Capítulo 4.- Una base más...

Después de aquél lamentable disgusto entre los amigos, su amistad se había reanudado y siguió tan fuerte como siempre acompañado tanto del noviazgo de Ron como del de Harry, y habían pasado unas semanas maravillosas disfrutando de su noviazgo. Harry por su parte había notado que Ginny ocasionalmente volvía a ser aquella chica tímida que Harry recordaba de años atrás, incluso podría estarse sintiendo inhibida por lo sucedido con Ron, pero de cualquier manera Harry había descubierto que ella no era tan experimentada como sus temores le habían hecho pensar, pero con él pronto empezaría a saber lo que eran las caricias en serio.

La navidad estaba próxima y las vacaciones con ellas, Harry y Hermione estaban invitados a pasarlas con los Weasley así que partieron de la chimenea de la profesora McGonagall a la Madriguera. Ahí iniciaron las vacaciones con mucha diversión, jugaron un poco al quidditch, al snap explosivo, etc., pero eran pocos en casa, ya que Fred y George tenían mucho trabajo pues la gente quería regalar muchos de sus productos y no podrían dejar el negocio. Bill y Fleur seguían pasando una temporada en Francia con la familia de ella, y Charlie seguía en Rumania y ese año no podría ir a casa. Así que sólo estaban ellos cuatro y los padres de Ron.

–Buenos días mamá- dijo Ron bostezando una mañana mientras entraba junto con Harry a la cocina.

–Buenos Días Señora- saludó Harry.

–Buenos días chicos, ahorita les doy su desayuno, permítanme. ¡Ay, cómo me hace falta Ginny aquí en la cocina!.

–¿Dónde está?- preguntó Ron intrigado.

–Esas chicas deben haberse pasado la noche platicando, ¡aún no se levantan!

–¡¡Vamos a despertarlas!!- dijo Ron entusiasmado mirando a Harry y salieron volando de la cocina.

–No… ¡Hey! Chicos, ¡no vayan a entrar en el cuarto de las chicas!… ¡TOQUEN LA PUERTA PRIMEROOOOOO!...- La señora Weasley tal vez hubiera salido tras ellos si no hubiera tenido el desayuno en el fuego.

Al llegar Ron tocó la puerta, pero nadie respondió. Entonces empujaron la puerta suavemente tratando de no despertarlas pero Hermione se removió ligeramente al sentir que entraban en la habitación. Traía una blusa de tirantes ajustada y un pantalón de pijama, las sábanas la cubrían hasta la cintura. Del otro lado, Ginny con la cama toda revuelta y medio descubierta vestía un camisón ligero y empezaba a despertar cuando ellos dieron los primeros pasos al acercarse. Ambos chicos quedaron sorprendidos por lo lindas y sobre todo tiernas que les parecían sus doncellas al despertar, pero disimularon su deslumbramiento.

Ron les preguntó por qué se habían trasnochado, quería saber de qué habían estado hablando tanto durante la noche, pero ninguna de ellas dijo nada. Mientras los chicos trataban de persuadirlas para que dijeran lo que habían estado haciendo, Ginny y Hermione comenzaron a arreglar la habitación. La luz entraba por la ventana produciendo un efecto mágico. Atravesaba el camisón de Ginny y las pijamas de Hermione trasluciendo completamente sus siluetas. Ron había empezado a contener la respiración mientras que a Harry se le secaba la boca por hiperventilación.

Durante la Nochebuena estuvieron platicando en una velada agradable, escucharon música y todo pero la verdad había estado poco animada, hacían falta todos lo demás. La mamá de Ron estaba muy cansada pues ella se había encargado de todo para esa noche, pero era evidente su cansancio por la noche.

–No te preocupes mamá, yo lo hago- dijo Ginny –quedará limpio, ya no es mucho lo que falta.

–Ay Ginny hija, te lo agradezco mucho. Buenas Noches- y los señores subieron a sus habitaciones.

