Capítulo 10: fuerza bruta, mente y experiencia.

Cierta noche reventó una fuerte tormenta, tan fuerte que sacudía los árboles de tal modo que parecía que los iba arrancar de sus cimientos. En medio de este chaparral un humilde dojo resistía su embate, dentro del dojo se encontraba un hombre fortaleciendo su espíritu mediante la meditación, tan concentrado estaba que la violencia climática le era indiferente; en el dojo también vivía su pupilo (y casi hijo) Ryu de seis años de edad, pero a diferencia de su sensei, no gozaba de la misma tranquilidad.

Debido a la corta edad del pequeño, el maestro establecido un horario saludable de sueño, no obstante, los rayos, el azote de las gotas contra el techo que sonaba como pedradas, y las sombras de las ramas que simulaban manos huesudas no lo dejaban dormir; la triste lucecita de un candil era lo único que separaba la realidad, de las ilusiones de un infante asustado.

De pronto, un fuerte ventarrón irrumpió en la habitación, meció el candil, este "bailo" un ratito antes de estrellarse contra el suelo, quedando así a merced de la oscuridad. Instintivamente, Ryu se cubrió totalmente con la cobija; desde su blindaje de tela temblaba de miedo, imaginando criaturas horribles, luego pensó en su maestro, y en lo vergonzoso que sería verlo montando el numerito de un cobarde. Así que respiro hondo y retiro las sábanas, acción de la que se arrepintió al verse rodeado de oscuridad, pero ya había dado el primer paso y no le quedaba más remedio que seguir. A tientas salió de la habitación hasta llegar al pasillo, el escenario era ruidoso, aterrador, iluminado intermitentemente por los rayos, Ryu se replanteo volver a su guarida de tela. De repente en medio de la oscuridad, apareció una lucecita color amarilla, esta luz parecía un espectro flotando en la oscuridad, Ryu se asustó, tanto que se desoriento y no encontró escapatoria, entonces levanto los puños; pelear era la única opción que quedaba.

La luz se acercaba más y más hasta que escucho la inconfundible voz de su maestro que lo llamaba, pero Ryu se había congelado en su endeble postura. Cuando Gouken llego y lo vio en ese estado, comprendió lo sucedido, entonces se agacho a su nivel, le abrazo y le dijo:

– Aquí estoy hijo mío.

Aunque la vida de Ryu no tuvo un buen comienzo, el destino lo compensó con un maestro que lo guio cariñosamente hacia la luz.

Pero… ¿qué sucede con aquellos que deben andar solos? ¿Qué pasara contigo Sakura Kasugano, que andas a tientas entre la duda y la oscuridad?


Alegre y juguetón el hijo del bonzo atravesaba la selva. Se dejó llevar por los aromas, el aire puro que llenaban sus jóvenes pulmones y la calidez matutina que catalizaba el buen humor. Sin embargo, esto no era una prueba ocasional de resistencia, era la prisa por entregar un mensaje. Datta carrereo hasta llegar a los sembradíos de la aldea, se detuvo un momentito a recuperar el aliento y una vez recargado reanudo la carrera hasta llegar a casa. Dentro de la casa encontró a su madre entretenida en sus quehaceres; Sally dejo lo que hacía al ver llegar a su hijo. El muchacho empezó el recado con un "ya está aquí"; su madre escucho con atención, asintiendo a cada palabra. Luego, ambos se dirigieron a la habitación donde se encontraba su huésped.

Al llegar a la habitación encontraron la huésped (Sakura) alistando la última de sus pertenencias.

– Ya es hora – Dijo Sally.

Sakura asintió, tomo su modesta mochila, salió del cuarto y posteriormente de la humilde cabaña. Algunos de los pobladores al verla salir y pasar por las calles de la aldea, detuvieron sus actividades y le saludaron respetuosamente; Sakura devolvía esos saludos con una sonrisa modesta, apenada por tanta atención.

Como si fuera una celebridad de cine, la familia de Dhalsim y algunos pobladores acompañaron en caravana a la joven hasta llegar a la misma orilla del rio por donde llego; allí le esperaba un hombre con una lancha lista para partir.

