CAPÍTULO 4
EL HOMBRE ENIGMÁTICO

Thirty no podía ser más feliz. Era lo que siempre había soñado. Salir con una chica de una vez por todas. Esta vez sí que no podía quitársela de la mente, y claro, eso influyó en sus notas. Pasó una semana desde que Thirty estaba saliendo con Noe. Sus amigos no se morían de envidia, sino que se sentían felices por él, algo que Thirty no haría nunca.

Un buen sábado, Thirty y Noe decidieron compartir una pizza margarita, la favorita del famoso comepizzas (por supuesto, me refiero a Thirty). Como Noe no tenía el estómago tan grande, le dejó los trozos más largos a Thirty, lo que le hacía más feliz. Estaban hablando tan tranquilamente cuando de pronto…

De repente, se paró el tiempo. Se detuvo la gente, se detuvo Noe, se detuvo todo. Lo único que no se había detenido fue Thirty. Éste pensaba que estaba teniendo alucinaciones por exceso de enamoramiento. O tal vez un sueño. No era nada de eso. Se pellizcó, se frotó los ojos, pero no se trataba de un sueño.

- Tranquilo, no son imaginaciones tuyas- dijo una voz.

Thirty vio a un hombre vestido de una forma muy extravagante. Era un hombre con aspecto maduro, con el pelo largo y plateado, con un chaleco negro y los brazos cubiertos por vendas rojas. De cintura para abajo, llevaba pantalones y zapatos de oficinista. Thirty no tuvo más remedio que preguntarle:

- ¿Tú quién eres?
- Je, jejeje. ¿No lo sabes, Thirty?
- ¿Cómo sabes mi nombre?
- Sé el nombre de hasta el último habitante de la Aldea Eiki. Incluso el de tu novia Noe.
- Pues sí que… ¡Oye! ¿¡Cómo sabes que estamos saliendo!?
- Es que también controlo la aldea.
- ¿Cómo que la controlas?
- Verás, la Aldea Eiki es mía. Yo he parado el tiempo con esto.

Cuando el hombre le mostró lo que tenía en la mano, Thirty no se lo podía creer.

- ¿Te suena?- le preguntó el hombre.
- Es… ¡es esa cosa que mató al doctor Depner!
- Exacto. La llamo tenebriteria. Tiene la capacidad de detener el tiempo y a la personas lanzando un rayo de tinieblas. Verás, lo que le hizo al doctor fue detenerlo y penetrar en él. Tardó 30 minutos en encontrar sus puntos vitales. En ese momento le mató. ¿A que es un buen método? Matar a tu enemigo sin que éste se dé cuenta de que ya ha muerto.
- Pero, oye… ¿Cómo te llamas y qué pretendes?
- ¿Preguntas por mi nombre? Está bien, lo soltaré todo, aunque no podrás hacer nada para evitarlo. Me llamo Zidital y quiero hacer desaparecer esta aldea. La tenebriteria es además el ADN de los seres de las tinieblas. Con una simple dosis se pueden hacer cientos de ellos si se tienen las herramientas adecuadas. Dejé esto para que lo encontrarais, y sabía que lo llevaríais con el doctor. Así que mi mascota le mató y yo aproveché para robar sus cosas. Y la aparición de esa chica hizo que mis planes fueran viento en popa, ya que con ella os olvidaríais del tema. Ya he parloteado bastante.
- ¿Por qué quieres destruir la aldea?
- Te voy a desvelar una última cosa… Esta aldea… no es real. Y tampoco lo eres tú. Ni sus habitantes. La única persona que es real… es tu novia. Y si esto no es real… ¿para qué sirve? Os haré desaparecer a todos menos a ella… y me vengaré de mis enemigos con el ejército de las tinieblas. Pero te he dado la oportunidad sólo a ti… de unirte a mí y vivir.
- ¿Y por qué precisamente a mí?
- Porque eres el que más potencial tiene. Te lo demostraré. Coge esta arma.

Zidital creó un arma de las tinieblas y se la entregó a Thirty. Entonces hizo brotar de sus manos dos espadas en llamas.

- ¡Lucha contra mí! ¡Y no se te ocurra morirte! ¡Este duelo no será a muerte!

Thirty nunca había luchado antes. Pero de alguna forma se sentía con ganas y enorme capacidad de luchar. Empezó a pensar que lo que dijo ese hombre iba de veras. Thirty le lanzó una estocada con la espada oscura. Zidital lo esquivó e hizo una cruz con sus dos espadas flamígeras para tumbarlo al suelo. Thirty lanzó su espada oscura como un bumerán para darle muy fuerte a su enemigo. Zidital lanzó una llamarada con sus espadas, pero Thirty la evitó y lanzó una tormenta oscura del filo de su espada. Thirty fue el vencedor. Las tres armas desaparecieron tras la victoria.

- Te lo dije- le recordó Zidital- Tienes un enorme potencial. Bueno… Nos veremos, chaval.

Zidital desapareció en la nada y el tiempo volvió a transcurrir.

- El caso es que…- estaba diciendo Noe- ¿Qué haces ahí levantado?
- ¡Noe! Sé que no me vas a creer, pero esto va en serio. ¡Hay un tipo que quiere destruir la ciudad! ¡Yo le vi!
- Vale… ¿Qué tal si seguimos hablando?
- No sé si deberíamos estar tan tranquilos. Pero… disfrutemos del momento, ¿OK?