanto descolocado, desprotegido casi.
-Buenas tardes- saludó Lee frente al médico mientras le tendía lo que era otro ramo de flores, esta vez un poco más modesto que los anteriores pero igual de hermosos.
"Eso explica la sonrisa de Sakura. A estas alturas ya ha de saber que fue Lee quien me envió las flores", pensó el pelirrojo un tanto insultado.
-¿Para mí?- preguntó aún sin moverse.
La sonrisa en el rostro del otro se hizo mucho más grande: -Por su generosidad, Gaara-san.
El médico inspiró profundamente y se levantó a tomar las flores, las cuales acomodó como pudo en el mismo florero de las anteriores. La acción resultaba casi una grosería pero le proporcionaba el escape perfecto de la persona que yacía parada en medio de su oficina. Podía sentir los ojos de Lee taladrándole la nuca, esperando.
-Gracias- dijo mientras acomodaba el ramo y volvía a su escritorio.
Nuevamente frente a él le tendió la mano como saludo, la cual Lee tomó y agitó enérgicamente. Por primera vez en mucho tiempo Gaara sintió vergüenza de la poca energía que él mismo tenía, sobretodo cuando Lee parecía apenas un par de años mayor y aparentaba mucho más saludable que él. Esto fue algo que inmediatamente le llamó la atención. Observando a Lee detenidamente le vio como a una persona sumamente sana. No tenía ningún signo de enfermedad, todo lo contrario. Su piel lucía saludable, apenas bronceada por el sol, parecía casi cremosa, engañosamente suave. También tenía el pelo muy negro, al igual que sus ojos. Sus ojos, especialmente, brillaban casi con luz propia. Y tenía una sonrisa fácil, como si hubiese nacido riendo. Por momentos Gaara se sintió... intimidado.
-Así que tú eres Rock Lee- dijo finalmente mientras sacaba una carpeta de uno de los cajones de su escritorio.
Trató de que sus movimientos no delataran lo nervioso que se encontraba, lo desconcertado que se sentía.
Era como estar en un sueño, verle, de pronto...
El mencionado asintió repetidas veces:- ¡No puedo creer que lo vea en persona!- exclamó efusivamente- Le mentiría si no le dijera que he estado esperando mucho este momento.
-Lo he notado- observó Gaara mirándole apenas mientras tomaba un bolígrafo y comenzaba a llenar los papeles que tenía a mano-. Lee, voy a hacerle unas preguntas para llenar su historial médico. ¿Cuántos años tiene?
-Veintiséis- respondió Lee mirándole con algo parecido a la adoración.
Gaara se sintió inmediatamente incómodo:- ¿Es alérgico a algo?
El chico negó con la cabeza.
-¿Ha tenido algún tipo de cirugía?- obtuvo una nueva negación- ¿Tiene algún record de enfermedad?- nuevamente la misma respuesta; y comenzaba a sentirse ofuscado- Lee, hábleme de sus padres. ¿Están vivos?
Por primera vez Gaara le observó decaer un poco. Agachó la cabeza y desvió la mirada ligeramente hacia un costado. Se le veía afectado, dolido casi.
-Soy huérfano.
-Comprendo- y Gaara supo que debía decir algo más; los ojos de Lee esperaban que dijera algo más, pero sólo encontraron silencio-. Pero Lee, es importante saber algo, lo que sea, de su historia familiar. ¿Sabe el menos si sus padres están vivos?
-No lo sé- respondió el pelinegro apretando los puños. No pensó que la consulta tomaría ese rumbo pero era algo que debía afrontar si quería que le ayudara. Sí, eso era lo primordial.
El médico soltó un suspiro, y Lee le observó, aterrado.
-¡Lo siento!- exclamó inmediatamente.
Gaara hizo un movimiento con su mano que, sin emabrgo, no alejó la creciente molestia que sentía:- No lo sientas- dijo de forma falsamente servicial-. Es sólo que siento como si estuviese jugando. Trato de saber qué es lo que sucede contigo pero no respondes mis preguntas. ¿De verdad estás enfermo? Porque no lo pareces...
Ante esta confesión Lee abrió los ojos al máximo, tan grandes que parecían invadir todo su rostro. Lucía casi desesperado, y Gaara pudo ver en él algo que no le pareció del todo normal. Había algo en Lee que lo descolocaba, que le aseguraba que no todo estaba bien con el chico aunque aparentara lo contrario.
-¡No es así, Gaara-san!- pidió Lee, casi imploró, asiéndose al borde de la mesa- Simplemente no sé nada de mis padres. Mi madre me abandonó a las puertas de un orfanato cuando apenas tenía un par de semanas de nacido, y no sé nada de mi padre. Me crié con los otros niños que estaban ahí, y a los trece años fui adoptado. Es lo único que puedo decirle, porque ni siquiera yo sé algo más de mí mismo. ¡Pero por favor, no diga que esto es un juego! Porque no lo es...
Un tanto sorprendido por tanta efusividad, Gaara asintió y procuró anotar todo eso en el reporte. Sentía, sin embargo, como si no le estuviese contando todo. Algo en su expresión, en el modo distraído en que contemplaba hacia la ventana, le hacía pensar que le ocultaba algo. Ah, era el misterio entonces, y Gaara se sintió por primera vez expectante de algo bueno. Lee podía estar mintiendo, pero no quitaba el hecho de que su presencia sola era un cambio. Gaara buscaba un cambio, en ese chico que miraba a todos lados y a ninguno; un cambio en ese joven se mordía los labios con nerviosismo y sonreía cuando se daba cuenta de que le miraba muy fijamente. Y entonces, finalmente, el médico arrugó levemente el ceño.
Ya era hora de dejar de perder el tiempo.
-Muy bien, Lee. Háblame de tu enfermedad...
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CONTINUARA...