Sakura se volvió hacia la gente, gente sonriente y agradecida. Primero se despidió de Sally con un cálido abrazo, calidez que la mujer no escatimo en corresponder, De Datta se despidió con un sólido apretón de manos y con la promesa que algún día los visitaría en circunstancia menos apremiantes, a la niña y su hermanito los abrazo también; por último, a los aldeanos les hizo una reverencia y les dirigió unas palabras de agradecimientos por todas sus atenciones. Una vez las despedidas se completaron Sakura se dio la vuelta, pero antes de llegar a la lanchita, Sally se acercó a ella, le insto a no olvidar las localizaciones donde podría encontrarse su esposo, por último, le entrego una nota.

– Léelo si encuentras algún problema al viajar a Tailandia.

Sakura asintió y guardo la nota en su mochila, luego se subió a la lancha de un brinco, le dijo al conductor a donde debía ir; el conductor asintió y encendió el motor. Poco a poco la lancha se despegó de la orilla, Sakura volteo y dio una última despedida sacudiendo la mano hasta que los perdió de vista.

Otra vez, Sakura atravesó la sinuosidad azul y oyó por última vez a los micos burlones. Durante el viaje de vuelta a la civilización, Sakura no dejaba de pensar en lo sucedido. En primer lugar, atesoraba la hospitalidad de la familia de Dhalsim y la amabilidad de los aldeanos; también agradecía la repentina y sencilla celebración que hicieron en honor a la hazaña de arrancar a los niños de las garras de esos guerrilleros idealizados equivocadamente (muy a pesar que el mérito no era del todo suyo)

Pero en contrapartida y por muy ingrato que pudiera parecer, era inevitable no resentir la pérdida de tiempo de este nuevo fracaso. No había encontrado a quien buscaba y por ende tampoco la tan ansiada solución. Además, se llevó un llamado de atención o mejor dicho un llamado de alerta por parte del rey tigre; y ni hablar de las heridas que consiguió y las cicatrices que quizá se quedarían en su cuerpo por el resto de su vida.

Dicho esto… ¿Qué debería hacer ahora? Aunque Tailandia era su próximo destino, le preocupaba sumar otro revés. Tristemente no disponía de todo el tiempo del mundo, ya que, una vez terminado su periodo vacacional, debía regresar a cursar su último año escolar y de paso enfrentar a Kei (asunto que había sido aplazado por la urgencia del Satsu no hadou). Otra cosa a tomar en cuenta era su situación económica; si bien podía permitirse un vuelo modesto (dada su mala suerte) temía quedar en números rojos por cualquier eventualidad ajena a su control.

En este punto, Sakura hubiera adoptado la vida errante de su ídolo, pero no podía emularlo por la limitante de su tiempo; su viaje a Tailandia era todo o nada.

– Hemos llegado...

Sakura aterrizo a la realidad al escuchar la voz del conductor, estaba tan ensimismada en su situación, que la hora de viaje ni se sintió; miro con extrañeza que ya estaba dentro de la zona donde las barcas coloridas transportaban alegres turistas.

La barca dio un leve golpecito en la orilla del rio, el conductor apago el motor, se apresuró a bajar y dejo caer un ancla en la orilla. Sakura bajo después, con el mismo brinquito que las veces anteriores. Saco de su mochila el precio del pasaje, pero cuando iba a entregarlo, el conductor, amablemente lo rechazo y le explico que los aldeanos ya habían pagado la carrera; Sakura sonrió dulcemente y reflexionó:

La amabilidad jamás será una pérdida de tiempo.

En las orillas del rio, Sakura se encontró con otro escenario familiar, gente devota a esas deidades de brazos múltiples con nombres extraños, rogando por la salvación, mientras otros sacaban raja económica del gentío para poder subsistir. Al llegar a la ciudad tampoco hubo cambios; la misma pobreza a flor de piel, las mismas residenciales de cartón, y los mismos niños pobrecitos que correteaban felizmente. Pero el rostro de la pobreza no siempre era un desapego voluntario por el materialismo, también denotaba dolor e infortunio. Sakura lo supo, cuando se encontró con un pequeño que lloraba frente a un recipiente volteado en el suelo y dos huevos que servirían para alimentar a su madre enferma. El altruismo achico el corazón de Sakura, se acercó al pequeño y le dio dinero para reponer aquel accidente; con una reverencia y una sonrisa dulce, el niño agradeció aquel gesto.

