Luego de que todos se alistaran. Ropa, trajes de baño, comics, cassetes pero, sobre todo, el valioso "plan B", a eso de las 12:30 pm, Jhonatan llegó con la camioneta para cargar las cosas que hicieran falta. Carpas, bolsas de dormir, mantas, malvaviscos, sándwiches, entre otras cosas.
En el copiloto, iba Joyce, mientras que, en la parte trasera, iban El, Max y Will. Por otro lado, con Hopper se encontraban Lucas, Dustin y Mike. Al ver que todo se hallaba bajo control y que no faltaba nada, ambos condujeron alrededor de media hora hasta llegar al lugar indicado.
Al bajar, Jhonatan y Hopper ayudaron con la instalación de las cosas, en tanto los muchachos, se familiarizaban con el lugar. Hacía un calor moderado y era perfecto para ir a darse un chapuzón.
Cuando los mayores terminaron, Jhonatan le regaló un fuerte abrazo a su hermano pequeño, diciéndole que la pasara bien y que se divirtiera. A lo que Hopper imitó su acción. A él no le preocupaba Will, sino Jane. No le agradaba en lo absoluto dejar a los muchachos solos.
— Puedo quedarme, ¿Sabes? No me apetece dormir en casa hoy.
— Hopper, tienes que dejarlos crecer, los muchachos ya están grandes. Además, hoy es el día de Will. — Objetó Joyce.
— Oh, claro que los estoy dejando crecer, les instalé las carpas, todo quedó muy bonito, ¿es que no ves?
— Sabes de qué hablo, Hopper.
— ¿Pero dejarlos pasar la noche aquí? ¿en serio? Sabes lo que va a pasar.
— Y ya son lo suficientemente grandes para ello, si no le das confianza a tu hija terminará actuando exactamente de la forma en que no quieres. Jane ya es adulta y responsable, sabrá cuidarse.
— Pero…
— Vamos a casa, que me debes una cena, anda.
A regañadientes, Hopper asintió, tratándose de Joyce no tenía otra alternativa. Confianza… sí, claro. Como le costaba. Al finalmente irse, todos los muchachos quedaron con el lago y campamento solo para ellos. Will, por ser el agasajado, fue el primero en entrar al lago junto a sus amigos. Hicieron piruetas, hubo risas y muchas camisetas mojadas. Sin duda, esa era una tarde para no olvidar.
Los besos y miradas no faltaron. Después de un día de haberse reencontrado, Will pudo ver muy apegados a Lucas y Max; como intentando recuperar el tiempo perdido. Un abrazo, un beso y un coqueteo. ¿En serio? ¿Y Jane? Su mente estaba hecha un caos, pero esta explotó cuando vio a Mike y Jane de igual forma. ¿Celos? No, para nada. Era una imagen mental que esperaba. A ese punto, se había hecho amigo del dolor. Y no podía dejar que una imagen así le arruinara el buen humor.
Decidió disfrutar del lago sumergiéndose con su amigo Dustin, uniéndose al grupo de la manera más amena posible. En un determinado momento, las chicas salieron por las toallas y el bloqueador solar, dejando en el lago a Dustin, Lucas, Mike y Will. El diálogo casual empezó a cargo de Dustin:
— No se si esto es un campamento o un hotel, por como vamos, creo que puedo apostar por lo segundo.
— No seas exagerado, Dustin. No he visto en un año a Max, ten piedad. — Objetó Lucas.
— No, si yo no dije nada. — Dustin alzó las manos en son de paz.
El cuarteto rio y Dustin siguió hablando.
— ¿Para cuando nos presentas a una chica tuya, Byers? Susy se quedó haciendo cursos extracurriculares, si todo sale bien la trasladan al Campus de Georgia pronto. Va a estar genial.
— Bien por ti, y pues… — Will se sonrojó ante esa pregunta, ¿Cuántas veces tenía que expresar que se sentía incómodo? Bueno, no verbalmente. Pero.. ¿Qué podía decir? Dado sus antecedentes.
— Bueno es… es complicado.