–Yo también me voy, ahí nos vemos- se despidió Ron que parecía que ya iba dormido.

–¿Qué hay que hacer?- dijo Hermione diligentemente.

–No, no te preocupes Hermione, ya prácticamente no es nada, váyanse a dormir.

–Bien, buenas noches- Hermione no insistió pues comprendió que talvez querían estar a solas ella y Harry.

–Ya prácticamente estoy acabando… si te quieres ir a dormir…

–¿Quieres que me vaya?

Ginny no quería que se fuera pero el comportamiento que iba teniendo Harry hacia ella cada vez era más libre, se podría decir que incluso osado. No era que a ella le molestara, pero si le preocupaba, la estaba llevando a vivir cosas que la hacían sentir lo que nunca había sentido.

Después de que terminaron de limpiar la cocina comenzaron a besarse, la casa se hallaba en silencio, no parecía haber nadie más allí. Ellos poco a poco tomaban más confianza en sus encuentros amorosos, Harry podía sentir como ella, ya también dejaba correr las manos por su espalda y como exhalaba agitada en sus oídos cuando besaba su cuello.

Amaba el olor a flores que Ginny emanaba de su piel, necesitaba seguir ese olor, lo buscaba en su piel. Pronto se encontró tirando tan fuerte del cuello de su suéter que parecía que lo rompería, evidentemente no había que jalarlo más… había que quitarlo. Harry lo hizo, debajo del suéter, Ginny no traía más que una blusa delgada de tirantes a manera de ropa interior. La acariciaba, se deleitó sintiendo su tibio cuerpo bajo sus manos. Harry sentía que no podía detenerse.

Ella se encontraba entre el dilema de estar en su casa, con sus padres y lo que Harry la estaba haciendo sentir. El monstruo que habitaba en las entrañas de Harry se avivaba, pero se despertaba una poco más abajo de sus entrañas. De pronto ¡oh, no!, Ruidos.

Ginny buscó rápidamente su suéter y Harry se asomó por un rincón, alguien parecía haber entrado al baño. Sentía como si hubiera tenido una descarga eléctrica en el cuerpo. Él sabía que habían trascendido la línea, que talvez se había excedido dejándose llevar por lo que su cuerpo había necesitado sin pensar muy bien si lo que hacía era correcto o no. Cuando volteó Ginny lo miró fugazmente para luego desviar su mirada, estaba avergonzada y él también lo estuvo.

En los días siguientes Harry se dio cuenta de que lo sucedido había afectado mucho a Ginny, se mostraba nerviosa, avergonzada, insegura y además estando en su casa, sentía que traicionaba a su familia comportándose así allí. Harry había intentado hablarlo con ella, pero ella evadía el tema.

Una tarde decidieron pasear por las cercanías de la Madriguera. Se hallaban sentados en el pasto besándose suavemente, pero fueron aumentando un poco más. Ero esta vez ella estaba siendo un poco más audaz que de costumbre, si ella seguía así, no sabía hasta donde podrían llegar en ese momento.

Cada vez que él profundizaba en aquellos besos se volvía loco. Fue dejando caer su cuerpo sobre el de ella, pecho contra pecho, cadera contra cadera, sus piernas habían quedado entrecruzadas, pero él colocó la pierna que tenía fuera junto con la otra quedando entre las piernas de ella. Él tenía las manos en su cadera, tocaba su pierna y le restregaba su cuerpo, mostrándole lo que estaba sintiendo.

Ginny estaba acalorada como la vez anterior, podía sentir su boca besándola en los labios, en el cuello, paseándose de un lado a otro y sus manos tocando completamente su cuerpo.

–Espera… Harry… espera, por favor- dijo ella empujándolo suavemente. –Creo que… no es el momento, debemos aprender a controlarnos Harry, esto… no… no está bien.