Después de ese acto de bondad, Sakura se dirigió a la agencia de viajes más cercana para tramitar su próximo destino, la idea era comprar el boleto más directo y rápido, sin embargo, se topó con la desagradable "sorpresa" que todos los paquetes con destino al reino del Siam habían elevado mucho su precio, y los más económicos donde se debía hacer escalas entre países estaban agotados. Esta inesperada "cuña" la hizo dudar, incluso arrepentirse un poco por haberle dado más de la cuenta aquel niño. No era por tacañería que lo lamentaba, si no por las repercusiones que tendría al acceder a los precios de los vuelos más caros, andaría por varios lugares y eso implicaba gastos de transporte, alojamiento y comida; Sakura no quería que su estadía en el país fuera tan limitada. Entonces recordó aquella nota que Sally le dio, la saco y la leyó; el contenido de la nota fue como otro regalo del cielo, Sakura jocosamente le atribuyo a Sally poderes de adivinación, sin embargo, este acierto fue más cuestión de experiencia que otra cosa; en algún momento Dhalsim se habría topado con este tipo de reveses, derivados de tarifas exorbitantes muy fuera de su alcance económico, entonces en esos momentos debió ingeniárselas para cruzar fronteras; a lo mejor el bonzo traslado estas experiencias en los momentos de convivencia familiar; experiencias que Sally no escatimo en revelar.

Definitivamente la amabilidad jamás es pérdida de tiempo.

Sakura salió de la agencia y siguió las indicaciones, debía seguir la ruta hacia el sur, hasta llegar a una ciudad portuaria, una vez allí debía buscar una "agencia" de navíos; partió a dicha ciudad, al tiempo que cruzo los dedos, ojalá esta solución sea tan viable como Sally decía.


Sakura gasto un par de días más de viaje, nada sencillo por cierto, después de tanto tedio contra el destartalado, ruidoso y repleto colectivo, apenas pudo echarse unos "sueños rápidos" cuando pudo agarrar asiento en sus viajes por tren. Llego en la mañana a la ciudad portuaria. Era una zona encantadora, colorida, movida por locales y extranjeros, donde abundaban los comercios de mariscos ligosos, peces saltarines y artesanías hechas con despojos de mar. Mientras caminaba sucedió algo que le levanto el interés de golpe, dos niños pasaron corriendo a la par suya, Sakura les hubiera ignorado de no ser porque uno de ellos se detuvo y dijo:

– ¡Apresúrate! La pelea está a punto de empezar.

La palabra "pelea" le entro por los oídos de una forma dulce, entonces antes que los chicos se perdieran de su vista, les pidió que se detuvieran. Los pequeños pararon en seco y miraron a Sakura con cierta timidez y desconfianza. Sakura noto estos sentires e intento aplacarlos, mostrándose genuinamente amable, les pregunto a que "pelea" se estaban refiriendo. Convencidos de la afabilidad de Sakura, le contestaron que dos peleadores callejeros famosos de Kalaripayattu de la zona medirían sus fuerzas. El rostro de Sakura se ilumino y el mal humor que le provoco los tediosos días viaje se esfumaron, luego pidió de favor que la guiaran donde se daría el encuentro; gracias a la guía de ese par llego al lugar en cuestión.

La pelea llevaba muy poco de haber iniciado, así que el aburrido preámbulo donde los oponentes caminaban en círculos y se estudiaban acababa de pasar. Estos eran los contendientes: Un sujeto alto quizá de unos 1.86, con musculatura pronunciada, no tenía ni un solo cabello en su cabeza, su rostro expresaba dureza ya mostraba el paso del tiempo, su piel oscura y áspera parecía brillar ante el choque de la luz del sol, todas estas características lo hacían ver como un viejo verdugo, versado en hacer sufrir a los desgraciados que se toparan con él. El otro sujeto también tenía lo suyo pese a ser más pequeño, quizá media unos 1.70, la musculatura marcada, la hombría al 100% acentuada por su juventud, tenía casi el mismo tono de piel, pero con la diferencia que aún conservaba su cabello.

Sakura se abrió campo entre la muchedumbre y aunque quedo atascada en una red de curiosos, su posición era lo suficientemente favorable para disfrutar del espectáculo.

