3. CHIMENEA


(Entenderéis mejor esto si leeis el drabble 3 de "Diez palabras para Kyouya". O si sabéis algo del mito del Prometeo. O algo de ornitología.)


Víctimas del jet-lag en Suiza, ni Fuyumi ni Oniisan ni Akito podían dormir. La au-pair de Kyouya había acostado al pequeño hacía ya varias horas, la nieve había bloqueado las carreteras que bajaban a la ciudad y a los bares, y los tres hermanos mayores no tenían nada mejor que hacer que mirar el baile de las llamas en la chimenea.

Media hora de silencio absoluto más tarde, comenzó el juego.

Akito entrecerró los ojos, buscó entre los rescoldos y las chispas y dijo:

- Fénix. Por Ootori.

Oniisan sonrió, y Fuyumi suspiró. Detestaba jugar a las formas con sus hermanos. Las normas eran sencillas – encontrar una figura en un medio abstracto que tuviera un significado concreto para los tres, nombrarla y nombrar su sentido y esperar a que el siguiente siguiera con otro símbolo. No estaba permitido decir palabras al azar, y ganaba el primero que lograra quebrar a los otros dos. Fuyumi siempre perdía; los dos chicos tendían a jugar con insultos velados y/o obscenidades, para asquearla y enfadarla. El fín justificaba los medios.

Fuyumi trató de suavizarlo, y antes de que Oniisan contestara, encontró un carbón redondo y contestó:

- Huevo.

Akito chasqueó la lengua.

- No puedes jugar como Kyouya. – protestó – No te hagas la inocente.

- Nido de cuco – cortó Oniisan, señalando un grupo de cenizas y ramitas que habían formado un cuenco en una esquina de la chimenea.- Cuco, por Kyouya – tiró suavemente de la trenza negra de su hermana.

- Eres horrible. – replicó ella, con una pequeña mueca de desprecio – Es sólo un niño.

- Serpiente – aportó Akito con cierta acidez en su voz, cuando uno de los troncos se partió, siseó y expulsó una delgada nube de chispas y humo. – Por Madre.

Fuyumi miró atónita a su hermano menor. Nunca antes se habían metido con sus padres. Oniisan también parecía sorprendido, pero se recuperó enseguida, señaló los restos de un periódico enroscado contra el muro derecho de la chimenea, y pronunció la segunda blasfemia de la noche.

- Basilisco. – sus labios esbozaron una media sonrisa cruel- Por Padre.

- Gallina clueca – dijo Akito, ladeando la cabeza hacia Fuyumi, su cabello castaño atrapando el fulgor de las llamas – Por ti.

Oniisan sonrió. Ella les pellizcó las orejas.

- Buitres – rezongó – Por vosotros dos.

Se rieron un momento, y el periódico empezó a arder, levantándose dentro de su jaula de piedra como un muro de fuego.

- Acantilado. – murmuró Fuyumi, con voz sombría, y dio un respingo cuando oyó la tenue voz de sus hermanos coreando las últimas sílabas. Akito cerró los ojos y se estremeció, Oniisan apretó los labios, tratando de olvidar la pesadilla compartida.

- ¿Águila? – preguntó tentativamente, buscando las manos de los dos chicos.

- Hígado – dijo Akito, entrelazando sus dedos con los de ella.

- Eternidad – aportó Oniisan, apretando su muñeca contra el suave cuero del sofá.

Silencio de nuevo, y Fuyumi decidió ganar el juego por una vez. Miró fijamente a las llamas, inspiró con fuerza y se trabó la lengua.

- Fe... fénix. Por Ootori.