6. DESBLOQUEO
A Tachibana no parecía importarle que Fuyumi se fugara cada noche –es decir, que utilizara el Chrysler en vez de la limusina- para ver a Shido; Tachibana estaba encargado del desbloqueo de la cancela de seguridad y la veía salir por las cámaras de seguridad.
Regresaba a la mansión antes del amanecer, con la piel húmeda del rocío, el vestido manchado de hierba y los ojos brillantes. Antes de ducharse y cambiarse para ir a la escuela, pasaba por la cocina, se servía una taza de café humeante y le pedía a la cocinera una tortilla de queso y tomate, una sopa miso, un petit-pain au chocolat, crêpes Suzette, ensalada de naranjas y fresas, zumo de pomelo, camembert y foie con mermelada de frambuesas; cualquier cosa que hubiera en la despensa porque siempre estaba hambrienta cuando volvía de sus excursiones del campus de la Universidad de Tokyo.
Tachibana siempre comía dos croissants y una taza de café negro en la cocina antes de pasar revista a las condiciones de seguridad del entorno del señorito. Desayunaba de pie y miraba a la señorita Fuyumi perdida en el aleteo de las hojas de los gingkos.
Un amanecer de invierno encontró a la señorita mirando su plato, con la barbilla apoyada en la mano y el codo en la mesa. Sus ojos, tan diferentes de los del resto de los Ootori, estaban velados por la misma añoranza que invadía los del pequeño amo.
El jefe de seguridad de los Shido le contó, entre botellas de sake, que su señorito se trasladaba a Nueva York para aprender a luchar contra los tiburones de la Bolsa.
Tachibana, cuya conexión con las emisiones emocionales de los niños Ootori era mucho mejor de lo que cualquiera de ellos sospechaba, adivinó lo que Fuyumi estaba planeando.
- Tachibana... – le llamó el siguiente amanecer, y su tono de voz ondeaba entre la mortificación y la incredulidad- ¿qué es esto?
Tachibana carraspeó y miró fijamente dentro de su taza de café. A través de las gafas de sol.
- Erm. Bueno. Seguridad. – atinó a decir.
Ella arqueó una ceja e hizo girar la cajita de cartón entre sus dedos.
- ¿Seguridad?
- Hasta ahora la señorita Fuyumi y su prometido han pasado las noches... mirando las estrellas... en los invernaderos de la facultad de biología... y eso es relativamente seguro. Erm. Es decir, Hotta o Aishima pueden... velar... pero si la señorita decidiera... erm... iniciar otro tipo de actividades... quizás tendrían que dejar de... seguirla. Para proteger su intimidad. Y la señorita tendría que mirar por su propio. Hm. Bienestar físico. – se dio cuenta de que esas palabras podrían tener una connotación menos profesional de lo que a él le hubiera gustado y enrojeció violentamente.
Un minuto de silencio absoluto.
- Bien, si me disculpa, es hora de despertar al señorito Kyouya.
- Tachibana... – le llamó ella suavemente. Él se detuvo en el umbral de la puerta, obedeciendo la voz de su ama - ... muchas gracias por tu... preocupación. – sus mejillas estaban rojas como amapolas, y se mordió el labio antes de continuar.- Te prometo que tomaré todas las precauciones necesarias.
- Muchas gracias, señorita. – y con una brusca reverencia comenzó su ronda rutinaria.