Sin duda era una contienda interesante, no por la dispareja anatomía de los luchadores, sino porque estos sujetos peleaban armados con unas largas varas de bambo; Era una verdadera lucha de Kalaripayattu. Debido al manejo que ellos les daban, Sakura supo enseguida que, pese a lo escuálidas de esas varas, un golpe de esos provocaría un dolor ardiente. El "crack, crack" de la punta de las varas al hacer contacto contra la otra enardecían a la multitud. Los peleadores buscaban incesantemente dar en el blanco, las puntas de esas varas pasaban rozando arriba de la cabeza, intentando barrer tobillos, "puyar" estómagos, pero los agiles movimientos de ambos, saltos casi acrobáticos e incluso dobleces de espalda hacia atrás, casi imposibles para un humano promedio, impedía el impacto correcto.

Sakura estaba sumamente atenta al encuentro, sin embargo, esta vez lo aprecio de un modo distinto. En el pasado, se hubiera unido al vitoreo desenfrenado del público, incluso se hubiera distraído un momento al ver los billetes de apostadores pasar de mano en mano; hoy no fue así. En cambio, analizaba concienzudamente en el que haría en esa situación, cuando defender, como romper defensas ¿fue correcto ese ataque? ¿muy pronto? ¿muy tarde?

De repente las varas se encontraron en el mismo espacio y tiempo, los peleadores se enfrascaron en un forcejeo; sorprendentemente el peleador más pequeño pudo ponerse de tú a tú con el grandulón, para el fortachón era inaudito que un "enano" lo igualara en fuerza, así que, para sacarse esa humillante situación, se dejó vencer en el forcejeo, el peleador "pequeño" se desequilibró y se vino para adelante, esto lo aprovecho el grandulón para propinar un fuerte cabezazo que aterrizo en la nariz de su oponente, tan fuerte fue que lo descoloco enseguida.

Aunque para Sakura fue un movimiento sórdido, no pudo evitar aceptar que fue buena táctica para desprenderse de ese forcejeo inútil; para su pesar, recordó que las peleas callejeras no conocen de modales u honoríficos.

Qué lástima que el pequeño contrincante lo olvido…

Esta descolocación le costó carísimo al peleador, ya que el grandulón aprovecho para iniciar un cruento castigo, la vara de bambú dejo de comportarse como un tímido látigo que solo golpeaba con la punta, para pasar a un garrote a toda regla, finalmente el fortachón dejó entrever esa fachada de verdugo. Uno tras otro los garrotazos aterrizaban con fuerza sobre el cuerpo de su oponente, quien no podía reaccionar de ninguna forma ante esa brutal apaleada. Entonces, el "verdugo" se cansó y dio el golpe final, propino un palazo fuertísimo al mentón de su contrincante, la cabeza del sujeto se fue para atrás al mismo tiempo que escupió un chorro de sangre que casi va a caer a la camisa de uno de los espectadores. El tipo cayo pesadamente lleno de moretones, el rostro desangrado e hinchado; el pobre tipo no se volvió a levantar. El fortachón dejo caer el palo, y alzo los brazos en señal de victoria, la gente alzaba los puños, gritando de emoción por el sangriento espectáculo.

Sakura era la única que guardaba silencio, no podía evitar sentir pena por el perdedor; increíble como un descuido y las jugadas sucias pueden ser cruciales en el resultado de una pelea. Suspiro al ver como sacaban al pobre tipo a rastras; había visto la parte callejera de ese arte tan ancestral; la experiencia se impuso ante la fuerza. Entonces se dio la vuelta, la algarabía del público y el pavoneo del ganador no le era interesante.

Antes que pasara cualquier cosa, Sakura busco el lugar que Sally le había indicado. Al encontrarlo, hubiera jurado que era alguna tienda de mariscos. Era una pequeña casita de madera en el muelle, orbitado por gaviotas ruidosas; se convenció que estaba en el lugar correcto hasta que entro. Era un despacho pequeño, con olor a lavanda en el piso y desodorante ambiental en los alrededores, que no parecían encajar del todo con los acicalados que colgaban en la pared, como la inconfundible ancla oxidada, adornada con gruesas amarras, o los viejos cuadros de embarcaciones, que contaban en pocas líneas epopeyas marítimas, protagonizadas por bravos marineros. Sakura se acercó a la recepción y toco una campanilla que estaba allí. Esta vez no fue atendida por una señorita cuidadosamente maquillada, entrenada en el sutil arte del servicio al cliente, si no por un caballero que, pese a sus intentos de elegancia, a leguas se notaba que en sus años mozos había sido un lobo de mar.