— Will no es de una sola chica. — interrumpió Mike, empezando a molestarlo entre líneas —. Es decir, si vieron el chupetón de ayer, ¿no? ¿Quién con novia dejaría que algo así se le notara en el cuello?
— Mmm ¿Quiza se lo hizo su novia?
— Quizá, o fue otro acto para vanagloriarse y dar a notar que es todo un Don Juan. Cuando conocí a Steve noté que tenía muchos. Ya con el tiempo fue cambiando. Bueno, ya saben la historia que tuvo con mi hermana.
— Lo sabemos. — respondieron al unísono ambos muchachos.
En tanto, luego de que Will escuchara ese comentario, sintió como la furia y la pena se apoderaban de su ser. La pena en sus mejillas sonrojadas y la furia en el fuerte latir de su corazón. ¿Quién carajos se creía Mike para opinar sobre su vida? ¿Por qué de pronto estaba actuando como un total cretino? No… eso no se quedaba así. Debía hallar una forma de cobrárselas. Echarse a llorar ya no estaba en sus planes. Era algo que había aprendido de Maxine.
Buscando la manera, la respuesta apareció frente a sus ojos, o, más bien, bajo el agua de aquel lago. Al estar juntos, Will pudo sentir nuevamente aquel bulto. Bendito bulto yacente en el short del pelinegro y que, si no se equivocaba, le atribuía culpa a él mismo.
Sonrió con picardía y, sin pena ni vergüenza, metió la mano por debajo de las prendas de Mike para empezar a tocarlo, masajeándole el pene, calmándole de a pocos la erección. En ese momento, agradeció que sus medios cuerpos estuvieran bajo el agua, así no existía sospecha alguna.
Mike, al sentir su tacto, soltó un respingo de inmediato, pisando con debilidad la superficie para poder sostenerse. Tragó en seco y miró de reojo a Will, pero con él no era la cosa. Este ni la mirada le dirigía. Solo su hábil muñeca que se movía.
El castaño decidió seguir la conversación, relajado:
— En realidad, el chupetón fue consecuencia de una noche, pero, si soy honesto, ahora no tengo novia. Mis gustos son más… — aceleró su masturbación —. Refinados.
— ¿Refinados? ¿ Refinados como? — Indagó Dustin.
— Ya sabes, blanquiñosas, cabello negro, larguiruchas… — declaró, poniendo todas las características de Mike en una chica —. Bonitas… ¿Cierto, Mike?
Entonces, giró el rostro para ver al susodicho. Pero este estaba luchando por no jadear en ese instante. Tan rojo como un tomate que preocupó al resto.
— ¿Mike, estás bien? — preguntó Lucas, preocupado —. Estas rojo, amigo.
— S-sí… — Mike se mordió el labio y aguantó otro jadeo —. Mierda, sí…— otro retorcijón.
— Okey… — Lucas estaba cada vez más extrañado.
— Ya regreso. — soltó el afectado, y salió corriendo del lago para suplir sus "necesidades".
Mientras tanto, las chicas que volvían ya con el bloqueador solar, se extrañaron al ver que no estaban completos.
— ¿Y Mike? — preguntó El
— No sé, dijo que ya regresaba. — dijo Will, despreocupado.
— Mmm, ok. — soltó El, extrañada. En tanto, Max articuló, coqueta:
— ¿Sinclair?
— ¿Si?
— Necesito que me eches bloqueador solar, ¿Puedes?
— Claro, dame un poco y..
— No aquí. — Objetó Max, aún sin entregárselo. La mirada de esta fue tan intensa que Lucas entendió —. En la carpa, no quiero que me dé el sol.
— Oh, diablos…
— ¿Vienes o qué? No voy a hablar dos veces.
— Ahí voy, nena.
Y sin más, el primer par desapareció. De la mano y listos para llevar a cabo la operación "Bloqueador solar". Dustin, sin poder evitarlo, acotó:
— Como dije, un hotel.
Will solo negó con la cabeza ante el comentario de su amigo. Maxine estaba degustando por partida doble, ¿Y así lo cuestionaba? Oh, no… ya le llegaría su turno para enterarse. Y a detalle.