Él agachó la cabeza, comprendía que se había dejado llevar, pero también sabía que ella lo deseaba y eso era lo que lo había alentado a llegar hasta ese punto.

–Lo siento, no quise faltarte, pero…

–No te preocupes, lo entiendo. Pero… ya habrá tiempo después…

A Harry le sorprendió esta respuesta de ella sobre todo la mirada coqueta que la acompañó. Ron y Hermione no se miraban por ahí cerca, así que Harry se sintió afortunado de haberse detenido, porque si Ron hubiera aparecido cuando estaba bajo el enorme poder de la lujuria… probablemente tendría varios dientes menos, y no estaba como para arriesgarse a otro problema con él.

Lo que Harry no sabía era que estaba muy lejos de ese peligro. Ron estaba viviendo en sí mismo esa experiencia con no menos intensidad.

Esta pareja se encontraba propinándose un bastante generoso faje a la sombra de un gran árbol no muy cercano a la otra pareja. Eso lo había hecho Ron a propósito precisamente porque tenía ya muy clara la intención de aprisionar a Hermione en algún lugar bello y romántico. Así que el pelirrojo siguiendo sus impulsos masculinos tenía a su novia más despeinada que de costumbre y víctima de una apretado abrazo.

La besaba insistentemente y le chupeteaba con su mejor técnica los lóbulos de las orejas hasta casi arrancarle los aretes. Hermione únicamente acertaba a poder seguir respirando, tenía casi 10 minutos tratando de decirle a Ron que era hora de irse pero aún no encontraba las palabras dentro de su cabeza… ni el aire suficiente para hablar.

A últimas fechas Hermione le había empezado a tener cierto miedo a Ron. Desde que le tocó ser testigo de su romance con Lavender se había dado cuenta de que parecía un chico apasionado, pero no sabía lo que era vivirlo con él. Ahora entendía porque Lavender se había enamorado tanto de él. Su mayor temor era que cuando estaba con él no tenía las fuerzas suficientes para decirle que no. También deseaba que Ron siguiera e incluso le daban unas fuertes ganas de participar en el agasajo, pero ella sabía que si además lo estimulaba, sería imposible detenerse después, ambos.

Es por ello que esa tarde cuando se quedaron solos y Ron se acercó a ella para iniciar una sesión de besos que ella sabía que podía ser interminable, sus manos temblaban. Y cuando Ron se siguió con su cuello y sus orejas, hacía un enorme esfuerzo por tratar de controlarse. Se sentía demasiado bien en sus brazos.

Fue entonces cuando esta vez, los que se acercaron caminando fueron Harry y Ginny. Cuando ambos vieron a los acalorados novios voltearon a verse, Harry se ruborizó mientras que Ginny se sonrió muy pícaramente. Harry sabía que aprovecharía para picar a Ron pero a él no le parecía buena idea, era mejor no fastidiarlo. La detuvo con la mano y decidió toser suavemente.

Pero los chicos ni siquiera escucharon ni parecían haber sentido su presencia. Ron volvía a meterse en el cuello de Hermione con hambre de vampiro provocando un sonoro jadeo en ella. La sangre en la cara de Harry amenazaba con salir mientras que Ginny estaba por destornillarse de risa.

–¡Qué bonito! Que bueno que Hermione no tiene hermanos, ¿verdad Harry?- dijo Ginny a voz en cuello cargada de ironía.

Harry estaba tan avergonzado como Ron, le daba mucha pena sorprender a su amigo en esas condiciones. Él sabía lo que se sentía y no se lo deseaba a nadie, pero evidentemente Ginny y Ron se llevaban fuerte y prefirió no intervenir y dedicarse a mirar las aves que cruzaban el cielo.

Ron y Hermione deseaban con todas sus fuerzas que la tierra se abriera y desaparecer pero no había remedio, lo único que les quedaba era poner cara de "estábamos platicando" y seguir a los otros dos en absoluto silencio. Ginny se miraba radiante con una gran sonrisa.


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