Sakura explico al encargado lo que necesitaba.

La buena noticia fue que Sally acertó en cuanto al valor de los pasajes. La mala, era que este alivio económico tenía sus peros. El marino le explico que los viajes directos no estaban disponibles y no habría cupo hasta dentro de 5 días, lo único que se podía hacer en ese momento (dada la urgencia que se le notaba a Sakura) era tomar en este mismo instante un barco con destino a Singapur; lo más cerca que estaría de Tailandia, sería un puerto, una vez allí tendría que llegar a Bangkok o alguna otra parte del país bajo sus propios medios; el viaje tardaría 5 días por las distintas escalas que el navío debía tomar. Esto creo un dilema entre precio vs eficiencia. Indudablemente la primera opción del avión era más rápida, pero no podía correr el riesgo de acabar en penurias. Esta segunda opción, aunque más tardada, era más económica. Después de meditarlo, Sakura termino decantándose por el viaje en alta mar para alegría del marino por haber agregado una nueva venta a sus bolsillos; entonces la registro como pasajera y la escolto el mismo, ya que (por suerte para ella) el navío no tardaría en salir.

Al llegar al punto de barcos, Sakura se dio cuenta del porqué del precio bajo. La nave bautizada Shesha Naga (Shesha que significa "el que permanece") Era de madera revestida con láminas de acero, tenía un diseño de las naves de los años mil ochocientos y pico, de esos que tenían veleros, donde la navegación dependía del buen humor del viento, además esta embarcación fungía más como carguero de mercancía que de pasajeros. El marino al ver la decepción de su cliente, le insto a no subestimar la apariencia "retro" de la nave, ya que esto era meramente decorativo, el navío poseía la misma capacidad de cualquiera de la época, para no depender por completo del buen humor del tiempo, además le explico que todo estaba perfectamente organizado para que la mercancía no incomodara a los pasajeros.

Sakura arqueo una ceja, lo normal sería separar el rubro mercante con el transportista, este sujeto mataba dos pájaros de un solo tiro en pos de las ganancias. Al final suspiro, ya había pagado el pasaje y ya no podía ponerse quisquillosa.

Al subir a bordo (y como era de esperarse) noto que no era una nave cinco estrellas, tampoco los pasajeros eran de sangre azul, sin embargo, esto último era mejor así, ya que, de darse la oportunidad, podría codearse con la gente de su mismo estatus; lo único que esperaba es que el viaje fuera lo más seguro posible y no terminar flotando en una tabla en medio del océano.

El vozarrón del capitán apresuro la logística, los marineros empezaron a soltar las amarras y hacer los preparativos correspondientes; Sakura se quedó en los barandales, para contemplar el despegue y de paso "robarse" las despedidas y buenos deseos de aquellos que quedaban en tierra. Cuando los preparativos terminaron, el capitán anuncio la partida. La maquinaria salió de su letargo, poco a poco la nave se adentró a los dominios de Poseidón; Sakura no se quitó del barandal, hasta que vio la tierra como una rayita horizontal y la última gaviota dejara de seguirlos.

Debido a la firmeza adquirida por sus entrenamientos, Sakura no experimento ninguna molestia por el vaivén del mar, como si fue el caso de algunos que terminaron con las caras verdes y regresando hasta lo último que habían comido. Busco su camarote y lo encontró. Como era de esperarse, este tipo de viajes económicos tenía otros "inconvenientes". Primeramente, la calidad de los servicios, aunque no era mala, el poco personal apenas daba abasto, la comida era sumamente medida y no se permitía repetición. Otra cosa era la privacidad, un lujo no disponible en el paquete, por lo tanto, debía compartir su espacio con otros viajeros; afortunadamente esto no supuso ninguna molestia, sus compañeros de camarote resultaron ser una amable pareja, un ex soldado y una bibliotecaria, que, por circunstancias ajenas a su control, se vieron obligados a embarcarse en estas condiciones. Una vez más, la sociable personalidad de Sakura fue un éxito entre los extraños, sobre todo con la pareja quienes resultaron ser conversadores interesantes y excelentes jugadores de ajedrez.