Finalmente llegó Mike, aún rojo y, si los ojos de Will no fallaban, con la misma erección de hace un rato. Pobrete, aún no se había corrido. Will solo meneó la cabeza. Jane fue la segunda en percatarse, por lo que fue cautelosa al preguntar:
— ¿Mike, estás bien? — indagó, sin dejar de observarle —. Estas muy rojo.
— Sí, solo es calor… Hace mucho, mucho calor. — hizo un gesto con sus manos.
— Puedes echarme bloqueador si quieres. — sugirió El —. Hay espacio en la carpa.
— ¡Ay, por favor! — exclamó Dustin, rendido —. ¿Es en serio?
— ¿Bloqueador? — Mike no entendía.
Fue entonces que, para aclarar sus dudas, Jane dirigió la mirada hacia aquel bulto, para después articular:
— Abajo. Te está doliendo mucho.
— ¡Oh! Esto, esto no es… — Mike se moría de la pena.
— ¿No quieres?
— ¡¿Qué?! Claro, claro que quiero…
— ¿Entonces?
— Sí, sí, claro que sí… es decir… ¿Por qué no? — Mike asintió, con pena, muy rápido y con los colores en el rostro.
— Vamos entonces. — articuló Jane, no sin antes robarle un profundo beso a su novio y llevárselo de la mano.
Mike, por su parte, aunque estúpido, reaccionó a los pocos segundos y le siguió el paso a su novia. De ese modo, se llevó a cabo la operación "Bloqueador solar 2ª parte".
Al quedar solamente Dustin y Will, ambos se miraron, pero Dustin articuló por si las moscas:
— ¡Oh, no! Yo no necesito bloqueador solar.
— Lo sé, tonto. — Will rio —. ¿Tienes hambre?
— Sí, el desayuno me quedó corto.
— Vamos pues, así aprovechamos y hacemos los malvaviscos y sándwiches para la noche, ¿Te parece?
— ¿Ponemos música? Quiero proteger mis oídos.
— Me parece bien. — Asintió Will, no le parecía un mal plan. Después de todo, había traído la súper radio que su hermano Jhonatan le prestó y, para ser honesto, no deseaba oír los jadeos de su mejor amiga y hermanastra.
Sin más, el par salió del lago y se enfocaron en su labor. Dustin buscó madera en el amplio bosque y se dedicó a armar la fogata. Mientras que Will, prendía la radio a todo volumen y alistaba los aperitivos.
La tarde empezó a dar su curso. Cada par enfocada en su labor. Dustin y Will en la cena, Lucas y Max en la primera carpa lanzando sus gritos felices. Y Mike con El haciéndoles la ardua competencia.
Al terminar los sándwiches, el bonito atardecer empezó a notarse. El sol se ocultaba y los gritos felices acababan. Finalmente, los pares faltantes salieron de sus cuevas.
Will miró de reojo a sus amigos. La sonrisa ladina le adornó el rostro sin querer, ¿Es que ni disimular podían? Sin embargo, en aquella guerra de gritos felices, había un evidente ganador.
Lucas y Max.
El y Mike… bueno, intentaban verse igual, ¿Qué había pasado? No por algo Will era muy observador.
Su mirada en la segunda pareja fue interrumpida por Max, que llegó a su lugar como pudo y cuánto pudo. Esta cojeaba y apenas podía con su cuerpo.
— Oh, Will, hazme un espacio, ¿Quieres? Ten piedad.
— ¿Estuvo bueno? — preguntó, acentuando su sonrisa.
— Juzga por ti, ¿Sandwiches de qué son? — cuestionó Max, mientras miraba el cooler con refrescos y empezaba darle curso a una coca; sedienta.
— Jamón y queso. Pollo deshilachado, mayonesa y tomate.
— ¿Pollo? Oh, dios, ¿ya dije cuánto amo el pollo? — Maxine dejó de lado su coca y empezó a darle curso a uno de los sandwiches. Mientras que Will, se aguantaba a como dé lugar la carcajada.
Lucas, que estaba igual de hambriento y sediento, empezó a dar curso a su parte de la merienda, al lado de su chica y sin despegarse.