Las primeras horas resultaron placenteras y provechosas. No solo por hacer amistades, encantarse por el olor salino del viento, la calidez vespertina, sino porque el Satsu no hadou no había manifestado señales. Aprovechando esta quietud, pensó en seguir una rutina de entrenamiento durante los cinco días que estaría en alta mar, rutina que organizó en un cuadernito esa misma tarde, aunque el espacio no era para andar a sus anchas, estaba segura que algo se podía hacer; la noche y el amanecer fueron escogidos para tales propósitos. De noche, el ajetreo disminuía considerablemente debido al bajón de temperatura; la gente prefiriera el resguardo, un chocolate caliente, platicas amenas o simplemente descansos prolongados; las pocas almas que rondaban eran románticos, soñadores contadores de estrellas y tal vez un par de marinos en vela. En la madrugada, a menos que hubiese otro disciplinado empedernido no esperaba encontrar a nadie más. Sakura empezó su rutina esa misma noche, entreno hasta que la luna estaba muy alta; al día siguiente madrugo y entreno hasta que el alba tocara la cubierta.

Durante el día Sakura debía colgar los guantes, el gentío le estorbaba y temía sembrar su puño equivocadamente en alguna cara, o que uno de sus zapatos saliera volando y fuera a dar a la cabeza de algún incauto; la transición de chica normal a peleadora era larguísimo, así que decidió darle una oportunidad al ajedrez en vista que no había muchas opciones de entretenimiento. Ya había visto una variante: el Shōgi, pero nunca le había prestado atención, lo consideraba aburrido, un juego exclusivo para pensionados, nerds o gente con demasiado tiempo libre; esta vez, era imperioso matar las horas como fuere. Entonces pidió a sus compañeros de camarote que le enseñaran a jugar, pese a que el día anterior había dado un vistazo preliminar y un bla, bla… histórico que la hizo bostezar. El ex soldado y la bibliotecaria la aceptaron como aprendiz y se tomaron en serio la enseñanza, era evidente que la chica era enérgica y por ende poco paciente para este tipo de activades, se las ingeniaron para eliminar el tedio teórico y simplificar la explicación de las reglas y función de cada pieza. Sorprendentemente Sakura aprendió rápido, y prendió una chispa de genuino interés, pese a no ser partidaria de estar sentada y abstraída tanto tiempo. El ex soldado le dijo a Sakura que detrás de esas piezas y ese tablero cuadriculado había una connotación bélica, el jugador debía desbancar a su contrincante, eliminando sus defensas y oportunidades de ataque; Sakura no tardo en relacionarlo con una pelea callejera, donde el más fuete (y en este caso el más estratega) es quien queda en pie; una pieza perdida era un golpe recibido, una pieza ganada era un golpe bien dado, al final el ajedrez resulto ser un entrenamiento mental y no un mero matador del tiempo.

Gracias a la exitosa alternancia de arte marcial e intelectualidad, Sakura pudo sobrellevar el viaje y las tediosas escalas con paciencia de beduino. La última tarde en alta mar, Sakura tuvo una "ceremonia de graduación express". Para recibirse como aprendiz, debía jugar una última vez; esta vez su oponente sería la bibliotecaria. Ambas le dieron la debida seriedad, se sentaron frente a frente y se dieron la mano, el equivalente a una reverencia al momento de iniciar algún sparring. El ex soldado serviría de arbitro, realizo un sorteo para ver quien se quedaría con las piezas blancas y quien con las negras; nada sofisticado, solamente un lanzamiento de moneda de cara o corona; como resultado la bibliotecaria se quedó con las blancas y Sakura con las negras.

La bibliotecaria comenzó colocando un peón en la posición media del tablero (D4) Sakura respondió impulsivamente del mismo modo colocando un peón también en la posición media (D5) su oponente coloco otro peón en la posición media apropósito para que fuera ganado (C4); funcionó, Sakura reclamo la pieza, la bibliotecaria sonrió, sonrisa que alertó a Sakura, luego analizo lo ocurrido y se dio cuenta que había comprometido su posición media en tan solo tres movimientos.

Para los entendidos, el ajedrez no es un abanico de emociones, ni siquiera las partidas profesionales de Bobby Fisher o Boris Spaki despertaba tanto ánimo, aun así, atrajo la atención de algunos pasajeros curiosos, algunos por afición, otros que al igual que Sakura buscaban algo con que entretenerse.

La bibliotecaria pretendía atacar en diagonal valiéndose de la reina y el alfil, una jugada fulminante, rápida, efectiva para principiantes incautos; afortunadamente Sakura se dio cuenta, entonces decidió ser más cuidadosa y tomarse su tiempo para pensar; reforzo sus defensas valiéndose del caballo.

Bien hecho…

Sakura se metió en el juego, a tal punto que los espectadores y el sonido dejaron de existir, apoyaba su mentón en su puño para reforzar el pensamiento. Las piezas se movían de acuerdo a su función y poco a poco empezaron hacerse "daño". Al igual que una pelea, ocasionalmente ambas levantaban la vista, buscar falencias en la mirada era parte de la estrategia, Sakura flaqueaba en esta cuestión, una pieza perdida era motivo para rascarse la cabeza.

La partida continuó, cada una buscando, aprovechando, perdiendo, ganando piezas y posiciones. Después de una intensa hora y media el clímax llego. La bibliotecaria no esperaba que su joven aprendiz durara tanto, mucho menos que la dejara en una situación apretada. La situación era la siguiente: Sakura tenía dos torres disponibles y dos peones, la bibliotecaria un alfil, una reina, un caballo y dos peones. Fue una persecución incesante de victoria por media hora más, hasta que ambas equivocaron un movimiento, Sakura devoró un alfil, pero su oponente ganó esa torre con la reina; al final ambos reyes quedaron con un par de piezas guardianes. La bibliotecaria sonrió, debido a la versatilidad de la reina, podía seguir hostigándola hasta que se equivocase, pero ya era suficiente, había logrado lo que quería; así que concilio con Sakura por una dimisión y declarar un empate; ella estuvo de acuerdo.

Entonces el ex soldado declaro un empate y felicito a ambas por un combate reñido; la alumna fue aprobada. Los espectadores que quedaron al final, aplaudieron satisfechos, nunca un juego tan quieto los había entretenido tanto.

Al caer la noche, Sakura salió a cubierta a entrenar por última vez en alta mar, antes de empezar se apoyó en la borda, miro las titilantes constelaciones, pensó en la partida de ajedrez de esta tarde y en la condescendencia de su maestra, sonrió al entender que aquel encuentro fue más una enseñanza que un ansia de derrotarla; sus maestros se habían tomado demasiadas molestias por alguien que no volvería a tocar una pieza de ajedrez en su vida… o quien sabe.

Se despego de la borda de un empujoncito y empezó a entrenar. No paso mucho tiempo para que su temperatura corporal aumentara, y el sudor se deslizara sutilmente por su rostro. Sin embargo, esta vez su telegrafía marcial estaba vacía, su mente no dibujaba los oponentes imaginarios de siempre; la preocupación de lo que sucedería al llegar a tierra firme volvió, encontrar al bonzo era su objetivo, pero encontrar a Ryu sería maravilloso. Ahora… volviendo a su objetivo original ¿le ayudaría? ¿y qué tal si no? Luego entre toda esa maraña de posibilidades asomo una pregunta atrevida ¿Y si ella aprendía por sí misma a controlar el Satsu no hadou? Sakura se detuvo al formularse esta pregunta, una pequeña brisa le alboroto los mechones y la cinta en la cabeza, brisa que fungió como una sutil bofetada que le recordó las advertencias de Ken, Sakura continuó entrenando hasta altas horas, pero por mucho que lo intentó, no pudo apartar del todo esa interrogante.

La idea de dominar el Satsu no hadou no la dejo tranquila. Extendió su horario de entrenamiento con la esperanza de que el cansancio lograra dormirla; no fue así. Gran parte de la noche estuvo batallando con la cama, el insomnio la puso de tan mal humor que en su mente empezó a enumerar algunas carencias de la embarcación, carencias que no estuviera padeciendo si no le hubiera dado prioridad a la cuestión económica. Tan mala fue la noche anterior que concilio el sueño tipo 3:30 de la madrugada y despertó a las 7:00 a.m. perdiéndose el amanecer y su entreno matutino. Después de eso le siguió una larga espera; ya que, según las palabras del capitán, estarían en tierra firme pasado el mediodía.