Pero El y Mike… ¿Preguntaba o no? No, no. La confianza no era igual. No quería saber detalles. Era… extraño. De todos modos, Dustin se adelantó:
— ¿Y ustedes? ¿La pasaron bien, muchachos?
— ¿Nosotros? Amm sí, ¿Cierto, El? — preguntó Mike, mientras comía disimuladamente su sandwich.
— Claro, fue estupendo. — respondió El, sin mucha emoción —. Iré por una manta, está empezando a hacer frío. — agregó, y le regaló un beso casto al pelinegro, más por costumbre que por otra cosa.
La reacción de ambos había sido tan obvia, que, por un segundo, el grillito cantó. Entonces, Will miró a Mike. Se topó con la sorpresa que este también le dirigía la mirada.
Nuevamente notó lo de la otra vez. Enojo y frustración, pero… ¿Él? ¿Él que tenía que ver con todo eso? Oh, ya recordaba. Una sonrisa curva adornó su cara, cosa que terminó por cabrear al pelinegro. Disimuló, como siempre.
— Tengo una historia de terror buenísima, ¿Quieren oírla? — propuso Dustin.
— Adelante. — Maxine le cedió la palabra, esperaron a que Jane llegara con las mantas y, sin más, la puesta de sol fue desapareciendo junto a la fantástica historia de terror de Dustin Henderson.
Llegada la noche, risas, malvaviscos, besos, abrazos y fogata, fue lo que acompañó a ese par de amigos. Rememorando viejos tiempos.
Las horas pasaron, y cada quien debía volver a su tienda para dormir. Acción que se realizó en el siguiente orden:
Lucas y Max, El y Mike, y Dustin con Will. En fin, era de esperarse tratándose de las parejas formadas con anterioridad. ¿Motivo? Quizá una repetición o, quizá, simple complicidad.
Llegada la madrugada, uno de los muchachos no podía pegar el ojo, y ese era Mike, quien seguía sin poder dormir debido a una segunda erección formada. ¿Qué hacía? ¿Despertaba a Jane? No. Ella estaba profundamente dormida. Era él quien debía de hacerse cargo.
Ya tenía suficiente con el fiasco de sexo que había ocurrido entre ambos hace poco. Dios, que los besos y atenciones no faltaron. Pero, ¿el libido? Qué manera de costarle.
Se hallaba molesto, cabreado. Su maldita erección y la frustración empezaron a ser mella del pelinegro de tal forma, que se convirtió en furia. Quería golpear algo, o, mejor dicho, a alguien.
Will.
Recordó la manera en que lo tocó y eso lo cabreó más, ¿quien se creía? ¿Con qué derecho hacia tales cosas? No. Eso no se quedaba así.
Sin hacerse esperar, salió de la carpa para ir al encuentro de este, pero, al verificar en el lugar que supuestamente lo hallaría, no vio a nadie. Solo Dustin que dormía plácidamente.
¿Dónde estaba? Ah, de seguro tocándose nuevamente en lo alejado del bosque. ¿Es que tan sucio podía ser?
Otra razón para cabrearse más. Encima de atrevido, sucio. ¡Mierda! Que esas se las pagaba.
Caminó sin rumbo fijo, adentrándose en lo profundo del oscuro bosque, en dónde solo la luz de la luna alumbraba. Siguió, hasta que, después de 3 minutos de caminata, lo encontró. De espaldas y pantalón abajo. Justo como lo imaginó.
Mike no soportó.
— ¡Hey, Will! — llamó el mayor para, acto seguido, meterle un certero empujón. Will, que no tuvo tiempo de reaccionar, cayó de bruces al suelo, articulando contrariado:
— Pero que… — entonces, se dio cuenta —. ¡¿Pero qué demonios te pasa?! — preguntó este, enfadado.
— ¿A mi? ¿A ti qué te pasa? De seguro te escondiste de nuevo para tocarte, ¿verdad? Maldito puerco asqueroso.
— ¿Qué? Estaba orinando Mike y, espera — cayó en cuenta de la situación —. ¿A ti qué te importa si me toco o no? ¿Qué haces aquí?
— Solo vine advertirte que no vuelvas a tocarme de la forma en que lo hiciste. No tienes derecho, ¿Quién te crees? — siguió hablando, molesto —. Que fantasees conmigo no significa que tengas potestad de hacer lo que se te viene en gana, Byers.
— ¡¿Fantasear?! — y fue todo —. Te recuerdo que quien empezó esto fuiste tú. ¿Quién te crees tú para venir a decir que soy un Don Juan o no? ¿Qué sabes tú de mí? No sabes nada.
— Por lo que aparentas, pues que te acuestas con medio mundo. Con todo New York y hasta Hawkins si hace falta.
— ¿Y que si es así? ¿A ti en que te afecta?
— En nada. Sólo digo que…
— ¿Sabes que? — Will decidió acotar de una vez por todas. Estaba harto de la situación —. Lo que realmente te cabrea no es que yo fantasee contigo o sea el más fácil de todo Hawkins. — comenzó por partes —. Lo que realmente te jode es que no puedas tener un puto orgasmo con tu novia. — enfatizó, dejando a Mike en blanco —. Porque, no importa que tan ardiente o guapa sea, las mujeres no te atraen. Los hombres lo hacen. Y te jode — finalizó —. Que sea yo quien te ocasione esos orgasmos, ¿No es así?
Después de la confesión, Mike quedó en blanco por segunda vez. La respiración y el corazón se le aceleró. ¿Cómo era posible que Will tuviera cara para decir semejante barbaridad? No, no. Eso no podía ser. Eso no..
— No digas idioteces, eso no es así.
— ¿Ah, no? Acércate y niégamelo.
— No voy a acercarme.
Entonces, al ver que Mike no daría un solo paso, fue Will quien se acercó, dejando al mayor entre la espada y la pared. Un árbol y el cuerpo del castaño era lo que le tenían preso.
— Niégalo, Mike.
Repitió, y fue entonces que quedaron frente a frente. Tan cercanos, que Will pudo sentir nuevamente aquel bulto. Bajó la mirada a este y luego hacia los ojos de Mike, encontrándose al mismo tiempo.
No hicieron falta más palabras.
Fue Mike quien inició toda la faena, con tantas ganas, que el sorprendido fue Will. Arrinconó al menor al árbol donde segundos antes este se hallara y, con el mismo ímpetu, le otorgó un beso cargado de deseo.
Will se aferró a su cuello con fuerza, dejando que aquella boca le probara, que aquellas manos le exploraran.
Que manera de quemarle la piel.
— Mike… — gesticuló apenas, separándose del fogoso beso.
— Callate. — Fue tosco en su respuesta mientras continuaba. Acción que prendió por completo al castaño, curvando una sonrisa sin poder evitarlo.
Mike continuó aquel recorrido pasando por su cuello, vislumbrando apenas aquel chupetón. Decidió dejarle otro, a propósito. Presionó tanto, que Will soltó un jadeo.
Siguió bajando, quitándole la prenda que correspondía según su orden de atención. La camiseta, los shorts, el boxer. Lo áspero del tronco o el lugar era lo de menos. Will quemaba.
Su cuerpo pedía, así que este tampoco quedó atrás. Cuando Mike llegó a la altura de su pene, Will soltó un respingo, y gesticuló, jadeante:
— Deja… Déjame chupártela.
— ¿Qué?
— Lo necesito, te quiero dentro, Mike. — suplicó el menor, fue entonces que Mike entendió. Lubricante.
Sin perder tiempo, el mayor volvió a su posición inicial. Se incorporó y Will aprovechó el momento para degustar todo lo que pudo de aquel monumento mientras llegaba a su objetivo.
Labios, cuello, pecho, dorso…
La ropa estorbosa quedó fuera.
Cuando llegó, repitió la misma acción de aquella madrugada, bajando shorts y boxer. Sediento, empezó a chupársela, lamiendo toda la extensión, sin importar tamaño o que no cupiera. Él quería todo, todo de Mike.
Mike, por su parte, soltó un gruñido al sentir su intensidad. Comenzó a mover las caderas, ayudándole, apoyando su cuerpo en el árbol contiguo, excitándose por la habilidad que este tenía para hacerle el oral.