Sakura se entrego a una espera paciente y parsimoniosa, se apoyó perezosamente en el barandal de la cubierta a distraer la vista pese a que no había nada que ver, salvo agua espumosa ondulante. El sonido de una gaviota surcar el cielo hizo que levantara la vista, verla la alegró, ya que era la inequívoca señal que pronto estaría en tierra firme. El suave peso de una mano posarse sobre su hombro la hizo voltear, vio a sus maestros de ajedrez mirarla dulcemente. En seguida, los tres se enfrascaron en una charla amena, luego la bibliotecaria saco de su bolsillo un pequeño libro que regalo a Sakura, este contenía estrategias y jugadas de ajedrecistas famosos como Bobby Fisher o Nona Gaprindashvili. A medida que la tierra firme se acercaba, así se acercaba el adiós, Sakura debía quedarse en el puerto, pero ellos debían seguir su travesía en alta mar. De pronto, el ex soldado le dio a Sakura un consejo sobre la experiencia y como a veces los errores eran necesarios para retomar el rumbo; las cicatrices en batalla se convierten en lecciones dijo... Este consejo tomo a Sakura por sorpresa; en todo lo que convivieron no menciono el asunto del Satsu no hadou, pero si de manera tácita que tenía asuntos que le preocupaban, a lo mejor asumieron que se trataba de alguna trivialidad estudiantil o un típico lio amoroso juvenil, de todos modos, fue un consejo que hizo mella y se replanteo una vez más la posibilidad de dominar el Satsu no hadou.

Desde que se visualizo tierra firme el personal se agito como hormigas locas para cumplir el protocolo para arribar sin problemas, a eso de las 12:30 el Shesha Naga dio un leve golpecito en la orilla; rápidamente los motores se pusieron en pausa, la ancla fue echada y la plancha fue puesta para que bajaran los pasajeros. Por un momento Sakura se olvido de sus preocupaciones debido a la alegría y el alivio que le supuso poner sus pies en tierra firme de nuevo; bajo de la embarcación, respiro el aire salino y tropical tailandés, poco a poco se alejó de la embarcación, pero antes de perderse totalmente entre los transeúntes, alzo la mano para decir adiós a sus maestros que correspondían del mismo modo desde la borda.

Y así la joven peleadora inicio su búsqueda de quien tal vez podría ayudarla, aunque la idea de encontrar su propia experiencia seguía seduciéndole.


Notas de la autora:

Después de… ¿tres años de hiatus? ¡Sacre blu! ¡cuánto tiempo! Vuelve el significado de la lucha xDDD

Ok. Créanme que fue sumamente difícil sacar este capítulo del hiatus (casi no se notó si pasaron 3 años xDDD) las circunstancias, ocupaciones y demás contratiempos entorpecieron mi inspiración y perdí el hilo. Aunque se como va la historia, incluso tengo el final en mi cabeza, es sumamente difícil plasmarlo de un modo correcto. Cada vez que me sentaba con la intención de escribir se me olvidaban las ideas o me distraía en otra cosa, pero poco a poco saque el capítulo, espero poder sacar el fic entero así si tardo más años.

Respecto al capítulo, lamento que haya sido sumamente introductorio, Sakura tardo 3 años en salir de la India jajajajajajajajajajaja…xDDD pero vuelvo y repito les pido que comprendan lo difícil que me supuso, hice muchísimos cambios para hacerlo lo menos tedioso, pero necesitaba esto para entrar de lleno al arco de Tailandia.

Espero que todavía mi único lector siga allí xDDD de aquí en adelante no prometo ser constante, pero tratare de no abandonar, porque como dije en las notas de rivalidades, me encantaría terminar esta historia correctamente.

Hay una pequeña referencia donde Sakura le da dinero al niño, es sacado de la escena de la pelicula animada de Street figther donde Ryu iba cruzando y un niño tropieza y se le cae un bote de leche, lo unico que yo no hice todo el drama terrorista xDDD

Otra referencia es cuando Sakura crea su rutina de entrenamiento y las anota en un cuadernito, eso es exactamente lo que ocurre en la intro animada de Street figther, solo lo adapte a la situación que estamos tratando.

Muchas gracias a las personas que en algún punto de su vida se toparon por aquí.

Actualizado 17/03/2023