— Mierda, Will… — El mayor echó su cabeza hacia atrás, cerró los ojos y apretó los labios. No, aún no quería correrse.
Una mano apretándole los cabellos fue la señal. Will paró e inmediatamente se apoyó en el árbol de al inicio, de espaldas a Mike y ofreciendo su culo cuan ofrenda.
— Entra, Mike. — pidió, mientras se le erizaba toda la piel —. te necesito.
Sin más, Mike ingresó y Will arañó parte de la corteza del árbol al sentirlo dentro, soltando un jadeo involuntario.
— Ah-h… — un gemido —. Mike… — Y otro más. El pelinegro no daba abasto con sus embestidas. Pegaba una y otra vez contra el trasero del castaño, arañándole las nalgas.
— ¡Mike! — Volvió a nombrar, perdido. Esa manera de cogérselo… ¡Dios! No se comparaba en nada a New York. Era Mike quien se la estaba metiendo.
Mike.
El solo hecho de saberlo, hizo que se arqueara más, que pidiera más. Que la sonrisa apareciera en sus labios de tal forma, que contrastó con su excitada voz.
— Más… — rogó —. quiero más, Mike.
Al escucharle, Mike gruñó del éxtasis, pero antes de cumplir su cometido, le susurró al oído.
— Me encantas…
— Y tú a mí, ¡Oh, cielos!
Una última posición fue otorgada por el pelinegro, que cargó a Will e hizo que su espalda se apoyara en el áspero tronco, entrando una vez más. Quedaron frente a frente y, para no perder el equilibrio, Will se aferró entero a Mike. Como si su vida dependiera de ello. Sus manos a su cuello y sus piernas entrelazadas a las caderas del mismo.
Un par de embestidas más y ambos se hallaban cerca del clímax.
— Voy a correrme, Mike. — susurró el menor, agitado.
— Vente conmigo, Will. — soltó el mayor, dando sus últimas estocadas y ahogando los gemidos de ambos en un último pero sediento beso.
Al separarse, Will pudo sentir todo su semen dentro de él, notando como aquel líquido blanco le inundaba. Lo dejó ser. No deseaba nada más en el mundo. Apretó los labios y empezó a masturbarse él también, corriéndose por completo.
Agitados y sudorosos, Mike salió con cuidado de aquel orificio, recuperando el equilibrio y sosteniendo a Will, que en ese momento no contaba con fuerza en las piernas.
Lo ayudó a apoyarse en la corteza y fue entonces que ambos se miraron, para después reír.
— No siento las piernas. — Will fue el primero en hablar. Tenía la sonrisa de oreja a oreja.
— Lo siento por eso, no quise ser tan brusco.
— No te disculpes. Me gustó de hecho, y mucho.
— ¿En serio? — Mike no esperaba esa respuesta. Will resultó ser toda una caja de sorpresas.
— Sí.
Luego de un corto silencio, Will habló, más que todo para aclarar la duda existente.
— ¿Entonces…?
Cuando Mike cayó en cuenta de la pregunta, fue rápido en responder, aunque torpe en el momento.
— ¡Oh, sí! Estuvo bueno, muy bueno. Y, pues…
— No eso, Mike. Ya sé que estuvo bueno.
— ¿Entonces?
— Te corriste.
— Oh, eso…
Mierda, ahora entendía el rumbo de la conversación y, como si los papeles se invirtieran, Mike se sonrojó, bajó la mirada, pero fue Will quien terminó la frase, agarrándolo suavemente del mentón.
— No tiene que ser ahora, pero me conformo con saber que ya tienes claro lo que te pone y lo que no.
— Claro, claro que lo sé… es solo que es difícil de asimilar y…
— Lo sé, al inicio siempre lo es.
Ambos se miraron nuevamente. Will con comprensión hacia el mayor, pero Mike con miedo, asombro e incertidumbre. Se sentía pequeño. Sin embargo, culminó aquella conversación con algo que consideró necesario saber. Will sintió tocar el cielo con su pregunta.
— ¿Habrá repetición?
— ¿Por qué no?
